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Precauciones ante el aumento del caudal del río Negro

Ante el aumento de caudales anunciado por la AIC, el Departamento de Protección Civil de la Municipalidad de Villa Regina recomienda a la población isleña y ribereña extremar las medidas de precaución, evitando utilizar embarcaciones, cruzar brazos o planificar actividades laborales o recreativas en cercanías del margen norte-sur del río Negro.

Además, en caso de necesidad de evacuación deberán comunicarse con Protección Civil, Policía de Río Negro o Bomberos Voluntarios a los efectos de organizar la actividad con Prefectura Naval Argentina, evitando accidentes náuticos que afecten a las personas.

Recordemos que la AIC informó que se inició un incremento de los caudales del río Limay, erogados por el compensador Arroyito, desde los 300 m3/s hasta alcanzar 900m3/s el día sábado 3 de julio, de acuerdo al siguiente cronograma:

*28/6: 465 m3/s

*29/6: 550 m3/s

*30/6: 655 m3/s

*01/7: 780 m3/s

*02/7: 885 m3/s

*03/7: 900 m3/s

Esta modificación se da en virtud de la mayor generación requerida a la central El Chocón por parte del organismo encargado del despacho eléctrico.

(Foto ilustrativa- vdmnoticias)

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  • Verón tuvo que vender a su mejor jugador para cubrir el rojo de la aventura con Foster Gillett

     

    La venta Santiago Ascacíbar, capitán y alma de Estudiantes, a Boca Juniors generó un terremoto en La Plata. La maniobra golpeó a los hinchas del Pincha: no solo el delantero prefirió dejar el equipo para marchar al club de sus sueños, sino que además blanqueó la debilidad financiera de la institución que dirige Juan Sebastián Verón.

    «Teníamos una necesidad concreta de vender y de bajar el presupuesto y dentro de los candidatos a venderse estaba Santiago», dijo Agustín Alayes, el secretario técnico de Estudiantes. La gestión de Verón se vio obligada a dar explicaciones por la salida de Ascacíbar.

    La operación se cerró en USD 4.450.000 e incluye el préstamo por un año a Estudiantes de Brian Aguirre con opción de extenderlo a seis meses más. Alayes explicó que Boca se hará cargo del salario completo del delantero durante su estadía en La Plata, lo que representa un alivio económico para Estudiantes en el corto plazo.

    Pero el trasfondo político de la venta de Ascacíbar hay que rastrearlo en la aventura de Verón con Foster Gillett. El presidente de Estudiantes se entusiasmó con la idea de las Sociedades Anónimas Deportivas impulsadas -sin éxito- por el gobierno de Javier Milei.

    Sugestivo acto de Verón con uno de los intendentes más cercanos a Kicillof

    Si bien Verón nunca habló de SADs para Estudiantes, lo cierto es que abrió la puerta a ese formato planteando un esquema mixto que posibilitaba la inversión en el fútbol sin dejar de ser una asociación civil.

    Estudiantes aceptó un préstamo de USD 10 millones de Foster, que debía servir para que el club pueda afrontar gastos del mercado de pases además de pagar algunas deudas. Producto de esa deuda, Estudiantes presentó el año pasado un balance deficitario por primera vez en años. 

    En ese momento aparece la figura del millonario Gillett, quien vio en la postura de Verón una llave para ingresar al negocio. Los libertarios hicieron lobby y operaron abiertamente con influencias y recursos. Por caso, la diputada Juliana Santillán y su novio Guillermo Tofoni, fueron los principales impulsores.

    Santiago Ascacíbar.

    Tofoni es un empresario que está enfrentado con Tapia por los derechos comerciales de los partidos amistosos de selección de Messi. Las fotos de Gillett con Santillán y Tofoni circularon en las redes. Sin reparos, el millonario norteamericano posó en varias fotos sosteniendo un cuadro con el retrato de Milei.

    La Justicia imputó por lavado al empresario de Milei y socio de Verón para las SAD 

    Con esos operadores como intermediarios, Verón firmó con Foster un preacuerdo que suponía para Estudiantes una inyección de dinero inicial de USD 150 millones que podría ir creciendo con el correr del tiempo.

    Todo salió mal en esa alianza. Aunque Verón no lo reconoce, el acuerdo con Gillett fue un fracaso y lo que parecía ser un camino fácil para financiar jugadores terminó en un escándalo. La llegada de Cristian Medina quedó a mitad de camino. Gillett debía desembolsar USD 10 millones, pero cuando había que depositar el dinero desapareció para volver meses después y transferir esos millones en cuotas.

    En tanto, como parte del acuerdo, Estudiantes aceptó un préstamo de USD 10 millones de Foster, con una tasa muy baja de interés, que debía servir para que el club pueda afrontar gastos del mercado de pases además de pagar algunas deudas.

    La semana pasada, Verón concretó la venta de Román Gómez al Bahía de Brasil. La transferencia superó los USD 3 millones. También se desprenderá del colombiano Edwuin Cetré que está a punto de pasar al Athletico Paranaense en una operación que rondará los USD 6 millones. 

    Producto de esa deuda, Estudiantes presentó el año pasado un balance deficitario por primera vez en años. Eso es lo que busca recomponer ahora Verón con la venta de Ascacíbar y otros jugadores.

    La semana pasada, por caso, concretó la venta de Román Gómez al Bahía de Brasil. La transferencia superó los USD 3 millones, incluyó un contrato por 5 años y un porcentaje de futura venta.

    También se desprenderá del colombiano Edwuin Cetré que está a punto de pasar al Athletico Paranaense en una operación que rondará los USD 6 millones. Estudiantes tiene el 50% del pase del delantero, mientras que la otra mitad le corresponde a Independiente Medellín.

     

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    El cobre está tocando precios récord y la posible fusión de los gigantes Rio Tinto y Glencore sacude los mercados mundiales. El metal rojo es el nuevo cuello de botella del capitalismo tecnológico. 

    La fusión de Rio Tinto y Glencore crearía la mayor minera del mundo, con una valuación superior a los USD 200.000 millones. Los precios ya dieron la señal del apetito por este metal. Subieron 41% el año pasado y en 2026 marcaron un récord histórico de USD 5,92 por libra. El temor es claro. La demanda avanza más rápido que la oferta, empujada por la inteligencia artificial, los autos eléctricos, las energías renovables y hasta el gasto militar. El cobre está en cañerías y cables, pero también en semiconductores, baterías, municiones. 

     S&P Global calcula que hacia 2040 la demanda superará a la oferta en un 25%, unas 10 millones de toneladas métricas, si no hay un salto fuerte de producción. El especialista Daniel Yergin lo resumió con una frase: el cobre puede ser un facilitador del progreso o transformarse en un freno para la innovación. 

    Más anuncios que inversión: la especulación de los «mineros de café» traba la explotación real

    Ese escenario explica por qué las mineras prefieren comprar antes que excavar, un fenómeno bien conocido en provincia mineras como San Juan, donde ya hablan de los «mineros de café», como reveló LPO. Desarrollar una mina nueva puede llevar décadas y demanda inversiones de miles de millones de dólares. Argentina tiene el metal, pero todavía no ofrece certezas macroeconómicas y el libre giro de divisas sigue siendo una promesa.

    Ese movimiento global tuvo un efecto inmediato en la Argentina. Las versiones sobre la compra de Glencore por parte de Rio Tinto sacudieron el tablero local. Incluso BHP, la mayor minera del mundo por valor de mercado, dejó trascender que no hará una contraoferta y mirará desde afuera cómo evolucionan las negociaciones. 

    Glencore juega fuerte en cobre, con proyectos en San Juan y Catamarca. Sobresale la mina sanjuanina del Pachón, que contempla una inversión propuesta de USD 9.500 millones, el proyecto más grande del RIGI.

    El interés de la Argentina en la fusión no es casual. Las tres mineras presentaron proyectos millonarios para ingresar al RIGI y la Argentina aparece como una pieza estratégica. 

    Rio Tinto consolidó en 2025 una posición dominante en litio tras comprar Arcadium Lithium, quedándose con Olaroz y Fénix, entre otros activos. Glencore, en cambio, juega fuerte en cobre, con proyectos en San Juan y Catamarca que ganan valor en un mundo con déficit estructural del metal. 

    El yacimiento de El Pachón, en Calingasta San Juan, en la Cordillera de los Andes.

    Dentro de los proyectos para la producción cuprífera sobresale El Pachón. Es el yacimiento de cobre más grande del país y el proyecto con la propuesta de inversión más alta presentada al RIGI: USD 9.500 millones. Pero mientras el gobierno de Milei difunde cifras siderales de inversión, la realidad es más pobre: la campaña de exploración de este verano demandará apenas USD 18 millones entre enero y abril. 

    «Argentina es un país con algunas provincias mineras, tenemos que ser un país minero»

     El contraste es todavía más visible en Mendoza. Allí, la canadiense Kobrea Exploration inició la fase 1 de exploración del proyecto El Perdido, en Malargüe. Es una minera junior, con bajo perfil y desembolsos acotados. Planea invertir unos USD 20 millones y opera dentro del Malargüe Distrito Minero Occidental, la apuesta oficial para reactivar la minería en el sur provincial. Es, hoy, de lo poco que se mueve en campo. 

    En Mendoza, la canadiense Kobrea Exploration inició la fase 1 de exploración del proyecto El Perdido, en Malargüe. Es una minera junior, con bajo perfil y desembolsos acotados. Planea invertir unos USD 20 millones.

    Algo similar ocurre con Los Azules, otra mina sanjuanina y uno de los proyectos de cobre más avanzados del país. McEwen Copper presentó el estudio de factibilidad, tiene el ambiental y el RIGI aprobados y promete producción hacia 2030, con hasta 148.000 toneladas anuales. Pero todavía no tomó la decisión final de inversión. Sin ese paso, no hay obra. En la zona se ven las camionetas Toyota nuevas y unas oficinas espléndidas, pero en el yacimiento todavía no pasa nada importante. 

    La foto completa deja una conclusión incómoda. Mientras el mundo se prepara para un shock de demanda de cobre sin precedentes, la Argentina sigue esperando que sus proyectos «clase mundial» arranquen de verdad. Hoy, el único que produce es Martín Bronce, en Jujuy, con volúmenes bajos y 32 empleados en un solo turno. 

    Bajo la Alumbrera cerró en 2018 y el resto sigue en carpeta. «Tenemos cobre para alimentar la transición energética global, pero seguimos discutiendo cuándo empezar», concluyó un ejecutivo del sector. La demora local empieza a parecer un lujo que el país no puede darse.

     

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  • ¿Cómo enfrentar el “contragolpe cultural”?

     

    Así como las afirmaciones terraplanistas no modifican el hecho de que la Tierra sea redonda, así como los movimientos antivacunas no cambian la naturaleza contagiosa del Covid, el conservadurismo cultural, expresado hoy por fuerzas como las que lideran Javier Milei y Donald Trump, no modifica esta realidad: las sociedades humanas son constitutivamente diversas, heterogéneas y desiguales; en todas las comunidades humanas, pero aun más en aquellas donde existen el dinero y el Estado, hay multiplicidades y hay disparidades.

    Qué hacer con esta diversidad es un debate que viene concentrando la mayor parte de la historia ideológica, filosófica y política, y que por supuesto no está saldado. Dentro de estas controversias, uno de los capítulos centrales es el concepto de libertad, que ha sido utilizado por la extrema derecha como una de sus banderas. Para los conservadores, hoy llamados libertarios, la libertad se basa en la idea de que somos todos iguales: un rico y un pobre son consecuencia del modo distinto en que cada uno usó sus posibilidades. En esta mirada, la desigualdad fáctica es una consecuencia de una igualdad ontológica. Para las corrientes conservadoras, la libertad agiganta desigualdades. El rol del Estado, además de garantizar seguridad y justicia, debe ser restringir la diversidad: el Estado, que no debería cobrar impuestos, sí debe decretar que hay dos géneros, que la familia debe estar constituida de cierta manera y que las mujeres no pueden disponer de sus cuerpos.

    Desde una mirada democrática y progresista que asume que las sociedades son por naturaleza diversas, en cambio, la igualdad es algo a construir. Pero esa perspectiva hoy está a la defensiva. A través de una serie de subterfugios de ingenieros del caos, la posición histórica que conjuga liberalismo cultural, pluralismo político y justicia social ha sido estigmatizada como “woke” o “progresista”. La expresión “woke” surgió en Estados Unidos, un territorio de alta intensidad en la batalla cultural, en referencia a “despertar” (awake) ante la discriminación (“despierto” en el sentido de “concientizado”); pero hoy se usa de modo despectivo, que es la connotación que le dio Milei en su discurso en Davos. Como si las personas que descienden de esclavos o de pueblos originarios, como si las mujeres, que hasta hace setenta años no podían votar, hoy, justamente porque se reconocieron algunas de esas desigualdades, contaran con privilegios.

    La derecha conservadora está presente en distintas corrientes políticas, del mismo modo que la corriente que defiende las diversidades está presente –aunque no de modo uniforme– en partidos distintos. En Argentina, el peronismo, el radicalismo, el socialismo y la izquierda cuentan entre sus integrantes con personas que defienden este punto de vista. Se trata de una corriente que busca principalmente dos metas: que las personas y los grupos sean cada vez más libres, y que esa libertad se sostenga en formas igualitarias que la hagan real y no puramente declarativa o formal. Es una corriente de opinión que pone en escena grandes tradiciones culturales de la modernidad, heredadas de la Revolución Francesa y la Estadounidense, y que no tiene una única posición en materia de desarrollo económico, justicia distributiva o lucha por la igualdad. Ese “progresismo” no está en contra de ninguna religión, pero sí lucha por una separación completa de cualquier religión y del Estado. Ninguna ley puede sustentarse en creencias religiosas. Pero sí debe haber leyes que, por motivos universalistas, exijan el respeto de todas las religiones. Esta perspectiva, sometida hoy a una fuerte ofensiva, merece una reflexión autocrítica.

    Acerca de la autocrítica

    La hegemonía cultural de la extrema derecha impacta en el campo progresista. ¿Los movimientos por la libertad de las diversidades se “pasaron de rosca”? La ofensiva cultural de Milei y las derechas extremas, la derrota electoral del peronismo y los niveles de inflación y pobreza que dejó el gobierno de Alberto Fernández han planteado ese debate. ¿Hay una incidencia de la lucha por las diversidades en el oscurantismo que estamos viviendo hoy? ¿No habremos ido demasiado lejos? ¿Se puede seguir sosteniendo la defensa del colectivo LGTBQi+ en el contexto actual?

    Los procesos sociales y políticos siempre son imperfectos. Conocer esas imperfecciones, practicar la autorreflexión, es clave para mejorarlos. Por otro lado, se trata de movimientos profundos y de larga duración. En Argentina, por ejemplo, el movimiento masivo de mujeres de los últimos años comenzó en 2015 con el “Ni Una Menos”, una gigantesca movilización contra la violencia de género. ¿Frenar el reclamo contra los asesinatos de mujeres hubiera sido “menos radicalizado”? Y hoy, ¿qué está más vigente? ¿El reclamo de que no mueran más mujeres por el hecho de ser mujeres o la propuesta oficial de retirar del Código Penal el agravante por femicidio?

    La autocrítica no equivale a autoflagelación; debe ser una reflexión sobre prácticas y políticas que nos implican. Entre las múltiples causas que produjeron esta nueva etapa histórica global de las derechas extremas están, en efecto, los profundos déficits de la izquierda, la centroizquierda y los partidos tradicionales. Pero no coincido con quienes, subidos a la marea reaccionaria, afirman que la culpa es del progresismo, de un supuesto “wokismo” o de una “excesiva” ampliación de derechos civiles. Ese argumento puede terminar en diputados que voten con Milei regresiones culturales o puede llevar a un catolicismo de gobierno en contra de la libertad de las personas y los grupos. Empieza cuestionando el DNI no binario y termina aboliendo el divorcio.

    Pero entonces, ¿cuáles son esos errores de la izquierda? Si hubiera que elegir uno, diría lo siguiente: mientras las vocaciones igualitarias y de justicia social se tornaban cada vez más difíciles de lograr, en gran parte por no tener una alternativa concreta al capitalismo neoliberal, la izquierda avanzó con leyes y políticas tendientes a garantizar derechos civiles. Dependiendo de los países, se avanzó en materia de identidad de género, aborto, discriminación positiva, educación sexual, matrimonio igualitario, derechos de los pueblos originarios y los migrantes. Cuantas más dificultades aparecían en materia económica y social, cuanto más complicado se hacía sostener el horizonte de movilidad social, más se acentuaron estos derechos como compensación.

    La autocrítica no equivale a autoflagelación: debe ser una reflexión sobre prácticas y políticas que nos implican.

    Ese fue el gran problema. Las libertades civiles no pueden compensar el fracaso económico o social. Si son las únicas banderas que se agitan cuando se desfinancia el Estado de Bienestar, se retiran regulaciones públicas o se producen escaladas inflacionarias, como en el caso argentino, se corre el riesgo de que las fuerzas democráticas queden reducidas y debilitadas. Los límites para corregir o superar el neoliberalismo los terminan pagando los avances en materia de diversidad o pluralismo.

    Mi primera tesis es que, frente a quienes creen que la ampliación de libertades favoreció a la derecha extrema, creo que su causa es el fracaso económico.

    En segundo lugar, la cuestión de los particularismos. Mientras Martin Luther King buscó cambios que mejoraran la desigualdad estructural de la sociedad norteamericana, muchas políticas de la identidad del siglo XXI se concentraron en derechos particulares. Y es difícil pedirles algo más que simpatía pasiva o inactividad a quienes no están directamente involucrados en la conquista de un derecho. Esto no implica que movimientos como “Ni Una Menos”, “Black Lives Matter” o la “Marcha anti-fascista” de febrero de 2025 no hayan sido señales contundentes en la dirección correcta, sino simplemente llamar la atención sobre cuál puede ser el alcance de esas convocatorias.

    Algo similar ocurre con el “lenguaje inclusivo”. Se trata de un cambio cultural crucial, que busca ampliar libertades e incluir diversidades. Pero debe expandirse a partir de la posibilidad, no como imposición. Los mayores fracasos del cambio cultural ocurrieron cuando se pretendió imponer a través de prescripciones. El liberalismo cultural busca ampliar, no restringir, las posibilidades de las personas.

    El caso de las cuotas

    Muchas veces, en lugar de luchar por cambiar una legislación, una política o un presupuesto, las reivindicaciones progresistas se enfocaron en personas concretas: los varones blancos, incluyendo casos de punitivismo extra-judicial, como escraches a adolescentes, altamente polémicos. En aquellos casos, hubo voces feministas potentes que alertaron que el feminismo no surgió para cambiar al dueño del poder del patriarcado, sino para modificar un tipo de poder y de dominación. El punitivismo y la cultura de la cancelación fueron algunos de los errores más graves. Pero no es verdad que sean inherentes a los reclamos por la diversidad y la libertad: fueron casos minoritarios en causas justas.

    Detrás de este tipo de cuestiones aparece un problema que vale la pena debatir a futuro: la tensión entre lo particular y lo universal. Si cada uno de los grupos discriminados reclamara sólo para sí mismo, si todo se tradujera en una simple cuota por grupo, a largo plazo se terminarían socavando algunos de los consensos culturales necesarios para mantener las políticas de acción afirmativa. Un ejemplo es el de las universidades. En la mayoría de los países del mundo existe un sistema de examen de ingreso a la universidad y cupos por carrera. Al observar las universidades se hacía evidente que la abrumadora mayoría de los alumnos eran varones blancos. Eso llevó a reclamar políticas de cuotas raciales, étnicas y nacionales, como las que se terminaron concretando en Estados Unidos y Brasil. Este sistema garantizaba una mayor presencia de diversidades, restando lugares a los blancos. Pero, ¿qué quedaba, por ejemplo, para los blancos pobres? ¿Quién se preocupó de su situación? En muchos casos fueron los grandes olvidados, lo que contribuyó a que volcaran su respaldo a fuerzas políticas conservadoras que dicen defenderlos. ¿Qué hubiera ocurrido si se hubiera incluido una cuota general para los estudiantes de colegios públicos de bajos recursos en el ingreso a la universidad? Mientras en un terreno puramente cultural la especificidad por grupo es adecuada, en cuotas vinculadas a desigualdades puede no producir las consecuencias buscadas.

    En un mundo dominado por la incertidumbre económica, en el que se achican los recursos públicos, muchos países optaron por un modelo de cuotas para asegurar la presencia de los grupos discriminados no sólo en el acceso a la universidad sino también al empleo público –y en ocasiones al empleo privado–. Esto implica que los logros de la ampliación hacia los sectores discriminados se hicieron sobre la base de una reducción relevante de la participación de los sectores anteriormente privilegiados. Y esta estrategia, correcta desde un punto de vista filosófico, se topa con un problema político. Las personas de carne y hueso que se ven afectadas, que no logran ingresar a la universidad o no consiguen empleo, se van pasando en masa al ejército del “contragolpe cultural”, esperando el surgimiento de un Trump, un Milei o cualquier otro líder que proponga revertir la situación.

    Se trata de un error recurrente del progresismo: no percibir el dolor de las víctimas de sus políticas, y no elaborar una respuesta. Mi punto es sencillo: si se presuponen las restricciones económicas, como de hecho las aceptaron la mayoría de las fuerzas de centroizquierda en Europa y América, que los perdedores de la discriminación positiva pasen al otro lado es inexorable. Pero si se cuestiona un modelo que reduce los impuestos a la riqueza y desfinancia al Estado, y se usa ese dinero para ampliar el acceso a la universidad y el empleo, logrando mejorar la diversidad sin afectar drásticamente los espacios previos, la base política de la derecha extrema quedará reducida. Es cierto que esto no es posible para los varones privilegiados, que inexorablemente se verán afectados: será necesario pensar una política cultural específica para ellos.

    La defensa de la libertad

    Estamos ante un feroz ajuste a las libertades y es urgente emprender una fuerte defensa de políticas por la libertad basada en igualdades. La libertad, convertida en el eslogan hueco de la extrema derecha, no puede ser resignada por las fuerzas democráticas y progresistas. El principio básico de la lucha por la libertad es maravilloso: que las personas y los grupos puedan autorrealizarse en todas las dimensiones de la vida. Esto incluye su identidad de género, étnica, nacional, local, religiosa, así como su libertad de expresión, en la familia, en el trabajo…

    Esas libertades tienen un requisito: un piso de igualdad, porque quien sufre desnutrición no puede ser libre, quien no puede acceder a la escuela no puede ser libre. Una comunidad libre es aquella que garantiza un piso de igualdad para todos sus miembros.

    Los libertarios conservadores de la extrema derecha afirman que ser iguales es que cada uno se las arregle como pueda. Es una propaganda basada en la negación de la historia tal como sucedió. Los esclavos existieron hasta el siglo XIX bajo el imperio de la ley, y los afrodescendientes continúan siendo discriminados en prácticamente todos los países de América y Europa hasta hoy. La conquista colonial existió. El patriarcado y la desigualdad de géneros existieron… y todavía existen. En muchos países las mujeres votan recién desde hace algunas décadas. Y en la mayoría de los países europeos y americanos jamás hubo una presidenta o una primera ministra mujer. El capitalismo, por su parte, tiene mecanismos poderosos para reproducir la desigualdad de clases entre generaciones: a través de la herencia y también de la “herencia de clase”. La mayoría de los hijos de personas pobres son pobres. La movilidad social ascendente está en crisis en la mayoría de los países, y los mecanismos sociales que la hacían posible se están debilitando a un ritmo vertiginoso. Los libertarios conservadores quieren liquidar esos mecanismos, del mismo modo que se proponen atacar las leyes que tienden a asegurar libertades vinculadas a la diversidad y la disidencia. Esto implicará también contrarrestar su ofensiva individualista poniendo en valor la solidaridad, lo común y lo público. Enfrentar políticamente aquel proyecto exige autorreflexión y determinación.

     

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