La Municipalidad de Villa Regina informa que durante los días 5 y 6 de noviembre se desarrollará el Segundo Torneo Deportivo de Inclusión del Comahue de Goalball, organizado por el Consejo Local para la Personas con Discapacidad.
El mismo se disputará en el polideportivo Cumelen y la ciudad estará representada por el equipo ‘La Perla del Valle’ que competirá con otros equipos de Río Negro y Neuquén.
El goalball es un deporte de equipo para jugadores con ceguera o baja visión severa. Se basa en el uso del sentido auditivo para detectar la trayectoria de la pelota en juego y requiere una gran capacidad de orientación especial para saber estar situado en cada momento, en el lugar adecuado, con el objetivo de interceptar o lanzar la pelota.
El objetivo fundamental que se persigue con este proyecto es proporcionar información importante a comunidad sobre la discapacidad visual, ofreciendo un ámbito social ameno y de diálogo que promueva la inclusión social y que permita, a futuro, crear un equipo de Goalball que represente a la ciudad de Villa Regina en competencias a nivel nacional.
Patricia Bullrich empujó al bloque libertario al papelón al cierre de la sesión de este miércoles, cuando todos los bloques votaron una proyecto de resolución de Eduardo Wado De Pedro para declarar el compromiso del Senado con la consigna de «Memoria, Verdad y Justicia» a 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.
La jefa del bloque oficialista buscó entorpecer el debate y hasta trató de dejar sin quórum el recinto pero la jugada no le salió y terminó arrastrando a la bancada de LLA a la abstención. La declaración de Wado, cuyos padres fueron secuestrados y desaparecidos por los militares, se aprobó por unanimidad, con 49 votos por la afirmativa y 20 abstenciones del oficialismo.
La iniciativa del senador peronista contaba con las firmas de la cordobesa Alejandra Vigo y el santacruceño José María Carambia. Aunque sus efectos prácticos eran meramente declarativos, su aprobación tiene una potencia simbólica que incomoda a Bullrich y otros dirigentes del gobierno.
El texto de la resolución decía: «El Senado de la Nación declara su compromiso permanente con la Memoria, la Verdad y la Justicia al conmemorarse el 50° aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976». «Asimismo, reafirma el valor del consenso democrático construido por la sociedad argentina a partir de 1983, expresado en el principio del Nunca Más al terrorismo de Estado, en la continuidad de los juicios de lesa humanidad y en la defensa irrestricta del Estado de Derecho, como bases indispensables de la convivencia pacífica y para que las diferencias políticas sean dirimidas a través del debate público y las instituciones de la democracia», completaba.
Sin embargo, Joaquín Benegas Lynch intervino en el debate para plantear que la dictadura fue fruto del «terrorismo» y las «organizaciones guerrilleras».
Por eso, Bullrich insistió hasta el final con maniobras para trabar el tratamiento del proyecto. De Pedro accedió a conversar durante la tarde para arribar a un texto consensuado pero, ante la falta de acuerdo, el interbloque de José Mayans propuso que se votara la parte resolutiva de la declaración sin la incorporación de los fundamentos, que suelen estar imbuidos de consideraciones políticas sin inhibiciones ideológicas.
Bartolomé Abdala.
A las 18:40, la jefa de bloque oficialista leyó un texto que le pasaron por WhatsApp, para contraponer al del kirchnerismo. En su pieza, se borraba la referencia a la consigna que defienden los organismos de derechos humanos sobre la memoria, la verdad y la justicia y se incorporaba la «condena a cualquier tipo de violencia», algo que para la jurisprudencia argentina roza la equiparación entre los crímenes de Estado y la violencia de organizaciones guerrilleras.
De hecho, Bullrich apeló a su usuario en la red social X para quejarse después de la sesión. «El kirchnerismo se adueñó durante décadas de los DDHH para convertirlos en un negocio político. Impuso un relato, persiguió al que pensaba distinto y adoctrinó a toda una generación. Hoy repitieron lo mismo con una declaración sesgada y excluyente en el Senado de la Nación. La Libertad Avanza propuso algo distinto: una mirada completa, sin relato y sin grieta», tipeó.
De Pedro se plantó y le pidió a Bullrich que informe el número del proyecto que ella quería votar, exponiéndola a que asumiera que no tenía expediente presentado y que solo leía una declaración que le habían hecho llegar a través de un grupito de WhatsApp.
Además, aseguró que «se terminó el monopolio de la memoria». «La historia es completa o no es», afirmó.
Su frustración ya había empezado a percibirse durante la discusión, cuando tuvo que pedir un cuarto intermedio al presidente provisional de la cámara, Bartolomé Abdala, para ver si llegaba a elaborar un proyecto. Bullrich había querido hallar un atajo antirreglamentario que el puntano Abdala no sabía cómo impedir, en medio de los gritos del peronismo, para que se sometiera a votación el proyecto de De Pedro y, si no reunía suficientes voluntades, se aprobara su propuesta.
El kirchnerismo se adueñó durante décadas de los DDHH para convertirlos en un negocio político. Impuso un relato, persiguió al que pensaba distinto y adoctrinó a toda una generación.Hoy repitieron lo mismo con una declaración sesgada y excluyente en el Senado de la Nación. La… pic.twitter.com/yZuautJTrQ
Pero eso tampoco prosperó. De Pedro se plantó y le pidió a Bullrich que informe el número del proyecto que ella quería votar, exponiéndola a que asumiera que no tenía expediente presentado y que solo leía una declaración que le habían hecho llegar a través de un grupito de WhatsApp. «Deme un cuarto intermedio, deme tiempo para que pueda presentarlo», dijo la senadora con gesto burlón que incluyó hasta un guiño de ojo.
La discusión por un simple proyecto de resolución acaso esconde un debate subterráneo en el gobierno, que se reaviva cada año en las cercanías del 24 de marzo: el indulto a los represores condenados por lesa humanidad.
Una altísima fuente de LLA le explicó a LPO que, aún cuando no se conozca nada más que rumores al respecto, una gestión de ese tipo estaría reñida con la legalidad. «El kirchnerismo sentó jurisprudencia y ahora no se puede indultar en lesa humanidad, como indultó (Carlos) Menem en los 90′», argumentó.
El Frente de Liberación Homosexual (FLH) marchó por primera vez con una bandera propia el día de la asunción de Héctor Cámpora. Se asomó a la Plaza de Mayo con algo de temor, pero al mismo tiempo, con una ilusión: la democracia pondría fin a décadas de persecución, según reconstruyó Santiago Insausti en un artículo sobre los cuatrocientos desaparecidos gays. Los jóvenes revolucionarios iban a abrazar a estos militantes de la diversidad como no había ocurrido antes con el peronismo.
En 1973 seguía vigente un edicto del primer gobierno de Perón, del año 1949, que le permitía a la Policía Federal encarcelar por treinta días a “las personas de uno u otro sexo que públicamente incitaran o se ofrecieran al acto carnal”. A pesar de la vigencia de esa normativa, para fines de la década del sesenta se había consolidado un movimiento cultural y político potente en defensa del colectivo LGTB y de los derechos de la mujer, que en 1971 dio paso a la creación del FLH.
Aquel 25 de mayo su columna se sumó a la plaza que colmaron los montoneros. El temor que sentían aquel día ante una posible “reacción anti-marica” quedó registrado en la revista 2001 Periodismo de Anticipación, que publicaba artículos de temas tan variados y contrapuestos como la carrera al espacio, ovnis, vida extraterrestre, ecología, parapsicología y también, sexualidad. Una extensa crónica contó que el FLH entró por Retiro y se ubicó frente al Banco Hipotecario. Alguien les gritó: “Aquí necesitamos hombres. No luchamos dieciocho años para que ustedes vengan a esta plaza”, y un integrante del frente le respondió: “Nosotros también somos hombres, y tan dueños de la plaza como vos”. Las mujeres de las minorías sexuales todavía no formaban parte de la conversación.
Durante el gobierno de Cámpora —por unas pocas semanas—, el FLH se convirtió en un interlocutor respetable en distintos ámbitos públicos. Sus miembros se reunieron con legisladores, enviaron cartas a todos los comisarios para que dejaran de aplicar los edictos represivos y repartieron volantes en bares gays. Nació el periódico Somos y se imprimió el manifiesto Sexo y revolución, con el poeta y escritor Néstor Perlongher como activista destacado.
Formado en la izquierda trotskista, el futuro autor de “Cadáveres” había sufrido en el Partido Obrero la discriminación por ser gay; ahora Perlongher venía a plantear a la juventud peronista que los procesos de liberación debían incluir al cuerpo y el combate del modelo heteropatriarcal de familia funcional a la opresión capitalista.
Los integrantes del FLH marcharon por segunda vez el 20 de junio para recibir a Perón en su regreso del exilio. Llegaron en micros que salieron de Constitución a la avenida Ricchieri, se sumaron a la Columna Oeste de la Juventud Peronista y para aflojar los primeros momentos de tensión reformularon estrofas de la marcha peronista que se podían interpretar como un canto a la diversidad sexual: “Por ese gran argentino,/ que trabaja sin cesar/ para que reine en el pueblo/ el amor y la igualdad”.
El empoderamiento de la derecha peronista a partir de los episodios ocurridos en Ezeiza significó el fin de la primavera camporista para la comunidad homosexual. En respuesta a los carteles de la JP que lo señalaban como el responsable de una “masacre”, el coronel Jorge Osinde empapeló la ciudad con carteles en los que “acusaba” a los montoneros de ser “homosexuales y drogadictos”. La respuesta de la izquierda peronista mantuvo el mismo tono homofóbico: “No somos putos/ no somos faloperos:/ somos soldados de Perón/ y Montoneros”.
En el mes de octubre se estrenó la película El último tango en París, de Bernardo Bertolucci, que escandalizó por una escena en la que Marlon Brando, actor que ya tenía más de cincuenta años, para tener sexo con una muy joven María Schneider le untaba el ano con manteca. Aunque fue parcialmente censurada, a la JP le inspiró una rima machista del mismo tenor: “Brujo vení,/ Brujo vení, Brujo vení/te va a quedar el culo/ como el Tango de París”.
Con el tercer peronismo volvieron las razias y las detenciones arbitrarias en los bares y ambientes que frecuentaba la comunidad homosexual. A partir de enero de 1974 Perón repuso en un cargo jerárquico de la Policía Federal a Luis Margaride, un comisario que había estado al frente de las Brigadas de Moralidad durante el régimen del dictador Juan Carlos Onganía. Era católico ferviente, no le gustaban los hombres con barbas ni las mujeres en minifalda y en nombre de las buenas costumbres había encabezado personalmente operativos en hoteles alojamiento para exigir la libreta de matrimonio a sus huéspedes.
Con Isabel Perón, Margaride —el FLH lo apodó la tía Margarita— llegó a jefe de la Policía Federal y recibió la orden de parte de López Rega de “asustar” a la comunidad gay para que no volviera a salir a la calle.
El 13 de octubre de 1974 aparecieron en Villa Soldati los cuerpos de Pedro Barraza y Carlos Laham, una pareja que se reivindicaba como “putos peronistas”: la brutalidad escalaba.
Barraza tenía treinta y seis años y veinticinco orificios de bala; Laham, que no llegó a cumplir veintiuno, recibió cincuenta y cinco balazos. Una cinta adhesiva le cubría los ojos.
Barraza era periodista y había investigado en 1963 la tortura y desaparición del sindicalista Felipe Vallese; responsabilizó a Juan Fiorillo, jefe de la Brigada de Servicios Externos, quien fue condenado en 1971 a tres años que no cumplió. Fiorillo, liberado poco antes del crimen, se sumó a la Triple A.
Barraza había conocido a Laham al regresar de Europa, en noviembre de 1970. La hermana, Virgina, era novia de uno de sus grandes amigos, el periodista Carlos Eichelbaum; los tres lo fueron a buscar a Ezeiza. Desde ese día no se separaron: se mudaron juntos y vivieron como pareja.
En una ocasión notaron que un auto los seguía. La última vez que los vieron fue el 11 de octubre; dos días después faltaron a un almuerzo con la madre de Carlos.
Pasaron casi cuarenta años hasta que una agrupación recuperó la historia del FLH, se apropió del pretendido insulto y le cambió el sentido para formar en La Matanza, en el conurbano, una línea interna del Partido Justicialista llamada “Putos Peronistas”.
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