TAMBALEAN PERO NO SUCUMBEN
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TAMBALEAN PERO NO SUCUMBEN

TAMBALEAN PERO NO SUCUMBEN

Año tras año la educación pública va resquebrajándose en sus cimientos; gobierno tras gobierno se la amedrenta y ametralla en nuestro país de manera sucesiva hace más de dos décadas. Golpes de knock out contundentes. Sin embargo quienes la sostienen tambalean pero no sucumben, siguen pensando y trabajando desde abajo, justamente desde donde se sientan las bases de una Nación, de una sociedad, de una familia. Evolución latente, no transparente.

Hombro con hombro. Espalda con espalda. No solo porque es su fuente de trabajo, sino también, porque de su trabajo dependen las posibilidades de millones de pibas y pibes en todo el país. Su familia y su otra familia.

Se machaca sobre el rol del docente como formador y educador incesantemente, aunque sean pilares en el crecimiento de cualquier sociedad. Son subvalorados, desprotegidos y vapuleados por el Estado y parte de la sociedad en corte transversal. Son el foco y a la vez el chivo expiatorio del problema. Hoy las redes se llenan de saludos con frases halagadoras, pero mañana se vuelven a teñir de repudio ante la protesta de un salario justo.

Los educadores son quienes emplean la magia de hacer olvidar a esas cabecitas intrépidas que tienen la panza vacía. Son bomberos trabajando en la oscuridad buscando un haz de luz que los guie en el complejo oficio de hacer pensar a un pibx, que además tiene el estómago hablándole como un estertor a su propia conciencia.

La escuela sin ser una institución social especializada en funciones como la atención de situaciones problemáticas familiares, laborales y de salud (que representan las causas más frecuentes de deserción), están ligados directamente al ejercicio de esta tutela comunitaria. Nula de reconocimientos tales, y aunque exentos de esa responsabilidad, comprometidos a realizarla. La cruda realidad que vivimos y su coyuntura descoloca todo, incluso el espíritu de desarrollo de la escuela pública.

Las problemáticas cotidianas actuales atraviesan las vivencias de todos los protagonistas: Es una obligación respetar, articular y expandir la Educación Sexual Integral, retransformar la disfuncionalidad de las pautas de evaluación entender la heterogeinedad como precursora y también poner en plano las pésimas condiciones edilicias en las que el Estado pretende que se trabaje.

Ni hablar de la pérdida constante del valor de los salarios, y menos de la situación límite que, por ejemplo, viven los docentes de Chubut.

Cualquier óptica sociopolítica apática que no asimile este contexto socioeconómico que sufre el pueblo no tiene lugar para discutir los problemas reales que afectan a la vida cotidiana de los trabajadores, ni el hambre, ni la ausencia de posibilidades para las personas que este sistema excluye abiertamente, ni la falta de oportunidades para los jóvenes, ni la situación álgida a la que sometieron a los jubilados y de todos los que sufren por el abandono consciente de las funciones sociales de un Estado cínico y atropellador.

Hoy el 48% de los niños, niñas y adolescentes en Argentina es pobre según un estudio de UNICEF que mide la pobreza multidimensional. De ese 48%, 20 puntos porcentuales corresponden a privaciones “severas” como vivir en una zona inundable y cerca de un basural o no haber ido nunca a la escuela entre los 7 y los 17 años. 6,3 millones de niñas y niños que ven vulnerado el ejercicio efectivo de sus derechos: educación, protección social, vivienda adecuada, saneamiento básico, acceso al agua segura y un hábitat seguro.

Los estudiantes llegan al establecimiento sobrecargados de situaciones altamente complejas y encuentran en la escuela un lugar donde generan vínculos afectivos tendientes a dar atención, afectos, contención, comprensión  y estimulación positiva de su autoestima. Pero esa es una realidad, que si nunca pisaste una pública, no vas a entender.

En este sentido, esa atención y relación vincular que pueden generar con los docentes se sobrepone al conocimiento académico, sin embargo tal vínculo afectivo no puede reducir el compromiso ético, la responsabilidad por enseñar. Quien limite el trabajo docente al solo hecho de transmitir conocimientos no tuvo el orgullo de “caer” en una escuela pública.

El educador y en consecuencia la escuela, es quien amenaza al poder de quienes se educaron con jersey ajustados con escudos chetos en sus bolsillos de pecho de paloma. Amenaza porque su oficio es transformador, revelador, generador de consciencia y cuestionador de cualquier poder.

Tambalean, pero nunca sucumben.

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    La Casa Argentina en París, otro escándalo que el Gobierno de Milei intenta apagar antes de que llegue a Francia

     

    Santiago Muzio renunció a la Casa Argentina en París tras meses de polémicas por su gestión, memoria histórica y vínculos con sectores de ultraderecha.

    Por Redacción de NLI

    La renuncia de Santiago Muzio a la dirección de la Casa Argentina en París cerró, al menos por ahora, un capítulo incómodo para el gobierno de Milei. El funcionario, designado por la actual administración en 2024, dejó el cargo después de meses de cuestionamientos por su gestión, denuncias de residentes y polémicas que incluyeron el retiro de una placa en homenaje a los desaparecidos durante la última dictadura y actividades vinculadas a sectores de ultraderecha. La salida, además, ocurre a pocas semanas de una nueva visita de Milei a Francia, en un contexto en el que el Gobierno habría buscado evitar que el escándalo siguiera creciendo y terminara salpicando directamente al Presidente.

    La Casa Argentina funciona dentro de la Cité Universitaire de París y tiene una particularidad que vuelve especialmente sensible cualquier disputa sobre su conducción: no es simplemente una residencia para argentinos que estudian o investigan en Francia, sino también una institución vinculada con la presencia cultural y académica argentina en el exterior. Por eso, lo ocurrido durante la gestión de Muzio excede una discusión interna sobre administración. La controversia terminó involucrando memoria histórica, convivencia universitaria, política exterior y la orientación ideológica que el Gobierno pretende imprimirle a espacios que tradicionalmente estuvieron vinculados con la universidad pública, la cultura y la investigación.

    Una gestión atravesada por denuncias y polémicas

    Muzio había llegado a la conducción de la Casa Argentina durante el gobierno de Milei y su administración fue acumulando cuestionamientos. El funcionario enfrentaba denuncias y que el Gobierno terminó presionándolo para evitar que el conflicto adquiriera mayor dimensión política antes de la visita presidencial a Francia.

    Uno de los episodios que mayor repercusión generó fue el retiro de una placa que recordaba a los desaparecidos durante la dictadura argentina. El hecho resulta particularmente significativo porque la memoria de los crímenes de lesa humanidad constituye una de las construcciones democráticas más importantes de la Argentina desde 1983 y porque la Casa Argentina se encuentra inserta en un ámbito universitario internacional donde esa dimensión histórica no puede separarse de la propia identidad del país.

    La controversia se profundizó con cuestionamientos relacionados con residentes y con la realización o recepción de encuentros vinculados a sectores de extrema derecha. Distintos medios señalaron que la gestión de Muzio había quedado bajo observación por decisiones internas y por sus vínculos con ámbitos políticos de ese espacio ideológico.

    La combinación es políticamente explosiva para un gobierno que hizo de la batalla cultural uno de los ejes centrales de su identidad: una institución argentina en París, estudiantes y residentes, una placa de memoria retirada y actividades asociadas a la ultraderecha. Todo ello en el marco de una administración que desde su llegada al poder modificó radicalmente el discurso oficial sobre derechos humanos, memoria y el papel del Estado.

    La renuncia de Muzio no borra esos episodios. Apenas cambia el nombre que estará al frente de la institución.

    Cuando el problema deja de ser administrativo

    La salida adquiere otra dimensión si se observa el calendario. Muzio renunció a pocos días de que el escándalo pudiera convertirse en un problema diplomático y político para Milei en Francia. La prensa argentina informó que la salida se produjo en medio de la preocupación oficial por el impacto que la controversia podía tener sobre la visita presidencial y sobre la agenda vinculada a la Paris Week, prevista para fines de septiembre.

    Es allí donde una renuncia aparentemente menor empieza a revelar algo más profundo sobre el funcionamiento del Gobierno.

    La administración Milei ha construido buena parte de su política exterior alrededor de la exposición internacional del Presidente, sus encuentros con líderes extranjeros, sus intervenciones políticas y su particular estrategia de alineamiento con Donald Trump y otros referentes de la derecha global. En ese esquema, cualquier escándalo producido dentro de una institución argentina en el exterior puede dejar de ser un problema burocrático para transformarse rápidamente en una incomodidad presidencial.

    Y la Casa Argentina en París no es un lugar cualquiera. Está en una de las capitales políticas, culturales y diplomáticas más importantes del mundo y dentro de un espacio universitario de enorme visibilidad internacional. Una controversia vinculada con derechos humanos, estudiantes y organizaciones de ultraderecha difícilmente podía permanecer encerrada entre las paredes de una residencia.

    De allí que la renuncia de Muzio pueda leerse también como una operación de control de daños.

    Antes que asumir públicamente el costo político del escándalo, el Gobierno optó por cambiar al funcionario cuestionado.

    El problema de fondo: qué Argentina se representa afuera

    La discusión plantea además una pregunta que excede el nombre de Muzio: ¿qué Argentina quiere representar el gobierno de Milei en sus instituciones culturales y académicas en el extranjero?

    Durante décadas, las casas argentinas en distintas ciudades del mundo funcionaron como espacios de encuentro para estudiantes, investigadores, artistas y ciudadanos que construían su experiencia fuera del país. La política exterior cultural podía tener gobiernos de distinto signo, pero existía una continuidad vinculada con la universidad, la investigación, la cultura y la memoria democrática.

    El modelo libertario introdujo otra mirada sobre el Estado y sobre las instituciones públicas. En su concepción, buena parte de esas estructuras son vistas como espacios atravesados por privilegios, burocracias o intereses políticos que deberían ser revisados, reducidos o directamente eliminados. El conflicto de París aparece así como una expresión pequeña, pero significativa, de una disputa mucho mayor por el sentido de las instituciones argentinas.

    Porque quitar una placa de homenaje a los desaparecidos no es simplemente retirar un objeto de una pared. Tampoco lo es convertir una residencia universitaria en escenario de determinadas disputas ideológicas. Son decisiones que transmiten un mensaje acerca de qué acontecimientos se consideran dignos de memoria y qué sectores políticos son considerados legítimos interlocutores.

    En una institución que lleva el nombre de la Argentina, ese mensaje trasciende al funcionario de turno.

    Por eso la renuncia de Muzio no debería clausurar el debate. Si el Gobierno considera que hubo errores de gestión, deberá explicar cuáles fueron. Si existieron denuncias, deberá aclararlas. Y si la salida estuvo vinculada con la necesidad de evitar un costo político para Milei antes de su visita a Francia, también sería saludable que lo explicara.

    Porque cambiar al director puede apagar momentáneamente los titulares, pero no resuelve las preguntas que dejaron los meses de polémica.

    La Casa Argentina seguirá allí, en París, como una representación del país. Y el verdadero interrogante ahora será qué orientación tendrá esa institución después de la salida de Muzio y si el Gobierno pretende recuperar su perfil académico y cultural o profundizar la transformación ideológica que atravesó su gestión.

    La renuncia puede cerrar una crisis de nombres. Lo que todavía no está resuelto es la crisis de sentido.

     

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