presentacion-del-libro-‘godofredo-viajero’

Presentación del libro ‘Godofredo Viajero’

El próximo sábado se realizará la presentación del libro ‘Godofredo Viajero’ de la escritora reginense Julieta Langa, quien actualmente reside en Alemania.

La cita es en la Oficina de Informes Turísticos de 15,30 a 16,30 horas para la prensa, docentes de nivel inicial, primario, del Instituto de Formación Docente, estudiantes o lectores aficionados. Se realizará una videollamada con la escritora.

El cupo es limitado por lo cual se requiere inscripción previa en el siguiente formulario: https://forms.gle/UnWH87q7Wnx9eqLUA

La segunda parte estará dedicada al público general que podrá asistir a partir de las 16,30 a 18.00 horas. Se proyectarán videos donde la escritora hará una reseña del libro y de su vida. ‘Godofredo viajero’ es un homenaje a su mascota, que la acompaña hace 12 años. Narra las aventuras de Godofredo en su viaje hasta llegar a Alemania. De narrativa infantil, contiene ilustraciones para que los chicos puedan colorear, donde se destaca en unas de sus páginas la visita del Godofredo a la ‘Perla del Valle’ más precisamente el Indio Comahue.

En paralelo se podrá disfrutar de ‘Tardes Dulces’ con el emprendimiento invitado ‘Cheo Riqui Riqui’, desde las 14 a 18 horas.

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • La pobreza podría ser 10 puntos más de lo que anunció el gobierno

     

    La medición de pobreza que festejó el gobierno recibe cada vez mayores cuestionamientos. Agustín Salvia, titular del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, considero que hay «cierta ficción» en las cifras del Indec y que el número de pobres podría ser hasta 10 puntos mayor de lo anunciado por el gobierno.

    Luis Caputo, Sandra Pettovello, Patricia Bullrich, Federico Sturzenegger y hasta Manuel Adorni festejaron la caída de la pobreza, que pasó del 52,9% en el primer semestre de 2024 a 28,2% en el segundo semestre de 2025. Sin embargo, las cifras abren una controversia.

    Hay dos cuestiones que ayudan a mejorar los índices que destacan los libertarios: una es la mejor captación del ingreso de hogares. El aumento de la captación de los ingresos en los hogares explica cerca de cinco puntos de caída en la tasa de pobreza y también vuelve inútil la comparación con años anteriores que tenían una peor captación del ingreso.

    El segundo problema es la falta de actualización de la estructura de los gastos de los hogares, donde desde 2024 la mayor parte del ingreso se destina al pago de servicios y cae lo destinado al consumo. Se calcula que entre esas dos cuestiones el índice bajó 10 puntos.

    Los alquileres subieron más del doble que la inflación desde diciembre de 2023

    Si se toma como ejemplo el segundo semestre de 2025, la pobreza no sería de 28,2% como midió el Indec sino de 32% con el mismo sistema de medición de 2023 y de 39-40% con una estructura de gastos actualizada.

    Para determinar si una familia vive bajo la línea de pobreza se comparan los ingresos del grupo con la canasta básica para la línea de pobreza y la canasta básica de indigencia.

    La liberación de los precios de servicios públicos y del precio del transporte desde la asunción de Milei provocó que la mayor parte del presupuesto familiar se destinara a servicios y no al consumo. Por otro lado, el Indec mejoró el sistema de captación de ingresos en los hogares y por eso mide un mayor ingreso por hogar.

    «Estás considerando un valor de canasta básica total con parámetros y estructuras de 2004-2005. Para un hogar de clase media los servicios no alimentarios representan el 60% de sus ingresos y los alimentos el 40%. Hace 20 años la proporción era distinta, 60% de alimentos y 40% de otros bienes y servicios. La estructura de consumo es totalmente irreal», explicó Salvia en Radio Splendid.

    «A partir de los cambios que produjeron la liberación de las tarifas y los ajustes más recientes, el índice de pobreza no es realista y pierde fidelidad la comparación hacia atrás», dijo el sociólogo e investigador del Conicet. 

     

    Difunde esta nota
  • |

    Monedas de oro, merchandising y negocios paralelos: nuevos chats complican al entorno de Milei

     

    Documentos extraídos del celular de Mauricio Novelli revelan que el empresario impulsaba proyectos para lanzar monedas de oro con la cara de Javier Milei y una línea de merchandising oficial. Los intercambios, que forman parte del expediente del escándalo cripto, muestran gestiones, reuniones en la Casa Rosada y hasta la intención de avanzar con negocios internacionales.

    Pôr Tomás Palazzo para NLI

    La trama que rodea al escándalo de la criptomoneda $LIBRA sigue sumando capítulos explosivos. Según reveló Página/12, nuevos documentos hallados en el celular de Mauricio Novelli exponen que el empresario no sólo operaba en el universo cripto, sino que también impulsaba negocios para monetizar directamente la figura presidencial de Javier Milei.

    Entre las iniciativas aparece una idea tan insólita como reveladora: la creación de monedas de oro con el rostro de Milei junto con el desarrollo de una línea completa de productos oficiales —desde indumentaria hasta objetos de uso cotidiano— con su imagen y consignas políticas.

    La “marca Milei” como negocio

    Los chats recuperados del teléfono de Novelli muestran con claridad la lógica que guiaba estos proyectos: convertir al presidente en una marca comercial global. En las conversaciones, uno de los socios propone avanzar sin dilaciones: “empujemos moneda y si no tenemos merchandising”, evidenciando que ambas iniciativas eran vistas como alternativas rentables dentro de un mismo esquema.

    El merchandising proyectado incluía una amplia gama de productos: remeras, gorras, mochilas, anteojos, billeteras e incluso motosierras, en línea con la estética libertaria que el propio Milei instaló en su discurso político.

    Lejos de tratarse de ideas aisladas, los documentos muestran que existían planes concretos para estructurar estos negocios con empresas radicadas en el exterior, particularmente en Uruguay, con el objetivo de reducir la carga impositiva.

    Reuniones en la Casa Rosada y contactos internacionales

    Uno de los aspectos más delicados del caso es que estos proyectos no se habrían quedado en el plano teórico. Según surge de los registros y chats, Novelli llevó a empresarios vinculados a bancos y firmas de metales preciosos de Suiza a reuniones en la Casa Rosada, donde fueron recibidos por Karina Milei.

    En esos encuentros se habrían presentado formalmente las propuestas, lo que sugiere un nivel de avance mayor al que inicialmente se conocía. La operatoria contemplaba incluso la firma de acuerdos formales (MOU) para dar inicio a los emprendimientos.

    Los documentos también dejan entrever tensiones internas: en un audio, Novelli reconoce que había resistencias dentro del entorno presidencial, aunque asegura que “J” —en referencia a Milei— estaba de acuerdo con avanzar.

    Del escándalo cripto a una red de negocios

    El dato más relevante es que estas iniciativas aparecen dentro del mismo universo que el caso $LIBRA, la criptomoneda que terminó en un escándalo internacional y que ya es investigada por posibles delitos financieros.

    Lo que surge ahora es que el esquema no se limitaba a un activo digital, sino que incluía múltiples líneas de negocios paralelos, todos atravesados por un mismo eje: capitalizar políticamente y económicamente la figura presidencial.

    Aunque los proyectos de monedas de oro y merchandising finalmente no se concretaron —al menos según la documentación disponible—, los registros dejan una evidencia contundente: existió una estrategia sistemática para explorar negocios privados utilizando la imagen del jefe de Estado.

    Una frontera difusa entre lo público y lo privado

    El caso abre interrogantes profundos sobre los límites entre función pública e intereses privados. La posibilidad de que se hayan evaluado negocios basados en la figura presidencial, con participación de actores internacionales y reuniones en dependencias oficiales, plantea un escenario que excede lo anecdótico.

    Más aún cuando todo esto surge en el marco de una investigación mayor que ya puso bajo la lupa la relación entre el poder político y operaciones financieras de alto riesgo.

    En ese contexto, lo que parecía un escándalo aislado empieza a perfilarse como algo más amplio: una red de iniciativas que buscaban transformar el poder político en una plataforma de negocios, con consecuencias que todavía están lejos de cerrarse.

     

    Difunde esta nota
  • |

    EL PUNTO G DEL G20

    Controvertido punto de placer que hoy se sitúa en el cuerpo argentino. Realizamos un paralelismo entre el encuentro de los principales mandatarios del mundo (G20) y el punto G. Para ello, utilizamos una brújula imaginaria para identificar lo que pasamos a llamar: » los cuatro puntos gardinales «. El norte de lo Global, el oeste…

    Difunde esta nota
  • Capacitación sobre protocolos COVID-19 para deliverys

    La Municipalidad de Villa Regina invita a participar de la capacitación sobre ‘Buenas prácticas de manipulación de alimentos y protocolos de COVID-19 para deliverys’ organizada por la Universidad Nacional de Río Negro. La misma está destinada a personas que desarrollan la actividad en el Alto Valle y Valle Medio de la provincia. Contará de cuatro…

    Difunde esta nota
  • Ucrania: una paz que avanza a la fuerza

     

    En menos de 72 horas, la relación transatlántica cambió de naturaleza y todo parece indicar que los ucranianos han perdido la guerra. El 12 de febrero de 2025, el flamante secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dio inicio a las negociaciones de paz en Ucrania. Ya desde un comienzo cedió ante las dos principales exigencias de Moscú: la no adhesión de Kiev a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la ratificación de las “nuevas realidades territoriales”, es decir, la anexión de cuatro regiones ucranianas a Rusia, así como también de Crimea. Al día siguiente, tras una larga conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente Donald Trump anunció su intención de reunirse con su par ruso en Arabia Saudita –sin los ucranianos ni los europeos– y expresó su deseo de que pronto se organicen elecciones en Ucrania. Finalmente, el 14 de febrero, en un discurso pronunciado en una conferencia en Munich, el vicepresidente estadounidense, más que abordar la cuestión ucraniana, reprochó a los dirigentes europeos el hecho de que deshonraran las aspiraciones de sus propios pueblos restringiendo la libertad de expresión en las redes sociales o anulando las elecciones en Rumania por supuestas injerencias rusas (1).

    Semanas antes, Trump había lanzado una ofensiva comercial al aumentar los aranceles a las importaciones de Canadá, México y la Unión Europea, y también había expresado sus intenciones anexionistas sobre Groenlandia (2). Sin embargo, de ahora en adelante, ya no se trata tan sólo de manipular a sus “aliados” para que compren más armas o para equilibrar la balanza comercial. Al declarar que Estados Unidos no les concedería garantías de seguridad ni a Ucrania ni a las tropas europeas que pudieran desplegarse para hacer cumplir un eventual alto el fuego, Trump inevitablemente sembró dudas sobre la solidaridad estadounidense en caso de un ataque al territorio de un miembro de la OTAN. Sin su contrapartida de seguridad, el vínculo transatlántico se parecería más bien a una completa relación de dependencia.

    No obstante, desde 2022, Estados Unidos ha “invertido” un promedio de 35.300 millones de dólares por año en Ucrania (3). Mucho más que los 3.000 a 5.000 millones de dólares que Washington destinó cada año a Israel antes del ataque del 7 de octubre de 2023 y el equivalente a casi la mitad de los gastos militares anuales para Afganistán entre 2001 y 2019 –un esfuerzo para financiar una ocupación militar y operaciones directas–. El nivel de apoyo a Ucrania se sitúa, por lo tanto, en algún punto intermedio entre la ayuda brindada a un aliado histórico en Medio Oriente y el compromiso de una intervención directa en el campo de batalla en su propio nombre. Pero a Trump poco le importa todo eso: la guerra en Ucrania no es la de Estados Unidos, sino la de su antiguo rival Joseph Biden…

    Errores de cálculo

    Evidentemente, la magnitud de la ayuda occidental llevó a Kiev a cometer un error y la alentó a rechazar la negociación. En la primavera boreal de 2022, incluso antes de que Occidente le proporcionara su apoyo militar, la resistencia ucraniana podía enorgullecerse de haber frustrado la operación de cambio de régimen fomentada por el Kremlin y de haber minimizado las pérdidas territoriales. Después de cuatro semanas de combates, los beligerantes estaban cerca de llegar a un acuerdo. En Estambul, Kiev aceptó un estatus de neutralidad –es decir, renunció a adherirse a la Alianza Atlántica– y confirmó su intención de no dotarse de armas nucleares. A cambio, buscaba conseguir la retirada voluntaria de Moscú de los territorios que había ocupado desde el 24 de febrero. Sin embargo, Kiev necesitaba garantía de seguridad por parte de los líderes occidentales, quienes se la negaron. Boris Johnson se convirtió en el portavoz de la posición occidental durante una visita a la calle Bankova, sede de la Presidencia ucraniana. El Primer Ministro británico afirmó que nunca firmaría un acuerdo con Putin. Por eso, lo que ofrecían no eran garantías, sino armas (4).

    Europa deberá pagar la reconstrucción de Ucrania y, al mismo tiempo, afrontar los costos de su seguridad.

    Por un tiempo fue posible creer que dicha apuesta resultaría exitosa. Tras una primera contraofensiva, en noviembre de 2022, Kiev recuperó la ciudad de Jersón, ubicada en la orilla derecha del río Dnieper. Se desató la euforia. La palabra “negociaciones” se volvió tabú. No alinearse con los objetivos ucranianos –es decir, recuperar por la fuerza las fronteras de 1991– equivalía a firmar un pacto con el diablo. Los grandes medios de comunicación occidentales respaldaron el decreto ucraniano de octubre de 2022 que prohibía las negociaciones con Putin, a quien buscaban llevar ante la justicia internacional por crímenes de guerra (5).

    Sin embargo, la segunda contraofensiva ucraniana de junio de 2023 resultó en una derrota. En los medios de prensa, los estadounidenses expresaron su descontento: Kiev habría escatimado demasiado sus hombres para privilegiar ataques tácticos dispersos a lo largo del frente en lugar de enviar soldados en masa a los campos de minas rusos con la esperanza de traspasar las defensas del adversario y cortar el puente terrestre entre Rusia y Crimea (6). Bajo la presión de Washington, Kiev redujo la edad de reclutamiento de 27 a 25 años en abril de 2024, pero en diciembre se negó a bajarla a los 18 años. Así, la apuesta hecha en base a las exhortaciones occidentales fracasó trágicamente. Tanto el costo humano –cientos de miles de muertos y heridos– como los sacrificios exigidos a la sociedad fueron en vano (7).

    Como lógica consecuencia, durante el mismo período, Rusia experimentó una suerte inversa. El inicio de su “operación militar especial” resultó un fiasco. Los servicios de inteligencia rusos sobrestimaron los apoyos con los que contarían tanto por parte de la población como dentro de las élites ucranianas. El Ejército se estancó en los barrios periféricos de la capital ucraniana y fracasó en su intento de tomar el control del país. El Kremlin decidió entonces concentrar su dispositivo militar en el Donbass y Crimea. Concebida inicialmente como una expedición relámpago, la guerra fue cambiando de escala y de naturaleza. La movilización forzada decretada en septiembre de 2022 provocó una ola de protestas y exilios.

    Atrapada en su propia guerra, Rusia agravó su situación en materia de seguridad. Su “operación militar especial” tenía como objetivo, por un lado, prevenir que Ucrania se rearmara –antes de que Kiev recuperara por la fuerza las regiones separatistas prorrusas– y, por otro lado, poner un freno a la expansión de la OTAN hacia el Este. No obstante, unos meses después del inicio del conflicto, Rusia enardeció el patriotismo de un adversario que recibía un flujo continuo de armas y que contaba con el respaldo de una Alianza Atlántica reforzada con dos nuevos miembros: Suecia y Finlandia, que limitan con la zona ártica, estratégica para Moscú. Los dirigentes europeos reforzaron los batallones enviados al flanco oriental de la alianza, incluida Francia, que hasta entonces se oponía a una presencia permanente. La fuerza de reacción rápida de la OTAN cuadruplicó su número de efectivos; también continuó la construcción de la nueva base antimisiles estadounidense en Polonia, en donde los norteamericanos elevaron su presencia militar a 10.000 soldados. Lejos de calmarse, en Rusia las preocupaciones respecto de la seguridad se intensificaron por no haber previsto la fuerza y la unidad de la reacción occidental. Empero, al apostar por la consolidación de sus defensas detrás del Dnieper, Rusia logró estabilizar el frente. Los avances territoriales, como la toma de Bajmut en mayo de 2023, se consiguieron a costa del sacrificio de numerosas tropas, en un país ya golpeado por su crisis demográfica.

    El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada.

    Si bien Rusia mostró debilidades militares, la resiliencia de su economía resultó sorprendente. El Banco Central había acumulado suficientes reservas para asumir una confrontación financiera con Occidente. Logró sostener eficazmente el rublo y salvar su sistema bancario a pesar del congelamiento de sus activos en Europa y Estados Unidos. En cuanto a las sanciones energéticas, terminaron volviéndose en contra de los propios impulsores europeos: el aumento de los precios del gas compensó la pérdida de los volúmenes enviados al Viejo Continente, dando tiempo a Rusia para reorientar sus exportaciones de hidrocarburos hacia Asia (8). El fracaso de la estrategia de aislamiento se volvió evidente porque, si bien Moscú se vio obligada a recurrir a “Estados parias”, como Corea del Norte o Irán, para obtener armas o soldados, la realidad es que no le faltaron socios económicos interesados en sus descuentos energéticos. Los países que forman el núcleo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) vieron con preocupación la ofensiva punitiva financiera de Washington contra uno de sus miembros y profundizaron de forma preventiva su cooperación para reducir el uso del dólar en sus intercambios. En 2024, BRICS acogió a cinco miembros nuevos, entre los que destacan los Emiratos Árabes Unidos, un actor clave en las nuevas rutas del petróleo ruso (véase el artículo de págs. 12-14).

    ¿Acercamiento al hermano menor?

    Al elegir negociar cara a cara con Moscú, Trump le ofrece una vía de escape al Kremlin. El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada. Las concesiones, por ahora sólo verbales, resultan vertiginosas: reanudación de las negociaciones sobre el desarme, promesa de reincorporación al G7 y, a largo plazo, levantamiento de las sanciones. Aunque el Presidente estadounidense trate de morigerar estas promesas en las próximas semanas, la solidaridad transatlántica parece estar ya profundamente deteriorada.

    Estas declaraciones podrían cerrar la era geopolítica que comenzó en 1949. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó la Alianza Atlántica para imponer su influencia a la mitad de Europa, mientras que la otra mitad se alineaba primero con el bloque soviético y luego se unía al Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, a fines de la década de 1980, el último líder soviético, Mijail Gorbachov, al frente de un país agotado por la carrera armamentista, se comprometió con una serie de concesiones unilaterales y desordenadas: aceptó la reunificación de Alemania y su adhesión a la OTAN sin obtener garantías escritas sobre la no expansión de la alianza occidental en Europa del Este. De este modo, el antiguo instrumento de seguridad sobrevivió a la Guerra Fría, y la Unión Europea, al expandirse, permaneció firmemente vinculada a Washington. Aunque en 1989 y 1990 se llegó a considerar por un momento la posibilidad de implementar un nuevo sistema de seguridad, no surgió ninguno alternativo tras la disolución de la URSS en 1991. Si bien el conflicto ruso-ucraniano tiene en parte su origen en esta oportunidad perdida, su resolución negociada está provocando una reconciliación ruso-estadounidense a espaldas de Europa.

    En Munich, el vicepresidente James David Vance incluso señaló una nueva dirección estratégica de Estados Unidos: “A Putin no le interesa ser el hermano menor en una coalición con China” (9). ¿Se trata del regreso a la estrategia de triangulación que había puesto en marcha el presidente estadounidense Richard Nixon en 1971 al acercarse al “hermano menor” (en ese entonces, China) para aislar mejor al enemigo principal (la URSS)? Si este es el “plan”, Trump tendrá dificultades para romper el eje Rusia-China. Pekín, si bien se molestó por el hecho consumado de la invasión rusa y le ha reprochado a Moscú su abuso de la amenaza nuclear, no le ha retirado su apoyo. China suministra de manera discreta tecnologías necesarias para el complejo militar-industrial ruso, al mismo tiempo que profundiza su cooperación militar con Moscú. Aunque desequilibrada, esta relación se basa en una fuerte frustración compartida respecto de un orden internacional dominado por Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría.

    ¿Y Europa?… Europa se encuentra en la peor situación posible: ya debilitada por la crisis energética que ella misma provocó al renunciar –a petición de Washington– al gas ruso barato y pronto golpeada también por la guerra comercial decretada por la Casa Blanca, ahora se ve obligada a gestionar en soledad las consecuencias del revés occidental en Ucrania. Mientras la confrontación con Rusia alcanza un nivel incandescente y sus arsenales se han vaciado en favor de Kiev, Europa se prepara para aumentar de forma urgente su gasto militar, lo que implica comprar armamento estadounidense. Washington le exigía un “reparto de la carga” de la financiación de la alianza. Ahora la carga es doble: pagar la reconstrucción de Ucrania (que, a esta altura, Rusia deja de buena gana en manos de la Unión Europea) y, al mismo tiempo, asumir su propia seguridad. El gasto parece simplemente inasumible para los presupuestos europeos y augura nuevas divisiones.

    1. Benoît Bréville, “Liquidación electoral”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2025.
    2. Philippe Descamps, “Affoler la meute”, Le Monde diplomatique, París, febrero de 2025.
    3. “Ukraine support tracker”, Kiel Institute for the World, 2024.
    4. Samuel Charap y Sergueï Radchenko, “¿Podría haber terminado la guerra en Ucrania?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2024. Volodimir Zelensky se esfuerza en negar el papel que habría desempeñado así Johnson; véase también Shaun Walker, “Zelensky rejects claim Boris Johnson talked him out of 2022 peace deal”, The Guardian, Londres, 12 de febrero de 2025.
    5. Véase, por ejemplo, “Soutenir l’Ukraine pour assurer la paix”, Le Monde diplomatique, 10 de enero de 2023.
    6. Alex Horton y John Hudson, “US intelligence says Ukraine will fail to meet offensive’s key goal”, The Washington Post, 17 de agosto de 2023.
    7. Hélène Richard, “Ucrania, una sociedad dividida por la guerra”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2023.
    8. Hélène Richard, “Sanciones de doble filo”, Le Monde diplomatique, noviembre de 2022.
    9. Bojan Pancevski y Alexander Ward, “Vance wields threat of sanctions, military action to push Putin into Ukraine deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 14 de febrero de 2025.

     

    Difunde esta nota
  • El viernes se presenta a la comunidad el proyecto de remodelación de la terminal

    El próximo viernes 29 a las 10 horas en el salón de la Cámara de Productores se presentará el proyecto de remodelación de la terminal que fue aprobado por el Ministerio de Transporte de la Nación en el marco del convenio firmado en marzo pasado entre el Intendente Marcelo Orazi y esa cartera nacional. En…

    Difunde esta nota

Deja una respuesta