Con el objetivo de informar y coordinar acciones en el marco de la campaña de vacunación contra el COVID-19, se realizó en la sala de conferencias del Municipio una reunión en la que participaron autoridades municipales, Salud Pública, juntas vecinales e instituciones.
Estuvieron presentes la Secretaria de Desarrollo Social Luisa Ibarra, el Director de Acción Social Rodrigo Durán, el responsable de la Administración de Juntas Vecinales Flavio Collino, el director del hospital Osvaldo Ruiz Díaz y las encargadas del vacunatorio local Graciela Parada y Graciela González.
En la oportunidad, Ruiz Díaz explicó cómo se viene desarrollando el operativo en la ciudad, que comenzó con el personal de salud, y continuó con el policial y de educación por ser considerados esenciales.
Indicó que con las nuevas partidas de vacunas que se están recibiendo el procedimiento seguirá con el rango etario mayor a los 60 años.
En tanto desde la Secretaría de Desarrollo Social se indicó que la población adulta institucionalizada ya fue vacunada.
Los participantes también abordaron la posibilidad de coordinar la inscripción de los adultos mayores en las salas barriales, para lo cual el área municipal mencionada dispondrá de trabajadores sociales para realizar la misma.
Juan Bautista Mahiques logró que el Senado dictamine este miércoles los pliegos de los jueces Juan Galván Greenway y Alejandro Catania para la sala A y B de la Cámara de Apelaciones en lo Penal Económico, respectivamente. La importancia estratégica de ese nombramiento radica en que por allí tramita la causa contra el titular de la AFA, Claudio «Chiqui» Tapia, y el tesorero de la entidad, Pablo Tovillino, por evasión.
De hecho, Greenway había fallado a favor de Tapia el pasado 24 de abril, en el marco de una causa que investigaba el supuesto desvío del pago indemnizatorio por un partido suspendido de la Selección Argentina contra su par de Israel en 2018. La sospecha era que el dirigente del fútbol habría destinado ese dinero a la adquisición de inmuebles pero el magistrado lo sobreseyó. Un senador opositor deslizó que «dos semanas después llegó la retribución política».
Catania, por su parte, acredita 18 años como juez e ingresó de «pinche» en ese mismo fuero para el que concursó antes que Néstor Kirchner lo promoviera a la justicia ordinaria. «Estoy convocado para integrar la cámara de apelaciones que solo cuenta con 2 integrantes de 6 y la necesidad de los nombramientos está a la vista», dijo durante la audiencia pública y agregó: «conozco la dinámica de esas salas porque trabajé cinco años».
Según el candidato, «la Cámara tiene considerables atrasos porque solo tiene dos personas para trabajar y uno de los ejes centrales en los que debería trabajar es en acelerar la tramitación de los procesos». Por esa misma razón, fuentes judiciales deslizaron ante LPO que Mahiques gestó un blindaje con la promoción de los dos jueces para que ocupen un cargo en cada sala y, al mismo tiempo, puedan subrogar en otras si alguna investigación cayera por sorteo en un juzgado vecino.
Mahiques está arreglando los temas de la AFA pero en el caso de Adorni se enteran los periodistas antes que nosotros.
Esa maniobra despierta malestar tanto en Casa Rosada como en el Congreso. «Mahiques está arreglando los temas de la AFA pero en el caso de Adorni se enteran los periodistas antes que nosotros», se quejó un senador en referencia a las revelaciones que produce el fiscal Gerardo Pollicita en el juzgado de Ariel Lijo.
En efecto, el poderoso magistrado de Comodoro Py pelea contra Mahiques por la Procuración General de la Nación, un objetivo todavía lejano porque aún no se puso en juego pero los sitúa en una guerra de posiciones.
Alejandro Catania y Juan Galván Greenway.
Por eso, la interpretación de dos jueces gravitantes en los tribunales de Retiro es que la jugada de Lijo para peritar los audios de Diego Spagnuolo en la causa de las coimas de la Andis no sería para congraciarse con Karina Milei sino para validar la prueba y mantener la causa abierta. «La puso en el freezer», resumió uno de ellos.
Es conocida la bronca de Macri con Lijo, porque no cerró la causa Correo, una suerte de manifestación de su poder. Aunque apenas se conoció su decisión sobre Andis, se especuló con la chance que todo fuera un intento por cerrar el caso e impugnar lo actuado por el fiscal Franco Picardi y el juez Sebastián Casanello, que había subrogado el juzgado hasta febrero, al cierre de esta nota prevalecía la hipótesis del manejo del tiempo.
En ese contexto, Mahiques no está mostrando resultados a Karina, mientras que Javier Milei honró su compromiso con rapidez al enviar el pliego del padre del ministro, Carlos «Coco» Mahiques, antes que su hijo asumiera en el gabinete. Un funcionario del gobierno recordaba en las últimas horas que Santiago Caputo le avisó al Presidente cuando, por imposición de Karina, barrieron a Sebastián Amerio del ministerio: «Mahiques es su propio jefe».
Un funcionario del gobierno recordaba en las últimas horas que Santiago Caputo le avisó al Presidente cuando, por imposición de Karina, barrieron a Sebastián Amerio del ministerio: «Mahiques es su propio jefe».
Acaso genere también resquemor que otro de los pliegos que juntó las firmas fue el de María Julia Sosa, la ex secretaria del juez Julián Ercolini. La postulante fue propuesta como jueza de cámara del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°3 de La Plata, después de 36 años de trayectoria, y su dictamen es otra conquista de Comdoro Py en medio del asedio judicial contra el gobierno.
Por lo demás, este miércoles también se produjo una reunión en la Cámara Alta entre la vicepresidenta Victoria Villarruel, la jefa de la bancada libertaria, Patricia Bullrich, y sus pares de los bloques aliados. La intención del oficialismo sería, precisamente, convocar a una sesión cuanto antes, con el objetivo de aprobar los pliegos de los jueces.
Como informó LPO, Bullrich tiene dificultades para juntar el quórum por el retaceo de recursos de Milei y Toto Caputo a los gobernadores y por el efecto Adorni. «Si el gobierno no logra pronto que el Senado sesione, corre el riesgo que los pliegos se difieran para después del mundial y todos entren en modo electoral, demasiado tarde para negociar nada», soltó una fuente judicial. El dead-line no corre solo para la ex ministra de Seguridad, sino también para Mahiques.
El Intendente Marcelo Orazi permanecerá en Viedma durante este miércoles y jueves para llevar adelante gestiones ante autoridades provinciales. Durante su ausencia estará a cargo del Ejecutivo Municipal el Secretario de Coordinación Ariel Oliveros. Orazi está acompañado por el Secretario de Gobierno Guillermo Carricavur. Al frente de Gobierno estará la Secretaría de Desarrollo Social Luisa…
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La irrupción de Javier Milei en la política argentina no puede explicarse únicamente como un fenómeno electoral ni como el simple ascenso de una nueva derecha. Hay algo más profundo ocurriendo en el modo en que el poder se legitima, organiza el lenguaje público y redefine quién merece reconocimiento dentro de la comunidad política. Allí es donde una lectura atravesada por las categorías de Michel Foucault adquiere una potencia singular: no para reducir el mileísmo a una fórmula académica, sino para comprender cómo un discurso de ruptura moral puede transformarse en una tecnología eficaz de gobierno.
El núcleo de esa construcción no es económico. Tampoco estrictamente ideológico. Es moral.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
Milei no llegó al poder solamente prometiendo bajar la inflación o destruir regulaciones estatales. Llegó construyendo un antagonismo ético absoluto entre “la casta” y “los argentinos de bien”. Ese lenguaje, repetido hasta el agotamiento mediático, terminó produciendo algo mucho más relevante que un slogan: fabricó una identidad social.
Porque “argentino de bien” no funciona como una descripción objetiva. No existe un criterio verificable que permita determinar quién pertenece realmente a esa categoría. Su eficacia reside precisamente en su ambigüedad. El concepto opera como una consagración moral difusa donde cada adherente puede reconocerse a sí mismo como parte de un grupo virtuoso amenazado por enemigos internos.
Allí aparece uno de los mecanismos centrales del poder contemporáneo: la administración de legitimidades.
La pureza como herramienta de poder
Foucault entendía que las sociedades modernas no se organizan únicamente mediante leyes o coerción física. El poder necesita producir discursos verdaderos, clasificar sujetos y establecer qué formas de vida son consideradas normales, productivas o deseables. Gobernar implica también ordenar moralmente la sociedad.
En la Argentina de Milei, esa lógica aparece de manera descarnada.
El “argentino de bien” es presentado como alguien que trabaja, paga impuestos, soporta sacrificios y rechaza cualquier forma de mediación colectiva asociada al Estado. Del otro lado emerge una masa difusa de sospechosos: sindicalistas, militantes, empleados públicos, movimientos sociales, periodistas críticos, universidades, artistas subvencionados, organismos de derechos humanos o cualquiera que cuestione el nuevo orden moral libertario.
No se trata simplemente de adversarios políticos. Se los construye discursivamente como sectores parasitarios, degenerados o moralmente inferiores.
Ese desplazamiento es decisivo. Porque cuando la política abandona el terreno del conflicto democrático y pasa a estructurarse sobre categorías morales absolutas, el opositor deja de ser alguien con quien se disputa el poder para convertirse en alguien cuya existencia misma aparece como ilegítima.
En otras palabras: ya no hay diferencias políticas; hay sujetos “sanos” enfrentados a elementos contaminantes.
La obsesión mileísta con palabras como “parásitos”, “zurdos de mierda”, “empobrecedores” o “casta” no responde solamente a un estilo agresivo. Constituye una forma de clasificación social. Una maquinaria simbólica destinada a dividir la población entre quienes merecen reconocimiento y quienes pueden ser humillados públicamente sin costo moral.
El outsider y la ficción de la excepción
La fuerza inicial de Milei provino de una promesa de exterioridad. Su legitimidad surgía de aparecer por fuera del sistema político tradicional, incluso cuando rápidamente comenzó a tejer alianzas con actores históricos del poder económico, mediático y judicial argentino.
Pero el outsider moderno no necesita estar realmente afuera del sistema. Le alcanza con conservar la narrativa de la excepción moral.
Ahí reside una de las grandes paradojas del mileísmo contemporáneo. Incluso frente a denuncias, escándalos, negociaciones opacas o evidencias de privilegios dentro del propio gobierno, parte importante de su electorado sigue interpretando esos hechos como secundarios frente a una supuesta batalla histórica contra enemigos mayores.
Ese fenómeno revela algo incómodo sobre el funcionamiento real de las democracias contemporáneas: los ciudadanos no adhieren solamente a programas racionales; adhieren a sistemas emocionales de interpretación del mundo.
Cuando un gobierno logra construir una identidad moral fuerte, la evidencia objetiva pierde centralidad. Los hechos dejan de evaluarse en sí mismos y pasan a interpretarse según quién los denuncia y desde qué lugar político se enuncian. Por eso la corrupción puede relativizarse. No porque deje de existir, sino porque el discurso oficial logra reorganizar su significado. Si el líder continúa siendo percibido como quien combate a “los verdaderos corruptos”, entonces las contradicciones internas pueden absorberse dentro del relato épico de transformación nacional.
La pregunta deja de ser “¿hubo corrupción?” y pasa a ser “¿quién está denunciando y con qué intención?”.
La batalla cultural como disciplina
Uno de los aspectos más sofisticados del fenómeno Milei es haber convertido la confrontación permanente en una forma estable de gobierno. La agresión constante no constituye una anomalía comunicacional ni una pérdida de control emocional. Funciona como una pedagogía política.
Cada ataque presidencial contra periodistas, economistas, artistas o dirigentes opositores produce un efecto disciplinador sobre el resto de la esfera pública. El mensaje implícito es transparente: cualquiera que cuestione el relato oficial puede ser expuesto, ridiculizado o transformado en enemigo colectivo.
Foucault estudió precisamente cómo el poder moderno ya no depende exclusivamente del castigo físico espectacular. El control más eficiente es aquel que induce autocensura, vigilancia mutua y adaptación preventiva. Las redes sociales radicalizaron ese mecanismo hasta niveles inéditos. El ecosistema digital mileísta opera muchas veces como una estructura de disciplinamiento distribuido donde miles de usuarios reproducen hostigamientos, campañas de señalamiento y persecuciones simbólicas contra figuras disidentes. El resultado es un clima político donde la violencia verbal deja de ser excepcional y pasa a constituir la atmósfera cotidiana del debate público.
En ese contexto, la idea de “argentinos de bien” cumple una función central: ofrece legitimidad moral anticipada para la agresión. Si el adversario es presentado como corrupto, degenerado o enemigo de la nación, entonces la violencia discursiva aparece justificada como una forma de defensa social.
El sacrificio como virtud
Otro rasgo distintivo del mileísmo es la moralización del sufrimiento económico. En condiciones normales, una caída abrupta del salario, el consumo o el empleo debería erosionar rápidamente la legitimidad gubernamental. Sin embargo, Milei logró transformar el ajuste en una prueba ética.
El sacrificio ya no aparece como consecuencia de una política económica concreta, sino como evidencia de madurez social. “Había que pasarla mal”. “No hay plata”. “Estamos pagando décadas de populismo”. El dolor se resignifica como purificación. Ese mecanismo conecta profundamente con la subjetividad neoliberal contemporánea: el individuo debe aceptar precariedad, pérdida de derechos y deterioro material como demostración de responsabilidad personal.
El ciudadano deja entonces de percibirse como sujeto de derechos colectivos y comienza a entenderse como emprendedor moral de sí mismo. Aguantar se vuelve una virtud. Resistir el ajuste se convierte en signo de pertenencia identitaria.
La política ya no promete bienestar inmediato. Promete redención futura a cambio de obediencia presente.
La nueva legitimidad autoritaria
Quizás el aspecto más inquietante de la experiencia argentina actual sea que gran parte de estas transformaciones ocurren dentro de procedimientos democráticos formales. No hace falta clausurar elecciones para producir dinámicas autoritarias. Basta con erosionar sistemáticamente la legitimidad de toda institución intermedia capaz de limitar el poder presidencial.
La demonización del periodismo, el desprecio por el Congreso, el ataque permanente a las universidades, la ridiculización de organismos científicos y la construcción de enemigos internos constantes forman parte de una lógica más amplia: vaciar de autoridad simbólica cualquier espacio que pueda disputar la producción de verdad oficial.
Allí aparece una intuición foucaultiana fundamental: el poder más eficaz no es necesariamente el que prohíbe, sino el que logra que una sociedad naturalice sus propias formas de sometimiento. Tal vez por eso el fenómeno Milei no pueda analizarse solamente como una anomalía argentina ni como una excentricidad mediática. Expresa una mutación más profunda de las democracias contemporáneas: la transición desde sistemas políticos organizados alrededor de consensos institucionales hacia regímenes de legitimidad emocional, identitaria y moral.
En ese nuevo escenario, la verdad importa menos que la pertenencia. La coherencia menos que la fidelidad. Y la corrupción menos que la capacidad de seguir convenciendo a millones de personas de que, pese a todo, continúan formando parte de “los buenos”.
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