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UN VIAJE AL PASADO

Resulta que estamos a un año exacto de las elecciones generales donde en la Argentina se volverá a elegir un o una presidente. Las PASO se realizarán el 11 de agosto. Mientras  las elecciones generales serán el 27 de octubre. En tanto, una eventual segunda vuelta se llevará a cabo el 24 de noviembre, el 12 de junio vence el plazo para oficializar las alianzas que permiten que hasta el político más bastardeado encuentre un espacio donde refugiarse.

Ya pasaron 3 años de las últimas elecciones y parece que fue ayer que se revolucionaba de alegría la Argentina, en la casa rosada sonaba “We will we will rock you” al palo (como una premonición), todos asistían a trabajar a horario y felices, de lunes a viernes, y atentos los sábados y domingos por si los necesitaba la patria. Pero todavía nos hablan de la pesada herencia, estamos como en una sucesión familiar con los trámites olvidados. ¿Se deja de hablar de una elección para empezar con la otra o se hace una ensalada? Bueno, dependerá de lo que le convenga a cada cual.

En definitiva, los sujetos son los mismos y solo se visten de distinto color para despistar. Al final solo cambiamos un dígito, un 5 por un 9. El número de la decena lo cambiaron en el banco. Otra vez nos comemos la cantaleta de las siglas viejas y las iniciales nuevas, los colores, las antiguas doctrinas, los globos y las banderas, las falsas ideologías, las ideas traicionadas, la manipuleta, el fanático al que le estorba la realidad, y quiere la cantaleta para escuchar lo que le gusta que le digan. Las propuestas inocuas y vacías,que sabemos que no tienen como objetivo ser cumplidas. La millonada de guita en propagandas, y los millones de pibes con la panza vacía y el corazón triste.

Seguimos peleando con el anónimo en las redes y con el familiar en la mesa de los domingos pero lo más lamentable es que en todas las versiones, la única vaca sagrada es el culo de los políticos. Ellos derrochan y cuando hay que ajustar porque no hay más guita la tenemos que pagar nosotros. Se abrazan entre ellos detrás de cámara, sabías? Antes y después de octubre del 2019, y en los 80, si son una gran familia. Tienen tenedores de más, nosotros compartimos el nuestro.

Tuve un deja vu por la mañana cuando leí que estamos a un año exacto de las elecciones generales donde  en la Argentina se volverá a elegir Presidente,senadores, diputados y gobernadores en determinadas provincias. Otra vez las mismas caras, ya lo dije? Es que algunas están tan estiradas que despistan vio.

Es que el sistema está desgastado. Creo que me caí en el baño y me golpeé la marola, no sé si antes o después del deja vu pero cuando desperté tenía una idea rara en la cabeza, un condensador de urnas. Ni idea para que puede servir, pero también me entero que la Legislatura porteña aprobó el voto electrónico en capital, o sea que la urna queda obsoleta. ¿Cómo el voto electrónico?

Empieza una carrera que en realidad nunca se detuvo. Tengo la extraña sensación que retrocedemos constantemente en el tiempo. Volvimos al pasado o nunca nos fuimos?

Portada: Germán Busin
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    Censura en la Casa Rosada: el gobierno de Milei prohibe el ingreso a todos los medios

     

    El gobierno de Javier Milei volvió a quedar en el centro de la polémica tras una decisión que encendió alarmas en todo el sistema democrático: prohibir el ingreso a la Casa Rosada de periodistas acreditados, una medida sin antecedentes en la historia reciente del país y que expone un patrón cada vez más evidente de autoritarismo e intolerancia frente a la prensa crítica.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    La decisión, confirmada por fuentes oficiales, implicó dejar sin efecto las acreditaciones vigentes y bloquear el acceso de cronistas a la sede del Poder Ejecutivo, bajo el argumento de una supuesta investigación por “espionaje ilegal”. Sin embargo, no se estableció un plazo ni criterios claros para revertir la medida, lo que profundiza la preocupación sobre su carácter discrecional.


    Un gobierno que responde con castigo

    Lejos de tratarse de un hecho aislado, la medida se inscribe en una lógica de confrontación sistemática del gobierno con el periodismo. En este caso, la restricción surge tras denuncias vinculadas a investigaciones mediáticas que incomodaron al oficialismo, lo que refuerza la lectura de que la respuesta estatal fue castigar a quienes informan.

    El propio Ejecutivo justificó la decisión como “preventiva”, pero evitó detallar a quiénes alcanza exactamente y bajo qué criterios. Ese nivel de opacidad no es menor: implica que el acceso a la información pública —un derecho básico en democracia— queda sujeto a la voluntad política del gobierno de turno.

    Más grave aún, distintas reconstrucciones periodísticas señalan que la medida se tomó directamente desde Casa Militar y que implica, en los hechos, cerrar las puertas de la Casa Rosada a la prensa hasta nuevo aviso.


    Antecedentes que marcan un patrón

    Lo ocurrido no es un episodio aislado sino parte de una escalada. Ya en abril, el gobierno había restringido el ingreso a periodistas de medios críticos, en el marco de una polémica por supuestas campañas internacionales contra Milei.

    A esto se suman otras decisiones que consolidan un clima hostil hacia el periodismo: desde la creación de oficinas estatales para “desenmascarar” medios hasta propuestas para silenciar preguntas incómodas en conferencias de prensa.

    Incluso organismos internacionales y entidades como Amnistía Internacional ya habían advertido sobre un deterioro en la libertad de expresión y un patrón de hostigamiento desde el poder.


    Intolerancia, relato único y disciplinamiento

    La decisión de impedir el ingreso a periodistas acreditados no solo limita el trabajo profesional: busca disciplinar el flujo de información y consolidar un esquema donde solo circulen voces afines.

    En ese contexto, el gobierno de Milei parece avanzar hacia un modelo donde el periodismo independiente es visto como enemigo, no como un actor esencial del sistema democrático. La lógica es clara: quien investiga, incomoda o cuestiona, queda afuera.

    El problema de fondo no es únicamente la medida en sí, sino lo que representa: la construcción de un poder cada vez más cerrado, intolerante y reacio al control público.


    Una señal de alerta para la democracia

    La historia argentina ofrece suficientes ejemplos de lo que ocurre cuando el poder político decide controlar o limitar la prensa. Por eso, la gravedad de esta decisión trasciende el hecho puntual: marca un precedente peligroso.

    Porque cuando un gobierno decide quién puede entrar, preguntar y contar lo que pasa, no solo restringe a periodistas: restringe el derecho de toda la sociedad a estar informada.

    Y en ese punto, la discusión deja de ser sectorial para convertirse en una cuestión central: qué tipo de democracia se está construyendo bajo la gestión de Milei.

     

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