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Última noche de Maratón Cultural

Esta noche se cerrará la segunda edición del programa ‘Maratón Cultural’ que tuvo a Regina como sede.

Las actuaciones podrán seguirse a través de las siguientes redes sociales:  en www.facebook.com/MunicipioDeVillaRegina, en www.facebook.com/CulturaRN y en You Tube “Río Negro Cultura”.

La grilla de presentaciones de hoy domingo es:

18,15 horas: Agrupación Piel Morena

18,30 horas: Alexis de la Fuente y Foca Project

1915 horas: Los Bilingües

19,30 horas: El arte de bailar

20 horas: Danzar Huergo

20,15 horas: The never eaters

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    ¿La justicia social es un robo? La utopía extrema detrás del dogma de Milei

     

    La afirmación de Milei de que “la justicia social es un robo” no es novedosa ni revolucionaria: es la versión más radical de una corriente libertaria minoritaria que la historia económica, la experiencia democrática y los grandes líderes del siglo XX pusieron en discusión. Desde Friedrich Hayek hasta Robert Nozick sostuvieron críticas conceptuales a la redistribución, pero incluso las democracias más capitalistas del mundo terminaron incorporando impuestos progresivos y políticas sociales como condición de estabilidad.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    La frase de Milei se inscribe en una tradición ideológica específica: el libertarismo radical, una corriente que considera que cualquier redistribución forzada por el Estado vulnera el derecho de propiedad. Sin embargo, cuando esa tesis se contrasta con la experiencia histórica concreta de las naciones desarrolladas, el resultado es contundente: no existe un solo país moderno que funcione sin algún grado de justicia social institucionalizada.


    El origen intelectual: una tesis extrema y minoritaria

    El economista austríaco Friedrich Hayek tituló directamente uno de sus libros The Mirage of Social Justice. Allí sostuvo que el concepto de justicia social es un “espejismo” porque el mercado no tiene voluntad moral; por lo tanto, no puede ser justo ni injusto. Para Hayek, intentar corregir resultados del mercado implica abrir la puerta a una expansión del poder estatal.

    Más explícito fue el filósofo estadounidense Robert Nozick, quien escribió en Anarchy, State, and Utopia que “taxation of earnings from labor is on a par with forced labor”, es decir, que gravar ingresos es equiparable al trabajo forzado. Esa es la raíz conceptual más cercana a la frase de Milei.

    Pero incluso dentro del liberalismo clásico estas posiciones fueron discutidas. Milton Friedman, muy mencionado por Milei, por ejemplo, defendía el mercado pero aceptaba el impuesto negativo a la renta como mecanismo para asistir a los más pobres. Es decir, reconocía que algún tipo de red de contención era necesaria para que el sistema no colapsara socialmente.

    El problema es que el libertarismo puro funciona como construcción teórica, pero carece de evidencia empírica en Estados complejos y democráticos.


    La experiencia histórica: sin redistribución no hay estabilidad

    Las grandes democracias capitalistas del siglo XX no avanzaron hacia menos Estado luego de las crisis, sino hacia más regulación y más políticas sociales.

    Tras la Gran Depresión producto del derrumbe de la bolsa en 1929, Franklin D. Roosevelt sostuvo con claridad que “necessitous men are not free men”, es decir, los hombres necesitados no son hombres libres. El New Deal no fue una concesión ideológica: fue una respuesta pragmática para salvar al capitalismo de sí mismo.

    En Europa, incluso líderes conservadores comprendieron la necesidad de incorporar justicia social como principio organizador. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido construyó su Estado de bienestar con consenso transversal. La experiencia mostró que sin cohesión social, el mercado se vuelve políticamente inviable.

    El filósofo John Rawls, en A Theory of Justice, planteó el llamado “principio de diferencia”: las desigualdades solo son aceptables si benefician a los más desfavorecidos. No se trata de igualitarismo absoluto, sino de una arquitectura institucional que garantice legitimidad.

    La historia económica moderna es clara: los países más desarrollados combinan mercado con impuestos progresivos, servicios públicos universales y mecanismos de redistribución. Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón y los países nórdicos aplican impuestos a la renta, sistemas previsionales solidarios y políticas de bienestar. Ninguno abrazó el ideal libertario puro.


    El caso argentino: justicia social como pacto democrático

    En la Argentina, la justicia social no fue una consigna abstracta sino una reorganización concreta del vínculo entre capital y trabajo impulsada por Juan Domingo Perón. Derechos laborales, aguinaldo, vacaciones pagas y movilidad social ascendente no surgieron de la espontaneidad del mercado, sino de decisiones políticas.

    Reducir ese proceso histórico a la categoría de “robo” implica desconocer que toda organización estatal moderna se basa en impuestos. Sin impuestos no hay educación pública, no hay infraestructura, no hay sistema judicial, no hay defensa, no hay estabilidad monetaria.

    El propio desarrollo del capitalismo industrial necesitó del Estado para expandirse: desde la construcción de ferrocarriles hasta la financiación de universidades y sistemas científicos.


    Una consigna más ideológica que aplicable

    La idea de que la justicia social es un robo parte de una concepción absoluta del derecho de propiedad. Pero en la práctica, ningún país desarrollado sostiene esa tesis en términos absolutos. Incluso los modelos de baja presión fiscal mantienen impuestos indirectos, gravámenes corporativos y algún tipo de política social.

    La pregunta central no es si existe redistribución —porque existe en todos los Estados modernos— sino qué nivel de redistribución garantiza estabilidad sin ahogar la actividad económica.

    Los grandes líderes del siglo XX no abolieron la justicia social: la institucionalizaron como parte del contrato democrático. La experiencia histórica demuestra que cuando la desigualdad se vuelve extrema, el resultado no es más libertad sino más conflicto.

    La frase de Milei, lejos de ser una novedad disruptiva, revive una discusión teórica que ya fue puesta a prueba. Y la evidencia empírica indica que las sociedades más prósperas no eliminaron la justicia social: la regularon, la administraron y la integraron como herramienta de cohesión.

    El libertarismo absoluto puede funcionar como consigna. Pero solo es una utopía sin aplicación real en el mundo fuera de la imaginación descontrolada de Milei.

     

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  • Villarruel explosiva contra los Milei: «quieren mi renuncia, pero no se les va a dar»

     

    Victoria Villarruel hizo catarsis en la red social X después de los cruces con los hermanos Milei durante la apertura de sesiones y avisó que no piensa renunciar a su cargo, luego de que el presidente la acusara de golpismo por cadena nacional.

    El descargo de la vice empezó a partir de unas declaraciones de Luis Petri acusándola de apostar «por el fracaso del Gobierno» y de ofrecerse a la oposición como «una alternativa» a Milei. El mendocino continuó así la línea del propio Milei que el domingo acusó a «propios» de «soñar con el sillón de Rivadavia», sumando un grosero cabezazo en dirección a Villarruel que no casualmente en ese momento era tomada por la transmisión oficial, que durante el resto del discurso la borró.

    La vice comenzó cruzando a Petri, pero después fue directo a Milei. «Eso quieren, mi renuncia. Pero no se les va a dar. El 10/12/27 hasta esa fecha ocupo con honestidad mi cargo. Al que no le gusta vota lo que quiere en el próximo turno», disparó.

    Eso quieren, mi renuncia. Pero no se les va a dar. El 10/12/27 hasta esa fecha ocupo con honestidad mi cargo. Al que no le gusta vota lo que quiere en el próximo turno

    «Más grave fue la acusación de golpismo que sugirió el Presidente», respondió cuando la cuestionaron por haber usado el celular durante el discurso de Milei. Luego, exigió «que lo demuestre porque de palabras vacías venimos desde hace décadas en la política». En otro tuit fue menos diplomática, respondiendo a otro usuario: «dice estas huevadas y no aportan una sola prueba de sus afirmaciones».

    Antes de los tuits de Villarruel, fuentes de La Libertad Avanza arriesgaron ante LPO que esta pelea «termina como el orto». «Karina se va a cansar y empieza la vía judicial y los servicios. La van a embarrar hasta el fondo y con ayuda de Caputo van a exterminar a la Vice».

    Villarruel a los empujones con Karina y un apoyo a Bullrich que pegó en la interna

    Villarruel se descargó con ganas contra Petri, al que acusó de vaciar la obra social de los militares durante su paso por el Ministerio de Defensa. «Preocupante que no responda aún por el vacío que dejó en IOSFA y que hizo su funcionario mendocino. Dejó a cientos de miles de militares y familias sin atención médica en los confines del país», escribió.

    «Creo que antes de divagar y comentar cómo una vecina chusma, debería ubicarse y ver cómo afronta judicialmente lo que parecería fue un desfalco de la obra social de los militares y sus familias. Sigo atentamente la causa judicial», ironizó Villarruel, que también chicaneó a Petri por sus «cosplays» y «trencitos» con Milei.

    Otro que la ligó, pero menos, fue Martín Menem al que la vice señaló por «refinado» y por tener «amplios conocimientos en chupamedismo».

     

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  • «Lo único que le queda al régimen iraní es pactar una transición ordenada»

     

    Estados Unidos e Israel lanzaron este sábado un ataque preventivo y de gran alcance sobre objetivos nucleares iraníes, pero la respuesta de la República Islámica, que incluyó el lanzamiento de misiles a territorio israelí y a bases estadounidenses en la región pone a Medio Oriente al borde de una guerra total.

    El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró que la operación «Rugido de León» perseguía un objetivo de máxima: acabar con la «amenaza existencial» que suponen los ayatolás para su país, es decir, un cambio de régimen en Irán. Sin embargo, la represalia iraní no se hizo esperar y golpeó en simultáneo a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Kuwait y Jordania, donde EEUU tiene desplegadas bases militares.

    Los líderes de los países árabes apelan a la prudencia para evitar una escalada aún mayor. Saben que la República Islámica, adversaria de muchos de ellos por cuestiones religiosas -el versus entre sunitas y chiitas dentro del islam- y geopolíticas -el pacto que mantienen con Washington-, puede redoblar los ataques a través de lo que queda de sus milicias aliadas en Yemen, Irak y Líbano para presionar a Netanyahu y Donald Trump.

    Se trata de un escenario inquietante que podría llevarse puesta la delicada estabilidad de Medio Oriente. «Estamos frente al ascenso de un nuevo hegemón, o aspirante a hegemón, que es Israel. Eso hace que países que antes no eran aliados puedan llegar a coincidir en diferentes aspectos. Pero un nuevo ataque de EEUU podría implicar una profundización de la respuesta iraní, y eso tensaría más aún la relación con los países del Golfo, que es lo que quiere EEUU: que vean a Irán como un enemigo con el que es imposible cooperar», dijo a LPO Said Chaya, director del Núcleo de Estudios de Medio Oriente de la Universidad Austral.

    El ataque contra Irán tensiona a Trump con el Partido Republicano rumbo a la elección de medio termino

    El ataque a las monarquías del Golfo puede leerse también como una jugada de Teherán para volver a la mesa de negociaciones sobre su programa nuclear en Ginebra la próxima semana. «Por eso involucra a los países de la región, para que ellos generen una suerte de presión indirecta sobre Israel y EEUU. No veo un derrumbamiento del régimen en el corto plazo», sostuvo el experto. 

    Estamos frente al ascenso de un nuevo hegemón, o aspirante a hegemón, que es Israel. Eso hace que países que antes no eran aliados puedan llegar a coincidir en diferentes aspectos. Pero un nuevo ataque de EEUU podría implicar una profundización de la respuesta iraní, y eso tensaría más aún la relación con los países del Golfo, que es lo que quiere EEUU: que vean a Irán como un enemigo con el que es imposible cooperar

    Los enfrentamientos directos habían quedado en pausa tras la llamada guerra de los 12 días, en junio pasado, cuando EEUU e Israel mataron a altos mandos militares y científicos nucleares iraníes y destruyeron parcialmente su programa de misiles e instalaciones atómicas. Las cosas se calmaron y hasta se reanudaron las rondas de conversaciones, la última el jueves de esta semana, de la que participó el yerno de Trump, Jared Kushner, con la mediación clave de Omán.

    Pero el acercamiento duró poco y las protestas en Irán contra el líder supremo Alí Jamenei y el presidente Masoud Pezeshkian a raíz de la situación económica y la falta de libertades civiles y políticas terminarían por envalentonar a la administración republicana. El propio Trump había amenazado con descabezar a la cúpula chiita si continuaba la masacre de manifestantes, y esta tarde prometió inmunidad total a la Guardia Revolucionaria Islámica -el brazo armado del régimen- a cambio de su rendición.

    Mohamed Bin Salman, monarca de Arabia Saudita. 

    Es que una eventual extensión de las hostilidades asusta a más de uno en la zona. Como explicó Ignacio Rullansky, profesor de Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, «los países árabes no quieren estar en la línea de fuego ni entrar directamente en guerra, y temen que se desestabilicen sus propias sociedades». «Los del Golfo son regímenes autoritarios, durante la primavera árabe tuvieron mucho temor a que la ola de revueltas les llegara», aseguró el especialista.

    Irán no cuenta ya con las milicias en la región como para encarar una guerra total. Cuenta con ellos para hacer daño. Probablemente, lo único que le queda al régimen iraní sea pactar algún tipo de transición ordenada.

    Pese a las protestas diplomáticas por los ataques iraníes, los países de la región buscan evitar que Teherán cierre el paso por el estrecho de Ormuz, crucial en el comercio global de petróleo y gas natural licuado (algo que afecta a los exportadores del Golfo), mientras Omán pide retomar las negociaciones para rebajar la tensión. Irán no muestra sus cartas aún y tampoco se confirma el destino de Jamenei.

    «Irán no cuenta ya con las milicias en la región como para encarar una guerra total. Cuenta con ellos para hacer daño. Probablemente, lo único que le queda al régimen iraní sea pactar algún tipo de transición ordenada. Un poco parecido a lo que ocurre en Venezuela, donde parte del régimen se sostiene, pero de una forma más desradicalizada, alineándose a Trump y la promesa de acercamiento a Occidente y democratización», apuntó Rullansky. 

    Por otra parte, el Magister en Estudios de Medio Oriente, Sur de Asia y Africa de Columbia University, Kevin Ary Levin, planteó que «tenemos dos grandes caminos por delante. Uno es la idea de que estemos al principio de una guerra prolongada, en la cual Estados Unidos e Israel intenten vincularse con fuerzas internas dentro de Irán para propiciar un cambio de régimen como forma de destrabar esta crisis».

    El segundo camino, continuó Levin, «que hoy creo que es el más probable es que se vuelva la mesa de negociaciones con menos distancia entre la postura de Irán por un lado y la postura de Estados Unidos por otra. Israel parece que hace tiempo entiende que solo el colapso del régimen de los ayatolás va a garantizar su seguridad, pero Estados Unidos no está en esa página, al menos no todavía y si Irán ofrece buenos incentivos van a volver a la mesa de negociación con la presión agregada de los ataques y la posible la muerte de la  Jamenei».

    «Esto puede dar una renovada fuerza para que Irán demuestre ahora una flexibilidad enorme entendiendo que hubo un ataque fuerte en su territorio que parece ser potencialmente el primero de varios», añadió.

    Trump con Benjamín Netanhayu.

    Ary Levin no cree que «Irán tenga espacio para salir de esto a través de milicias en la región. Sí tiene la posibilidad de defender la estructura interna del régimen porque Estados Unidos no está en condiciones de hacer más que un ataque aéreo. Esta guerra es impopular al interior de su propia población y Trump creo que lo sabe muy bien. Con lo cual lo máximo que pueden hacer es hacer ataques aéreos puntuales y ofrecer apoyo a los ataques israelíes».

    Israel parece que hace tiempo entiende que solo el colapso del régimen de los ayatolás va a garantizar su seguridad, pero Estados Unidos no está en esa página, al menos no todavía y si Irán ofrece buenos incentivos van a volver a la mesa de negociación con la presión agregada de los ataques y la posible la muerte de la Jamenei 

    «Entonces creo que la salida a Irán fuera de resistir y avanzar hacia una guerra de características de una guerra de desgaste es volver a la mesa de negociaciones y ofrecer nuevas concesiones relacionadas con su programa de misiles y también su programa de enriquecimiento de uranio», remarcó.

    Por último, Kevin Ary Levin dijo que «Netanyahu se está acercando a un momento electoral que va a ser a fines de octubre en Israel. Los números no le están dando bien. Hay un fenómeno demostrado de que en circunstancias de guerra la popularidad de Netanyahu aumenta. El votante israelí se vuelve más conservador y elige a los candidatos que tienen experiencia demostrada en guerra, esto también le ofrece a Netanyahu la posibilidad de posicionarse como el arquitecto de un nuevo orden en la región y creo que dentro de poco vamos a empezar a ver encuestas que demuestran un crecimiento del Likud» 

    Trump se lanzó a una campaña agresiva sin el apoyo del Senado y con su popularidad a la baja, mientras Netanyahu se adentra en un año electoral donde medirá entre los israelíes los resultados de la guerra en Gaza y su promesa de tumbar el régimen de los ayatolás e Irán, en plena convulsión interna, arriesga el destino de la República Islámica. 

     

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