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Se recuerda a los vecinos no ingresar a El Sauce por el paso a nivel

La Municipalidad de Villa Regina solicita a los vecinos no ingresar a barrio El Sauce por el paso a nivel donde la Secretaría de Obras y Servicios procedió a la colocación de un paño de hormigón con badén lateral que evitará la acumulación de agua los días de lluvia.

En este sentido se recuerda que hasta el 21 de abril va a estar interrumpido el paso para evitar el acceso por ese lugar. El uso temprano del mismo sin la autorización de la Municipalidad traerá como consecuencia la rotura del hormigón.

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  • Lula logra un acuerdo con el líder del Senado de Brasil para aprobar la reducción de la jornada laboral

     

    Lula logró un acuerdo clave para el tramo final de la campaña electoral. El líder del Partido de los Trabajadores consiguió que el presidente del Senado de Brasil, David Alcolumbre, destrabe la propuesta que busca terminar con la jornada laboral conocida como 6×1, que establece seis días de trabajo por uno de descanso. 

    La decisión se produjo tras semanas de tensión por el nombramiento de Jorge Messias para ocupar una vacante en la Corte Suprema pero el Senado de Brasil lo rechazó por primera vez desde 1894.

    La iniciativa, que ya fue aprobada por la Cámara de Diputados en mayo con 461 votos a favor y apenas 19 en contra, permanecía frenada en el Senado pero ahora comenzará el debate en las comisiones. entre el 31 de agosto y el 4 de septiembre. 

    Lula pretende presentar la reducción de la jornada laboral y el aumento del tiempo de descanso como una de sus principales banderas durante la campaña. 

    El poderoso presidente de la Cámara de Diputados de Brasil anunció el apoyo a la reelección de Lula 

    La medida prevé una jornada laboral máxima de 40 horas semanales y 2 días de descanso, con una regla de transición de 60 días. Asimismo, habrá una reducción progresiva de las 44 horas actuales. con 5 días de trabajo por 2 de descanso. La reducción no implicará recortes salariales. 

    La medida prevé una jornada laboral máxima de 40 horas semanales y 2 días de descanso, con una regla de transición de 60 días. Asimismo, habrá una reducción progresiva de las 44 horas actuales. con 5 días de trabajo por 2 de descanso. La reducción no implicará recortes salariales

    La negociación también tiene un componente político para Alcolumbre dado que el senador busca conservar la presidencia del Senado en la elección interna de 2027 y necesita construir apoyos para enfrentar una eventual candidatura del bolsonarismo. 

    Golpe a Lula: el Senado rechazó nombrar un juez para la Corte Suprema por primera vez desde 1894

    En ese escenario, una recomposición de la relación con Lula puede resultar estratégica. El reencuentro de Lula con Alcolumbre buscan cerrar esa etapa y reactivar la negociación con el Congreso y forma parte de un acuerdo que con líderes de centro como el presidente de la Cámara de Diputados, Hugo Motta, que anunció el apoyo a la reelección de Lula.

    Además de la reducción de la jornada laboral, el presidente del Senado destrabó la tramitación de la PEC de Seguridad Pública que propone redefinir el rol del gobierno federal frente a los estados en el combate al crimen organizado, un eje que será tomado por el bolsonarismo y forma parte de la agenda de Donald Trump y Marco Rubio.

     

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    El día que Buenos Aires quedó a oscuras: la electricidad que cambió para siempre la vida porteña

     

    La llegada de la electricidad transformó Buenos Aires mucho más allá del alumbrado público: modificó el trabajo, el transporte, los hogares y la vida nocturna de la ciudad.

    Por Redacción de NLI

    En 1931 se apagó el último farol alimentado con alcohol de la Ciudad, ubicado en Villa Lugano

    Hoy resulta casi imposible imaginar una Buenos Aires en la que encender una luz no fuera un gesto automático, en la que una calle pudiera quedar prácticamente a oscuras después de la puesta del sol y en la que las actividades económicas, culturales y sociales estuvieran condicionadas por la disponibilidad de iluminación natural. Sin embargo, durante buena parte del siglo XIX esa era la realidad cotidiana de los porteños, y la transformación que posteriormente produjo la electricidad fue tan profunda que terminó modificando no solamente la manera de iluminar una habitación, sino también los horarios de trabajo, el funcionamiento de las fábricas, el transporte, los espectáculos, la actividad comercial y hasta la percepción que los habitantes tenían de su propia ciudad. La electrificación de Buenos Aires fue, en definitiva, una de las grandes revoluciones silenciosas que construyeron la metrópolis que conocemos actualmente.

    La electricidad no apareció de golpe ni llegó a todos los hogares al mismo tiempo, sino que atravesó un largo proceso de experimentación, inversiones y construcción de infraestructura que acompañó la modernización acelerada de Buenos Aires durante las últimas décadas del siglo XIX. Antes de convertirse en un servicio cotidiano, fue una tecnología extraordinaria que se utilizaba en demostraciones, instalaciones particulares y determinados espacios públicos o comerciales, mientras que la iluminación urbana dependía fundamentalmente de sistemas basados en el aceite y, posteriormente, en el gas. El verdadero cambio comenzó cuando la generación eléctrica pudo combinarse con redes de distribución suficientemente amplias como para llevar energía desde las centrales hasta distintos puntos de la ciudad, porque la revolución no consistía simplemente en inventar una lámpara eléctrica, sino en construir un sistema capaz de hacer que millones de personas pudieran encenderla cuando quisieran.

    Antes de la electricidad, la noche era otra cosa

    Durante siglos, la oscuridad había impuesto límites concretos a la actividad humana. En una ciudad como Buenos Aires, donde la vida económica y social fue creciendo rápidamente durante el siglo XIX, las alternativas para iluminar las calles y los edificios eran necesariamente limitadas. Las velas y las lámparas de aceite permitían resolver determinadas necesidades domésticas, mientras que el alumbrado público requería sistemas de mantenimiento permanente que no podían ofrecer la intensidad ni la regularidad que posteriormente alcanzaría la iluminación eléctrica.

    La incorporación del alumbrado a gas representó un avance enorme y constituyó uno de los primeros pasos hacia una ciudad capaz de prolongar su actividad después de la puesta del sol. Las calles, edificios y espacios públicos podían disponer de una iluminación mucho más potente que la ofrecida por las tecnologías anteriores, y Buenos Aires comenzó a experimentar una transformación de sus hábitos nocturnos. La aparición del gas también demostró que la iluminación urbana podía convertirse en una infraestructura permanente y organizada, dependiente de redes y empresas especializadas, y no solamente de miles de pequeñas fuentes de luz distribuidas individualmente.

    Pero el gas todavía tenía limitaciones importantes y, sobre todo, pertenecía a una etapa tecnológica que estaba empezando a quedar atrás frente a las posibilidades de la electricidad. Las grandes ciudades del mundo experimentaban entonces una carrera por incorporar nuevas formas de energía a sus sistemas urbanos, y Buenos Aires, que pretendía consolidarse como una capital moderna vinculada económica y culturalmente con Europa, no permaneció al margen de ese proceso.

    La electricidad llegó primero como una demostración de futuro

    Las primeras experiencias eléctricas porteñas estuvieron lejos de parecerse al sistema que hoy consideramos normal. Durante las décadas iniciales, la electricidad podía encontrarse en instalaciones particulares, establecimientos específicos o demostraciones destinadas a mostrar las posibilidades de una tecnología que todavía resultaba novedosa para la mayoría de la población. El problema no era solamente conseguir producir electricidad, sino encontrar una forma eficiente de distribuirla y mantener el suministro de manera relativamente estable.

    Ese aspecto resulta fundamental para comprender cualquier proceso de electrificación: una ciudad no se electrifica instalando lámparas, sino construyendo una red. Esa red necesita centrales generadoras, sistemas de transporte de la energía, estaciones de transformación, tendidos, instalaciones de seguridad y una organización empresarial capaz de mantener todo el conjunto funcionando. Cada nuevo usuario agrega demanda y obliga a ampliar la infraestructura, por lo que la electrificación se convierte rápidamente en un proceso acumulativo en el que una mejora tecnológica genera nuevas necesidades y esas necesidades impulsan nuevas inversiones.

    Buenos Aires comenzó a atravesar ese proceso mientras experimentaba una expansión demográfica y económica extraordinaria. La llegada masiva de inmigrantes, el crecimiento de las actividades comerciales, la expansión de los servicios y el desarrollo de nuevas zonas urbanas generaban una demanda cada vez mayor de infraestructura. La electricidad encontró allí un terreno particularmente favorable porque podía responder simultáneamente a necesidades muy diferentes: iluminar, mover máquinas, alimentar sistemas de transporte y, con el tiempo, hacer funcionar una enorme cantidad de aparatos domésticos.

    Cuando la luz empezó a cambiar los horarios

    La consecuencia más evidente de la electrificación fue, naturalmente, la iluminación, pero su verdadero impacto estuvo en todo aquello que la iluminación hizo posible. Cuando una ciudad consigue disponer de luz artificial abundante y relativamente estable, comienza a modificar su relación con el tiempo, porque las horas posteriores al anochecer dejan de representar necesariamente el final de la actividad.

    Los comercios podían extender sus horarios, los teatros y salas de espectáculos podían funcionar con mayor comodidad, los restaurantes podían recibir clientes durante más tiempo y las calles podían mantener una actividad nocturna que anteriormente estaba mucho más condicionada por las posibilidades de iluminación. La noche comenzó a incorporarse progresivamente a la vida económica y cultural de Buenos Aires, y con ella apareció una nueva percepción de la ciudad: una metrópolis que no necesitaba apagarse completamente cuando desaparecía la luz natural.

    Este cambio tuvo una dimensión social particularmente importante porque modificó las rutinas de una población que hasta entonces había organizado buena parte de su vida alrededor del ciclo natural del día y la noche. La electricidad permitió que el tiempo útil de una jornada se ampliara, aunque esa posibilidad también tuvo consecuencias contradictorias, especialmente en el mundo del trabajo, donde la existencia de iluminación artificial podía significar tanto mejores condiciones para determinadas tareas como la posibilidad de extender los horarios laborales.

    La fábrica ya no tenía que obedecer al sol

    La industria fue uno de los sectores que más rápidamente aprovechó las posibilidades de la electricidad. Las fábricas podían incorporar iluminación más eficiente y, progresivamente, utilizar motores eléctricos que ofrecían ventajas importantes frente a otras fuentes de energía. La electrificación industrial no solamente permitió mejorar determinadas condiciones de producción, sino que facilitó una organización mucho más flexible de las instalaciones, porque la energía podía distribuirse hacia diferentes máquinas sin depender exclusivamente de un único sistema mecánico central.

    En Buenos Aires, este proceso acompañó la expansión de una economía urbana cada vez más diversificada, en la que crecían las actividades manufactureras, los talleres y las empresas vinculadas con el consumo de una población en aumento. La electricidad permitió que la producción pudiera desarrollarse durante períodos más extensos y contribuyó a crear una ciudad industrial que necesitaba cantidades cada vez mayores de energía.

    Pero aquella transformación también planteó una contradicción que acompañaría la historia del desarrollo industrial durante décadas. La electricidad podía mejorar la productividad y las condiciones materiales de determinadas tareas, pero al mismo tiempo permitía que las empresas extendieran los períodos de funcionamiento, porque la llegada de la noche ya no constituía necesariamente una barrera técnica para continuar produciendo.

    La modernización, como tantas veces ocurrió en la historia, no tenía una única consecuencia social.

    La electricidad también empezó a mover la ciudad

    La expansión de la electricidad no se limitó a los edificios y las fábricas, porque muy pronto alcanzó otro de los grandes problemas de una Buenos Aires en crecimiento: el transporte. El desarrollo del tranvía eléctrico permitió reemplazar progresivamente los antiguos sistemas de tracción animal por vehículos que podían desplazarse mediante energía eléctrica, ampliando las posibilidades de transporte urbano y contribuyendo a la expansión territorial de la ciudad.

    Esto produjo un efecto particularmente importante porque la electrificación empezó a actuar simultáneamente sobre dos dimensiones fundamentales de la vida urbana: permitía iluminar la ciudad y, al mismo tiempo, permitía moverla. Los cables eléctricos comenzaron a formar parte del paisaje porteño y la infraestructura necesaria para sostenerlos se convirtió en una nueva capa tecnológica superpuesta sobre una ciudad que ya estaba creciendo rápidamente.

    Los tranvías eléctricos ayudaron a conectar barrios alejados del centro, facilitaron los desplazamientos cotidianos y permitieron que muchas personas pudieran vivir a mayor distancia de sus lugares de trabajo. De esta manera, la electricidad no solamente hizo posible que Buenos Aires permaneciera activa durante la noche, sino que también contribuyó a que pudiera extenderse geográficamente.

    El negocio que estaba detrás de cada lámpara

    La electrificación también generó un enorme negocio alrededor de la producción y distribución de energía. Construir centrales, tender redes y abastecer a una población creciente requería inversiones de gran magnitud, por lo que diferentes empresas participaron de un proceso en el que se fueron definiendo las características del sistema eléctrico porteño. La historia de la electricidad estuvo desde el comienzo vinculada, por lo tanto, con una cuestión que adquiriría enorme importancia durante el siglo XX: quién debía controlar una infraestructura de la que dependía cada vez más la vida de toda la sociedad.

    La electricidad no era comparable con cualquier mercancía porque una interrupción del suministro podía afectar simultáneamente a hogares, comercios, fábricas, hospitales, transportes y servicios públicos. A medida que la dependencia aumentaba, también crecía la importancia política y económica de las empresas responsables de la generación y distribución.

    Esa discusión atravesaría diferentes etapas de la historia argentina, desde la expansión de compañías privadas hasta la intervención estatal y las posteriores transformaciones del sector energético. Lo interesante es que el debate no nació recientemente: está presente desde el mismo momento en que la electricidad dejó de ser una curiosidad tecnológica y se convirtió en una infraestructura indispensable para la vida urbana.

    Cuando la electricidad entró finalmente en las casas

    La transformación más íntima se produjo cuando la electricidad comenzó a incorporarse de manera creciente a los hogares. Para una persona acostumbrada a encender una vela o una lámpara de aceite, poder iluminar una habitación simplemente accionando un interruptor debía representar una experiencia extraordinaria, pero el verdadero cambio estaba en todo lo que esa facilidad permitía hacer.

    La iluminación eléctrica eliminaba buena parte de los inconvenientes asociados al fuego, ofrecía una luz más uniforme y permitía disponer de ella inmediatamente, sin necesidad de preparar una llama. Con el tiempo, además, la instalación eléctrica doméstica abrió la puerta a una enorme cantidad de nuevos aparatos y servicios que transformarían las tareas del hogar, aunque esa segunda revolución se desarrollaría plenamente durante el siglo XX.

    Lo importante fue que la electricidad dejó de ser percibida como una demostración de lujo y comenzó a convertirse en una condición esperada de la vida moderna. Una vivienda sin electricidad empezó progresivamente a ser considerada incompleta, de la misma manera que una ciudad sin alumbrado eléctrico comenzó a parecer atrasada frente a otras capitales.

    La tecnología había conseguido algo fundamental: transformar lo extraordinario en cotidiano.

    La infraestructura que aprendimos a no ver

    Hay una paradoja en la historia de la electricidad que se repite con muchas tecnologías fundamentales: cuanto más exitosa resulta una infraestructura, menos conscientes somos de su existencia. Los primeros cables y postes eléctricos eran símbolos visibles de modernidad y anunciaban en cada calle que algo estaba cambiando; con el paso de las décadas, buena parte de esa infraestructura fue integrada al paisaje urbano hasta convertirse en algo que prácticamente dejamos de observar.

    Hoy, cuando accionamos un interruptor, rara vez pensamos en las centrales que producen la energía, en las redes que la transportan, en las estaciones que modifican su tensión o en los trabajadores que mantienen todo el sistema operativo. La electricidad parece aparecer detrás de la pared como si fuera una propiedad natural de la vivienda, cuando en realidad depende de una de las redes técnicas más complejas que construyó la sociedad moderna.

    Esa invisibilidad explica también por qué los cortes de suministro pueden producir una sensación tan extraña. Durante unas horas desaparece algo que normalmente no vemos y, de inmediato, descubrimos hasta qué punto nuestra vida cotidiana depende de ello.

    La ciudad aprendió a fabricar su propio día

    La llegada de la electricidad modificó Buenos Aires de una manera mucho más profunda de lo que puede sugerir una fotografía de una lámpara encendida. Cambió la relación con la noche, permitió ampliar horarios comerciales y laborales, impulsó nuevas formas de producción industrial, transformó el transporte y terminó incorporándose a los hogares como una necesidad básica. La electricidad hizo posible que la ciudad dejara de depender completamente de los ritmos naturales de la luz solar, y esa modificación afectó tanto las estructuras económicas como las costumbres más pequeñas de la vida cotidiana.

    Por eso, cuando se habla de la modernización porteña de fines del siglo XIX y comienzos del XX, la electricidad merece ocupar un lugar central junto con los ferrocarriles, los tranvías, los puertos, las grandes obras públicas y la expansión de los servicios urbanos. Todas esas transformaciones estaban conectadas entre sí y formaban parte de un mismo proceso: la construcción de una metrópolis capaz de sostener una población cada vez mayor y una economía cada vez más compleja.

    La Buenos Aires de aquella época quería presentarse ante el mundo como una capital moderna, y la electricidad fue una de las formas más visibles de demostrarlo. Pero su importancia histórica fue mucho mayor que la imagen de progreso que podía transmitir. La electricidad cambió la estructura misma de la vida urbana, porque permitió que las personas trabajaran, viajaran, produjeran, comerciaran y se entretuvieran de maneras que anteriormente habían estado limitadas por la oscuridad y por las tecnologías disponibles.

    Quizás por eso el mejor símbolo de aquella transformación no sea una gran central eléctrica ni un moderno tendido de cables, sino algo mucho más pequeño: el interruptor de una habitación.

    Durante siglos, para obtener luz había que encender algo.

    Después de la electrificación, simplemente hubo que apretar un botón.

    Ese gesto aparentemente insignificante condensó una revolución entera: la de una ciudad que descubrió que podía producir su propia luz, prolongar sus jornadas y comenzar a vivir más allá de los límites que durante miles de años había impuesto la llegada de la noche.

    Y Buenos Aires, desde entonces, ya nunca volvió a ser la misma.

     

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    Medidas restrictivas en Bariloche dispuestas por el Ministerio de Salud

    Por Resolución del Ministerio de Salud de Río Negro se establecieron medidas sanitarias restrictivas y extraordinarias en San Carlos de Bariloche a partir de las 8 del jueves 23 de abril de 2020. Las medidas (que se enumeran en la Resolución anexa) se prolongarán hasta las 24 horas del día 30 de abril próximo, y…

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  • El Gobierno desmantela una Base Aeronaval y pone en jaque a un municipio: «Es un golpe letal»

     

    El gobierno de Javier Milei decidió el desmantelamiento y virtual cierre de la Base Aeronaval de Punta Indio, creada en 1925 y motor del crecimiento del pueblo que, ahora, se ve amenazado con el traslado de 300 militares y 185 civiles que representan el principal movimiento de la economía local.

    La decisión es mudar a la Base Comandante Espora de Bahía Blanca las escuadrillas de vigilancia marítima de aviones B2000 y la escuela que es considerada cuna de la aviación naval.

    El intendente de Punta Indio, el peronista David Angueira, fue notificado de la medida este jueves en una reunión con el contraalmirante de las Fuerzas Armadas Enrique Olivero y el Jefe de Base Mariano Rivolta.

     En el municipio calculan que, entre militares y personal civil, la Base Aeronaval mueve en el distrito más de 600 millones de pesos mensuales. No contar con eso «es letal para la economía local, no hay manera de paliar esa situación», advierten. 

    «Esto significa un golpe muy fuerte para nuestra comunidad desde lo social y económico», dijo Angueira, que convocó este viernes a una asamblea en la que se creó una comisión de defensa de la Base, integrada por todas las instituciones de la comunidad y por concejales de todos los bloques, incluso de La Libertad Avanza.

    «Está toda la comunidad movilizada. Muchos trabajadores no podían hablar del estado en que estaban, llorando por su puesto de trabajo, por el impacto que va a tener en la comunidad», dijo a LPO tras la asamblea el ex intendente de Punta Indio y actual subadministrador de Vialidad bonaerense, Hernán Y Zurieta.

    Asamblea de vecinos e instituciones de Punta Indio en defensa de la Base Aeronaval.

    Como primera acción, la comisión solicitó una audiencia de urgencia con el ministro de Defensa, Carlos Presti. «Queremos escuchar de su boca lo que tiene para decir y, si no se logra revertir el traslado, vamos a manifestarnos de distintas maneras. Esta decisión el pueblo de Punta Indio no la va a aceptar», sostuvo Y Zurieta.

    En el municipio calculan que, entre militares y personal civil, la Base Aeronaval mueve en el distrito más de 600 millones de pesos mensuales. No contar con eso «es letal para la economía local, no hay manera de paliar esa situación», advierten.

    Sospechan que Presti quiere vender todos los bienes de la obra social de los militares

    En Punta Indio también hay bronca por la manera en que se comunicó una medida tan sensible para la comunidad. Nadie del Ministerio habló con el intendente, que fue convocado a la base por el comandante, que después convocó a los civiles e hizo una formación para dar el anuncio.

    «No hubo forma de conmoverlo ni que entienda lo que estaba anunciando. Hoy todo el personal llorando no podía creer la frialdad con la que comunicaron esto», dijo Y Zurieta, que analizó que la llamada «reestructuración» planteada entrama el final de la Base.

     En Punta Indio destacaron que todos los bloques políticos apoyaron la comisión en defensa de la Base. Incluso los dirigentes de La Libertad Avanza local le pidieron información dirigentes provinciales y nacionales

    La medida establece el traslado a Bahía Blanca en enero para los militares, mientras que para el personal de civil le darán la opción de pedir el pase a otro destino de la Fuerza.

    «Genera un golpe emocional muy fuerte porque es gente que está instalada en este pueblo y no se imagina yéndose de acá. Tienen sus hijos en nuestras escuelas, en nuestros clubes. Es un pueblo que con esto le están dando un golpe letal, le sacan el recurso más importante que tiene», dijo el ex intendente.

    La localidad de Punta Indio cuenta con poco más de 1.000 habitantes, mientras que el distrito en su totalidad (con la ciudad de Verónica como cabecera), cuenta con más 12 mil habitantes. La Base Aeronaval se inauguró en 1925, poco después de la fundación del pueblo.

    El impacto de la medida hizo que la asamblea de este viernes congregue a todas las instituciones del pueblo. Y en el plano político, la convocatoria del intendente tuvo el acompañamiento de concejales del PRO, UCR y de La Libertad Avanza.

    «Todos apoyaron la comisión. Incluso los que tienen más responsabilidad, que son los de La Libertad Avanza, hablaron con algunos dirigentes. Ellos pidieron información y hablan de una reestructuración, que no se va a cerrar, pero lo que anunciaron es que se van los aviones», dijo Y Zurieta.

    Trascendidos que llegaron a Punta Indio señalan que, a partir del traslado de casi toda la estructura, el Gobierno sostendría la Base abierta en 2027 pero no da garantías de continuidad a 2028, por lo que calculan un destino de cierre total. 

    «Hablan de una reestructuración que implica llevar a Bahía Blanca a los aviones destinados a custodiar el sur, pero no tiene sentido, porque se llevan aviones escuela que tranquilamente podrían quedarse acá. Es parte del ajuste», dijo Y Zurieta.

    El actual funcionario de Vialidad bonaerense sostuvo que ya hablaron por este tema con Axel Kicillof. Este viernes, el gobierno provincial manifestó su «preocupación y rechazo» frente a esta medida y acompañó las medidas que surjan de la comisión de defensa de la Base.

     

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    Apuntes rápidos sobre medios & comunicación (3)

    «Para mí un fuerte cruce fue el de la cordillera de los andes. ¿cómo una conversación banal entre el bobo de flavio mendoza y victoria tonta en un programa conducido por el hijo de un sexólogo va a ser un “fuerte cruce”?». Apuntes rápidos sobre medios & comunicación (3) en Latapa.com.ar

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