El Intendente Marcelo Orazi recibió esta mañana al Secretario de Estado de Cultura de la provincia de Río Negro Ariel Ávalos con quien analizó y coordinó los temas que serán parte de la agenda cultural para este año.
Al término del encuentro, Ávalos manifestó que “la preocupación del Intendente es la que tenemos todos, la misma de la Gobernadora, queremos fortalecer el sistema cultural de la provincia y queremos poner en foco esos temas”.
“Nuestra intención es que las industrias creativas y culturales de la ciudad tengan un lugar de relevancia así que empezamos a trazar las primeras posibilidades de agenda conjunta entre la Provincia y el Municipio para poder estar realizando anuncios concretos en los próximos meses”, sostuvo.
Agregó que “son ejes que nos preocupan mucho, el tema de infraestructura, la llegada con herramientas eficaces y rápidas signifiquen trabajo para los reginenses, para los artistas y en ese punto van a estar los ejes fundamentales del trabajo de este año”.
Por su parte Orazi destacó la presencia del funcionario provincial de la ciudad y valoró la tarea que ya se viene realizando junto a la Directora de Cultura de la Municipalidad, Silvia Alvarado.
El del 11 del corriente mes y bajo un sol agradable que acompañó en la ciudad de Villa Regina, la Subcomisión de Pelota Paleta del Club Atlético Regina realizó la tan esperada venta de paellas logrando vender una gran cantidad de porciones y superando ampliamente las expectativas. Desde las primeras horas del domingo los pelotaris…
El Intendente Marcelo Orazi participó de la conferencia de prensa en la que se brindaron detalles del Festival de Arte enmarcado en el programa ‘Maratón Cultural’ que se realizará durante viernes, sábado y domingo en el Cine Teatro Círculo Italiano. Vale aclarar que el evento no tendrá público pero podrá ser seguido vía streaming en…
En el peronismo bonaerense están convencidos que Axel Kicillof se inclina por unificar la elección provincial con la nacional. Un diagnóstico que comparten en la Casa Rosada. El empuje de los intendentes peronistas quedó en evidencia en las pasadas elecciones bonaerenses y ahora en el gobierno de Milei creen que si Kicillof termina siendo el candidato a presidente, no se perderá ese motor.
«La elección está desdoblada de hecho porque son elecciones concurrentes, se vota con dos sistemas -boleta única y boleta tradicional-, pero unificar concentra esfuerzos», afirmó a LPO un intendente peronista al tanto de las versiones que mencionan una inclinación del gobernador por la unificación.
En el entorno de Kicillof relativizaron la versión: «La decisión todavía no se tomó, vamos a esperar a ver que sucede con las PASO», afirmaron a LPO.
El desdoblamiento de las pasadas elecciones fue una bandera de Kicillof y le generó un público enfrentamiento con Cristina Kirchner que lo calificó la decisión de error político. El resultado fue agridulce: el peronismo ganó la elección provincial por una diferencia abrumadora, pero perdió las nacionales de octubre, resultado que fortaleció a Milei.
Este viernes el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, anunció que decidió unificar las elecciones. En su caso es lo natural: las elecciones catamarqueñas fueron unificadas en 2015, 2019 y 2023. El gobierno pretende que Jalil se vuelva a postular y rompa el pacto con Lucía Corpacci y Gustavo Saadi, para que este última sea el candidato. Patear la elección hasta octubre le da una mayor margen de maniobra para ver que hace.
Volviendo a la provincia, como existe una ley que ata las PASO provinciales a las nacionales, esto le da a Kicillof la excusa perfecta para postergar la decidión hasta que se sepa que pasará con la sprimarias a nivel nacional.
Si Milei llega en caída por ahí nos conviene que no se desdoble, porque va a hundir a todos sus candidatos.
El tema se presta para la especulación política y como en el 2025 hay argumentos para todas las posiciones. Varios intendentes quieren desdoblar y hasta planear reforzar su posición, cuando la discusión se abra, apelando a los argumentos del propio Kicillof en 2025.
Pero algunos de sus colegas no están tan seguros. Un intendente del axelismo evaluó en diálogo con LPO: «Si Milei llega en caída por ahí nos conviene que no se desdoble, porque va a hundir a todos sus candidatos».
Los intendentes Espinoza, Watson y Secco.
Ya en junio habían circulado rumores que hablaban que Kicillof empezaba a analizar seriamente unificar la elección. Al correr esa versión, se dispararon alarmas entre los intendentes peronistas que impulsan desdoblar.
Ahora, varios de los intendentes del axelismo que en marzo de 2025 salieron con un documento pidiendo desdoblar, esta vez evitan dar definiciones sobre la estrategia a seguir, alineados con el hermetismo de La Plata.
«La inmensa mayoría de los intendentes va a querer que se desdoble. Lo más lógico sería adelantar la elección y lo máximo posible», había manifestado al streaming Uno Tres Cinco el intendente de Ezeiza, Gastón Granados, miembro de la Liga de Intendentes que este viernes se reunió con el riojano Ricardo Quintela en la Quinta de Perón de San Vicente.
«No vamos a aceptar el dedo de nadie. Si no nos llevan a una mesa, si no nos participan, nosotros tomamos la decisión de participar», desafió Granados en un mensaje que pareció dirigido a Cristina, porque aventuró que si en la lista de diputados nacionales del 2025 se hubiese integrado a los intendentes «ganábamos la elección y hoy la historia sería otra».
Fue Granados quien, durante la misma noche de la derrota electoral del peronismo en octubre de 2025, sostuvo que la derrota fue «un mensaje para nuestros dirigentes nacionales que tienen que entender que los intendentes somos los que tenemos los votos, los que representamos a la gente».
«Lo único seguro es que se tiene que tomar una decisión antes de diciembre», concluyó en diálogo con LPO, uno de los intendentes consultados.
Argentina, país que desde un 24 de noviembre del 2010 por el Decreto 1800 y posteriormente ratificado en ley 26.870 en el año 2013, declara al Vino como su bebida nacional. Esta ley que busca difundir las características culturales que implique la producción, elaboración y consumo del vino argentino y sus tradiciones. El vino es…
En 1813 Manuel Belgrano destinó los 40.000 pesos de su premio militar a dotar cuatro escuelas públicas. La historia de ese legado y su vigencia dos siglos después.
Por Alcides Blanco para NLI
Cada 11 de septiembre, cuando la Argentina recuerda a los maestros y vuelve sobre la figura de Domingo Faustino Sarmiento, existe una tentación comprensible pero históricamente incompleta: pensar que la educación pública argentina comenzó con el gran proyecto escolar de la segunda mitad del siglo XIX. Sarmiento tuvo, sin dudas, un papel decisivo en la expansión de la enseñanza primaria, la formación profesional de los docentes y la construcción de instituciones educativas. Pero mucho antes de aquella etapa, cuando las Provincias Unidas todavía estaban atravesadas por la guerra de la Independencia y ni siquiera existía el Estado nacional argentino tal como lo conocemos, Manuel Belgrano ya había pensado la educación como una responsabilidad pública y como una herramienta indispensable para construir la nueva sociedad. En 1813, después de recibir una importante recompensa por sus victorias militares, tomó una decisión que todavía sorprende por su dimensión: resolvió destinar los 40.000 pesos del premio a la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras.
No se trata de una tradición transmitida únicamente por los manuales escolares. El Archivo General de la Nación conserva el documento mediante el cual el Gobierno aprobó el destino de esos fondos, y la documentación oficial identifica expresamente las cuatro ciudades: Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. El 27 de abril de 1813 quedó formalizada la decisión. Belgrano había recibido aquel premio por sus servicios a la causa revolucionaria y decidió que el dinero no se incorporara a su patrimonio personal, sino que se transformara en un fondo destinado a la educación.
La diferencia no es menor. El documento original del reglamento redactado por Belgrano el 25 de mayo de 1813 comienza señalando que había resuelto dotar las cuatro escuelas con los cuarenta mil pesos que le había concedido la Asamblea. El artículo primero establece que el capital debía distribuirse en 10.000 pesos para cada escuela, de manera que sus réditos permitieran sostenerlas. El reglamento incluso fija el destino de esos recursos: una parte debía utilizarse para el sueldo del maestro y otra para los gastos necesarios de funcionamiento. No estamos, entonces, frente a una declaración abstracta sobre la importancia de educar: Belgrano estaba diseñando un mecanismo concreto para financiar escuelas públicas.
Un reglamento para formar ciudadanos
El valor histórico del documento aumenta cuando se lo lee completo. Belgrano no se limitó a entregar dinero y dejar que otros decidieran qué hacer con él. Escribió personalmente el reglamento que debía organizar las cuatro escuelas, estableciendo criterios para la elección de los maestros, sus obligaciones, la enseñanza, la disciplina y hasta determinados gastos cotidianos.
Uno de los aspectos más significativos aparece en el artículo 18. Allí Belgrano sostiene que el maestro debía procurar con su conducta inspirar en sus alumnos “amor al orden”, respeto, moderación y dulzura en el trato, sentimientos de honor, amor a la virtud y a las ciencias, inclinación al trabajo y desapego del interés particular. También debía fomentar un espíritu que llevara a los alumnos a preferir el bien público al privado.
La formulación resulta extraordinariamente significativa para 1813. La escuela que imaginaba Belgrano no debía limitarse a enseñar a leer y escribir: debía formar ciudadanos. Y el maestro tenía que ser, por su propia conducta, parte de esa formación. El reglamento establecía además que el acceso al cargo docente debía realizarse mediante oposición, una forma temprana de pensar la selección y profesionalización de quienes estaban al frente de la enseñanza.
Belgrano también contemplaba a los sectores más pobres. El proyecto incluía recursos para materiales escolares y establecía previsiones para que los niños que no pudieran afrontarlos no quedaran excluidos. Esa concepción encaja con otras expresiones del propio Belgrano sobre la importancia de la educación para el desarrollo de los pueblos. En una de las formulaciones que el Estado argentino ha recuperado de su pensamiento sostuvo: “Un pueblo culto nunca puede ser esclavizado”.
Hay allí una concepción política de la educación que merece ser recuperada: la libertad conquistada por las armas necesitaba ser sostenida por ciudadanos capaces de ejercerla.
Las cuatro escuelas y una deuda que atravesó dos siglos
El destino posterior de aquellas cuatro escuelas fue mucho más complejo que lo que suele contar la efeméride.
La documentación del Instituto Nacional Belgraniano señala que las escuelas funcionaron de manera discontinua debido a las guerras de Independencia y a los enfrentamientos internos posteriores. También registra problemas con el envío del dinero y con las rentas destinadas a sostenerlas. Es decir, el proyecto educativo de Belgrano quedó atrapado en las mismas dificultades políticas y financieras que atravesaron a las Provincias Unidas durante aquellos años.
La primera en abrir fue la de Santiago del Estero. Según el Instituto Nacional Belgraniano, comenzó a funcionar en 1822, por iniciativa del gobernador Felipe Ibarra, y se estima que permaneció abierta hasta 1826. Belgrano ya había muerto cuando aquella escuela comenzó sus actividades, pero la apertura representaba el cumplimiento, aunque fuera parcial y tardío, de la voluntad expresada nueve años antes.
En Jujuy, la situación fue diferente. El Instituto Belgraniano registra la inauguración de la escuela en 1825, con funcionamiento hasta aproximadamente 1828. La historia posterior de aquel legado terminó dando lugar, casi dos siglos más tarde, a la Escuela N.º 452 “Legado Belgraniano”, inaugurada en San Salvador de Jujuy en 2004, después de una obra que había comenzado en 1999. La institución existe actualmente y continúa llevando ese nombre, aunque su edificio es, naturalmente, contemporáneo y no el establecimiento de 1813.
El caso de Tarija es todavía más extraordinario porque la ciudad pasó a formar parte de Bolivia después de la independencia. La escuela prevista por Belgrano no se concretó en el siglo XIX. Según los Anales del Instituto Nacional Belgraniano, el Poder Ejecutivo argentino creó formalmente la escuela mediante un decreto de abril de 1967 y Argentina financió el proyecto, la construcción y el equipamiento. El establecimiento fue entregado al Gobierno boliviano el 27 de agosto de 1974, bajo el nombre de Escuela Argentina Manuel Belgrano, es decir, 161 años después de la donación original.
Tucumán tuvo la historia más prolongada y problemática. El propio Estado argentino reconoció décadas después que allí quedaba una deuda pendiente. En 2022, el Ministerio de Educación de la Nación anunció la construcción de una nueva Escuela de la Patria Manuel Belgrano y habló explícitamente de la necesidad de “saldar definitivamente” esa deuda histórica. En mayo de 2023 comenzaron obras de ampliación y refacción del establecimiento, destinadas a los niveles inicial y primario, con nuevas aulas y espacios deportivos para una comunidad educativa de alrededor de 1.300 estudiantes.
Y la historia no terminó allí. La Escuela de la Patria Manuel Belgrano continúa funcionando en Tucumán: en julio de 2025 el Ministerio de Educación provincial informó que el establecimiento funcionaba normalmente y en 2026 alumnos de esa escuela participaron en los actos oficiales por el aniversario de la Independencia.
El recorrido de las cuatro escuelas permite comprender algo que suele perderse cuando se reduce la historia a una fecha y una estatua: el proyecto de Belgrano fue inmediato en su concepción, pero extraordinariamente lento en su concreción. Santiago del Estero y Jujuy tuvieron experiencias escolares tempranas pero discontinuas; Tarija necesitó 161 años para materializarse en la forma que conocemos; y Tucumán atravesó una larga historia institucional que todavía obligó al Estado argentino a realizar obras en el siglo XXI.
Belgrano murió pobre, pero dejó una idea de riqueza pública
El gesto adquiere todavía mayor dimensión cuando se observa qué ocurrió con el propio Belgrano.
No convirtió aquella recompensa militar en una fortuna personal. Y tampoco terminó su vida disfrutando de una posición económica acorde con el reconocimiento que había recibido. Murió el 20 de junio de 1820 en una situación de extrema precariedad económica, después de años de servicio, enfermedades, dificultades financieras y salarios que el Estado le adeudaba.
El contraste es poderoso, aunque debe ser contado sin convertirlo en una leyenda sentimental. No sería correcto afirmar que Belgrano quedó pobre exclusivamente porque donó los 40.000 pesos: su situación económica tuvo múltiples causas. Pero sí es un hecho que cuando tuvo la posibilidad de disponer de una importante recompensa personal decidió transformarla en un fondo destinado a escuelas.
En su respuesta al reconocimiento de la Asamblea aparece con claridad el principio que guiaba aquella decisión. Belgrano sostuvo que “ni la virtud ni los talentos tienen precio” y que resultaba despreciable para un hombre de bien convertir el servicio público en una búsqueda de riqueza. Por eso decidió destinar los 40.000 pesos a las cuatro escuelas.
No hace falta idealizarlo para reconocer la magnitud de esa elección.
Belgrano tuvo la oportunidad de convertir una recompensa por sus victorias en patrimonio propio y decidió convertirla en patrimonio educativo.
Antes de Sarmiento ya existía una idea de educación pública
Reconocer esto no significa quitarle importancia a Sarmiento. Todo lo contrario: permite ubicarlo correctamente.
Cuando Sarmiento impulsó décadas después la expansión de la enseñanza primaria, la formación de maestros y la creación de escuelas normales, trabajó sobre un problema mucho más amplio y con instrumentos estatales que Belgrano no tenía a su disposición. La posterior Ley 1420 de 1884 tampoco fue obra de Belgrano ni de Sarmiento en forma individual. La educación pública argentina fue el resultado de un proceso prolongado en el que participaron gobiernos, provincias, legisladores, maestros, educadores y comunidades.
Pero Belgrano fue uno de sus antecedentes fundamentales.
En 1813 ya había pensado en escuelas públicas de primeras letras; había previsto recursos para sostenerlas; había reglamentado su funcionamiento; había establecido criterios para seleccionar a los maestros; había definido obligaciones pedagógicas y morales para ellos y había pensado en la provisión de materiales para los alumnos.
Todo eso ocurrió antes de la independencia definitiva, antes de la Constitución de 1853 y más de setenta años antes de la Ley 1420.
Por eso el documento conservado por el Archivo General de la Nación merece ser leído no como una curiosidad de museo, sino como una pieza de la historia política argentina. El manuscrito de 1813 muestra a un dirigente revolucionario pensando que una patria nueva no podía sostenerse solamente con ejércitos, armas y declaraciones políticas. Necesitaba escuelas.
Y esa idea sobrevivió a las guerras, a la anarquía, a los incumplimientos administrativos y a los cambios territoriales.
Dos siglos después, algunas de aquellas escuelas siguen existiendo y otras fueron reconstruidas o refundadas bajo el nombre de Belgrano. La de Tarija quedó como una expresión concreta de un compromiso argentino que finalmente se materializó en Bolivia; la de Jujuy convirtió en edificio escolar contemporáneo una deuda histórica que había atravesado 191 años; la de Tucumán continúa funcionando y conserva el nombre de Escuela de la Patria; y Santiago del Estero fue la primera en poner en marcha, en 1822, una experiencia que duraría algunos años.
No todas las escuelas que Belgrano imaginó sobrevivieron. No todas se construyeron cuando él quiso. No todo el dinero llegó a cumplir el destino previsto. Pero la idea sobrevivió.
Y quizás allí esté el verdadero legado.
Manuel Belgrano no solamente dejó una bandera. Dejó una concepción de patria en la que el conocimiento debía ser un bien público y la educación una herramienta para que la libertad pudiera ser ejercida por el conjunto de la sociedad.
En 1813, en medio de una guerra y cuando la Argentina todavía estaba naciendo, recibió dinero por haber ganado batallas.
Eligió convertirlo en escuelas.
Ese gesto, más de dos siglos después, sigue siendo una de las mejores definiciones de lo que significa pensar la patria como algo que pertenece a las generaciones que vienen.
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