Matías Rodríguez, de 20 años, este mediodía recibió en su domicilio de la zona de Esteban Echeverría (Luis Guillón), donaciones de artículos de limpieza, higiene personal y alimentos no perecederos por parte de la institución ‘tricolor’ que lo asiste desde un principio de la afectación, y de Lugones, titular de Aprevide, como lo informó Brown por medio de sus redes sociales.
El joven zaguero central, que el pasado miércoles fue testeado con resultado positivo por COVID-19 como paciente asintomático, se encuentra aislado junto a los ocho miembros de su familia en su casa, esperando por su evolución dentro de las dos semanas requeridas.
La institución del sur del conurbano bonaerense a través de su cuenta de Twitter @CABrown_Oficial posteó: «¡Más ayuda para Mati! Nuestro jugador Matías Rodríguez, quien se encuentra aislado junto a su familia, recibió donaciones del club y de Juan Manuel Lugones. El titular de la APreViDe se acercó por la mañana a brindar su ayuda. El C. A. Brown agradece enormemente el gesto».
La publicación fue acompañada con las imágenes de las cajas con los productos donados y el momento de la llegada de Lugones a la vivienda de ‘Cachorro’, tal el apodo de Rodríguez, que entrena con el primer equipo desde hace un año y en el que jugó tres partidos amistosos.
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Complejos de enterramientos en recinto, algunos recientemente saqueados, en el desierto oriental de Sudán.
Durante décadas, el desierto del Atbai —la inmensa región árida ubicada entre el Nilo nubio y el Mar Rojo— fue considerado apenas un corredor marginal entre los grandes mundos del Egipto antiguo y Nubia. Pero una investigación arqueológica publicada recientemente acaba de sacudir esa mirada: miles de estructuras funerarias monumentales descubiertas mediante imágenes satelitales revelan la existencia de una cultura pastoril sofisticada, organizada y profundamente marcada por el culto al ganado.
El estudio, publicado en la revista científica African Archaeological Review, identificó una enorme red de enterramientos circulares de piedra distribuidos desde el sur de Egipto hasta las fronteras actuales de Eritrea. Los investigadores bautizaron estas construcciones como “Atbai Enclosure Burials” (AEB), es decir, “sepulturas de recinto del Atbai”.
Una cultura desaparecida bajo la arena
Las estructuras tienen una característica repetida: enormes círculos de piedra con tumbas humanas y animales en su interior. Muchas de ellas poseen restos de vacas, ovejas y cabras enterradas junto a personas, una señal contundente de la centralidad económica y espiritual que tenía el ganado para aquellas sociedades del Holoceno medio.
Los arqueólogos sostienen que esta tradición funeraria habría existido entre el 4500 y el 2500 antes de Cristo, en pleno proceso de desertificación del Sahara y del noreste africano. En otras palabras: mientras el llamado “Sahara Verde” comenzaba a secarse lentamente, estas comunidades intentaban sobrevivir adaptándose a un entorno cada vez más hostil.
La investigación plantea que el surgimiento y posterior desaparición de estos monumentos estuvo íntimamente ligado al final del denominado Período Húmedo Africano, una etapa climática en la que amplias zonas hoy desérticas estaban cubiertas de vegetación, lagunas y pasturas aptas para la cría de ganado.
A medida que las lluvias retrocedieron hacia el sur y el territorio comenzó a secarse, las comunidades pastoriles debieron modificar sus formas de vida. Primero cambiaron la composición de sus rebaños y luego migraron hacia regiones más fértiles. Finalmente, muchas de esas sociedades desaparecieron o se transformaron radicalmente.
El hallazgo que cambia la historia del noreste africano
Uno de los aspectos más impactantes del trabajo es la magnitud del descubrimiento. Gracias al uso de sensores remotos y plataformas como Google Earth, el proyecto arqueológico logró registrar más de 90 mil estructuras vinculadas al patrimonio histórico del desierto sudanés, entre ellas campamentos nómades, minas antiguas y cementerios monumentales.
Los investigadores remarcan que la arqueología del Atbai estaba prácticamente “en pañales” debido a las enormes dificultades de acceso y al histórico abandono académico de la región. Mientras Egipto y Nubia concentraban la atención internacional, enormes sectores del desierto oriental africano permanecían sin estudiar.
Ahora, esas tumbas de piedra revelan que allí existió una tradición cultural propia, distinta de las civilizaciones nilóticas clásicas. Las evidencias indican incluso que estos pueblos pudieron haber desarrollado vínculos comerciales y culturales con comunidades del valle del Nilo, aunque conservando rasgos funerarios muy particulares.
Uno de los complejos mejor estudiados, ubicado en Wadi Khashab, contiene más de 25 enterramientos humanos y animales distribuidos alrededor de una tumba principal. Allí aparecieron restos de ganado vacuno enterrado ceremoniosamente, una práctica que los investigadores asocian con el fenómeno conocido como “comportamiento centrado en el ganado”, presente en distintas culturas pastoriles del Sahara y África oriental.
Satélites, saqueos y guerra
El trabajo también expone una realidad brutal: muchos de estos sitios están siendo destruidos por la minería ilegal y los saqueos arqueológicos. En Sudán, además, la guerra civil volvió prácticamente imposible realizar excavaciones de campo, obligando a los científicos a depender casi exclusivamente de imágenes satelitales.
Paradójicamente, la tecnología espacial terminó permitiendo reconstruir parte de la historia de pueblos olvidados que vivieron hace más de seis mil años entre dunas, montañas secas y rutas pastoriles hoy invisibles.
Lo que emerge de las arenas del Atbai no es apenas un conjunto de tumbas antiguas. Es la prueba de que, mucho antes de los grandes imperios faraónicos, existieron sociedades complejas capaces de construir monumentos, desarrollar rituales funerarios elaborados y adaptarse durante siglos a uno de los ambientes más extremos del planeta.