A principios de este año la Municipalidad de Villa Regina, en un trabajo en conjunto en el que intervinieron la Secretaría de Obras y Servicios y las Direcciones de Cultura y de Deportes, comenzó con las tareas de mejoramiento del skatepark, espacio al que su constante uso había provocado su deterioro.
El proyecto de restauración del skatepark, que había sido inaugurado en el 2015 y al que nunca se le habían realizado mejoras, fue elaborado para ser ejecutado en distintas etapas.
En la primera, el ‘lavado de cara’ o intervención, para mejorar las partes rotas y luego cubrirlas con una base de pintura negra para aplicar posteriormente el arte del graffiti, un aliado de la cultura rider. A cargo de la intervención está el artista local Marcos Ulloa, conocido como ‘Lizo’, quien ya trabajó sobre el skatepark y es conocido por quienes asisten a practicar.
‘Lizo’ dividió el trabajo: primero se restaura, luego se le da una base de pintura y finalmente se aplica el arte del graffiti. Mientras se lleva a cabo esta etapa se va trabajando sobre la siguiente: iluminación, cartelería y agua.
El proyecto completo culmina con la extensión de una de sus plataformas de aterrizaje, que es de suma importancia para la seguridad de quienes entrenan. Además esta extensión serviría para diferentes manifestaciones artísticas ya que el predio alrededor del skatepark también es utilizado por artistas para dar recitales, batallas de rap, etc.
A su vez se planifica otro playón donde puedan jugar y practicar los/as más pequeños/as y que no corran riesgos ya que muchas personas van con niños/as y consideran erróneamente que el skatepark cumple las funciones de una plaza con juegos y no es así. Es por esto que la cartelería juega un papel importante, brindando el soporte al deportista para explicar que el espacio es de uso exclusivo para el desarrollo de la actividad en todas sus disciplinas y en todos sus estadíos como también el uso de casco y otras protecciones.
El skate park es el único espacio habilitado para la práctica de ciertos deportes como skate, bmx, rollers, monopatín.
Recomendaciones:
*Respetá a quienes están entrenando
*Usá el skatepark de acuerdo a tu nivel
*Usá los elementos de protección
*El skatepark es exclusivo para la práctica deportiva
(La nota fue elaborada a partir de la publicación de ‘La Tapa)
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Una página que durante décadas se creyó perdida de uno de los manuscritos más importantes de la Antigüedad reapareció inesperadamente en un museo francés. El hallazgo vuelve a poner en el centro de la investigación histórica y científica al célebre matemático griego Archimedes of Syracuse y a uno de los documentos más extraordinarios que transmitieron su obra a la posteridad.
Por Alcides Blanco para NLI
Un manuscrito clave de la ciencia antigua
El llamado Palimpsesto de Arquímedes es un manuscrito griego del siglo X que conserva copias de varios tratados del sabio de Siracusa. En la Edad Media, parte de esos textos matemáticos fue raspada para reutilizar el pergamino, una práctica habitual porque el material —fabricado con piel animal— era extremadamente costoso. Sobre esa superficie borrada se escribieron posteriormente textos religiosos.
Ese proceso de reutilización es lo que se conoce como palimpsesto: un documento cuyo texto original fue parcialmente eliminado para escribir otro encima.
Durante siglos el manuscrito circuló entre distintos centros culturales del mundo mediterráneo. Se conservó primero en Jerusalén y luego en Constantinopla (actual Estambul), antes de entrar en colecciones privadas europeas.
Hoy el documento se encuentra en el Walters Art Museum, en Estados Unidos, aunque durante décadas los investigadores sólo pudieron estudiarlo a partir de fotografías tomadas en 1906 por el historiador danés Johan Ludvig Heiberg.
La página perdida reaparece en un museo
La sorpresa llegó cuando el investigador Victor Gysembergh, del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS), identificó una de las páginas desaparecidas en el Musée des Beaux-Arts de Blois, en el centro de Francia.
El folio corresponde a la página 123 del palimpsesto, una de las tres hojas que figuraban en las fotografías de 1906 pero que posteriormente habían desaparecido y se consideraban perdidas. La comparación directa con esas imágenes permitió confirmar su autenticidad.
El documento contiene un fragmento del tratado matemático “Sobre la esfera y el cilindro”, uno de los trabajos fundamentales de Arquímedes, específicamente las proposiciones 39 a 41 del primer libro. En la hoja aún se distinguen diagramas geométricos originales vinculados a esos razonamientos matemáticos.
Un texto oculto bajo una ilustración moderna
El folio presenta una particularidad que dificulta su lectura completa. En uno de sus lados el texto de Arquímedes todavía es visible, aunque parcialmente cubierto por oraciones escritas en épocas posteriores.
El reverso, en cambio, está oculto bajo una iluminación añadida en el siglo XX que representa al profeta bíblico Daniel entre dos leones. Esa ilustración habría sido agregada alrededor de 1942 por un propietario del manuscrito, posiblemente para aumentar su valor en el mercado.
Debajo de esa pintura se sospecha que todavía se conserva el texto antiguo, aunque por ahora no puede leerse con métodos convencionales.
Tecnología moderna para revelar el pasado
El descubrimiento abre la puerta a nuevas investigaciones. El equipo científico planea aplicar técnicas avanzadas como imágenes multiespectrales y análisis de fluorescencia de rayos X con sincrotrón para intentar recuperar las palabras ocultas bajo la pintura.
Métodos similares ya permitieron, a comienzos de los años 2000, revelar partes del palimpsesto que durante siglos permanecieron invisibles. Aquellas campañas de análisis sacaron a la luz textos desconocidos de Arquímedes y fragmentos de obras filosóficas antiguas.
Un recordatorio de cuánto queda por descubrir
El hallazgo demuestra que incluso los documentos más estudiados de la historia antigua todavía pueden deparar sorpresas. Una página que parecía perdida durante décadas estaba, en realidad, guardada en los archivos de un museo.
Para los historiadores de la ciencia, cada fragmento recuperado del palimpsesto permite reconstruir mejor el pensamiento matemático de Arquímedes, uno de los mayores científicos de la Antigüedad y figura central en el desarrollo de la geometría y la física. Y también recuerda algo fundamental: la historia del conocimiento aún está llena de páginas por redescubrir.
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En apenas tres días, dos resoluciones del INCUCAI dejaron al descubierto un cambio profundo: mientras el financiamiento público de la ciencia y la salud cae de manera sostenida, el propio Estado empieza a cobrarle más caro —y sin excepciones— a sus propias instituciones. El giro no es aislado: se inscribe en una lógica más amplia que atraviesa organismos regulatorios, sistema científico y hospitales públicos.
Por Amparo Lestienne para NLI
El caso INCUCAI: de la excepción al cobro universal
El punto de partida es la Resolución INCUCAI 84/2026, publicada el 27 de marzo. La norma actualiza los aranceles para la evaluación de protocolos de investigación clínica vinculados a trasplantes y uso de órganos, tejidos y células, con el objetivo explícito de “asegurar los recursos operativos y técnicos” del organismo.
Pero el dato clave estaba en su artículo 2°: mantenía la lógica histórica del sistema argentino al eximir del pago a hospitales públicos, universidades nacionales y Fuerzas Armadas.
Esa excepción no era un detalle menor, sino la continuidad de un principio consolidado en normativas previas. Por ejemplo, ya en la Resolución 128/2019 del propio INCUCAI se establecía exactamente la misma exención para el sector público, en línea con la idea de que la investigación sanitaria estatal no debía ser tratada como una actividad comercial.
Sin embargo, apenas tres días después, el 30 de marzo, llegó la Resolución INCUCAI 95/2026, que directamente eliminó esa excepción. El resultado es contundente: el Estado empezó a cobrarle a sus propios hospitales y universidades por investigar.
Un cambio de lógica: del financiamiento a la autofinanciación
El argumento oficial es técnico: los protocolos requieren financiamiento y, por lo tanto, deben cubrir los costos regulatorios. Pero detrás de esa justificación aparece una transformación más profunda.
Históricamente, el sistema funcionaba bajo una premisa clara: la investigación pública en salud es parte del sistema sanitario y, por lo tanto, es financiada por el Estado. Eso implicaba que los organismos regulatorios podían cobrar aranceles, pero hacían excepciones cuando el actor era público.
Hoy esa lógica se invierte: todos los actores —incluso los públicos— deben pagar por el servicio estatal. Este cambio no surge en el vacío. Está directamente vinculado con el deterioro del financiamiento general del sistema científico.
El telón de fondo: caída del presupuesto científico
Según distintos informes y análisis del sistema nacional de ciencia y tecnología, el financiamiento público del sector atraviesa una contracción sostenida. Entre 2023 y 2026, la inversión estatal acumula una caída real estimada entre el 30% y el 40%, como resultado de la combinación entre recortes presupuestarios y el efecto de la inflación. En paralelo, la participación de la ciencia en el producto bruto interno se redujo a niveles por debajo del 0,3%, cuando en años anteriores se ubicaba en torno al 0,5%.
En términos concretos, el deterioro no es homogéneo sino que golpea con mayor intensidad en áreas clave del sistema. Las transferencias a universidades nacionales y organismos públicos muestran recortes que, en términos reales, se ubican entre el 25% y el 35%, afectando el funcionamiento cotidiano de institutos, laboratorios y proyectos en curso. A esto se suma el deterioro sostenido de los ingresos del personal científico y técnico, cuyos salarios perdieron aproximadamente entre un 20% y un 30% de su poder adquisitivo, mientras que la inversión en equipamiento —fundamental para sostener la capacidad experimental— registra caídas aún más pronunciadas, que en algunos casos superan el 50% en términos reales.
En este escenario, organismos como el CONICET ven afectada su capacidad de sostener proyectos, becas y estructuras de investigación, lo que introduce tensiones crecientes en todo el sistema científico.
ANMAT y el modelo de tasas: el antecedente silencioso
Este viraje tampoco es nuevo en la administración pública. La ANMAT funciona desde hace años con un sistema de aranceles para trámites regulatorios, donde cada procedimiento tiene un costo asociado.
Lo que cambia ahora no es la existencia de aranceles, sino su alcance: antes aplicaban principalmente a actores privados; ahora tienden a universalizarse. Es decir, el modelo basado en tasas por servicio empieza a expandirse a otros organismos, pero sin las protecciones históricas para el sector público.
La tensión central: menos presupuesto, más costos
La combinación de estas dos dinámicas —menor financiamiento y mayor carga arancelaria— configura una tensión estructural difícil de sostener en el tiempo. Por un lado, el Estado reduce su inversión directa en ciencia y salud; por otro, incrementa los costos que deben afrontar sus propias instituciones para desarrollar investigaciones.
Esto implica que universidades públicas, hospitales y centros de investigación no sólo cuentan con menos recursos, sino que además deben destinar parte de esos fondos a cubrir aranceles regulatorios que antes no existían para ellos. La consecuencia es una presión creciente sobre estructuras ya debilitadas.
El resultado es una paradoja evidente: el Estado se retrae como financiador, pero se consolida como cobrador.
Especialistas y debate: el riesgo de mercantilización
En el ámbito científico y sanitario, este tipo de transformaciones suele encender señales de alerta. Diversos análisis en políticas públicas advierten que, cuando se reducen los recursos estatales y se trasladan costos a los propios actores del sistema, tienden a producirse efectos previsibles: disminución en la cantidad de proyectos, mayor dependencia de financiamiento externo y desplazamiento de investigaciones hacia áreas con retorno económico más inmediato.
La investigación clínica en hospitales públicos suele estar orientada a necesidades sanitarias concretas de la población y no a intereses de mercado
En el caso de la salud, el impacto puede ser aún más sensible, porque la investigación clínica en hospitales públicos suele estar orientada a necesidades sanitarias concretas de la población y no a intereses de mercado. Buena parte de la producción científica argentina en salud se genera en estos ámbitos, donde la práctica asistencial se articula con la investigación sobre pacientes reales y problemáticas locales.
Ese rasgo tiene antecedentes históricos claros. La Misión de Estudios de Patología Regional Argentina, impulsada por Salvador Mazza, desarrolló en el siglo XX investigaciones clave sobre enfermedades como el Chagas, a partir del trabajo territorial en regiones postergadas del país. Difícilmente ese tipo de investigación hubiera sido financiado por el sector privado, dado que su lógica no era la rentabilidad sino la respuesta a una problemática sanitaria concreta.
Ese mismo patrón se replica, con otras formas, en la actualidad. Hospitales públicos de referencia como el Hospital Nacional Profesor Alejandro Posadas combinan atención médica, formación profesional e investigación clínica orientada a enfermedades prevalentes en su población, muchas veces vinculadas a sectores sociales vulnerables y sin atractivo comercial para la industria.
El problema es que este tipo de investigación —centrada en necesidades reales y no en retornos económicos— depende estructuralmente del financiamiento público. Cuando ese financiamiento se reduce y, al mismo tiempo, se introducen costos adicionales para investigar, el riesgo no es sólo cuantitativo sino cualitativo: no sólo se investiga menos, sino que se empieza a investigar otra cosa.
Conclusión: un cambio silencioso pero estructural
Lo ocurrido entre el 27 y el 30 de marzo con el INCUCAI no es un episodio aislado ni meramente administrativo. Es la expresión concreta de un cambio más amplio en la forma en que el Estado se vincula con la ciencia y la salud: menos financiamiento directo, eliminación de excepciones históricas y expansión de esquemas de arancelamiento.
En ese nuevo escenario, el sistema deja de apoyarse en la lógica de política pública para acercarse a un modelo de servicios, donde investigar ya no sólo depende del conocimiento y la capacidad técnica, sino también de la disponibilidad de recursos para pagar por ello.
La incógnita que queda abierta es tan estructural como urgente: hasta qué punto puede sostenerse un sistema científico y sanitario público cuando se le exige autofinanciarse en un contexto de retracción presupuestaria.
Pasó un nuevo fin de semana que pudo ser disfrutado en la ciudad a partir de las propuestas de la Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina. El viernes se llevó a cabo ‘Coloreando mi ciudad’ edición Soy Turista en la que unos 20 niños y niñas de entre 8 y 12 años…
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