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Orazi recibió al Secretario de Estado de Cultura, Ariel Ávalos

El Intendente Marcelo Orazi recibió esta mañana al Secretario de Estado de Cultura de la provincia de Río Negro Ariel Ávalos con quien analizó y coordinó los temas que serán parte de la agenda cultural para este año.

Al término del encuentro, Ávalos manifestó que “la preocupación del Intendente es la que tenemos todos, la misma de la Gobernadora, queremos fortalecer el sistema cultural de la provincia y queremos poner en foco esos temas”.

“Nuestra intención es que las industrias creativas y culturales de la ciudad tengan un lugar de relevancia así que empezamos a trazar las primeras posibilidades de agenda conjunta entre la Provincia y el Municipio para poder estar realizando anuncios concretos en los próximos meses”, sostuvo.

Agregó que “son ejes que nos preocupan mucho, el tema de infraestructura, la llegada con herramientas eficaces y rápidas signifiquen trabajo para los reginenses, para los artistas y en ese punto van a estar los ejes fundamentales del trabajo de este año”.

Por su parte Orazi destacó la presencia del funcionario provincial de la ciudad y valoró la tarea que ya se viene realizando junto a la Directora de Cultura de la Municipalidad, Silvia Alvarado.

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    En el segmento de jóvenes de 18 a 29 años, el índice de confianza registró una suba del 66,3 por ciento, un cambio sideral con respecto a julio, cuando había caído 23 puntos y se presentaba como el nivel más bajo entre todas las franjas etarias relevadas.

    «Es probable que parte de este abrupto cambio provenga del error muestral, ya que el segmento joven es el que contiene el menor número de casos y, por tanto, el de menor precisión estadística», advirtieron en la Escuela de Gobierno de la Di Tella.

    Más allá de la mejora respecto de julio, el informe expone que el índice de confianza disminuyó 2,8 por ciento en términos interanuales y 16,5 por ciento desde el fin del año pasado

    Ávidos de datos favorables, en el Gobierno no repararon en esa aclaración e instruyeron a su granja de trolls a levantar la mejora respecto de julio. «La confianza sube como pedo de buzo» fue el denominador común de los libertarios en redes.

    Eso, a pesar de que el mismo informe expone que el índice de confianza disminuyó 2,8 por ciento en términos interanuales y 16,5 por ciento desde el fin del año pasado.

    El 57 por ciento dice que votaría un cambio total de gobierno

    La necesidad de Casa Rosada de apoyarse sobre números positivos se refuerza en un contexto donde recientes encuestas marcan que cerca del 60 por ciento dice que votaría un cambio de Gobierno.

    El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que se confecciona desde noviembre de 2001 es un estudio que mira de cerca el círculo rojo, se hace en base a una encuesta de opinión pública a nivel nacional y se mide en una escala de 0 a 5.

    En agosto, el ICG fue de 2,06 puntos. Pero, pese a esa recuperación de agosto, el promedio del ICG durante la gestión Milei cayó a 2,36 puntos, su registro más bajo.

    Alarma en la Rosada porque se desploma la confianza de los jóvenes en el Gobierno

    Aunque en menor medida que en la franja etaria más joven, en el segmento de personas en 30 y 49 años también se dio una suba significativa del índice de confianza de un mes a otro (14%).

    «Varias de estas categorías habían presentado los mayores aumentos en junio y concentrado las mayores caídas en julio, lo que sugiere que estos altibajos podrían deberse al error muestral más que a cambios reales en los parámetros de interés», agregó el informe. 

     

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    La historia de una de las mejores universidades del mundo: la UBA y un siglo de ciencia, cultura y movilidad social

     

    La Universidad de Buenos Aires nació hace más de dos siglos como una institución destinada a formar profesionales, pero con el paso del tiempo se convirtió en uno de los grandes símbolos del conocimiento público argentino. De sus aulas surgieron cinco premios Nobel, científicos reconocidos internacionalmente, referentes culturales y miles de profesionales que transformaron la vida del país. Su historia también es la historia de una discusión permanente: el valor de una educación pública que busca que el acceso al conocimiento no dependa del origen social.

    Por Redacción de NLI

    Hay instituciones que forman parte de la identidad de un país más allá de sus edificios y sus autoridades. La Universidad de Buenos Aires (UBA) es una de ellas. Desde su creación en 1821, atravesó guerras, crisis económicas, golpes de Estado, reformas políticas y transformaciones sociales, pero mantuvo una característica que marcó profundamente la historia argentina: la idea de que el conocimiento superior podía ser una herramienta de ascenso social y desarrollo nacional.

    Durante más de dos siglos, la UBA se convirtió en una de las universidades más importantes de América Latina y en una de las pocas instituciones públicas de la región con reconocimiento global. Su prestigio no surgió únicamente de sus rankings internacionales, sino de una producción científica, cultural y profesional que tuvo impacto concreto dentro y fuera del país.

    Por sus aulas pasaron presidentes, escritores, científicos, médicos, abogados, economistas, artistas y trabajadores que encontraron en la educación pública una posibilidad que, de otro modo, hubiera sido inaccesible.

    La historia de la UBA es también una historia sobre el papel del Estado en la construcción de igualdad de oportunidades.

    Una universidad nacida para construir un país

    La Universidad de Buenos Aires fue fundada en 1821, durante el gobierno de Martín Rodríguez y bajo el impulso de Bernardino Rivadavia, en un momento en que las Provincias Unidas del Río de la Plata buscaban organizar sus instituciones después de la independencia.

    Desde sus primeros años, la universidad estuvo vinculada a la formación de profesionales necesarios para el desarrollo del país. Medicina, Derecho, Ciencias Exactas y Filosofía fueron algunas de las áreas que marcaron su crecimiento inicial.

    Pero la UBA no permaneció aislada de los grandes debates nacionales. A lo largo de su historia fue escenario de discusiones políticas, científicas y sociales que reflejaron las tensiones de cada época.

    Su comunidad universitaria participó activamente en procesos históricos fundamentales, desde las luchas por la reforma universitaria hasta los debates sobre democracia, derechos humanos y desarrollo científico.

    La Reforma Universitaria y la democratización del conocimiento

    Uno de los momentos más importantes de la historia universitaria argentina ocurrió en 1918 con la Reforma Universitaria de Córdoba, un movimiento que transformó para siempre la educación superior en América Latina.

    La reforma impulsó principios como el cogobierno universitario, la autonomía, la participación estudiantil y una concepción de la universidad vinculada con la sociedad.

    Esos cambios modificaron la relación entre las instituciones educativas y el conjunto de la comunidad. La universidad dejó de ser pensada solamente como un espacio reservado para las élites y comenzó a consolidarse como un ámbito de producción de conocimiento abierto a nuevas generaciones.

    Décadas más tarde, la gratuidad universitaria implementada en 1949 durante el gobierno de Juan Domingo Perón profundizó ese proceso al eliminar las barreras económicas que impedían a muchos sectores populares acceder a estudios superiores.

    Esa medida cambió la composición social de las universidades argentinas y permitió que miles de jóvenes fueran los primeros profesionales de sus familias.

    Ciencia argentina nacida en las aulas públicas

    La UBA también fue protagonista de algunos de los mayores logros científicos del país. De sus laboratorios y centros de investigación surgieron trabajos que alcanzaron reconocimiento internacional.

    Entre sus graduados se encuentran cinco premios Nobel argentinos: Bernardo Houssay y Luis Federico Leloir en Medicina, César Milstein en Fisiología o Medicina, además de Carlos Saavedra Lamas y Adolfo Pérez Esquivel vinculados al Nobel de la Paz.

    Estos reconocimientos no fueron hechos aislados. Fueron consecuencia de una tradición científica construida durante décadas mediante universidades, institutos de investigación y organismos públicos.

    La producción científica argentina demuestra que una universidad pública no solamente entrega títulos profesionales: también genera conocimiento capaz de competir a nivel mundial.

    Una institución atravesada por la historia política argentina

    Como pocas instituciones, la UBA refleja los cambios políticos del país. Durante las dictaduras militares sufrió intervenciones, persecuciones y expulsión de docentes e investigadores.

    Uno de los períodos más oscuros fue la llamada “Noche de los Bastones Largos” en 1966, cuando la policía ingresó violentamente a la Facultad de Ciencias Exactas y expulsó a docentes y estudiantes que protestaban contra la intervención universitaria.

    Aquel episodio provocó una pérdida enorme para la ciencia argentina, ya que muchos investigadores debieron emigrar al exterior.

    La recuperación democrática en 1983 permitió reconstruir la autonomía universitaria y recuperar parte del proyecto científico y educativo que había sido interrumpido.

    El debate actual: universidad pública y futuro nacional

    En los últimos años, las universidades públicas volvieron a estar en el centro de una discusión política sobre financiamiento, investigación y el papel del Estado.

    Quienes defienden el sistema universitario sostienen que la educación superior pública es una de las principales herramientas de movilidad social y desarrollo tecnológico del país. Señalan que detrás de cada médico, científico, ingeniero o docente formado existe una inversión colectiva que beneficia a toda la sociedad.

    La discusión excede el presupuesto universitario: plantea qué tipo de país se busca construir. Uno donde el acceso al conocimiento sea un derecho amplio o uno donde la formación superior quede cada vez más condicionada por la capacidad económica individual.

    La historia de la UBA muestra que la educación pública argentina no fue solamente un sistema de enseñanza: fue una herramienta para transformar vidas, producir ciencia y construir una sociedad con mayores posibilidades de integración.

    A dos siglos de su creación, la pregunta sigue vigente: qué lugar ocupará el conocimiento en el futuro argentino y si el país elegirá preservar una de sus mayores riquezas, una universidad pública capaz de formar generaciones enteras.

     

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