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SENASA deroga normas clave y deja a la agricultura familiar sin marco diferenciado
El Gobierno avanzó con una resolución que elimina obligaciones históricas del Estado
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

Bajo el argumento de la “modernización normativa”, el Gobierno avanzó con una resolución que elimina obligaciones históricas del Estado y borra del reglamento sanitario el tratamiento especial para los pequeños productores. La Resolución 62/2026 del SENASA, publicada hoy en el Boletín Oficial no crea reglas nuevas: directamente quita las que protegían a los sectores más vulnerables de la cadena agroalimentaria.
La medida fue publicada el 23 de enero y pasa casi desapercibida fuera del ámbito técnico, pero su impacto es profundo. Con una sola firma, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria derogó dos capítulos completos del Reglamento de Inspección de Productos de Origen Animal, vigente desde 1968, que cumplían funciones centrales: el asesoramiento estatal y la regulación específica para la agricultura familiar.
Menos Estado, más castigo
Uno de los capítulos eliminados es el Capítulo XXIX – Del Asesoramiento, que establecía la obligación del SENASA de publicar guías, materiales explicativos y normas de divulgación para que productores y elaboradores supieran cómo cumplir con los requisitos sanitarios.
La derogación implica un cambio de paradigma:
el Estado deja de tener la obligación normativa de explicar cómo cumplir la ley, pero mantiene intacta su capacidad de controlar, sancionar y clausurar.En otras palabras, menos acompañamiento y más castigo. Una lógica coherente con el espíritu de la Ley Bases, que atraviesa toda la resolución como marco político general.
Agricultura familiar: de régimen especial a la intemperie
Más grave aún es la derogación del Capítulo XXXIII – De los productos provenientes de la agricultura familiar. Ese apartado reconocía algo elemental: no es lo mismo un frigorífico industrial que un pequeño productor artesanal.
El capítulo contemplaba:
- Diferencias de escala
- Modalidades productivas específicas
- Volúmenes reducidos
- Condiciones territoriales y sociales propias
Al eliminarlo, el SENASA borra del reglamento cualquier tratamiento diferenciado y somete a la agricultura familiar al mismo esquema normativo que rige para grandes empresas del complejo agroindustrial.
El resultado es previsible:
más exclusión, más informalidad y más presión sobre los eslabones más débiles de la cadena.
Modernización sin reemplazo
La resolución justifica las derogaciones en la necesidad de “actualizar” normas obsoletas y acompañar los avances tecnológicos. Sin embargo, hay un dato central que el texto no puede disimular:
no se dicta ninguna norma nueva que reemplace lo eliminado.No hay:
- Nuevo régimen para agricultura familiar
- Nuevo esquema de asesoramiento digital
- Nuevas herramientas de acompañamiento técnico
Solo hay vacío normativo.
Responsabilidad individual y retirada estatal
La Resolución 62/2026 se apoya reiteradamente en la Ley 27.233, que establece la responsabilidad primaria de los actores de la cadena agroalimentaria. Pero al mismo tiempo, reduce el rol activo del Estado a su mínima expresión.
El mensaje es claro:
cada productor debe arreglárselas solo, aun cuando las condiciones de partida sean profundamente desiguales.Bajo el discurso de la eficiencia y el reordenamiento normativo, se consolida un modelo de Estado que controla pero no acompaña, sanciona pero no explica, exige pero no reconoce diferencias.
Una decisión técnica con consecuencias políticas
Aunque redactada en lenguaje administrativo, la resolución tiene una consecuencia política nítida:
debilita a la agricultura familiar y fortalece un esquema pensado para grandes actores.No es una simplificación inocente. Es una decisión que reconfigura quién puede producir, quién puede cumplir y quién queda afuera del sistema formal.
Y como suele ocurrir, el ajuste normativo no cae sobre los poderosos, sino sobre quienes producen en pequeña escala, sostienen economías regionales y garantizan alimentos en condiciones adversas.
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La mentira liberal en números: casi la mitad de la historia argentina fue gobernada por modelos de ajuste
Mientras el discurso dominante insiste en culpar al peronismo de todos los males económicos, un repaso histórico frío y ordenado muestra otra cosa: el liberalismo —en sus distintas versiones— fue la política económica más aplicada en la Argentina desde el siglo XIX hasta hoy.
Por Alcides Blanco para NLI

Durante décadas, los voceros del poder económico repitieron que la Argentina “fracasa por culpa del populismo”. Sin embargo, al agrupar y analizar todas las gestiones presidenciales desde 1862 según su orientación económica, los números cuentan una historia muy distinta, y bastante incómoda para el relato oficial.
El liberalismo, el verdadero modelo dominante
Si se agrupan los gobiernos liberales, conservadores y neoliberales —desde el modelo agroexportador del siglo XIX hasta el ultraliberalismo actual— el resultado es contundente:
el 46,5 % de las presidencias argentinas respondieron a políticas de mercado, apertura, endeudamiento y ajuste.Ahí entran los gobiernos oligárquicos de la Generación del ’80, la Década Infame, las dictaduras cívico-militares con ministros formados en el credo del mercado, el menemismo, el macrismo y el experimento extremo que hoy encarna Milei.
Casi la mitad de la historia argentina fue gobernada bajo recetas liberales, y es justamente ese período el que dejó como herencia la dependencia externa, la primarización de la economía y la deuda estructural.
El peronismo, mucho menos de lo que dicen
En el otro extremo del discurso hegemónico aparece el peronismo, señalado como si hubiera gobernado “eternamente”. Pero los datos desmienten el mito:
los gobiernos peronistas y kirchneristas representan apenas el 25,6 % del total histórico.Un cuarto de la historia, no más.
Ahí se incluyen el peronismo clásico de Juan Domingo Perón, los intentos de reconstrucción productiva tras el desastre neoliberal y el ciclo kirchnerista, que apostó a la industria, el mercado interno, la redistribución del ingreso y la recuperación del rol del Estado.Paradójicamente, el espacio que menos tiempo gobernó es el que más carga con las culpas, incluso por crisis que estallaron tras largos períodos de liberalismo financiero.
Radicales, desarrollistas y transiciones: el espacio intermedio
El 27,9 % restante corresponde a gobiernos que no encajan del todo en ninguno de los dos polos: radicales, desarrollistas y gestiones de transición.
Yrigoyen, Illia, Alfonsín y Frondizi intentaron distintos equilibrios entre Estado y mercado, casi siempre condicionados por estructuras económicas heredadas, presiones externas o golpes de Estado.No es un dato menor: cada intento de construir un camino propio fue interrumpido o asfixiado, casi siempre en nombre de “ordenar la economía”.
El gráfico que no muestran
Si esta historia se traduce en un gráfico de torta, el resultado es demoledor para el sentido común instalado:
- Casi la mitad del círculo pertenece al liberalismo
- Apenas un cuarto corresponde al peronismo y al kirchnerismo
- El resto se reparte entre modelos mixtos y transiciones frágiles
No hay hegemonía populista.
No hay exceso de Estado permanente.
Lo que sí hay es una recurrencia sistemática del ajuste como política de fondo.
Una conclusión incómoda
La pregunta ya no es por qué la Argentina tiene problemas estructurales.
La pregunta es por qué, después de más de 150 años de liberalismo recurrente, todavía se lo sigue presentando como una novedad salvadora.Los números no opinan.
Pero cuando se los ordena, desmienten el principal mito económico de la Argentina contemporánea.Listado
Siglo XIX – consolidación del modelo agroexportador
- Bartolomé Mitre (1862–1868)
Liberal clásico – agroexportador, pro-británico - Domingo Faustino Sarmiento (1868–1874)
Liberal desarrollista temprano – modernización, educación, infraestructura - Nicolás Avellaneda (1874–1880)
Liberal ortodoxo – ajuste fiscal, pago de deuda externa - Julio Argentino Roca (1880–1886)
Liberal oligárquico – consolidación del Estado y del modelo agroexportador - Miguel Juárez Celman (1886–1890)
Liberal financiero extremo – especulación, endeudamiento - Carlos Pellegrini (1890–1892)
Liberal conservador pragmático – ordenamiento tras la crisis - Luis Sáenz Peña (1892–1895)
Liberal conservador débil - José Evaristo Uriburu (1895–1898)
Liberal conservador - Julio Argentino Roca (1898–1904)
Liberal oligárquico – expansión exportadora - Manuel Quintana (1904–1906)
Liberal conservador - José Figueroa Alcorta (1906–1910)
Liberal conservador con reformas institucionales
Radicalismo y crisis del modelo liberal
- Roque Sáenz Peña (1910–1914)
Liberal reformista – apertura política - Victorino de la Plaza (1914–1916)
Liberal conservador - Hipólito Yrigoyen (1916–1922)
Radicalismo popular – intervencionismo moderado, Estado árbitro - Marcelo T. de Alvear (1922–1928)
Radicalismo liberal – continuidad agroexportadora - Hipólito Yrigoyen (1928–1930)
Radicalismo estatista incipiente
Década Infame y transición al industrialismo
- José Félix Uriburu (1930–1932)
Conservador corporativista - Agustín P. Justo (1932–1938)
Liberal conservador – pacto Roca-Runciman - Roberto M. Ortiz (1938–1942)
Liberal reformista - Ramón Castillo (1942–1943)
Conservador oligárquico
Peronismo clásico
- Juan Domingo Perón (1946–1952)
Peronismo clásico – industrialista, estatista, redistributivo - Juan Domingo Perón (1952–1955)
Peronismo pragmático – ajuste moderado y planificación
Golpes, desarrollismo y vaivenes
- Eduardo Lonardi (1955)
Antiperonismo conservador - Pedro Eugenio Aramburu (1955–1958)
Liberal antiperonista – apertura y ajuste - Arturo Frondizi (1958–1962)
Desarrollismo – industrialización con capital extranjero - José María Guido (1962–1963)
Liberal conservador - Arturo Illia (1963–1966)
Desarrollismo nacional – Estado fuerte, regulación - Juan Carlos Onganía (1966–1970)
Autoritarismo tecnocrático – liberalismo empresarial - Roberto M. Levingston (1970–1971)
Desarrollismo nacionalista - Alejandro A. Lanusse (1971–1973)
Transición – liberal moderado
Retorno y crisis del peronismo
- Héctor J. Cámpora (1973)
Peronismo popular – redistributivo - Juan Domingo Perón (1973–1974)
Peronismo clásico – pacto social - María Estela Martínez de Perón (1974–1976)
Peronismo desordenado – crisis inflacionaria
Dictadura y neoliberalismo
- Jorge Rafael Videla (1976–1981)
Neoliberalismo financiero – Martínez de Hoz - Roberto Viola (1981)
Continuidad neoliberal - Leopoldo F. Galtieri (1981–1982)
Neoliberalismo en crisis - Reynaldo Bignone (1982–1983)
Transición – colapso económico
Democracia contemporánea
- Raúl Alfonsín (1983–1989)
Socialdemocracia débil – Estado presente con crisis - Carlos Menem (1989–1999)
Neoliberalismo extremo – privatizaciones, convertibilidad - Fernando de la Rúa (1999–2001)
Neoliberal ortodoxo – ajuste y endeudamiento - Eduardo Duhalde (2002–2003)
Peronismo productivista – salida de la convertibilidad - Néstor Kirchner (2003–2007)
Kirchnerismo – neodesarrollismo, Estado activo - Cristina Fernández de Kirchner (2007–2015)
Kirchnerismo – profundización del modelo industrial y redistributivo - Mauricio Macri (2015–2019)
Neoliberalismo financiero – endeudamiento y ajuste - Alberto Fernández (2019–2023)
Peronismo moderado – keynesianismo limitado - Javier Milei (2023– )
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