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PARCHANDO ANDO

Como muchas ciudades del país, Regina no escapa a la falta de planificación concreta, por el contrario las situaciones “parche” son más bien las soluciones más reconocidas por los regineneses. Y así vamos y así vivimos, bacheando, eh digo… parchando, pero bien sabemos que los paliativos no son más que eso, el agobio afloja un poco, pero después vuelve a aparecer.

La problemática de la falta de planificación estratégica y concreta en una ciudad con serios problemas de centralidad y también de abandono en las periferias del ejido urbano, acrecientan la necesidad de contar, al menos, con una señalítica que permita mejorar la organización urbana, el movimiento interno, la identidad y el sentido de pertenencia de los espacios propios como los barrios y las plazas.

La situación actual con falta de nomencladores y deterioro de los mismos, observado en varios lugares de la ciudad, implican acciones de colocación de las faltantes y restauración de las existentes. Los nomencladores no son solo una guía general sino un marco importante de la circulación en la ciudad.

LO MICRO COMO EJEMPLO DE LO MACRO

La aparición de los nomencladores en la ciudad fueron, por supuesto, previos a la legislación pertinente. La zona céntrica, las arterias principales y los barrios más cercanos a la misma contaron con señalización de calles primero que todos. Como para mantener la línea y no perder la costumbre, la regulación surgió de la moción social y el pedido de distintos barrios, de la necesidad misma de empezar a ordenarse en una ciudad que ya contaba con más de medio siglo de existencia sin atisbo de planificación.

Hoy vuelve a aparecer la moción de la comunidad por querer tener algún esquema de organización y algo de representatividad y sentido por fuera del casco histórico. La planificación, sigue siendo nula, o al menos desarticulada. No hay planificación sin articulación entre todos los sectores institucionales.

En el año 90 el Concejo Deliberante (CD) aprobó la Ord 63/90 que regula la realización, materiales a usar, tamaños y forma de colocación de los nomencladores. Hasta hoy no tuvo derogaciones ni modificaciones. Esto quiere decir que para su colocación deberían seguir utilizándose materiales y prácticas añejas, dejando de lado nuevas posibilidades. Sin irnos más lejos en Gral Roca/Fiske Menuco (entre otras ciudades) ya no se utilizan abrazaderas lo que reduce en un 50 por ciento la inversión en tornillos sujetadores implicando una reducción importante en los costos de construcción. La ord mencionada en su art 6 y 7 obliga a la utilización de abrazaderas y bulones que ya no son útiles.

Tres décadas después, nos encontramos con gran parte de la ciudad sin nomencladores en condiciones legibles, esquinas que directamente no tienen; y aunque parezca un dejavú nos encontramos con vecinos reclamando la falta de los mismos. Sí, 32 años después estamos en la misma.

TAREA PARA LA CASA

No hay que ser un erudito para entender que si no contamos con una planificación real y concreta, que corte transversalmente los gobiernos de turno y se piense desde las instituciones locales para los ciudadanos reginenses, viviremos en un loop de problemas donde todo se repite, ya que nunca son resueltos verdaderamente.

Haga usted, querido lector, la tarea de pensar en una problemática vieja y encuéntrela en el contexto actual. Tan sencillo como encontrar las 5 diferencias en dos dibujos espejados de un souvenir en un cumple de 5.

Les dejo un lindo ejemplo de loopeo, si hablamos con algún político de turno sobre uno de los grandes problemas de nuestra ciudad, la falta de acceso a tierras para construir viviendas, nos va a “correr” y nos va a hablar de crecer hacia el norte en la barda como única posibilidad. Proyecto que se menciona desde la década del ´90 cuando era intendente el Ing. Hector Guido, y nunca se hizo nada (30 años también). Por ejemplo en 2013 el ex intendente Albrieu voló la barda y hace no menos de un mes la legisladora Marcela Ávila también lo mencionaba en alguna radio local. Un relato que se armaron y siguen repitiendo, no importa el año, la coyuntura o el color político.

De principios del año ´88 es la ordenanza que aprobó la compra de las tierras en barda norte para crecer urbanísticamente allí. Los objetivos de la adquisición de 4.500 hectáreas  a la firma Mamuelquen S.A. eran entre otros la extensión de la ciudad en el marco del Plan Barda Norte, ampliar el cementerio local como necesidad prioritaria, la ampliación de una pista de aterrizaje de un futuro aeropuerto y la provisión de áridos (arena y ripio) y calcáreo de canteras existentes en esos terrenos. El costo de la transacción fue de 80mil australes y el presidente del CD era el esc. Francisco La Rosa.

Ojo porque no es que no hemos hecho nada desde ese entonces, como mencioné anteriormente, un día volaron la barda para hacer una subida, la subida Mario Franco. “Este acceso que hoy inauguramos (…) tendrá tierras para urbanizar, generar producción y trabajo, esparcimiento y recreación, en donde el estado Municipal tendrá todas las herramientas para ser la mano que deberá moldear el futuro de Villa Regina, como lo hubiera soñado el ex gobernador  Mario Franco”, dijo Albrieu en 2013 cuando se dinamitó la barda. Qué paradoja!

La zona pintada es la tierra adquirida por el municipio

PARA HACER CIUDAD HAY QUE HACER CIUDADANÍA

Todavía contamos con territorio potencial para reordenarnos de una manera que pueda descentralizarse la ciudad dando sentido de pertenencia a todo el territorio Regina, dejando de lado la burda y vieja idea que todavía parte de la política local revaloriza de que todo lo que pasa en Regina, pasa en el centro, el único lugar de la ciudad con veredas y calles medianamente en estado, con luminaria y cartelería.

La tarea del COPLADE y su director el Arq. Pedro Molina apunta a la descentralización de la ciudad, pero todavía no se logra bajar la idea a la realidad con hechos concretos que estén articulados con organizaciones intermedias. Lo que explica Molina es que se trabaja sobre los problemas que están sucediendo en el día a día, en la necesidad de resolverlos y a veces estas soluciones enfocadas en el presente son como un parche. Agrega además que la óptica tiene que ser, que lo que se haga hoy no sea contraproducente hacia adelante.

Fíjense si no seremos una ciudad conservadora y elitista, que loteos más cercanos a la zona céntrica, ya cuentan con nomencladores aunque no con tantos moradores. Y hay barrios con más de medio siglo que no los tienen.

Para hacer ciudad, hay que hacer ciudadanía, y ésta se forma en el espacio que es público. Y es así como los vecinos del Barrio Melipal ubicado sobre Av. Cipolletti al fondo previo a Barrio Nuevo se organizaron para realizar sus propios nomencladores ante la negativa en su insistencia por contar con los mismos colocados y realizados por quien corresponde.

Melipal, con más de 40 años de existencia nunca contó con nomencladores en sus calles, luego de varios reclamos sin respuestas a sucesivos ejecutivos y bajo la presidencia de la junta vecinal de Carlos Quinteros surgió la idea de hacerlos por sus propios medios. Buscaron los caños, las chapas, cortaron, plegaron, generaron recursos para pagar un letrista que los pinte; y de este modo a base de esfuerzo y gestión pudieron hacerlos.

Colocarlos? Costó, porque justamente como mencionaba anteriormente hay una norma obsoleta que los regula y estos nomencladores caseros no las cumplían. Pero en el año 2019 en el mandato municipal interino de Máximo Daga fueron colocados bajo la gestión de Gustavo Lastra, actual presidente de la junta vecinal del Melipal.

PAUTAS LOCALES, PRIVADOS A(BS)TENERSE

Hasta la década del ´90 la ciudad no tenía planificación al respecto. Luego de 30 años nos encontramos en una situación parecida, no hay reinvención ni atisbo de planificación. Existen los espacios políticos correspondientes para que puedan resolver esa diagramación en la ciudad y haya una planificación concreta y no sucede porque como esboza el Director del Coplade: “Estamos trabajando sin tener una óptica a largo plazo. Todavía estamos desconectados”.

Hablando de desconexiones y planificación (dos términos inseparables en Regina), aprovechamos y le consultamos a Molina sobre el proyecto presentado por la legisladora provincial Marcela Ávila para conectar con el margen sur desde la ISLA 58. Entendiendo desde el desconocimiento técnico, pero cercano a la demanda social que exigió y todavía aguarda por el desarrollo del proyecto ciclo vía o bici senda en la colapsada Av. Gral. Paz, que parece descabellado agregarle tránsito a esa arteria, por lo que sería oportuno hablar del puente sobre el río Negro y no en la ISLA 58.

 Aunque si ahondamos un poco más y visualizamos que los privados solo están buscando una mejor ruta para satisfacer mediante la arena de sílice a la industria petrolera en Vaca Muerta desde las canteras al sur del río, mejor ni proyectar ese puente en los márgenes del ejido reginense.

Las pautas tienen que salir de la ciudad, de sus instituciones, no nos tienen que caer como lluvia desde arriba. La gral. Paz hoy es una vía colapsada. Son pocas las opciones abiertas para conectar un puente sin problemas”, explica Pedro Molina.

ORDENANZAS QUE MAQUILLAN: FALTAN 10 PAL PESO

Volviendo al tema de los nomencladores el año pasado el CD aprobó por unanimidad un proyecto de ordenanza presentado por el edil del Frente de Todos (FdT) Hugo Cerda que propone que la realización de nomencladores se sustente económicamente con publicidad privada. Una idea que no es innovadora ya que se ha realizado en distintas ciudades, pero que es resolutiva desde su concepción.

Sin salir del margen del loopeo reginense, la ord 06/21 se encuentra aprobada pero no es puesta en práctica. Nuevamente se vuelve a aprobar una ordenanza que luego navega en la nada. En este caso la norma no dispone de un órgano de gestión, sino que el mismo privado debe acercar la propuesta al municipio. Por lo que sin promoción de la misma norma se hace imposible que el objetivo de la ord se cumpla. Aunque más que promoción, necesita un órgano gestor.

  • Artículo 2.- Las personas Físicas o Jurídicas, Públicas o Privadas que deseen adherirse a la presente Ordenanza de Publicidad estática en carteles nomencladores viales, deberán presentar su propuesta en la secretaria de Obras y Servicios Públicos y/o Secretaría de Gobierno del Municipio.-

En ningún artículo de la ordenanza se estipula quien va a ser el encargado de gestionar estas publicidades estáticas para que se pueda cumplir el espíritu de la misma. De este modo, la norma nace muerta, como muchas otras.

*****

Por supuesto que no es la única problemática que aqueja a nuestra ciudad, tampoco sé si será la más importante, pero si estoy seguro que va a llegar un momento en el que va a ser tarde para reorganizarnos y planificar. La soga se estira hasta que se corta.
Estamos a tiempo, aprovechen el changüí.

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  • El equilibrista de Roma

     

    La primera reunión de cardenales de la era León XIV, que se realizó el 6 y 7 de enero en Roma, tuvo un sentido político que marca un cambio con su antecesor: en todo su papado, Francisco sólo convocó a los cardenales en tres oportunidades y optó por gobernar asesorado por un grupo reducido de ellos, el conocido C8 primero y C9 después. Con esta convocatoria, cuyo lema fue “la unidad atrae, la división dispersa”, Robert Prevost tomó la iniciativa y envió un mensaje a los sectores antifrancisquistas: todos los grupos serán escuchados. Además, ya convocó para el mes de junio un nuevo encuentro.

    Prevost transita su pontificado con una carga pesada: no es fácil ser papa después de Francisco. Tal como le sucedió a Ratzinger luego de la muerte de Juan Pablo II, León XIV tiene que lidiar con la popularidad de su antecesor. Tampoco tiene las cosas fáciles puertas adentro, donde las tensiones con los sectores tradicionalistas y los grupos conservadores crecieron significativamente sobre el final del papado de Jorge Bergoglio. Finalmente, los desafíos en el campo religioso siguen siendo muy grandes: Francisco no logró revertir las tendencias declinantes del catolicismo en términos de afiliación religiosa y sólo el dinamismo que se vive en el continente africano disimula la profundidad de la crisis.

    Los días previos a que Prevost se convirtiera en León XIV, el papa número 267 de la Iglesia católica, la muerte de Francisco sacudió al mundo. El Vaticano acreditó a 130 delegaciones  y estuvieron presentes alrededor de 70 jefes de Estado. Los medios de comunicación tradicionales, los canales de streaming y las redes sociales mostraron con lujo de detalles cada momento. Si bien no existen cálculos precisos de las visualizaciones en redes sociales, los especialistas estiman varios cientos de millones como piso. Si comparamos estos indicadores con otras muertes de figuras de alcance global, la del papa Francisco se ubica entre los eventos de mayor repercusión. También en China, a pesar de que sólo viven allí unos 10 millones de fieles católicos, la noticia se viralizó velozmente. Incluso The Global Times, el diario del Partido Comunista, se ocupó del tema y recordó la mejora de las relaciones diplomáticas logradas durante el papado de Francisco.

    Prevost transita su pontificado con una carga pesada: no es fácil ser papa después de Francisco. Tal como le sucedió a Ratzinger luego de la muerte de Juan Pablo II, Prevost tiene que lidiar con la popularidad de su antecesor.

    Desde que asumió, el 8 de mayo de 2025, León XIV enfrenta distintos desafíos, algunos inmediatos y relacionados con las disputas al interior de la Iglesia y otros de largo plazo vinculados al futuro mismo de la religión católica. En estos meses de papado, si bien Prevost se mostró cauto en sus declaraciones, tomó decisiones contundentes en varios niveles que dejan entrever una cierta orientación, algo así como una hipótesis de trabajo.

    Los desafíos intraeclesiales

    En 2013, la institución papal estaba sumergida en una crisis profunda. En los medios de comunicación, la Iglesia católica era noticia por los casos de abuso que se multiplicaban      en diócesis de todo el mundo, las filtraciones de documentos privados y las sospechas de corrupción en el Banco Vaticano. Bergoglio asumió con el desafío de reconstruir la autoridad y, para lograrlo, comprendió que era esencial producir gestos de ruptura desde el primer momento. Eligió llamarse Francisco —es decir no se filió con ningún papa anterior— y buscó apartarse todo lo posible de las tradiciones (modificó su vestimenta por una más austera, cambió su residencia, pidió rezar por él cuando se asomó al balcón). Su primer viaje fue a Lampedusa para denunciar la situación de los inmigrantes. 

    El éxito de Francisco fue tan notable en términos comunicacionales que doce años después, Prevost apeló a la tradición sin que eso fuera un problema: eligió un nombre como León (hubo catorce papas antes) y retomó muchas de las prácticas ceremoniales que Francisco había dejado de lado. Tras ser electo, su vestimenta reflejó con claridad ese giro: se puso la estola bordada con hilo dorado, la muceta de terciopelo y usó el crucifijo de oro. Fijó su residencia en el Palacio Apostólico y decidió descansar en la residencia de verano, Castel Gandolfo, que Francisco no utilizaba. Todo esto tiene que ver con personalidades diferentes, pero fundamentalmente con contextos distintos.      

    En términos intraeclesiales el principal desafío que tiene por delante León XIV no es ya limpiar el nombre de la Iglesia, devolverle prestigio e influencia o posicionarla como una voz de peso internacional —algo que logró en gran medida Francisco— sino evitar que las tensiones internas agudizadas sobre el final del papado de su antecesor deriven en rupturas, enfrentamientos incontrolables y, finalmente, cismas. 

    Puertas afuera de la Iglesia, en el plano de la política internacional, Francisco logró mucho, pero el costo fue una creciente resistencia interna de conservadores y tradicionalistas que, en la previa del cónclave, amenazaron abiertamente con abandonar la Iglesia si no se revisaba el rumbo. El cardenal Gerhard Müller lo planteó sin medias tintas cuando afirmó que los cardenales debían elegir entre “ortodoxia” o “herejía”. También los cardenales Robert Sarah y Raymond Burke, dos de los más conspicuos opositores a Francisco, hicieron declaraciones similares.

    El principal desafío que tiene por delante León XIV es evitar que las tensiones internas agudizadas sobre el final del papado de su antecesor deriven en rupturas, enfrentamientos incontrolables y, finalmente, cismas. 

    León XIV intentó apoyarse en algunas tradiciones para descomprimir tensiones. Una de las medidas más importantes hasta ahora fue volver a autorizar las misas según el canon tridentino (es decir, en latín y con el sacerdote de espaldas a los fieles). Recientemente, el cardenal Burke celebró una misa de estas características en Roma. Francisco lo había prohibido en 2022 y desató la cólera de sus adversarios dentro y fuera de la Iglesia. Si bien Prevost no comulga con esa tradición, su decisión es una prenda de paz hacia el interior de la Iglesia. A juzgar por sus declaraciones en los medios, considera que tal vez Francisco exageró un poco en este punto y, si bien acepta que el llamado rito tridentino se convirtió en un arma de oposición al Concilio Vaticano II, cree que en algunos casos responde a una legítima demanda de orden espiritual que debe atenderse. De hecho, en la reciente reunión de cardenales —lo que se conoce como consistorio extraordinario— este fue uno de los temas que se analizó.

    En estos meses, León XIV se mostró menos flexible en aspectos doctrinales. En cierto sentido, se acercó a las sensibilidades conservadoras, aunque siempre con un tono moderado. Es cierto que Francisco no había innovado sustancialmente en términos de doctrina, pero su definición de una Iglesia de puertas abiertas facilitaba posiciones comprensivas, más dúctiles y elásticas. Además, teológicamente, Francisco entendía al catolicismo como una religión de la misericordia. Llegó incluso a definir la misión de la Iglesia con un neologismo: misericordiar. En su perspectiva, la Iglesia no estaba para juzgar, condenar o enumerar pecados, sino para mitigar el dolor, la angustia y ayudar a los seres humanos en su vida terrenal. Si bien Prevost no abandona esta perspectiva —sin ir más lejos, recientemente cincuenta personas trans participaron de una celebración en Roma—, busca moderar el tono y alcanzar algún punto intermedio que apacigüe las aguas.

    En paralelo, la exhortación apostólica Dilexi te, escrita a cuatro manos con Francisco,  plantea una continuidad clara en términos de doctrina social de la Iglesia. En este aspecto no hay moderación, sino, más bien, profundización de la mirada de su antecesor. Los pobres no son un tema o un asunto para los católicos, sino el corazón del Evangelio mismo, dice Prevost a viva voz, sin adjetivaciones o aclaraciones que amortigüen el sentido de sus palabras. El documento deja en off side las críticas que conservadores y tradicionalistas solían hacer a Francisco por su supuesta ideologización del Evangelio. Entre ellas, las del cardenal Müller, quien definió como comunistas muchas de las consideraciones que, ahora, retoma León XIV. Dilexi te lo dice alto y claro: no es ideología ni comunismo, es Evangelio. Retoma las puntas más filosas del magisterio pontificio: recuerda las causas estructurales de la pobreza y cuestiona la meritocracia. Sin igualdad de oportunidades, explica el documento, la apelación a la meritocracia sirve para ocultar injusticias inaceptables para un católico. Es un documento que podríamos definir como de una clara sensibilidad de izquierda. Por supuesto, el papa rechazaría esta definición —y seguramente con más claridad que Francisco, que solía bromear al respecto— pero en términos ideológicos, guste o no, Dilexi te se ubica filosófica y geopolíticamente en ese cuadrante. 

    Los pobres no son un tema o un asunto para los católicos, sino el corazón del Evangelio mismo, dice Prevost a viva voz, sin adjetivaciones o aclaraciones que amortigüen el sentido de sus palabras.

    En cuanto a las reformas institucionales, es demasiado temprano para evaluar el papado de Prevost. Por ahora, dominó una cierta continuidad. Desde el día de su asunción, León XIV reivindicó la sinodalidad y mantuvo el timón firme en cuestiones muy candentes como el proceso de adecuación de los estatutos del Opus Dei, las reformas económicas o el desmantelamiento del Sodalicio de Vida Cristiana, la organización religiosa peruana acusada de abusos. En este último tema, Prevost fue clave desde su llegada al Dicasterio para los Obispos en 2023. Desde allí difundió las investigaciones sobre los casos de abuso y diversos delitos económicos de la organización. Además exigió, en nombre de Francisco, la renuncia del arzobispo peruano José Antonio Eguren, que Roma aceptó inmediatamente. 

    ¿Su postura con el Sodalicio puede generarle dificultades? Es posible. El Sodalicio se creó a principios de los años setenta con el fin de contrarrestar la teología de la liberación en América Latina. Llegó a tener más de veinte mil integrantes en numerosos países y un patrimonio valorado, para algunos, en alrededor de mil millones de dólares. En 1997 Juan Pablo II le dio reconocimiento oficial y lo protegió. Prevost tiene allí muchos enemigos y muy poderosos que, seguramente, más allá de la reciente disolución, conservan recursos, conexiones y dinero tanto dentro como fuera de la Iglesia. Sin ir más lejos, cuando sonaba como posible papable —y una vez electo—, medios de comunicación afines al Sodalicio lo acusaron sin pruebas de haber ocultado casos de abuso como obispo en la diócesis de Chiclayo.

    La difícil relación con el campo religioso

    Puertas afuera, los desafíos son tanto o más difíciles. El catolicismo sigue retrocediendo en términos relativos y se debilita en su bastión histórico: América Latina. La reciente intervención de Estados Unidos en Venezuela constituye un nuevo frente de tormenta. León XIV pidió “respetar la soberanía” y recientemente trascendió que la Santa Sede intentó mediar en el conflicto, pero, por el momento, la diplomacia vaticana no quiere hacer olas. Su objetivo es no ahondar el enfrentamiento en un continente vital para la Iglesia y en donde los fieles católicos integran los dos bandos en disputa. 

    Roma tiene motivos de festejo sólo en África. En las ciencias sociales se debate sobre las razones de este fenómeno. En una clave sociológica, más allá de la disminución vocacional, suele subrayarse que la Iglesia es una maquinaria demasiado rígida, incapaz de producir en tiempo y forma los especialistas religiosos necesarios. Mientras los pastores del mundo evangélico se multiplican vertiginosamente —surgidos de las propias comunidades a evangelizar—, los seminarios de la Iglesia producen cada vez menos clérigos y, en muchos casos, desconectados de las realidades en las que deben incardinarse. Por otro lado, los sectores progresistas de la Iglesia insisten en los pocos avances a la hora de incorporar a las mujeres o aceptar el sacerdocio de los casados. En su inmensa mayoría, los sacerdotes siguen siendo hombres célibes en la Iglesia católica. Desde este ángulo, el problema no sería tanto una supuesta crisis vocacional derivada de las dinámicas culturales, como la incapacidad de la institución para ampliar las fuentes de reclutamiento.

    León XIV pidió “respetar la soberanía” en Venezuela y recientemente trascendió que la Santa Sede intentó mediar en el conflicto, pero, por el momento, la diplomacia vaticana no quiere hacer olas.

    A estos factores hay que sumarle también razones de naturaleza teológica e ideológica. Al revés de lo que suelen afirmar los tradicionalistas católicos, que acusaban a Francisco —y ahora a León XIV— de diluir el catolicismo en la cultura contemporánea, el catolicismo de Francisco —como el de Prevost— es claramente contracultural y va decididamente a contramano. Con Francisco, volverse católico no se hizo más sencillo —como denuncian estos grupos—, sino más bien todo lo contrario. En primer lugar, porque su papado subrayó la centralidad de la comunidad en la vivencia de la fe cristiana, por sobre las experiencias individuales de encuentro con lo sagrado que, en nuestros días, gozan de más aceptación. Si el objetivo era aumentar el número de fieles, cualquier asesor de marketing formado en sociología de la religión habría recomendado a Roma ir exactamente en la dirección contraria. En segundo lugar, Francisco alentó un catolicismo más bien desencantado. De un lado, porque cultivó una ritualidad austera, alejada del tradicionalismo y poco carismática; del otro, porque propició una concepción mucho más comunitaria que pentecostal de la esperanza.

    El futuro, en la óptica de Francisco y ahora Prevost, deriva de la paciente y trabajosa construcción de la comunidad cristiana. Un proceso afirmado sobre el misterio de la fe y la fraternidad social, y no sobre el rol activo y cotidiano del Espíritu Santo. En esta versión del catolicismo, lejos de ser una presencia cotidiana, el milagro es, como en una cosmología atea, un fenómeno excepcional. En todo caso, en la teología de Francisco, el verdadero milagro cristiano es el surgimiento de la comunidad y el ejercicio de la misericordia. El grueso de los estudios disponibles sobre la demanda religiosa en América Latina, Estados Unidos y Europa demuestran que lo que se espera de manera mayoritaria de la religión es el milagro on demand, surgido, además, de una relación individual con lo sagrado. Por si fuera poco, allí donde se viven revivals en la Iglesia católica —como ocurre con algunos grupos de jóvenes en Francia o Estados Unidos—, las versiones del catolicismo que buscan no son la de Francisco, sino las más tradicionales que defienden principios de demarcación claros y excluyentes entre el afuera y el adentro, capaces de construir un sentido de pertenencia y diferenciación social fuerte.

    Aunque León XIV parece ser consciente de estos problemas, su propia perspectiva, cercana a Francisco, lo enfrenta a dilemas similares y de difícil resolución. De momento, hizo lo posible sin apartarse del camino trazado por su antecesor. En este sentido, sus guiños a los rituales tradicionales y la restitución del canon tridentino respondieron tanto al intento de contener a los sectores antifrancisquistas como a la intención de dotar al catolicismo de herramientas algo más idóneas para enfrentar la competencia religiosa, atendiendo a la demanda ritual de muchos fieles. No obstante, la reciente resolución del Dicasterio para Doctrina de la Fe aclarando que la Virgen María no debe ser considerada “corredentora” —es decir, partícipe activa en la concesión de milagros y en la salvación del alma—, muestra justamente que no será sencillo para Prevost avanzar por dicha senda. El documento del prefecto para la Doctrina de la Fe, el resistido Víctor “Tucho” Fernández, nombrado por Francisco y de su entera confianza, va totalmente a contramano de la demanda de intervención cotidiana de lo divino, algo que, en el mundo católico, se canaliza en buena medida mediante la intercesión mariana en el marco de una teología oficial mucho más secularizada que la vivencia religiosa de los devotos. Es cierto que los fieles no suelen tener en consideración este tipo de documentos, pero no es una buena noticia desde el punto de vista de la competencia que el catolicismo sufre en América Latina de un lado de parte de pentecostales y del otro, entre los “sin afiliación”, de la paleta de formas de religiosidad new age y espiritualidades a la carta que no cesan de proliferar.

    La “hipótesis Prevost”

    ¿Se vislumbra algo así como una estrategia o un plan en lo que va del papado de León XIV? ¿Existe una hipótesis Prevost? Creo que sí. Por el momento, la prioridad es la unidad, como dejó en claro el reciente consistorio de cardenales en Roma. Una unidad y armonía que, como señaló el cardenal colombiano Luis José Rueda tras la finalización del encuentro, no supone necesariamente “uniformidad”. Un tema siempre clave en la historia de la Iglesia. Prevost comparte con Francisco una misma concepción: la Iglesia es un complejo de opuestos, como la definía Carl Schmitt, o, como quería el filósofo ítalo-alemán Romano Guardini, una dialéctica permanente entre opuestos que no se sintetizan. El estilo cauto de Prevost es parte de su personalidad, pero también el corazón de su estrategia política: la herramienta con la que intenta mantener dicha dialéctica en funcionamiento. Francisco ya no podía apagar el motor de la polarización. Prevost parece decidido a encarar esa tarea. Por el momento, las aguas están algo más calmas y León XIV halló una fórmula adecuada para transitar la primera etapa de su papado. Habrá que ver hasta cuándo la apuesta por el equilibrio sirve.

    El estilo cauto de Prevost es parte de su personalidad, pero también el corazón de su estrategia política.

    Por otro lado, no hay que perder de vista los costos políticos de esta posición. La popularidad de Francisco puertas afuera de la Iglesia lo ayudó a mantenerse en el centro del ring y fue fundamental para proveerle los nutrientes necesarios para gobernar ese universo infinito y lleno de turbulencias que es la Iglesia. León XIV no va a contar con ese punto de apoyo, su estilo lo debilita en este aspecto y, quien sabe, tal vez, pueda costarle caro en el futuro cuando deba apelar a su propio capital político para navegar las tormentas que seguramente llegarán. Es un dato del que ya toman nota sus adversarios y enemigos. No son pocos.

    Puertas afuera de la Iglesia, Prevost entiende que, en términos de mercado religioso, lo que el catolicismo tiene para ofrecer no es, por el momento, demasiado atractivo: casi contrahegemónico por definición, al menos en el mundo actual. Coincide con Francisco en que el paulatino giro a Asia debe mantenerse, aunque con ciertos matices. La visita de Bergoglio a Mongolia y a Japón y los esfuerzos del secretario de Estado Pietro Parolin para acercarse a China fueron delineando un sendero para el siglo en curso. De hecho, para algunos vaticanistas, el viaje a Mongolia tuvo entre sus incentivos la posibilidad de mantener una comunicación oficial con el gobierno chino mientras el avión con la comitiva papal atravesaba el espacio aéreo de la potencia asiática. Aunque los católicos no dejen de ser una ínfima minoría en las próximas décadas, dada la población del continente, pueden llegar a ser muchos en términos absolutos. Por supuesto, esta estrategia sólo tendrá éxito si se cumplen al menos dos condiciones. En primer lugar, será necesario apaciguar a los críticos dentro de la Iglesia, tal el caso del cardenal emérito de Hong Kong, Joseph Zen, buscando algún tipo de acuerdo. Prevost parece decidido a alcanzarlo. Recientemente le concedió una audiencia en Roma, algo que Francisco se había negado a hacer. En segundo lugar, y más importante, deberán preservarse los principales pies de apoyo de la Santa Sede en términos globales: los económicos (que provienen de Estados Unidos y Europa) y los religiosos (en América Latina y África). En este aspecto, América Latina sigue siendo muy importante. Allí se encuentran más de 400 millones de católicos, lo que representa alrededor de un 40 por ciento del total de los fieles. Por otro lado, si bien la natalidad cayó, sigue siendo, por detrás de África, el lugar más dinámico para la Iglesia. En este plano, y a propósito también de la intervención de EEUU en Venezuela, no me sorprendería que visitara relativamente rápido la región y en especial aquellos países que Francisco dejó en el haber: Argentina y Uruguay, y probablemente México, cuyas tensiones con Estados Unidos también están creciendo. En estos días, las declaraciones del cardenal argentino Vicente Bokalic tras su encuentro con León XIV alimentan las expectativas de su llegada a la región. 

    No me sorprendería que visitara relativamente rápido la región y en especial aquellos países que Francisco dejó en el haber: Argentina y Uruguay, y probablemente México.

    Para enfrentar todos estos desafíos, desde las tensiones políticas al dinamismo evangélico, la Iglesia no tiene demasiadas cartas ganadoras. Una de las pocas con chances de éxito es, justamente, la presencia del papa. Prevost tendrá que usarla, y pronto.

    La entrada El equilibrista de Roma se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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