El Intendente Marcelo Orazi acompañó en la mañana del jueves al Ministro de Producción y Agroindustria de Río Negro Carlos Banacloy en un encuentro con empresarios del sector frutícola de Villa Regina.
La reunión se realizó en el Salón Comahue de la Cámara de Comercio, Industria y Producción local y se analizaron temas como el balance de temporada, productividad, Ingresos Brutos, crédito fiscal, energía, entre otros.
También participaron el Secretario de Fruticultura Facundo Fernández, el presidente del Concejo Deliberante Edgardo Vega y los concejales Claudia Maidana y Carlos Rodríguez.
El gobierno logró la media sanción en general de la reforma laboral, con una amplia mayoría de 42 votos a favor y 30 en contra, que dejó en evidencia la novedosa debilidad del peronismo en el Senado. Para obtener el apoyo mayoritario de los bloques, Patricia Bullrich tuvo que conceder a la CGT el carácter obligatorio de la cuota sindical, bien entrada la tarde del miércoles, pero mantuvo la creación del fondo de indemnizaciones que captura dinero de Ansés, la supresión de la ultraactividad, la negociación por empresas y la derogación de los estatutos. Un golpe importante al modelo sindical argentino.
Sobre un borrador del proyecto, que recibía sucesivas correcciones en rojo en plena sesión, el oficialismo terminó admitiendo la retención compulsiva de la cuota sindical, un reclamo de la central obrera contra el artículo que establecía que el aporte de los trabajadores fuera voluntario. Ese punto se sumó al sostenimiento del 6 por ciento para las obras sociales, otra demanda de los sindicatos. Ambos ítems son, apenas, la conservación de conquistas de antaño.
Pese a esa neutralización parcial que lograron los gremios, la Casa Rosada logró quebrarlos con un articulado que destroza regímenes de licencias y afecta el derecho de huelga a través de la declaración de una serie de actividades como esenciales. En la votación en particular se diluyó el plan de la CGT para desflecar la reforma laboral, tal como anticipó a LPO el líder de la central obrera, Cristian Jerónimo.
La CGT salvó herramientas que le permiten resguardar cierta defensa corporativa de la organización pero el gobierno se impuso en modificaciones de institutos centrales del modelo sindical peronista, como el derecho a huelga, la ultraactividad y las negociaciones colectivas por rama, retomando para de la senda de reformas de los 90 con Carlos Menem.
En la votación no hubo sorpresas y apenas en un puñado de títulos hubo algunas defecciones de los 42 que votaron a favor de la ley en general. El gobierno incluso sumó a los dos santacruceños en la votación del traspaso del fuero laboral a la Ciudad, una iniciativa que abrió una interesante batalla política entre los libertarios, en la que se jugó un primer round por la candidatura a jefe de Gobierno entre patricia Bullrich y Karina Milei, que busca imponer a Manuel Adorni. Villarruel la aprovechó para acercarse a los jueces nacionales.
La CGT salvó herramientas que le permiten resguardar cierta defensa corporativa de la organización pero el gobierno se impuso en modificaciones de institutos centrales del modelo sindical peronista, como la ultraactividad, el derecho a huelga y las negociaciones colectivas por rama.
El gobierno alcanzó la mayoría luego de quitar del proyecto la baja de cuatro puntos de Ganancias, como anticipó LPO, que había enardecido a los gobernadores aliados porque afectaba su ya maltrecha recaudación. Para evitarse sorpresas, Milei ordenó a toda la mesa política del gobierno que se traslade al Congreso hasta que se aprobara la norma. Karina, Santilli, Adorni y los Menem, se recluyeron en el despacho del riojano en Diputados.
La votación de hecho revela un trabajo político interesante de los libertarios, donde se notó la incorporación de Santilli, que desde que asumió se dedicó a cortejar a los gobernadores. A los 22 senadores libertarios -contando a Luis Juez- el gobierno logró sumar 20 votos más de provincias aliadas, que venían muy enojadas con la Casa Rosada.
El punto más debatido fue la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), pero el oficialismo únicamente perdió los votos de la salteña Flavia Royón, la cordobesa Alejandra Vigo y el radical Maxi Abad.
Acaso la crítica más contundente partió del peronista puntano Fernando Salino, cuando ya iban casi 12 horas de discusión. El hombre de Alberto Rodríguez Saá avisó sobre la judicialización que se avecina para la ley, toda vez que «a diez minutos de la votación en particular, todavía no se sabe qué texto se va a votar».
José Mayans y Sergio Uñac.
José Mayans, a su turno, atribuyó «al grupo de los 44», en referencia a los libertarios y sus aliados en el Senado, «un avasallamiento y una violación del reglamento», reabriendo la puerta de una eventual judicialización tanto por el contenido del proyecto como por la conformación de las comisiones diseñada por Bullrich.
«Nos robaron siete senadores», denunció el formoseño y agregó: «acá se hablaba de 28 modificaciones y vinieron con 50 modificaciones a las 7 de la mañana», dijo.
Mayans calificó el procedimiento como «una falta de respeto» porque la reforma modifica 41 leyes, que se tomó el trabajo de enumerar al filo de la medianoche. «¿Les parece que podemos tratar todo este paquete, una ensalada de leyes?», se quejó.
Para el cierre, Bullrich repasó «las frustraciones múltiples» cada vez que se intentó implementar reformas de este tipo en Argentina, una sutil corrección de lo que postuló al inicio de la sesión cuando dijo que esta iniciativa era la primera ley laboral de la democracia. «Nosotros no estamos prometiendo milagros, estamos trayendo soluciones concretas porque Argentina necesita generar trabajo y se genera cuando hay competitividad», argumentó.
Nosotros no estamos prometiendo milagros, estamos trayendo soluciones concretas porque Argentina necesita generar trabajo y se genera cuando hay competitividad.
La exministra reivindicó la eliminación de la ultraactividad y la prelación de la negociación por empresa. «Estamos rompiendo cadenas», se jactó.
El primero en objetar las pretensiones fundacionales de la senadora fue Mariano Recalde, quien calificó el proyecto como «revanchista» y negó que lo que se discutía fuera inédito. Además, sostuvo que en la Ley Bases «se habilitó la contratación de hasta tres colaboradores sin ningún derecho laboral, pero no se generó trabajo».
Al respecto, recordó que la jefa del bloque libertario dijo cuando era ministra de Trabajo del gobierno de Fernando de la Rúa que su cartera no era la encargada de crear empleo sino que esa tarea correspondía al Ministerio de Economía. «No crean empleo las normas laborales», advirtió el senador kirchnerista, apuntando al punto más delicado del relato libertario, que ha difundido que con esta nueva norma crecerá el empleo.
La senadora tucumana Beatriz Avila.
La radical Mariana Juri, por su parte, opinó que «una sola ley no genera empleo por sí sola, pero sin una buena ley laboral que se adapte a las situaciones actuales, el empleo no llega».
La catamarqueña Lucía Corpacci se quejó por la forma en que el oficialismo manejó la negociación de la ley. «No se dio ninguna oportunidad para que nuestro bloque pudiera hacer un aporte o algo que cambie al menos un poquito el daño que esta ley hace a los trabajadores», dijo.
La tucumana Beatriz Ávila, que responde al gobernador Osvaldo Jaldo, alertó que la reforma «no es suficiente», en sintonía con los planteos de sus antecesores en el uso de la palabra, aunque consideró que la ley en discusión «va a ayudar a ordenar y equilibrar las reglas de la economía y del mercado del trabajo».
La jefa de La Libertad Avanza, que tiene más transferencias que un Corsa, dijo que era la primera vez que se trataba una reforma laboral en Argentina… cuando ella misma era ministra de Trabajo en el 2001.
Joaquín Benegas Lynch mezcló la apelación a las transformaciones políticas y económicas con el cambio moral. «Esta ley no es una descripción técnica, es un pilar estructural y fundamental para mejorar el ámbito laboral», señaló. Y con la misma profundidad, catalogó al empleador y el empleado como «socios naturales».
La kirchnerista Anabel Fernández Sagasti fue la encargada de recordarle a Bullrich los episodios de las coimas en el Senado para aprobar la reforma laboral en el 2000. «Pasaron 25 años de la Ley Banelco y vienen con las mismas ideas y hablan de modernización», se burló.
«La jefa de La Libertad Avanza, que tiene más transferencias que un Corsa, dijo que era la primera vez que se trataba una reforma laboral en Argentina… cuando ella misma era ministra de Trabajo en el 2001», chicaneó y agregó «la desfachatez de algunos personajes de la política argentina me deja boquiabierta».
Juliana di Tullio y Anabel Fernández Sagasti.
Más tarde la jujeña Carolina Moisés barrió con las especulaciones sembradas por el kirchnerismo acerca de la chance que los integrantes del bloque de peronistas disidentes de Convicción Federal votaran a favor de la reforma, junto a los libertarios. Después de asumir que «es una pena que el peronismo, que tuvo al trabajador como columna vertebral del movimiento, no haya podido estar a la altura de las circunstancias», aclaró que «Argentina necesita una reforma laboral, pero no es esta».
El último orador antes que los presidentes de bloque hicieran los cierres fue Ezequiel Atauche, que cargó enfáticamente contra las organizaciones gremiales. «Los sindicatos son parte de una mafia que apañó el peronismo», dijo. También celebró que la reforma barrió con la ultraactividad y festejó: «Esa realidad se acabó, está extinta. Los argentinos ya no quieren más eso. El camino del verdadero progreso de la Argentina son las empresas».
Hayden Davis, el creador de $LIBRA, encaja a la perfección en el arquetipo cryptobro: joven, verborrágico, vendedor antes que técnico, y con esa mezcla de Silicon Valley y chamuyo motivacional que promete “libertad”. En la criptoestafa aparece como la cara visible de una operación que se presentó como oportunidad y terminó en desastre. Si hubiera que buscar un personaje, Davis podría ser el Rasputín de la era blockchain: alguien que viene de un universo religioso y opaco, se presenta como intérprete del “futuro” y se vuelve influyente por proximidad al poder. Esa proximidad fue la que le permitió llevar a cabo la primera cryptoestfa presidencial del mundo.
Performance, agresividad y promesa de ascenso individual: así se arman estas nuevas masculinidades. Desde ahí se vuelve posible pasar del caso $LIBRA a una pregunta de fondo: qué tipo de varón —y qué política— se celebra en el ecosistema libertario.
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Un hombre musculoso, exitoso, siempre ganador: el chad. Ese es el modelo que sobrevuela la manósfera, el submundo digital de donde sale buena parte del vocabulario y las fantasías de los influencers de la extrema derecha. En el ecosistema del presidente Javier Milei, estos perfiles abundan: cuentas de X (ex Twitter) con más de 50.000 seguidores, caracterizadas por un tono agresivo y virulento, que monetizan el odio a través de suscripciones mensuales y buscan la bendición final de Milei en forma de reposteo. Ese léxico —chads, perdedores, dominantes, sometidos— se volvió habitual en la discursividad de las redes de la derecha radical argentina y global.
Originariamente, la manósfera se conformó a través de una serie de intercambios online entre distintos usuarios con una postura que reproduce la filosofía red pill, inspirada en la película Matrix. Su objetivo es ilustrar la toma de conciencia sobre la realidad del sistema: apela a dejar de ser engañado por los avances del feminismo y descubrir la información que ese sistema te oculta.
Esta manósfera es producto de la interacción entre los usuarios que son parte y que constantemente alimentan el imaginario de cómo se deben estructurar las relaciones entre los géneros y qué rol deben ocupar las mujeres y los hombres. Por un lado, la manósfera se enoja con la “realidad del sistema y con el feminismo” que hace que los hombres dejen de ser elegidos por las mujeres y por el sistema. Por otro, ensaya un modelo de “hombre ideal”, mucho más recargado, que sí tiene posibilidades de éxito (material y con las minas) porque, claro, estas son lógicas heterosexuales.
Los principales usuarios que participan de estos espacios son los denominados Incels (célibes involuntarios) que se encuentran asociados con la incapacidad del ejercicio de una masculinidad alpha dominante que es la que logra encuentros sexuales con mujeres. Según estos usuarios, esa masculinidad se construye con base en la predominancia de aspectos físicos atractivos, dominantes y seguros (en términos materiales), lo que asegura la posibilidad de estar en el 30% superior que se “queda con las mujeres”, “medidas” en una escala del 0 al 10.
Muchos de estos usuarios se autoperciben “sin chances” para entablar una relación sexoafectiva, y desde la privacidad de sus hogares exultan el odio y el desprecio al sistema que “no les da la chance” de poder relacionarse. Y desde esta misma privacidad, es que maceran un tipo de hombre aspiracional. Un tipo de quijada marcada, el cuerpo bien trabajado, exitoso con las mujeres y el mundo material: Un chad. Se trata de un role model o modelo a seguir que se construye diariamente a cuenta gotas de sangre, sudor y lágrimas. Más sangre y sudor. Los chads no lloran. La sangre, fruto de la pasión por desarrollarse y ser exitoso. El modelo es un hombre de negocios al fiel estilo “Lobo de Wall Street”. El sudor, únicamente del gimnasio. Porque, ya que estamos, no se piensa en el trabajo físico al estilo obrero, eso es de negro. Este sudor tiene que provenir de la dedicación por el cuerpo, no como daño colateral de un trabajo forzoso.
Lo que te hace ser un chad es básicamente ser un hombre con poder, de poder y en el poder (lo que se conoce como “virilidad hegemónica”). Además de tener rasgos físicos hegemónicos y ejercer una dominación a través de los insultos, agravios y la humillación hacia el “otro” inferior a vos.
Para la manosfera, el Presidente tilda casi todas las casillas del chad: poder político, mucho pelo, quijada marcada, ojos color zafiro y una gran altura —aunque sea potenciada por una tarima—. Además, se dedica a humillar a los “kukas tirapiedras” en público, por lo que su séquito de influencers lo lee como un “verdadero chad”. El día que asumió la presidencia fue, para ellos, la coronación oficial.
Chad Milei se volvió real luego de tomar el mando presidencial. Se volvió indistiguible de las fotos generadas por IA. pic.twitter.com/C8Nc7augIr
A Milei le gusta mucho hablar sobre el ano masculino. Adrián Melo indagó en Anfibia sobre esa performatividad hetero-hegemónica que el Presidente encarna en su discursividad al referirse muy detalladamente al asunto y su impulso viril por “cerrárselos a todos”. Y en el contexto de una crisis de la masculinidad, no es de extrañar que sea necesaria esta reafirmación viril.
Esta crisis de la masculinidad se conforma en dos aristas. Por un lado, la crisis material y por otro la crisis de sentido. En el contexto de un neoliberalismo galopante, con la retirada del estado y la intervención pública en la vida privada, las exigencias hacia el individuo (masculino) son extremadamente forzosas. Nicolás Pontaquarto y Ariel Sánchez, del Instituto de Masculinidades y Cambio Social, hablan de una “autoexclusión” producto de la incapacidad de alcanzar los mandatos que estructuran el género, y que, en esta línea, convierten a los sujetos en sujetos elegibles.
Este fenómeno es nuevo. Se trata de una “autoexclusión” de los que no se consideran elegibles. La hiperconectividad nos muestra todo el tiempo lo que los demás tienen y uno no. Existe una suerte de checklist de las cosas que hay que tener para ser. No se da, entonces, una exclusión causada por un otro (aunque la misma aún esté presente también). Es el mismo sujeto que se baja. La socialización en redes sociales alimenta y recrudece los estándares de elegibilidad y promueve la autoexclusión.
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Se han conformado espacios de socialización que comprenden a la masculinidad como “en la mira”, repletos de hombres que se sienten atacados por los avances que supusieron las olas feministas. Allí surge la manósfera.
La explosión del caso $Libra, en Argentina, terminó de dar visibilidad a una nueva identidad dentro de la manosfera: los cryptobros. Cuyo origen se puede rastrear luego de la popularización de la cryptomoneda Bitcoin en 2009. Con el desarrollo de la tecnología blockchain y nuevas billeteras digitales, se fueron creando nuevas cryptos y se fue democratizando el acceso a invertir. Lo que antes estaba reservado para un selecto grupo de nerds, se habilitó para el resto, que se agrupó debatiendo sobre las formas de invertir y cómo hacerlo. Al igual que con la manosfera, estos intercambios se dieron en distintos foros de internet como: Reddit, 4chan, Twitter, además de la plataforma de YouTube, que fue un espacio para “educar en inversión”.
El caso $Libra puso en la escena mediática-digital las nuevas herramientas de la economía digital, con sus riesgos, márgenes de error y engaños que se tejen a su alrededor. Los gurúes de las finanzas digitales, mientras se abren una Monster Mango Loco, concentran dentro de sus características las mismas que sostienen el nuevo sistema de mercado financiero e idiosincrático del neoliberalismo: un marcado desprecio a cualquier tipo de intervención estatal en la vida individual, la promoción de cryptoactivos sumamente volátiles, y la tendencia al riesgo, propia del sujeto financiarizado que la extrema derecha propone como salida de la crisis de la masculinidad.
Los cryptobros logran acceder al mundo de las finanzas de Silicon Valley mientras terminan una partida del call of duty y sin la necesidad de levantarse de su silla gamer. Esto, además, se complementa con una ritualización de la vida diaria que es la clave del éxito. Levantarte a las 5 am, leer a las 6 am, mirar el mercado a las 7 am, darte un baño de hielo a las 8 am y salir para el gym a las 9:30.
Desde esta representación es que los influencers digitales arman el modelo de éxito que luego es vendido en sus redes sociales. Autos caros, relojes grandes y vistosos, “mentalidad de tiburón”, perseverancia estoica, programación esquemática de la vida diaria y conocimiento por encima de la media para invertir.
Sin embargo, aún hay una tensión entre estos influencers cryptos y los que son propios del ecosistema del presidente Javier Milei. Estos últimos son críticos de estas comunidades y en sus discursividades se encuentra la conformación de un “otro” al que ellos catalogan de “manijeros” o con poco conocimiento. Aquí marcan la distancia en la calidad de su conocimiento en contraparte a la de estos cryptobros poco serios.
Ese fue el mensaje circulante durante la explosión del caso $Libra, en el que también fue evidente la gimnasia para desligar al presidente Javier Milei de su responsabilidad en la difusión de una criptomoneda que abruptamente perdió su valor dejando a miles de inversores con pérdidas. Se teorizó sobre un hackeo a la cuenta presidencial y cuando el relato fue insostenible, se procedió a separar los tipos de comunidades en “técnicos” de los “manijeros”.
Ningún argentino perdió plata en esto. Solamente un par de chinos garcas con bots y criptobros manijeros estadounidenses empomados por querer guita fácil. Lo tienen que llorar por comprar shitcoins.
Siempre dije: Jamás inviertan en lo que no entienden; si lo haces sos un boludo.
Así como se conformó la “manósfera”, es posible pensar en una “cryptosfera” en la que se aglutina este ideal del éxito masculino. Que se materializa en las nuevas herramientas de la economía digital y las redes sociales. Así la cryptosfera define el éxito y cómo alcanzarlo.
En este contexto, la extrema derecha carga al individuo de toda responsabilidad por su desarrollo personal, pero además le añade ciertos requisitos que debe cumplir para ser un hombre. Estos requisitos son indispensables para su constitución como hombre(s) y refuerzan la avanzada individualista en la sociedad al atomizar al ser humano nuevamente.
La construcción desde los influencers de Javier Milei y del propio presidente como un modelo a seguir que concentra estas características, supone que estos ideales de la masculinidad se potencien desde el sillón de Rivadavia. Tradicionalmente la investidura presidencial fue una referencia de modelo a seguir. En esta línea, la representación de la masculinidad que se imprime desde la figura del Presidente Milei presenta características nuevas, propias del contexto de esta nueva fase del capitalismo. Por primera vez, el presidente no es esposo ni padre. Legitima a la figura del varón roto y solo, a la búsqueda de un nuevo modelo de éxito y desarrollo personal, que ya no están ni en la familia, ni los hijos ni el trabajo. Un individualismo que subsume al sujeto masculino a pensar sólo en él.
Ante este escenario tan hostil en el que nos encontramos, se vuelve indispensable proponer una perspectiva e imaginar qué tipo de masculinidad queremos como sociedad. Además de encontrar la forma que permita la sociedad permita concebir al estado como el verdadero garante de las instancias de desarrollo humano y que de manera igualitaria anule y cancele la carga de ser, alojada en los requisitos para el “éxito” y la “elegibilidad”.
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