Con 307 palistas y 193 botes, se puso en marcha la travesía más larga del mundo en donde la Isla Jordán fue el punto de partida y concluirá en Viedma el próximo sábado. En su tercera etapa arribó a la Isla 58 de Villa Regina y este corto parcial se presentó entre el Balneario de Ingeniero Huergo y la Isla 58, con 15 kilómetros de recorrido. Bajo la modalidad contrarreloj, los actuales campeones, Damián Pinta y Facundo Lucero, se quedaron con la gloria, sacando una gran ventaja a los segundos, los hermanos Rodrigo y Mauricio Caffa.
El intendente Marcelo Orazi junto a la Directora de Gestión Deportiva de Río Negro, Susana Fantini, y el Director deDeportes de la Municipalidad de Villa Regina, Damián Álvarez, observaron el arribo de los palistas y entregaron las medallas de esta etapa.
Muchos ciudadanos de la ciudad y alrededores disfrutaron de este espectáculo respetando las medidas sanitarias vigentes debido a la pandemia de COVID 19.
El próximo día sábado 24/07 a partir de las 17 hrs en el predio «Utopía Multiespacio» ubicado en la calle San Luis 350 de la ciudad de Villa Regina, se realizará el festival ‘Gastro Rock´. El evento cuenta con la participación de 3 bandas en formato acústico, tocarán: Hora Libre Martin Belizan Nat & Flora…
La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina informa a artesanos y emprendedores que quieran participar de la Feria ReEmprender del próximo domingo que tendrán tiempo hasta el viernes para inscribirse. Para ello, deberán acercarse a la Oficina de Turismo, ubicada en Florencio Sánchez 817. Esta nueva edición de la Feria se desarrollará…
Este sábado se realizará en Villa Regina el primer “Meeting” que reunirá a los amantes del K-Pop y del Animé en el Polideportivo Municipal Cumelen. El encuentro se llevará a cabo en el gimnasio N° 2 del Polideportivo, desde las 15 hasta las 20 del sábado 22. La entrada es libre y gratuita. Oliver y…
Es de público conocimiento que la chimenea Fioravanti, uno de los símbolos históricos de la colonia ítalo-argentina que fundó nuestra ciudad fue derribada. Desde 1932 se mantuvo erguida en un punto neural de la ciudad. Se construyó solo ocho años después del arribo de los primeros inmigrantes que llegaron a la región. Su esencia era,…
La Dirección de Tránsito y Protección Civil de la Municipalidad de Villa Regina informa que se encuentra vigente la Ordenanza N° 026/21 mediante la cual se prorroga de manera preventiva y con carácter excepcional por el término de 180 días corridos a partir de su fecha de vencimiento, las licencias de conducir nacionales y municipales,…
La historia de Buenos Aires no es lineal ni épica en el sentido clásico: es una historia de intentos fallidos, abandono y refundación. Pero también es una historia simbólica, atravesada por la fe, los intereses imperiales y una decisión clave que terminaría definiendo el nombre de una de las ciudades más importantes de América Latina.
Por Alcides Blanco para NLI
La ciudad que nació dos veces no es una casualidad: es el resultado de la precariedad del proyecto colonial español en el Río de la Plata y de una persistencia estratégica que terminó imponiéndose.
La primera fundación: hambre, guerra y abandono
El 2 de febrero de 1536, el adelantado español Pedro de Mendoza desembarcó en las costas del Río de la Plata y estableció un asentamiento que llamó “Puerto de Nuestra Señora Santa María del Buen Aire” .
Ese acto —que muchas veces se menciona como “fundación”— en realidad fue más precario que solemne: se trató de un campamento fortificado, levantado en condiciones extremas, sin infraestructura ni recursos suficientes .
La situación se volvió rápidamente insostenible. El hambre, las enfermedades y los enfrentamientos con los pueblos originarios —especialmente los querandíes— devastaron la expedición. Los propios cronistas narraron escenas brutales: los colonos llegaron a comer cuero, ratas y hasta carne humana para sobrevivir .
Finalmente, en 1541, el asentamiento fue abandonado. Buenos Aires, en su primera versión, desapareció.
La segunda fundación: la ciudad que sobrevivió
Décadas después, la Corona española insistió con el proyecto. El 11 de junio de 1580, el conquistador Juan de Garay llevó adelante la segunda fundación, esta vez con una organización más sólida y población proveniente de Asunción .
Garay bautizó formalmente a la ciudad como “Ciudad de la Santísima Trinidad”, aunque el puerto mantuvo el nombre de “Santa María de los Buenos Aires”, que con el tiempo se impondría en el uso cotidiano .
A diferencia del intento de Mendoza, esta fundación logró consolidarse. La ciudad empezó lentamente a desarrollarse como enclave estratégico del imperio español, primero marginal y luego central en el comercio del Atlántico sur.
El origen del nombre: entre la fe y el mar
El nombre “Buenos Aires” no fue una ocurrencia casual ni un gesto poético. Tiene una raíz profundamente religiosa y marítima.
Proviene de la advocación de la Virgen María conocida como Nuestra Señora del Buen Aire, vinculada a los marineros y navegantes .
El origen de esta devoción se remonta a Cerdeña, donde una imagen de la Virgen —según la tradición— sobrevivió milagrosamente a un naufragio en el siglo XIV y fue venerada como protectora de quienes se hacían a la mar .
En el siglo XVI, esta advocación ya era popular entre los navegantes españoles, especialmente en Sevilla. Por eso no resulta extraño que Mendoza y su expedición hayan encomendado el viaje a esa protección.
El “buen aire” no alude al clima: alude a los vientos favorables para la navegación, a la esperanza de llegar a destino y sobrevivir al océano.
Entre la leyenda y la historia
La historia del nombre mezcla documentación y tradición. Algunos relatos sostienen que Mendoza habría hecho una promesa a la Virgen durante la travesía; otros apuntan a la presencia de religiosos mercedarios en la expedición, devotos de esa advocación.
Lo cierto es que el nombre quedó. Incluso después del fracaso de la primera fundación, “Buenos Aires” persistió como una idea, como un proyecto y como un símbolo, hasta concretarse definitivamente en 1580 .
Una ciudad marcada por su origen
Buenos Aires nació dos veces, pero su nombre fue uno solo desde el inicio. Esa continuidad no es menor: revela que, más allá del fracaso material, había una intención estratégica y simbólica que la Corona no estaba dispuesta a abandonar.
Entre el hambre de la primera fundación y la consolidación de la segunda, la ciudad se construyó como una promesa persistente: la de un puerto abierto al mundo, sostenido tanto por la geopolítica como por la fe.
Y en ese cruce —entre imperio, religión y supervivencia— se explica por qué Buenos Aires se llama así. No por el aire que se respira, sino por el viento que permitió llegar.
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