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Recomiendan extremar los cuidados contra la hipertensión arterial por el coronavirus

En el Día Mundial de la prevención de la Hipertensión Arterial (HTA), especialistas aconsejaron fortalecer la prevención, los controles y la continuidad de los tratamientos, al advertir que además de ser el principal factor de riesgo cardiovascular, aumenta la posibilidad de contraer formas severas de coronavirus.

«La hipertensión arterial es una enfermedad silenciosa, sin síntomas. Más allá de causas hereditarias, los hábitos de vida favorecen su manifestación. La falta de ejercicio físico, la obesidad abdominal; el exceso del usos de la sal y el sodio en conservas y procesados; el stress cotidiano; el tabaquismo; los trastornos del sueño y en las mujeres la menopausia, son múltiples factores que lo favorecen», explicó el doctor Miguel Sangiovanni, con máster en Hipertensión Arterial y Mecánica Vascular de DIM Centros de Salud,

Por su lado, Carlos Reguera, médico cardiólogo y Jefe de Medicina Preventiva y Cardiología de INEBA, declaró que «se lo considerada el principal factor de riesgo cardiovascular. Trabajar en su prevención es uno de los aspectos más relevantes que podemos hacer desde el sistema sanitario. Incluso en estos momentos de pandemia es sumamente importante mantener los controles».

La hipertensión arterial es una enfermedad crónica que afecta a más del 25-30% de la población a nivel mundial; entre las personas afectadas, un número importante no están tratadas y de aquellas que reciben tratamiento más de la mitad no tienen las cifras de tensión controladas.

Uno de los problemas que tiene la hipertensión es que es «silenciosa», se puede cursar sin síntomas durante mucho tiempo.

La hipertensión arterial es una enfermedad crónica que afecta a más del 25-30% de la población a nivel mundial; entre las personas afectadas, un número importante no están tratadas y de aquellas que reciben tratamiento más de la mitad no tienen
las cifras de tensión controladas.

«En nuestro país el 38,8% de los hipertensos desconocen su enfermedad, el 55,5% están bajo tratamiento y solo el 24,2% se encuentran bien controlados. La presión puede variar», indicó Reguera.

Desde otro punto de vista, la Sociedad Argentina de Nefrología (SAN) recordó que la hipertensión arterial es la segunda causa de enfermedad renal crónica a nivel global. Nueve de cada diez personas con Enfermedad Renal Crónica (ERC) en etapas de 3 a 5 sufren de hipertensión, indicó la SAN al subrayar la necesidad de extremar las medidas de cuidado del sistema circulatorio.

El coordinador de los grupos de trabajo de la SAN y secretario del grupo de trabajo de Hipertensión Arterial y Daño Vascular, Carlos Blanco, dijo a Télam que «la hipertensión arterial es una enfermedad crónica que representa un serio problema de salud pública en los países desarrollados y es considerada uno de los principales factores de riesgo para las enfermedades cardiovasculares, como el infarto de miocardio, los accidentes vasculares cerebrales o la insuficiencia cardiaca, así como también es la segunda causa de enfermedad renal crónica a nivel global».

Y continuó: «La prevalencia de la hipertensión arterial es similar a la de gran parte de los países, afectando a más del 25-30% de la población; en cuanto a la enfermedad renal, a nivel global y también en nuestro país, se considera que un 10% de la población tiene algún tipo de patologías con compromiso renal», mencionó.

Respecto de la incidencia de la pandemia de coronavirus en el abordaje de estas enfermedades, Blanco resaltó que «fue significativo, dado que los hipertensos y los enfermos renales, en particular los enfermos renales crónicos que reciben tratamiento de diálisis en cualquiera de sus dos variantes o los que están trasplantados, son pacientes de riesgo de tener grados moderados y/o severos de enfermedad por Covid 19″.

Los especialistas coinciden en cuanto a las medidas de prevención que se deben tomar para evitar la hipertensión arterial.

Virginia Busnelli, médica especialista en nutrición y directora del Centro de Endocrinología y Nutrición (CRENYF), indicó que «el excesivo consumo de sodio en la actualidad es el principal factor a trabajar cuando hablamos de prevención de esta enfermedad», por lo que recomendó «disminuir el agregado de sal de mesa en las preparaciones y platos de comida y el consumo de alimentos procesados y ultraprocesados».

Entre otros hábitos saludables, consideró los controles médicos regulares, la incorporación de más frutas, verduras, cereales integrales y legumbres a la dieta cotidiana, así como también la realización de actividad física de forma periódica y no fumar.

Sangiovanni hizo hincapié en evitar el sedentarismo «caminar a paso vivo 30 minutos cinco veces a la semana como mínimo», manejar la ansiedad mediante la práctica de la meditación o simplemente escuchar música para bajar el ritmo cotidiano.

«Esta es una enfermedad presente en cualquier edad, más aún con tantos niños obesos y sedentarios con uso precoz de cigarrillos que prevalece en la actualidad», concluyó.

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    La nueva cruzada ideológica de Trump que Milei ya abraza: cómo Estados Unidos busca construir una alianza global contra la izquierda y por qué preocupa el rol de la Argentina

     

    La participación del Gobierno de Javier Milei en una cumbre impulsada por Donald Trump abrió interrogantes sobre el alineamiento argentino con una estrategia internacional que busca construir una coalición contra la izquierda y ampliar la cooperación en inteligencia y seguridad.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    Alejandra Monteoliva, Andrew Bailey y Peter Lamelas

    Detrás de una cumbre internacional presentada oficialmente como un encuentro para fortalecer la cooperación contra el terrorismo, la administración de Donald Trump comenzó a desplegar una estrategia mucho más ambiciosa: construir una coalición internacional que identifique a la izquierda como una amenaza geopolítica. La presencia de funcionarios argentinos en ese encuentro no pasó inadvertida y abrió interrogantes sobre el rumbo que está tomando la política exterior de Javier Milei y el grado de alineamiento que su gobierno está dispuesto a asumir con Washington.

    Durante buena parte de su gestión, Javier Milei convirtió la llamada «batalla cultural» en uno de los ejes centrales de su discurso político. El Presidente no sólo planteó una confrontación permanente contra el socialismo, el progresismo y lo que denomina «la agenda woke», sino que además buscó internacionalizar esa pelea participando de foros conservadores y estrechando vínculos con referentes de la nueva derecha global. Sin embargo, lo que hasta hace poco parecía limitarse al plano discursivo comienza ahora a trasladarse al terreno de la diplomacia, la seguridad y la inteligencia internacional.

    Ese cambio de escala quedó expuesto tras la cumbre organizada por la administración de Donald Trump, donde participaron representantes de más de sesenta países y a la que la Argentina asistió a través del vicecanciller Pablo Quirno. Según reveló la periodista Luciana Bertoia, la reunión no estuvo orientada únicamente a fortalecer mecanismos tradicionales de cooperación contra organizaciones terroristas, sino que tuvo como uno de sus objetivos centrales comenzar a articular una coalición internacional frente a lo que Washington define como la amenaza del «terrorismo de izquierda», una categoría que abre numerosos interrogantes por su amplitud conceptual y por las consecuencias que podría tener en términos políticos e institucionales.

    Una definición de «terrorismo» que ya no parece limitarse a organizaciones armadas

    Uno de los aspectos más relevantes del encuentro es que la administración estadounidense comenzó a utilizar un lenguaje que amplía considerablemente el concepto tradicional de terrorismo. Históricamente, esa categoría estuvo asociada a organizaciones armadas específicas cuya caracterización surgía de tratados internacionales, resoluciones de Naciones Unidas o listados confeccionados por distintos Estados. Sin embargo, el discurso presentado durante esta cumbre parece incorporar una dimensión mucho más ideológica, donde la principal preocupación deja de ser exclusivamente la existencia de grupos armados para pasar a concentrarse también en organizaciones y movimientos que Estados Unidos considera parte de una amenaza política vinculada a la izquierda internacional.

    Ese corrimiento no es un detalle menor. Cuando una categoría jurídica tan sensible como la de terrorismo comienza a mezclarse con definiciones ideológicas, inevitablemente aparecen preguntas sobre cuáles serán los límites de esa clasificación, qué actores podrían quedar incluidos bajo ese paraguas y hasta dónde podrían extenderse los mecanismos de vigilancia, cooperación e intercambio de información entre los distintos países participantes.

    Por ese motivo, distintos especialistas en derecho internacional y organismos de derechos humanos vienen advirtiendo desde hace tiempo que cualquier ampliación de esas categorías exige controles institucionales particularmente rigurosos para evitar que herramientas diseñadas para combatir organizaciones violentas terminen utilizándose con finalidades políticas.

    El alineamiento con Washington ya dejó de ser solamente diplomático

    Desde la llegada de Milei a la Casa Rosada, el acercamiento con Estados Unidos se transformó en uno de los pilares de la política exterior argentina. Las coincidencias ideológicas con Trump, la afinidad con sectores conservadores norteamericanos y el respaldo permanente a la agenda impulsada por Washington en distintos organismos internacionales fueron consolidando una relación que ya trascendió el plano estrictamente diplomático.

    En los últimos meses comenzaron a multiplicarse las reuniones entre funcionarios de ambos gobiernos en áreas sensibles como seguridad, defensa e inteligencia. La reciente visita a la Argentina de autoridades del FBI y la participación de representantes nacionales en distintos encuentros organizados por Estados Unidos forman parte de esa profundización del vínculo, que para el oficialismo representa una oportunidad para fortalecer la cooperación internacional, pero que para buena parte de la oposición implica un proceso de alineamiento cuya magnitud todavía no fue suficientemente explicada ante la sociedad.

    Porque una cosa es coordinar acciones contra organizaciones terroristas internacionalmente reconocidas y otra muy distinta es integrar una estrategia geopolítica donde la definición misma de quién constituye una amenaza pasa a depender, en buena medida, de criterios políticos establecidos por la principal potencia mundial.

    Las preguntas que la Cancillería todavía no respondió

    Hasta el momento, el Gobierno argentino no difundió documentación oficial que permita conocer con precisión qué compromisos asumió durante esa reunión ni cuál fue exactamente la posición que llevó la delegación encabezada por Pablo Quirno.

    Tampoco explicó si la participación argentina implicará nuevos acuerdos de intercambio de información entre organismos de inteligencia, si habrá modificaciones en los mecanismos de cooperación existentes o si se avanzará en convenios específicos con agencias estadounidenses.

    Ese vacío informativo comenzó rápidamente a generar pedidos de informes desde distintos sectores opositores, que consideran indispensable que el Congreso conozca el alcance de cualquier entendimiento que pueda afectar áreas tan sensibles como la inteligencia, la seguridad nacional o la política exterior.

    La preocupación no gira únicamente alrededor del contenido de la reunión, sino también sobre el modo en que este tipo de acuerdos suelen desarrollarse, muchas veces mediante memorandos o mecanismos de cooperación administrativa que no siempre reciben un debate público acorde con su importancia institucional.

    De la batalla cultural a una política internacional coordinada

    Quizás el dato más significativo de todo este episodio sea que la denominada batalla cultural, que durante años funcionó como una herramienta de construcción política y electoral para las nuevas derechas occidentales, comienza a institucionalizarse como un eje de coordinación entre gobiernos.

    Lo que antes aparecía como un discurso pronunciado en campañas, conferencias o foros ideológicos empieza ahora a traducirse en reuniones diplomáticas, estrategias de seguridad y posibles mecanismos permanentes de cooperación internacional.

    En ese contexto, la participación argentina adquiere una relevancia que excede largamente un simple encuentro protocolar. Si el Gobierno efectivamente acompaña la estrategia impulsada por Washington, la Argentina podría quedar incorporada a una arquitectura internacional cuya lógica ya no se limita a combatir organizaciones terroristas tradicionales, sino que incorpora una fuerte dimensión ideológica en la definición de las amenazas globales.

    Por eso, más allá de las simpatías o diferencias políticas que puedan existir respecto del gobierno de Milei o de la administración Trump, el debate de fondo pasa por otra cuestión mucho más trascendente: hasta dónde puede llegar el alineamiento internacional de un país sin que exista una discusión pública, parlamentaria e institucional sobre los compromisos que ese alineamiento implica, especialmente cuando involucra áreas tan sensibles como la inteligencia, la seguridad y la definición misma de quiénes pasan a ser considerados enemigos políticos en el escenario internacional.

     

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