El Intendente Marcelo Orazi brindó su mensaje en el marco del acto en el que quedó inaugurado el período de sesiones ordinarias del Concejo Deliberante en este 2021.
En su mensaje, el Intendente expresó que “es un honor compartir mi mensaje de las acciones proyectadas para este año para dejar inaugurado un nuevo período de sesiones ordinarias del Concejo Deliberante por una razón más que importante: esto significa continuar transitando por el camino de la institucionalidad del gobierno en Villa Regina”.
Tras hacer referencia a lo que significó el 2021, en el que todos los gobiernos, tanto nacional, provinciales como municipales debieron afrontar una crisis sanitaria sin precedentes, Orazi enumeró las obras que están en marcha y las proyectadas para los próximos meses.
Al respecto expresó:
“Hoy podemos ver cómo comienza a materializarse una obra anhelada y demandada por la comunidad: la remodelación de la estratégica calle Libertad, obra que como saben incluye la repavimentación y construcción de una bicisenda y un boulevard.
Cuando esté finalizada, en un plazo estipulado de 5 meses, esta obra no sólo dotará de mayor seguridad al transitar sino que le dará otra estética a la ciudad.
Este año dejaremos inaugurada otra obra de gran magnitud por su infraestructura y por los beneficios que traerá para la ciudad de los próximos 20 años: el plan director de cloacas que se construye en Alta Barda.
Esta obra, con una inversión de casi 300 millones de pesos, se diseñó a partir de la política hídrica provincial de mejorar la calidad del agua, que busca no volcar más residuos cloacales crudos al río Negro, para preservar los recursos naturales.
Estamos avanzando con la implementación del programa provincial Suelo Urbano, al cual adherimos a través de una ordenanza aprobada por este Concejo Deliberante. Este programa tiene por objeto facilitar el acceso a lotes con servicios a un amplio sector de la población y así satisfacer la demanda que plantea un sector importante de los habitantes de la ciudad que quedan afuera del mercado inmobiliario local.
En principio, estamos evaluando las tierras disponibles en la ciudad y también analizaremos la posibilidad de contemplar a privados.
En este mismo sentido, tenemos el compromiso del Gobierno Provincial de que Villa Regina tendrá una participación prioritaria en el plan ‘Casa Propia-Construir Futuro’ que contempla la construcción de 1.326 viviendas en todo el territorio provincial.
Además, y ratificando nuestro compromiso de no avanzar sobre tierras productivas para la generación de lotes, vamos a trabajar en forma conjunta con el Gobierno rionegrino y el Consejo Federal de Inversiones en el estudio de urbanización de las 4.500 hectáreas que el Municipio posee en Alta Barda.
Será fundamental la participación de este Concejo Deliberante con una herramienta que hasta el momento no sido debidamente aprovechada: el Consejo de Planificación y Desarrollo, COPLADE.
En este sentido, les cuento que la semana pasada estuvo en Villa Regina el Secretario General del Consejo Federal de Inversiones, Ignacio Lamothe, profesional que se ha dedicado al estudio profundo de todo lo vinculado al urbanismo.
Fue la ocasión para ponerlo en conocimiento de nuestra visión de crecimiento y desarrollo hacia la barda norte, poniendo a disposición del Municipio todas las herramientas con las que cuenta el CFI para empezar a trabajar en este sentido.
Siguiendo con las obras, está próxima a iniciarse la construcción de las VEREDAS de las plazas de los barrios Belgrano y Gardín. Se realizará mediante la metodología de obra delegada al Municipio con aportes del gobierno provincial: un total de 6,7 millones de pesos.
Un trabajo similar se realizará en las plazas de los barrios 25 de Mayo y 201 Viviendas, aunque en este caso será financiado con fondos del programa nacional ‘Argentina Hace’.
La semana pasada recibí la confirmación de que Villa Regina será una de las ciudades del país donde se construirá uno de los 300 nuevos CENTROS DE DESARROLLO INFANTIL para niños y niñas de 45 días a 4 años de edad.
Se trata de una obra con una inversión estimada en 25 millones de pesos y será ejecutada por el Gobierno Nacional a través de los Ministerios de Obras Públicas y de Desarrollo Social.
En otro orden, quiero destacar también una obra importantísima en materia educativa. El 19 de febrero próximo se abrirán las ofertas para adjudicar la OBRA DE AMPLIACION DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE RIO NEGRO en Villa Regina.
Contempla la construcción de espacios áulicos y de investigación sobre la Avenida 9 de Julio, con una inversión de casi 240 millones de pesos.
En los próximos días, recibiremos la totalidad del equipamiento para la gestión de los Residuos Sólidos Urbanos en los basurales y el equipamiento para potenciar la clasificación y separación de los mismos.
Esto es el producto, en principio, de una firme política ambiental y del trabajo y las gestiones realizadas por el Director de Ambiente y Desarrollo Sustentable Hugo Curzel junto al gobierno provincial ante Nación, que derivó en la firma del convenio respectivo con el Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible Juan Cabandié.
La semana pasada arribaron la excavadora y el autoelevador eléctrico, que se suma a la primera tanda que llegó en diciembre: una trituradora de vidrio, una guillotina de neumáticos, 10 puntos verdes móviles de arrastre, chipeadora de ramas y un carrito recolector para recicladores urbanos.
Hoy arribó uno de los camiones y próximamente se completará el equipamiento con el camión restante.
En las próximas semanas iniciaremos el traslado de la COMISARIA DE LA FAMILIA desde las instalaciones del polideportivo Cumelen al edificio donde funcionaba el Juzgado de Garantías, ubicado en Ingeniero Bonoli e Italia.
El traslado fue acordado con la Secretaría de Estado de Seguridad y Justicia de la provincia y con la Jefatura de Policía y el espacio físico al que se mudará reúne condiciones más acordes para la atención de una problemática social tan sensible.
Por otro lado, luego de las gestiones realizadas en diciembre pasado en Viedma y de la visita de la Secretaria de Seguridad y Justicia Betiana Minor y del Jefe de la Policía Osvaldo Tellería a la ciudad obtuve la confirmación que se construirá un DESTACAMENTO ESPECIAL en calle Pedro Grattini, frente al ex Pago Chico.
Este asentamiento policial no sólo permitirá brindar un servicio de seguridad más eficiente sino que también significará para los vecinos de ese sector de la ciudad dejar de trasladarse a la zona céntrica para la realización de trámites vinculados a la institución”.
El Intendente también habló sobre la prestación de los servicios, el aumento de las tasas, las medidas tomadas por la administración municipal en beneficio del comercio local en el marco de la pandemia y la necesidad que tiene la Municipalidad en cuanto a la renovación del parque automotor.
“No vivimos otra realidad. Entiendo que cualquier tipo de incremento genera malestar, como los registrados en nafta, gasoil, alimentos y también hago la autocrítica de que la prestación de los servicios no es óptima. Les aseguro que esta gestión viene haciendo importantes inversiones para ir alcanzando ese nivel”, sostuvo.
Por otro lado Orazi hizo referencia al lugar destacado que la Gobernadora Arabela Carreras le ha dado a Villa Regina, con la realización de distintos encuentros provinciales que han tenido como sede a la ciudad, lo cual, indicó, “nos reposiciona en el contexto provincial y nos jerarquiza en todos sentidos porque pone en valor el trabajo que a diario realizan los reginenses”.
“Nada se logra sin gestión y sin confianza. Desde el primer día me propuse como condición indispensable para llevar adelante la tarea de gobernar recuperar la confianza. Y así como éste es mi objetivo diario, me atrevo a decirles que debe ser el de toda la dirigencia política. Por ello humildemente convoco a quienes ocupan bancas en este Concejo Deliberante de las diferentes fuerzas políticas a que compartan este desafío. Desde nuestras ideologías y convicciones, debatamos, discutamos, confrontemos. Pero hagámoslo en forma transparente, de frente, honrando el lugar que nos otorgó la ciudadanía”, dijo.
El Intendente en el tramo final de su mensaje agradeció a la Gobernadora Arabela Carreras, al gobierno nacional, a los concejales, a su equipo de trabajo y al conjunto de los trabajadores municipales, a la comunidad toda y a los medios de comunicación.
“Ratifico mi compromiso de trabajar fuerte y decididamente para que cada reginense viva cada día mejor y para que nuestra Villa Regina brille más que nunca”, finalizó.
La ceremonia se desarrolló en el Galpón de las Artes por cuestiones sanitarias y contó con la presencia de los 10 ediles que integran el cuerpo legislativo local. También acompañaron los legisladores Silvia Morales, Marcela Ávila y José Rivas, integrantes del Tribunal de Cuentas, secretarios del gabinete y medios de prensa.
…A FAMILIARES DE ENFERMOS QUE HOY ESTÁN SUFRIENDO. (no somos HÉROES) No, no somos HÉROES, tampoco lo son los POLÍTICOS, tampoco lo eres TÚ. .. La salud es el resultado de un gran aporte de naturaleza, ciencia y la misma vida vivida a lo largo de los años. Y cuando nombro las últimas dos me…
“No hay nada encubierto que no vaya a ser descubierto, nada oculto que no vaya a ser revelado. Así pues, puedes dar por sentado que todo lo que has dicho en la oscuridad se oirá a plena luz del día, y lo que has susurrado a puerta cerrada se gritará desde las azoteas”.Mateo 10: 26–27….
El fin de la Argentina no es profecía, es diagnóstico. La Argentina fue dejando de ser una trama integrada y devino archipiélago de enclaves extractivos conectados hacia afuera, hacia la exportación y el contrabando, separados por intersticios desertificados. El gobierno libertario ofrece al mercado inmobiliario la oportunidad de crear santuarios anarcocapitalistas arrancados a la soberanía política sobre el territorio. No debería sorprender: la corriente de opinión inaugurada por Friedrich Hayek prevé desde sus inicios, a mediados del siglo XX, esta estocada final a los Estados nacionales: la fragmentación y apropiación corporativa de porciones de espacio,la secesión.La matriz urbanística es la de zonas económicas especiales, ciudades gestionadas como empresas que calzan perfectamente en la estructura económica misma del modelo posneoliberal argentino, un combo de latifundio, contrabando, futurismo y especulación financiera desconectada de la economía real.
Tal tipo de postulados económicos se corresponde con esta morfología urbana. La privatización de la expansión metropolitana sostenida hace cincuenta años es la hoja de ruta anarcocapitalista. Excepciones a los códigos de planeamiento urbano forjaron un régimen de prácticas para el que la ley es solo una sugerencia. El zócalo sobre el que avanzan en el Congreso los ejecutores del plan de gobierno es el tramo final de un proceso histórico impulsado por nombres que se repiten.
Javier Milei no destruye un Estado de manual. Lo que algunos lamentan era ya un estado-espejismo instrumental al status quo de negocios. Lo cual explica muchas cosas.
El 12 de mayo, el ministro de Economía, Luis Caputo, recibió al tecno-oligarca Peter Thiel, fundador de las mega empresas tecnológicas PayPal y Palantir, instalado en Buenos Aires desde abril. El misterio es el sello de las operaciones “exotéricas” (anda alertando sobre la llegada del Anticristo) de Thiel. Sus narrativas sci-fi se apilan sobre los disparates económicos y complejizan la lectura de lo que busca. El verdadero sentido de sus teatralizaciones se encuentra lejos de las fotos, como lo demuestra la investigación reciente de Anfibia y Reporteros Sin Fronteras, “Hackear a Peter Thiel”. Más bien, está en esa reforma al régimen de propiedad que impulsa el gobierno libertario —los RIGI, las modificaciones en la Ley de Glaciares y la ley de “inviolabilidad de la propiedad privada”— que es el core de la agenda de la tecno-oligarquía global.
El archipiélago exportador
La Argentina no es destino turístico de excéntricos magnates y emires fanáticos del paisaje. Tampoco es sólo refugio contra el Armagedón nuclear, aunque no falten inversores que quieran explotar ese nicho paranoico, como la estancia Wamani desarrollada por el millonario argentino Martín Varsavsky en Mendoza. Esta etapa final de la Argentina es la secesión territorial con o sin ley específica. Thiel no requirió norma alguna para hacerse con una parte de Vista Energy, la petrolera de Miguel Galluccio.
El suelo fértil para este tipo de exploraciones es la tradicional desigualdad argentina en la relación entre lo público y lo privado. De un lado, el planeamiento urbano de un Estado enclenque; del otro, el poder de empresarios que conocen mejor que nadie cómo sacarle provecho a ese Estado poroso. Así, el escenario de tensiones entre corporaciones —y entre las potencias Estados Unidos y China—, se traslada a la apropiación de nuestro territorio. Como si fuera tierra virgen, se lo disputan fondos de inversión respaldados por el movimiento trumpista MAGA, la corona británica, rabinos norteamericanos, emires árabes, empresas chinas y las redes parasitarias de las élites locales, siempre dispuestas a venderle todo a cualquiera.
Por eso la revolución que amenaza con fragmentar al país en un archipiélago tiene la forma de las Zonas Económicas Especiales, utopías de ecosistemas sin democracia ni derechos laborales, donde los multimillonarios son déspotas. Sobre esta iniciativa explicó el investigador canadiense Quinn Slobodian: “fue celebrada, y a menudo puesta en acto, por una hueste de ultracapitalistas, libertarios y neoliberales que creían posible escapar de las ataduras de la supervisión y el control democráticos. (…) Una suerte de mundo posible gobernado únicamente por el contrato y el intercambio, dejando atrás el legado hecho bolsa de soberanía popular o gobierno representativo”.
En la Argentina, esta matriz global opera sobre un sistema de negocios inmobiliarios ordenado hoy por lo que el investigador Michael Goldman describe como speculative urbanism (urbanismo especulativo): la producción de ciudad como activo financiero, sobre los ejemplos de Dubái, Shanghái o Singapur, y ejecutada sin deliberación democrática en nombre de la eficiencia. Un urbanismo neoliberal que elude regulaciones e impone de facto un nuevo diseño del espacio. Algo equivalente a lo que Uber le hizo al transporte y Pay-Pal a las transacciones comerciales. Un urbanismo de plataformas, explica la socióloga australiana Sara Barns, que crea sus propias reglas internas independientes de los sistemas legales y constitucionales.
El promotor de Próspera llegó a la Argentina antes que el tecnomagnate. El 7 de julio de 2025, el cofundador del enclave hondureño, Gabriel Delgado Ayau, entró a la Casa Rosada y se reunió casi dos horas con el entonces jefe de asesores del presidente, Demian Reidel. Nieto de Manuel Ayau —fundador de la Universidad Francisco Marroquín y presidente de la Sociedad Mont Pelerin, nodo fundado por el propio Hayek—, define las ciudades privadas como un “modelo transportable” y sostiene que la Argentina podría “crear nuevos espacios para invertir, emprender y experimentar”. Reidel, quien debió salir del gobierno en medio de denuncias de sobreprecios en Nucleoeléctrica Argentina, es también el impulsor de los proyectos de data centers de OpenAI en la Patagonia.
Un detalle que debería pesar en las deliberaciones sobre el Súper RIGI es que cuando el Congreso hondureño, bajo el gobierno deXiomara Castro en 2022, derogó el régimen de zonas especiales, ZEDEs en aquel sistema jurídico, Próspera demandó al Estado en el CIADI del Banco Mundialpor 10.775 millones de dólares por “daños a inversiones” (el presupuesto total de Honduras de este año es aproximadamente 16.758 millones de dólares). En 2025, el monto del reclamo bajó a 1.630 millones, pero como el nuevo gobierno de Nasry Asfura pertenece a la fuerza de ultraderecha que había apadrinado las ZEDEs, el desenlace previsible de esta historia es el de una extorsión que toma de rehén al Estado mismo.
Los tecno-oligarcas temen morir tanto como odian pagar impuestos. Por eso impulsan lasfreedom cities, ciudades de libertad, a la vez guarida fiscal basada en criptomonedas y paraíso de experimentaciones clínicas enloquecidas. Allí no corren los controles estándar de alimentos, medicinas y ensayos clínicos. Son refugio de startups y figuras que promueven soluciones eugenésicas en visiones edulcoradas. Tal es el caso del Próspera Bio Hub, que experimenta con terapias no aprobadas por las autoridades estadounidenses; de Minicircle, respaldada inicialmente por Thiel y Sam Altman, CEO de OpenAI, que promete “alinear tus genes con tus ambiciones”. Bryan Johnson, el biohacker que aplica sobre sí mismo ingeniería genética para la extensión de la vida y vende suplementos alimentarios también se sometió a experimentos allí en 2023. Fue antes de anunciar que padece una enfermedad degenerativa extraña.
Las ciudades “desreguladas” son producto de una historia de disrupciones urbanas, sueños digitales y gobernanza corporativa. Así es como la producción de la ciudad de esta etapa del capitalismo se convierte en una de las mayores fuentes de reproducción del capital financiero. La nomenclatura llega en inglés porque cada término importa mecánicas conceptuales llave en mano. Imaginarios de “islas de fantasía” que promueve el premio Nobel de economía Paul Romer, fascinación neoliberal en torno al estatuto colonial de Hong Kong y de Singapur, postulados de free-market cities, derivas de lasgated communities (barrios privados, como Nordelta), charter cities, start-up cities, freedom cities que son parte de la plataforma política del trumpismo. Las lecciones mal aprendidas de varios experimentos fallidos no llegan a impugnar estos experimentos: Hargeisa proyecto delirante financiado en parte por el Estado de bienestar en Somalia, el proyecto de ciudad inteligente Sidewalk Toronto propulsado por Google, y la citada Próspera.
La arquitectura jurídica para blindar el nuevo urbanismo de fragmentación y secesionista llega del norte. Pero en Argentina hacen pie en un régimen de hecho erigido sobre excepciones a la norma y negocios inmobiliarios desde 1976. Nombres como los de Eduardo Costantini y Eduardo Elsztain son los más representativos del tipo de empresario especializado en la producción privada del espacio urbano residencial para los sectores más acomodados, una explotación de la segregación socioespacial de urbes cerradas, que se hizo posible merced a las inversiones públicas en infraestructura —especialmente autopistas— de los años sesenta y setenta.
El canciller Pablo Quirno explicó a principios de agosto que la idea detrás de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada es permitirle a algún extranjero “comprar una provincia o un pueblo”. Pero la extranjerización anhelada por el mileísmo no es mera venta de tierras a ciudadanos de otra nacionalidad. Es sinceramiento jurídico del régimen de hecho. Y el Súper RIGI, con media sanción en Diputados, que el ministro de Economía presentó como un régimen orientado a la instalación de data centers, está pronto a tratarse en el Senado.
Según el Registro Nacional de Tierras Rurales, en agosto de 2026 había 13,3 millones de hectáreas rurales en manos de personas físicas o jurídicas extranjeras, casi el 5% del país. 31 departamentos superan el límite legal del 15% máximo en manos extranjeras; 14 están por encima del 25%. En marzo el Gobierno propuso directamente eliminar ese límite dentro del proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada. Lo apoyó la Sociedad Rural con el argumento del precio es un negocio que tiene la vista puesta detrás del horizonte: la hectárea de la zona núcleo cotiza 15 mil dólares contra 25 mil o 30 mil en Iowa. Argentina es el cuarto reservorio mundial de tierra negra (con 39,7 millones de hectáreas) después de Rusia (326,8 millones), Kazajistán (107,7 millones) y China (50 millones).
Esa es la estructura que cobija un ecosistema de negocios con el suelo rural y urbano convertido en encajes financieros.
En este mercado se abre ahora el capítulo de los data centers, centros de cómputo indispensables en la cadena de valor de la inteligencia artificial y las criptomonedas. La primera fase de esta verdadera carrera del oro fue Stargate Argentina, joint venture de OpenAI, la empresa de Sam Altman, junto a la local Sur Energy para levantar en la Patagonia un centro de datos de 500 megavatios con hasta 25 mil millones de dólares de inversión, estructurado, claro, bajo el RIGI y sus treinta años de privilegios fiscales, monetarios y aduaneros. Desde su anuncio el año pasado no se supo más de Stargate, aunque especialistas consultados para esta nota aseguran que estaría a la espera definiciones de beneficios fiscales para avanzar.
La doble operación de extirpación de soberanía, territorial y popular fue avanzando junto al sistema económico de especulación monetario-financiera y la hegemonía centrada en la city porteña, la bolsa de Rosario, las redes de la exportación y del contrabando. Ahora muta hacia su etapa superior, la cripto y la guarida fiscal.
Mutación urbanística: programa, no desregulación
Lo que progresa no es desregulación, sino enajenación, en las dos acepciones del término. El suelo cambia de dueño y, en el mismo movimiento, la ciudad pierde el control deliberativo sobre su propio destino.
Los números del conurbano describen la transformación. Hay más de 500 urbanizaciones privadas en la región metropolitana de Buenos Aires. Conglomerados de grandes dimensiones que dividen o encierran localidades preexistentes, lo que la investigadora del Conicet Sonia Vidal-Koppmann llama “nuevas fronteras urbanísticas”, un fenómeno de agregación que la normativa de ordenamiento territorial “no ha podido controlar”.
El caso del partido bonaerense de Tigre muestra la mecánica fina: 70% de expansión del suelo urbano entre 1980 y 2017. Y el dato revelador: los grandes movimientos de tierra del período 1999-2017 (los años del auge de Nordelta y sus clones) se hicieron al amparo de apenas dos ordenanzas, según la reconstrucción de Ana Fehrmann. La norma madre sigue siendo, por lo demás, el Decreto-Ley 8912, sancionado por la dictadura en 1977.
La impotencia normativa es, en realidad, la verdadera política de planeamiento urbano caótico. Como señala la economista Jayati Ghosh, “desregulación es una antífrasis”, la palabra nombra lo contrario de lo que hace pues en realidad se trata de una regulación explícita “al servicio de los hedge funds y las tecno-élites”.
Y, sin dudas, en esta jornada larga gran favor le hizo al desarrollo de las zonas la reforma constitucional de 1994. Con marketing progresista, convirtió a las administraciones provinciales en cobradoras de regalías. Un federalismo invertido en el que cada excepción a códigos de planeamiento votada de madrugada es regulación a favor de alguien.
La “respetabilidad” cotiza
El empresarialismo urbano, como lo denominan los ingenieros María Eva Koutsovitis y Jonatan Baldiviezo, se va cristalizando en códigos de edificación con el apoyo político de la derecha argentina. La reforma porteña de 2018 pasó de zonificar por usos a regular por morfología y capacidad constructiva, redujo la superficie destinada al centro libre de manzana, favoreció las demoliciones para así captar la nueva y mayor edificabilidad habilitada. Es decir, convirtió al suelo porteño en una grilla de derechos de edificación negociables. Lo financiarizó.
La maniobra se perfeccionó en 2024. En una sesión maratónica en la que se despacharon más de 300 expedientes, la Legislatura porteña aprobó otra reforma. Esta se vendió como preservación de la identidad barrial. Pero en lo decisivo, optimizó el mercado de derechos de edificación transables al habilitar la transferencia de capacidad constructiva desde los barrios del sur a otros donde la demanda retribuye mejor. El metro cuadrado se desprendió del terreno y se convirtió en activo financiero comprado barato en La Boca o Barracas y transado caro en Palermo o Belgrano.
El resultado: demoliciones a la orden del día, “cascarones vacíos” que conservan solo la fachada tapiada; catalogaciones desestimadas por el Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales, el Chalet Tudor de Bustillo en venta pese a estar protegido, entre otras. Así se aseguró un mercado con unidades cuyo metro cuadrado supera los 4 mil dólares, en una ciudad con 200 mil viviendas vacías y unas 12 mil personas durmiendo en la calle. ElObservatorio del Derecho a la Ciudad llama al modelo de la derecha porteña “la utopía excluyente”. Un sistema en tres tiempos: desplazamiento de sectores vulnerables mediante operativos punitivos, criminalización de la supervivencia —intentos de internación forzosa de personas en situación de calle— y gentrificación.
La compra de la mansión de Thiel en Buenos Aires se inserta en esta dinámica y anticipa la etapa siguiente: 13,5 millones de dólares pagados por Birkdale Emprendimientos, una sociedad constituida 49 días antes de la operación, detrás de la cual la Inspección General de Justicia identificó al abogado jefe y al director financiero de Thiel Capital. La técnica de las sociedades interpuestas (shell companies) que se usó en CABA y el conurbano bonaerense tuvo su propio laboratorio de ensayos en la Patagonia.
El futuro, hoy aquí
La conversión del territorio nacional en un archipiélago de zonas tiene precedentes consumados.
Lago Escondido, en la provincia de Río Negro, es el ejemplo más claro. El magnate inglés Joe Lewis, dueño del equipo de fútbol Tottenham Hotspur de Londres, logró hacerse una estancia en los noventa, que estaba ubicada a pocos kilómetros de El Bolsón. Y en esa operación se apropió también del lago que estaba cerca. En la misma movida, había adquirido tierras en la costa atlántica, donde construyó una pista de aterrizaje más extensa que la del Aeroparque porteño.
Su impulso fagocitador de campos acabó enfrentando a este Gold Silver de la Trulalá patagónica con la población comunitarista que persiste allá. La reacción fue la movilización recurrente de activistas en reclamo de acceso libre al lago en las Marchas por la Soberanía.
Lago Escondido es la secesión de facto: territorio cercado, acceso público judicializado eternamente, jurisdicción extranjerizada dentro del mapa argentino, con el sistema político convalidando todo. Lewis, quien fue indultado recientemente por Donald Trump de su condena a prisión en Nueva York por maniobras financieras irregulares, fue protegido de Mauricio Macri. El expresidente llevó a Barack Obama 1.700 kilómetros hasta aquella mansión a discutir vaya uno a saber qué, durante la presidencia argentina del G20. Fue Macri, además, quien lo favoreció directamente al romper la restricción de que extranjeros acumulen tierras en áreas prioritarias para la seguridad nacional. Su decreto 820/2016 elevó del 25% al 51% el umbral accionario para considerar extranjera a una empresa.
A escasos kilómetros del feudo de Lewis se encuentra el fideicomiso Amaike, de capitales de Emiratos Árabes Unidos. La estancia Las Marías pertenece a la casa real de Abu Dhabi. El tramo de la Ruta 40 que une Bariloche con El Bolsón se convirtió, según el diario Tiempo Argentino, en una servidumbre de paso por el interior de un solo bloque de tierras extranjerizadas: cuatro grupos —Qatar, Emiratos Árabes Unidos, la belga BURCO y el británico Lewis— controlan allí unas 110 mil hectáreas, casi seis veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires. Una sola montaña repartida entre propietarios extranjeros, y las nacientes de cuatro ríos adentro del alambrado.
Lewis le vendió recientemente al emir de Qatar su estancia de la costa oceánica rionegrina, con pista propia de 2.200 metros y hangares para aeronaves de gran porte, a tiro de las Islas Malvinas.El enclave británico se transfirió al enclave catarí.
Los árabes perfeccionaron el modelo de Lewis. Los capitales del Golfo Pérsico entraron encubiertos por sociedades fantasmas habilitadas por el decreto macrista. Y todo hubiera pasado desapercibido si este año las triquiñuelas no hubieran saltado en los tribunales, generando un escándalo que complica al gobernador Alberto Weretilneck.
El 7 de abril, el expolista Hugo Barabucci confesó en un juicio que él había comprado un campo de 20 mil hectáreas condos millones de dólares donados por el gobierno de los Emiratos Árabes Unidos. Detrás de esta revelación apareció unentramado de sociedades fantasma, testaferros y fideicomisos que transfirió finalmente la propiedad a manos directas de dos hombres del poder emiratí: Osama Hussein Saleh Hussein Alahdaly, hombre de confianza del emir de Abu Dhabi, y el general retirado Matar Suhail Alyabhouni Aldhaeri, presidente del Consejo Nacional Federal de los Emiratos Árabes Unidos.
En febrero, en pleno bombardeo iraní contra bases estadounidenses en Emiratos, su presidente, emir de Abu Dhabi y comandante en jefe de sus Fuerzas Armadas,Mohamed bin Zayed Al Nahyan, llegó a Bariloche con una comitiva de 200 personas. ¿Cuál será la naturaleza de esta urgencia?
La zona al dock
En el sur de la CABA todo está listo para la nueva zona libertaria. “Ramblas del Plata” no será un barrio porteño más. Una propuesta que IRSA, la empresa de Eduardo Elsztain, que busca emular la revolución urbanística de Margaret Thatcher en los docks londinenses del East End de los años setenta. Una ciudad entera de iniciativa privada sobre 71,6 hectáreas ganadas al río, entre la Reserva Ecológica y La Boca. Es el proyecto urbano más grande del país. Un Puerto Madero con esteroides, diría Trump. El volumen del negocio: 1.800 millones de dólares de inversión en tres etapas, 895 mil metros cuadrados de capacidad constructiva para entre 6 mil y 10 mil viviendas de lujo en torres, oficinas, hotelería, comercio, escuelas y un paseo costero. IRSA vendió este año casi todos los lotes de la primera etapa.
IRSA es dueña del suelo, fija el masterplan y vende lotes aotros desarrolladores que edifican dentro de sus reglas. Es una zona económica especial de hecho. Su régimen urbanístico no surge del código general de la ciudad sino de un convenio público-privado sancionado a medida del proyecto; el espacio público queda bajo mantenimiento privado por contrato; y la escala es la de una ciudad mediana con gobierno propio. Es exactamente el desplazamiento que Sonia Vidal-Koppmann viene documentando desde hace veinte años en la región metropolitana: de la construcción de barrios cerrados a la creación de ciudades privadas. La desigualdad constitutiva de estas zonas la ubica pegada a la villa Rodrigo Bueno. El contraste no podía ser más lógico.
Pero quien crea que esto empezó con Macri-Rodríguez Larreta y Milei debe mirar el antecedente de Isla Demarchi, un predio vecino a Ramblas del Plata. En 2008, la presidenta Cristina Kirchner se reunió con Elzstain, en lo que fue el puntapié inicial de una cooperación de las fuerzas políticas que ella conducía para aprobar en la Legislatura porteña las modificaciones que requerían los proyectos de IRSA.
En 2012, el gobierno del Frente para la Victoria anunció en Isla Demarchi un Polo Audiovisual: doce hectáreas frente al río presentadas como un “Central Park porteño”, con una torre de 335 metros y 67 pisos, estudios de televisión, un hotel de lujo en los pisos superiores y un estadio. El “Hollywood argentino”, financiado a través de la ANSES, interesó también a Elsztain quien incluso recorrió Isla Demarchi a pie junto a su hijo y a funcionarios de presidencia por aquellos días. En 2017, un decreto de Mauricio Macri canceló el Polo y las tierras volvieron a la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) donde todavía esperan su turno.
Para confirmar que la enajenación de territorio es un movimiento furtivo pero coherente, Milei y Caputo rediseñaron por decreto el Puerto de Buenos Aires, instruyendo a la Agencia Nacional de Puertos y Navegación a convocar iniciativas privadas para financiar y operar proyectos urbanos público-privados. La hipótesis que trabajos académicos liberalizadores venían modelando, la “paulatina reducción del espacio operativo portuario y un traspaso hacia lógicas de urbanización comercial y residencial”, se convierte en business.
No se puede hacer más lento.
¿Malvinas ZEDE?
Trump corrió por izquierda al entonces primer ministro laborista del Reino Unido, Keir Starmer, amagando con respaldar el reclamo argentino de soberanía sobre Malvinas a comienzos de este año. Semanas más tarde, él mismo recordó que su país no tiene amigos más íntimos que los británicos. Esa fugacidad hizo pensar que se trataba de una represalia por negarse a acompañar la cruzada contra Irán.
A nosotros nos conviene tomarlo en serio por otro motivo. Leído desde la lógica de la secesión, estos gestos no serían tanto reparación histórica sino caballo de Troya. Washington no le entregaría las Islas a la Argentina, algo absolutamente improbable. Pero el lobby MAGA podría querer quitarle el dominio de las islas al Estado británico, para crear una ZEDE controlada por corporaciones multinacionales en el Atlántico Sur. Un vigía de occidente con su propio régimen jurídico, fiscal, autonomía presupuestaria y ciudadanía por contrato.
Las condiciones materiales para que esto ocurra fueron zanjadas con la aprobación por el gobierno de ocupación del proyecto petrolero Sea Lion en el que participa también una empresa israelí. De la guerra de 1982 a esta parte, el gobierno kelper se convirtió en un “embrión de un Estado nacional” al decir del especialista Federico Lorenz. El petróleo pasó a consolidar una cierta independencia de Malvinas respecto de la metrópoli británica. Condiciones óptimas para la instalación de un nodo geopolítico en el molde de la ciudad-estado-empresa. Normalizar la relación entre la administración colonial y el gobierno argentino amortizaría costos de mantenimiento logístico del enclave. Pero eso no es soberanía.
Legalizar el estado de cosas
El mapa de las innovaciones legislativas del tipo RIGI avanza sobre los pasos de la ley de Bases inicial de Milei para completar la obra de fragmentación del país. El nuevo corpus empujado por Sturzenegger y la City no es otra cosa que la adecuación del sistema legal al estado de cosas y su blindaje hacia el futuro.
Thiel en la Argentina representa el avance de la agenda global defreedom cities, microestados anarco-capitalistas. Y viene porque aquí se está fabricando algo mejor que Próspera. El magnate habría inscripto a sus tres hijas en un colegio porteño como prueba de su convencimiento. La Argentina ofrece a la tecno-oligarquía escala continental, recursos estratégicos, un sistema jurídico perforado por décadas de cesiones discretas, un gobierno que se asume “topo” destructor del Estado que administra, y una distancia cierta de los descalabros geopolíticos que ellos mismos fomentan en Oriente Medio y Europa. Es el prototipo exportable del nuevo régimen de propiedad, inspirado en representaciones idealizadas del feudalismo. La etapa superior del capitalismo financiero en la era de las plataformas y el triunfo de la contracultura antidemocrática. Esta vez parece que el tiro del final sí va a salir.
Y aquí debemos sumar otro factor de incentivos que aceita el proceso histórico de la secesión: el ladrillo como puerta de entrada del dinero global anonimizado. El especialista en crimen organizado Jean-François Gayraud, autor de Le nouveau capitalisme criminel (2014), señala cómo el negocio inmobiliario compra el territorio y la respetabilidad en la misma operación. Los “profesionales grises” —abogados, escribanos, agentes inmobiliarios, banqueros— son los facilitadores indispensables que hoy cuentan con ministerio propio en los gabinetes de Milei y el primo de Macri.
Esta arquitectura jurídica del despojo se afina con el paquete de “inocencia fiscal II”, aprobado en Diputados hace algunos días, que promete volver a blindar a los millonarios del escrutinio sobre el origen de sus fondos. “La evasión y elusión fiscal, los flujos financieros ilícitos, la fuga de capitales y el lavado de activos son fenómenos diferentes pero estrechamente interconectados”, sostienen las especialistas Verónica Grondona y Magdalena Rua. La opacidad es el sello del avance disimulado del programa socio-político de la tecno-oligarquía.
René Lavand engañaba, pero avisaba: no se puede hacer más lento. El gobierno libertario hace el mismo truco pero con las dos manos y el establishment global a favor. En el teatro, cuando la magia termina, el naipe desaparecido vuelve a aparecer. Los países, como la Argentina, tristemente no.
La historia de una efeméride que revela cómo la Argentina pasó de celebrar una identidad nacional construida sobre la herencia europea a reconocer, al menos en sus leyes y discursos oficiales, la preexistencia de los pueblos originarios. De la exaltación de la conquista a la revisión del pasado colonial, un recorrido por las disputas políticas,…
Dominados y dominantes he ahí la cuestión. La práctica estatal comenzó en Egipto, o sea, la lógica de dominación dada por el monopolio de la coerción y lo legitimado en aquella etapa de Nagada II en el Alto Egipto. Ahora bien, hay diferentes maneras de construir nuestra realidad psíquica y social. El surgimiento del Estado…
En algunos pueblos del norte de Argentina se cuenta la historia de un millonario que vivía como un mendigo. Un hombre que había llegado desde una aldea montañosa de Italia y que se instaló en un rancho al que no llegaban los caminos. Un hombre parco y sin amigos, que apenas se alimentaba y dormía en una cama de hierro oxidada. Un hombre que viajaba en un jeep desguazado y tapizado con bolsas de arpillera hasta su pequeño aserradero, lo único que parecía importarle en el mundo. Un hombre que desaparecía en el monte durante semanas cuando el río crecía.
Ese hombre era el dueño de La Fidelidad: una estancia que duplicaba el tamaño de Roma y que valía quinientos millones de dólares.
Se llamaba Manuel Roseo.
En la mañana del 13 de enero de 2011 fue torturado y asesinado.
Quienes cuentan su historia aseguran que nadie llegó a conocerlo en verdad. Y que los enigmas de su vida apenas se comparan con los que dejó su muerte.
* * *
Catorce años después del asesinato de Manuel Roseo me entregan una carta. Es una hoja mecanografiada que se volvió amarillenta y rugosa con el tiempo. Tiene varios nombres tachados y luego escritos a mano con tinta roja. Sobre el costado derecho hay un manchón de algo que parece café volcado. El título es una pregunta: ¿Quién es Manuel Roseo?
—La escribió el que quizás fue su único amigo —me dice Vidal Mario, un veterano periodista del norte de Argentina—. Poco después de que lo mataran.
¿Es un mendigo o es en realidad un prestanombre? ¿Una víctima o un personaje taimado y ladino? ¿Cómo es que vive míseramente teniendo cultura y fortuna? ¿Será un falso informador de su realidad o un hábil maquillador de la misma? Demasiadas incógnitas si se considera que, según él, desciende de una noble familia patricia romana ya que su madre era vecina y ciudadana del Vaticano. Según dijo conoció allí sobre las intrigas palaciegas tanto como las dudosas muertes de los Papas. Además de ello, fue “enviado” a América para “cuidar intereses” sin saber de qué se trataba…
La casa de Vidal Mario está en las afueras de Resistencia, la capital de la provincia de Chaco, sobre una calle de tierra ocre que se pega a la chatarra acumulada en los patios. En la entrada a la ciudad hay un tótem de granito que sostiene una inmensa placa de metal grabada con imágenes de serpientes, cóndores e indígenas. Y una frase: Chaco. El secreto de Argentina. Para mayo de 2025 los registros oficiales aseguran que casi tres cuartos de los habitantes de Resistencia viven bajo la línea de la pobreza. En el resto del Chaco los datos escasean. En el norte de la provincia más pobre de Argentina vivía como un ermitaño Manuel Roseo.
—Esta historia es algo distinto a todo —dice Mario, que pasa las páginas de un libro donde guarda recortes de sus entrevistas: Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, René Favaloro—. Un millonario viviendo como un linyera, harapiento, no puede ser real. Y, sin embargo, ocurrió.
Sobre Manuel Roseo apenas se escribieron un puñado de notas, que se pierden entre rumores y pistas falsas. Dio una sola entrevista, al Diario Norte en el 2000, titulada Hombre rico, hombre pobre. Se lo describe como “una persona con estatura mediana, delgado (como si eso lo ayudara a ser más anónimo), que vestía siempre ropa de operario, zapatos de carpintero y portaba un rostro con un bigote espeso y el cabello entrecano y ordenado con un peinado neutro de raya a un lado”. Al final de esa entrevista, Roseo dijo: “Yo, como no tengo hijos, me puedo dar el lujo de vivir mal”.
Manuel Roseo, el mayor terrateniente del norte de Argentina, era un perfecto desconocido.
Vidal Mario publicó la única investigación que reúne datos sobre la improbable compra de la estancia La Fidelidad, que a principios de los setenta fue entregada a Roseo por la corporación Bunge & Born, una de las mayores compañías agrícolas y alimentarias de Latinoamérica. Y sobre los préstamos que diez años después el Banco de la Nación Argentina le dio a Roseo y que él nunca pagó. “Un decreto del presidente Carlos Saúl Menem —escribió Mario en esa nota— lisa y llanamente le perdonó a Manuel Roseo una deuda de cinco millones de dólares”.
—El hombre que me dio esa información es el mismo que escribió la carta. Roseo le había prometido poderes absolutos para administrar sus campos, pero lo traicionó. Tiempo después lo volví a ver. Estaba muy asustado. Vino a mi casa y se llevó todos los documentos. Ahora está enfermo. Dice que esta historia y esas tierras lo enfermaron.
—¿No volviste a hablar con él?
—Nadie quiere hablar de Manuel Roseo. Hay demasiado en juego. Quién sabe cuántos millones de dólares valen hoy las tierras. Esa carta es un mapa. Pero yo no quise seguirlo.
—¿Por qué?
—En cierta oportunidad recibí una llamada anónima con este mensaje: «Si en algo aprecia su paz y tranquilidad, le conviene que no siga jodiendo con el tema Roseo». Eso fue todo. Me inquietó tanto ese mensaje que nunca más atendí llamadas de un número desconocido. No puedo ayudarte en otra cosa. Llevala, no quiero tenerla más.
* * *
La Fidelidad era uno de los últimos refugios de tierra virgen del bosque Impenetrable, donde hoy funciona el Parque Nacional más grande del norte de Argentina. Doscientas cincuenta mil hectáreas de palosanto, quebrachos y algarrobos repartidas entre las provincias de Chaco y Formosa. Era una fortaleza natural en el Gran Chaco Americano: el bosque seco más grande del mundo, que se extiende hacia Bolivia, Paraguay y Brasil. El río Bermejo, una serpiente de color cobrizo que desemboca en el Paraná, atravesaba aquella estancia perdida y la conectaba con el océano Atlántico.
A finales del siglo XIX, cuando el Chaco no existía como provincia, las tierras pertenecían a Natalio Roldán, un explorador obsesionado con abrir las rutas fluviales que escondía el Bermejo. El Congreso Nacional se las había entregado durante la Conquista del Chaco, la campaña militar que masacró y desplazó a los pueblos originarios del norte de Argentina. Pero Roldán terminó envuelto en una serie de préstamos e hipotecas con su Compañía de Navegación a Vapor del Río Bermejo y en 1913 las tierras fueron rematadas. Las compró Jorge Born, socio fundador de la corporación multinacional Bunge & Born y uno de los hombres más ricos de Argentina.
Jorge Born levantó un inmenso casco de estancia en medio del monte, con aljibes y galerías techadas, y casonas para el personal alrededor. Frente al casco, paralela al río, mandó a construir una larga pista de aterrizaje. Llamó a esas tierras con un nombre que en los parajes del Impenetrable se convirtió en un estigma: La Fidelidad.
“Mi padre [Jorge Born II] la recorrió varias veces a caballo, durante días. Era tierra de indios. Su propósito era saber si había tierras cultivables. La zona era impenetrable por falta de caminos y era prácticamente imposible combatir el vinal, una plaga arbórea. Los caballos se hacían salvajes. Por eso la vendió a un dólar la hectárea”, dijo Jorge Born III al diario El País en 2017, en una nota titulada La última región salvaje de Argentina.
Un dólar la hectárea. Eso pidió Jorge Born II por una estancia que era una de las mayores reservas de quebrachos colorados y algarrobos del norte argentino, de donde salía la madera para los durmientes que sostenían los ferrocarriles y el tanino que abastecía a las curtiembres de todo el mundo. Una tierra que también alimentó otra clase de ambiciones.
Alrededor de La Fidelidad se multiplicaron las perforaciones que buscaban el petróleo que brotaba del Chaco boliviano. Aún hoy se investiga si debajo de ese inmenso territorio se esconde el último tramo del Acuífero Guaraní, la tercera reserva de agua dulce más grande del mundo. En los pueblos del norte se repite que el bosque se volvió impenetrable porque fue comprado y cerrado por políticos y empresarios.
En 1972 la estancia pasó a manos de Luis y Manuel Roseo, dos hermanos italianos cuyo único capital era un pequeño taller textil en Buenos Aires. Según una nota del diario Página 12, en una carta enviada a su familia dijeron que tenían un campo tan grande como la Italia. Luis murió en 1984 por una afección cardíaca y Manuel se quedó con La Fidelidad. Desde que la compraron los Roseo, permaneció intacta.
A fines de los sesenta, los hermanos Roseo se instalaron en un rancho en El Impenetrable, allí donde no llegaban los caminos.
A fines del siglo XX, la tala indiscriminada y los incendios en el Gran Chaco dejaron la estancia aislada en medio de un desierto de soja. Los parajes que la rodeaban se convirtieron en pistas de aterrizaje para vuelos clandestinos, que cruzaban desde Bolivia y Paraguay y descargaban cocaína en los montes cerrados. La Fidelidad, uno de los últimos refugios de tierra vírgen del bosque Impenetrable, quedó atrapada en el centro de la lluvia blanca que aún hoy cae sobre el norte de Argentina.
* * *
Antes de que lo asesinaran, Manuel Roseo aseguraba que tenía tantos interesados en sus campos como enemigos.
El gobernador de la provincia de Chaco, Jorge Milton Capitanich, había dejado firme la expropiación de una porción de sus tierras y, bajo su nombre, llegaban emisarios para negociar el resto.
El millonario y conservacionista estadounidense Douglas Tompkins había puesto sus ojos en La Fidelidad y planeaba convertir la estancia en un Parque Nacional.
En la provincia de Santa Fe, Claudio Gómez —”un gitano vendedor de autos”, como lo llamaba Roseo—, había presentado boletos de compraventa con firmas originales, asegurando que la hacienda era suya.
Y hasta su casa había llegado Luis Raúl Menocchio, un empresario perseguido por la Justicia de Argentina y de Paraguay por múltiples asesinatos.
Manuel Roseo se lo repetía a Nélida Eva Cuellar, la mujer que visitaba por las noches en Juan José Castelli, la última ciudad antes de alcanzar el bosque Impenetrable. En la casa de Nélida, construida gracias a un plan de viviendas sociales, terminaba hablando solo: “Todos quieren La Fidelidad”.
Después del asesinato, los vecinos le aseguraban a Nélida: Ustedes son los que siguen. Ella y sus dos hijos: Lucía y Emanuel. En Castelli era un secreto a voces que Lucía y Emanuel eran hijos de Manuel Roseo, el mayor terrateniente del norte de la Argentina.
Un perfecto desconocido.
* * *
La mañana del 13 de enero de 2011, el calor brotaba del suelo en Juan José Castelli, una ciudad de veinte mil habitantes en el noroeste de Chaco. Aunque todos los que viven allí aseguran que es un pueblo: los caballos pastan al borde de las calles, los niños juegan a la pelota solos en la noche y los secretos no tienen dónde esconderse. Ese verano la temperatura había superado los cuarenta y cinco grados y la noche no alcanzaba a enfriar la tierra.
Lucía Roseo llegó a trabajar unos minutos antes de las ocho de la mañana a la casa donde vivía su papá, en la calle España 365. Era una casa baja con el frente rojo despintado. Al costado tenía una entrada para autos que daba a un jardín donde el pasto siempre estaba crecido. No había rejas y las puertas quedaban sin llave.
Hacía una semana que Lucía trabajaba dentro de una habitación en la que apenas había una mesa, un teléfono y algunos cuadernos. Tenía diecisiete años y su papá le había dicho que llevaría las cuentas del aserradero. Tocó la puerta pero nadie atendió. Lucía tenía prohibido entrar si Manuel no estaba. La dueña de casa era una mujer llamada Nélida Bartolomé. Se llamaba igual que su mamá y eso a veces la sorprendía porque esa mujer la odiaba. “Para mí ustedes no son nada de Manuel —le había dicho el primer día—. Si él te quiere hacer trabajar, que te abra la puerta”.
Esperó sentada en el cordón de la vereda, debajo de una palmera que la protegía del sol. Escuchó la puerta que se abría detrás de ella y vio a un hombre calvo y corpulento, vestido completamente de blanco. “Como si fuese un carnicero”, le diría a la fiscal Juana Rosalía Nis unas horas más tarde.
—Buenos días —la saludó el hombre. Se subió al jeep de su papá, que estaba estacionado en la entrada, y encendió un cigarrillo.
Unos minutos después otro hombre salió por la puerta. Era morocho y tenía el pelo largo. También iba vestido de blanco. El que estaba adentro del jeep tiró el cigarrillo y los dos entraron en la casa. Ella se enojó y le mandó un mensaje de texto a su mamá: “El pa no me abre la puerta”. Entonces vio el auto de Sergio “Keko” Berg, el secretario de Roseo. Era un joven pequeño y esmirriado que le enseñaba el trabajo.
—Ahora te abro —le dijo y se perdió detrás del jardín.
Lucía le contaría a la fiscal que escuchó gritos y que por eso se fue. También diría, en otras declaraciones, que no escuchó nada, que tuvo un horrible presentimiento y que por eso volvió en la moto a su casa.
Eran las nueve y media de la mañana cuando llegó la policía a buscarla. La subieron a un patrullero junto a su mamá y las llevaron a la Fiscalía de Investigación Penal Nº1 de Juan José Castelli. Antes de dejarlas incomunicadas, les dijeron a secas: “Lo mataron a Manuel”.
* * *
La casa de Nélida Bartolomé, donde fue asesinado Manuel Roseo.
Las muertes ocurrieron en un período temporal que se extiende entre las 07.30 y las 08.50. Un número no inferior a tres personas actuaron con violencia extrema sobre la integridad física de las víctimas, quienes se hallaban indefensos y solos en su domicilio. Ese accionar se dio en un intervalo de tiempo prolongado, que causó sufrimiento adicional y una lenta agonía a las víctimas —se lee en el Expediente Nº 56/11-6 del Poder Judicial de Chaco—. Los cadáveres del Sr. Roseo (75 años) y la Sra. Bartolomé (74 años) se encontraron en distintas habitaciones, rodeados de abundante sangre. Las manchas en el piso indicaban que los cuerpos fueron arrastrados. La tortura se concretó con golpes en la zona de la cabeza y el pecho con un objeto contundente, presumiblemente un martillo engomado encontrado en el lugar, que produjeron desgarro del cuero cabelludo, hundimiento y fractura de huesos y la pérdida de piezas dentales. La Sra. Bartolomé murió durante la tortura, maniatada con cables de electricidad, presumiblemente frente al Sr. Roseo. Los ojos y las bocas de las víctimas fueron obturados por la colocación de cinta engomada, para proceder los agresores a la colocación en la cabeza de bolsas de plástico anudadas al cuello con un cinto de cuero, para luego terminar con la vida del Sr. Roseo mediante el procedimiento de estrangulación mecánica. Dicho accionar tuvo el fin de cometer otro delito: el de obtener ilícitamente una firma o impresión digital de Manuel Roseo y la confesión del lugar donde guardaba las Escrituras Públicas de dominio sobre los inmuebles de Chaco y Formosa, la vasta estancia conocida como La Fidelidad.
* * *
Lucía Roseo guarda solo dos fotos junto a su papá, que fueron tomadas el mismo día. En una de ellas observan un álbum familiar, apoyado sobre un mantel de plástico. Las paredes blancas de la habitación están ennegrecidas por la humedad. Sus rostros quedan ocultos. En la otra, los dos miran a cámara. Manuel Roseo tiene la piel clara y un rostro alargado con unos pequeños ojos pardos escondidos. El pelo canoso y el bigote gris recortado con prolijidad. Lleva una campera de lluvia y abajo una camisa marrón de trabajo. Lucía debe tener menos de diez años. El pelo negro recogido y una sonrisa amplia. Él la abraza. Ella parece inquieta y divertida.
La segunda de esas fotos estuvo algunas semanas en el perfil de la cuenta de X de Lucía. En uno de sus pocos posteos, del 10 de julio de 2025, escribió: La publicidad en la radio donde invitan a visitar el parque nacional el impenetrable al finalizar dice “nuestro orgullo”. ¿Orgullo de qué? ¿De la mayor estafa de esta provincia? Si es que no es de todo el país. Parque flojo de papeles, manchado con sangre y atropello a los DD HH”.
Manuel Roseo y su hija Lucía Roseo, en las únicas dos fotos que ella conserva junto a su padre.
En julio de 2011, seis meses después del asesinato de Manuel Roseo, mientras ella y su familia se escondían en hoteles y departamentos alquilados, el gobierno de Chaco expropió las ciento cincuenta mil hectáreas de La Fidelidad que estaban dentro de la provincia. A los pocos días se inició el proyecto liderado por Douglas Tompkins y su fundación Rewilding Argentina —entonces llamada The Conservation Land Trust— para construir allí el Parque Nacional El Impenetrable, la joya de la conservación en Argentina. Fue inaugurado en agosto de 2017 y las autoridades de Rewilding Argentina aseguraron que estaba destinado a convertirse en “el epicentro del corredor ecoturístico más grande de Sudamérica”.
Llevo casi dos semanas en el Chaco cuando recibo un mensaje de Lucía Roseo a través de X: “Si quiere, podemos hablar junto a nuestros abogados”.
* * *
La luz del cielo está sucia y gris cuando llego a la ciudad de Sáenz Peña, ciento setenta kilómetros al norte de Resistencia siguiendo la Ruta 16, que en ese trayecto es una fina línea rodeada de monte y edificaciones sin terminar. Las calles están vacías y carcomidas por las aguas termales. Aquí se ocultaron Nélida y sus hijos cuando mataron a Manuel Roseo.
El estudio de abogados Olivieri & Pugacz, donde me citaron, es una construcción de dos plantas con ladrillos pulidos y palmeras que asoman desde un jardín interior. Un pequeño castillo rodeado de casas bajas, perforadas por un sol blanco y terrible.
Lucía Roseo llega a la entrevista junto a su madre Nélida. Su hermano Emanuel prefirió no ser parte. Me explican que nació con mielomeningocele, una malformación congénita que está tipificada como la forma más grave de espina bífida. Cuando mataron a Manuel Roseo tenía ocho años. “Todavía le hace muy mal este tema”.
Lucía y Emanuel Roseo entran a La Fidelidad por primera vez en 2012, un año después del asesinato de su padre.
Luego de contarles sobre mi trabajo, aceptan que conversemos los tres solos. Lucía tiene treinta y dos años y es abogada. Acaba de abrir un estudio donde tramita causas civiles y familiares. Es una mujer esbelta, de piel trigueña y perlada. Lleva zapatos, un jean suelto y una remera beige que hace juego con un chaleco azul marino. El pelo negro cae suave y resalta una frente despejada. En sus ojos amplios y redondeados se percibe una dignidad contenida. Durante toda la entrevista, Lucía le cebará mate a su madre.
—Hubo un plan para matar a mi papá y para sacarle sus tierras —dice con una voz endurecida que se irá revelando dulce y tímida—. Ese plan salió mal porque aparecimos los hijos. El gobierno y Tompkins hicieron un Parque Nacional en una estancia que es nuestra. Hoy seguimos en juicio y ellos no pueden pagar lo que nos sacaron. Desde que mataron a mi papá a nosotros nos quieren borrar del mapa. La gente cree que yo descubrí que era mi papá cuando lo asesinaron. Pero fue mi papá siempre. A pesar de que no teníamos el apellido de él.
—¿Por qué no tenían su apellido?
—Yo siempre le pregunté, porque cuando iba a la escuela todos mis compañeritos tenían el apellido del papá y yo el de mi mamá. Él nos decía que tenía muchos enemigos y que era mejor si estábamos lejos. Pero venía todos los días a mi casa y hacíamos la tarea y nos llevaba al aserradero. Cuando cumplas los dieciocho te voy a poner mi apellido, me había prometido. Era como mi regalo de cumpleaños. Pero a él lo mataron un mes antes de mi cumpleaños.
—¿Qué pasó esa mañana? ¿Por qué te fuiste de la casa?
—Yo sentí que tenía que irme. ¿Por qué? No sé. Después me castigué mucho. ¿Por qué no avisé a un vecino? ¿Por qué no llamé a la policía? Pero si yo entraba en la casa a mí me mataban. De ahí no salía nadie. Por eso a mí siempre me llamó mucho la atención que no se investigara más al secretario de mi papá. Fue el único que quedó vivo.
Nélida Eva Cuellar se acerca a su hija y le dice algo al oído. Es una mujer de rostro moreno y amplio, que parece maleable cuando sonríe con vergüenza y los ojos negros se le achican. Al comienzo de la entrevista lloró, cuando le pregunté cómo había conocido a Manuel Roseo, y se quedó en silencio hasta ahora.
—Mi mamá te quiere contar —me dice Lucía.
* * *
A las nueve y media de la mañana del 13 de enero de 2011, la policía de Juan José Castelli cerró los ingresos a la ciudad. Media hora antes habían recibido el llamado de una mujer que hacía trámites para Nélida Bartolomé y que encontró los cuerpos en la casa. “El auto de Keko se iba cuando yo llegué”, dijo en ese llamado. Al mismo tiempo que se aceleraba un cerrojo en toda la provincia, la policía emitió un pedido para “localizar y secuestrar el automóvil Chevrolet Aveo negro patente JEO137 y la aprensión de sus ocupantes”.
A las diez de la mañana recibieron un llamado desde la comisaría de Tres Isletas, un pueblo ubicado cincuenta kilómetros al sur de Castelli. El auto que buscaban estaba abandonado en un camino rural que bordeaba una plantación de algodón. Al costado habían cavado una fosa.
Sergio Berg apareció caminando con una bolsa negra de plástico atada en el cuello. Respiraba con dificultad y tenía una herida abierta en la cabeza. La policía lo llevó esposado en una ambulancia hasta el Hospital General Güemes de Juan José Castelli.
Cuando llegué a la casa la saludé a Lucía y me fui a la puerta de atrás. Intenté abrir pero estaba cerrada con llave. Me abrieron desde adentro y cuando entré recibí un golpe muy fuerte en la cabeza —relató Sergio Berg a la fiscal Juana Rosalía Nis en su declaración judicial, al día siguiente de ser encontrado—. Me caí al piso y me pegaron varias veces más con una especie de martillo de goma y yo grité. Me encintaron los ojos, las manos y la boca y me dejaron ahí tirado. Yo escuchaba voces que decían “Raúl, Raúl, ¿la metemos a la piba?”. Y escuchaba la voz tartamuda del hombre que daba las órdenes. Después me desmayé.
Me desperté adentro de un baúl, que me di cuenta que era mi auto por las cosas que llegué a tocar. “Hay que hacer un pozo y enterrarlo”, dijo alguien que iba en el auto. Me bajaron y yo ya no podía respirar porque tenía la bolsa pegada a la cara y ahí me tiraron en un pozo. Escuché que uno decía por teléfono: “El hijo de puta de Raúl no atiende”. Y se fueron. Sentí que me estaba por desmayar de nuevo. Pude romper la bolsa con los dientes y la lengua y cuando pude respirar me levanté. Yo sabía quién era ese Raúl. Raúl Menocchio había estado hacía una semana en lo de Manuel y quería comprar La Fidelidad. Y tenía esa misma voz, la voz tartamuda que daba las órdenes.
* * *
Nélida Eva Cuellar conoció a Manuel Roseo en la misma casa donde lo mataron: la casa de Nélida Bartolomé. Había llegado a Juan José Castelli desde una localidad rural llamada Villa Río Bermejito, en el interior del Impenetrable. Buscaba trabajo y tenía el sueño de terminar la escuela primaria. Nélida Bartolomé la contrató para cuidar a su madre.
—Allá en el ranchito a nosotros solo nos llegaba la radio y yo quería aprender a leer y a escribir y me fuí —dice Nélida—. Empecé a cocinar y a estar con la señora y a veces venían familiares y yo me tenía que salir para afuera y sentarme sola. Y Manuel se salía para afuera también. Y así charlábamos, aunque casi siempre hablaba él solo. Igual nos fuimos entendiendo. Él era más grande. Me llevaba como treinta años.
Manuel Roseo nació el 14 de febrero de 1935 en la ciudad de Roma, Italia. Su familia provenía de San Gregorio da Sassola, un pueblo de mil quinientos habitantes escondido entre montañas y volcanes en la región de Lazio: el antiguo corazón del Imperio romano. Los datos que conseguiré en la Dirección Nacional de Migraciones indican que ingresó en Argentina el 25 de enero de 1957, poco antes de cumplir veintidós años. Lo que sigue, lo que me contarán Lucía y Nélida y lo que escucharé de abogados, fiscales y jueces y de aquellos que lo conocieron, podría llamarse la historia oficial.
Luis Roseo, el hermano mayor de Manuel, es el primero en llegar a la Argentina. Un hombre “visionario” que a principios de los cincuenta abre un taller textil en San Martín, provincia de Buenos Aires. Manuel llega de Italia para trabajar con él. A fines de los sesenta Luis lo convence para “cambiar de vida”. Entregan su taller textil a la corporación Bunge & Born, a cambio de La Fidelidad. Viven en el casco de la estancia durante algunos años. Luis se pone en pareja con Nélida Bartolomé y los hermanos se instalan en su casa. Intentan cosechar algodón en La Fidelidad pero el río inunda sus cultivos. Luego piden préstamos bancarios y compran miles de vacas y toros de raza y los pierden en el monte. Luis muere en agosto de 1984, producto de una enfermedad cardíaca. Manuel decide seguir el sueño de Luis y se queda con las tierras, pero las mantiene vírgenes. Consigue permisos para talar una porción mínima de quebrachos y algarrobos y abre un aserradero con el que apenas subiste. Recibe ofertas millonarias de empresarios, políticos y magnates, pero nunca vende La Fidelidad.
—Hay muchas preguntas sobre mi papá —dice Lucía—. ¿Por qué teniendo tanto patrimonio llevaba la vida que llevaba? ¿Por qué no vendió y con esa plata prosperaba? Eso solo lo sabía él.
—¿No se lo preguntaste?
—Antes de que lo mataran él decía que quería vender, pero que nadie le iba a pagar lo que valían las tierras. Él le había prometido al hermano sacar adelante La Fidelidad. Yo creo que no se podía desprender de las tierras por esa promesa.
Lucía me ofrece un mate y le paso la carta que me entregó Vidal Mario. La lee y me la devuelve en silencio.
—¿Quién era tu papá?
—Yo de esto del Vaticano no sé nada. Yo lo que te puedo contar es que él era muy solitario y con nosotros venía y se descargaba. Todo es plata, plata, plata, decía. Y que la plata se le iba toda en pagar impuestos. Me decía que estudie porque lo que yo tenía acá (se señala la cabeza) no me lo podían sacar. Él nunca quería estar presente en navidades, cumpleaños. Le decías feliz cumpleaños y te respondía no, no. Una vez le compré una libreta por el día del padre y ni siquiera me la recibió. Es como que quería pasar desapercibido.
—¿Nunca les habló de su familia en Italia?
—Contaba que pasaron mucho hambre en la Segunda Guerra Mundial, siendo él muy chico, y que allá en Italia iban a un campo a cosechar fresas. Él quería estudiar ingeniería. Lo que no me ayudó fue la cabeza, decía. De Italia vino a Argentina en un barco que pasó por África. Yo nunca lo vi rezar a mi papá. Me mandó a un colegio religioso porque no quería que yo pierda clases por los paros docentes. Yo conocí La Fidelidad después de que lo mataron. Nunca habíamos salido de Castelli nosotros. Así era nuestra vida.
Antes de ser interrogada en la sala de la Fiscalía de Investigación Penal Nº1 de Juan José Castelli, Lucía —que hasta ese momento solo llevaba el apellido Cuellar— le explicó a la fiscal Juana Rosalía Nis que ella era la hija de Manuel Roseo. La fiscal le contestó que necesitaba un abogado ese mismo día.
La herencia que dejaba Manuel Roseo, una tierra valuada en quinientos millones de dólares, equivalía a la que en septiembre de 2022 recibieron los príncipes y la princesa del Reino Unido, hijos de la Reina Isabel II.
Lo más caro que tenía Lucía Roseo era la moto con la que llegó a la casa de su padre el día del asesinato.
* * *
Desde agosto de 2004 la Justicia de Paraguay perseguía a Luis Raúl Menocchio. Habían pedido su extradición de Argentina y era buscado por Interpol, acusado del doble asesinato de un empresario y una de sus empleadas en la ciudad paraguaya de Fernando de la Mora, cuyos cuerpos baleados fueron encontrados en dos tambores sellados con cemento.
El 10 de marzo de 2005 Menocchio fue detenido en la ciudad costera de Itatí, Corrientes, acusado de asesinar a Claudio “Tano” Nozzi, Director Comercial de HBO Argentina. El cuerpo de Nozzi —aseguraban los investigadores policiales— había aparecido fondeado en el río Paraná y comido por los peces.
Luis Raúl Menocchio pasó casi cuatro años encerrado en la Unidad Penal N.º 6 de San Cayetano y fue liberado por falta de pruebas el 15 de mayo de 2009. Durante la investigación judicial por el asesinato de Nozzi, la Justicia argentina comprobó que para fines de 2004 Menocchio contaba con diversos documentos y cédulas (incluso tarjetas de supermercados) con distintos nombres —dice el Expediente 7075/5 del Poder Judicial de Corrientes—. El plan para cambiar su identidad se había completado con una serie de cirugías estéticas con las que se modificó el rostro.
El 6 de enero de 2011, una semana antes del asesinato de Manuel Roseo, Luis Raúl Menocchio llegó a Juan José Castelli. Se reunió con Roseo, le dijo que quería comprar La Fidelidad y se sacaron una foto juntos. En esa imagen Menocchio abraza a Roseo con su brazo izquierdo. Le saca casi media cabeza. Tiene el pelo fino y un poco revuelto, los ojos claros y una sonrisa alargada. Roseo lleva una camisa a cuadros desgastada, el bigote prolijo y un leve gesto de sorpresa en la mirada, como si no supiera para qué está posando. Detrás de ellos hay dos puertas entreabiertas.
Cuando terminó la reunión, Luis Raúl Menocchio almorzó con el secretario “Keko” Berg y por la tarde lo llevaron hasta La Fidelidad.
Luis Raúl Menocchio abraza a Manuel Roseo, una semana antes del asesianto.
Unas semanas después, en el norte de Argentina, empezarían a llamarlo El asesino de las mil caras.
* * *
En el camino de vuelta hacia el hotel, después de entrevistar a Lucía Roseo y su familia, recibo una llamada de Oscar “Caíto” Olivieri, uno de los dos abogados que trabajan para ellos. Esta noche nos juntamos con Los Leales, nuestro grupo de amigos, a comer asado. ¿Por qué no te venís? Media hora después estoy otra vez a la entrada de su estudio, que se conecta con su casa por una puerta interior. Tiene un jardín con pileta y detrás un quincho con parrilla, una televisión gigante y una cinta para correr. Sentados a la mesa están un importante juez provincial, un exdiputado nacional, otros dos abogados y Roberto “Cacho” Pugacz, socio de Olivieri.
—Esta causa es una caja de Pandora —me dice Olivieri sentado a la cabecera, con una copa de vino en la mano—. Tenés abogados de sicarios que vienen al juicio en aviones privados. Una cónyuge trucha. Los parientes italianos, que llegan con la Embajada de Italia atrás. Un intendente y un juez que trabajan con el asesino. El viejo de la bolsa con un testamento falso. Diputados y senadores que arman estafas. Y, según dicen algunos, terroristas ambientales. De lo que quieras, acá hay.
Oscar “Caíto” Olivieri (primero desde la izquierda) y Roberto “Cacho” Pugacz (primero desde la derecha), acompañan a Lucía Roseo y Nélida Eva Cuellar en un peritaje de La Fidelidad.
Olivieri es un hombre muy alto y de espalda amplia, encorvado por una leve joroba. Tiene las piernas y los brazos flacos y los ojos celestes cristalinos que se mueven sin parar en su rostro atravesado por cicatrices (Hace unos años me caí de un balcón. Tengo tres vértebras fracturadas y quedé como Scarface). En la ciudad de Sáenz Peña es una suerte de sheriff local, dicen sus colegas. Fue presidente del Consejo de la Magistratura del Chaco, abogado del Partido Justicialista —el más influyente en la historia argentina— y de la Iglesia Católica.
—Acá hay algo de lo que nadie quiere hablar. Atrás del Parque Nacional El Impenetrable tenés la estafa procesal más grande de la historia argentina.
Para expropiar las ciento cincuenta mil hectáreas de La Fidelidad que estaban en la provincia de Chaco, el gobierno provincial primero debía pagarlas. En julio de 2011, la Junta de Valuaciones de Chaco hizo una tasación que le daba a las tierras un valor aproximado de diez millones de dólares, a razón de sesenta y cinco dólares la hectárea. Pagando ese precio, pasarían a manos del gobierno.
—En una hoja escrita a mano, la Junta dijo que cada hectárea de La Fidelidad, con un grado de conservación que no existe en Sudamérica, valía lo mismo que una pizza con fainá —dice Olivieri y se acerca a controlar el fuego en la parrilla.
Una coalición de ONGs que incluía a Greenpeace, Banco de Bosques y la Fundación Vida Silvestre lanzó una campaña de recolección y venta de botellas de plástico para juntar el dinero. “Con dos botellas salvamos un metro cuadrado”, decía la consigna. Para salvar La Fidelidad se necesitaban tres mil millones de botellas de plástico: puestas en fila, alcanzarían a darle veinte veces la vuelta al planeta. El filántropo Douglas Tompkins y su fundación The Conservation Land Trust realizaron una donación que cubría casi la totalidad del dinero. En 2014 el Gobierno de Chaco expropió las tierras de La Fidelidad y las cedió para la creación del Parque Nacional El Impenetrable, donde la fundación de Douglas Tompkins —hoy llamada Rewilding Argentina— desarrolla proyectos científicos y de conservación.
—Hace quince años estamos en juicio para que paguen el valor real de La Fidelidad. Lo que pagaron no alcanza ni para comprar la tierra de las macetas —asegura Olivieri, mientras un exinvestigador de la policía que está haciendo el asado sirve chorizos en todos los platos—. Esto va a tener un final trágico para Chaco.
En octubre de 2025, los peritos oficiales que trabajan dentro de la causa por la expropiación de La Fidelidad tasaron cada hectárea en mil setecientos dólares. Cuando esa cifra sea confirmada judicialmente, el gobierno de la provincia más pobre de Argentina pasará a deberles doscientos cincuenta millones de dólares a los herederos de Manuel Roseo. Eso equivaldría al sueldo de tres meses de todos los médicos, policías, maestros y empleados públicos de Chaco.
—Todos los funcionarios tendrían que vender hasta los órganos para pagar y ni siquiera así alcanzaría la plata —dice uno de los comensales y levanta su cuchillo para señalar a Roberto Pugacz—. Cacho, ¿le contaste lo de la momificación?
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La Fiscalía de Investigación Penal Nº1 de Juan José Castelli se convirtió en un desfile de abogados. No habían pasado doce horas del asesinato de Manuel Roseo cuando Carlos del Corro se sentó frente a Lucía Roseo. Era un hombre muy bajo con un vozarrón espeso. Había llegado a Juan José Castelli desde la provincia de Salta a fines de los noventa, trabajaba en casos de usurpación de tierras y mantenía vínculos estrechos con la policía. Sus colegas lo llamaban despectivamente el sacapresos del pueblo. Lucía todavía no había logrado hablar con su mamá. Hasta ese momento eran sospechosas del asesinato. Del Corro consiguió lo único que querían. Esa noche las sacó de ahí.
Si podía demostrar que Lucía y Emanuel eran los hijos de Roseo, se haría millonario. Algunos años después, en la intimidad, diría que esa noche encontró La gallina de los huevos de oro. Antes de sacarlas de la fiscalía, Del Corro se convirtió en apoderado de la familia.
Al día siguiente llamó a un estudio de abogados que tenía fuertes conexiones dentro del Poder Judicial de Chaco: el estudio Olivieri & Pugacz. Escondió a Nélida Eva Cuellar y sus dos hijos en un hotel de Sáenz Peña y pagó a una agencia de seguridad privada para que tengan custodia día y noche. Consiguió una órden de allanamiento para entrar a la morgue de Castelli y junto con “Caito” Olivieri y “Cacho” Pugacz llevaron a Nélida Eva Cuellar hasta Buenos Aires en un avión de línea. Era la primera vez que ella salía del pueblo. Lo único que llevaba, apretado contra su pecho, era una pequeña nevera de plástico.
Los tres abogados y Nélida llegaron hasta la Fundación Favaloro, una institución de prestigio internacional que desde 1981 lleva analizadas y comparadas más de cien mil muestras de ADN. Entraron en un laboratorio donde lo único que se escuchaba era el zumbido de las máquinas. Una mujer con guantes y barbijo cortó la faja de seguridad de la nevera y corrió las bolsas de gel congelado.
—¿Solo trajeron esto?
La noche anterior, en la morgue de Juan José Castelli y delante de los abogados, un médico forense había preparado la muestra. Dentro de la nevera, Nélida llevaba un dedo índice amputado. El dedo de Manuel Roseo.
Las muestras cadavéricas de Manuel Roseo que se usaron para determinar que tenía dos hijos no reconocidos: Lucía y Emanuel.
Entonces, como me dirá Gustavo Del Corro cuando lo entreviste en su estudio, se desató la tormenta.
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—Unos días después del asesinato fue que nos enteramos de un pedido de… ¿Cómo se decía? —”Cacho” Pugacz hace una pausa y medita mientras mastica un pedazo de chorizo—. ¡Tanatopraxia! Es como una momificación del cuerpo. Así iban a borrar todos los datos genéticos.
—¿Quién hizo ese pedido?
—Creemos que el pedido llegó desde Italia. De las hermanas de Manuel Roseo. La fiscal me quiso meter preso antes de sacar las muestras de la morgue. No sé ni cómo pasamos por el escáner del aeropuerto con un dedo congelado. Nadie esperaba lo que conseguimos. Lucía y Emanuel sacaron del medio a todos los que podían reclamar La Fidelidad. Pero acá no dejan de aparecer conejos.
Cuando el gobierno de Chaco hizo el depósito por la expropiación de las tierras y se inició el proyecto del Parque Nacional El Impenetrable, el dinero quedó en custodia judicial. ¿A quién se le debía pagar por La Fidelidad?
En la ciudad de Sáenz Peña, Carlos Del Corro había abierto la sucesión de Manuel Roseo a favor de sus hijos no reconocidos: Lucía y Emanuel. En la ciudad de Juan José Castelli, la Embajada de Italia —a través del abogado Bernardo Saravía Frías, que llegaría a ser Procurador del Tesoro de la Nación— abrió otra sucesión en favor de las dos hermanas y los tres sobrinos de Manuel Roseo, que vivían en la ciudad de Roma. Durante los siguientes años se desataría una guerra judicial por la herencia que hasta el día de hoy sigue abierta. Y donde la familia Roseo no estaría sola.
Esther Franchini, la cónyuge trucha según Olivieri, una jubilada de Buenos Aires, presentó un acta de matrimonio con la que aseguraba haberse casado con Manuel Roseo en 1963. Francisco “Pancho” Echeverría, el viejo de la bolsa, un contratista del norte de Argentina, presentó un testamento firmado por Manuel Roseo en el que recibía sesenta mil hectáreas. Y el propio Luis Raúl Menocchio, El asesino de las mil caras, se presentó en el juicio asegurando que, antes de cualquier sucesión, él había comprado La Fidelidad.
—Fuimos comprobando todas esas estafas. Cuando sacábamos a uno, aparecía otro. Entonces te das cuenta que atrás hay algo muy grande —dice Pugacz—. La sucesión sigue bloqueada.
“Caíto” Olivieri levanta un trozo de carne gruesa y jugosa y la examina.
—Allá en Buenos Aires te ponen una carne finita, “banderita” le dicen. Esto es carne de verdad… Como la que le preparaban a Menocchio en la cárcel —se ríe Olivieri.
Diez días después del asesinato de Manuel Roseo, Luis Raúl Menocchio fue detenido en La Alondra —”un hotel de diseño recomendado por la Guía Michelin”, como se aclara en su web—, en la ciudad de Corrientes. La policía había intervenido su teléfono y sabía que llegaría allí desde la ciudad de Pinamar, el balneario más exclusivo de la costa argentina. Fue encerrado en la Alcaidía de Sáenz Peña, ubicada en ese momento frente al estudio Olivieri & Pugacz, acusado por el asesinato de Manuel Roseo y Nélida Bartolomé. En pocos días se hallaron en su celda tres teléfonos celulares, una tablet, una televisión con instalación de cable, una ducha y un pequeño mueble vidriado con bebidas alcohólicas. Uno de sus guardiacárceles sería cesanteado por prepararle asados y permitir el ingreso de prostitutas en la celda, que estaba adornada con alfombras.
—Hasta usaba la red de wi-fi de nuestro estudio, que nunca supimos cómo consiguió la clave. Un tipo así conseguía cualquier cosa —dice Pugacz, que parece recorrido por un leve temblor cuando habla sobre psicología criminal—. Era un gentleman. Siempre una persona atenta, respetuosa. Nunca manifestó violencia ni nerviosismo durante el juicio. Estaba distendido y se reía, que eso te da un profundo perfil psicópata.
En mayo de 2012, mientras permanecía encerrado, Luis Raúl Menocchio fue condenado a cadena perpetua por el asesinato de Claudio “Tano” Nozzi a partir de “nuevas pruebas que permitieron reconocer su cuerpo”, aseguraron los jueces del Tribunal Oral N° 1 de Corrientes. Un año después, el 7 de octubre de 2013, Menocchio —junto a Claudio Alfredo Gómez y Salvador Borda— fue condenado a cadena perpetua por el asesinato de Manuel Roseo y Nélida Bartolomé. Al asesino de las mil caras lo enviaron al Penal de Rawson, una cárcel de máxima seguridad en la provincia de Chubut, el corazón helado de la Patagonia argentina.
—¿Hablaste alguna vez con él? —me pregunta Olivieri.
—Le escribí una carta antes de este viaje, para entrevistarlo. Pero no me respondió. Nunca habló con los medios desde que está en Rawson.
—Él se negó a declarar en el juicio. El testimonio de Berg fue la clave, pero quedaron muchas dudas sobre Berg. Creemos que fue un entregador. Los fiscales armaron el caso con él como testigo y no como imputado. Fue una investigación a la americana, que terminó con el homicida perfecto. Y caso cerrado. Pero nadie respondió para quién eran esas tierras. Menocchio, un asesino internacional, no podía ser el dueño. Es como que aparece Al Capone y dice «me voy a dedicar a cuidar a los monos». ¿Para quién estaba trabajando?
—El abogado Carlos Del Corro se cansó de decir que era “un crímen por encargo” y acusó al exgobernador Capitanich de estar involucrado.
—Eso fue una pelotudez. Hace más de cuatro años que no trabajamos con Del Corro y estamos en un juicio, por lo que no voy a hablar al respecto. Pero sí te voy a decir que yo soy amigo personal de Coqui Capitanich.
—¿Y no tuviste ningún problema con tu amigo por este caso?
—No tengo vínculo jurídico ni político, solo amistad. Él nunca me pidió ni me preguntó nada. Y yo tampoco a él. Son códigos.
El expolicía que maneja la parrilla apaga el fuego y sirve un helado almendrado y una copa de champagne para Los Leales. Antes de despedirnos, Olivieri me da un apretón de manos y me aclara:
—No tengas dudas. Nosotros somos los buenos.
* * *
Después de casi un mes en Chaco acumulo causas judiciales, pericias, expedientes policiales, informes bancarios y una copia de las escrituras de La Fidelidad. Esos documentos muestran grietas aún más profundas en la historia oficial.
Según las escrituras de La Fidelidad, Luis y Manuel Roseo compraron las tierras a la Sociedad Anónima Explotación de Campos y Montes del Río Bermejo, una empresa agrícola y ganadera propiedad de la corporación Bunge & Born. La estancia figura como “propiedad de Don Jorge Born”. Los hermanos Roseo pagaron en efectivo. Entre 1969 y 1972, en distintas operaciones, escrituraron La Fidelidad a su nombre por un valor en pesos argentinos que equivalía a doscientos cincuenta mil dólares. Fijan su dirección en Boulogne Sur Mer 333, San Martín, provincia de Buenos Aires. Desde la municipalidad de San Martín, un suburbio fabril y de clase obrera, me informan que esa dirección ya no existe. Les envío el único documento presentado ante la Justicia en donde aparece el posible nombre del taller textil de los Roseo. Es un documento del Banco Nacional de Desarrollo, con fecha del 26 de junio de 1959, donde se indica que recibieron un préstamo de clase “Minero”. El taller podría llamarse “TAPP TEX SRL” o “TAPE TEX SRL”, la imagen está borroneada en ese punto. En la parte superior se aclara el rubro: “Retorcido y enconado de hilados”.
Luego de varios días me contactan desde la oficina de Catastro y me dicen: “No existen datos sobre talleres o fábricas textiles con ese nombre. Tampoco propiedades a nombre de Luis o Manuel Roseo”. Y me envían la numeración actual a la que corresponde la dirección fijada en las escrituras.
El taller textil que Luis y Manuel Roseo tenían en San Martín, provincia de Buenos Aires.
Una mañana fría de octubre estoy frente a un galpón derruido. Alrededor hay fábricas y casas bajas cerradas. Es una edificación de dos plantas ennegrecida por la humedad, que trepa hasta el techo. Las ventanas están rotas y tapadas con cartones. Golpeo varias veces un portón rojo oxidado pero nadie responde. Camino por la cuadra. Las pocas personas que me atienden, a través de las ventanas, me dicen que nunca escucharon el apellido Roseo. El pasado de Luis y Manuel en San Martín parece haber desaparecido por completo. ¿Cómo llegaron a este suburbio, si es que llegaron alguna vez?
—Durante la investigación que hicimos descubrimos que el taller que tenían estaba quebrado —me dice por teléfono “Caíto” Olivieri.
Cuando a Manuel Roseo le preguntaron por su infancia, en la entrevista que dio al Diario Norte, la describió con una sola anécdota: “Cuando era chico me enteré que en un bar de Roma se podía consumir azúcar libremente. Lo fui a ver, con la ñata contra el vidrio, como dice el tango. No podía creer que el imbécil que estaba en la mesa le ponía solo dos terrones a su café, en vez de veinte”.
Ese niño que no tenía plata para pagar una cucharada de azúcar compró una de las estancias más grandes de la Argentina. Cuando lo hizo, su único capital era un pequeño taller textil en Buenos Aires, posiblemente quebrado. En 1972, los hermanos Roseo pagaron por La Fidelidad—según las escrituras— un valor que al día de hoy equivale a dos millones de dólares.
Detrás de esa operación dejaron una telaraña de enigmas.
¿Qué conexiones tenían los Roseo para hacer negocios con los dueños de Bunge & Born? ¿De dónde salió el dinero con el que compraron La Fidelidad? ¿Por qué mantuvieron las tierras vírgenes durante cuarenta años? ¿Acaso fueron “enviados para cuidar intereses”, como asegura la carta que me entregó Mario? ¿Por qué torturaron y mataron a Manuel Roseo?
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Semanas después de mi regreso a Buenos Aires recibo una llamada de un número desconocido. Se dispara un mensaje grabado. El tono mecánico y neutro de una mujer me adelanta: esta llamada proviene de un establecimiento penitenciario.
—Ho… Hola mi rey —dice una voz alegre, que se traba al principio y luego se acelera—. Soy Luis Raúl… Menocchio. ¿Vos querías hablar conmigo?