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Tres días para disfrutar del Festival de Arte

En el marco del programa ‘Maratón Cultural’, a partir de hoy viernes y hasta el domingo se desarrollará el Festival de Arte en el Cine Teatro Círculo Italiano que se transmitirá vía streaming en vivo.

La segunda edición de este programa provincial tiene a Villa Regina como sede y comenzó con las capacitaciones a los hacedores culturales de la región que se extendieron del 21 al 29 de abril. En el marco del Festival de Arte se entregarán los certificados a los 90 participantes.

‘Maratón Cultural’ es un programa de fortalecimiento y acompañamiento al sector cultural que llevan adelante la Secretaría de Estado de Cultura y el Ministerio de Desarrollo Humano y Articulación Solidaria de Río Negro.

La Directora de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina Silvia Alvarado destacó la importancia del mismo ya que “les otorga herramientas a los trabajadores de la cultura para incorporarse al sistema luego de un año tan complicado que vivieron el año pasado con la pandemia que les dificultó la realización de sus actividades”.

El Festival de Arte podrá seguirse en vivo a través de las páginas de Facebook del Municipio, CulturaRN y por Youtube (Río Negro Cultura) a partir de las 19 horas durante viernes, sábado y domingo.

(Foto: Río Negro Comunicación)

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    La guerra en Medio Oriente se filtra en la economía argentina por un canal escondido: el gas natural licuado (GNL). El precio internacional del combustible que el país necesita importar cada invierno se disparó con la crisis bélica. Pasó de alrededor de 10 dólares a cerca de 20 dólares por millón de BTU. El doble.

    Para Argentina ese número no es abstracto. El sistema energético todavía depende del GNL para atravesar los meses de mayor consumo. El gasoducto de Vaca Muerta mejoró el panorama porque permite transportar más gas desde Neuquén hacia los centros urbanos. Pero la producción local todavía no alcanza para cubrir la demanda invernal. 

    Y el gas también impacta en la boleta de luz. Más del 60% de la electricidad argentina se genera en centrales térmicas que utilizan gas o combustibles líquidos. Por eso, el país necesita importar GNL cada invierno para sostener el sistema energético. 

    Durante la crisis energética global provocada por la guerra en Ucrania, cuando el gasoducto aún no estaba operativo, Argentina llegó a gastar cerca de USD 3.500 millones en importaciones de gas. El año pasado, con el gasoducto funcionando y precios internacionales más bajos, la factura cayó a unos USD 600 millones. 

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    Pero el nuevo escenario internacional vuelve a cargar ese gasto. Si el gobierno sale a comprar GNL con los precios actuales, el costo podría duplicarse justo cuando la cuenta corriente argentina ya muestra un déficit superior a los 2.500 millones de dólares. 

    A ese cuadro se suma un cambio de reglas en el sistema energético local. El gobierno decidió avanzar con una licitación para transferir la importación de GNL, que hasta ahora realizaban las empresas estatales Enarsa y Cammesa, a un único operador privado. 

    Si el gobierno sale a comprar GNL con los precios actuales, el costo podría duplicarse justo cuando la cuenta corriente argentina ya muestra un déficit superior a los 2.500 millones de dólares. 

    El problema es que ese proceso todavía no está definido. Y mientras se discute quién se quedará con el negocio de la importación, el calendario energético sigue corriendo. 

    Los cargamentos de gas no se compran de un día para otro. Deben contratarse con anticipación. Cuando esa planificación se retrasa, el margen se reduce. La alternativa es salir al mercado spot, el segmento de corto plazo del comercio mundial de GNL. Allí no hay contratos previos ni precios asegurados. Los cargamentos se compran sobre la hora y el valor se define en función de la urgencia y de la competencia entre compradores. 

    Además, con gran parte de la producción global afectada por la crisis en Medio Oriente, el mercado enfrenta una oferta más limitada. De hecho, Qatar ya aviso que suspende los envíos comprometidos con la Argentina. Eso obliga al gobierno a competir con otros compradores, especialmente Europa, que desde la ruptura energética con Rusia incrementó su dependencia del gas natural licuado. 

    En el sector energético repiten una advertencia inquietante: el gas licuado disponible en el mercado no alcanza para todos. Cuando un bien escasea, el precio se dispara. Y el gobierno ya dejó clara cuál es su lógica regulatoria frente a ese escenario: trasladar los costos a la demanda. 

    Los cálculos que circulan en el sector energético muestran la magnitud del impacto potencial en las tarifas que enfrentarán hogares e industrias. 

    Si el sobrecosto se trasladara a la industria, el precio del gas pasaría de 4 dólares a 8,14 dólares por millón de BTU. Es una suba del 104%. El traslado es más directo porque los grandes usuarios ya compran gas sin subsidios. 

    Si el sobrecosto se trasladara a la industria, el precio del gas pasaría de 4 dólares a 8,14 dólares por millón de BTU. Es una suba del 104%. 

    Si el ajuste recayera en los hogares, el impacto también sería significativo. El precio del gas que paga el usuario podría pasar de 3,79 dólares a 6,51 dólares por MMBTU. 

    Existe además un tercer escenario posible: trasladar el costo a la generación eléctrica. En ese caso, el precio del gas para las centrales pasaría de 4,45 dólares a 9,27 dólares por MMBTU, un salto del 108%. Si las usinas ya estuvieran pagando gas spot, el valor subiría de 7,50 a 11,31 dólares. El resultado sería un sobrecosto de 33,8 dólares por megavatio hora.

    La pregunta inevitable es cuánto más pueden absorber los bolsillos, en un escenario económico de pérdida de poder adquisitivo y recesión, con cierres cotidianos de industrias y comercios. 

     

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  • Milei hizo un show de pelea con el kirchnerismo y anunció: «La malaria se terminó»

     

    El presidente Javier Milei inauguró formalmente el período 144° de sesiones ordinarias en medio de un jolgorio desconectado de la creciente crisis industrial y la conflictividad por despidos. Lejos de la serenidad que podrían haberle prodigado los triunfos parlamentarios del verano, se despachó con una catarata de agresiones contra los peronistas.

    En su mensaje a la asamblea legislativa, se jactó de sus recientes victorias. «Hemos aprobado el primer presupuesto sin déficit fiscal libre de default en 100 años, terminamos con la emisión monetaria que se usaba para financiar el desacalabro fiscal», dijo en el arranque.

    Pero enseguida sepultó el orgullo por las victorias bajo las ganas de atacar a sus rivales, el clima se caldeó y Milei escaló el intercambio. Los trató desde el estrado de ser una «manga de delincuentes». «Por eso tienen a la suya presa y va a seguir presa por la causa de los cuadernos, va a seguir presa por el Memorándum con Irán porque es una chorra», vociferó desaforadamente aludiendo a Cristina Kirchner.

    Cada vez que un legislador opositor lo criticaba, sus seguidores o el propio presidente respondían. «Ustedes no pueden aplaudir porque tienen las manos tapadas de bolsillos ajenos», llegó a decirles a sus adversarios para descalificarlos por «corruptos».

    Milei aprovechó el discurso para reivindicar la reforma laboral. «¡Qué alergia le tienen a los datos, el desempleo bajó!», exclamó sin precisar la fuente en un contexto signado por la desconfianza en el Indec por el portazo de Marco Lavagna.

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    La encendida verborragia de Milei contagiaba al oficialismo en pleno. En un tramo, la emprendió contra el peronista Germán Martínez, que lo contradecía desde su banca: «Dejá de mirarte en el espejo, Martínez, los chorros son ustedes», espetó. Y automáticamente, legisladores y activistas se unieron al grito de «tobillera, tobillera», otra vez en referencia a Cristina.

    Los militantes libertarios habían recibido a su líder entonando las estrofas de la canción «Panic Show», de la banda La Renga. Desde el bloque peronista, atinaron a vocear el nombre de José Luis Espert, el renunciado diputado por sus vínculos con el presunto narco Fred Machado, y todo el oficialismo rompió al unísono al compás del primer cantito. «¡Pre – si – den – te!», gritaban con fervor.

    Sebastián Pareja.

    Tanto los jueces de la Corte Suprema como los gobernadores presentes seguían la alocución de Milei con gesto adusto, acaso incómodos. El Presidente retomó este domingo la rabia adolescente que había empezado a moderar tras la derrota electoral en territorio bonaerense, en septiembre pasado.

    Milei enumeró los logros que su gobierno inventarió, entre los que mencionó la baja de la inflacón y el protocolo antipiquetes. Ninguno de esos dos tópicos se corroboran con los datos de la realidad.

    «Robar está mal pero robarle el pan de la boca a los más vulnerables para acumular poder excede cualquier adjetivo que se pueda encontrar en el diccionario», expresó en otro pasaje de su intervención, y enseguida apuntó el incremento en la AUH y otras asignaciones. Y volvió a cargar contra el peronismo al considerar que convertían a los beneficiarios de planes sociales en «esclavos».

    Ustedes no pueden aplaudir porque tienen las manos tapadas de bolsillos ajenos.

    En otro pasaje del discurso, citó los indicadores del EMAE para demostrar que «hace dos años que la economía argentina crece», lo que no significa que mejore la situación del país. No obstante, arriesgó: «la malaria se terminó».

    Esos presuntos datos a favor, por lo demás, se desdibujaban enseguida, como cuando apodó a Juan Grabois como «oligarca disfrazado de pordiosero» y le dijo «Chilindrina Troska» a Myriam Bregman.

    Mientras el Presidente se gritaba casi hasta la disfonía, Victoria Villarruel se mantenía impertérrita.

    Juan Marino.

    De las bancadas opositoras, se encontraban presentes los diputados de izquierda y una delegación de peronistas, integrada por diputados como Eduardo Valdés, Gustavo Bordet, Agustina Propato, Jorge Taiana y el puntano Jorge «Gato» Fernández. Luego se sumaron Germán Martínez, Victoria Tolosa Paz, Sabrina Selva, Natalia Zaracho, Juan Grabois y Juan Marino, que llevó un cartel negro que enunciaba una ecuación: «Milei = despidos».

    Los senadores del interbloque de José Mayans no asistieron, en protesta por haber sido vulnerados en la composición de las comisiones de la Cámara Alta. Los diputados identificados con La Cámpora, tampoco.

     

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