#YOMESUMO REGINA LIBRE DE PIROTECNIA
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#YOMESUMO REGINA LIBRE DE PIROTECNIA

#YOMESUMO REGINA LIBRE DE PIROTECNIA

La Tapa relanza el hashtag #YOMESUMO para que en estas fiestas la pirotecnia se la metan en el c… cajón! y te invitamos a utilizarlo en todas las publicaciones que hagas en referencia a “Regina ciudad libre de pirotecnia” para lograr definitivamente una maduración social a través del compromiso y la empatía, respetando a todo aquel al que los fuegos de artificio le generen algún tipo de trastorno.

Celebramos que desde el 2012 esté vigente la ordenanza 125/2012 que así lo demanda, pero queremos ir un poco más allá, conseguir algo más, QUEREMOS QUE SE CUMPLA.

Para esto exigimos que la hagan cumplir: primero al ciudadano común, apelando a la empatía para con los demás y el compromiso social; y luego al mismo municipio llevando a cabo las tareas de control y haciendo funcionar (no solo habilitando, sino también atendiendo) números para recibir denuncias.

Es cierto que en estos siete años el uso de la pirotecnia ha mermado principalmente por la toma de consciencia individual y también por el trabajo de control, que Gral Roca se haya declarado ciudad libre de pirotecnia colaboró con declive en el uso de fuegos de artificio.

Celular: (0298) 154 61 00 07
Mail: [email protected]

Si bien en la publicación del blog oficial del municipio “Regina libre de pirotecnia” se aclara:

“Asimismo se recuerda la prohibición del uso doméstico de pirotecnia en la vía pública, instituciones privadas, clubes, eventos deportivos, musicales, entre otros. En este sentido se recuerda que personal de Bromatología realiza recorridos diarios con el objetivo de dar cumplimiento a la Ordenanza y, en caso contrario, labrar actas de infracción correspondientes.”

No se dan a conocer cuáles son los números para realizar denuncias, sin embargo quien lleva a cabo el control es el área de Bromatología y recibe denuncias en horario de atención de 07:30 a 14:00 horas. Su número es: 2984 227153.

Las líneas deben existir y deberían ser gratuitas. NO deben ser líneas fantasmas, o “teléfonos descolgados” cual teléfono fijo en los noventa cuando los viejos dormían la siesta.

A su vez volvemos a insistir en la modificación de la ordenanza vigente anulando directamente el artículo VI que dice «Exceptúese de la presente Ordenanza los espectáculos de fuegos de artificios a los efectos exclusivamente visuales para el entretenimiento  de la comunidad por conmemoraciones o eventos especiales realizados y/o autorizados previamente por el Ejecutivo Municipal, sujeto en todos  los casos a los controles necesarios, el manejo por personas idóneas y responsables, y supervisado por organismos de control de incendios.».

Una ciudad libre de pirotecnia, no permite su uso en ningún caso y sin ninguna excepción.

No sólo debemos hacer hincapié en la problemática que genera en los animales, sino también en las personas con autismo. El Trastorno del Espectro Autista (TEA) tiene entre sus síntomas la hipersensibilidad en sus sentidos, especialmente el auditivo, es por eso que sienten pánico, ansiedad y estrés frente a esta práctica recreativa.

Podemos pensar en el problema como algo minoritario, ya que no afecta a gran parte de la comunidad pero también podríamos verlo desde una óptica que prime la solidaridad ante quien necesita ese gesto de sensibilidad y compromiso social.

Aprovechamos a compartir el artículo “Perro, no aprendemos más”, te invitamos a visitar esta nota informativa sobre consecuencias y cuidados para los animales durante las fiestas. También contiene entrevistas audiovisuales a Mariana Bustos, veterinaria de la ciudad y de la ONG local APAN.

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    Milei descubre las Malvinas justo cuando necesita una bandera: el volantazo de un Gobierno que busca escapar de sus propios problemas

     

    Milei endurece su discurso sobre Malvinas, pero su giro soberanista contrasta con su relación con el Reino Unido y llega en un momento de dificultades políticas.

    Por Roque Pérez para NLI

    Milei volvió a hablar de Malvinas. Y lo hizo con la solemnidad de quien pretende presentarse como el gran defensor de la soberanía argentina. En cadena nacional, anunció proyectos para endurecer sanciones contra empresas que exploten recursos en las islas, crear organismos vinculados con la seguridad nacional y fortalecer la presencia militar en Tierra del Fuego. El problema para el Presidente es que la historia reciente de su propio Gobierno vuelve difícil aceptar el repentino fervor soberanista como si siempre hubiera sido su principal bandera.

    Porque las Malvinas son argentinas. Eso no empezó con Milei y tampoco terminará con él. Es una causa nacional consagrada incluso constitucionalmente y sostenida durante décadas por gobiernos de signos políticos diferentes. Precisamente por eso, resulta legítimo preguntarse por qué el Presidente decide colocarla ahora en el centro de la escena, después de meses en los que su política exterior estuvo marcada por una alineación prácticamente automática con Estados Unidos, Israel y otros aliados internacionales, mientras mantenía una relación particularmente cuidadosa con Londres.

    La pregunta no es si Milei puede hablar de Malvinas. La pregunta es por qué ahora.

    De Margaret Thatcher a la bandera argentina

    Hay una contradicción que no puede borrarse con una cadena nacional.

    Milei construyó durante años una admiración pública por Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la Guerra de Malvinas. Esa posición generó fuertes críticas, especialmente entre excombatientes y sectores vinculados con la memoria de la guerra. Incluso durante su campaña presidencial planteaba que la recuperación de las islas debía ser resultado de una negociación prolongada con el Reino Unido y que había que considerar a quienes viven allí.

    Ya en el Gobierno, la relación con Londres tampoco fue presentada como una confrontación frontal. Por el contrario, la administración libertaria sostuvo una estrategia de acercamiento y diálogo que generó cuestionamientos desde sectores de la propia coalición oficialista.

    La entonces canciller Diana Mondino llegó a sostener que la Argentina buscaba cambiar la estrategia respecto de Malvinas y avanzar mediante el diálogo. Y en 2024 el Gobierno evitó confrontar públicamente con la visita del entonces canciller británico David Cameron a las islas.

    Ahora, en cambio, Milei aparece convertido en un cruzado de la soberanía.

    El cambio no es menor. Tampoco parece casual.

    Reuters describió este giro como un endurecimiento respecto de la postura anterior del Presidente y señaló que la nueva estrategia aparece en un momento políticamente sensible, con una aprobación presidencial estimada en 36,8% y con el horizonte electoral de 2027 cada vez más cerca.

    Dicho en criollo: cuando la motosierra ya no alcanza para entusiasmar, aparece la bandera.

    Una causa nacional convertida en salvavidas político

    Malvinas tiene una característica que cualquier dirigente conoce: une donde otras discusiones dividen.

    No importa si se trata de peronistas, radicales, desarrollistas, socialistas, nacionalistas o ciudadanos que no tienen ninguna identificación partidaria. El reclamo argentino sobre las islas forma parte de una conciencia nacional profundamente arraigada.

    Y ahí aparece la oportunidad política para Milei.

    El Gobierno enfrenta una agenda cargada de conflictos. El Congreso vuelve a ser un terreno incómodo para el oficialismo, mientras la oposición busca discutir cuestiones como el endeudamiento de las familias y la situación de las personas con discapacidad. Al mismo tiempo, el Ejecutivo espera que los próximos datos económicos le permitan mostrar algún resultado favorable. La discusión sobre Malvinas ofrece, en cambio, una escena mucho más sencilla: Presidente, bandera, soberanía y enemigo externo.

    Es una narrativa perfecta para un Gobierno que necesita recuperar iniciativa.

    Y mucho más cómoda que hablar de jubilaciones, salarios, empleo, universidades, industria o del deterioro del poder adquisitivo.

    El recurso político es viejo. Cuando una administración tiene dificultades para imponer una agenda doméstica, puede intentar trasladar la discusión hacia una cuestión nacional de enorme carga simbólica.

    El problema es que Malvinas no es propiedad de Javier Milei.

    El riesgo de confundir soberanía con marketing

    Hay una diferencia enorme entre defender la soberanía y utilizar la soberanía como herramienta de comunicación política.

    La primera exige una estrategia de Estado sostenida durante décadas. La segunda necesita una cadena nacional, un discurso encendido y una agenda mediática favorable.

    Si el Gobierno realmente pretende fortalecer la posición argentina, deberá explicar cómo piensa hacerlo en términos diplomáticos, económicos, científicos, pesqueros, energéticos y militares. También tendrá que explicar qué política concreta desarrollará en el Atlántico Sur y cómo piensa enfrentar la explotación de recursos naturales alrededor de las islas.

    Porque mientras Milei anuncia sanciones, las empresas involucradas en la explotación petrolera sostienen que sus licencias son legítimas y el Reino Unido reafirma su posición sobre las islas.

    La cuestión petrolera, además, no es menor. El proyecto de explotación en torno al yacimiento Sea Lion convierte al Atlántico Sur en un espacio todavía más estratégico. Reuters señala que las estimaciones hablan de hasta 1.700 millones de barriles de petróleo, una dimensión económica capaz de transformar por completo el valor geopolítico de la disputa.

    Por eso la soberanía no se defiende solamente con discursos.

    Se defiende con industria nacional, ciencia, tecnología, capacidad energética, infraestructura, presencia diplomática, control de los recursos naturales y una política exterior coherente.

    Y allí aparece otra contradicción incómoda para el Gobierno libertario: el mismo proyecto político que durante años presentó al Estado como un obstáculo, que cuestionó el gasto público y que hizo del ajuste su principal identidad, ahora necesita un Estado con capacidad suficiente para sostener una política estratégica de largo plazo en el Atlántico Sur.

    Milei necesita una bandera, pero Malvinas no necesita a Milei

    El Presidente tiene derecho a defender la soberanía argentina. Nadie debería discutirlo.

    Lo que sí puede y debe discutirse es la utilización política de una causa que pertenece a todos los argentinos.

    Porque si Milei pretende que Malvinas sea una política de Estado, deberá demostrarlo con hechos y no solamente con discursos. Deberá construir consensos, sostener una estrategia diplomática, defender los recursos argentinos y mantener una política exterior que no entre en contradicción con esos objetivos.

    Y, sobre todo, deberá comprender algo elemental: la soberanía no funciona como una herramienta electoral.

    Las Malvinas eran argentinas cuando Milei todavía no existía en la política. Eran argentinas cuando el Presidente admiraba a Thatcher. Eran argentinas cuando su Gobierno buscaba una relación cordial con Londres. Y seguirán siendo argentinas cuando termine este Gobierno.

    Por eso resulta difícil no mirar con sospecha este súbito despertar soberanista.

    Porque mientras millones de argentinos esperan que el Estado resuelva problemas concretos —llegar a fin de mes, pagar una factura, sostener una jubilación, mantener un empleo, acceder a medicamentos o garantizar la educación— Milei encontró una bandera capaz de sacarlo, aunque sea por unos días, del centro de esas discusiones.

    Malvinas merece algo mucho más serio que eso.

    Merece una política de Estado.

    Y si el Presidente realmente quiere defenderla, deberá demostrar que detrás de la bandera hay una estrategia y no simplemente otra puesta en escena para recuperar oxígeno político.

     

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