El lunes 8 de noviembre será día no laborable para todo el personal municipal debido a que se celebra el Día del Empleado Municipal. Así quedó establecido en el Decreto Nº 162/21.
Se recuerda, por otro lado, que la recolección de residuos no se realizará en la noche del domingo, retomándose el servicio el día lunes en los horarios y recorridos habituales.
Mientras muchos países en desarrollo quedaron relegados a importar tecnología, Argentina construyó durante décadas una capacidad nuclear propia que la ubicó entre las naciones con mayor conocimiento en la materia. Desde el primer reactor de investigación de América Latina hasta la exportación de tecnología a otros países, la trayectoria de la Comisión Nacional de Energía Atómica muestra cómo una política de Estado sostenida puede transformar conocimiento científico en soberanía.
Por Redacción de NLI
La energía nuclear suele asociarse en el imaginario mundial con las grandes potencias militares o con países que poseen enormes recursos económicos. Sin embargo, existe una historia menos conocida: la de un grupo reducido de naciones que logró desarrollar capacidades nucleares con fines pacíficos, y entre ellas Argentina ocupa un lugar destacado.
La historia comenzó oficialmente en 1950, cuando el país creó la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), uno de los organismos científicos más antiguos de la Argentina. En una época donde el dominio de la tecnología nuclear estaba concentrado en Estados Unidos, la Unión Soviética y unas pocas naciones europeas, Argentina decidió apostar por la formación de científicos, la investigación propia y el desarrollo de infraestructura tecnológica.
Esa decisión permitió que, con el paso de las décadas, el país construyera reactores de investigación, centrales nucleares, empresas tecnológicas y una cadena de especialistas capaces de intervenir en proyectos de enorme complejidad.
La experiencia argentina demuestra que la ciencia no avanza únicamente por tener recursos abundantes, sino también por la existencia de políticas públicas que sostengan objetivos estratégicos durante generaciones.
El primer reactor nuclear de América Latina
Uno de los primeros grandes hitos ocurrió en 1958, cuando Argentina puso en funcionamiento el RA-1 Enrico Fermi, el primer reactor nuclear de investigación de América Latina.
El logro fue extraordinario para la época. Mientras muchos países de la región dependían completamente de tecnología extranjera, científicos argentinos habían desarrollado la capacidad para operar una instalación nuclear propia.
El reactor no tenía como objetivo la producción de energía eléctrica, sino la investigación científica, la formación de especialistas y el desarrollo de aplicaciones vinculadas con la medicina, la industria y la agricultura.
Aquel proyecto marcó el nacimiento de una comunidad científica nuclear argentina que con el tiempo alcanzaría reconocimiento internacional.
De la investigación a la generación de energía
Décadas más tarde, Argentina avanzó hacia la construcción de centrales nucleares destinadas a producir electricidad.
La inauguración de Atucha I en 1974 convirtió al país en el primero de América Latina en contar con una central nuclear de potencia. Posteriormente llegó Embalse, en Córdoba, y más adelante Atucha II, completando un sistema que permitió incorporar generación eléctrica de origen nuclear a la matriz energética nacional.
Más allá de las diferencias políticas y económicas de cada etapa histórica, el desarrollo nuclear argentino tuvo una característica particular: la búsqueda de capacidades propias.
No se trató solamente de comprar una central y operarla, sino de formar técnicos, crear proveedores nacionales y desarrollar conocimientos que permitieran intervenir en distintos aspectos de la tecnología.
INVAP y la capacidad argentina de exportar conocimiento
Uno de los ejemplos más destacados del desarrollo tecnológico argentino es INVAP, empresa estatal de la provincia de Río Negro que se convirtió en una referencia internacional en áreas como tecnología nuclear, radares y satélites.
La empresa participó en proyectos de reactores de investigación que fueron exportados a países como Australia, demostrando que Argentina no solo podía consumir tecnología avanzada, sino también producirla y venderla al exterior.
Ese punto resulta central para entender la importancia estratégica de la ciencia. La inversión en conocimiento no genera únicamente publicaciones académicas: también puede convertirse en industria, empleo calificado y capacidad exportadora.
Cada reactor, cada satélite o cada desarrollo tecnológico argentino tiene detrás una cadena invisible de universidades, investigadores, técnicos y trabajadores formados durante años.
La ciencia como cuestión de soberanía
El desarrollo nuclear argentino también estuvo atravesado por debates políticos. A lo largo de las últimas décadas hubo momentos de expansión y períodos de reducción de inversiones, pero la capacidad acumulada permitió que el país conservara un lugar relevante.
Especialistas suelen señalar que áreas de alta complejidad tecnológica no pueden desarrollarse con una lógica de corto plazo. Formar científicos e ingenieros, construir laboratorios y sostener equipos de investigación requiere décadas de esfuerzo, mientras que desmantelar esas capacidades puede ocurrir en pocos años.
Por eso, la discusión sobre ciencia y tecnología no se limita a una cuestión presupuestaria. También involucra el modelo de país que se pretende construir.
Un país que desarrolla tecnología propia tiene mayores herramientas para decidir sobre su futuro. Uno que depende exclusivamente de proveedores externos queda condicionado por decisiones tomadas fuera de sus fronteras.
Un legado que vuelve a estar en discusión
En un mundo donde la energía, la tecnología y los recursos estratégicos ocupan un lugar cada vez más importante, la experiencia nuclear argentina adquiere una nueva relevancia.
La transición energética, la necesidad de reducir emisiones contaminantes y la creciente demanda de electricidad vuelven a poner a la energía nuclear en el centro del debate internacional.
Para Argentina, el desafío consiste en aprovechar una capacidad construida durante más de siete décadas y adaptarla a los nuevos desafíos tecnológicos.
La historia nuclear argentina es una prueba de que un país latinoamericano puede desarrollar conocimiento de frontera cuando existe una decisión política sostenida, instituciones fuertes y una comunidad científica capaz de transformar ideas en tecnología.
En tiempos donde muchas veces se discute la ciencia únicamente como un gasto, la trayectoria de la CNEA muestra otra realidad: detrás de cada investigador formado y cada laboratorio funcionando existe una herramienta concreta de desarrollo, independencia y soberanía nacional.
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En su oficina ubicada frente a los Tribunales de Rosario, donde alterna reuniones con empresarios y el análisis de la coyuntura económica, Esteban Guida recibió a LPO para analizar la coyuntura económica con una mirada distinta a porteña, que prevalece en los medios.
Docente de la Universidad Nacional de Rosario, director de la consultora Grupo Guida y presidente de la Fundación Pueblos del Sur, el economista advierte sobre los riesgos a largo plazo de consolidar un modelo centrado en la exportación de materias primas en detrimento del mercado interno.
-¿Cómo definís el modelo económico que está llevando adelante Javier Milei?
-Nos están llevando a una «africanización de la economía». Eso significa bajar los niveles de consumo de las grandes mayorías y reservar la riqueza para el 5% de la población a través de un modelo primarizado, concentrado y exportador donde ningún otro negocio termina funcionando.
El programa económico de Milei y Caputo ya está plenamente implementado. El gobierno no tuvo obstáculos políticos, sociales ni externos para hacer lo que quería hacer. Hoy podemos decir que esto es exactamente lo que el Gobierno vino a hacer. Por supuesto, Milei es una «marioneta» de un contexto de poder que tiene muy claro cuál debe ser el rol de la Argentina en el escenario internacional.
Ese rol es el de ser proveedor de materias primas para el mundo, especialmente para los países industrializados. Ese interés hoy pasa por la energía, por la tierra y por los recursos ambientales que la Argentina posee.
Estamos frente a un gobierno extremadamente débil en términos políticos, pero con actores muy fuertes detrás.
Entonces, vemos a Milei desempeñando un papel que no responde solamente a sus propias convicciones, sino a intereses más poderosos que orientan ese rumbo. Estamos frente a un gobierno extremadamente débil en términos políticos, pero con actores muy fuertes detrás.
-El gobierno sostiene que el plan está funcionando y que es el camino al desarrollo…
-No hay ningún fundamento que explique por qué en veinte años vamos a ser Alemania o Irlanda, como decían. Al contrario, el mundo industrializado está haciendo exactamente lo opuesto a lo que nosotros estamos haciendo.
El consumo sigue cayendo, la industria continúa retrocediendo y las finanzas están pendientes de un hilo. La política cambiaria es totalmente inestable y por eso no aparecen inversiones productivas, a pesar del RIGI y de todos los beneficios que se ofrecieron.
Los grandes inversores saben que este esquema es insostenible. Lo que hoy ingresa al Banco Central responde, en gran medida, a movimientos financieros de corto plazo y no a inversiones destinadas a producir.
-¿La macro no está mostrando la fortaleza que proclama el oficialismo?
-La balanza comercial es positiva, pero principalmente por el boom de las exportaciones energéticas y por una caída fenomenal de la demanda interna. No porque exista un proceso de expansión económica.
Cuando uno observa solamente algunos indicadores pierde de vista el objetivo principal de la política económica. La gente quiere comer, vivir bien, tener trabajo y acceder a una vivienda. Los objetivos nacionales no pueden reducirse a mostrar inflación baja o superávit fiscal.
-¿Dónde está el principal problema del modelo?
-En que se parte de una mirada equivocada sobre el rol de la Argentina. Se piensa al país únicamente como un proveedor de materias primas y de divisas.
El problema es que hoy todo está pensado desde una lógica financiera y exportadora. Así es muy difícil construir un proceso de crecimiento sostenido. Significa dejar de pensar, por ejemplo, que cada hectárea de soja representa solamente dólares. Claro que las exportaciones son importantes y siguen siendo una de las principales fuentes de divisas.
Pero el campo no puede quedar reducido únicamente a eso. La prioridad debería ser abastecer al mercado interno de aquello que necesita y, a partir de esa base, construir una estrategia exportadora que agregue valor y genere desarrollo.
La política cambiaria es totalmente inestable y por eso no aparecen inversiones productivas, a pesar del RIGI y de todos los beneficios que se ofrecieron. Los grandes inversores saben que este esquema es insostenible.
Todos vemos al campo como proveedor de dólares como commodities. Miramos una hectárea de soja y vemos divisas. Claro que eso sigue siendo importante porque representa uno de los principales rubros de exportación. Pero no puede terminar ahí.
Primero hay que definir los objetivos nacionales y después discutir cómo nos insertamos en el mundo. Si el orden es al revés, terminamos organizando toda la economía para satisfacer necesidades ajenas y no las nuestras.
-Ahora, la exportación de energía y minerales pareciera estar desplazando a los granos. ¿Qué rol va a tener la agroindustria?
-Desde mi punto de vista, la principal potencialidad no pasa solamente por generar divisas. Pasa por abastecer al mercado interno de aquello que hoy necesita la Argentina.
Pero el campo está pasando por una situación complicada. Cuando uno conversa con productores agropecuarios, no solamente pequeños, sino también medianos, encuentra empresas con serios problemas de productividad y con enormes dificultades para sostener su modelo de negocios.
Lo vemos todos los días en la consultora es que empresas que durante años fueron referentes de la región, hoy atraviesan graves problemas financieros y tienen completamente deteriorada su ecuación económica.
-El Gobierno sostiene que eso ocurre porque muchas empresas no son competitivas
-Las causas son múltiples. No existe una sola explicación. Influye el modelo económico, influye el contexto internacional y también la situación particular de cada empresa.
Aparece un problema mucho más profundo: el de la dirigencia argentina. Tenemos un problema de dirigencia en todos los niveles. Dirigencia política, gremial, sindical y también empresaria.
El mundo cambió después de la pandemia y los países comenzaron a proteger sus economías, a redefinir sus matrices productivas y a defender sus sectores estratégicos. La Argentina debería estar haciendo lo mismo, cuidando sus recursos y estamos haciendo lo contrario.
-Buena parte de la dirigencia agropecuaria acompaña este modelo económico y se muestra muy complaciente con Milei…
-Cuando decimos «el campo dice» habría que preguntarse quién está hablando en su nombre porque la opinión de un dirigente que acompaña este modelo no necesariamente representa la realidad que están viviendo los productores. No es lo que estamos viendo nosotros a diario donde hay muchas empresas con problemas.
Después, aparece un problema mucho más profundo: el de la dirigencia argentina. Tenemos un problema de dirigencia en todos los niveles. Dirigencia política, gremial, sindical y también empresaria.
-Cuando planteas la necesidad de priorizar el mercado interno, aparece el problema que el argentino es pequeño…
-Es que hay que dejar de medir al mercado solamente por la cantidad de habitantes. También hay que medirlo por su calidad. Hay una frase que se repite mucho: que la Argentina produce alimentos para 400 millones de personas y eso es una simplificación peligrosa.
Yo prefiero producir alimentos de calidad para cien millones de personas, o para cincuenta millones, dentro de los cuales estamos nosotros y además profundizar un mercado como el europeo que demanda cada vez más alimentos orgánicos y productos de calidad. Europa ya empezó a cerrar sus fronteras a determinados productos transgénicos. Ahí también hay una enorme oportunidad para la Argentina.
Si seguimos pensando al campo únicamente como un productor de divisas, basado en monocultivos y en un esquema extractivo, estamos equivocando completamente el rumbo. Primero hay que definir los objetivos nacionales y después las negociaciones internacionales.
No tenemos dominio sobre nuestra infraestructura logística que está pensada en su totalidad para sacar producción agrícola hacia los puertos, pero no está diseñada para mover mercadería dentro del país, integrar regiones o generar nuevos polos de producción.
-El otro desafío es el logístico, la Argentina arrastra un déficit estructura hace mucho tiempo, que se profundizó con la parálisis de la obra pública del gobierno nacional…
-Es un tema fundamental porque somos un país ubicado en el extremo sur del mundo y, sin embargo, no tenemos dominio sobre nuestra infraestructura logística que está pensada en su totalidad para sacar producción agrícola hacia los puertos, pero no está diseñada para mover mercadería dentro del país, integrar regiones o generar nuevos polos de producción.
Ahí también ahí una enorme agenda de desarrollo que hoy no se está discutiendo.
-Hablaste de poderes internacionales detrás de las decisiones de Milei, ¿a qué te referís?
-Ya lo vimos muy claro el año pasado con una decisión de Donald Trump de respaldar financieramente al Gobierno argentino. Y también se observa en cómo Milei lleva las relaciones internacionales, como las agresiones a Lula. Pero no hablaría únicamente de Trump.
Existe una decisión estratégica de Estados Unidos de mantener a la Argentina dentro de su área de influencia, sobre todo en un contexto donde China avanza con fuerza sobre América Latina. Y además están los grandes intereses económicos transnacionales que muchas veces pesan incluso más que los propios Estados con empresarios como Peter Thiel.
-¿Y qué papel cumple el Fondo Monetario Internacional dentro de esa estrategia?
-El Fondo Monetario es otro actor político más. No vamos a pensar que es un agente financiero internacional. Viola permanentemente su propia carta orgánica cuando se trata de la Argentina porque su verdadero objetivo es mantener al país dentro de la órbita de influencia de Estados Unidos y evitar que profundice su relación con China. Si el FMI aplicara estrictamente sus propias reglas, muchas de las revisiones del programa económico de Milei jamás habrían sido aprobadas.
-¿La Argentina tiene que elegir entre Estados Unidos y China?
No, es con ambos. Sería una torpeza, además de una imposibilidad, cerrar la relación con uno para alinearse exclusivamente con el otro. La Argentina no tiene poder para patear el tablero. Tiene que mantener relaciones inteligentes con todos los países y defender, por encima de todo, sus propios intereses nacionales.
La trama conspirativa alrededor de la derrota argentina ante la Selección de España en el Mundial de Estados Unidos alumbró este miércoles una arista nueva: fuentes vinculadas a los clubes del ascenso advierten que la amenaza a los jugadores sobre las sanciones de la FIFA si salían bicampeones habría sido obra de Mauricio Macri.
En las instituciones deportivas beneficiadas por la gestión de Claudio «Chiqui» Tapia, entienden que Macri participa de una constelación de actores del fútbol local que solo desean la implementación de las sociedades anónimas deportivas. Para eso, necesita el fracaso del equipo nacional, para ir por el presidente de la AFA.
El líder del PRO está al frente de la Fundación FIFA desde enero de 2020, un cargo para el que lo desginó Gianni Infatino luego de que lo vencieran Alberto Fernández y Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales de 2019. Ese puesto le permite a Macri tener vínculos aceitados con dirigentes muy incluyentes del fútbol internacional y le garantiza recursos para gravitar en decisiones de la federación.
De hecho, este miércoles Clarín e Infobae se apuraron a publicar que la Justicia estadounidense había ordenado la incautación del teléfono de Tapia, algo que luego fue desmentido por la entidad del fútbol argentino. En rigor, la información surgida de la investigación judicial en suelo norteamericano indica que en el juzgado se le requirió a Guillermo Tofoni, denunciante de Tapia y Pablo Toviggino por el dinero obtenido de los contratos por los partidos amistosos que disputó Argentina en 2018, que responda por información que filtró en Argentina pero estaba protegida por leyes de Estados Unidos.
El fallo llama la atención sobre el material probatorio obtenido en cuentas bancarias norteamericanas que Tofoni habría distribuido a periodistas y remitido a tribunales argentinos, aunque existía una orden de protección que limitaba expresamente su uso. Por eso, el juez ordenó a Tofoni que se encargue de que esa prueba sea devuelta o destruida, para cumplir con la restricción.
Tofoni, por su parte, cultiva una vieja amistad con Macri, que anhela por sobre todas las cosas tomar el control de Boca Juniors otra vez. Como en 2023 no lo pudo lograr con los votos, supone que pueda hacerlo a través del atajo de las SAD.
Qué le importa la AFA a la UEFA, es Macri el que está detrás de esto.
El ex presidente, incluso, se quejó de la actitud del plantel argentino cuando desplegaron la bandera con la inscripción que reivindicaba la soberanía argentina en las islas Malvinas, en la cancha de Atlanta donde el combinado de Lionel Scaloni venció a los futbolistas ingleses. «Hicieron una de más», dijo Macri, con desprecio, amenazante.
Dirigentes de la AFA deslizan que el jefe del PRO pudo haber sido el artífice de la amenaza a los jugadores, camuflado bajo mensajeros como la UEFA o, incluso, referentes cercanos al plantel. «Qué le importa la AFA a la UEFA, es Macri el que está detrás de esto», deslizan.
Como informó LPO, los familiares de los jugadores comentaron a una azafata que los acompañó en su vuelo de regreso al país que la amenaza de sancionarlos con una suspensión de 10 años por haber hecho una «manifestación política» con la bandera existió. Aunque desmintieron tajantemente que Argentina haya entregado el partido para que la FIFA no cargue contra el plantel, reconocieron que salieron a la cancha nerviosos, enfurecidos o condicionados por esa maniobra extorsiva.
El presidente Mauricio Macri oficializó mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) la creación de la Agencia de Deporte Nacional (ADN), en reemplazo de la Secretaría de Deportes, y estará bajo la órbita de la Secretaría General de Presidencia de la Nación, el decreto cosechó controversias incluso antes de publicarse. Esta conversión no sólo…
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