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EDUCACIÓN DESDE LA VOCACIÓN

Hoy once de septiembre se celebra el día del maestro en homenaje por el aniversario del fallecimiento del “padre del aula”, Domingo Faustino Sarmiento. Su mayor legado fue su lucha por la educación y la cultura de su pueblo. Legado que aún continúa y se propaga a las generaciones venideras de educadores.

 Hace un tiempo que los medios nacionales utilizan el “día del maestro” para enfocan la crisis educativa en una comparativa entre educación pública y educación privada. Desde el frío y descontextualizado análisis de la estadística, nos explican la deserción y el cambio de quienes pueden afrontar el gasto de enviar a sus hijos a colegios privados. Nos quieren hacer creer que la educación privatizada es la mejor opción. Sin embargo, enfrentarlas es irrelevante en este contexto. Se educa y se enseña, tanto en la privada como en la pública, e inclusive los docentes suelen trabajar en ambos ámbitos.

La educación pública argentina tiene hoy otras adversidades a las que hacerle frente. Monstruos de pesadillas agitadas que conviven en nuestro patio. El mismo que te da, te saca. Como una diatriba que baja desde el norte, se acepta recortar donde hay que invertir.

La ecuación es matemática aunque la materia sea social y no exacta. El país sufre una crisis educativa que fue acrecentada por todos los gobiernos de turno desde la década del 90, todos coincidieron en la conveniencia de gobernar un país ignaro. Ésta crisis golpea en las clases medias y bajas, y esto repercute directa y proporcionalmente en una crisis socioeducativa que se proyecta a futuro como una deuda con el FMI, y necesita de un proceso resolutivo profundo y prolongado en el tiempo que nadie piensa afrontar. La educación es lo único que nos puede salvar de la crisis de valores y de la agresividad  cotidiana con la que convivimos. Sin embargo, la directriz de nuestros nuevos y no tan nuevos colonizadores modernos, aceptada gustosamente por marionetas, exige que esta crisis se acalle con incrementos económicos en seguridad. Como curar una enfermedad con electroshock. Ajuste y represión, como el queso y dulce. 

Pero además de esto, como si fuera poco, se encuentra con otras vicisitudes que están ligadas a los tiempos en los que vivimos y a las que también debe hacerle frente.

Devolverle el valor al estudio, es una de ellas.  El estudio para los pibes no garpa. Es una pérdida de tiempo. Es complejo para cualquiera entregar cierta cantidad de tiempo de su vida en un proceso que cree, no le va a dar nada positivo. Y volver a hacerles creer que todo ese tiempo invertido no es en vano, genera en el docente un objetivo claro, pragmático, que supera la calidad de aprendizaje, los títulos y los conceptos que pueda saber. Es más bien una cuestión de conexión, interpersonal. Hay que convencer a los pibes que el estudio, la educación es lo que les puede dar otra perspectiva a su vida. Sin embargo, ese mensaje debe ser sincero. Los pibes dan en base a lo que reciben. Miden. Saben.

Entender que vivimos en la era del conocimiento, una era impulsada por las nuevas tecnologías que permiten una gran accesibilidad a la información; es también un proceso de cambio fundamental para el educador. Los conocimientos están ahí, al alcance de un par de clics. Salirse del marco teórico, de la zona de confort, de la estructura clásica y tradicional es de seguro difícil; romper estructuras impuestas a lo largo de una vida de estudio no es algo sencillo. Pero también es un cambio que se aprecia impostergable hacia el avance hacia lo práctico, la acción, la crítica. La innovación.

Trabajar en espacios que son contraproducentes para la enseñanza, es otro obstáculo. Los problemas edilicios están a la vista de todos, los colegios se caen a pedazos, las estructuras viejas se mantienen sobre sus fuertes cimientos, pero están carcomidas por la historia y no son funcionales a los nuevos tiempos. Las estructuras nuevas, son maquetas de cartón. La atención, el cuidado y el mantenimiento es casi nulo, siempre  tardío, nunca preventivo. Los filósofos griegos daban clases en ambientes abiertos y apacibles, pues creían que el espacio era crucial para la estimulación del aprendizaje.

Hoy, ayer y mañana, la buena noticia es que la docencia es una de las pocas profesiones que se sigue sustentando en el amor por la vocación, en el asistencialismo y en el deseo colaborativo de aportar algo genuino a las nuevas generaciones que luego se trasladará irremediablemente a la sociedad. Podrán licuar sus salarios, podrán arreglar paritarias irrisorias (y en cuotas) pero ellos seguirán ejerciendo frente a todos las problemáticas que afectan el correcto funcionamiento del sistema. No considera otras opciones. Podrán cambiar formatos, podrán cambiar los pibes, podrán ningunear la profesión tanto gobernantes como la sociedad misma, pero el docente nunca dejará de ejercer.

Por qué evidentemente un educador, es docente desde que era alumno.

Fotografía: Demian Alday
Intervención: Germán Busin

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Emiliano Piccinini

Por Emiliano Piccinini

Periodista - Comunicador Social - Docente - Redactor y Editor de LaTapa - Reginense - Patagónico

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