El Intendente Marcelo Orazi recibió esta mañana al Secretario de Estado de Cultura de la provincia de Río Negro Ariel Ávalos con quien analizó y coordinó los temas que serán parte de la agenda cultural para este año.
Al término del encuentro, Ávalos manifestó que “la preocupación del Intendente es la que tenemos todos, la misma de la Gobernadora, queremos fortalecer el sistema cultural de la provincia y queremos poner en foco esos temas”.
“Nuestra intención es que las industrias creativas y culturales de la ciudad tengan un lugar de relevancia así que empezamos a trazar las primeras posibilidades de agenda conjunta entre la Provincia y el Municipio para poder estar realizando anuncios concretos en los próximos meses”, sostuvo.
Agregó que “son ejes que nos preocupan mucho, el tema de infraestructura, la llegada con herramientas eficaces y rápidas signifiquen trabajo para los reginenses, para los artistas y en ese punto van a estar los ejes fundamentales del trabajo de este año”.
Por su parte Orazi destacó la presencia del funcionario provincial de la ciudad y valoró la tarea que ya se viene realizando junto a la Directora de Cultura de la Municipalidad, Silvia Alvarado.
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Mucho antes de compartir un grupo mundialista, España y Cabo Verde ya estaban conectados por una de las decisiones geopolíticas más trascendentes de la historia. Las llamadas Bulas Alejandrinas, dictadas en 1493 por el papa Alejandro VI, utilizaron al archipiélago africano como referencia para repartir los territorios que Europa todavía no había conquistado. Aquel documento terminó moldeando el mapa de América, África y parte del mundo moderno.
Por Alcides Blanco para NLI
Cuando la pelota empiece a rodar entre España y Cabo Verde, la mayoría verá un partido entre una potencia histórica del fútbol y una selección que representa el crecimiento del deporte africano. Sin embargo, existe un vínculo mucho más antiguo y profundo que el deporte. Se remonta al siglo XV, cuando el papado decidió intervenir en la disputa colonial entre las coronas ibéricas y utilizó al archipiélago caboverdiano como punto de referencia para dividir el planeta.
En 1492, el viaje de Cristóbal Colón abrió una competencia feroz entre Castilla y Portugal por el control de las nuevas rutas comerciales y de las tierras recién descubiertas. Ambos reinos eran las grandes potencias marítimas de la época y reclamaban derechos exclusivos sobre territorios que ni siquiera conocían completamente.
El papa que repartió el planeta
La solución llegó desde Roma. En mayo de 1493, el papa Alejandro VI emitió una serie de documentos conocidos como Bulas Alejandrinas, que establecían una línea imaginaria ubicada aproximadamente a cien leguas al oeste de las islas Azores y de Cabo Verde.
Todo lo que quedara al oeste de esa línea, establece la Bula Inter Caetera de 1493, sería considerado zona de influencia castellana. Lo que estuviera al este permanecería bajo dominio portugués.
La elección de Cabo Verde no fue casual. El archipiélago, descubierto y colonizado por Portugal durante el siglo XV, era uno de los puntos estratégicos de la navegación atlántica y funcionaba como una referencia geográfica conocida para los cartógrafos de la época.
En otras palabras, unas pequeñas islas volcánicas frente a la costa africana se transformaron en el punto desde el cual Europa intentó repartir el mundo entero.
De las Bulas al Tratado de Tordesillas
Portugal consideró insuficiente el reparto papal. Las negociaciones entre ambas coronas concluyeron en 1494 con el Tratado de Tordesillas, que desplazó la línea divisoria unas 370 leguas al oeste de Cabo Verde.
Ese cambio aparentemente técnico terminó teniendo consecuencias enormes.
Gracias a ese corrimiento, una porción del continente sudamericano quedó dentro del área portuguesa, permitiendo que siglos después surgiera Brasil como una nación de lengua portuguesa, mientras el resto de América Latina quedó mayoritariamente bajo influencia española.
Sin aquella referencia geográfica basada en Cabo Verde, el mapa político y lingüístico del continente americano probablemente sería completamente distinto.
Cabo Verde, un puente entre continentes
Durante los siglos siguientes, Cabo Verde ocupó un papel central en el comercio atlántico. Sus puertos se convirtieron en escalas obligadas para barcos que viajaban entre Europa, África y América.
También fue uno de los principales centros del tráfico esclavista organizado por las potencias coloniales, convirtiéndose en un espacio de mezcla cultural, lingüística y étnica que todavía hoy caracteriza a la sociedad caboverdiana.
Su ubicación estratégica hizo que el pequeño archipiélago tuviera una influencia histórica mucho mayor que su tamaño territorial.
Un partido que también cuenta una historia de cinco siglos
El encuentro entre España y Cabo Verde es mucho más que un choque mundialista. Representa, de manera casi simbólica, el cruce entre dos protagonistas de una historia que comenzó hace más de quinientos años cuando un papa, un reino colonial y un conjunto de islas africanas quedaron unidos por una decisión destinada a organizar la expansión europea.
Las Bulas Alejandrinas nunca lograron controlar completamente la realidad ni evitar los conflictos posteriores, pero sí dejaron una huella indeleble sobre la geografía política del planeta. La existencia de Brasil como país lusófono, la distribución colonial de América y buena parte de las relaciones entre España y Portugal encuentran allí uno de sus puntos de partida.
Así, mientras noventa minutos decidirán quién suma tres puntos en el Mundial, la memoria histórica recuerda que España y Cabo Verde ya habían compartido protagonismo en uno de los episodios más ambiciosos de la historia universal: el intento de dividir el mundo con una simple línea trazada sobre un mapa.
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