La Municipalidad de Villa Regina solicita a los vecinos no ingresar a barrio El Sauce por el paso a nivel donde la Secretaría de Obras y Servicios procedió a la colocación de un paño de hormigón con badén lateral que evitará la acumulación de agua los días de lluvia.
En este sentido se recuerda que hasta el 21 de abril va a estar interrumpido el paso para evitar el acceso por ese lugar. El uso temprano del mismo sin la autorización de la Municipalidad traerá como consecuencia la rotura del hormigón.
Durante la mañana de este sábado se terminaron los trabajos de empalme de cañería en el marco de la obra que debió realizarse para solucionar la rotura del caño de impulsión de líquidos cloacales. La obra consistió en la realización de un by pass para no romper la cinta asfáltica teniendo en cuenta que el…
El gobernador cordobés Martín Llaryora sigue jugando en todas las canastas. Se reúne con el pastor Dante Gebel, manda a ministros a juntarse con la pata política en el gabinete de Axel Kicillof, tantea qué hace o piensa el expresidente Mauricio Macri en ese armado de centroderecha, y también movió fichas en el acto del Peronismo Federal el viernes en Parque Norte.
A ese escenario porteño viajaron algunos intendentes y también funcionarios del gobierno provincial como el secretario Nadir Nifury, el secretario de Integración Territorial, área que se encuentra dentro de la órbita de la Secretaría General que lidera David Consalvi. Una usina ultrallaryorista dentro del cordobesismo porque, tanto Consalvi como Nifury, tienen línea directa al gobernador y tributan muy cerca de la mesa chica del heredero del cordobesismo.
Hubo también intendentes cordobeses que estuvieron en la actividad liderada por Guillermo Michel, Victoria Tolosa Paz y Juan Manuel Olmos. Pero lo de Nifury fue con un perfil más alto, desde el escenario -aunque no en la primera fila- y mostrándose luego en redes con Tolosa Paz.
Nifury tiene cercanía, no sólo al gobernador, sino también al entorno de Llaryora. Tanto a aquellos que tienen cargo y firma, como así también con los que no ocupan despachos en El Panal.
Y, además, trabajó con Llaryora dentro de la Municipalidad en el área de Cooperativas y Mutuales.
Llaryora confirma que sigue acomodando las fichas en todo el paño con un solo objetivo: asegurar su reelección en el 2027.
Vencido el contrato de concesión, la Municipalidad de Villa Regina tomó posesión de la terminal de ómnibus en la jornada del lunes 30 de agosto. Luego de una concesión de 30 años, a la que por lo menos, le sobró una década. El municipio local tomó posesión de la terminal, y eso es una buena…
El Intendente Marcelo Orazi encabezó esta mañana una reunión de gabinete en la que participaron sus cinco secretarios: Guillermo Carricavur de Gobierno, Ariel Oliveros de Coordinación, Luisa Ibarra de Desarrollo Social, Francisco Lucero de Obras y Servicios y Mirta Sánchez de Economía y Finanzas. En el encuentro se analizaron las distintas gestiones desarrolladas durante la…
A Jorge. Porque desde el primer momento una imagen atesorada del papa Francisco ofició de pasado y de futuro, avivó el fuego o la familiaridad y nos unió en un rezo permanente: en hacerlo por el otro; en rezar por vos
Uno
Semanas después de la muerte del papa Franscisco y de la entronización de León XIV en el Vaticano cabe preguntarnos: ¿de quiénes fuimos contemporáneos? Lo cual sería otro modo de interrogar: ¿con quiénes compartimos la vida? Hemos sido coetáneos de los doce años de papado de Francisco. Juventud y generación resultan palabras esquivas, por momentos hasta estiradas (¿acaso alguien ya es contemporáneo y no es joven?) o sobregiradas. Pero allí donde siguen teniendo vigencia o fuerza puede decirse: una generación ha despedido al papa Francisco.
El sociólogo húngaro Karl Mannheim, en un texto ya clásico sobre las generaciones, organizaba que esta dimensión no es tanto una edad compartida o una cronología específica, sino, más bien, la experiencia de compartir hitos comunes. Hay pocas cosas en este momento que tengamos en común. Lo común está en la boca de muchos, aunque en la vida de pocos. Es algo escurridizo. En parte, por eso, la insistencia en la generación (y digo eso que puedo llamar “mi” generación —reminiscencias del filosísimo título del libro de Mauro Libertella, El invierno con mi generación—). Apuro una lista: una generación que no llegó a ver a Charly García en recitales históricos como los de Serú Girán (escuchados a posteriori), que tampoco llegó a ver los goles de Maradona (o eran muy pequeños para recordarlos) y ni hablar de líderes como Eva Perón o maestros como Borges, fallecidos en otro siglo y recuperados por Youtube. La contemporaneidad, entonces, ¿cómo se nos juega? Hemos tenido la experiencia de estar vivos mientras Francisco fue Papa. La experiencia nos tocó. No todo lo vimos por TV: vivimos en tiempo real un papado que cambió la historia. Y la nuestra.
Fuimos contemporáneos de Francisco. Un lujo, un milagro, una gracia.
Dos
¿Qué es la Argentina? Una “y”. La “y” que junta a la civilización con la barbarie. La “y” que junta al peronismo con el antiperonismo. Francisco fue Francisco y Bergoglio. En 2013, sin esperarlo o inesperadamente, escuchamos su nombre. ¡El Papa argentino! El bautismo papal de quien venía de la orden jesuita: Francisco. El primero. El primer Papa en elegir el nombre del santo de los pobres. Hermano Sol, hermana Luna. Franciscano por adopción y porteñísimo por herencia. “Bergoglio tenía el physique du rol de una porteñidad casi extinguida”, escribió Martín Rodríguez.
Inciensos, guitarreadas, mates, Vox Dei, Padre Mugica, hermanas francesas, peregrinación a Luján, escuelas parroquiales. Tiempos violentos, tiempos de paz. La Iglesia argentina estaba a punto de convertirse en universal. Como la teoría de los camellos borgeana: porque fue el más argentino, Bergoglio pudo ser el más universal. En un viaje, digamos, cargado de la política de entonces y atravesada por la distancia con el kirchnerismo, por las acusaciones sobre su actuación en la dictadura, por los miramientos sobre los efectos que tendría su figura en la posibilidad de ampliación de leyes de derechos sexuales.
Ni tibio, ni relativista. Fue porteñísimo, dijimos. Hijo de trabajadores, galante, hincha, conversador, asertivo, culto, corajudo, cristiano.
En Francisco, no todo es política.
Tres
Lavar los pies de los presos un jueves santo, usar los zapatos sencillos de siempre, velar por un cuarto sin estridencias, participar en un documental rodeado de “distintos”, seguir con firmeza el cumplimiento doctrinario. Más que culto a la pobreza: austeridad. Tras el papado de Benedicto XVI, le habló a la juventud, a los divorciados, a los migrantes. Francisco abrió las puertas de (y a) una Iglesia del siglo XXI. Aunque, más aún, volvió al origen de la Iglesia, a lo que tenemos en común: nuestra humanidad.
Cuatro
Un Papa periférico (sobre estas periferias escribió Verónica Giménez Béliveau). Llegó desde la periferia —la Argentina, el sur— e incluyó a las periferias de la Iglesia. Más que una “revolución” —en parte muy resistida por sectores conservadores—, Francisco encarnó un tono, una manera, una vida. Fue, para una generación, un periférico.
Franciso nunca pudo volver a la Argentina.
Francisco agrandó la Argentina.
Las dos afirmaciones son ciertas: un país achicado por años de grieta y de polarización. El mejor Francisco no es tibio, dijimos, ni tampoco catch all. Guardó la voz del Papa. Guardó la fuerza de su voz. Una religión de la otredad. En palabras de Pablo Semán, “era más ‘moderado’, pero al mismo tiempo más profundo”.
Un vigía de algo movedizo (y, otra vez, generacional). No exactamente equivalente a una “identidad” ni peronista ni disidente (aunque coqueteaba lo suficiente con estos términos). Los auténticos líderes ocupan un lugar que no se encuadra en el medio o, mucho menos, en el centro. Es la equidistancia. Se le suele llamar grandeza, también.
Cinco
A través de Francisco volvemos a amar una parte de nuestra patria: díscola, para adelante, de acción, corajuda, indómita y obediente. Nos recordarán en el mundo por este Papa.
Hasta la AFA despidió a Francisco. Y en el video subrayaban: el don de jugar en equipo. Estuvimos más cerca del cielo. Gracias, papa Francisco. Los diarios del mundo han escrito “Argentina”, incluso en ocasión de la entronización de León XIV. Grabamos en roca nuestro país en el nervio espiritual de Occidente.
Seis
Francisco fue Francisco. Un manto común para la manta corta de la política (que los gestos, que las fotos, que el chiquitaje). Un periférico en un fleje irreductible: las hizo todas a su modo, a su tiempo, en su enunciación. Fue, como un acto de fe, tan humano y más que humano.
Siete
El escritor español Javier Cercas fue convocado para un libro especial, El loco de Dios en el fin del mundo, en torno a su compañía al papa Francisco en un viaje a Mongolia. Leemos: “El hecho es elocuente: el concepto de «periferia» es capital en el pensamiento de Francisco. Durante un discurso pronunciado ante los cardenales reunidos en precónclave el 9 de marzo de 2013, cuatro días antes de que lo eligieran Papa, Francisco afirmó que «la Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas sino también las existenciales: las del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria». A esas dos periferias, la geográfica —los centros alejados de la metrópoli— y la religiosa —los lugares donde Dios es un Dios ausente, un Deus absconditus—, Francisco aún añadiría una tercera: la periferia social, el lugar de los desheredados de la tierra. Esa triple periferia es el núcleo de la Iglesia de Francisco. «Si la Iglesia se desentiende de los pobres», declaró en 2020, «deja de ser la Iglesia de Jesús y revive las viejas tentaciones de convertirse en una élite intelectual o moral». Así que, para Francisco, la Iglesia debe alejarse del centro, de Roma y el Vaticano y la pompa y circunstancia de la burocracia eclesiástica. Hay dos imágenes opuestas de la Iglesia, proclama este Papa de intemperie y extrarradio, «la Iglesia evangelizadora que sale de sí, o la Iglesia mundana que vive en sí, de sí, para sí». La segunda imagen es catastrófica, piensa Francisco; la primera, redentora: por eso Francisco, que alguna vez quiso ser misionero, reivindica el ímpetu misionero de la Iglesia, su vocación de «ir al encuentro del otro en las periferias, que son lugares, pero sobre todo personas necesitadas»”.
Ocho
Nos sentimos menos solos los doce años en que un argentino se convirtió en Francisco y guardó algo que merecía la pena ser guardado. Una fuerza. Algo que es más grande que esta despedida, que cualquier despedida, que cualquier operación o exaltación sectorizada sobre “una parte” del Papa. Exaltar “una parte” para hablar más de cada quien que del Papa. Qué época imposible, por momentos. Llena de ego, falta de pudor. ¡Pero Charly vive! Y algo nuevo tiene que nacer. Siempre.
Nueve
“Y esto no lo olviden, para rezar bien debemos rezar como somos, no maquillados, no maquillar el alma para rezar: ‘Señor, yo soy así’. Ir al Señor como somos, con las cosas bellas, y con las cosas feas, que nadie conoce, pero que nosotros conocemos en el interior”, señaló Francisco.
La oración es un acto de silencio y de guarda. A contracorriente. Contracultural en serio.
Diez
Los papados, dicen los que saben, tienen alternancia. El de Benedicto XVI fue breve en más de un sentido. ¿Después de Francisco puede haber otro Francisco? Eso rompería cierta regla entre profundidades y transiciones. Pero, a la vez, ¿la época resiste otro papado transicional? Lo instituyente, lo instituido. ¿Quién fue el papa Francisco? Una revolución sobria, un líder epocal, un Papa imposible de olvidar en el papado siguiente. Un punto de encuentro generacional.
Se fueron, con poquísima diferencia, dos guardianes del siglo XX —el papa Francisco y el Pepe Mujica—. Estamos más a la intemperie. Nos quedan el misterio, la historia, las instituciones. Y la pregunta por Leon XIV. ¿Dos Papas en uno? Continuará.
Luis Caputo insiste en que el «riesgo kuka» vale cero y que las chances de un regreso del peronismo son prácticamente inexistentes. Sin embargo, en Wall Street ya empezaron a ponerle precio a otro escenario. Los seguros contra default de la deuda argentina muestran una diferencia cada vez más marcada entre las coberturas que vencen antes y después de las elecciones presidenciales de 2027, una señal de que el mercado empieza a cubrirse frente a un eventual cambio político o, incluso, frente a las dudas sobre la propia sustentabilidad del programa económico actual.
Los credit default swaps (CDS), los seguros que se utilizan para cubrirse ante un incumplimiento de deuda, se transformaron en uno de los principales termómetros de la incertidumbre financiera argentina. Aunque la referencia más utilizada es el CDS a cinco años, en el mercado comenzaron a mirar con especial atención la diferencia entre los contratos a uno y dos años, porque permiten medir específicamente el riesgo asociado al período electoral.
Actualmente, el spread entre ambas coberturas supera los 270 puntos básicos. Mientras el seguro a un año opera en torno a los 238 puntos básicos, el CDS a dos años salta a 509 puntos. En términos simples, los inversores pagan más del doble para cubrirse frente a un evento de default posterior a las elecciones presidenciales.
La diferencia es particularmente llamativa porque en otros países ese tipo de spreads suele ubicarse entre 20 y 60 puntos básicos. En Argentina, en cambio, la curva financiera empieza a mostrar un quiebre cada vez más pronunciado justamente a partir del horizonte electoral de 2027.
En el mercado reconocen que esa lógica ya empezó a reflejarse también en los bonos soberanos. Los títulos más largos, cuyos vencimientos quedan por fuera del actual mandato presidencial, vienen ofreciendo tasas sensiblemente más altas que aquellos que vencen antes de las elecciones. Esa diferencia de rendimientos funciona como una «prima política» que el mercado exige para asumir el riesgo de largo plazo.
El consultor financiero Javier Peralta viene advirtiendo que bonos como los AL30 y GD30 muestran una mayor volatilidad justamente porque quedan expuestos al escenario posterior a 2027. «El mercado está empezando a ponerle precio al riesgo político de largo plazo», explica. Según detalla, el diferencial de tasas entre bonos que vencen antes y después de las elecciones ronda actualmente el 3 por ciento, una cifra que en términos financieros equivale a unos 300 puntos básicos y que, en la práctica, convalida la misma señal que muestran hoy los CDS.
Peralta sostiene que ahí aparece el negocio para los inversores más agresivos: asumir hoy un mayor nivel de incertidumbre a cambio de capturar rendimientos más elevados si el escenario termina estabilizándose y la deuda efectivamente se paga. Pero detrás de esa apuesta también aparece una señal incómoda para el Gobierno: el mercado ya no da por garantizada la continuidad sin sobresaltos del actual esquema económico.
Sin embargo, algunos economistas sostienen que la lectura de los CDS no necesariamente implica que los inversores estén apostando únicamente a una derrota electoral del oficialismo. Desde el Centro Cultural de la Cooperación advierten que el problema también puede ser la propia sustentabilidad financiera del modelo económico de Javier Milei, incluso en un escenario donde el Presidente logre sostener el poder más allá de 2027.
«El mercado parece asumir que el esquema puede llegar relativamente estable hasta las elecciones, pero no necesariamente que sea sostenible en el largo plazo», señalan desde el CCC. Según esa mirada, la curva de los seguros contra default no sólo refleja dudas políticas, sino también crecientes interrogantes sobre la capacidad futura de acumular reservas y sostener los pagos de deuda.
El mercado parece asumir que el esquema puede llegar relativamente estable hasta las elecciones, pero no necesariamente que sea sostenible en el largo plazo
En ese marco, sostienen que el mercado empieza a mostrar dudas sobre la consistencia financiera del programa económico en el mediano plazo. «Persisten interrogantes sobre cómo el Gobierno sostendrá en los próximos años los pagos de deuda, la necesidad de dólares y el creciente peso de los compromisos financieros». Según esa mirada, la suba de los seguros contra default refleja justamente esa incertidumbre estructural que empieza a filtrarse en los precios de mercado.
A eso se suma otro dato que empieza a generar ruido entre operadores y analistas: incluso en plena liquidación del agro, momento donde históricamente ingresan más divisas, las reservas muestran un comportamiento prácticamente estancado. Parte de los dólares que compra el Banco Central vuelven rápidamente a salir por otros canales, ya sea vía pagos financieros o formación de activos externos.
En definitiva, detrás del discurso oficial sobre la «confianza de los mercados», empieza a aparecer una señal bastante menos cómoda para el Gobierno. Los inversores todavía acompañan el esquema económico de Milei, pero cada vez pagan más caro cubrirse para el período posterior a las elecciones. El mensaje de fondo es claro: el mercado puede creer que el modelo llega a 2027, pero ya no muestra la misma certeza sobre lo que ocurre después. Y en Wall Street, cuando empiezan a subir los seguros contra default, es porque alguien ya empezó a desconfiar del relato de estabilidad eterna que intenta vender Caputo.
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