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SOCORRISTAS EN RED NO ENTRA EN CUARENTENA

Socorristas en Red es una red de activistas feministas que se viene organizando desde el año 2012 para dar información y acompañar a mujeres y personas con capacidad de gestar en su decisión de abortar para que lo hagan de manera segura, acompañada y cuidada. La Red forma parte de la campaña por el derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y como red viene activando en distintas geografías por la legalización de la práctica del aborto.

En este artículo nos comparten sus desafíos en esta cuarentena, las estrategias implementadas, los obstáculos, los lazos y redes de fortalecimiento, datos actuales y un poco de historia contextualizada.

Desafíos en cuarentena

Los desafíos que tenemos durante el aislamiento son, tal como lo plantea nuestra compañera Andrea Gonzalez en el informe sobre acompañamientos de interrupciones legales del embarazo editado en mayo en contexto pandemia, las barreras estructurales y sistemáticas que se multiplican y pueden contribuir a que muchas personas pierdan el acceso a los servicios de salud esenciales, es política de socorristas en red exigir y acompañar el reclamo para que se garanticen.

Nuestras estrategias no entran en cuarentena, el socorrismo tampoco, por el contrario redoblamos estrategias y seguimos armando redes de cuidado. Nos preguntamos cómo sostener acompañamientos en territorios que se presentan hostiles con múltiples trabas y obstáculos para garantizar la interrupción legal del embarazo. Con situaciones de maltrato, violencia, mujeres arrojadas a la clandestinidad sin respuestas, con vueltas, mujeres a quienes se las culpa de no registrar el contexto de pandemia.

No pasa en Villa Regina pero en otras ciudades de nuestra provincia esto está sucediendo. Frente a eso las preguntas que nos hacemos es como sostener acompañamientos  en una región cercada por los cordones sanitarios pero también cercada con anterioridad por el odio antiderecho y el desprecio por la vida de las mujeres.

Como desarrollar  el acto de acompañar amorosamente tragando la  rabia que nos producen  las malas prácticas en salud, nos respondemos a eso con mas acompañamiento  también hacia el interior de nuestras grupas. Trabajando con las afectaciones que se producen en este contexto, ayudando a las mujeres a visibilizar esas violencias y a denunciarlas. También estamos informando a las mujeres acerca de las denuncias al 0800-2223444 del Programa Nacional de Salud Sexual, en caso de que las interrupciones no se garanticen.

Con esto no buscamos sentidos punitivos, por el contrario defendemos como premisa que no contarán con nuestro silencio  para sostener su impunidad.

Las socorristas estamos realizando los talleres por videollamadas. Es tan importante para nosotras el encuentro, el cara a cara, las miradas, el sostenernos, que decidimos continuar los talleres por videollamadas Lo que implica poner en juego estrategias de seguridad, de confidencialidad y confianza en modos de hacernos presentes y reconocernos mutuamente en este contexto.

Fortalecer los vínculos con el sector de salud y construir nuevos en aquellos territorios donde aun no estaban. Poniendo a disposición saberes y estrategias que hemos construido a lo largo de todo este tiempo acompañando. Extender los horarios de atención telefónica llevando adelante  procesos de mayor  implicación y afectación en esas llamadas que duran más tiempo, que tienen mayor carga de angustia, que muchas veces el momento de atender esas llamadas es vivenciado como un momento de absoluta urgencia en este contexto de encierro donde parece no haber solución, donde parece no haber opciones.

Lazos, redes y la articulación con el sistema de salud

Con relación a las interrupciones legales del embarazo principios de este mes de mayo publicamos un informe donde analizamos puntualmente lo sucedido con las derivaciones de las interrupciones legales a lo largo de estos 5 años de acompañamiento que están sistematizados y pusimos foco en lo sucedido en el 2019. 

En cinco años registramos 1.508 a derivaciones, vale recordar que este acceso no estuvo exento de obstáculos que pese a la existencia del protocolo de atención integral para personas con derecho a la interrupción legal del embarazo del Ministerio de Salud que está vigente desde abril del 2015, a su vez actualizado el año pasado, se han presentado algunas barreras.

Es nuestro interés pensar y revisar que estas barreras de acceso han podido sortearse en mayor o menor medida, nos hemos encontrado con personal de salud que se compromete a garantizar derechos, que lo hace activamente creando lazos hacia el interior del sistema de salud y hacia el exterior estableciendo lazos con socorristas. Desde allí pensamos que las articulaciones que pudimos establecer tienen que ver con el fuerte trabajo territorial que cada grupa hace en su espacio, trabajo sostenido en el tiempo, trabajo que toma un tenor político pero a la vez pedagógico y que está situado a la condición y el contexto.

Puntualmente en Villa Regina venimos articulando con el comité de ILE que se creó en el Hospital, trabajando  en manera conjunta, tejiendo verdaderas redes y lazos  de confianza mutua de articulación genuina y siempre poniendo el foco tanto les profesionales como las socorristas. El poder hacer esos acompañamientos  que garanticen derechos que sean seguros y que puedan correr al aborto del sentido de la clandestinidad, el sufrimiento, el sentido negativo y poder ponerlo en el plano de la garantía de derechos para poder darle otros sentidos.

Entender que a pesar que el marco legislativo en Argentina establece que hay causales  de interrupción legal sucede que en muchos lugares de dificulta el acceso a la práctica, a veces hay discriminación y violencia, se vulnera el derecho y se las expone a riesgo. Eso es algo que pasa que sigue pasando, pero sobre lo que venimos trabajando sostenidamente para evitar que siga sucediendo

Por un proyecto estructural que excede la legalidad

Socorristas trabajamos y abogamos por un proyecto de ley que escuche a las mujeres, que represente  los deseos y las necesidades de las mujeres. Abogamos y trabajamos activamente como parte de la campaña  para que el aborto sea legal, seguro y gratuito  pero también ponemos nuestros esfuerzos, nuestra amorosidad, nuestra política  y nuestra pedagogía en conseguir correr el horizonte de lo posible así como nos han enseñado nuestras maestras poder pensar más allá, saber que los derechos se conquistan y que la ley no nos va a limitar en nuestras  posibilidades de conquistar los derechos en primera persona, colectivamente, amorosamente y de manera feminista en ese sentido abogamos por un aborto legal, seguro y gratuito, pero que sobre todo sea libre y feminista.

Estrategia de sistematización y producción de conocimiento

Estrategia fundamental es la sistematización de nuestros acompañamientos porque entendemos que nuestro activismo también tiene que ver con producir conocimiento, saberes, estadísticas que acompañen nuestros reclamos para la legalización y la despenalización, y que también sea información que pueda estar a disposición de los circuitos con quienes queremos construir vínculos y lazos. Como por ejemplo el sector de salud y sectores docentes porque nos parece que es un modo de pelear por la despenalización a nivel social.

Génesis y contexto…

Actualmente Socorristas en Red está conformada por un total de 54 colectivas en todo el país. Nosotras consideramos que nos podemos insertar en una genealogía y en una historicidad en estos 15 años de campaña nacional por el derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, porque de hecho cuando las compañeras de la colectiva feminista La Revuelta de Neuquén toman la decisión y asumen como dice nuestra compañera Ruth el deseo arriesgado de proyectar una necesidad y un acompañamiento a abortos, lo hacen en el marco de ciertas condiciones.

En principio, la presencia por el reclamo del aborto legal en los encuentros nacionales de mujeres específicamente a partir de lo que pasó en el encuentro del 2001. También por la existencia desde el año 2005 de dicha campaña nacional como un aspecto que es fundante para esta demanda y para que efectivamente pueda darse en el imaginario la posibilidad de pensar redes de acompañamiento.

La publicación del libro “Todo lo que querés que saber sobre cómo hacerse un aborto con pastillas”  de lesbianas y feministas por la descriminalización del aborto que es del año 2010 y también el escenario abierto de un conjunto de leyes garantistas y avances legislativos que hicieron que en nuestro país; el escenario de alguna manera habilitara y haga posible la materialización de modos de hacer activismo, modos de hacer políticas feministas que tomaran el vacío o ausencia del Estado y pudiesen ofrecer a las mujeres posibilidades de resolver situaciones como lo es la del aborto pero no resolverla de cualquier manera sino teniendo como horizonte resolverlo de manera cuidada, segura, amorosa y feminista.

Grupas en Rio Negro y Neuquén

En algunas situaciones hay más de una grupa por provincia como es el caso de Rio Negro y Neuquén. Por ejemplo en Neuquén hay cuatro: Revuelta Colectiva Feminista en la capital, la grupa de Los Lagos en San Martín y Junín, la grupa de Villa La Angostura y Zapala. En el caso de Rio Negro somos siete: Viedma, Rio Colorado, Villa Regina, en Fiske hay dos (Mal Educadas y Revuelta Fiske) en Catriel y Comarca Andina que nuclea activistas de El Bolsón, Lago Puelo y el Paralelo 42.

Datos

  • De 2014 a 2019: A nivel nacional se encontraron en los talleres con un total de 38.116 mujeres y personas con capacidad de gestar. Acompañaron un total de 31.936 abortos y derivamos de ese total 1.508 interrupciones al sistema de salud.
  • En el 2018 Socorristas en Red acompañó un total de 7.280 abortos, derivando 301 al sistema de salud.
  • En el 2019 acompañaron 12.575 abortos derivando 802 acompañamientos al sistema de salud.
  • Durante la pandemia se han acompañado 3.832 mujeres y tres varones trans a abortar. En Rio Negro un total de 138 y en Neuquén un total de 329.
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  • Argentina, racismo y demonización

     

    Termina un Mundial con Argentina demonizada como nunca antes en la prensa internacional, en redes sociales, en las conversaciones. Todavía no sabemos las consecuencias que tendrá esto en el futuro: los estereotipos y las fake news tienden a perdurar durante décadas. Es un buen momento para que abramos los ojos y veamos la facilidad con la que pueden desplegarse campañas de este tipo también para incidir en una elección o desacreditar a ciertas personas e ideas. 

    De las acusaciones vertidas, sólo me voy a concentrar en las que involucraron la relación entre la Argentina y el racismo. Fueron varias. Por una parte, se retomó la antigua acusación de que nuestro país está lleno de nazis y que cobijó a los criminales de la Segunda Guerra Mundial. Como ya expliqué en otro sitio, ese es un estereotipo falso, sembrado por Estados Unidos en la década de 1940 y replicado por el antiperonismo local. Desde entonces nos persigue, sin que haya motivos reales para eso. Al mismo tiempo, sin que a nadie le parezca contradictorio, esta vez también se acusó a la Argentina por estar bancando a Israel en el genocidio que lleva a cabo. En este caso, corresponde hacerse cargo: con Milei, nuestro país está apoyando activamente la mostruosidad en curso en Gaza, Cisjordania y Líbano. Somos el único país del mundo, junto a Estados Unidos, que todavía sostiene a Israel. Es triste, pero en esa acusación hay verdad y corresponde que nos avergoncemos. Incluso si la abrumadora mayoría de los argentinos condena las atrocidades de Israel.

    Pero la acusación de racismo más insidiosa es la que involucró el racismo argentino contra los afrodescendientes y, en menor medida, los pueblos originarios. Ya en el Mundial anterior había aflorado, con la pregunta de por qué nuestra Selección no tiene jugadores negros. En ese momento, escribí una nota explicando por qué era absurda. Tan absurda, que alcanza con invertirla: si en países como EE.UU., Inglaterra o Francia hay tantos jugadores negros, no es por la ausencia de racismo de sus sociedades, sino precisamente, por lo contrario. Es la espantosa historia colonial y de segregación de esos países lo que explica que vivan allí amplias poblaciones afrodescendientes, trasladadas a la fuerza u obligadas a migrar a sus antiguas metrópolis por la pobreza que ellas mismas trajeron a sus pueblos sometidos. Como expliqué en aquella nota, Argentina tuvo jugadores negros en su seleccionado bastante antes que casi todos los países europeos. Y siguió teniendo afrodescendientes luego, como lo era Maradona, solo que su aspecto físico no lo delataba. ¿Por qué? Porque sus ancestros africanos tuvieron descendencia aquí mezclándose con blancos. Algo que las leyes de segregación racial de EE.UU. o las costumbres de los europeos retrasaron mucho tiempo más.

    El racismo es una cuestión demasiado importante como para discutirla de la manera idiota en la que lo estamos haciendo. Les voy a proponer respuestas a dos preguntas diferentes. La primera: ¿Hay racismo en la Argentina? La segunda: ¿Es la Argentina un país particularmente racista por comparación con los demás?

    El racismo, ¿qué cosa es?

    Antes que nada, una definición. El racismo es una forma de acción discriminativa. Eso quiere decir que separa, ordena y jerarquiza a las personas. No es la única. En nuestras sociedades también se separa y jerarquiza a las personas según su clase social, sus hábitos, su género, etc. Lo característico del racismo es que la discriminación parte de la idea de que hay algo en el cuerpo de las personas discriminadas que las hace inferiores, algo que transmiten a su descendencia a través de algún vector biológico, como la sangre o los genes. 

    Termina un Mundial con Argentina demonizada en la prensa internacional, en redes sociales, en las conversaciones. No sabemos qué consecuencias tendrá a futuro: las fake news tienden a perdurar durante décadas.

    Decir que es una acción discriminativa significa que no es una mera opinión; quiere decir que jerarquiza a las personas de forma efectiva y sistémica. No hay racismo sólo porque un individuo opine mal de otro. El racismo no es una mera cuestión de palabras mal dichas, de ofender verbalmente a alguien. Existe cuando una comunidad entera es víctima de una discriminación que se plasma materialmente, de maneras reales y concretas, porque se la imagina racialmente inferior. 

    Una sociedad es racista cuando existen prejuicios sobre la ancestría de algunas personas que hacen que tengan menos oportunidades económicas, menos derechos civiles o políticos, o que sean violentadas. El racismo no se acaba cuando una sociedad aprende a no decir palabras incorrectas y a tratarse con amabilidad. Tampoco, cuando algún individuo excepcional de la comunidad discriminada consigue algún lugar de poder o de reconocimiento. 

    En Estados Unidos aprendieron a no usar la “N-word” y en 2009 eligieron un presidente negro. ¿Dejaron de ser racistas? En absoluto: la población afroestadounidense sigue siendo despreciada, sigue ocupando los peores trabajos y ganando menos, sigue siendo objeto de una violencia policial y judicial espeluznantes; las élites económicas siguen siendo abrumadoramente blancas. 

    El mundo moderno se estructuró en torno de la discriminación racial. Hasta donde sabemos, fue en la España medieval tardía donde apareció por primera vez el pensamiento racial, la idea de que ciertos cuerpos transmiten a su descendencia algún elemento que los hace inferiores. La usaron inicialmente para segregar a judíos y musulmanes. Luego, cuando colonizaron América, aplicaron ese mismo pensamiento para separar y jerarquizar a las personas según su color y su ancestría. Cuando otros países, como Francia e Inglaterra, se sumaron a España y Portugal en la empresa de colonizar territorios ajenos y secuestrar y esclavizar africanos, adoptaron y desarrollaron aún más ese racismo. 

    Buena parte del vocabulario racista de las lenguas inglesa y francesa deriva del castellano. La idea de la superioridad de una “raza blanca” se difundió por todo el mundo, junto con la asociación de lo negro o lo no-blanco con lo abyecto o inferior. Todavía hoy, por todas partes, esas nociones organizan jerarquías materiales, reales, entre las personas. Por todas partes, las personas de tez blanca y ascendencia europea gozan de privilegios. Los países del norte colonial siguen extrayendo recursos y trabajo barato del mundo que alguna vez colonizaron y de las personas no-blancas que deben migrar. Eso es racismo. Los pueblos no-blancos siguen siendo objeto de violencias interminables que les propina el “mundo libre”. Que caigan bombas con tanta facilidad sobre poblaciones negras y marrones: eso es racismo. Vivimos en un mundo profundamente racista. No hay país que pueda decir de sí mismo que está libre de racismo. Incluso las personas racializadas, a veces, internalizan el racismo como autodesprecio. Está por todas partes.

    ¿Es Argentina un país racista?

    Por supuesto que Argentina es un país racista, como lo son todos los de América Latina y del resto del mundo. Negarlo sería absurdo y, además, contribuye al estereotipo que hoy nos golpea. Ser incapaces de reconocer el racismo propio es signo de que ni siquiera lo ves. 

    Argentina surgió de una colonia española organizada, como las demás, según una jerarquía de “castas”. Buenos Aires fue un importante puerto para el tráfico de esclavos. Los hubo por todas partes en el territorio nacional. Como en toda América, los esclavizados fueron objeto de violencias espantosas. Lo mismo vale para los indígenas. Hacia 1830, los negros y mulatos eran el 30% de la población porteña y más en otras ciudades. Luego de 1860 ya todos libres, los negros siguieron siendo despreciados. También los indígenas y mestizos. A más tardar a fines del siglo XIX, además, nuestras clases altas comenzaron a transferir sobre la totalidad de las clases populares los estigmas que antes dirigían a los afrodescendientes. Desde entonces, se considera que un pobre es “un negro”, tenga o no la piel oscura. ¿Por qué? Porque se presupone que, aunque no la tenga, su cuerpo está “contaminado” por sus mezclas y contactos con cuerpos no-blancos. 

    Lo que importa es la materialidad del racismo, lo que padece un cuerpo no blanco en una sociedad dominada por blancos.

    La discriminación sobre base racial sigue siendo constitutiva de la sociedad argentina. Lo vemos en la distribución desigual de las oportunidades económicas: si uno toma una muestra del 10% más rico y el 10% más pobre de nuestra población, verá diferencias muy evidentes en los aspectos físicos. Tal como pasa en todo el mundo Atlántico, los cuerpos de tez oscura siguen teniendo las peores oportunidades y acceden con mucha menor frecuencia a posiciones de prestigio o poder. Los cuerpos de tez blanca siguen beneficiándose de su trabajo barato. En segundo lugar, lo vemos en la violencia: tal como sucede en todas partes, las personas no-blancas (o imaginadas como tales) tienden a sufrir maltratos mucho más severos por parte de la policía, el Poder Judicial y otras agencias del Estado y también en los ámbitos privados. En tercer lugar, lo vemos en los persistentes estereotipos negativos que circulan en las conversaciones, en la publicidad, entre los políticos, que representan a “los negros” (recuerden, no solo, ni particularmente a los afrodescendientes, sino más bien el conjunto de las clases populares) como una población de calidad inferior. Estos tres elementos son muy frecuentes en casi todos los países. 

    El cuarto elemento es más distintivo. Argentina es uno de los poquísimos países de América Latina, junto con Costa Rica, que se imagina como una nación racialmente “blanca” y culturalmente “europea”. Otros varios países se imaginan “blancos” pero no solamente europeos. En casi todos los demás países de la región, las élites propusieron narrativas de unidad que invitaban a sus ciudadanos a imaginarse como una nación mestiza o heterogénea en sus colores, y heredera de influencias culturales más variadas, incluyendo las africanas e indígenas. Esta fantasía de ser un país blanco agrega al racismo argentino un elemento más, que se ha hecho notar numerosas veces, sobre todo entre nuestros vecinos. Recuerden los revuelos que se armaron en toda la región cuando Macri y de nuevo Alberto Fernández, intentando diferenciarse y presentarnos como superiores, sostuvieron que “los Argentinos descendemos de los barcos”. En este último punto, es justo que al menos los hermanos latinoamericanos estén resentidos con nosotros. Es una fantasía insostenible y perniciosa, hacia adentro y hacia afuera. 

    ¿Es Argentina un país especialmente racista, más que otros?

    Esta pregunta es más difícil de responder, pero mi opinión es que definitivamente no si la comparación es con el hemisferio norte. Posiblemente un poco más que algunos países latinoamericanos, un poco menos que otros, pero tampoco aquí parecerían haber diferencias muy considerables, quitando la de los discursos oficiales de la nación, que por supuesto es importante.

    Hay pocas encuestas comparativas confiables que permitan responder sobre bases firmes. En las que hay, por ejemplo, los argentinos perciben en un porcentaje muy alto que en nuestro país sí hay discriminación étnica o racial. El porcentaje, sin embargo, es comparable al de otros países de la región y del mundo. Es decir: los argentinos no tenemos dificultades para percibir el racismo propio, incluso cuando individualmente muchos lo nieguen. Otra encuesta internacional preguntó “¿Te molestaría tener un vecino de otra raza?”: la Argentina dio uno de los porcentajes más bajos del mundo, por debajo de Estados Unidos o Francia y muy por debajo de México o España.

    Ahora, percepción no es realidad. ¿Cómo se comparan los países en términos de la materialidad de sus racismos? Si la comparación es con Estados Unidos, creo que no hay discusión posible. No es mucho decir, en verdad, porque el país del norte ha tenido una historia de violencia racista bastante extrema, sólo comparable a la de la Sudáfrica del apartheid o la Alemania nazi. De hecho, pocos lo saben, pero los nazis se inspiraron en el ejemplo estadounidense para poner en pie su sistema de segregación racial. 

    Estados Unidos abolió la esclavitud en 1866 luego de una guerra civil tremenda, porque los blancos del sur se oponían. Pero a eso no siguió la igualdad, sino un régimen de segregación racial que duró otros cien años. Se prohibió por ley el casamiento e incluso el sexo entre blancos y negros. En buena parte del país tuvieron escuelas, hospitales, transporte, barrios, espacios de sociabilidad, etc. separados. Incluso muchos sindicatos obreros eran segregados. En el siglo XIX y durante buena parte del siguiente existieron agrupaciones de blancos suprematistas con cientos de miles de militantes que perseguían y aterrorizaban a los negros. Todavía existen hoy, aunque con menos adherentes. Se documentaron más de 5 mil linchamientos y hubo decenas de episodios de motines en los que blancos atacaban poblados o barrios negros. Los afroestadounidenses del sur solo consiguieron desmantelar el sistema de segregación legal y acceder al derecho al voto efectivo luego de 1960. El último estado que retiró de su constitución la prohibición del casamiento interracial fue Alabama: lo hizo recién en el año 2000, tras un referéndum en el que 40% de los votantes todavía se manifestaron a favor de sostenerla.

    Que caigan bombas con tanta facilidad sobre poblaciones negras y marrones: eso es racismo.

    Todavía hoy en Estados Unidos la población negra está económicamente subordinada y es objeto de una violencia constante. La vida cotidiana de la gente común está por supuesto más integrada que en 1960, pero se siguen notando las formas espontáneas (y no tanto) de segregación. 

    Por contraste, Argentina comenzó a desmantelar la esclavitud apenas se independizó, sin que hubiese resistencias considerables. En 1831 concedió el derecho al voto a todos los varones libres, del color que fuesen. Los últimos esclavizados que quedaban, para entones no muchos, fueron liberados en 1860, y las leyes no hacían diferencias de color u origen étnico. Luego de esa fecha, Argentina no conoció formas de segregación racial, ni legales, ni informales o privadas que fuesen explícitas. A pesar de que los prejuicios raciales abundaban, al menos en Buenos Aires, la vida de sus clases populares estuvo bastante integrada. Los casamientos entre blancos y negros fueron muy comunes y la sociabilidad fue mixta desde muy temprano. No existieron las asociaciones suprematistas y los historiadores no han podido documentar ni un solo linchamiento o motín antinegro. 

    La población negra de la Argentina fue perdiendo visibilidad, un poco por la disminución de su número relativo cuando llegó el aluvión de inmigrantes europeos, otro poco porque los casamientos mixtos fueron atenuando las diferencias perceptibles, y bastante por la presión blanqueadora de los discursos oficiales de la nación.

    En los últimos pocos años, el Estado argentino tomó políticas de reconocimiento y reparación de esa invisibilización y hoy la Argentina exhibe el rostro de una mujer negra en uno de sus billetes (algo que en Estados Unidos proponen desde hace décadas pero todavía no avanzó).

    Respecto de Europa, la comparación también parecería favorable. En Inglaterra, por ejemplo, los motines de blancos contra población no-blanca fueron abundantes; todavía en 2026 hubo varios muy graves. Siendo uno de los países del mundo que más inmigración recibió, los episodios de violencia xenofóbica en Argentina fueron muy menores y hoy casi no se registran. Por supuesto que existen prejuicios y violencia policial contra inmigrantes, pero en sus actitudes la sociedad argentina ha sido bastante más receptiva que Francia, Italia o incluso España, donde los ataques organizados de blancos contra inmigrantes son muy habituales. 

    El supuesto “multiculturalismo” —la idea de una convivencia de etnicidades en pie de igualdad— es poco más que una narrativa de unidad. Es una fantasía, lo mismo que la de la “Argentina blanca” o la del Brasil “democracia racial”. No es en absoluto una descripción de la realidad. En muchos casos, de hecho, funciona como una sutil continuidad de las expectativas de segregación: todas las “razas” deben vivir en armonía y respeto mutuo, a condición de que no se mezclen. Cada una con su cultura, pero separadas.

    Queda, por supuesto, el aspecto más superficial de la cuestión: el lenguaje. Es cierto que, por la tensión en sus relaciones interétnicas, Estados Unidos y Europa se han habituado a erradicar de sus discursos públicos cualquier palabra o alusión que pudiese sonar racista. Por contraste, los argentinos son bastante incontinentes en esto, como en todo. Especialmente en contextos futboleros. Pero nuevamente aquí: que los argentinos no hayamos adoptado la fantasía del multiculturalismo para lidiar con nuestra heterogeneidad, ni el vocabulario que utilizan en el norte para nombrar sus diferencias, no significa que el racismo sea aquí mayor. 

    Discutir el racismo en nuestros propios términos

    Además de afectar la reputación del país, la campaña de demonización de la Argentina también está impactando negativamente en la lucha de los afroargentinos, los indígenas y los marrones. En estos días vimos replicarse decenas de posteos, con intención supuestamente antirracista, que afirmaban, por ejemplo, que en la Argentina “no hay negros” porque hubo una política deliberada de exterminio. El dato no solo es falso (nunca hubo tal exterminio), sino que, además, termina negando todavía más la existencia de los afroargentinos, que vienen luchando hace décadas para salir de la invisibilización. Por el foco en la presencia o no de personas afrodescendientes de piel muy oscura, omite completamente la consideración de los demás grupos racializados en nuestro país.

    Es fundamental que retomemos el debate sobre el racismo en nuestros propios términos, sin importar agendas pensadas para sociedades de otro tipo. El debate antirracista en Estados Unidos, por caso, suele omitir completamente la relación entre etnicidad y clase, sin la cual el racismo en América Latina es incomprensible.

    Recuerden: lo que importa, antes que nada, es la materialidad del racismo, lo que padece realmente un cuerpo no blanco en una sociedad dominada por blancos. Seguramente, los estadounidenses, europeos o latinoamericanos que hoy demonizan a la Argentina como “el país más racista del mundo”, encuentran útil desligarse de sus propios problemas endilgándoselos a otro. Lo peor que podríamos hacer nosotros es eso mismo: combatamos los estereotipos prejuiciosos que emergieron en este Mundial, sin negar los problemas que tenemos y sin dejar de trabajar para mejorar nuestra sociedad. En nuestros propios términos.

    La entrada Argentina, racismo y demonización se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • El axelismo define el candidato a gobernador a fin de año y se entusiasma con una PASO con Otermin o Achaval

     

    En el armado político de Axel Kicillof buscarán tener definido un candidato único para la provincia de Buenos Aires sobre fin de año, al tiempo que se entusiasman con una PASO con Federico Otermin o Federico Achaval, los dirigentes posicionados en el Grupo AFA.

    Un candidato propio que pueda continuar con las políticas de los últimos seis años en la provincia es el escenario ideal para el Movimiento Derecho al Futuro. Pero mejor es todavía, si ese candidato se consolida en una PASO.

    Gabriel Katopodis y Julio Alak son los referentes del axelismo que salieron a posicionarse como precandidatos para suceder a Kicillof en La Plata.

    El ministro de Infraestructura busca demostrar gestión y cercanía con la gente. Tiene el respaldo de muchos intendentes gracias a una relación que consolidó con años de trabajo. Quizás su mayor debilidad es que el ajuste del gobierno libertario frenó obras importantes en la provincia, incluso muchas que tenían un financiamiento internacional comprometido.

    Los intendentes refuerzan contactos con la Iglesia para contener la crisis social

    El intendente de La Plata también se lanzó a la carrera por la gobernación. Su experiencia en múltiples cargos nacionales, provinciales y municipales son su capital más fuerte. Alak empezó a moverse con la vieja guardia del peronismo en una estrategia para captar votos de un peronismo de derecha.

    Por el momento, los movimientos de Katopodis y Alak son lentos y dispersos, una campaña de baja intensidad en el marco de un escenario político adverso.

    Nicolás Mantegazza, Gastón Granados, Federico Otermin y Federico Achaval.

    Dentro del universo del axelismo también aparece el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, quien la semana pasada volvió a pedir licencia para dejar finalmente al frente del municipio a su esposa Magdalena Sierra.

    Fuentes de ese distrito sostienen que Ferraresi está convencido de que no habrá cambios en la ley que prohíbe a los intendentes más de dos mandatos consecutivos y por tanto cree que es momento que Sierra se consolide como la candidata para el año próximo. Mientras tanto, buscará posicionarse como una opción para suceder a Kicillof en la provincia.

    En tanto, nadie descarta que surja otro candidato en las próximas semanas. Por caso, LPO adelantó que el ministro de Salud, Nicolás Kreplak encargó una encuesta en la que indaga sobre sus chances de ser candidato.

    Caputo le traba a Kicillof obras que cuentan con créditos internacionales aprobados

    Kreplak no forma parte del Movimiento Derecho al Futuro, pero es un ministro muy cercano a Kicillof y se sabe que el gobernador lo quiere en su espacio político. Sin embargo, Kreplak evita romper con Máximo y Cristina Kirchner y busca mantener puentes abiertos con los dos espacios.

    Para el axelismo la consolidación de un candidato a gobernador a través de una PASO es importante. Por eso ven con buenos ojos al Grupo AFA, el armado de intendentes donde confluyen Otermin (Lomas), Achaval (Pilar), Gastón Granados (Ezeiza) y Nicolás Mantegazza (San Vicente).

    En el MDF creen incluso que en algunos aspectos ese grupo está más ordenado que el propio axelismo, donde todo es más disperso.

    «Tengo una decisión clara que es seguir haciendo política. Caminé este último tiempo junto a otros compañeros.Es tiempo de construir, de ponernos de acuerdo», dijo Achaval este miércoles al canal de streaming Uno Tres Cinco.

    El intendente eludió posicionarse como el principal candidato del grupo y disparó elogios no solo para Granados, Mantegazza y Otermin. Sino también para Gustavo Cocconi (Tapalqué), Juan Pablo García (Dolores) y Gustavo Walker (Pila), probablemente jefes comunales que el Grupo AFA busca acercar al espacio.

    El objetivo del Grupo AFA es consolidarse como una cuarta pata dentro del peronismo de la provincia a la par que el kirchnerismo, el axelismo y el massismo. El espacio nace tras la elección de septiembre del año pasado donde fue clave el arrastre electoral de los municipios del conurbano para la victoria de Kicillof en la elección legislativa bonaerense.

     

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