Un zaguero de Brown de Adrogué afectado por coronavirus recibió donaciones

Matías Rodríguez, de 20 años, este mediodía recibió en su domicilio de la zona de Esteban Echeverría (Luis Guillón), donaciones de artículos de limpieza, higiene personal y alimentos no perecederos por parte de la institución ‘tricolor’ que lo asiste desde un principio de la afectación, y de Lugones, titular de Aprevide, como lo informó Brown por medio de sus redes sociales.

El joven zaguero central, que el pasado miércoles fue testeado con resultado positivo por COVID-19 como paciente asintomático, se encuentra aislado junto a los ocho miembros de su familia en su casa, esperando por su evolución dentro de las dos semanas requeridas.

La institución del sur del conurbano bonaerense a través de su cuenta de Twitter @CABrown_Oficial posteó: «¡Más ayuda para Mati! Nuestro jugador Matías Rodríguez, quien se encuentra aislado junto a su familia, recibió donaciones del club y de Juan Manuel Lugones. El titular de la APreViDe se acercó por la mañana a brindar su ayuda. El C. A. Brown agradece enormemente el gesto».

La publicación fue acompañada con las imágenes de las cajas con los productos donados y el momento de la llegada de Lugones a la vivienda de ‘Cachorro’, tal el apodo de Rodríguez, que entrena con el primer equipo desde hace un año y en el que jugó tres partidos amistosos.

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    REY DE REYES: El africano que llegó a concentrar un poder extraordinario en el Buenos Aires colonial

     

    La historia documentada de Pablo Agüero, un africano que acumuló poder sobre distintas organizaciones afro de Buenos Aires a fines del siglo XVIII y cuya figura fue vinculada por la historiadora Lea Geler con la posible existencia de un “Rey de Reyes” africano en la ciudad.

    Por Alcides Blanco para NLI

    En la Buenos Aires colonial hubo un hombre africano que llegó a ocupar una posición de poder tan singular que una investigación histórica reciente encontró elementos para compararlo con la figura de un “Rey de Reyes” africano. Su nombre fue Pablo Agüero, y su historia obliga a mirar de otra manera una ciudad que durante mucho tiempo fue narrada como si la población africana y afrodescendiente hubiera sido apenas una presencia secundaria. Agüero aparece en documentos de las últimas décadas del siglo XVIII como comerciante, empresario, curtidor, prestamista y propietario de personas esclavizadas, pero también como un hombre que mantenía vínculos con sectores de la elite y que había recibido autorización de las autoridades coloniales para intervenir sobre los bailes, reuniones y desplazamientos de africanos y afrodescendientes. La historiadora Lea Geler reconstruyó su trayectoria utilizando documentación del Archivo General de la Nación y plantea que detrás de ese personaje puede encontrarse una estructura de organización afro mucho más amplia de lo que tradicionalmente se reconoció.

    Un hombre africano en el centro del poder colonial

    Agüero vivió en una sociedad atravesada por la esclavitud y por una compleja clasificación racial, en la que los africanos y sus descendientes eran sometidos a distintas formas de vigilancia, pero también construían sus propias redes comunitarias, religiosas y económicas. En Buenos Aires existían cofradías y “naciones” africanas, organizaciones que reunían a personas provenientes de determinados pueblos o regiones, muchas veces alrededor de prácticas religiosas, ayuda mutua, ceremonias, entierros y celebraciones. Algunas tenían reconocimiento institucional y funcionaban vinculadas a iglesias y conventos, mientras que otras desarrollaban actividades con mayor autonomía. En sus estructuras internas aparecían figuras denominadas “reyes” o “reinas”, una tradición que no debe confundirse automáticamente con una monarquía territorial europea: se trataba de autoridades dentro de comunidades africanas y afrodescendientes que conservaban y adaptaban formas de organización propias en el contexto colonial americano.

    En ese mundo aparece Pablo Agüero. Los documentos muestran que las autoridades coloniales reconocían su capacidad para intervenir sobre buena parte de la población africana y afrodescendiente de la ciudad. Una de sus funciones consistía en mantener bajo control los bailes y reuniones, y también participaba en la persecución y captura de personas esclavizadas que habían escapado. El dato resulta particularmente revelador porque muestra la enorme ambivalencia de su posición: Agüero era africano y tenía una profunda inserción en las redes de su comunidad, pero al mismo tiempo colaboraba con el aparato colonial de vigilancia. De hecho, recibió una comisión oficial y llegó a contar con auxiliares para desarrollar esas tareas, además de aportar dinero de su propio bolsillo para sostener parte de la estructura que utilizaba.

    El misterioso “Rey de Reyes” de Buenos Aires

    La parte más extraordinaria de la historia aparece cuando se observa qué clase de autoridad ejercía Agüero. Una denuncia presentada por integrantes de la cofradía de San Baltasar ante las autoridades coloniales señalaba que el “mayoral” de distintos congresos de bailes era Pablo Agüero y que otras “naciones” quedaban bajo su mando porque él había obtenido autorización gubernamental para permitir esas reuniones. Es decir, no se trataba simplemente de un dirigente de una agrupación particular: los documentos permiten observar que su influencia atravesaba diferentes comunidades africanas organizadas en la ciudad.

    La investigación de Geler plantea que esta posición presenta similitudes con la institución de los “Reyes de los Congo” o “Reyes de Reyes” documentada en otras sociedades americanas. En distintos lugares de América, personas de origen africano podían asumir simbólicamente títulos de realeza dentro de las comunidades, organizar ceremonias, recaudar limosnas, resolver conflictos, intervenir en cuestiones comunitarias y, en determinados contextos, incluso reconocer o nombrar a otros reyes. En Buenos Aires existen documentos sobre reyes de distintas “naciones”, pero la evidencia disponible no permite afirmar de manera categórica que Agüero haya sido formalmente coronado como un “Rey de los Congo”. Lo que sostiene la investigación es algo más prudente y, precisamente por eso, más interesante: su poder y sus funciones se parecen considerablemente a las de un Rey de Reyes.

    Una de las evidencias más significativas es que Agüero aparece relacionado con la designación de otros dirigentes. La investigación señala que Pedro Duarte fue instituido por Agüero como rey de la nación Congo, mientras que posteriormente su propio sucesor habría sido designado por él y no mediante una elección interna de las naciones. La concentración de funciones resulta llamativa: Agüero podía intervenir sobre los bailes, administrar las limosnas recolectadas, supervisar a diferentes grupos y ejercer autoridad sobre personas que pertenecían a distintas organizaciones. Esa combinación de funciones es justamente la que lleva a la historiadora a considerar que su figura se aproxima a la de un rey de reyes africano.

    Pero hay otro aspecto que impide convertirlo en un personaje romántico o idealizado. Agüero también participó del sistema esclavista. Los registros notariales analizados por Geler documentan compras y ventas de personas esclavizadas realizadas por él durante la década de 1780. La investigación identifica operaciones concretas y demuestra que su actividad económica incluía ese comercio. Por eso, su historia no puede presentarse como la de un líder africano que simplemente resistió al poder colonial: fue una figura profundamente contradictoria, capaz de construir autoridad y redes de solidaridad dentro de la población afro y, simultáneamente, de beneficiarse de las estructuras económicas y sociales de la esclavitud.

    Una historia que cambia la imagen de la Buenos Aires colonial

    Precisamente esa contradicción convierte a Pablo Agüero en un personaje histórico extraordinario. Su trayectoria permite observar que la población africana de Buenos Aires no estaba compuesta solamente por personas sometidas pasivamente a las decisiones de los propietarios y de las autoridades. Existían redes de organización, liderazgo, ayuda económica, prácticas religiosas, jerarquías internas y mecanismos de solidaridad que podían sobrevivir incluso dentro de una sociedad esclavista. Las llamadas “naciones” podían colaborar para ayudar a sus integrantes, acompañar a los enfermos, asistir a las familias, organizar funerales y sostener a personas necesitadas.

    Al mismo tiempo, el caso de Agüero muestra hasta qué punto esas estructuras comunitarias estaban atravesadas por las relaciones de poder del mundo colonial. El hombre que podía representar a los africanos ante las autoridades también podía ser utilizado por esas mismas autoridades para controlar a otros africanos; el dirigente que habilitaba bailes y ceremonias podía ser denunciado por sus adversarios por la administración de las limosnas; el comerciante que había acumulado recursos y contactos podía participar del comercio de personas esclavizadas. No hay una figura sencilla detrás del nombre Pablo Agüero, sino un personaje situado exactamente en las tensiones de una sociedad donde las personas africanas buscaban preservar espacios propios mientras intentaban sobrevivir dentro de un sistema que las explotaba y vigilaba.

    La historia tampoco termina con su desaparición. Según la investigación, después de la muerte de Agüero continuaron existiendo redes de solidaridad entre las diferentes organizaciones africanas y afrodescendientes de Buenos Aires. Agüero fue enterrado en el Convento de Santo Domingo, y los integrantes de la nación de los mondongos, bajo el liderazgo de Miguel Viera, le dedicaron una misa cantada. Para Geler, esas prácticas posteriores ayudan a dimensionar la importancia que había alcanzado aquel hombre dentro de las redes afroporteñas.

    La verdadera curiosidad histórica, entonces, no es afirmar que Buenos Aires tuvo un “rey africano” exactamente igual a un monarca europeo, porque eso no está demostrado por las fuentes. Lo extraordinario es algo más complejo: en una ciudad colonial donde la población africana era sometida a esclavitud y discriminación, un hombre africano consiguió acumular suficiente autoridad, riqueza, contactos y reconocimiento como para convertirse en una figura con influencia sobre distintas organizaciones de esa comunidad. Pablo Agüero fue, como mínimo, uno de los personajes más poderosos y controvertidos de la sociedad afroporteña de fines del siglo XVIII, y la posibilidad de que su posición haya tenido características semejantes a las de un “Rey de Reyes” abre una ventana hacia una historia de Buenos Aires que durante mucho tiempo quedó prácticamente fuera del relato tradicional.

     

  • Mariel Fernández: «Esto es una persecución al peronismo»

     

    Mariel Fernández, participó de la reunión de este lunes en la sede del PJ nacional, antes del acto encabezado por Cristina Fernández de Kirchner en homenaje a las víctimas de los fusilamientos de José León Suárez, en el marco del Día de la Resistencia Peronista.

    El encuentro de dirigentes peronistas se dio en medio de la expectativa por un posible fallo adverso de la Corte Suprema en la causa Vialidad, y al respecto la intendenta de Moreno remarcó que el objetivo de los dirigentes que se convocaron es construir una respuesta unificada.

    «Estamos muy preocupados por esta situación tan injusta, y por eso decidimos reunirnos en el PJ, nos llegan propuestas de acciones de todo el país y queremos que sean organizadas. Los lineamientos ya están, y estamos en estado de alerta desde hace unos días», dijo.

    Fernández vinculó la ofensiva judicial contra Cristina Kirchner con una avanzada política más amplia: «En principio pensamos en la protección a Cristina, pero entendemos que esto es no sólo un ataque a la persona de la ex presidenta sino una persecución al peronismo».

    Y agregó: «Vamos a defender a Cristina, al pueblo argentino, a nuestra soberanía. Así que si nos provocan, acá estamos». 

     

  • El triunfo de lo impensable

     

    El proceso de normalización de la derecha radical culminó hace diez años, cuando Donald Trump ganó sus primeras elecciones en Estados Unidos. Si bien la epidemia ultra ya era global, en ese momento todavía era impensable que Alemania pudiera siquiera imaginar la llegada de un partido ultraderechista al poder. Ese tabú se ha roto. Los resultados de la elección regional en Sajonia-Anhalt pusieron al borde de liderar un gobierno a Alternativa por Alemania (AfD), un partido que hace poco más de un año fue calificado como fuerza de extrema derecha por la Oficina Federal de Protección de la Ley Fundamental, es decir, como una amenaza al orden democrático y sus valores.

    Con Ulrich Siegmund al frente, calificado por el semanario Der Spiegel como “el hombre más peligroso de Alemania”, AfD recibió el 43,8% de los votos, duplicando su resultado de 2021 y quedando a apenas tres escaños de formar gobierno. ¿Por qué lo que era imposible hace apenas una década hoy es una realidad prácticamente inevitable? ¿Por qué una fuerza considerada una amenaza para la estabilidad se presenta como la solución y ese relato es creíble para casi la mitad de la población en Sajonia-Anhalt? ¿Por qué se observa una tendencia similar en todo el este del país y, poco a poco, a nivel federal, pareciera consolidarse como el partido más votado?

    1. Extensión del electorado hacia la izquierda

    AfD se ha apoyado históricamente en dos temáticas fundamentales para ganar visibilidad y votos: la migración y la criminalidad. En tanto esos debates desaparecían de la agenda pública, el partido ultraderechista perdía relevancia. Hace pocas elecciones, especialmente en el este del país, AfD fue ocupando espacios que previamente le correspondían a la izquierda del espectro político. La justicia social, por ejemplo, pasa a ser clave en su discurso al ser reinterpretada en clave nativista: Estado presente, pero solo para los alemanes. En Sajonia-Anhalt el 59% de los trabajadores no cualificados, el 57% de los votantes con nivel educativo básico y el 65% de las personas que manifiestan vivir una mala situación económica apoyaron este domingo a AfD.

    2. La herida del este

    El 73% de los encuestados por Infratest dimap en Sajonia-Anhalt se considera ciudadano alemán de segunda clase. Esta noción se corresponde con un relato histórico que circuló de generación en generación en los viejos territorios de la desaparecida República Democrática Alemana. La reunificación se convirtió en el símbolo de una promesa rota.  En ella se refleja la frustración, el resentimiento y la decepción de gran parte de la ciudadanía de esa Alemania Oriental que se ha sentido perjudicada hasta el día de hoy. Aquel relato fue reformulado por AfD como una cuestión reivindicativa. Lo transformó en una identidad y con ello ha encarnado una narrativa huérfana e ignorada por el resto de las fuerzas políticas. El voto a la ultraderecha trasciende su programa electoral.

    3. El músculo movilizador

    Según los datos de trasvases electorales, alrededor de 170 mil de los 570 mil votantes de AfD no habían participado en la elección anterior. Ningún otro partido movilizó a tanta gente. La participación electoral tocó techos históricos en la región y en todo el este del país. 

    4. El producto Siegmund

    AfD presentó a un candidato que se construyó comunicacionalmente como el ossi promedio. Ulrich Siegmund se mostró activo en las fiestas de los pueblos durante todo el verano. Aprovechando a fondo la expertise de la derecha radical en redes sociales y los esteroides algorítmicos que las grandes plataformas amigas le ofrecían a sus mensajes reduccionistas y provocadores. Pero lo que mejor funcionó fue su capacidad de convertir la cobertura periodística sobre su persona en un arma de doble impacto. Cuando Der Spiegel lo puso en su portada y lo llamó “el hombre más peligroso de Alemania”, Siegmund apeló al discurso de la victimización a la vez que aceptó el etiquetado con orgullo y cierta sorna. Su mensaje reforzaba el concepto propio de toda derecha radical actual: “nos atacan porque tenemos razón, porque defendemos al pueblo y porque la elite se siente en peligro”.

    5. Normalización 2.0

    A diferencia de la derecha radical, que propone una erosión democrática paulatina desde dentro del sistema (capturando a la justicia, concentrando el poder, restringiendo a la prensa), la extrema derecha busca construir una alternativa autoritaria a la democracia eliminándola junto a sus instituciones. El apabullante triunfo de AfD en Sajonia-Anhalt habilita el proceso de normalización de la extrema derecha. En efecto, Siegmund tiene probadas conexiones con el extremismo y sectores neonazis. En 2023, cuando se organizó una conferencia en Potsdam para discutir el plan maestro de deportaciones masivas (remigración), diseñado por el Movimiento Identitario de Martin Sellner, Siegmund estuvo presente. 

    6. El centro imposible

    El dato más llamativo de las exit polls de Infratest dimap ha sido el referido a la autopercepción ideológica de los consultados. El 87% de los votantes de AfD cree que “si bien hay políticos de extrema derecha en el partido, AfD se ubica en el centro del espectro político”. Esta conclusión de gran parte del 43,8% (y de otras porciones menores, aunque no inexistentes de los otros partidos), da cuenta de la solidez con la que se ha normalizado el proyecto político de la ultraderecha.

    7. El objetivo real

    La ultraderecha apunta más alto. El triunfo en Sajonia-Anhalt es apenas el primer paso de un plan que busca la desestabilización del gobierno del demócrata-cristiano, Friedrich Merz. La pretensión es debilitarlo para desatar una presión interna que comience a evaluar la idea de romper el cordón sanitario histórico que todavía se sostiene en Alemania. La excepción es la izquierda conservadora y rojiparda de BSW (Alianza para la Justicia Social y la Sensatez Económica): esta fuerza política híbrida —que combina ciertos aspectos de izquierda en lo económico, como la redistribución del ingreso, con posiciones xenófobas y antiprogresistas muy similares a las de la ultraderecha— podría tener la llave que abra una nueva etapa en Alemania. En todo caso, la llegada al poder de AfD en Sajonia-Anhalt no será más que un golpe simbólico, el primer paso hacia la deconstrucción democrática del país. El resto de los partidos deberán encontrar soluciones estratégicas a este desafío antes de que sea demasiado tarde.

    La entrada El triunfo de lo impensable se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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