La Dirección de Servicios Públicos de la Municipalidad de Villa Regina llevó adelante trabajos de restauración ‘en el Monumento a Ceferino Namuncurá’ y embellecimiento en el sector de calle General Paz entre Córdoba y Manzanos.
Las tareas forman parte del plan integral de recuperación de espacios verdes que la actual gestión realiza en distintos barrios y sectores de la ciudad y que comprenden limpieza total y pintado del lugar.
Si algo le faltaba a este bendito país para estar un poco más cerca del apocalipsis era una final de copa libertadores entre los dos clubes más trascendentes del país. Y como es sudamérica (y Argentina) es lógico que lo programado por la entidad superior del fútbol se modifique. Que éste día no se juega,…
El interbloque peronista en el Senado se quebró en la votación de la prórroga para que Carlos «Coco» Mahiques siga como vocal de la Cámara Federal de Casación Penal después que cumpla 75 años, en noviembre próximo. El resultado de la votación fue de 58 voluntades por la afirmativa y solo 11 por la negativa, con tres ausencias.
Al interior de la bancada de José Mayans la fractura fue apabullante: 14 votaron a favor. Los 11 que se opusieron son los que más se identifican con Cristina Kirchner y La Cámpora o adhieren a la doctrina jurídica que denuncia las causas en su contra bajo la teoría del lawfare.
Entre los que apoyaron a Mahiques se cuentan el santafecino Marcelo Lewandowski, el entrerriano Adán Bahl, el chubutense Carlos Linares, el pampeano Pablo Bensusán, la fueguina Cándida Cristina López, el tucumano Juan Manzur, el riojano Fernando Rejal, el puntano Fernando Salino, el sanjuanino Sergio Uñac y los santiagueños José Neder, Gerardo Zamora y Elia Esther Moreno. A ese lote del PJ y sus aliados se sumó el grupo de Carolina Moisés, Guillermo Andrada, Sandra Mendoza y Flavia Royón, que responden a los gobernadores Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo y Gustavo Sáenz respectivamente.
La ruptura generó irritación en el kirchnerismo. Mayans anticipó en su discurso de cierre que la línea política era no acompañar al gobierno en la votación pero reconoció con fastidio que había legisladores que sí habían decidido hacerlo. «Nosotros no vamos a acompañar, hay gente que quiere acompañar, que lo acompañe», dijo.
Moisés, que se separó del interbloque kirchnerista en febrero, justificó su voto en el recinto diciendo que «reeditar los cuestionamientos» contra Mahiques por el traslado efectuado en 2018 por Mauricio Macri «es extemporáneo». «Es improcedente, es aceptable en el debate, todos podemos opinar pero hubieron otros resortes que no se utilizaron previamente», sostuvo.
La senadora jujeña se quejó de «los bloqueos de internas» que se produjeron durante el gobierno anterior, porque impidieron los avances con nombramientos de jueces o cambios profundos del Poder Judicial. Después de distinguir que la cobertura de las más de 200 vacantes no requerían dos tercios y se podían conseguir con 37 votos, expresó: «Loco, los peronistas también teníamos problemas, no era tan difícil».
Mayans, en el recinto.
La intervención de Moisés acaso funcionaba como una respuesta al chaqueño Jorge «Coqui» Capitanich, quien repasó «el sistema de incentivos y extorsiones» en el Poder Judicial señalando, entre otros hitos, la intervención de la Corte Suprema en la derogación de la ley del Consejo de la Magistratura sancionada en 2006 y la reposición de la norma de 1998. «No sigamos forzando procesos de designación con vicios de legalidad e ilegitimidad de origen», expresó.
También la neuquina Nadia Márquez objetó que se quisiera cuestionar la «idoneidad» del candidato a continuar en el máximo tribunal penal del país. «Estamos debatiendo un tema que ya fue resuelto por la Corte, ya fue resuelto por las acordadas de la Corte y también pasó por el Consejo de la Magistratura, pasó por el Ejecutivo y vino al Congreso», indicó y agregó que «reeditar un planteo que ya fue resuelto es ignorancia o es mala fe».
Loco, los peronistas también teníamos problemas, no era tan difícil.
Márquez apuntó contra el rionegrino Martín Soria, quien habló de Mahiques como parte de «un selecto grupo de jueces trasladados por Mauricio Macri» para montar «una mesa de operaciones políticas». La senadora remarcó que «los traslados se pueden continuar haciendo y son nuevos nombramientos siempre y cuando las competencias no sean radicalmente distintas».
En su discurso de cierre, Patricia Bullrich hizo un elogio del trabajo de Mahiques como camarista, juzgando «la corrupción del kirchnerismo» en referencia a la causa de los cuadernos de Oscar Centeno. «Hace más de 45 años que está en la Justicia, no son los primeros casos que juzga pero, como los de ellos son tantos, a Mahiques le tocaron todos», argumentó y luego eligió una metáfora infeliz para reivindicarlo: «Lago Escondido es un poroto al lado de las cosas que han hecho estos señores».
Los libertarios festejaron el resultado de la votación por su contundencia pero, además, se ilusionaron con disipar el clima de nerviosismo político que mantiene sitiado al gobierno de Javier y Karina Milei desde que estalló el escándalo de Manuel Adorni. «Esto es un triunfo de Juan Bautista (Mahiques)», dijeron desde el Poder Judicial.
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Los bancos volverán a funcionar desde el lunes con un protocolo de atención al público, para lo cual los clientes deberán concurrir con turno previo para evitar aglomeraciones, confirmó este viernes a la noche el presidente Alberto Fernández, al anunciar la prórroga del aislamiento social. «A partir del lunes los bancos van a funcionar con…
Tras jugarse durante el fin de semana la séptima fecha de la Liga de Fútbol Femenino, la Dirección de Deportes de la Municipalidad de Villa Regina comparte la tabla de posiciones. Difunde esta nota
En plena dictadura militar, cuando cantar una consigna política podía terminar en cárcel, palazos o desapariciones, una tribuna del ascenso argentino decidió romper el miedo. El 24 de octubre de 1981, la hinchada de Nueva Chicago cantó la Marcha Peronista en un estadio de fútbol y desató una represión feroz. Cuatro décadas y media después, aquella escena sigue siendo uno de los episodios más potentes de resistencia popular nacidos desde una cancha.
Por Alcides Blanco para NLI
La Argentina de 1981 era un país atravesado por el terror estatal. Aunque la Junta Militar comenzaba a mostrar signos de desgaste, la maquinaria represiva seguía intacta. Había censura, persecución política y control sobre cualquier manifestación pública. En ese contexto, entonar la Marcha Peronista equivalía a desafiar directamente al poder militar.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió en Mataderos.
Aquella tarde, Nueva Chicago enfrentaba a Defensores de Belgrano en el viejo estadio República de Mataderos por el campeonato de Primera B. El equipo verdinegro marchaba rumbo al ascenso y el barrio respiraba clima de fiesta. Bombos, banderas y tribunas repletas convivían con una tensión permanente: la Policía controlaba cada movimiento porque el fútbol también era vigilado como espacio político.
Entonces ocurrió lo impensado.
Desde la popular comenzó a escucharse la melodía prohibida. Primero tímidamente. Después con fuerza. Miles de hinchas empezaron a cantar la Marcha Peronista en plena dictadura militar, en un país donde todavía funcionaban centros clandestinos de detención y donde el aparato represivo seguía activo sobre sindicatos, universidades y barrios populares.
La tribuna obrera que enfrentó el miedo
Nueva Chicago no era cualquier club. La identidad del barrio de Mataderos estaba profundamente ligada al movimiento obrero y al peronismo histórico. Desde mediados del siglo XX, el club había construido una mística popular asociada a los trabajadores de frigoríficos, mercados y fábricas de la zona oeste porteña.
Por eso, lo ocurrido en 1981 no fue solamente un canto futbolero. Fue una demostración política nacida desde abajo, desde una tribuna popular que decidió desafiar el silencio impuesto por los militares.
La reacción policial fue brutal e inmediata.
Efectivos armados ingresaron a la tribuna con palos y comenzaron una represión feroz. Hubo corridas, golpes y decenas de detenidos. Según reconstrucciones posteriores, 49 hinchas terminaron arrestados y varios fueron obligados a correr esposados por las calles de Mataderos porque los patrulleros no alcanzaban para trasladarlos.
La imagen de los “presos al trote” apareció en diarios de la época y se convirtió en una postal insólita del final de la dictadura: un régimen militar aterrorizado por una canción.
Peor todavía: nueve hinchas fueron enviados a la cárcel de Devoto acusados de infringir disposiciones sobre reuniones deportivas. Uno de ellos permaneció preso durante más de un mes. Todo por cantar en una cancha.
El “Arroz con leche” que humilló a la Policía
La historia no terminó allí. Una semana después, Chicago jugó contra Atlanta y la tensión seguía intacta. La Policía esperaba una nueva provocación y preparó un operativo especial para reprimir otra vez el canto prohibido.
Pero la hinchada tenía preparada una respuesta tan simple como genial.
Desde la tribuna comenzó nuevamente la introducción musical de la Marcha Peronista. Los policías avanzaron desesperados, convencidos de que volverían a escuchar el cántico peronista. Sin embargo, cuando llegó el momento de la letra, miles de gargantas explotaron con otra canción:
“Arroz con leche, me quiero casar…”
La maniobra descolocó completamente al operativo policial. Mientras los efectivos quedaban expuestos al ridículo, la tribuna estallaba de risa y celebración. La hinchada había encontrado una forma perfecta de burlarse de la dictadura usando una canción infantil.
La escena quedó inmortalizada como uno de los episodios más creativos de resistencia cultural durante los años oscuros del terrorismo de Estado.
Mucho más que fútbol
Con el paso del tiempo, aquella jornada adquirió una dimensión histórica mucho mayor. Lo sucedido en Mataderos demostró que el fútbol argentino nunca estuvo aislado de la realidad política y social del país. Mientras muchos dirigentes miraban para otro lado frente al horror dictatorial, sectores populares encontraron en las tribunas un espacio de identidad y resistencia.
La hinchada de Chicago hizo política cuando hacerlo podía costar la libertad. No hubo dirigentes pronunciando discursos ni estructuras partidarias organizando actos. Hubo trabajadores, vecinos e hinchas desafiando el miedo colectivo desde una popular.
A 45 años de aquella tarde, el episodio sigue funcionando como una marca profunda en la memoria futbolera y política argentina. Porque en uno de los momentos más oscuros de la historia nacional, una tribuna demostró que incluso bajo represión, censura y amenazas, todavía había quienes estaban dispuestos a cantar.
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