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Se recuerda a los vecinos no ingresar a El Sauce por el paso a nivel

La Municipalidad de Villa Regina solicita a los vecinos no ingresar a barrio El Sauce por el paso a nivel donde la Secretaría de Obras y Servicios procedió a la colocación de un paño de hormigón con badén lateral que evitará la acumulación de agua los días de lluvia.

En este sentido se recuerda que hasta el 21 de abril va a estar interrumpido el paso para evitar el acceso por ese lugar. El uso temprano del mismo sin la autorización de la Municipalidad traerá como consecuencia la rotura del hormigón.

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    Los héroes que la historia casi olvidó: cómo los trabajadores ferroviarios sostuvieron el país durante la epidemia de fiebre amarilla

     

    Cuando la epidemia de fiebre amarilla golpeó a Buenos Aires en 1871, la ciudad quedó paralizada por el miedo. Miles de personas abandonaron sus hogares, los servicios públicos colapsaron y la muerte se convirtió en una presencia cotidiana. En medio de aquella tragedia, cientos de trabajadores ferroviarios, carreros, sepultureros y empleados públicos sostuvieron tareas esenciales que permitieron evitar un desastre todavía mayor. Su historia rara vez ocupa un lugar destacado en los libros, pero constituye uno de los ejemplos más conmovedores de solidaridad y compromiso colectivo de la historia argentina.

    Por Alcides Blanco para NLI

    La historia suele recordar las grandes epidemias a través de sus cifras: cuántos murieron, cuánto duró la enfermedad o qué gobiernos debieron enfrentarla. Sin embargo, detrás de esos números existen miles de historias individuales que muchas veces permanecen ocultas. La epidemia de fiebre amarilla que azotó a Buenos Aires en 1871, considerada una de las mayores tragedias sanitarias de la historia argentina, también dejó un conjunto de protagonistas silenciosos cuya tarea resultó indispensable para que la ciudad pudiera seguir funcionando en medio del colapso. No eran médicos famosos ni dirigentes políticos. Eran trabajadores que, aun sabiendo que arriesgaban sus propias vidas, continuaron conduciendo trenes, trasladando enfermos, retirando cadáveres, limpiando calles o manteniendo servicios esenciales cuando buena parte de la población huía desesperadamente de la ciudad.

    La enfermedad llegó a una Buenos Aires que crecía aceleradamente pero que todavía presentaba enormes deficiencias sanitarias. El acceso al agua potable era limitado, los sistemas de desagüe resultaban insuficientes y amplios sectores populares vivían hacinados en conventillos donde las condiciones de higiene favorecían la propagación de enfermedades. A eso se sumó el escaso conocimiento científico disponible sobre los mecanismos de transmisión de la fiebre amarilla, cuyo vínculo con el mosquito Aedes aegypti recién sería descubierto décadas más tarde. Frente a una amenaza que parecía imposible de controlar, el miedo comenzó a extenderse con una velocidad similar a la de la propia epidemia.

    Mientras las familias con mayores recursos abandonaban la ciudad rumbo a zonas rurales o localidades vecinas, quienes no tenían esa posibilidad permanecían en Buenos Aires enfrentando una realidad devastadora. Los hospitales desbordaban, los cementerios no alcanzaban para recibir la enorme cantidad de víctimas y los servicios públicos funcionaban al límite de sus posibilidades. En ese escenario crítico, el trabajo cotidiano de miles de personas anónimas se volvió imprescindible para evitar que la crisis sanitaria derivara en un colapso absoluto.

    El tren que llevaba esperanza en medio del miedo

    Entre esos trabajadores ocuparon un lugar fundamental los empleados ferroviarios. Los trenes continuaron transportando alimentos, medicamentos, insumos y personas cuando gran parte de la actividad económica estaba prácticamente paralizada. También permitieron trasladar enfermos hacia zonas donde todavía existía capacidad de atención y facilitaron el abastecimiento de una ciudad que comenzaba a quedar aislada por el temor al contagio.

    Aquella tarea no estuvo exenta de riesgos. Los conocimientos médicos de la época no permitían comprender con precisión cómo se propagaba la enfermedad y muchos trabajadores desempeñaban sus funciones sin ningún tipo de protección. Cada jornada implicaba entrar en contacto con pasajeros, cargas y espacios donde la epidemia avanzaba sin control. Sin embargo, la necesidad de sostener el funcionamiento de la ciudad hizo que miles de ellos continuaran trabajando cuando hacerlo significaba poner en peligro la propia vida.

    Junto a los ferroviarios actuaron carreros, cocheros, sepultureros, policías, empleados municipales, religiosos, voluntarios y médicos que permanecieron en sus puestos pese al miedo generalizado. La organización espontánea de esos sectores permitió que la ciudad siguiera recibiendo alimentos, que los hospitales continuaran funcionando y que las víctimas pudieran ser sepultadas en condiciones cada vez más difíciles.

    La epidemia que cambió Buenos Aires

    La fiebre amarilla dejó una huella profunda en la historia urbana argentina. La magnitud de la tragedia obligó a revisar las políticas sanitarias, impulsó obras de infraestructura vinculadas al agua potable y al sistema de cloacas y modificó la forma en que el Estado comenzó a pensar la salud pública. También aceleró transformaciones urbanas destinadas a mejorar las condiciones de higiene de una ciudad que había crecido mucho más rápido que sus servicios básicos.

    Pero la epidemia también dejó una enseñanza política que mantiene vigencia. Las grandes crisis sanitarias no se resuelven únicamente con decisiones gubernamentales o avances científicos. También dependen del compromiso cotidiano de quienes sostienen los servicios esenciales. La pandemia de COVID-19 volvió a demostrarlo más de un siglo después, cuando trabajadores de la salud, transportistas, recolectores de residuos, personal de limpieza y empleados de múltiples actividades continuaron desempeñando tareas indispensables mientras buena parte de la sociedad permanecía aislada.

    Ese paralelismo permite comprender que la historia de 1871 no pertenece solamente al pasado. Cada generación enfrenta sus propias emergencias y descubre, una vez más, que existen oficios cuya importancia suele pasar inadvertida hasta que una crisis los vuelve imprescindibles.

    Una memoria construida desde abajo

    Las grandes narraciones históricas suelen concentrarse en presidentes, generales o dirigentes. Sin embargo, la vida cotidiana de un país también se sostiene gracias a millones de trabajadores cuya contribución rara vez recibe reconocimiento público. La epidemia de fiebre amarilla ofrece uno de los ejemplos más claros de esa realidad. Sin el esfuerzo de quienes mantuvieron en funcionamiento los servicios básicos, el impacto de la tragedia probablemente habría sido todavía mayor.

    Recordar esas historias también invita a revisar la manera en que se construye la memoria colectiva. Muchas veces, los protagonistas más importantes de un proceso histórico no son quienes aparecen en los retratos oficiales, sino quienes sostienen silenciosamente el funcionamiento de una sociedad cuando todo parece derrumbarse.

    La fiebre amarilla de 1871 fue una de las páginas más dolorosas de la historia argentina, pero también una de las que mejor muestra el valor del trabajo colectivo. En medio del miedo, cuando miles escapaban de la ciudad y la incertidumbre dominaba la vida cotidiana, hubo hombres y mujeres que siguieron cumpliendo su tarea para que Buenos Aires no terminara de colapsar. Su historia recuerda que las sociedades no se sostienen únicamente por las decisiones de sus gobernantes, sino también por el compromiso de quienes, muchas veces lejos de los homenajes, hacen posible la vida cotidiana incluso en los momentos más difíciles.

     

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  • La mitad de los argentinos dice que no aguanta más la situación económica

     

    La mitad de los argentinos asegura que ya no está dispuesta a seguir esperando una mejora en su situación personal como consecuencia del ajuste del gobierno de Javier Milei.

    Según una encuesta realizada por la consultora QSocial, el 67% considera que el sacrificio económico «no vale la pena». El mismo porcentaje consideró que el esfuerzo que realiza hoy la sociedad no valdrá la pena en el futuro. En ambos casos, alrededor de un 31% o 32% expresó una opinión favorable a las medidas.

    El sondeo revela que el 50% de los consultados respondió que «ya no puede esperar más» para que las medidas oficiales generen resultados concretos en su economía personal.

    En tanto, un 20% afirmó que está dispuesto a esperar hasta las elecciones presidenciales de 2027, un 10% hasta fin de este año y un 8% hasta mediados de 2027, mientras que un 12% no expresó una posición.

    La encuesta también indagó sobre la percepción de la situación del país. Apenas el 16% calificó el presente como «bueno», frente a un 35% que lo definió como «regular» y un 48% que lo consideró «malo».

    Sin embargo, al comparar la actualidad con diciembre de 2023, cuando Milei asumió la Presidencia, el porcentaje de quienes creen que el país está mejor asciende al 31%.

    Las expectativas económicas hacia el futuro tampoco muestran un panorama favorable para el oficialismo. Ante la consulta sobre cómo estará la economía dentro de un año, el 47% respondió que será peor, mientras que el 26% confía en una mejora y el 21% cree que permanecerá igual.

    Entre las principales preocupaciones de los argentinos aparecen el trabajo y la pobreza, ambos con el 21% de las menciones. Más atrás se ubican la corrupción (19%), la inflación (11%), la inseguridad (8%), la Justicia (6%) y otros problemas (12%).

    Respecto de la capacidad del Gobierno para resolver esos desafíos, el 61% opinó que no podrá hacerlo, mientras que el 32% consideró que sí tiene posibilidades de encontrar soluciones.

    La percepción sobre los destinatarios de las políticas oficiales también resultó mayoritariamente crítica. El 64% sostuvo que Milei gobierna «para algunos sectores», mientras que el 25% cree que lo hace «para la mayoría de la población». 

     

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  • Bronca de Kicillof por el acercamiento de Milei a los gobernadores: «Eso no es parlamentarismo, es extorsión»

     

    Axel Kicillof salió a cuestionar con fuerza el acercamiento que encaró la Casa Rosada con los gobernadores para conseguir los votos en el Congreso para aprobar leyes clave como la anulación de las PASO y la Ley de Tierras.

    «Ahora buscan que los gobernadores voten por extorsión. Los funden y después les prestan para que voten. Eso no es parlamentarismo, es extorsión», dijo el bonaerense en Morón.

    «Nosotros estamos en la vereda contraria. Aunque nos persigan, aunque nos quieran asfixiar, no vamos a arrodillarnos», dijo Kicillof en una actividad junto al intendente Lucas Ghi.

    Tras la llegada de Diego Santilli a la jefatura de Gabinete el gobierno nacional reactivó un operativo para poder seducir a los gobernadores y contar con sus votos en el Congreso. El objetivo es sacar en el segundo tramo del año la anulación de las PASO y la Ley de Tierras.

    Preocupados por las encuestas, Karina y Santilli retoman el diálogo con los gobernadores y le dan a Pullaro la ruta de los puertos

    Este miércoles, Karina Milei formalizó la transferencia a Santa Fe del mantenimiento de la llamada «Ruta de los Puertos». Se trata de una traza fundamental para el área metropolitana de Rosario y que conecta el ingreso de los puertos y evita que en época de cosecha los miles y miles de camiones que transitan la zona ingresen en la ciudad.

    En Santa Fe creen que la Casa Rosada busca «recuperar el diálogo y cumplir lo que promete» antes de abrir la negociación por las reformas que necesita en el Congreso.

    Ahora buscan que los gobernadores voten por extorsión. Los funden y después les prestan para que voten. Eso no es parlamentarismo, es extorsión.

    Quien trabaja para recuperar la confianza de los gobernadores es Santilli. El viernes, el Jefe de Gabinete se reunió con el gobernador de La Pampa, el peronista Sergio Ziliotto, con quien definió avances en materia de Caja Previsional y el traspaso de las obras del PROCREAR.

    En tanto, el martes estuvo con el correntino Juan Pablo Valdés, con quien repasó la agenda de trabajo entre ambas administraciones y conversó sobre las obras para el puente Alvear-Itaquí y el proyecto Puente Monte Caseros-Bella Unión.

    Mientras tanto, las conversaciones entre Casa Rosada y La Plata siguen cortadas. La orden de Karina a Santilli es no abrir con el gobierno de Kicillof ningún canal de diálogo.

    Kicillof exige que Milei le entregue la autopista Presidente Perón: «estamos hartos»

    Al día siguiente del anuncio de la llegada del Colo a la Jefatura de Ministros, el ministro de Gobierno, Carlos Bianco, contó que le envió una carta vía WhatsApp en la que le pidió retomar el diálogo entre Gobierno Nacional y Provincia.

    «Lo felicité y le pedí que reciba una delegación de funcionarios para establecer un plan de trabajo conjunto», describió Bianco. «Le conté sobre los fondos recortados y el abandono de las obras públicas en territorio bonaerense», agregó.

    Kicillof quiere que Milei le transfiera la autopista Presidente Perón, una obra a la que le faltan apenas 5 kilómetros para concluirse y que quedó paralizada.

    La autopista Perón es el tercer anillo de circunvalación del AMBA (el primero es la General Paz, el segundo es la ruta 4) y atraviesa 12 municipios. En 2024, los ministros Gabriel Katopodis (Infraestructura) y Javier Alonso (Seguridad) se reunieron con Patricia Bullrich (entonces al frente del ministerio de Seguridad) para iniciar las gestiones por el traspaso de la obra a la órbita de la provincia. Sin embargo, tras ese encuentro, no hubo ningún tipo de avance.

     

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