El Concejo Deliberante de Villa Regina aprobó la ordenanza 006/2020 con el objetivo de crear un marco de protección reglamentario a los animales sancionando los maltratos a los mismos, ahora resta que lo apruebe el Poder Ejecutivo Municipal.
No es un detalle menor resaltar el trabajo unificado. La norma fue impulsada por concejalas (Fernandez, Paillapí y Figueroa) de los 3 bloques que conforman el CD. Lo que las personas no pueden, lo logran los animales, es una buena referencia para entender que la ciudadanía toda está por encima de los colores políticos y el trabajo de interbloques es importantísimo.
La ordenanza no solo considera maltrato a la crueldad de ejercer violencia sobre ellos, sino también a dejarlos encerrados en vehículos, lastimarlos con fines estéticos, mala alimentación extrema, tenerlos atados en poco espacio, hacerlos trabajar en exceso. (Art 4). También está prohibida la mutilación, pruebas quirúrgicas, abandonos, riñas, reproducción con fines comerciales, captura y caza. (Art 8). Cada familia se responsabiliza no solo por su cuidado, sino también por sus acciones. (Art 5). Es de carácter obligatorio que cada animal tenga una chapa identificatoria, y los callejeros deberán tener también la suya que estará a cargo del PEM. (Art 6). Este trabajo va a dar la posibilidad de generar un registro o censo sobre los animales que no tienen dueño. Un trabajo importante que las agrupaciones intentaron hacer, lo tienen como proyecto; pero se les hace complejo llevar a cabo. Prohibe tener animales que no sean domésticos en viviendas familiares, los animales no domésticos deberán estar en el hábitat que les corresponda. (Art 7).
En cuanto al control y el ejercicio de la ordenanza en la práctica, el área de medio ambiente será la autoridad de aplicación siendo la encargada de llevar a cabo el relevamiento o informe de situaciones particulares ante las denuncias recibidas, pudiendo hacerse valer de todo el material incriminatorio disponible. Las multas van desde los 2 SAM a 15 SAM.
Una de las ideas para mejorar la accesibilidad a las denuncias es utilizar una app como la ciudad de Neuquén. Una premisa a tener en cuenta es poder mantener el anonimato de las denuncias para preservar las relaciones entre vecinos
Este lunes se conmemora el Día Internacional del Orgullo que coincide con la Marcha del Orgullo, y este año en Argentina viene con el plus de que el cupo laboral travesti trans es ley en el país. El Estado entonces tiene la obligación de contratar al menos el 1 por ciento de la dotación de la administración pública…
En su oficina ubicada frente a los Tribunales de Rosario, donde alterna reuniones con empresarios y el análisis de la coyuntura económica, Esteban Guida recibió a LPO para analizar la coyuntura económica con una mirada distinta a porteña, que prevalece en los medios.
Docente de la Universidad Nacional de Rosario, director de la consultora Grupo Guida y presidente de la Fundación Pueblos del Sur, el economista advierte sobre los riesgos a largo plazo de consolidar un modelo centrado en la exportación de materias primas en detrimento del mercado interno.
-¿Cómo definís el modelo económico que está llevando adelante Javier Milei?
-Nos están llevando a una «africanización de la economía». Eso significa bajar los niveles de consumo de las grandes mayorías y reservar la riqueza para el 5% de la población a través de un modelo primarizado, concentrado y exportador donde ningún otro negocio termina funcionando.
El programa económico de Milei y Caputo ya está plenamente implementado. El gobierno no tuvo obstáculos políticos, sociales ni externos para hacer lo que quería hacer. Hoy podemos decir que esto es exactamente lo que el Gobierno vino a hacer. Por supuesto, Milei es una «marioneta» de un contexto de poder que tiene muy claro cuál debe ser el rol de la Argentina en el escenario internacional.
Ese rol es el de ser proveedor de materias primas para el mundo, especialmente para los países industrializados. Ese interés hoy pasa por la energía, por la tierra y por los recursos ambientales que la Argentina posee.
Estamos frente a un gobierno extremadamente débil en términos políticos, pero con actores muy fuertes detrás.
Entonces, vemos a Milei desempeñando un papel que no responde solamente a sus propias convicciones, sino a intereses más poderosos que orientan ese rumbo. Estamos frente a un gobierno extremadamente débil en términos políticos, pero con actores muy fuertes detrás.
-El gobierno sostiene que el plan está funcionando y que es el camino al desarrollo…
-No hay ningún fundamento que explique por qué en veinte años vamos a ser Alemania o Irlanda, como decían. Al contrario, el mundo industrializado está haciendo exactamente lo opuesto a lo que nosotros estamos haciendo.
El consumo sigue cayendo, la industria continúa retrocediendo y las finanzas están pendientes de un hilo. La política cambiaria es totalmente inestable y por eso no aparecen inversiones productivas, a pesar del RIGI y de todos los beneficios que se ofrecieron.
Los grandes inversores saben que este esquema es insostenible. Lo que hoy ingresa al Banco Central responde, en gran medida, a movimientos financieros de corto plazo y no a inversiones destinadas a producir.
-¿La macro no está mostrando la fortaleza que proclama el oficialismo?
-La balanza comercial es positiva, pero principalmente por el boom de las exportaciones energéticas y por una caída fenomenal de la demanda interna. No porque exista un proceso de expansión económica.
Cuando uno observa solamente algunos indicadores pierde de vista el objetivo principal de la política económica. La gente quiere comer, vivir bien, tener trabajo y acceder a una vivienda. Los objetivos nacionales no pueden reducirse a mostrar inflación baja o superávit fiscal.
-¿Dónde está el principal problema del modelo?
-En que se parte de una mirada equivocada sobre el rol de la Argentina. Se piensa al país únicamente como un proveedor de materias primas y de divisas.
El problema es que hoy todo está pensado desde una lógica financiera y exportadora. Así es muy difícil construir un proceso de crecimiento sostenido. Significa dejar de pensar, por ejemplo, que cada hectárea de soja representa solamente dólares. Claro que las exportaciones son importantes y siguen siendo una de las principales fuentes de divisas.
Pero el campo no puede quedar reducido únicamente a eso. La prioridad debería ser abastecer al mercado interno de aquello que necesita y, a partir de esa base, construir una estrategia exportadora que agregue valor y genere desarrollo.
La política cambiaria es totalmente inestable y por eso no aparecen inversiones productivas, a pesar del RIGI y de todos los beneficios que se ofrecieron. Los grandes inversores saben que este esquema es insostenible.
Todos vemos al campo como proveedor de dólares como commodities. Miramos una hectárea de soja y vemos divisas. Claro que eso sigue siendo importante porque representa uno de los principales rubros de exportación. Pero no puede terminar ahí.
Primero hay que definir los objetivos nacionales y después discutir cómo nos insertamos en el mundo. Si el orden es al revés, terminamos organizando toda la economía para satisfacer necesidades ajenas y no las nuestras.
-Ahora, la exportación de energía y minerales pareciera estar desplazando a los granos. ¿Qué rol va a tener la agroindustria?
-Desde mi punto de vista, la principal potencialidad no pasa solamente por generar divisas. Pasa por abastecer al mercado interno de aquello que hoy necesita la Argentina.
Pero el campo está pasando por una situación complicada. Cuando uno conversa con productores agropecuarios, no solamente pequeños, sino también medianos, encuentra empresas con serios problemas de productividad y con enormes dificultades para sostener su modelo de negocios.
Lo vemos todos los días en la consultora es que empresas que durante años fueron referentes de la región, hoy atraviesan graves problemas financieros y tienen completamente deteriorada su ecuación económica.
-El Gobierno sostiene que eso ocurre porque muchas empresas no son competitivas
-Las causas son múltiples. No existe una sola explicación. Influye el modelo económico, influye el contexto internacional y también la situación particular de cada empresa.
Aparece un problema mucho más profundo: el de la dirigencia argentina. Tenemos un problema de dirigencia en todos los niveles. Dirigencia política, gremial, sindical y también empresaria.
El mundo cambió después de la pandemia y los países comenzaron a proteger sus economías, a redefinir sus matrices productivas y a defender sus sectores estratégicos. La Argentina debería estar haciendo lo mismo, cuidando sus recursos y estamos haciendo lo contrario.
-Buena parte de la dirigencia agropecuaria acompaña este modelo económico y se muestra muy complaciente con Milei…
-Cuando decimos «el campo dice» habría que preguntarse quién está hablando en su nombre porque la opinión de un dirigente que acompaña este modelo no necesariamente representa la realidad que están viviendo los productores. No es lo que estamos viendo nosotros a diario donde hay muchas empresas con problemas.
Después, aparece un problema mucho más profundo: el de la dirigencia argentina. Tenemos un problema de dirigencia en todos los niveles. Dirigencia política, gremial, sindical y también empresaria.
-Cuando planteas la necesidad de priorizar el mercado interno, aparece el problema que el argentino es pequeño…
-Es que hay que dejar de medir al mercado solamente por la cantidad de habitantes. También hay que medirlo por su calidad. Hay una frase que se repite mucho: que la Argentina produce alimentos para 400 millones de personas y eso es una simplificación peligrosa.
Yo prefiero producir alimentos de calidad para cien millones de personas, o para cincuenta millones, dentro de los cuales estamos nosotros y además profundizar un mercado como el europeo que demanda cada vez más alimentos orgánicos y productos de calidad. Europa ya empezó a cerrar sus fronteras a determinados productos transgénicos. Ahí también hay una enorme oportunidad para la Argentina.
Si seguimos pensando al campo únicamente como un productor de divisas, basado en monocultivos y en un esquema extractivo, estamos equivocando completamente el rumbo. Primero hay que definir los objetivos nacionales y después las negociaciones internacionales.
No tenemos dominio sobre nuestra infraestructura logística que está pensada en su totalidad para sacar producción agrícola hacia los puertos, pero no está diseñada para mover mercadería dentro del país, integrar regiones o generar nuevos polos de producción.
-El otro desafío es el logístico, la Argentina arrastra un déficit estructura hace mucho tiempo, que se profundizó con la parálisis de la obra pública del gobierno nacional…
-Es un tema fundamental porque somos un país ubicado en el extremo sur del mundo y, sin embargo, no tenemos dominio sobre nuestra infraestructura logística que está pensada en su totalidad para sacar producción agrícola hacia los puertos, pero no está diseñada para mover mercadería dentro del país, integrar regiones o generar nuevos polos de producción.
Ahí también ahí una enorme agenda de desarrollo que hoy no se está discutiendo.
-Hablaste de poderes internacionales detrás de las decisiones de Milei, ¿a qué te referís?
-Ya lo vimos muy claro el año pasado con una decisión de Donald Trump de respaldar financieramente al Gobierno argentino. Y también se observa en cómo Milei lleva las relaciones internacionales, como las agresiones a Lula. Pero no hablaría únicamente de Trump.
Existe una decisión estratégica de Estados Unidos de mantener a la Argentina dentro de su área de influencia, sobre todo en un contexto donde China avanza con fuerza sobre América Latina. Y además están los grandes intereses económicos transnacionales que muchas veces pesan incluso más que los propios Estados con empresarios como Peter Thiel.
-¿Y qué papel cumple el Fondo Monetario Internacional dentro de esa estrategia?
-El Fondo Monetario es otro actor político más. No vamos a pensar que es un agente financiero internacional. Viola permanentemente su propia carta orgánica cuando se trata de la Argentina porque su verdadero objetivo es mantener al país dentro de la órbita de influencia de Estados Unidos y evitar que profundice su relación con China. Si el FMI aplicara estrictamente sus propias reglas, muchas de las revisiones del programa económico de Milei jamás habrían sido aprobadas.
-¿La Argentina tiene que elegir entre Estados Unidos y China?
No, es con ambos. Sería una torpeza, además de una imposibilidad, cerrar la relación con uno para alinearse exclusivamente con el otro. La Argentina no tiene poder para patear el tablero. Tiene que mantener relaciones inteligentes con todos los países y defender, por encima de todo, sus propios intereses nacionales.
El Gobierno logró construir algunos puntos de apoyo para desplegar su modelo económico. El resultado fiscal es el más sólido. La política monetaria y el frente cambiario aportaron otros, bastante más movedizos. Pero al programa le falta el protagonista capaz de hacer de la estabilización una cuestión sostenible: las inversiones. Y los números muestran que, lejos de llegar, están retrocediendo.
«Toda política fiscal, monetaria o cambiaria es discutible. No sólo por sus resultados. También porque inevitablemente distribuye costos y beneficios, define ganadores y perdedores y modifica la relación entre sectores. Pero cualquier modelo que pretenda crecer de manera sostenida necesita inversión. Sin capital que amplíe la capacidad productiva, incorpore maquinaria, construya infraestructura y genere empleo, la estabilidad tiene patas cortas», comentó a LPO un ex ministro de economía.
Ahí aparece uno de los datos más incómodos del programa de Javier Milei. La Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF) cayó 11,6% interanual. La inversión no está acompañando la estabilización: se está achicando.
La gran apuesta del Gobierno para llenar ese vacío es el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Pero la información que obtuvo LPO mediante un pedido de acceso a la información pública permite mirar debajo del número de anuncios.
Al cierre del primer trimestre había 12 proyectos aprobados, por una inversión total declarada de 26.436 millones de dólares. De ese monto, 24.691 millones fueron considerados «activos computables» para acceder a los beneficios del régimen.
Ese concepto es clave. Los activos computables no son un registro de dólares que ya ingresaron al país ni de inversiones efectivamente realizadas desde la aprobación del RIGI. Son los gastos que la normativa admite para determinar si un proyecto alcanza el piso de inversión necesario para entrar al régimen.
Lo que estoy viendo, y esta es la parte que me preocupa, es que no estoy viendo inversiones grandes. La inversión cae, el empresario está viendo que esto no levanta.
Economía aclaró incluso que pueden computarse inversiones realizadas desde la entrada en vigencia del RIGI aunque sean anteriores a la adhesión formal del vehículo empresario. Es decir, una parte del número puede corresponder a inversiones que ya estaban en marcha.
Los anexos muestran además qué hay adentro de esos montos. No todo consiste en nuevas plantas construidas con producción y trabajo local. Los planes incluyen compra de equipamiento, maquinaria, materiales, ingeniería, logística, instalaciones eléctricas, software, servicios y construcción. En varios de los grandes proyectos, una porción relevante corresponde a bienes de capital y equipos que pueden ser importados.
El detalle entregado por Economía, sin embargo, no discrimina qué porcentaje será de origen nacional y cuál importado, por lo que tampoco permite traducir automáticamente los millones anunciados en impacto sobre proveedores o empleo local.
El caso del parque solar El Quemado sirve para entenderlo. Sus 211,6 millones de dólares de costos de construcción incluyen 42,7 millones en paneles, 22,3 millones en trackers, 9,4 millones en inversores, 8,3 millones en la estación de potencia, 7,9 millones en transformadores y otros equipos.
El RIGI contabiliza esas erogaciones como inversión del proyecto, pero la documentación oficial no informa dónde se fabricarán esos bienes ni cuánto valor agregado quedará en Argentina.
Hay casos todavía más contundentes. El proyecto Rincón de litio presenta 2.299 millones de dólares en activos computables dentro de una inversión total de 2.744 millones. Allí aparecen 320 millones en paquetes tecnológicos, 254 millones en equipamiento mecánico, 106 millones en materiales e instalaciones eléctricas y sólo 85 millones en mano de obra directa. El desglose permite ver por qué el monto de inversión no puede leerse linealmente como generación de empleo: son variables distintas.
También hay inversiones que no nacieron con el RIGI. VMOS declara un plan total de 2.900 millones de dólares, pero el anexo identifica 42 millones como inversiones previas a la vigencia de la ley. El Gobierno, además, aprobó como ampliaciones proyectos que ya existían, como Veladero y Fénix.
La concentración sectorial termina de achicar la foto. De los 26.436 millones de dólares aprobados, 15.156 millones corresponden solamente al proyecto de licuefacción de Southern Energy y otros 2.900 millones a VMOS. Después aparecen los grandes proyectos mineros que buscan financiamiento. Fuera de hidrocarburos, minería y generación eléctrica, la lista se reduce prácticamente a la acería de Sidersa y la Terminal Multipropósito Timbúes.
El RIGI consiguió volumen anunciado, pero todavía no muestra una ola de inversión. Y existe un problema adicional para medir cuánto de todo eso ya ocurrió. Economía reconoció ante el pedido de LPO que el seguimiento está distribuido entre distintas áreas técnicas y que, por el «volumen, dispersión y heterogeneidad» de los datos, no tiene sistematizada una información integral sobre los mecanismos de control.
Los mismos empresarios creen que la economía va a crecer, pero no prevén aumentar la inversión. El 74% espera crecimiento del PBI y el 68% proyecta una inflación menor. Pero apenas el 43% prevé aumentar sus inversiones.
Tampoco realizó revisiones posteriores del ratio exigido a los proyectos frente a eventuales cambios de precios, costos, cronogramas o generación de caja. En otras palabras, el Gobierno puede informar con precisión cuánto prometieron invertir las empresas para entrar al RIGI, pero la respuesta oficial no ofrece una cifra consolidada de cuánto de esa inversión ya se ejecutó.
«Lo que estoy viendo, y esta es la parte que me preocupa, es que no estoy viendo inversiones grandes», dijo el economista Fausto Spotorno en el stream Ahora Play. «La inversión cae, cae, cae», agregó. Para Spotorno, el fenómeno tampoco puede explicarse simplemente por desconfianza política. «El empresario está viendo que esto no levanta», sostuvo.
Spotorno también puso el foco en la distancia entre los anuncios del RIGI y el volumen de capital efectivamente desplegado. «No es que no hay, hay. Pero que eso esté puesto en la cancha y genere volumen grande todavía no lo vemos», explicó. Y marcó una excepción: «El sector energético es lejos el que está invirtiendo más. Está invirtiendo fangotes».
Según los cálculos que maneja el economista, el sector energético recibe un flujo anualizado del orden de los 12.000 millones de dólares. Parece una montaña hasta compararla con las necesidades de capital del conjunto de la economía.
Spotorno estima que Argentina necesita inversiones cercanas a los 120.000 millones de dólares por año. Incluso el sector que más capital atrae representa así alrededor de una décima parte de ese volumen.
En el mercado hacen una lectura parecida, con un agregado importante: Vaca Muerta juega un campeonato bastante separado del resto de la economía. «Vaca Muerta mueve las mismas inversiones con cualquier gobierno porque está despegada del ciclo económico. Son 12 mil millones por año. Así y todo la cuenca necesita cerca de 20 mil millones para desarrollar su potencial», explicó a LPO una fuente que sigue de cerca las inversiones del sector.
La cautela aparece también entre los propios empresarios. La última Encuesta de Expectativas de Ejecutivos de IDEA, realizada entre 218 directivos, mostró que la proporción de empresas que trabaja cerca de su capacidad máxima aumentó del 36% al 46%. Sin embargo, la inversión anual como porcentaje de la facturación cayó del 14% al 10%.
El contraste es mayor porque esos mismos empresarios creen que la economía va a crecer, pero no prevén aumentar la inversión. El 74% espera crecimiento del PBI y el 68% proyecta una inflación menor. Pero apenas el 43% prevé aumentar sus inversiones.
Alejandro «Topo» Rodríguez, ex diputado nacional y economista, introduce otra diferencia clave para leer los números. «Hay que distinguir entre las inversiones que ‘se anuncian’ y las que efectivamente se realizan. Con Milei, se inició un proceso de desinversión que se explica por la contracción de la demanda y la caída de la rentabilidad esperada», dijo a LPO.
El planteo toca uno de los problemas centrales del programa: la inversión no depende solamente de bajar impuestos o conceder beneficios. Una empresa invierte cuando espera vender lo suficiente como para recuperar el capital y obtener rentabilidad. Ese es el agujero que queda detrás de los avances que el Gobierno exhibe en la macro.
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