Provincia autoriza la apertura de natatorios y gimnasios en Regina y otras 10 ciudades

Provincia autoriza la apertura de natatorios y gimnasios en Regina y otras 10 ciudades

A partir de hoy, se suman actividades permitidas en 11 ciudades rionegrinas. La medida fue dispuesta por el Gobierno Provincial a través del Ministerio de Salud en base a los parámetros sanitarios y epidemiológicos correspondientes y alcanza a Bariloche, Cipolletti, Catriel, Cinco Saltos, Villa Regina, Barda del Medio, Allen, Mainque, Chichinales, Godoy y Fernández Oro.

Mediante la Resolución del Ministerio de Salud se autoriza la realización de actividades deportivas individuales al aire libre, así como la apertura de natatorios y gimnasios, siempre bajo estrictos protocolos sanitarios en resguardo de la salud de todos los vecinos.

Esta determinación fue confirmada por la Gobernadora Arabela Carreras a los Intendentes a través de una videoconferencia, y será oficializada en las primeras horas a través de la publicación de las correspondientes resoluciones.

En el caso particular de Bariloche, la ciudad salió de estar en ASPO (Aislamiento Social, Preventivo y Obligotorio), mientras que en las restantes además de presentar las condiciones epidemiológicas necesarias, se encuentran dentro de los parámetros establecidos por Nación para esta flexibilización.

En su diálogo con los Intendentes, la Gobernadora Arabela Carreras remarcó que esta apertura a partir de la situación epidemiológica de estas ciudades “es el fruto del incansable trabajo de los equipos de salud de la Provincia y de los hospitales, que día a día ponen el cuerpo, sus conocimientos y su compromiso para controlar el avance de esta pandemia”.

Destacó además el compromiso de las Intendentas y los Intendentes que trabajan permanentemente junto a los equipos de salud y los hospitales, con una colaboración total.

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  • La memoria en una carpeta celeste

     

    Ahí, a centímetros de donde algunas hojas de 1904 vencen al tiempo, bajo el mismo aire que protege a miles de viejas solicitudes de asociación que certifican que nada es tan potente como ser parte de algo, en el segundo piso de un edificio del centro de Avellaneda que es sede social y sede de sueños desde 1934, distante apenas dos puertas de una colección gigante de copas muy plateadas y muy doradas, justo en el cuartito que late como corazón del Archivo Histórico de Racing, justo en donde se comprende que sin identidad se esfuma el porvenir, está la firma del genocida: Etchecolatz.

    Es un papel. O la copia de un papel. Un papel entre un montón de papeles que germinan desde una carpeta celeste, preparada y entregada el último 17 de julio por la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) a las autoridades del club, compuesta por 120 páginas que revelan cómo, en distintas etapas de la segunda mitad del siglo XX, la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA) se dedicó a espiar la actividad interna de la institución. Tal cual suena. Tal cual suena pero acaso, por la dimensión de la porquería y del asombro, convenga reiterarlo: un aparato de espionaje volcado sobre un club deportivo (y no sólo de uno, porque se trató de una lógica replicada en otros clubes). Con todo el repertorio que puede imaginar un ciudadano cualquiera que trata de respirar aires más o menos libres, pero intuye la existencia de submundos así de espantosos: detalles de la pertenencia partidaria de los dirigentes, husmeo de conflictos laborales, pormenores sobre las asambleas internas, identificación de militantes. La introducción —encabezada por los nombres del Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel y de la socióloga Dora Barrancos, quienes presiden la entidad— señala: “El espionaje, el seguimiento, el registro y el análisis de la información para la persecución política fueron las principales funciones de la DIPPBA desde su creación hasta su disolución en el año 1998. Es uno de los pocos fondos documentales que permite reconstruir las lógicas de un servicio de inteligencia y la construcción histórica del ‘enemigo interno’ como ‘delincuente subversivo y/o terrorista’”.

    Argumenta Agustín Bellido, integrante de la CPM: “Es fundamental que los clubes de la provincia conserven una copia de esta documentación: por un lado, permite que sus socios y socias conozcan ese registro; por otro, funciona como puerta de entrada a nuevas investigaciones que sin duda colaborarán a entender la historia de nuestras instituciones sociales y deportivas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX”.

    Miguel Osvaldo Etchecolatz, quien murió en 2022 a los 93 años, condenado a reclusión perpetua como ejecutor de múltiples crímenes de lesa humanidad, aparece una vez en el curso de las 120 páginas. Su nombre se lee al pie de un informe, dirigido a la DIPPBA, del 30 de agosto de 1968 en el que son consignados los miembros de la nueva comisión directiva de Racing, liderada por el empresario Santiago Saccol, con sus datos personales y sus cargos. Por entonces, Etchecolatz cumplía funciones (esas funciones) en la comisaría primera de Avellaneda y encaminaba un recorrido que lo encumbraría en la DIPPBA a partir de marzo de 1976, cuando comenzó la más salvaje de las salvajes dictaduras argentinas. Desde ese rol, fue ladero ideológico de Ramón Camps, el jefe de la Policía Bonaerense en el bienio inicial de esa dictadura, un estandarte del terrorismo de Estado. Para la época en la que suscribió aquel informe, Etchecolatz ya poseía un antecedente represivo ligado con el deporte: en 1966 había torturado al boxeador Hugo Córdoba, un militante peronista de Berazategui, según narró el periodista Alberto Moya. Se ve que hay ciertos ecos no tan fáciles de silenciar: la Marcha Peronista sonó estridente en las tribunas celestes y blancas de Avellaneda, el territorio que monitoreaba Etchecolatz, en la tarde inaugural de noviembre de 1967, cuando Racing se impuso en su cancha al Celtic escocés por la segunda final de la Copa Intercontinental, en lo que obró como respuesta de parte del público a la presencia de Juan Carlos Onganía, el dictador que se instaló en la Casa de Gobierno un año antes a través de un golpe de Estado.

    “Sí, claro, la hinchada le cantó la Marcha”, evoca Carlos Krug, que acudió a esa cita junto con Alberto, su hermano, a quien secuestraron el 2 de diciembre de 1976 y es uno de los 30 mil desaparecidos que dejó el genocidio. El 7 de diciembre de 2021, Racing reincorporó a sus padrones a 46 socios y socias víctimas de la dictadura —muchos en los campos de concentración en los que reinaba Etchecolatz— con la categoría de Socios Eternos. Uno es Alberto, cuya ficha de inscripción en el club resiste intacta en uno de los biblioratos del Archivo Histórico de Racing que rodean a la carpeta celeste que aportó la Comisión Provincial por la Memoria.

    Carlos Krug, vitalicio de la Academia, fue uno de los cinco socios que formuló el pedido para que los desaparecidos de Racing recuperaran su condición. Lo acompañaron el periodista Carlos Ulanovsky, el actor Osvaldo Santoro, el detenido político (en El Vesubio, Aldo Bonzi, Provincia de Buenos Aires) Jorge Watts y el químico Miguel Ángel Laborde, también detenido en esos años. Otra conexión: Laborde es el papá de los tres hijos de la física Adriana Calvo, la primera testigo que declaró en el Juicio a Juntas Militares —la reconstrucción de su impresionante alegato desborda la pantalla en la película Argentina, 1985— y también testigo en los procesos contra Etchecolatz. Vueltas de la barbarie pero, más todavía, de la vida: en marzo de 2026, Teresa Laborde Calvo, la hija a la que Adriana parió en un Falcon mientras la trasladaban al campo de concentración Pozo de Banfield (otro feudo de Etchecolatz), visitó al equipo profesional femenino del fútbol de Racing, que se consagraría campeón cuatro meses después, para compartir sus orígenes, para pronunciar verdades y para reclamar justicias. Le regalaron una camiseta con el 9 en la espalda.

    Esa no constituyó la primera experiencia del fútbol femenino de Racing en relación con tanta memoria imprescindible. En las últimas temporadas, el plantel se desplazó hasta el centro clandestino de detención El Infierno, a sólo diez cuadras de las canchas de Racing y de Independiente, o sea, otro dominio de Etchecolatz. En una de las ocasiones, participó Tota Guede, Madre de Plaza de Mayo, cuyo hijo Héctor —hincha de Independiente— y su esposo Dante —trabajador del Conicet, hincha de Racing— fueron detenidos y desaparecidos en las calles de Avellaneda el 7 de octubre de 1976. De nuevo, bajo la órbita de Etchecolatz. Tota había pisado el mítico Cilindro de Avellaneda, junto con toda la familia, la tarde en la que Racing celebró ser campeón del mundo en 1967. Recién volvió en 2017 junto a Taty Almeida, Madre de Plaza de Mayo y madre de Alejandro, devoto de Racing hasta el 17 de junio de 1975, cuando lo desaparecieron.

    Entre las causas notorias por las que fue juzgado y hallado culpable Etchecolatz, suelen ser resaltadas la doble desaparición de Jorge Julio López —una en dictadura, de la que emergió; la otra en democracia, sin que hasta hoy se sepa nada de su paradero— y la de La Noche de los Lápices, o sea la detención y la desaparición de un grupo de estudiantes secundarios, en La Plata, el 16 de septiembre de 1977. En esa jornada, también en La Plata, capturaron a Juan Domingo “Bocha” Plaza, fana de Racing, en un operativo perpetrado por alguno de los brazos opresores que respondían a Etchecolatz. El dolor carece de suturas, pero la potencia de la reparación acaricia: el 27 de marzo de 2026, en un acto realizado en el salón de la sede que, con una pintura inmensa de Benito Quinquela Martín como horizonte, queda un piso arriba del Archivo Histórico, el Bocha Plaza se convirtió en el Socio Eterno número 47 de Racing. Conjunción de estremecimientos: en medio de los asistentes de esa noche, estuvo Carlos Caldeiro, el futbolista que, en 1981, a los 19 años, se negó a sentarse con Leopoldo Galtieri, el dictador que un mediodía descendió de un helicóptero para almorzar con el equipo del que era hincha.

    El trazo de Etchecolatz en un documento de espionaje sobre las rutinas de un club pesa por sí solo. Y, a la vez, retrata un tejido que invariablemente conduce al horror. Tres presidentes de Racing fueron secuestrados en la era durante la que Etchecolatz picaneaba a su antojo. A Horacio Rodríguez Larreta y a Héctor Rinaldi los atraparon otras patrullas ilegales en suelo porteño. A Juan Destéfano, quien había sido secretario general de la gobernación bonaerense durante la gestión del peronista Victorio Calabró, lo chuparon las bandas del propio Etchecolatz, quien, como testimonió Destéfano ante los jueces, se encargó de timonear a la patota que le impuso tormentos de todo tipo.

    El fondo documental reordenado por la Comisión Provincial por la Memoria bien puede descorrerse como un viaje a través de las décadas sobre los criterios de espionaje de la policía bonaerense. Un extracto del primer legajo, fechado el 14 de abril de 1954, desmenuza: “Por datos confidenciales que merecen fe se tiene conocimiento que el motivo de la Asamblea descripta, sería expulsar a personas con figuración dentro de las filas del Partido Peronista”. Otro informe, del 11 de septiembre de 1954, ubica la pertenencia partidaria de los componentes de la conducción: “conservador”, “radical”, “conservador, no obstante se le conoce que actúa en las filas del P. Peronista». Un apunte de abril de 1955 afirma: “La ideología predominante entre los miembros de la Comisión directiva es si patizante del partido Peronista”. Falta la letra «m» en la palabra “simpatizante”, casi antecediendo a la máquina de escribir judicial y deficitaria de la película El secreto de sus ojos. Un memorando relativo a la huelga de empleados de noviembre de 1965 asevera que el delegado gremial interno “es conocido como comunista”. “Comunista”, a contramano del resto de los términos, sobresale tipeado todo en mayúsculas.

    Sostiene Bellido: “Ese minucioso archivo que construyó la inteligencia de la bonaerense y que tuvo como objetivo perseguir y espiar para mantener controlado el accionar político y social de nuestra sociedad debe ser abierto a los clubes para que se conozca el seguimiento que se les hizo por parte del Estado, y que el mismo no se dio únicamente en épocas de dictadura”.

    Flotan interrogantes que albergan pero superan al deporte: ¿cómo ingresaban los infiltrados que vigilanteaban los intersticios del club?, ¿quién los habilitaba?, ¿lucían en público maquillados como socios corrientes y enmascaraban su labor como agentes de inteligencia?, ¿para qué servía apilar —en diversas capas geológicas del devenir nacional— datos sueltos o articulados sobre un sitio al que más de un informante caracterizaba como “predominantemente deportivo”? No hay respuestas enteras, pero sí brota una aproximación desde la voz de Ignacio Maestrovic, uno de los responsables de que el Archivo Histórico de Racing luzca una vitalidad creciente y lleve ya una década de acumulación de tesoros: “Es muy importante entrelazar archivos y conceder accesos, que estas informaciones circulen. Los documentos reunidos en la carpeta celeste que recibimos tienen, entre otras cosas, un enorme valor simbólico: cómo los lugares más oscuros de la vida política también entraron en los clubes”. 

    Antes que a Racing, en diciembre de 2022, la CPM le trasladó un material semejante a Gimnasia y Esgrima La Plata. Allí, la Subcomisión de Derechos Humanos late muy activa en el tributo a sus desaparecidos. Aun en una edad de prédicas negacionistas, la iniciativa logra ser siembra. Banfield, Almirante Brown, Los Andes y el Club Universitario de La Plata consultaron para tomar contacto con archivos que trasluzcan esa zona sustancial y oculta de sus historias. 

    Muchos pasados interpelan a muchos presentes y a muchos futuros. Incomodan: no son puro pasado. Los subsuelos pútridos que nuclea la carpeta celeste destapan preguntas actuales porque, por ejemplo, en Racing se efectúan asambleas, una reciente incluso, el 11 de agosto. ¿Alguien puede certificar, aunque la DIPPBA fue disuelta en abril de 1998, que eso que aconteció no continúa aconteciendo? ¿Habrá, como antes, espías de las fuerzas represoras en las asambleas de Racing o de otros clubes o de las asociaciones civiles que no son clubes? Si así fuera, ¿qué espían ahora quienes espían?, ¿qué respuestas poseen y no poseen las personas y las organizaciones deportivas y no deportivas frente a esa posibilidad? “La memoria existe para actuar”, advierte Daniel Feierstein, sociólogo argentino y experto en estudiar las prácticas genocidas. 

    El legajo final de la carpeta celeste refiere a lo que cualquier visitante del estadio de Racing puede ver en un cartel que se levanta en la entrada del Cilindro, sobre la calle Colón. Dice ahí: “El 22 de febrero de 1977 la dictadura cívico militar fusiló a 4 hombres y 2 mujeres en las inmediaciones de este estadio, sus cuerpos aún no han sido identificados. Presente ahora y siempre”. Esa atrocidad empezó a corporizarse como narrativa en una referencia del libro Corbatta: El wing, de Alejandro Wall, que motorizó a la periodista Micaela Polak a atar piezas hasta modelar una sólida investigación. El cineasta Rodolfo Petriz prosiguió esa línea y dirigió el film Los fusilados de Racing. El parte policial aportado por la CPM enuncia un enfrentamiento y asume “que respecto de los extremistas abatidos, trátase de cuatro N.N. masculinos, dos N.N. femeninos, siendo tres de los masculinos muy jóvenes”. Luego, agrega: “Procúrase identificación”. La identificación, medio siglo más tarde, persiste pendiente. 

    Vicente Zito Lema fue escritor, periodista, abogado, psicólogo social, militante. Nació en 1939, sufrió el exilio, murió en 2022 e invariablemente se proclamó de Racing. Como si, sin necesidad de leer, hubiera intuido cada eco abismal que emana de los documentos que la CPM cedió al club, anotó en su poema Desaparecidos: “Los secretos del crimen del horror se repiten en voz muy baja». Ese poema voló por el cielo de Avellaneda aquella tarde de diciembre de 2021 en el estadio durante la que los devorados por el genocidio se transformaron en Socios Eternos. Unos meses más adelante, Zito Lema repasó a esa ceremonia, a esa pasión futbolera, al país de esa ceremonia y de esa pasión, un país de un club espiado hasta por un emblema del genocidio, un país que cobijó a ese emblema de lo peor pero que también alumbró luchas que son emblema. Repasó y sintetizó: “Si hay una historia del olvido, habrá una historia de la memoria que redime la vida”.

    En esa historia de la memoria ahora está la carpeta celeste.

    La entrada La memoria en una carpeta celeste se publicó primero en Revista Anfibia.

     

  • Bessent fracasó en su tercer intento por bajar la tasa y en Estados Unidos ya especulan con un «default»

     

     El secretario del Tesoro, Scott Bessent, cosechó este miércoles un nuevo rechazo de Wall Street. Por tercera vez anunció una compra de bonos masiva para bajar la tasa y logró el efecto contrario: la tasa del Treasury a 10 años escaló al 4,83%, su nivel más alto desde 2023.

    El récord de deuda, la suba de la inflación y la suba del petróleo están dragando la confianza de Wall Street en el secretario del Tesoro de Trump.

    El bono a 30 años volvió a rendir cerca de 5,3%, el mismo nivel que antes de que el Tesoro duplicara las recompras, por eso Bessent anunció este miércoles que las triplicaría, pero lejos de calmar al mercado lo alarmó. Wall Street advierte que las intervenciones no alcanzan para compensar el déficit, la inflación y las crecientes necesidades de financiamiento de Estados Unidos.

    Scott Bessent consiguió bajar las tasas de largo plazo de Estados Unidos durante algunos días, pero el mercado terminó borrando prácticamente todo el efecto de la intervención. El rendimiento del bono del Tesoro a 30 años volvió a la zona de 5,27%, el mismo nivel en el que se encontraba antes de que el secretario del Tesoro anunciara la ampliación de las recompras para intentar contener los costos de financiamiento.

    El mal momento de Bessent por sus fallidas intervenciones en el mercado complican a Caputo

    La desconfianza del mercado es tan grande, que en Estados Unidos ya se habla abiertamente de un default de su deuda, algo impensado: hasta este momento se suponía que los bonos del Tesoro eran el activo más seguro del mundo. Axios, uno de los medios con mejor accesos a la Casa Blanca de Trump, analizó este jueves esa posibilidad.

    El bono a 30 años volvió a rendir cerca de 5,3%, el mismo nivel que antes de que el Tesoro duplicara las recompras, por eso Bessent anunció este miércoles que las triplicaría, pero lejos de calmar al mercado lo alarmó. 

    Se trata por supuesto de un ejercicio de política ficción basado en el trabajo práctico que hicieron estudiantes de derecho de Virginia, sobre la posibilidad de un default de Estados Unidos de su deuda de 40 trillones, citando antecedentes mundiales como Argentina. La periodista Emily Peck, analizó que tan posible es ese escenario, tendiendo en cuenta la progresiva toma de distancia del mundo financiero de Estados Unidos como último refugio de valor: Holanda acaba de mudar sus reservas de oro de Nueva York a Londres.

    Como sea, la nueva ola de ventas volvió a poner en duda la capacidad de Bessent para torcer una tendencia que responde a problemas mucho más profundos que la liquidez del mercado. El Treasury a 10 años, referencia para las hipotecas, los créditos y buena parte del sistema financiero estadounidense, también volvió a ubicarse alrededor de 4,8%, más de 10 puntos básicos por encima de los niveles registrados cuando se conoció la intervención.

    El Tesoro había sorprendido a Wall Street al anunciar que desde septiembre elevaría de USD 2.000 millones a USD 4.000 millones el monto máximo de sus operaciones de recompra sobre determinados bonos de largo plazo. El objetivo oficial es mejorar la liquidez y el funcionamiento del mercado, aunque la operación tiene un efecto directo: al aumentar la demanda de Treasuries largos y retirar títulos de circulación, presiona sus precios al alza y sus rendimientos a la baja.

    En un primer momento, la estrategia funcionó. El rendimiento a 30 años llegó a caer alrededor de 10 puntos básicos y la decisión llevó alivio a los mercados. Pero el movimiento comenzó a revertirse rápidamente y ahora la tasa volvió prácticamente al punto de partida. La semana llegó incluso a negociarse en torno al 5,29%, nuevamente cerca de los máximos de los últimos 19 años.

    El problema para Bessent es que el Tesoro intenta reducir las tasas largas sin modificar sustancialmente la cantidad de deuda que necesita colocar. El funcionario aclaró que la ampliación de las recompras no supone reducir las subastas regulares de bonos de largo plazo. En la práctica, Washington retira títulos por una ventanilla mientras continúa colocando deuda por otra para financiar sus necesidades fiscales.

    Esa contradicción comenzó a ser señalada por los grandes jugadores de Wall Street. Mark Cabana, responsable de estrategia de tasas estadounidenses de Bank of America, advirtió que el mercado no consiguió sostener ningún descenso significativo de los rendimientos y señaló que los inversores están exigiendo una compensación cada vez mayor para mantener deuda con vencimientos a varias décadas.

    El problema para Bessent es que el Tesoro intenta reducir las tasas largas sin modificar sustancialmente la cantidad de deuda que necesita colocar. El funcionario aclaró que la ampliación de las recompras no supone reducir las subastas regulares de bonos de largo plazo. En la práctica, Washington retira títulos por una ventanilla mientras continúa colocando deuda por otra para financiar sus necesidades fiscales.

    Un operador financiero consultado por LPO explicó que Bessent puede intervenir sobre la cantidad de bonos que circulan, pero tiene muchas menos herramientas para modificar las razones por las que el mercado exige una tasa cercana al 5,3% para prestarle a Estados Unidos a 30 años. Las recompras, sostuvo, pueden provocar movimientos importantes en el corto plazo, pero difícilmente consigan sostenerlos mientras el Tesoro siga necesitando colocar grandes volúmenes de deuda.

    «Para bajar de manera permanente la tasa larga necesitás que el mercado vea menos inflación, una trayectoria fiscal más creíble o menores necesidades de emisión. Si ninguna de esas variables cambia, cada baja provocada por las recompras termina siendo una oportunidad para que aparezcan vendedores», afirmó el operador. La velocidad con la que desapareció el efecto inicial también muestra que Wall Street está dispuesto a poner a prueba hasta dónde llega la capacidad de intervención del secretario del Tesoro.

    Las críticas alcanzaron incluso al círculo cercano de Bessent. Stanley Druckenmiller, para quien trabajó el actual secretario del Tesoro, cuestionó que las recompras excedan el objetivo tradicional de garantizar liquidez y comiencen a parecerse a un intento directo por influir sobre el precio de los bonos. La discusión es especialmente sensible porque esa tarea estuvo históricamente mucho más asociada a la Reserva Federal que al Tesoro.

    Bessent rechaza esa lectura y sostiene que no pretende fijar las tasas, sino mejorar el funcionamiento de un mercado que considera distorsionado. Sin embargo, el episodio profundiza el giro intervencionista que viene mostrando desde el año pasado. En octubre de 2025, en plena tensión cambiaria previa a las elecciones legislativas argentinas, el Tesoro estadounidense compró directamente pesos para apuntalar al gobierno de Javier Milei y acompañó la estrategia con un swap por USD 20.000 millones con el Banco Central.

    Meses después apareció el antecedente japonés. Washington acompañó a Japón frente a la fuerte depreciación del yen, una cuestión particularmente sensible para Estados Unidos porque el país asiático es uno de los principales tenedores extranjeros de Treasuries. Una intervención japonesa financiada mediante ventas masivas de bonos estadounidenses podía alimentar precisamente el problema que ahora busca contener Bessent: una mayor presión sobre las tasas largas.

    La secuencia resulta llamativa: primero el peso argentino, después el yen y finalmente los propios bonos estadounidenses. En los tres episodios aparece la disposición de Bessent a utilizar la capacidad financiera del Tesoro para enfrentar movimientos del mercado considerados inconvenientes por Washington. Pero esta vez el desafío es de otra dimensión: ya no se trata de estabilizar una moneda extranjera sino de modificar el costo al que se financia la principal economía del mundo.

    El regreso del bono a 30 años a la zona de 5,3% empieza a exponer los límites de esa estrategia. Las recompras pueden retirar temporalmente oferta, mejorar la liquidez y generar una baja puntual de los rendimientos. Pero mientras Estados Unidos mantenga déficits elevados, necesite colocar enormes cantidades de deuda y los inversores reclamen una prima creciente para financiarlo durante tres décadas, Bessent enfrenta un mercado demasiado grande como para torcerlo únicamente a fuerza de intervenciones.

     

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