¿Puede China invadir Taiwan?
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¿Puede China invadir Taiwan?

¿Puede China invadir Taiwan? Desde ya que es un país mucho más grande y poderoso, pero es la pregunta incorrecta.

¿Tiene necesidad de hacerlo? ¿Podremos predecir cuándo? ¿Tiene sentido para ellos? ¿Será una guerra corta o una rápida? ¿Y si no hay guerra alguna? Como ven son muchas preguntas que tienen distintos caminos posibles, la guerra no necesariamente resuelve nada.

Contexto

Para los que viven aislados de la historia vale un pequeño repaso de por qué China desea apoderarse de Taiwán y qué es Taiwán (aquí comienza una sobre simplificación)

La isla de «Formosa» es donde el Kuomitang se refugió luego de ser derrotado por Mao durante la Guerra Civil china, es el último bastión de la China republicana anterior a la China comunista. 

En el continente quedó la mayoría comunista y el país propiamente reconocido por la ONU. Así es: Taiwán no es un país ampliamente reconocido, de hecho sólo 13 naciones lo reconocen en la actualidad y mantienen relaciones diplomáticas completas, el resto prefiere llevarse bien con el gigante comercial y claro ganador de la guerra. Nuestro país, por ejemplo, mantiene relaciones formales con China e informales con Taiwán.

El territorio es reclamado por China al igual que lo fue Hong Kong y Macao, con ninguno de éstos tuvo que apelar a la fuerza, tampoco tiene intenciones de hacerlo con la isla. 

Pero los taiwaneses no quieren ser parte de ese particular concepto de «Dos sistemas, una nación» que claramente Hong Kong demostró que era una mentira y poco a poco todo se unifica bajo el mismo sistema: gobierno totalitario con libertad de mercado (cuac!).

El extraño comportamiento de EEUU

Cabe destacar que los EEUU tampoco reconocen a Taiwán como un país, suena a locura pero el mayor «defensor» de la independencia de la isla es, al mismo tiempo, quien le soltó la mano.

En 1971 Taiwán fue «expulsado» de la ONU y perdió su status de estado miembro, a partir de ese momento la mayoría de los países cortaron relaciones formales para ajustarse a un nuevo orden mundial que decantaba solo: la isla no tenía poder alguno en comparación con la República Popular China.

Esto obviamente cambió el balance de poder en la región pero fue el mismo «abandonador» quien mantuvo a Taiwan con vida: EEUU ha provisto al país de material militar y soporte durante todos estos años. 

La isla sirve como tapón para el expansionsimo chino, Japón cubre un flanco, Indonesia otro, Filipinas una parte y Taiwán es el más cercano. El fusible.

Así que, si bien no le dan armamento pesado ni de calidad, le han permitido tener lo suficiente como para ser un peso constante y un limitante a la China continental para invadir.

Por esta razón Taiwán se ha ido preparando por su cuenta durante los últimos 70 años sabiendo que tarde o temprano llegará una invasión, o así al menos lo creen sus dirigentes, y, si bien saben que no podrán resistir demasiado, le querrán hacer pagar muy caro el intento a China.

El plan de anexión

China quiere anexar a Taiwán pero no quiere perder. Con perder nos referimos a lo económico ya que militarmente es tan superior que podría ganar, a costo de mucha sangre, una contienda sin dudarlo. 

Pero  ¿Quieren eso? Saben perfectamente que una anexión es mucho más productiva y beneficiaría a todos, no sólo a China, al mundo. y la imágen que se tiene del país. No quieren una guerra, pero están dispuestos a demostrar que no les temblaría el pulso si fuese necesario.

Es una estrategia doble, la amenaza permanente por un lado, la invitación a ser como Hong Kong y poder seguir trabajando y disfrutando de las ventajas del capitalismo, sólo que con nuevos líderes un poquito más autoritarios pero no demasiado tampoco. El Kuomitang fue una dictadura hasta los años 90s, no es que Taiwán vivió en una plena democracia abierta, para nada.

Por ende, antes que una invasión, es mucho más rentable comprar a los funcionarios del país para que poco a poco vayan conquistando las mentes (y corazones) de los más jóvenes.

Es que los viejos son el principal problema en la actualidad, cuando haya una natural limpieza generacional la China continental tendrá muchas más posibilidades de una anexión pacífica. Cuando ya no quede nadie que recuerde la Guerra Fría la sociedad taiwanesa se sentirá más «blanda» y abierta a una anexión.

¿Y si todo eso falla?

Bueno, así como Rusia invadió Ucrania sin tener la preparación adecuada imagínense teniéndolo.

China ha cambiado y modernizado sus fuerzas armadas varias veces en los últimos años. Saliendo de la doctrina soviética, incorporando tecnología, mejorando el entrenamiento y la velocidad de disposición de las tropas.

Tan sólo se necesita de un ataque diario de misiles crucero para arrasar con las defensas taiwanesas que no tienen, de ninguna forma, capacidad alguna para resistir un ataque masivo. Y todo esto sin poner en riesgo un sólo soldado chino.

Luego de un ataque preventivo para aniquilar las defensas de la isla hasta podrán hacer uso de la diplomacia para evitar un derramamiento de sangre, un «mensaje positivo» para que sea el mismo pueblo taiwanés el que acceda a un proceso de anexión. Es totalmente posible.

En caso contrario no hay forma de que EEUU pueda intervenir para evitar una invasión anfibia. Está a sólo 180km del continente y con 1500km de costas (aunque muchos acantilados y selvas) es imposible de defenderse completamente de una invasión.

Sí puede, porque no deja de ser una isla selvática, tener una gran guerra de guerrillas pero ¿Está la sociedad taiwanesa esperando eso? No creo que ni por asomo sea la voluntad, es una sociedad moderna, industrializada y con mucha menor cantidad de gente en las montañas y zonas rurales que, por ejemplo, Filipinas o Vietnam. Son la industria más fuerte de electrónica de mundo! ¿Por qué se defenderían de algo imposible de sostener?

Suena horrible lo que estoy diciendo pero, a diferencia de Ucrania, el invasor no está buscando exterminar (Vladimir Putin fue bastante abierto en su idea de que los ucranianos no deberían existir), para China todo lo que hay en Taiwán, y toda su gente, es China. 

Sólo que es una provincia «rebelde» y donde, obviamente, todos sus dirigentes pasarán por la horca, el paredón de fusilamiento, y la segunda línea a un campo de «reeducación» como suelen hacer. 

Al mismo tiempo Taiwan no es Ucrania porque es una isla que hay que invadir, sumar una gran flota, muchas tropas (se calcula en el millón como mínimo) y siempre se sabrá del otro lado del estrecho cuándo vienen y por dónde. No es que sea tarea sencilla y sería costosa. ¿Para qué entrar en gastos?

¿Por qué el ciudadano de a pie tomaría las armas? Pues bien, por la misma razón que no han invadido todavía: el sentimiento nacional. Algo que Taiwán viene preparando hace 70 años.

Lo peor que puede hacer China es incentivar el sentimiento nacionalista en Taiwán, tienen que dejar que se muera lentamente ya sea invadiendo culturalmente, economicamente, socialmente, pero el recurso militar es carísimo por esta razón.

Y creo que en China lo saben perfectamente porque, desde lo militar, ya podrían haber invadido hace mucho tiempo. ¿Lo harán? 

Sólo si se agotan las opciones pero hay algo que uno debe aprender con los chinos: tienen mucha más paciencia que los occidentales, no hay apuro, pueden esperar a que todo decante y la anexión sea pacífica o pueden esperar a que el poderío militar sea tan bestial que la batalla dure una semana. Saben esperar.

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    CIFRAS OFICIALES: Aumentan las muertes de personas mayores con Milei

     

    El dato surge de las estadísticas oficiales de mortalidad y muestra un salto de 21.276 fallecimientos entre 2023 y 2024 entre las personas de 65 años y más. El fenómeno adquiere mayor relevancia cuando se compara la mortalidad observada con un nivel esperado construido sobre años no pandémicos: para 2024, el cálculo arroja unas 33.500 muertes por encima de ese valor de referencia. Las cifras no permiten atribuir cada fallecimiento a una política determinada, pero sí muestran un deterioro sanitario que merece ser investigado.

    Por Roque Pérez para NLI

    La discusión sobre las condiciones de vida de los jubilados argentinos acaba de adquirir una dimensión que ya no puede reducirse a la evolución del haber mínimo, al precio de los medicamentos o a las protestas frente a las oficinas del PAMI. Las estadísticas oficiales de mortalidad muestran que en 2024 murieron 284.798 personas de 65 años y más, frente a 263.522 en 2023: son 21.276 fallecimientos adicionales en apenas un año. El dato surge de los Anuarios de Estadísticas Vitales de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS), organismo dependiente del Ministerio de Salud de la Nación encargado de producir, analizar y difundir las estadísticas sanitarias oficiales del país.

    La magnitud del salto merece ser observada con cuidado. El aumento equivale a aproximadamente 8,1% en un solo año en el número absoluto de defunciones de personas de 65 años y más. Entre los mayores de 80 años, según la comparación de las estadísticas oficiales, el incremento fue todavía más pronunciado y alcanzó aproximadamente 9,46%. No se trata, por lo tanto, de una diferencia estadística marginal ni de una fluctuación de unas pocas centenas de casos: son decenas de miles de fallecimientos adicionales dentro de la población de mayor edad.

    Qué significa realmente hablar de exceso de mortalidad

    Para interpretar correctamente estos números hay que introducir un concepto fundamental de epidemiología: el exceso de mortalidad. No consiste simplemente en comparar un año contra el anterior, porque la cantidad de personas que mueren naturalmente puede variar por envejecimiento poblacional, estructura etaria, tamaño de la población y otros factores. La pregunta estadísticamente más interesante es otra: ¿cuántas muertes podían esperarse razonablemente en 2024 y cuántas ocurrieron efectivamente?

    Tomando como referencia los valores que venimos analizando para 2017, 2018, 2019 y 2023, es decir, años que permiten evitar el comportamiento extraordinario producido por la pandemia de COVID-19, el promedio de defunciones de personas de 65 años y más se ubica en torno de 251.255 muertes anuales. Frente a las 284.798 efectivamente registradas en 2024, la diferencia alcanza aproximadamente 33.543 fallecimientos.

    Ese cálculo debe ser presentado con precisión: 33.543 significa que la cantidad observada en 2024 estuvo aproximadamente 33.500 por encima del nivel obtenido mediante esa referencia estadística. Un salto de semejante magnitud entre la mortalidad esperada y la observada constituye una señal sanitaria que requiere explicación. Y la explicación no puede construirse solamente mirando las estadísticas de mortalidad: hay que cruzarlas con el acceso a medicamentos, consultas, tratamientos, vacunación, alimentación, ingresos previsionales, internaciones y utilización efectiva del sistema sanitario.

    El dato aparece en el primer año completo de Milei

    La dimensión política de la cifra surge de una circunstancia temporal imposible de ignorar: 2024 fue el primer año calendario completo de la presidencia de Javier Milei. El nuevo gobierno asumió el 10 de diciembre de 2023 y durante 2024 implementó una política económica caracterizada por una fuerte reducción del gasto público, contracción de distintas partidas sociales y modificaciones en los mecanismos de acceso a medicamentos para los afiliados del PAMI.

    La coincidencia temporal, por sí sola, no prueba que las políticas implementadas por el Gobierno hayan provocado las muertes. Pero sí establece un período concreto para investigar. La pregunta relevante deja de ser simplemente cuántos jubilados murieron y pasa a ser qué ocurrió con las causas de esas muertes y con las condiciones sanitarias y económicas de esa población durante el mismo período.

    La ausencia de datos oficiales de mortalidad correspondientes a 2025 constituye hoy una limitación importante. La DEIS ya tiene publicado el anuario de Estadísticas Vitales 2024, pero la serie oficial de 2025 todavía no está disponible.

    Medicamentos, ingresos y salud: la explicación que todavía debe investigarse

    La cuestión de los medicamentos ocupa un lugar central en el debate porque para una parte importante de la población mayor el tratamiento farmacológico no constituye un gasto prescindible sino una condición para mantener bajo control enfermedades crónicas. Hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares, patologías respiratorias y múltiples afecciones propias de edades avanzadas requieren tratamientos sostenidos y, en muchos casos, combinaciones de medicamentos.

    Por eso, una interrupción, reducción o postergación de tratamientos puede tener consecuencias sanitarias. La propia estadística sanitaria permite avanzar en esa dirección. Hay además un elemento demográfico que obliga a ser todavía más rigurosos: una población envejecida naturalmente registra más fallecimientos, aun cuando las condiciones sanitarias no empeoren. Por eso, comparar solamente 2023 contra 2024 puede sobreestimar o subestimar la dimensión real del fenómeno. El análisis de exceso de mortalidad intenta justamente corregir parcialmente esa dificultad mediante una referencia histórica.

    Lo que muestran los números disponibles es, en consecuencia, más serio que una simple consigna política. Argentina registró en 2024 un aumento excepcional de las muertes entre las personas de 65 años y más respecto de 2023, después de la salida de los años extraordinarios de la pandemia. Y cuando se utiliza una referencia estadística no pandémica, la mortalidad observada queda muy por encima del promedio utilizado como línea de comparación.

    Eso no permite mirar hacia otro lado frente a 33.543 muertes por encima de ese nivel de referencia y atribuirlas simplemente al azar demográfico. La discusión política, en definitiva, debería empezar por reconocer ese dato. La vida de las personas mayores no puede medirse solamente por cuánto aumenta nominalmente una jubilación o por cuánto dice el Gobierno que gasta en una obra social. También debe medirse por su capacidad efectiva de acceder a medicamentos, controles, tratamientos, alimentación y atención médica. Si en el primer año completo del gobierno de Milei la mortalidad de los mayores de 65 años saltó en más de 21.000 casos respecto del año anterior y alcanzó un nivel aproximadamente 33.500 fallecimientos superior a la referencia estadística utilizada en este análisis, el fenómeno exige una investigación sanitaria profunda.

    Y esa investigación tiene que continuar: cuánto de este exceso responde a la estructura demográfica, cuánto a las secuelas de la pandemia y cuánto podría estar asociado con el deterioro de las condiciones sociales y sanitarias de los adultos mayores durante la nueva etapa económica.

    Por ahora, el dato oficial ya plantea una pregunta incómoda para el Gobierno: en 2024 murieron 21.276 personas de 65 años y más que el año anterior. Y una democracia que pretende proteger a sus mayores debería considerar ese número no como una molestia estadística, sino como una señal que merece ser explicada con la máxima rigurosidad.

    Fuentes principales: Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS), Ministerio de Salud de la Nación, Estadísticas Vitales – Año 2023 y Estadísticas Vitales – Año 2024; registros oficiales de mortalidad y análisis estadístico de exceso de mortalidad. La DEIS es el organismo nacional responsable de producir y analizar las estadísticas vinculadas con las condiciones de vida y los problemas de salud.

     

  • RELÁMPAGO DE SÉMOLA #37 – Misceláneo (2)

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