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Poeta reginense, ganador de premio del Fondo Editorial Rionegrino

El poeta reginense Damián Catini recibió el viernes de parte de la directora del Fondo Editorial Rionegrino Eliana Navarro ejemplares de ‘Mi novia y yo’, obra ganadora del segundo premio en la última convocatoria anual del FER y que fue publicada recientemente por la editorial estatal.

En el SUM de la Escuela de Arte ambos fueron recibidos por la Directora de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina, Silvia Alvarado, quien destacó el trabajo del poeta local y agradeció al FER por el acompañamiento.

Por su parte Navarro manifestó que “en este momento estamos materializando finalmente, con estas ediciones, el proceso que se viene haciendo durante todo el año y este es el momento en el que los autores se encuentran con sus libros. Ahora nos espera la segunda etapa que es el acercamiento de todos estos libros a la comunidad”.

“Hoy entregamos en la Biblioteca Mariano Moreno de Villa Regina ejemplares de los libros editados por el FER, la idea es estar presente con todo el material de autores y autoras rionegrinas y que se conozca”, agregó.

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    La Cámara Federal de Rosario confirmó por unanimidad el procesamiento dictado contra el juez federal local Gastón Salmain, quien está acusado de haber pedido un soborno para autorizar a un fideicomiso a comprar 10 millones de dólares en plena vigencia del cepo cambiario para pagar deudas financieras en el exterior.

    El tribunal validó el embargo resuelto por el juez inicial pero lo llevó de 200 mil dólares a 10 millones de pesos para garantizar la pena pecuniaria. Avaló también la prohibición de salir del país y la prisión preventiva domiciliaria contra el magistrado que no es ejecutable por los fueros que lo protegen como magistrado. Los delitos atribuidos son cohecho pasivo agravado, incumplimiento de deberes de funcionario público y prevaricato.

    Los mismos planteos dispuso contra el coimputado Santiago Busaniche, un escribano santafesino señalado como lobista del más alto nivel de la Justicia Federal, que apareció como mediador de la gestión de sobornos entre el financista Fernando Whpei que administraba el fideicomiso que buscaba obtener los dólares y el juez Salmain que dispuso favorablemente la medida que aquel esperaba.

    Otro punto decisivo es la confirmación de parte de la Cámara Federal de la gravedad institucional del caso, dado que involucra a un juez federal en ejercicio de sus funciones, lo que afecta la credibilidad del sistema judicial y el servicio de justicia. Esto último la defensa de Busaniche lo discutió el jueves pasado ante la Cámara Nacional de Casación que pide además recusar la actuación de los fiscales, que los camaristas rosarinos en este fallo volvieron a convalidar.

    Un juez federal de Rosario procesado por corrupción manejará tres juzgados 

    Por unanimidad, los camaristas federales Aníbal Pineda, Silvina Andalaf y Elida Vidal dieron por admitidos los delitos imputados en esta primera etapa del trámite penal. En esta los fiscales federales atribuyen a Salmain y Busaniche «haber formado parte de una asociación destinada a cometer delitos, dentro de la cual entre el mes de septiembre del año 2023 hasta el mes de abril del año 2024, pergeñaron la salida a cuentas en el exterior de U$S 10.000.000, mediante la manipulación contraria a derecho de un expediente judicial radicado en el Juzgado Federal N° 1 de Rosario».

    En ese contexto y para lograr el objetivo premeditado, «Fernando Whpei utilizó su influencia y poder económico para que el magistrado Gastón Salmain en conjunto con Santiago Busaniche direccionen el proceso judicial y lo beneficien en los aspectos financieros relacionados con Attila Fideicomisos SRL, el Grupo Unión SA y Lancers SA, dicen los jueces. «A cambio de ello, Santiago Busaniche -por su aporte operativo- y Salmain -por su aporte como magistrado a cargo de la causa solicitaron el pago del diez por ciento de la diferencia del tipo de cambio al momento de la operación entre el dólar oficial y el dólar blue, suma que ascendía aproximadamente a U$S 200.000», dicen textualmente.

    «Es así que, para cumplir con el plan criminal, Salmain, se reunió previamente con Whpei, al menos una vez en su asiento laboral el 02.10.2023, donde este le hizo entrega del último escrito de presentación que realizarían y el magistrado se manifestó sobre la viabilidad técnica del mismo, solicitando que lo demás lo arregle con Santiago Busaniche».

    La pregunta de si esto deja más cerca a Salmain de un proceso de suspensión es una incógnita debido a la demora del Consejo de la Magistratura de la Nación de avanzar con los distintos expedientes disciplinarios abiertos hace meses. 

    La diputada santafesina Lionella Cattalini instó con una carta personal a todos los consejeros a dar una rápida definición de los legajos porque un juez que tiene varias causas penales en trámite, entre ellas cobro de sobornos, sigue controlando un juzgado civil y comercial donde se dirimen pleitos económicos. Pero fuentes del organismo que define sobre la conducta de jueces indican que Salmain solo podría ser suspendido después de que haya una resolución del plenario del cuerpo que disponga el inicio de su juicio político.

    La defensa de Salmain objetó dos asuntos fuertes. El primero es que en el tribunal se hayan mantenido las camaristas Sivina Andalaf y Elida Vidal cuando ambas, dicen los defensores, aceptaron las recusaciones planteadas por Salmain contra ellas. «Las propias juezas reconocieron que correspondía su apartamiento por causal objetiva y ahora intervienen en este acto», sostuvieron.

    Lionela Cattalini. 

    El segundo asunto es que el procesamiento a Salmain por cohecho por pedir una coima lo consideran basado en un hecho endeble, inverosímil y con una evidencia de baja robustez basada en la declaración de un imputado colaborador que es el financista Fernando Whpei. Justamente venían los defensores de Salmain de denunciar a Whpei y pedir que el caso se llevara en Buenos Aires. Lo que la jueza federal María Romilda Servini rechazó de plano lo que se interpretó como un puente intentado por el magistrado en aprietos para que todo el caso saliera de la jurisdicción de Rosario, lo que fue denegado.

    Casación rechazó el pedido del juez Salmain para llevar su caso de coimas a Comodoro Py 

    El planteo defensivo de Salmain apunta a que no existe ninguna prueba de pacto, entrega, promesa concreta, acuerdo económico, o contraprestación funcional. «El procesamiento se apoya en conjeturas concatenadas y ello no satisface el estándar legal», dice.

    Hay un momento en que vuelve a jugar fuerte indicando que hay una pretensión de atribuir a su resolución de ordenar al BCRA de vender dólares a una empresa como un supuesto caso excepcional o aislado cuando hay otros casos resueltos del mismo modo por distintos tribunales del país. En diciembre pasado Salmain en una audiencia, de viva voz, señaló uno que causó un ramalazo a nivel local.

    Era un amparo, dijo Salmain hace tres meses, presentado por abogados del diario La Capital de Rosario que solicitaban en la misma época adquirir dólares en el mercado único libre de cambios (MULC), es decir a valor oficial, para pagar deudas contraídas en la compra del medio al Grupo América de Daniel Vila. Salmain hizo lugar a ese pedido. Reguló honorarios para el patrocinante que fue el abogado Jorge Mattos, socio del estudio jurídico que tiene directores en el diario conocido como decano de la prensa argentina. Y sostuvo que sus superiores de la Cámara Federal lo avalaron.

    Pero el fallo de los camaristas rosarinos rechaza los planteos defensivos. Hay un párrafo que es muy categórico sobre el rol de Fernando Whpei como imputado colaborador. «Si bien es cierta la cautela con la cual debemos valorar el testimonio de un investigado arrepentido o colaborador (atento las desconocidas motivaciones que lo pudieron haber llevado a efectuar su declaración en un sentido u otro), en este caso dicho testimonio no solo que se condice con las demás pruebas objetivas existentes (entre ellas el impacto de antenas y mensajes de whatsapp), sino que especialmente la explicación de Whpei es la que permite actuar de forma lógica todo el extraordinario, irregular y antinatural que tuvo el expediente. civil en el cual el juez libró la orden contra el BCRA (que luego fue revocada por esta Cámara de Apelaciones)».

    Otro momento demoledor de los camaristas es cuando se centran en la incomprensible actuación de Salmain. «Todo el actuar forzado del magistrado en el expediente civil se transforma en sí mismo en prueba o indicio de delito», plantean.

    Lo que tiene de revelador ese enunciado es que revela algo que está permanentemente en el comportamiento de Salmain. Como cuando se quiso quedar con causas del imputado por corrupción ex jefe de la AFIP Carlos Vaudagna por hechos ocurridos en jurisdicciones ajenas. O como cuando intervino aceptando con un amparo para habilitar obras de un barrio privado cerrado por el gobierno santafesino por problemas de saneamiento hídrico. Para los que siguen de cerca los movimientos de Salmain como juez acaso lo más bizarro fue cuando, tramitando la causa en una fiscalía, él como juez se llevó copia del peritaje del teléfono de Vaudagna, que tenía una relación probada con él previa a la llegada a Rosario del magistrado. «En la práctica, es altamente improbable que un juez haga algo así. ¿Para qué? ¿Qué iba a hacer con el peritaje? ¿En qué marco lo iba a analizar? La conjetura fiscal en ese momento fue que como en el primer peritaje no salieron sus comunicaciones con Vaudagna se la jugó a quedarse con todos los casos.

    En el fallo de la Cámara Federal conocido este viernes, los vocales parecen valorar la relación de confianza previa que había entre Busaniche y Salmain, dado que como lobista en cercanías de la Corte Suprema Busaniche había hecho gestiones para que designaran juez federal en Rosario al ahora cuestionado juez. Para concretar una maniobra como la apuntada por los fiscales, Whpei no tenía relación con salmain, y por eso se conecta para que haga de intermediario con alguien que sí tuviera ascendencia sobre el juez. Sin confianza y ascendencia sobre un juez estas acciones no son posibles.

    Otro asunto irregular es que cuando se frustra el pago del soborno, dada una devaluación que generó una diferencia de cambio, Salmain que primero había oficiado al BCRA para venderle dólares al fideicomiso de Whpei súbitamente se declara incompetente, manda el expediente a Buenos Aires y realiza una denuncia penal contra Whpei por estafa procesal, como si lo hubieran engañado en el marco del trámite. Esa acción adquiere lógica a la luz de los dichos de Whpei como arrepentido. ¿Qué dice? Que no le pudieron pagar los 200 mil dólares acordados inicialmente y, devaluación mediante, le ofrecían 20 mil. Frente a ese cambio en el monto que lo beneficiaría, lo que cambió fue la conducta del juez. 

     

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  • Fracasó una licitación de deuda de Caputo y el riesgo país se disparó

     

     La confianza no aparece. Y el mercado lo muestra sin eufemismos. El riesgo país subió 3,9% y cerró en 634 puntos. La señal clara es que la economía argentina todavía no logra convencer. 

    Esa falta de confianza pega en el corazón de la estrategia oficial. El Gobierno apostó a financiarse en dólares en el mercado local para evitar depender de Wall Street. Pero los resultados empiezan a quedar cortos. En la segunda vuelta de la última licitación, el Tesoro apenas logró colocar USD 34 millones del Bonar 2028, muy lejos de los USD 100 millones que buscaba captar. 

    La lectura del economista Hernán Letcher va en esa línea. «Los dólares encepados se están agotando. En las últimas licitaciones, los montos ofrecidos quedaron por debajo de los límites que había fijado Economía. En el caso del AO27 se colocaron USD 97 millones y en el AO28 apenas USD 34 millones», señaló. El dato es más profundo de lo que parece: en la segunda vuelta, donde el precio ya está fijado, cada vez hay menos oferta dispuesta a convalidar esas tasas.

    Caputo ahora busca un salvataje de Israel e Italia y el mercado sospecha que el swap del Tesoro está caído

    El gráfico es elocuente. Las ofertas rechazadas en segunda vuelta vienen cayendo licitación tras licitación. No es que sobra demanda. Es al revés: se está achicando. 

    Los dólares encepados se están agotando. En las últimas licitaciones, los montos ofrecidos quedaron por debajo de los límites que había fijado Economía. En el caso del AO27 se colocaron USD 97 millones y en el AO28 apenas USD 34 millones.

    En paralelo, los dólares empezaron a moverse. Subieron por segunda rueda consecutiva y reflejan esa tensión. El dólar blue cerró en $1.425, con un alza del 0,7%, el MEP en $1.434,33  con 0,5%) y el contado con liqui en $1.486,41. 

    Desde el otro lado del espectro ideológico, Ricardo Arriazu puso el foco en el mismo problema. «La palabra confianza es compro dólares o no compro dólares. Eso es todo Argentina», sintetizó. Y fue más allá: «En las universidades no enseñan cómo funciona una economía donde la unidad de cuenta no es su moneda nacional. En Argentina, cuando la gente tiene miedo, no demanda pesos: demanda dólares».

    Arriazu también dejó una definición incómoda para el Gobierno. «La confianza se define como la tasa de retorno ajustada por riesgo. Y el problema argentino es el riesgo. Un país que defaulteó nueve veces cantando el himno nacional es un estafador serial», lanzó. 

    Ese telón de fondo se ve con claridad en la cuenta corriente. En febrero registró un déficit de USD 115 millones y acumuló cinco meses consecutivos en rojo. Aunque el número fue menor que en meses previos, no cambió la tendencia. Desde junio de 2024, solo tres meses cerraron con superávit, todos asociados a liquidaciones extraordinarias del agro.

    La confianza se define como la tasa de retorno ajustada por riesgo. Y el problema argentino es el riesgo. Un país que defaulteó nueve veces cantando el himno nacional es un estafador serial.

    El problema es estructural. El superávit comercial no alcanza para cubrir el déficit en turismo ni los pagos de intereses de la deuda. A eso se suma la salida de capitales. La compra de dólares a la que se refería Arriazu. Solo en febrero, la fuga fue de USD 2.131 millones. Desde la flexibilización parcial del cepo, ya suma USD 37.732 millones. Es un drenaje constante, com

    Hacia adelante, el panorama se vuelve más delicado. El tipo de cambio real sigue apreciándose. El índice del BCRA cayó a 84,7 puntos, por debajo del promedio de 90,1 de febrero. Eso implica menor competitividad, justo cuando las monedas de los socios comerciales se deprecian. La economía, así, se encarece en dólares.

     

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  • Malvinas bajo la Doctrina Donroe

     

    En el despacho presidencial, un grupo reducido aplaude de pie antes de que empiece. Patricia Bullrich, Manuel Adorni y el canciller Pablo Quirno visten uniforme militar. En el estrado, dos banderas: la argentina y la estadounidense. Javier Milei sube a la tarima con su enterito camuflado. A su lado, Peter Lamelas, el embajador norteamericano. Karina Milei observa desde un costado. Las cámaras de la cadena nacional encuadran la escena.

    Un pitido. Suena el himno.

    Cadena nacional. El presidente Javier Milei se dirige a la Nación.

    Karina asiente. Milei comienza.

    —Argentinos: hoy, después de 193 años, puedo anunciarles que recuperamos las Malvinas. Este gobierno, que llegó al poder para hacer lo que otros no se animaron, cerró el acuerdo que la casta política les prometió durante décadas y nunca cumplió. Hicimos lo que había que hacer. Fuimos al único lugar donde se hacen bien las cosas, y hablamos con la única persona que las resuelve, el líder del mundo libre, el presidente de los Estados Unidos de  América. Vamos a tener una base militar en las islas, es cierto. Una base bajo soberanía argentina, con nuestra bandera, con nuestras reglas. El que no entienda la diferencia entre ceder y negociar es porque nunca gobernó, nunca arriesgó nada y nunca ganó nada. Hoy sí podemos decir: Las Malvinas son argentinas. ¡Viva la libertad, carajo!. 

    No. Esta escena nunca ocurrió. Pero hay quienes ya la imaginan, por más extraño y bizarro que suene. El escenario que podría hacerla parece cobrar forma. 

    Veamos la secuencia y los antecedentes. 

    El primero que lo dijo fue Horacio Verbitsky, en noviembre de 2025, cuando trascendió que el gobierno de Estados Unidos estaría evaluando interceder ante el Reino Unido para favorecer a la Argentina en la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas, a cambio de instalar una base militar propia en el archipiélago. No es la primera vez que algo así se mueve por los pasillos de la diplomacia argentina: en los noventa, Carlos Menem quiso ir por ese camino –normalizar vínculos con Londres, avanzar en acuerdos de cooperación, seducir a los isleños– pero no llegó a ningún lado. El intento estuvo.

    Treinta años después, con la Argentina gobernada por Milei quien, al igual que Menem, hace del alineamiento con Washington su principal activo diplomático, la  cuestión Malvinas vuelve a alinearse con los intereses norteamericanos. Esta vez en un contexto geopolítico diferente. 

    Las Malvinas no son sólo las islas: son el centro de gravedad de una disputa que abarca cerca de seis millones de kilómetros cuadrados de océano con petróleo, gas, minerales estratégicos y una de las mayores reservas pesqueras del Atlántico. Son la puerta de entrada a la Antártida –la mayor reserva de agua dulce del planeta– en un mundo donde el agua empieza a valer lo que el petróleo. Y son el punto desde donde Washington, que estudia reorganizar su arquitectura de comandos militares en el hemisferio, podría anclar su presencia en el extremo sur del continente. El Atlántico Sur volvió a aparecer en los mapas estratégicos del Pentágono. La neutralidad ya no es una opción.

    Petróleo, pesca, rutas de navegación

    Para entender por qué Washington estaría dispuesto a dinamitar la histórica special relationship con Londres, hay que leer las grietas que se abrieron en las últimas semanas. El punto de quiebre fue el 2 de marzo de 2026: frente a la presión para meterse de lleno en el conflicto entre EE.UU. e Irán, el gobierno de Keir Starmer plantó bandera y se negó a una participación militar activa, limitando el uso de sus bases en Chipre. La reacción de Trump fue una descalificación pública vía Truth Social, donde tildó al Reino Unido de aliado «débil y poco confiable». 

    En ese clima de reproches diplomáticos, lo que antes era impensado empezó a circular por los pasillos del Capitolio. Marc Zell, congresista republicano fanático de Milei, sugirió abiertamente que Estados Unidos debería revisar su neutralidad y cambiar su postura sobre la soberanía de las Malvinas. Si bien no es todavía una declaración formal de la Casa Blanca, el mensaje es nítido: en el tablero transaccional de Trump, la lealtad británica dejó de ser un dogma y las islas pasaron a ser una pieza de cambio posible.

    Es en este impasse de la histórica special relationship donde se manifiesta el pragmatismo más crudo de la era Trump. Si hoy Washington está dispuesto a presionar a su aliado más antiguo, no es sólo por un desplante diplomático o un cruce de redes, sino porque las Malvinas tienen una densidad material que las vuelve una pieza de cambio irresistible. 

    El primer dato es el petróleo. A 220 kilómetros al norte de las islas descansa el yacimiento Sea Lion, con reservas estimadas en 917 millones de barriles según evaluaciones independientes. El 10 de diciembre de 2025, las empresas Navitas Petroleum (israelí) y Rockhopper Exploration (británica) tomaron la decisión final de inversión: 2100 millones de dólares para un proyecto que se planea inaugurar en 2028 y tiene una vida útil estimada de 35 años. El gobierno argentino se opuso formalmente, publicó comunicados de protesta y sancionó a Navitas en 2023. La compañía sigue perforando.

    Pero el petróleo es sólo el inicio. Las Malvinas son el centro de gravedad de una disputa que abarca cerca de seis millones de kilómetros cuadrados de océano, dos veces la superficie continental argentina. En ese espacio hay reservas pesqueras que en 2024 representaron el 58 por ciento del PBI de las islas, nódulos polimetálicos en el fondo marino con zinc, litio y cobre, y rutas marítimas que conectan los puertos del Cono Sur con Europa y que constituyen uno de los corredores estratégicos del Atlántico Sur.

    Y después está la Antártida. Las Malvinas son la puerta de entrada al continente blanco –la mayor reserva de agua dulce del planeta– en un momento en que el acceso al agua empieza a ser un factor de poder tan relevante como el acceso al petróleo.

    Todo esto ya sería suficiente para explicar el interés estadounidense. Pero hay algo más inmediato: Washington está redibujando su arquitectura militar en el hemisferio. En febrero de 2025, la administración Trump estudió fusionar el Comando Sur –responsable del Atlántico Sur hasta la Antártida– con el Comando Norte en un mando hemisférico unificado. La fuente no es una filtración ni un medio militante: es el Congressional Research Service, el servicio de investigación no partidario del Congreso de Estados Unidos. Una base en las Malvinas, en ese esquema, no es un capricho geopolítico. Es una pieza que encaja en la gran estrategia norteamericana.

    Perón, Menem

    El peronismo histórico fue el primero en entender la importancia de negociar para aprovechar el Atlántico: la Tercera Posición de Perón no era sólo la consigna «ni yankis ni marxistas», era una doctrina de autonomía real frente a los dos bloques, que incluía a Malvinas como parte de una estrategia soberana coherente. En 1974, su gobierno llegó incluso a negociar en serio: el embajador británico James Hutton le propuso al canciller Alberto Vignes un condominio de 25 años sobre las islas como paso previo al reconocimiento de la soberanía argentina. Perón murió ese mismo año. La propuesta murió con él.

    Lo que vino después fue distinto. Carlos Menem llegó al poder en 1989 con una lógica que invertía exactamente la de su propio partido: en lugar de usar la autonomía para resistir al hegemón, la cedió deliberadamente para ver qué obtenía a cambio. 

    El teórico que le dio sustento intelectual a ese giro fue Carlos Escudé. En 1992 publicó Realismo Periférico: Fundamentos para la nueva política exterior argentina, el libro más incómodo de la teoría política argentina de las últimas décadas. Su diagnóstico de arranque era brutal por su simpleza: la Argentina había caído en lo que llamó la «falacia antropomórfica», es decir, tratar al Estado como si fuera una persona con dignidad propia que defender, como si el país fuera un individuo ofendido que no puede ceder sin perder el honor. Esa lógica, decía Escudé, había justificado décadas de confrontación con las grandes potencias a un costo enorme para los ciudadanos de carne y hueso. La llamó «políticas de poder sin poder»: actuar como potencia cuando no se es una. Malvinas era su ejemplo más claro. La guerra de 1982 no había sido sólo una derrota militar sino el precio máximo de una política exterior que confundió el prestigio del Estado con el bienestar del pueblo. Miles de jóvenes enviados a morir en el Atlántico Sur por una lógica que priorizaba la épica sobre la precisión militar y el interés nacional.

    La solución de Escudé no era rendirse ante Washington por convicción moral. Era un cálculo frío, casi contable. Para un país débil y periférico, confrontar innecesariamente a la potencia dominante tiene costos que sus ciudadanos terminan pagando. Y acá viene el concepto más útil –y el más inquietante para leer el presente–: la diferencia entre consumo e inversión de autonomía. Un Estado periférico tiene un margen limitado de maniobra. Puede gastarlo en gestos, declaraciones y confrontaciones simbólicas, consumo improductivo, autonomía que se evapora sin dejar nada concreto. O bien, puede invertirlo deliberadamente en un objetivo preciso y tangible, inversión de autonomía. La pregunta, para Escudé, no es si ceder autonomía sino para qué y a cambio de qué.

    Escudé no sólo inspiró esa política desde afuera. Fue asesor especial del canciller Guido Di Tella durante la presidencia de Menem y contribuyó directamente al diseño de la estrategia argentina frente al bloque occidental. La teoría y la práctica tenían la misma firma. Di Tella sintetizó esa lógica con una expresión que quedó en la historia de la diplomacia argentina: las «relaciones carnales» con Estados Unidos. No era una metáfora accidental, era la descripción exacta de una política que apostaba a que la cercanía con Washington terminaría rindiendo frutos concretos. En Malvinas, esos frutos nunca llegaron. El propio canciller lo admitió: con Gran Bretaña iban a normalizar las relaciones en todos los temas menos en uno, el de la soberanía de las islas.

    Milei llegó treinta años después con la misma lógica, pero más radicalizada. Lo que Juan Gabriel Tokatlian denominó hiperoccidentalismo, no es simplemente alinearse con Estados Unidos: es una práctica que combina acoplamiento a los intereses estratégicos de Washington, acomodamiento a sus preferencias para evitar roces y un engagement activo que busca recompensas futuras. No es un relato ni una promesa. Es un modus operandi que se despliega en cada votación en la ONU –como el voto en contra, junto a Estados Unidos e Israel, de declarar la esclavitud africana como crimen de lesa humanidad–, en la distancia tomada de China, en la declaración de guerra –aunque informal– a Irán, en el abandono por parte de argentina de la OMS, en cada gesto hacia la Casa Blanca.

    La diferencia con Menem es que Milei logró algo que su predecesor no: que el alineamiento se traduzca en resultados concretos. El hiperoccidentalismo libertario ya tiene un historial verificable de éxitos: el salvataje del tesoro estadounidense antes de las elecciones de 2025 y, hace apenas días, la intervención directa de Washington en la justicia estadounidense para que Argentina no pagara 16.000 millones de dólares en el juicio por la expropiación de YPF. Dos veces en que Trump movió fichas a favor de Milei. En ese contexto, que Malvinas aparezca como el próximo capítulo de ese intercambio no es inverosímil. 

    Entonces: ¿Es posible que la alianza de Milei con Trump nos ayude a recuperar las Malvinas?

    Antes de responder, conviene pensar en qué mundo avanzaría esa posibilidad. 

    No es el mundo de 1990, cuando Menem apostó a Washington en un tablero unipolar donde Estados Unidos era el único jugador que importaba. Es un mundo en guerra: Medio Oriente en llamas, una disputa entre China y Estados Unidos que atraviesa cada región del planeta, una OTAN que rediscute sus compromisos y un multilateralismo en crisis terminal. Trump ya se fue de la OMS, ya ignoró a la ONU, ya amenazó con abandonar la propia OTAN. Las instituciones que durante décadas funcionaron como red de contención para los países pequeños están debilitadas o directamente rotas. Los tratados tienen cláusulas de retiro voluntario y hay una presidencia dispuesta a usarlas. En ese contexto, cualquier acuerdo bilateral firmado hoy con Washington vale lo que vale la palabra de quien lo firma. 

    América Latina es una de las pocas regiones del planeta que puede llamarse, todavía, una zona de paz. Tener una base militar estadounidense en el extremo sur del continente pone en duda hasta cuándo. Argentina, y por osmosis la región, dejaría de ser un país ajeno a los conflictos globales para convertirse en una pieza de la arquitectura militar de una potencia nuclear en disputa activa con otras potencias nucleares. Lo que hoy es un acuerdo bilateral mañana puede ser una obligación. Lo que hoy parece una ganancia puede convertirnos en un blanco.

    La soberanía formal estaría ahí, bandera argentina, gobernación argentina, pasaportes argentinos en Puerto Argentino. Pero soberanía formal y soberanía real son dos cosas distintas. Recuperar las islas con una base adentro no es exactamente lo que Perón negoció en 1974, ni lo que los soldados del 82 creyeron que estaban defendiendo. Conviene leer la letra chica antes de firmar el contrato.

    ***

    Hay una pregunta que el campo nacional y popular lleva años sin poder responder: ¿qué haríamos con Malvinas si pudiéramos recuperarlas?

    No es una pregunta retórica. Es la pregunta que el trascendido de noviembre de 2025 volvió urgente, porque la respuesta que circuló desde ese espacio fue, en el mejor de los casos, la indignación. Y la indignación no es una política.

    Durante los gobiernos kirchneristas, Malvinas funcionó como una bandera eficaz, se acumularon resoluciones favorables en foros regionales, se renovó el reclamo ante las Naciones Unidas, se construyó una narrativa de descolonización que encontró eco en América Latina. No era una estrategia equivocada para su época: el multilateralismo estaba en su momento de mayor esplendor, el Comité de Descolonización de la ONU era un foro con peso real, y acumular apoyos regionales tenía sentido en un mundo que todavía creía en las instituciones. El problema es que ese mundo ya no existe. Hoy el tablero internacional vuelve a valorar la fuerza militar y el poder duro por sobre los consensos multilaterales. En ese nuevo tablero, décadas de resoluciones favorables no valen lo que valían. Al contrario: mientras Argentina acumulaba declaraciones y «fuertes rechazos», el Reino Unido avanzaba en silencio, consolidando infraestructura militar, otorgando licencias pesqueras y habilitando inversiones petroleras. 

    Ni la posición británica ni la de Estados Unidos, que siguió siendo el aliado más importante de Londres en la disputa, se movieron un centímetro. En los términos de Escudé –el mismo Escudé que en 2012 declaró que el kirchnerismo era en los hechos más realista periférico de lo que su propio discurso admitía– fue consumo puro de autonomía: capital político gastado en gestos sin construir una palanca real de presión sobre los únicos actores que podían cambiar algo.

    Después de 2015, ni siquiera eso. Malvinas fue desapareciendo del debate público grande sin que nadie lo decidiera explícitamente. No fue una decisión estratégica sino una fatiga. Y en ese silencio, el tema quedó disponible para que otros lo recuperaran con una lógica completamente distinta.

    Milei no inventó esta negociación. La encontró sobre la mesa, huérfana.

    Después de la guerra, cuarenta y tres años de democracia no alcanzaron para avanzar en la soberanía argentina en Malvinas por la vía diplomática. Esa deuda acumulada es lo que hoy le da oxígeno a una negociación que, si se cierra, va a plantear muchas preguntas incómodas. 

    La entrada Malvinas bajo la Doctrina Donroe se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • Larreta quiere romper el peronismo porteño con el anzuelo de ganar el ballotage

     

    Horacio Rodríguez Larreta busca romper al peronismo para las elecciones porteñas en 2027. El ex jefe de Gobierno quiere liderar un Juntos por el Cambio sin Macri y con el PJ no kirchnerista, con el anzuelo que puede ganar el ballotage al candidato libertario.

    «Horacio es mal candidato para la primera vuelta y bueno para el balotaje porque es la segunda opción de muchos espacios», dijo a LPO un dirigente peronista al tanto de las ambiciones de Larreta.

    En efecto, en las últimas elecciones Larreta apenas sumó un 8% de los votos, la mitad del PRO, menos de un tercio que el peronismo y casi una cuarta parte que los libertarios. Sin embargo, en su entorno creen que tiene más chances de ganar un ballotage que un candidato puramente peronista, por la resistencia tradicional del electorado porteño a esa fueza.

    El peronismo unido llegó a la segunda vuelta en las elecciones porteñas de 2007, 2011 y 2023. En todas perdió.

    Negocian una primaria entre Jorge Macri y Larreta para ganar volumen contra Milei

    «El peronismo tiene que decidir si quiere seguir quedándose afuera o ser parte de una coalición que los meta de nuevo en el gobierno porteño», afirmó a LPO un asesor del ex jefe de Gobierno. 

    Sin embargo, el cálculo que hacen en el larretismo parece difícil de aplicar en la realidad. «Todos los partidos deberían trabajar en contra de sus intereses para ver si Horacio entra al balotaje, esas cosas no pasan en la política», afirmó a LPO uno de los dirigentes más importantes del peronismo porteño.

    Horacio es mal candidato para la primera vuelta y bueno para el balotaje porque es la segunda opción de muchos espacios.

    En el horizonte del larretismo hay tres opciones. La primera es que Mauricio Macri lo elija como candidato del oficialismo, en lugar de su primo Jorge, actual jefe de Gobierno. 

    Macri se reunió con Larreta tiempo atrás y le pidió a suyos que dejaran de criticarlo. Macri y el Tano Angelici tientan a Larreta con una paso con Jorge Macri, como reveló LPO. Pero en el entorno del ex jefe de Gobierno prevalece la desconfianza. 

    «Horacio cree que es una trampa, que sólo busca darle volumen político al PRO, para que Jorge entre la ballotage», confió un empresario que tiene diálogo con ambos.

    En efecto, en el larretismo afirman que cuando llegue el momento de la paso, Maucricio y Angelici les van a tirar encima el aparato y lo van a sacar de la cancha.

    Por eso, Larreta piensa en una reedición de Juntos por el Cambio, sin los Macri. Un armado que incluya al radicalismo, a Graciela Ocaña y la Coalición Cívica. El problema es que tanto la UCR como en el ocañismo, responden a Angelici.

    Pero en el entorno de Larreta no se desaniman y quieren convencer a Juan Manuel Olmos que sume a ese acuerdo al peronismo no kirchnerista. La idea es audaz, aunque difícil. «¿Cómo vamos a romper el peronismo meses antes de una elección presidencial?», se preguntan en el peronismo porteño y agregan «el dice que quiere el peronismo sin los k, porque sabe que si vamos juntos le ganamos la primaria».

    Y lanzaron una reflexión cruda: «Larreta puede querer lo que quiera, pero la realidad es que mide 8 puntos, y hoy hay dos autos que tienen nafta para llegar al balotaje: el peronismo y los libertarios».

     

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