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VOS SABÉS QUIÉN SOY YO??

Se conoció la decisión del fiscal municipal Juan Carlos Giménez de solicitar el beneficio previsional, por lo que a su vez solicitó licencia con goce sueldo hasta que el trámite se apruebe en ANSES. La nota fue elevada al Intendente Municipal el día 3 de marzo y aceptada el 15 del mismo mes. Más de 35 años se mantuvo en el cargo el fiscal (86), una figura reconocida en la interna, no tanto en la comunidad, pero de una personalidad fuerte puertas adentro mediante mecanismos que hoy debieran ser obsoletos en la política. «Si sos intendente te conviene tenerlo de tu lado, porque si se te cruza es complicado», me dijo un ex intendente sobre la figura del fiscal.

Soberbio, altanero, supo navegar tres décadas sin que nadie le toque la cola, la del pelo. ¿Vos sabés quién soy yo?, su carta de presentación en los momentos calientes o la reacción ante una respuesta que no le gustaba en la cotidiana. Se está terminando una etapa que agoniza hace ya un tiempo, que a la vez deja muchos interrogantes. En este contenido, desandamos algunos.

«El más fuerte no es nunca lo bastante fuerte para ser siempre el dueño si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en poder«
Jean Jacques Russeau

CRÍTICAS EN EL CD: UN DECRETO QUE CERRÓ GRIETAS

Uno de los temas que se disparan después que el Fiscal tome la decisión de dejar su cargo, tiene que ver con la elección de su sustituta provisoria la Dra. Carolina Cailly que se concretó mediante decreto del Intendente Municipal. En el marco regulatorio legal el artículo 81 de la Carta Orgánica (CO) nada dice respecto a la sustitución interina del Fiscal Municipal. En cuanto al nombramiento del cargo expresa: “El Fiscal Municipal será nombrado por el Intendente previo concurso de antecedentes con acuerdo del Concejo Deliberante, y tendrá la misma remuneración, jerarquía, inhabilidades e incompatibilidades que los Secretarios del Departamento Ejecutivo. Podrá ser removido por mal desempeño en sus funciones en la misma forma como fue designado.”

Decreto del Intendente Marcelo Orazi

En su solicitud, el Fiscal saliente expresa lo siguiente: “Próximo a cumplir 87 años de edad y en pleno uso de mis facultades intelectuales -anque no tanto físicas- y con la seguridad plena que brinda al instituto la Dra. Carolina Cailly he decidido acogerme al beneficio de la previsión social…”. En la búsqueda informativa, todas las personas idóneas con las que me comuniqué consultando sobre la decisión sobre quien da continuidad al trabajo de fiscalía, coinciden en que es correcta, Carolina Cailly trabaja en asesoría legal hace más de un lustro y conoce el paño. Desde lo conceptual el nombramiento parece ser acertado.

Nota solicitud de licencia Fiscal Giménez

Sobre el procedimiento de cómo se designo en el cargo a la Dra. Cailly, el intendente Marcelo Orazi logró cerrar la grieta en el Concejo Deliberante (CD) local. Tanto el bloque de Juntos Somos Rio Negro (JSRN) como el del Frente de Todos (FdT), no estuvieron de acuerdo en las formas argumentando en ambos casos (por distintos motivos) que no se cumplió con los mecanismos establecidos por Ley.

El intendente sólo puede conceder la licencia y el decreto nos llamó la atención porque la designación de Cailly consideramos que es una atribución del propio fiscal porque está vigente la ordenanza 23/17. El fiscal, mientras está en uso de la licencia, puede delegar él directamente sus atribuciones en otro abogado de la Fiscalía (Cailly es personal de la Fiscalía) y eso está bien porque el Poder Ejecutivo no puede quedar en una situación de indefensión

Edgardo Vega presidente del CD (JSRN) en el diario LCR. 

El intendente comete el error de designar un fiscal, en principio, sin tener el aval del Concejo Deliberante, y al mismo tiempo equivocando el mecanismo, porque lo hace mediante un decreto, considerando lo que establece la Carta Orgánica en el capítulo referido al nombramiento de los secretarios que dependen del Departamento Ejecutivo”.

Hugo Cerda concejal del FdT en el diario RN

El intendente es el encargado de llamar a concurso, y debería ser antes que concluya la licencia del Fiscal Giménez, un presunto problema a corto plazo sobre el llamado a concurso es la experiencia previa. Si establecemos que las formas para designar un juez de faltas es la misma que la de un fiscal municipal podemos vislumbrar un problema a corto plazo, el NO llamado a concurso para cubrir el juez de faltas desde el inicio de esta gestión municipal nos da la posibilidad de pensar que este concurso tampoco se haga.

Sin embargo, si por el contrario pensamos en la diferencia de peso específico político que tienen los cargos, y entendiendo también que la afinidad política de la interina no es afín al gobierno de turno, podemos presuponer que la inacción política de no llamar a concurso puede ser de un coste político elevado para el oficialismo.

 “Para desempeñar correctamente este cargo es fundamental la estabilidad y la legitimidad de quien lo ocupa

Carolina Cailly, fiscal municipal provisoria

En concordancia con esta última opinión es que se espera que el llamado a concurso no se demore.

REFORMA DE LA CARTA ORGÁNICA: ES UN BUEN MOMENTO!

Un ítem que el bloque de JSRN del CD de Villa Regina planteó como objetivo en su gestión, y de manera acertada, fue el de la reforma de la CO. Un muy buen eje para trabajar ya que está desactualizada en varios capítulos, pero lo cierto es que todavía no ha tenido grandes avances.

Esta falta de presura en la reforma nos posibilita proponer otros puntos a modificar o reestructurar ya que en el planteo inicial ninguno incluía nada referido a la fiscalía municipal. Es una buena oportunidad para además de tratar temas, como el exceso de ediles en nuestra ciudad pasando de 10 a 6, ya que la cantidad actual en relación a otras ciudades de la región demuestra ser un exceso, más allá que la cantidad no se resignifique en calidad, sería oportuno reestructurar, como mencionaba, (entre otros) los artículos del capítulo décimo cuarto que corresponden al fiscal municipal, determinando por ejemplo como puede ser removido siendo más claro y objetivo, alejándonos de la abstracción de la única mención al mal desempeño, y estipulando que la gestión no pueda ser por tiempo indefinido.

El Artículo 193 de la Constitución provincial (CP) dice que “El fiscal de estado y el contador general son designados por el Poder Ejecutivo con acuerdo de la Legislatura. Duran en sus funciones el mismo período constitucional que el gobernador y pueden ser redesignados. Son removidos por las causales y procedimientos del juicio político”. Esta es una opción viable para resignificar el cargo quitándole la posibilidad al profesional de enquistase en el poder, como lo fue el caso de Jimenez.  

La CP ofrece una salida respecto al tiempo de gestión, sin embargo me animo a agregar que a un cargo tan importante le daría transparencia, además de predeterminar plazos en sus funciones. (4-6-8 años y un nuevo llamado a concurso), intentar que esas gestiones no estén ligadas a las elecciones municipales, para que la selección de un fiscal sea parte de dos mandatos comunales consecutivos que pueden variar en su definición política, desprendiéndose de algún modo de decisiones meramente partidarias.

Párrafo a parte, ¿se reavivarán las denuncias por incompatibilidades en la función pública? En el siguiente enlace la info sobre el tema:
https://latapa.com.ar/precesion-giroscopica-efecto-boomerang/

DENUNCIA EN LA JUSTICIA ORDINARIA: EL TIRO DEL FINAL

A fines del año pasado los vocales del Tribunal de Cuentas del bloque del Frente de Todos, Vallejos y Cerda presentaron en la fiscalía de Villa Regina una denuncia para poner en conocimiento a la autoridad de la presunta comisión de un delito por parte del fiscal municipal Giménez contra el patrimonio municipal.

Durante meses, el Tribunal de Cuentas informó haber solicitado información a distintas áreas del Municipio respecto al funcionamiento de la Fiscalía Municipal y los fondos que debía ingresar a las cuentas municipales con motivo de lo dispuesto por la ordenanza que reglamenta las funciones del fiscal municipal (023/2017).

En la mencionada ordenanza, el Fiscal Municipal al momento de percibir sus honorarios por representar a la Municipalidad, debe destinar el 50% de lo percibido de la siguiente forma: un 20% para el personal municipal que integre la Fiscalía Municipal y el 30% restante debe ser destinado a rentas generales de la municipalidad.

Como menciono anteriormente la denuncia surge de haber detectado contradicciones entre el área contable de la municipalidad y la fiscalía municipal, pero por sobre todo el haber detectado que nunca se informó si se había dado cumplimiento a lo dispuesto en la ordenanza 023/2017.

La desobediencia a la ordenanza implica una falta por parte del Municipal que configura una percepción indebida de fondos que deberían estar en las arcas del Municipio pero que al día de hoy se desconoce su destino. Es por ello que en cumplimiento del deber que les compete y ante la sospecha fundada de la existencia de un delito los vocales mencionados se han presentado ante la Justicia para que investigue la situación descripta.

Lo que muchos sujetos políticos dicen, sin pruebas (ni nombres) pero sin dudar es que como la jubilación de autónomo suele ser baja y la jubilación hace que el fiscal pierda la percepción de honorarios por juicio, da por resultado un combo desabrido para el fiscal que extendió por demás su tiempo en el cargo.  También esbozan por lo bajo, como de querusa que algunos juicios fueron conducidos de tal manera que la defensa del patrimonio municipal no era el objetivo principal. La búsqueda de un motivo que no sea la defensa del patrimonio municipal es razón de mal desempeño en sus funciones.

El art 78  de la CO dice “Habrá un Fiscal Municipal, encargado de defender el patrimonio del municipio, de velar por la legalidad y legitimidad de los actos de administración, de ser parte legítima en todo recurso administrativo y en los juicios contencioso administrativos, y de ser jefe de los asesores jurídicos de la Municipalidad”.

Una presunción difícil de comprobar, el análisis del manejo o mal manejo de un  juicio no deja de ser subjetivo, cosa que imposibilita confirmar la presunción que se camuflada en decisiones discutibles.

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  • ¿Por qué funciona el discurso anticomunista?

     

    En la campaña electoral de 2023, los gritos vehementes de Javier Milei denunciando el “zurdaje comunista” generaron incredulidad y hasta risas. ¿A quién le hablaba?, ¿a quién convocaba con ese discurso antiguo? pensamos muchos. Un asombro similar produjeron las declaraciones de Donald Trump, que en 2019 denunció el “Green New Deal” (la propuesta de un nuevo acuerdo ecologista) como “un Caballo de Troya para el socialismo en Estados Unidos”. Más lejano aun pudo parecer el lema “Comunismo o libertad” usado en la campaña electoral de 2021 por Isabel Díaz Ayuso, la actual Presidenta de la Comunidad de Madrid. Y desde luego, está el caso de Jair Bolsonaro, uno de los pioneros en reavivar la tradición anticomunista. Hasta hace poco tiempo, en su dispersión y heterogeneidad estas menciones podían parecer trasnochadas o anacrónicas, dada la desaparición del horizonte del comunismo soviético. Sin embargo, esos candidatos han llegado al poder. Entonces: ¿trasnochados ellos o ingenuos nosotros?

    Estos líderes forman parte de una lista más larga de quienes, con mayor o menor vehemencia, reclaman contra la conspiración comunista, socialista o colectivista que aqueja al mundo. De la ecología a las políticas de género, de los impuestos al cuidado humanitario de inmigrantes, o la educación sexual, hoy muchas de las causas y valores de la renovación de la cultura democrática de las últimas décadas han sido tachados de comunistas, como un avance totalitario y opresor. En el caso de los sectores ultraliberales, la educación y la salud públicas –y todas las políticas redistributivas o progresivas– son consideradas nuevas formas de comunismo. Así, la gran familia de las nuevas derechas parece estar viviendo otra vez la Guerra Fría, más cerca del delirio paranoide que de algún enfrentamiento real con opciones anticapitalistas.

    ¿Anacrónico?

    El primer dato a considerar es que el anticomunismo de estos líderes no es una novedad; tiene una larga historia de persecución política y pensamiento conspirativo que atraviesa todo el siglo XX de Occidente y que se remonta incluso a décadas anteriores a la Guerra Fría, al menos hasta la Revolución Rusa de 1917. Lo mismo sucede con la historia de estas derechas: la novedad que representan tiene profundas raíces en la historia del conservadurismo y el nacionalismo de cada país y a escala global (1). Por tanto, el anticomunismo es tan antiguo como la historia de las derechas que hoy tratamos de entender. Pero esto no significa que el fenómeno actual sea la mera continuidad de ese pasado o que pueda pensarse como la simple reverberación del fascismo de entreguerras. Hay en las derechas radicales una novedad indiscutible en la manera en que disputan sus intereses bajo el juego político de la democracia liberal, al mismo tiempo que la socavan por dentro, tal como han señalado agudos observadores (2). ¿Cuál es la novedad de su anticomunismo? ¿Por qué y para qué movilizar imaginarios en apariencia old fashioned, especialmente para las jóvenes generaciones a las que se dirigen?

    Se suele decir que el anticomunismo es un discurso anacrónico, en un mundo donde, desde la caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución de la Unión Soviética (1991) el comunismo no existe más como opción política. Por esa razón, el componente antimarxista de las nuevas derechas suele ser relegado como un dato más de una retórica florida. Esta perspectiva tiende a descartar el problema, considerando como una mera estrategia discursiva al elemento ideológico que organizó buena parte del conflicto político del siglo XX. La dificultad reside en entender “comunismo” en términos geopolíticos literales, como si solo se refiriese al mundo soviético, a los partidos comunistas en Occidente o a la defensa de un modelo anticapitalista. Y tal vez ese no sea el ángulo más productivo para pensar el problema. La pregunta es, más bien, otra: ¿qué están diciendo cuando dicen “comunismo”, y qué potencial político tiene hoy volver a movilizar este término?

    Feminismo, género, diversidades sexuales, raciales o religiosas, educación sexual, cambio climático, migraciones, islamismo, redistribución del ingreso, protección de las minorías y de los sectores sociales más vulnerables… La lista de ideas, proyectos o sujetos tachados de “marxismo cultural” o “socialismo” –según las declinaciones de cada profeta– muestran, de una punta a la otra del mapa global, que “comunismo” designa hoy los valores del llamado mundo “progresista” de las últimas décadas (“woke”, en su versión despectiva). En otros términos, el anticomunismo es una declinación a la antigua del actual antiprogresismo, con la diferencia de que hoy la disputa se produce dentro del capitalismo y con variaciones muy relativas. Sin embargo, en esas variaciones relativas, que parecen marginales dentro del capitalismo, se juega la vida de millones de personas. Al apelar a la potencia simbólica del término “marxista” o “comunista”, los líderes de derecha buscan recuperar la fuerza mayor de ese combate en el Occidente liberal (de todas maneras, la evocación no es igual en todos, y de hecho algunos líderes, como Marine Le Pen o Giorgia Meloni, no recurren tanto a la batería discursiva anticomunista). En cualquier caso, todos defienden el mismo sentido antiprogresista que los vehementes antimarxistas Santiago Abascal o Javier Milei.

     

    Antiprogresismo

    El segundo dato clave –ya muy conocido– es que el antiprogresismo es hoy el centro de la batalla cultural de las nuevas derechas globales, que en cada país adquiere sus propios contornos –antiperonista y ultraliberal en Argentina, islamobófico y antimigratorio en Europa o Estados Unidos–. Esa guerra cultural de la “internacional reaccionaria” parte del supuesto de que la izquierda, a pesar de su fracaso en la construcción del socialismo, se impuso en el terreno cultural. La verdadera lucha debería apuntar, para las fuerzas conservadoras, a la hegemonía del progresismo que destruye la sociedad occidental con su pensamiento “políticamente correcto” (3). Por eso mismo, se presentan como la rebelión contra un sistema que suponen conquistado y dominado por el progresismo y la izquierda. Por muy anacrónico que parezca, el anticomunismo es coherente y está en el corazón del proyecto ideológico de las nuevas derechas.

    El anticomunismo propone respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social.

    Una mención aparte merece el combate contra el feminismo y la “ideología de género”, combate que va más allá de sus élites dirigentes. ¿Por qué el feminismo y la diversidad sexual están en el centro de la disputa y de la denuncia anticomunista sobre el “marxismo cultural”? En la actual configuración de las democracias liberales, pocas cosas –o casi ninguna– representan una amenaza real al orden social. Sin embargo, el feminismo, en su impugnación antipatriarcal (que incluye el cuestionamiento del orden heterosexual como norma), conserva un poder subversivo y antisistema que no tiene ningún otro factor del progresismo actual (independientemente de las corrientes dentro del feminismo). Así, estas derechas, que se proclaman antisistema, luchan en realidad por la preservación de un orden social blanco, masculino y colonial que sienten socavado. Tal como lo hacía el anticomunismo del pasado, que veía el orden occidental en peligro e imaginaba conspiraciones paranoicas de la Casa Blanca a la Casa Rosada, de los hippies a las guerrillas, de las minifaldas al peronismo. Es aquí, en la lucha por la preservación del sistema, donde la impugnación de “marxista” o “comunista” aplicada al feminismo encuentra todas sus resonancias pasadas.

    Si bien la batalla cultural antiprogresista unifica a las nuevas derechas radicales, sus diferencias no son menores, especialmente en cuestiones como la economía y el nacionalismo. Estas variaciones indican, también, que el florecimiento de fuerzas radicales de derecha debe ser explicado en función de procesos y tradiciones locales –y no meramente como una “ola global”–. Es aquí donde el anticomunismo de Milei adquiere su rasgo distintivo: no se trata de la impugnación de las agendas culturales del progresismo biempensante, sino de la destrucción de todo resabio de políticas orientadas a las grandes mayorías sociales entendidas como formas de estatismo y colectivismo. Se trata de la gestión desnuda en favor de los intereses del tecno-capitalismo concentrado internacional. Con ello, el neoliberalismo argentino –en la versión iracunda de Milei– retoma una larga tradición de nuestras derechas. Basta con evocar la última dictadura para constatar que las derechas fueron tan anticomunistas como neoliberales y autoritarias, y que su principal oponente fueron las políticas estatistas, keynesianas y redistributivas, en general asociadas al peronismo y al kirchnerismo. Desde luego, esto parece dejar a Milei lejos del proteccionismo de Trump, pero muy cerca de la defensa compartida del tecno-capitalismo. En todo caso, el anticomunismo neoliberal de Milei se alinea cómodamente con el de Bolsonaro o José Kast.

    Dentro de estas variaciones nacionales, algunos argumentos de orden geopolítico explican los tópicos anticomunistas de manera más concreta, sin los efectos anacrónicos que parecen tener en boca de líderes como Milei. El caso más claro es Trump y su batalla por la supervivencia del poder imperial estadounidense frente a China. Ello le permite, sin excesivos retorcimientos históricos, identificar su enemigo en el “comunismo oriental”. De la misma manera, su electorado de origen latino vota entusiasta la condena a la “troika de la tiranía”, tal como la llamó su Consejero de Seguridad Nacional en 2018, John Bolton, a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Por la misma razón estratégica pero en sentido inverso, en Hungría Viktor Orban dejó de lado su discurso anticomunista –que asociaba la Rusia de hoy con la Unión Soviética– para pasar a una cercanía más pragmática con Vladimir Putin.

    Significante vacío

    Volvamos a nuestras preguntas de partida: ¿por qué y para qué movilizar el imaginario anticomunista? Si, una vez más, dejamos de pensar el comunismo en términos literales, surge un último elemento clave: el potencial político-simbólico del discurso anticomunista en su larga historia. Con mayor o menor pregnancia según los países, “comunista” ha funcionado también como un potente significante vacío negativo, capaz de ser llenado con los más diversos contenidos y sujetos, como un otro absoluto, peligroso y amenazante. Tanto es así que Alice Weidel, la dirigente de la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), puede permitirse decir que Adolf Hitler era un “comunista”.

    La noción de significante vacío es particularmente útil para entender el peso del anticomunismo en Argentina, donde –salvo algunos momentos– no ha habido fuerzas de izquierda importantes, a diferencia de países como Brasil o Chile, donde el comunismo evoca miedos históricos bien reales. En Argentina “comunista” es, entonces, un sentido a ser llenado, que sirve para polarizar y designar un otro peligroso que pone en riesgo “nuestro” orden social y moral, nuestra comunidad. Es, por ello, un enemigo absoluto que debe ser eliminado (4). En la historia argentina, la denuncia del “peligro rojo” ha servido para generar miedos sociales y justificar la persecución de trabajadores, partidos de izquierda, peronistas y antiperonistas, mujeres, jóvenes, gays o artistas “transgresores”, cuyas prácticas, ideas o deseos parecían hacer tambalear el orden occidental y cristiano. Movilizado con fines instrumentales o con auténtica convicción ideológica, “comunista” o “marxista” ha funcionado en boca de las derechas como designación automática de un culpable de todos los males. Así, el anticomunismo finalmente propone certezas y respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social y amenaza sobre la comunidad de pertenencia. Esta potencia simbólica es la que sigue funcionando en el apelativo “comunista” aplicado en el presente. Por eso mismo, la pandemia de Covid –epítome máximo de la disolución final por venir– fue también un momento de renacimiento del anticomunismo.

    Es entonces este gran poder performativo de la acusación de “comunista”, tan sedimentado históricamente en el mundo occidental, lo que permite que las nuevas derechas –herederas al fin y al cabo de largas tradiciones conservadoras– sigan utilizando el término para arremeter en su batalla cultural. Sin duda, la movilización antiprogresista ha logrado dar una nueva vida al “miedo rojo” para las generaciones desencantadas de nuestro tiempo.

    1. Para el caso argentino, véase: Sergio Morresi y Martín Vicente, “Rayos en un cielo encapotado: la nueva derecha como una constante irregular en Argentina”, en Pablo Semán (coord.), Está entre nosotros, Buenos Aires, Siglo XXI, 2023.
    2. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias, Barcelona, Ariel, 2018; Steven Forti, Democracias en extinción, Barcelona, Akal, 2024.
    3. Pablo Stefanoni, “Las mil mesetas de la reacción: mutaciones de las extremas derechas y guerras culturales del siglo XXI”, en J. A. Sanahuja y Pablo Stefanoni (eds.), Extremas derechas y democracia: perspectivas iberoamericanas, Madrid, Fundación Carolina, 2023.
    4. Ernesto Bohoslavsky y Marina Franco, Fantasmas rojos. El anticomunismo en la Argentina del siglo XX, UNSAM, 2024.

     

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