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Precauciones ante el aumento del caudal del río Negro

Ante el aumento de caudales anunciado por la AIC, el Departamento de Protección Civil de la Municipalidad de Villa Regina recomienda a la población isleña y ribereña extremar las medidas de precaución, evitando utilizar embarcaciones, cruzar brazos o planificar actividades laborales o recreativas en cercanías del margen norte-sur del río Negro.

Además, en caso de necesidad de evacuación deberán comunicarse con Protección Civil, Policía de Río Negro o Bomberos Voluntarios a los efectos de organizar la actividad con Prefectura Naval Argentina, evitando accidentes náuticos que afecten a las personas.

Recordemos que la AIC informó que se inició un incremento de los caudales del río Limay, erogados por el compensador Arroyito, desde los 300 m3/s hasta alcanzar 900m3/s el día sábado 3 de julio, de acuerdo al siguiente cronograma:

*28/6: 465 m3/s

*29/6: 550 m3/s

*30/6: 655 m3/s

*01/7: 780 m3/s

*02/7: 885 m3/s

*03/7: 900 m3/s

Esta modificación se da en virtud de la mayor generación requerida a la central El Chocón por parte del organismo encargado del despacho eléctrico.

(Foto ilustrativa- vdmnoticias)

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     Un informe del Observatorio de Importaciones de la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas de Santa Fe -APYME- arrojó datos alarmante sobre el impacto de la apertura indiscriminada de productos extranjeros en el entramado productivo de la provincia. 

    Según el relevamiento, desde noviembre de 2023 a la fecha cerraron más de dos mil empresas de las cuales 225 son manufactureras que son las que producen el famoso valor agregado; transforman las materias primas en productos terminado que requiere altos grados de inversión y trabajo calificado.

     Según el relevamiento, desde noviembre de 2023 a la fecha cerraron más de dos mil empresas de las cuales 225 son manufactureras 

    El aumento indiscriminado de las importaciones y la recesión terminaron detonando el entramado industrial con la particularidad de que las más afectadas fueron las grandes empresas que se redujeron en un 9,1% y las pequeñas cayeron un 5.2% mientras que las medianas registraron un crecimiento del 2.4%, dice el informe.

    Los conflictos en Acindar, Celulosa, Vassalli, en las lácteas Verónica y Sancor, entre otros, reflejaron la delicada situación que afecto a pesos pesados de la industria y que se comenzó a extender a otras metalúrgicas, en la rama alimenticia y las textiles.

     [La industria volvió a caer en septiembre y los empresarios advierten: «se van a apagar las máquinas»]

    Las cadenas que más unidades productivas han perdido, según el Observatorio, son Materiales para la construcción (19), Maquinaria agrícola (16) y Calzado (15). Además, cerraron 12 empresas de Línea blanca, lo que representa el 18,5% del total provincial, señala el trabajo de APYME.

    Un párrafo aparte requiere la situación de la maquinaria agrícola donde la provincia de Santa Fe es vanguardia en diseño y fabricación. Con la revolución científico-tecnológica en el campo y la irrupción de la siembra directa, la provincia se convirtió en uno de los principales clúster en la producción de maquinarias adaptadas pero ahora se encuentra amenazada por la importación de equipos usados habilitados por un decreto de Sturzenegger.  

     Fuentes del Ministerio de Producción de Santa Fe consultadas por LPO relativizaron los datos y aseguraron que en la provincia hay unas 6 mil pequeñas y medianas empresas registradas y una caída de dos mil significaba el cierre de un tercio de las empresas. 

    Pero el principal problema que advierte el informe es por el incremento del 86% de las importaciones de bienes finales o de consumo respecto a enero 2024 mientras que los bienes intermedios significó un 27%.  la importación de insumos para la producción y la industria fue mucho menor que el de productos terminados.

     [Se multiplican los conflictos gremiales en el Cordón Industrial del Gran Rosario

    Los industriales señalan que el ingreso indiscriminado de productos de consumo terminados destruye la producción local y el empleo. De hecho, el relevamiento indica que en Santa Fe, el empleo registrado cayó un 2% respecto a noviembre de 2023, lo que equivale a 12.456 trabajadores menos.

    El sector más afectado es el de la industria manufacturera con una pérdida del 4,8% de empleos representando el 53% del total de los puestos perdidos. A su vez, las cifras representan el 8,2% del empleo total de la provincia y el 39% del empleo manufacturero.

    Según un informe previo del Observatorio presentado en septiembre pasado, detallaron un aumento en la importación de pollos de 424,6% – Leche en polvo de 688,9% – Heladeras en un 1190,1% – Lavarropas el 5146,1% – Pulverizadoras un aumento de 842,4% mientras que la importación de tractores creció el 1184,4%.

    Fuentes del Ministerio de Producción de Santa Fe consultadas por LPO relativizaron los datos y aseguraron que en la provincia hay unas 6 mil pequeñas y medianas empresas registradas y una caída de dos mil significaba el cierre de un tercio de las empresas.

    En la cartera se preguntaban si el observatorio de APYME había contemplado el cierre de emprendedores y comercios. Lo cierto es que los datos que se contrastan con los del Ministerio de Trabajo no advirtieron una baja de dos mil pymes en Santa Fe.

     

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    Nuestro propio 1984

     

    Paladares que se unen a Orwell y Calvino para rescatar una sabiduría escondida entre comidas y bebidas repugnantes y viejas palabras.

    Por Silvina Belén para Noticias la Insuperable ·

    Palabras envejecidas, frases con rima, citas citables –a lo Reader’s Digest-, viejas novelas y películas –en sentido figurado o no-, acuden a la memoria cuando algo en la atmósfera cotidiana nos dice que la piedra con la que solemos tropezar una y otra vez vuelve a tomarnos desprevenidos.

    Cuando las segundas marcas son un lujo, las terceras y las “de cuarta” una costumbre o, mejor dicho: una triste necesidad, y los pasivos símbolo de miseria (“miseria espantosa”, se estilaba decir allá lejos y hace tiempo), recordamos palabras como “carestía”, que dominaba en la ardua construcción “carestía de la vida”. Incluso antaño solamente la usaban los jubilados. Para muchos la palabreja es recuerdo que aflora desde la infancia.

    Dice la RAE que su segunda acepción significa “Precio alto de las cosas de uso común”. Y nosotros decimos que eso decían los jubilados. Y que con otro tipo de construcciones hoy dicen y decimos lo mismo. Cambios de forma, pero nada más. El gatopardo acecha. Giuseppe Tomasi[i] también vuelve: «Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi».

    En el imperio aleatorio del juego infanto-juvenil, aparecía “el que toca, toca, / la suerte es loca” frente a cualquier protesta contra el azar. Al maldecir que la esperpéntica de la especulación financiera rija nuestro destino, podríamos pensar en consonancia: “el que toca, toca, / la urna es loca”. Esta vez, entre la evocación lúdica y Valle Inclán. O ante la fuerza del sino[ii], como Álvaro.

    Al ver, ñata contra el vidrio, cómo se agotan los pasajes al exterior comprados con los verdes comprados baratitos –como Tito- con la platita de la bicicleta –hoy carry trade– o la dulce de cualquier especulación, llega inexorable la película que nunca se olvida, el “deme dos” y, por qué no, el “gracias a Dios y a Matínez Dios”.

    Y nosotros siempre en manos de Máximo Carelli, sin siquiera poder ir al cafetín a llorar el enésimo desengaño. Sin Lita de Lázari hallando el precio milagroso, sin colas para pagar en las que hacer catarsis, sin joyas de la abuela ni fondos de olla.

    Pero, en fin, como todo vuelve recargado, hablar de totalitarismo financiero no es baladí cuando en un país imperan solamente la finanza, la especulación y la represión a quienes no pueden aprovecharlas y las sufren como carestía o miseria, sufrientes que son abrumadora mayoría. ¿Por qué no pensar en Orwell y una vuelta de tuerca a 1984? Dejemos esto en suspenso para retomarlo luego.

    Volvamos a las marcas “de cuarta”, a lo mal que saben esos alimentos y bebidas que la carestía impone. Recordemos al Ítalo Calvino de Bajo el sol jaguar (1986) a través de su “Sabor saber”. Conocemos, entendemos, también mediante el sabor. Degustemos las palabras que preceden a la traducción de Jorge Hernández Campos[iii] de “Sabor saber”:

    Los sabores de sólidos y líquidos impuestos por la carestía, entonces, podrían despertar nuestra aletargada sabiduría, licuada con la tan literal como psicológica carestía pandémica y la pos-pandémica inflación. Inflación que, como bien señaló otro Álvaro, esta vez García Linera, “transmuta convicciones revolucionarias en adhesiones reaccionarias.”.

    Pandemia y temprana pos-pandemia nos recuerdan una serie de notas que escribimos sobre una bebida espirituosa, que entre tantas asociaciones en danza ahora también advertimos relacionada a Orwell. Hablaban de la ginebra, sobre todo de la que los peninsulares llaman botánica, es decir: del gin. En definitiva, destilados, literatura e historia, bares de copas, calidades y sabores.

    La calidad de las ginebras les dio mucho material a los historiadores y a los novelistas. Del rústico Old Tom del siglo XVIII en adelante, los sabores del gin estuvieron en la palestra. George Orwell también aprovechó para describir un gin aceitoso, inmundo, que ostentaba una pomposa marca.

    Aprovechemos la ocasión para releer un fragmento de 1984 en el que la Ginebra de la Victoria sale victoriosa.

    “El Nogal estaba casi vacío. Un rayo de sol atravesaba una ventana y caía sobre las polvorientas mesas, amarillándolas. Era la solitaria hora de las tres de la tarde. Desde la tele-pantalla llegaba una música ligera. Winston, sentado en su habitual rincón, miraba su vaso vacío. De vez en cuando dirigía la vista hacia el rostro que lo miraba fijamente desde la pared de enfrente. ‘EL GRAN HERMANO TE VIGILA’, decía el cartel. Sin que él lo llamara, vino un camarero a llenarle el vaso con Ginebra de la Victoria; también echó unas cuantas gotas de una botellita que tenía un tubo que atravesaba el tapón. Era endulzante aromatizado con clavo de olor, especialidad de la casa. […] Se tomó la ginebra de un trago. Como siempre, le hizo estremecerse e, incluso, sentir algunas arcadas. El líquido era horrible. El endulzante con clavo, de suyo repugnante, no podía disimular el aceitoso sabor de la ginebra.”

    Sabemos que la sabiduría de Winston, más que licuada o aletargada, estaba muerta: había quedado pulverizada en la mazmorra del Gran Hermano. El “Sabor saber” a él ya no le servía para nada. Sea como fuere, el guiño de Orwell permanece, es para lectores, no para personajes. Es para los que consumimos las marcas de cuarta en carestía extendida por la autocrática finanza, por ejemplo.

    Para nuestro caso, para el argentino, la ginebra tiene connotaciones previas al imperio de la finanza, del loco endeudamiento para encumbrarla y la consiguiente carestía. “Una copita cada día” puede sugerirse cuando no se sospecha que el “precio alto de las cosas de uso común” se hará cíclica costumbre y la modesta calidad de lo que hicimos propio será prohibitiva.

    Hasta se pueden inventar palabras cuando en el horizonte del sabor no asoman Ginebras de la Victoria. En 1970, el publicista Hugo Casares inventó “esmowing”, palabrita que brilló en la campaña publicitaria de Bols en aquellos años: “¿Quiere tener smowing? ¡Tome ginebra Bols!”.[iv]

    El “esmowing”, que seis o siete años después de su nacimiento dejó de brillar hasta apagarse, tuvo, casi como fuego fatuo, una que otra intermitencia que el gatopardismo oscureció con premura. La consigna del cambio para que nada, en verdad, cambie, se ensayó con éxito de maneras en apariencia diversas, seductoras, pero siempre contundentes.

    Haber creído que podía tenerse “esmowing” –traducido por González Fraga como vacaciones, teléfonos, buenos alimentos y bebidas, plata en el bolsillo…- pasó a ser culpa que el escarmiento del mercado de capitales especulativos le haría purgar a menesterosos insolentes y clasemedieros megalómanos.

    El sino propiciado por el gatopardismo debería llevar al culposo a repetir las palabras de don Álvaro: “¡Infierno, abre tu boca y trágame!”. La inmolación voluntaria inducida tuvo en un principio sus reales mazmorras para los Winston vernáculos pero, con el correr de las décadas, se fue sofisticando. Sin embargo, la imposición de la Ginebra de la Victoria permanece.

    No hay Bols, ni retornos de Llave, que puedan destronar la idea del merecimiento de eterna Ginebra de la Victoria: un sentido común impostado durante medio siglo –ornamentado año a año, acusador para más inri- resiste el trabajo exclusivamente neuronal. La metáfora orwelliana reclama la asistencia del gusto, del olfato, la integración cuerpo-mente por la que abogaba Ítalo Calvino.

    La convivencia ausente, la pátina de híper-modernidad que la finanza automática y la digitalización generalizada, todo en el marco de una existencia tecno-dirigida, le imprimen en el devenir cotidiano apariencia de naturalidad a la hegemonía absoluta de la especulación financiera que, sin grandes esfuerzos mentales, se adivina antesala de quién sabe cuántas iniquidades venideras.

    En tal contexto, revalorizar los sentidos que aún resisten con realismo al bit se hace cuesta arriba: el día a día abruma, gusto y olfato luchan para no insensibilizarse. El sexto lo entregamos a la IA. Queremos a toda costa creer que vivimos en un mundo sin pasado ni milagros imposibles, que otras experiencias o las miradas pretéritas son de otro mundo u otra humanidad, extintos.

    La imagen de la sociedad sometida, el individuo controlado y el pensamiento único indiscutible hecho ley se ha tergiversado a tal punto en lo discursivo, en el éter de algoritmo e imposición de miradas,  que aislar los rasgos esenciales de un régimen autocrático más allá del tiempo, la inmediatez y el color local se torna cuasi quimérico.

    Reconocer similitudes entre ciclos, establecer analogías, comprender metáforas atemporales e identificar hegemonías minoritarias requiere tanto de la abstracción como del anclaje real que se nutre de la experiencia compartida, del intercambio y la dinámica intergeneracional.

    Salvo autócratas o privilegiados, nadie tendría necesidad de recurrir a la frase “esta vez es distinto”, tan repetida en los últimos tiempos, si nuestro propio 1984 no se hubiera disparado ya. Esta pesadilla orwelliana que, al menos, anticipan los sentidos, da la sensación de estar a la espera de lo que esta vez será distinto solamente por ser mucho peor: la crisis brutal, la debacle inefable que pulverice últimas rebeldías e hilos de esperanza.


    [i] Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1958): El gatopardo. «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie».

    [ii] Don Álvaro o la fuerza del sino, obra de teatro del Duque de Rivas [Ángel de Saavedra] estrenada en Madrid en 1835.

    [iii] En: revista Vuelta, volumen I, número 10, mayo de 1987, pp. 6-13. Puede accederse a este número de la revista y, por tanto, al cuento de Calvino, a través del Archivo histórico de revistas argentinas –Ahira-: https://ahira.com.ar/wp-content/uploads/2019/07/Vuelta-10.pdf

    [iv] Kogan, Gabriela. ¿Quiere tener esmowing? El libro de las publicidades de Bols. Buenos Aires, Nuevo Extremo, 2010.

     

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