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CIUDAD PROHIBIDA

Durante el fin de semana el medio local «Periódico La Comuna» publicó una noticia bajo el título «Solicitan declarar a Villa Regina como ciudad Pro-Vida” donde se cita textualmente al pastor Gabriel Ballerini quien sostuvo que debe considerarse “la posibilidad de un proyecto presentado el año pasado para declarar a Villa Regina como ‘Ciudad pro vida’”.

El pastor porteño ofreció una conferencia en el cine teatro Círculo Italiano sobre la defensa de la vida, la familia y la promoción de valores que permitan alcanzar una sociedad mejor.

#LaTapa como medio alternativo ha cedido el espacio todas las veces necesarias (y las que sean) a quienes verdaderamente ponen el cuerpo a esta problemática y quieren expresarse para seguir reforzando el mensaje y su lucha.

Esta situación, aunque irrisoria, nos interpela, nos enfada y hasta aquí nos trae. Y somos claros, los pro vida no reconocen la autonomía de la mujer, desde las religiones nunca lo han hecho. En la Inquisición quemaban a las mujeres, ¿es esto un retorno al medioevo? No el nuestro.

Sin ley se hacen los abortos y las mujeres deciden. Es su decisión, y ahí solo la Ley puede inmiscuirse, ahí apunta la lucha, a modificarla.

Las doctrinas religiosas esperan que se obedezca, y se tenga una convicción de lo sagrado y sus mandatos. En consecuencia, no hay posibilidad de cuestionar al ser, al origen, al presente, al futuro o al mundo; por ende, poder modificar de manera flexible ciertas desiciones individuales o colectivas en base a dicha posibilidad de cuestionar…

Sin embargo, y si quieren sin juzgar lo anteriormente mencionado, los intentos de prohibir o restringir el aborto no consiguen reducir su número; lo que hacen es obligar a las personas a someterse a abortos inseguros.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el aborto inseguro como:

“un procedimiento para finalizar un embarazo no deseado realizado por personas que carecen de la capacidad necesaria o que se lleva a cabo en un entorno donde se carece de un estándar médico mínimo, o ambos”.

La OMS calcula que todos los años tienen lugar 22 millones de abortos inseguros, la gran mayoría de ellos en países en vías de desarrollo.

A diferencia de los abortos legales, practicados por proveedores de servicios médicos capacitados, los abortos inseguros pueden tener consecuencias fatales. Tanto es así que los abortos inseguros son la tercera causa principal de muerte materna del mundo y dan lugar además a cinco millones de discapacidades en gran medida evitables, según la OMS.

Desde el Hospital de Villa Regina se garantiza la implementación de la ley provincial 4796, articulada con el protocolo nacional de interrupción legal del embarazo.

http://www.notivida.com.ar/legprovincial/RIO_NEGRO_Ley_4796_ANP.html

Sería una desición en contra de la salud pública que, el Concejo Deliberante reginense siquiera analizara una propuesta de este tenor religioso cuando se da una lucha inagotable, no sólo por la mencionada salud pública, sino por gran parte de la sociedad, quienes buscan garantizar y ampliar los derechos de las mujeres.

No obstante, este es un gran ejemplo para que la sociedad entienda de la importancia de contar con un Concejo Deliberante competente y capacitado. Estamos cerca de las elecciones municipales y las boletas no solo tienen una cabeza, también tiene un cuerpo, que en definitiva también cumple un papel de real importancia en el entramado social, político y cultural de cualquier ciudad.

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Rechazo a la Declaración de “Villa Regina Ciudad Pro-Vida”

Ante la presentación realizada por la fundación “Vida en Famila” al Honorable Concejo Deliberante para declarar a Villa Regina ciudad Pro-Vida, las colectivas de mujeres, partidos políticos y personas abajo firmantes manifestamos que esta iniciativa atenta contra el estado de derecho y los derechos fundamentales consagrados en nuestra legislación y los Convenios Internacionales- Ley Nº 25.673 Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable; la Ley Nº 26.150, Educación Sexual Integral; la Ley Nº 26.485 de Protección Integral para erradicar la violencia contra la mujer; Ley 26.618 Modificación del Código Civil – Matrimonio Igualitario; Ley 26.743 Identidad de género; Código Procesal Penal – entre otras – y tratados internacionales firmados por el país como la Convención sobre eliminación de todas las formas de discriminación contra la Mujer, la Convención de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, entre otros.
Estas leyes, que están vigentes, deben ser cumplidas y reforzadas en su aplicación, con políticas públicas eficaces, sin la intervención de los credos que intentan borrar los derechos conquistados en este nuevo siglo. 
Queremos hacerle saber a nuestrxs representantes legislativos que respetamos a ultranza la libertad de cultos, pero no vamos a permitir que se le otorgue a las religiones la facultad de elaborar e implementar políticas públicas, que afectan al conjunto de la sociedad. 
Repudiamos que estos grupos se autoproclamen defensores de la vida cuando mediante sus prácticas y sus discursos demonizantes juegan un papel protagónico en la naturalización y perpetuación de las muertes de mujeres y cuerpos gestantes en abortos clandestinos.
Paradójicamente, estos mismos discursos moralistas son los que, por un lado, atribuyen a las mujeres toda la responsabilidad de “cuidar” sus relaciones sexo-afectivas y, por el otro, avanzan fuertemente obstaculizando la implementación de la Educación Sexual Integral en las escuelas. 
Por todo lo expuesto, rechazamos enérgicamente el pedido de la fundación Vida en Familia y les instamos a reflexionar sobre este tema como lo que verdaderamente es, un complejo problema de salud, educación y de igualdad de oportunidades, ya que innumerables estadísticas muestran que las muertes por abortos clandestinos son mayores en comunidades empobrecidas.
En este sentido, exigimos al Concejo Deliberante de Villa Regina, que acorde a su función, abogue por las libertades fundamentales, declarando a nuestra ciudad respetuosa de la diversidad y los derechos consagrados en nuestra legislación y los convenios y tratados internacionales.

Nosotras seguiremos bregando por:
EDUCACIÓN SEXUAL PARA DECIDIR
ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR
ABORTO LEGAL, SEGURO Y GRATUITO PARA NO MORIR.

FIRMAS: Mujeres Autoconvocadas Villa Regina, Consejo Local de Las Mujeres, Mujeres Agrupación Celeste y Blanca – Pj- VR, Área Mujer y Diversidad- Municipio de Villa Regina, Kolina Villa Regina, Comité ILE- Hospital Área Programa de Villa Regina, Servicio Social y Servicio de Salud Mental- HAPVR, Mujeres de “La Cámpora Villa Regina somos Todxs”, Área de Bienestar Universitario, FACTA. UNCOMA- VR, Mujeres del “Nuevo Contrato Social” – Todos Juventud, UNTER- Seccional Villa Regina, UNTER CENTRAL- RN, Socorro Rosa Villa Regina, Agrupación Evita Capitana- PJ Villa Regina, Regina Nosenzo. Integrante de Peronismo Militante, CTA-T y ATE Verde y Blanca, Mujeres de la Cooperativa de Trabajo Artístico La Hormiga Circular, Frente Grande de Villa Regina, ATTS Villa Regina

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    Por qué la Revolución Rusa de octubre fue en realidad en noviembre

     

    La fecha que quedó grabada en la historia responde a un calendario que Rusia ya no utiliza. La insurrección bolchevique comenzó el 25 de octubre de 1917 según el calendario juliano, pero esa misma jornada correspondía al 7 de noviembre en el calendario gregoriano. La diferencia de 13 días explica por qué la Revolución de Octubre ocurrió, para buena parte del mundo, en noviembre.

    Por Alcides Blanco para NLI

    La historia suele quedar atrapada en los nombres con los que fue bautizada. La Revolución de Octubre es uno de los ejemplos más famosos. Durante generaciones, millones de personas aprendieron que el 25 de octubre de 1917 los bolcheviques encabezados por Vladimir Lenin tomaron el poder en Rusia y pusieron en marcha uno de los procesos políticos más trascendentales del siglo XX. Sin embargo, si alguien viajara hasta aquella misma fecha utilizando el calendario que actualmente rige en la mayor parte del mundo, descubriría algo aparentemente desconcertante: el 25 de octubre ruso era el 7 de noviembre para el resto de Europa.

    No se trata de un error histórico ni de una modificación posterior de los acontecimientos. La explicación está en una cuestión aparentemente menor, pero fundamental para comprender cómo se registraban las fechas en la Rusia de comienzos del siglo XX: el Imperio ruso todavía utilizaba el calendario juliano, mientras que la mayoría de los países europeos ya se regían por el calendario gregoriano, establecido en 1582 por iniciativa del papa Gregorio XIII. Entre ambos calendarios existía entonces una diferencia de 13 días.

    Por eso, cuando los bolcheviques avanzaron sobre los principales puntos estratégicos de Petrogrado durante la noche del 24 al 25 de octubre de 1917 según el calendario juliano, en los países que utilizaban el calendario gregoriano ya era la noche del 6 al 7 de noviembre. La revolución que Rusia llamó “de Octubre” ocurrió, entonces, en noviembre según el calendario que hoy utilizamos.

    Dos calendarios para una misma revolución

    Para entender el asunto hay que retroceder algunos siglos. El calendario juliano había sido introducido por Julio César en el año 46 antes de Cristo y durante muchísimo tiempo fue utilizado como referencia en Europa. El problema era que su cálculo del año solar contenía una pequeña diferencia que, acumulada durante siglos, provocaba un desplazamiento progresivo de las fechas respecto de las estaciones.

    En 1582 se introdujo el calendario gregoriano para corregir ese desfasaje. Los países católicos comenzaron a adoptarlo rápidamente, aunque otros Estados europeos lo hicieron mucho después. Rusia, vinculada además a la tradición de la Iglesia ortodoxa, mantuvo durante siglos el calendario juliano.

    Así, mientras Francia, España, Italia y otros países europeos ya utilizaban el calendario gregoriano, Rusia continuaba registrando oficialmente sus acontecimientos con el sistema anterior. La diferencia, que durante buena parte de la historia había sido de 10 u 11 días, llegó a 13 días en los siglos XX y XXI.

    Eso significa que un acontecimiento fechado oficialmente en Rusia como 25 de octubre de 1917 debe convertirse en 7 de noviembre de 1917 al trasladarlo al calendario gregoriano.

    La confusión se vuelve todavía mayor porque los propios protagonistas de la revolución utilizaron las fechas del calendario vigente en Rusia. Para ellos, aquella jornada era efectivamente octubre. El nombre Revolución de Octubre no fue una equivocación: era la denominación correcta dentro del sistema de fechas que utilizaba el Estado ruso.

    La revolución que cambió el siglo XX

    Pero detrás de esos 13 días existe una historia mucho más profunda. La revolución no surgió de la nada ni comenzó y terminó en una única jornada. 1917 fue el resultado de una crisis acumulada durante años, agravada por la Primera Guerra Mundial, la pobreza, el hambre, las enormes desigualdades sociales y el agotamiento de un régimen autocrático que tenía en el zar Nicolás II su máxima autoridad.

    Rusia había ingresado en la Primera Guerra Mundial en 1914 y el conflicto tuvo consecuencias devastadoras. Millones de soldados murieron, resultaron heridos o fueron tomados prisioneros. La economía se deterioró, las ciudades comenzaron a sufrir problemas de abastecimiento y la población campesina soportó enormes sacrificios.

    En febrero de 1917 —también aquí hay que hacer la conversión de calendario— una oleada de huelgas, protestas y movilizaciones terminó provocando la caída del zar Nicolás II, que abdicó el 15 de marzo según el calendario gregoriano, correspondiente al 2 de marzo del calendario juliano.

    La monarquía había caído, pero la crisis estaba lejos de resolverse.

    Se formó un Gobierno Provisional, mientras paralelamente se fortalecían los soviets, consejos integrados por trabajadores y soldados. Se produjo así una situación de poder dual: por un lado, las instituciones del Gobierno Provisional; por otro, una estructura política nacida de la movilización popular.

    El problema fundamental era que el nuevo gobierno decidió continuar la guerra. Para una población exhausta, esa decisión resultó cada vez más difícil de aceptar.

    En ese escenario crecieron los bolcheviques, encabezados por Lenin, que sintetizaron buena parte de sus consignas en demandas que podían ser comprendidas fácilmente por una sociedad atravesada por la crisis: paz, pan y tierra.

    Del 25 de octubre al 7 de noviembre

    Durante el otoño ruso de 1917, la situación política se volvió explosiva. Los bolcheviques lograron aumentar su influencia en los soviets de Petrogrado y Moscú y comenzaron a preparar una insurrección destinada a desplazar al Gobierno Provisional.

    La noche del 24 al 25 de octubre del calendario juliano, fuerzas revolucionarias ocuparon puntos estratégicos de Petrogrado: puentes, estaciones, centrales de comunicaciones y edificios fundamentales para controlar la ciudad.

    El objetivo era aislar al Gobierno Provisional y tomar los centros neurálgicos del poder.

    El episodio más simbólico fue la toma del Palacio de Invierno, sede del Gobierno Provisional. En las horas siguientes, los ministros fueron detenidos y el poder quedó en manos del Consejo de Comisarios del Pueblo, encabezado por Lenin.

    Pero aquí aparece nuevamente la cuestión del calendario.

    Para los rusos de aquel momento, el asalto decisivo estaba ocurriendo el 25 de octubre de 1917. Para los países que utilizaban el calendario gregoriano, era el 7 de noviembre.

    Cuando la revolución pasó a ser estudiada internacionalmente, muchos historiadores comenzaron a utilizar las fechas gregorianas para facilitar la comparación con los acontecimientos del resto del mundo. Sin embargo, el nombre original permaneció: Revolución de Octubre.

    La paradoja quedó instalada para siempre.

    Lenin, Trotsky y una revolución que no terminó aquella noche

    Otro error frecuente consiste en imaginar la Revolución de Octubre como un golpe instantáneo que produjo inmediatamente un Estado soviético consolidado. En realidad, la toma del poder fue el comienzo de un proceso mucho más largo.

    Los bolcheviques debieron enfrentar a sus adversarios políticos, reorganizar el Estado, hacer frente a la resistencia armada y, finalmente, atravesar una guerra civil que se extendió desde 1918 hasta aproximadamente 1922.

    Entre las figuras centrales del proceso estuvieron Lenin y León Trotsky, quien tuvo un papel decisivo en la organización militar de la revolución y en la creación del Ejército Rojo. También participaron miles de dirigentes, militantes, obreros, soldados y campesinos cuyas historias quedaron muchas veces subordinadas a los nombres de los grandes líderes.

    La revolución tampoco fue un fenómeno exclusivamente urbano. La cuestión de la tierra, el poder de los terratenientes y la situación de los campesinos fueron elementos fundamentales para entender la crisis del viejo régimen.

    En 1918, el nuevo gobierno decidió adoptar oficialmente el calendario gregoriano. Rusia pasó directamente del 31 de enero al 14 de febrero de ese año, eliminando así los 13 días de diferencia que existían con el calendario occidental.

    Desde entonces, Rusia comenzó a utilizar el mismo calendario civil que gran parte del mundo.

    Pero la revolución ya había quedado bautizada.

    ¿Entonces fue en octubre o en noviembre?

    La respuesta correcta es: en ambos, dependiendo del calendario utilizado.

    El acontecimiento comenzó el 24-25 de octubre de 1917 según el calendario juliano vigente en Rusia. Esa misma fecha correspondía al 6-7 de noviembre de 1917 según el calendario gregoriano.

    Por eso, cuando hoy se conmemora la Revolución de Octubre el 7 de noviembre, no se está cambiando la historia. Se está utilizando el calendario que Rusia adoptó posteriormente.

    La paradoja tiene incluso una dimensión simbólica. La revolución que pretendía romper con el viejo orden terminó siendo recordada con una fecha perteneciente a un sistema de calendario que el nuevo poder abandonaría pocos meses después.

    La historia, como suele ocurrir, también está hecha de pequeños detalles.

    Trece días separan octubre de noviembre. Pero esos trece días también sirven para recordar algo más importante: las fechas históricas no existen aisladas del mundo que las produjo. Detrás de una jornada revolucionaria hubo una guerra, millones de personas movilizadas, una monarquía en crisis, hambre, desigualdad, luchas políticas y una sociedad que había llegado al límite.

    La Revolución de Octubre fue, entonces, una revolución de noviembre para nuestro calendario. Pero siguió siendo de octubre para quienes la hicieron.

    Y así quedó grabada en la memoria histórica: una revolución que ocurrió en noviembre, pero que la historia decidió llamar Octubre.

     

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