El Intendente Marcelo Orazi se reunió en Buenos Aires con el Gerente General del Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (ENOHSA) Alejandro Hoc con quien analizó el avance de los proyectos presentados por el Municipio ante el organismo nacional. En la oportunidad el Intendente estuvo acompañado del Senador Nacional Alberto Weretilneck y el secretario de Coordinación Ariel Oliveros.
Entre las iniciativas elevadas al ENHOSA se encuentran la obra de nexo cloacal del sector suroeste y las cloacas del barrio Villa Alberdi. “Lo que planteamos fue la necesidad de poder cuanto antes enterrar los caños a 5 o 6 metros de profundidad y hacerlo previo a que la napa suba para no perder un año”, manifestó Orazi respecto al primer proyecto.
Agregó: “El otro proyecto importante que abordamos fueron las cloacas parar Villa Alberdi. Respecto a este punto, nos dijeron que es viable y esperamos tener novedades para el año próximo”.
“Le agradezco al senador Weretilneck la gestión para que podamos tener esta audiencia”, indicó el Intendente.
Por otro lado, Orazi hizo referencia al anuncio realizado junto a la Primera Dama Fabiola Yañez de la construcción de un vacunatorio pediátrico, una obra de 350 metros cubiertos y 123 metros descubiertos para la cual se cedió un terreno ubicado en calles Continentes y San Lorenzo. En ese mismo terreno se construirá el Centro de Desarrollo Infantil (CDI) anunciado tiempo atrás.
“Este viaje a Buenos Aires nos permitió por un lado ver el avance de algunos proyectos e iniciara otros, que son imposibles de hacer con fondos municipales o provinciales. No acostumbro a decir que fuimos a gestionar, pero estoy convencido que de acá a fin de años se verán los frutos”, finalizó.
La historia suele recordar un único Cruce de los Andes, pero… ¿fue uno solo en realidad?
Por Alcides Blanco para NLI
Cuando se menciona a José de San Martín y la Cordillera de los Andes, casi todos imaginamos la misma escena: el general al frente del Ejército de los Andes, las columnas de soldados avanzando entre montañas, las mulas cargadas con armas y provisiones, el frío extremo, los pasos a miles de metros de altura y, finalmente, el descenso hacia Chile que desembocaría en la batalla de Chacabuco. Esa imagen corresponde a uno de los acontecimientos militares más extraordinarios de la historia americana, pero contiene una pequeña trampa: San Martín no cruzó los Andes una sola vez.
Tampoco lo hizo solamente dos o tres veces. La cifra que aparece en distintas investigaciones y reconstrucciones históricas es mucho más sorprendente: San Martín cruzó la Cordillera de los Andes ocho veces. El propio Ministerio de Defensa argentino ha señalado esa cantidad al recordar que el Libertador atravesó la cordillera en distintas oportunidades, incluso durante sus últimos años de actividad americana.
La pregunta, entonces, deja de ser una simple curiosidad. Porque si fueron ocho los cruces, inmediatamente aparece otra: ¿por qué un hombre que había realizado una de las operaciones militares más difíciles del continente necesitó volver una y otra vez sobre esas mismas montañas?
La respuesta obliga a abandonar la fotografía congelada del 17 de enero de 1817 y mirar el proceso completo de la campaña sanmartiniana. El famoso Cruce de los Andes no fue un acontecimiento aislado, sino una parte de un proyecto político y militar que comenzó en Mendoza, continuó en Chile, avanzó hacia Perú y obligó a San Martín a moverse repetidamente entre ambos lados de la cordillera.
El cruce que todos conocemos fue apenas el comienzo
El primer gran cruce ocurrió en enero de 1817, cuando el Ejército de los Andes comenzó a atravesar la cordillera para liberar Chile. Pero incluso este episodio que solemos imaginar como una única marcha fue, en realidad, una operación extraordinariamente compleja: las tropas no atravesaron los Andes por un solo lugar ni en una sola columna. Seis columnas avanzaron por distintos pasos, con las dos principales desplazándose por Los Patos y Uspallata y otras cuatro efectuando movimientos destinados a dividir la atención de las fuerzas realistas.
La dimensión de aquella operación resulta difícil de imaginar desde el presente. Más de 5.000 hombres, miles de mulas y caballos, artillería, alimentos, municiones, médicos y elementos de campaña debieron ser trasladados por una cordillera que no ofrecía las comodidades de una ruta moderna. El objetivo no consistía solamente en llegar al otro lado: había que hacerlo manteniendo la capacidad de combate de un ejército entero y, al mismo tiempo, procurando que el enemigo no pudiera determinar con precisión dónde se produciría el ataque principal.
San Martín llegó a las altas cumbres el 5 de febrero de 1817, según la cronología del Instituto Nacional Sanmartiniano, y pocos días después el Ejército de los Andes terminó de reunirse en territorio chileno. El 12 de febrero llegó la victoria de Chacabuco y la entrada en Santiago.
Hasta ahí, la historia que conocemos.
Lo que suele desaparecer de los relatos escolares es lo que ocurrió inmediatamente después.
Porque San Martín no se quedó tranquilamente en Chile esperando que los acontecimientos siguieran su curso. La guerra continuaba, los recursos debían conseguirse y el proyecto de avanzar hacia Perú necesitaba apoyo político y económico.
Y para eso volvió a cruzar la cordillera.
De Chile a Mendoza y otra vez hacia Chile
Poco después de Chacabuco, San Martín emprendió el regreso hacia Mendoza. La cronología oficial registra que el 11 de marzo de 1817 inició su viaje hacia Buenos Aires por el camino de Chacabuco y que el 18 de marzo partió de Mendoza rumbo a la capital. Su objetivo era obtener recursos y apoyo para continuar la campaña.
Pero la situación en Chile volvió a requerir su presencia y San Martín regresó. El 18 de abril de 1817 emprendió nuevamente el camino hacia Chile y llegó a Santiago el 11 de mayo. En otras palabras, el hombre que acababa de realizar el célebre cruce no había terminado su relación con la cordillera: la atravesó nuevamente en sentido contrario y volvió a hacerlo poco después en dirección oeste.
Esto modifica bastante la imagen tradicional.
El Cruce de los Andes no fue una especie de viaje heroico que San Martín realizó una vez para entrar en la historia. Fue, en cambio, una ruta que debió recorrer repetidamente porque su proyecto político y militar todavía estaba en construcción.
La cordillera no era solamente el obstáculo que había que vencer. Se convirtió en el espacio geográfico que San Martín debía atravesar cada vez que las necesidades de la campaña lo obligaban a desplazarse entre Mendoza y Chile.
Y todavía faltaban varios cruces.
La cordillera como camino de una guerra continental
Después de la victoria de Maipú, en abril de 1818, San Martín concentró sus esfuerzos en la expedición al Perú. Allí aparece otro aspecto fundamental: su proyecto nunca terminó en Chile. La independencia de ese territorio era una etapa necesaria para poder atacar el principal centro del poder español en Sudamérica.
La expedición libertadora finalmente partió desde Valparaíso en agosto de 1820 y desembarcó en la costa peruana. San Martín ya no necesitaba cruzar los Andes para continuar hacia Perú porque la campaña se desarrollaría por vía marítima. Sin embargo, la cordillera seguía formando parte de su itinerario político y militar, porque Chile y Mendoza continuaban siendo puntos esenciales de su red de apoyos, recursos y comunicaciones.
Por eso la cifra de ocho no debe interpretarse como si San Martín hubiera realizado ocho veces la misma travesía militar de 1817, con miles de soldados detrás suyo. No fueron ocho Cruces de los Andes iguales al gran cruce del Ejército de los Andes. Algunos fueron desplazamientos personales, otros estuvieron relacionados con las necesidades de la campaña y otros se produjeron en circunstancias políticas completamente diferentes.
Esta distinción es importante porque evita convertir una cifra sorprendente en una exageración.
La magnitud del primer cruce fue extraordinaria por sí misma. Lo verdaderamente sorprendente de las ocho veces es otra cosa: San Martín convirtió la cordillera en una ruta recurrente de su proyecto libertador durante varios años.
El cruce más inesperado ocurrió cuando ya se retiraba
Quizás el más llamativo de todos los cruces sea el que realizó en 1823.
Después de la entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar y de su renuncia al Protectorado del Perú, San Martín regresó a Chile. Ya no era el general que en 1817 había llegado al otro lado de los Andes al frente de un ejército victorioso. Su ciclo político en Perú había terminado y el protagonismo de la fase final de la guerra quedaría en manos de Bolívar y sus fuerzas.
El 26 de enero de 1823, San Martín abandonó Santiago para cruzar nuevamente la cordillera. El 4 de febrero llegó a Mendoza. La cronología del Instituto Nacional Sanmartiniano registra incluso el encuentro que mantuvo en esos días con Manuel de Olazábal y su permanencia posterior en Los Barriales.
Ese viaje tiene una carga simbólica extraordinaria.
En 1817 había atravesado las montañas para iniciar una de las campañas militares más audaces de la historia americana.
En 1823 las atravesaba para regresar después de haber abandonado el escenario peruano.
Entre ambos momentos habían pasado seis años, durante los cuales había contribuido decisivamente a la independencia de Chile y Perú. Había comandado ejércitos, organizado una expedición naval, entrado en Lima, proclamado la independencia peruana y enfrentado uno de los dilemas políticos más complejos de la emancipación sudamericana.
La cordillera que en 1817 había representado el comienzo de su gran proyecto continental era ahora parte del camino de regreso.
Pero todavía quedaba una última sorpresa.
¿Y cuál fue el octavo?
La respuesta suele generar confusión porque la cifra de ocho no corresponde a ocho campañas militares de la magnitud de 1817. Las reconstrucciones históricas contabilizan los distintos desplazamientos de San Martín a través de la cordillera durante los años de su actividad americana, incluyendo sus idas y vueltas entre Chile y Mendoza. Una reconstrucción publicada por La Nueva Provincia sostiene que fueron ocho cruces entre 1817 y 1824, mientras otras fuentes históricas ubican la secuencia de viajes en ese mismo marco temporal.
El último tuvo una particularidad que parece casi escrita para cerrar una película.
En 1824, después de la muerte de Remedios de Escalada y decidido a abandonar definitivamente el escenario rioplatense, San Martín emprendió su viaje hacia Europa. Antes de hacerlo, volvió a atravesar los Andes. Según testimonios recogidos por historiadores sanmartinianos, aquel octavo cruce ya no tuvo el carácter de una campaña militar: San Martín viajaba como un hombre que había decidido apartarse de la vida pública, acompañado por un pequeño grupo y sin el despliegue de sus años de gloria.
La imagen es poderosa precisamente por su contraste.
El hombre que en 1817 había encabezado un ejército de miles de hombres, con artillería, caballería, infantería y una compleja estructura logística, regresaba años después a través de las mismas montañas en circunstancias completamente diferentes.
Ya no llevaba un ejército detrás.
Llevaba consigo una etapa de su vida que estaba llegando a su fin.
Y esa diferencia permite entender por qué la pregunta sobre cuántas veces cruzó los Andes tiene un valor histórico que va mucho más allá del número.
Ocho cruces y dos San Martín diferentes
El primer San Martín que atraviesa los Andes es el comandante que ha construido cuidadosamente un ejército en Mendoza y que está dispuesto a desafiar la geografía para modificar el curso de una guerra. Es el hombre del plan continental, de la sorpresa estratégica, de Chacabuco y, posteriormente, de Maipú.
El último San Martín que atraviesa la cordillera es otro.
No porque haya cambiado sus ideales, sino porque había cambiado su lugar en la historia.
Entre ambos viajes está toda su trayectoria americana: la independencia de Chile, la campaña del Perú, la proclamación de su independencia, el Protectorado, Guayaquil, su renuncia, el regreso a Mendoza y la decisión de abandonar el continente.
Por eso la respuesta que parece una simple curiosidad —ocho veces— termina contando una historia mucho más grande.
La primera vez, San Martín cruzó los Andes para abrir una nueva etapa de la independencia.
La última, para cerrar la suya.
Y entre una y otra se encuentra el recorrido de un hombre que convirtió una cordillera considerada casi infranqueable en una vía de comunicación fundamental para un proyecto político que no pensaba la independencia de Argentina, Chile y Perú como acontecimientos aislados, sino como partes de una misma lucha continental.
Quizás por eso resulte tan extraño que la memoria colectiva haya conservado solamente “el Cruce de los Andes”, como si hubiera sido un acontecimiento único, encerrado entre enero y febrero de 1817.
En realidad, San Martín volvió una y otra vez a esas montañas.
Las cruzó cuando era gobernador de Cuyo, cuando comandaba un ejército, cuando necesitaba recursos, cuando regresaba de Chile, cuando avanzaba su proyecto continental y cuando finalmente comenzaba a retirarse de la política.
Ocho veces.
Y la última no tuvo detrás un ejército ni una batalla.
Tuvo algo mucho más silencioso: un hombre que después de haber atravesado los Andes para liberar un continente, volvió a cruzarlos para despedirse de la tierra donde había construido su mayor obra.
Esa es la parte de la historia que suele quedar escondida detrás de la imagen del caballo, las montañas y las banderas.
Pasaron las elecciones, baja la excitación partidaria, las radios vuelven a sus programaciones habituales y facebook deja de bombardear a los usuarios locales desde los perfiles oficiales, párrafo aparte para la campaña sucia y desinformativa a la que estuvimos expuestos (los ciudadanos) desde perfiles pseudo comunicacionales que juegan a manipular desde una postura negativa y trillada…
La Cancillería mantiene un llamativo silencio respecto de la presión del embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, a las empresas argentinas que trabajn con la compañía de telecomunicaciones china Huawei. El diplomático norteamericano fue citado por el Congreso pero nadie del Ministerio de Relaciones Exteriores consideró que tenían que intervenir.
LPO pudo saber que los funcionarios de la Cancillería tienen prohibido hablar con medios independientes y los diplomáticos afirman que Pablo Quirno no dice nada por una orden directa de Karina, que no quiere desautorizar al embajador que amenazó con retirarle la visa a los directivos de una cooperativa de telefónica Neuquén, que trabaja con Huawei.
Del lado empresarial lo que reina es la sorpresa y la indignación ante la crudeza de un embajador extranjero que impone condiciones por las que debería velar el Estado argentino. Hasta el propio gobernador de Chubut, Ignacio Torres, dijo nada menos que en Amcham, que él se reserva el derecho de trabajar con empresas chinas en su provincia.
En paralelo, el enojo con Quirno crece tanto dentro del Palacio San Martín como fuera. «Quirno, Caputo y Bausili son los más pro-chinos del gobierno. La estrategia de contención de inflación sólo se entiende con los productos importados», afirma con cierta ironía un diplomático con experiencia en el gigante asiático que remarca que «le renovaron el swap porque si se le va 20 mil millones queda expuesto el fracaso del modelo de Milei».
Por su parte, un empresario cercano a importantes firmas chinas afirmó a LPO que «no recuerdo si alguna vez una embajada se expuso con la literalidad que hace Lamelas». «Tenes que ser muy desapegado de la diplomacia para soportar todo esto», agregó con fuertes críticas al canciller.
Quirno, Caputo y Bausili son los más pro-chinos del gobierno. La estrategia de contención de inflación sólo se entiende con los productos importados», afirma con cierta ironía un diplomático con experiencia en el gigante asiático que remarca que «le renovaron el swap porque si se le va 20 mil millones queda expuesto el fracaso del modelo de Milei
Otro diplomático consultado por LPO aseguró que «esta ofensiva debe entenderse dentro de la recuperación de la Doctrina Monroe y del Corolario Trump».
Peter Lamelas.
«Pero la contracción es inmensa: mientras Milei parece importar la rivalidad entre Washington y Beijing como si fuera nuestra, Estados Unidos y China compiten pero también administran su enorme interdependencia: después de la cumbre Trump-Xi acordaron una relación de Estabilidad Estratégica Constructiva y mecanismos institucionales para comercio e inversiones», remarcó.
No recuerdo si alguna vez una embajada se expuso con la literalidad que hace Lamelas. Tenes que ser muy desapegado de la diplomacia para soportar todo esto
«El alineamiento automático nos conduce así hacia una doble dependencia. Nos subordinamos financiera y geopolíticamente a Estados Unidos mientras nuestra estructura económica continúa necesitando comercialmente a China. El swap es la demostración perfecta: Milei prometió dolarizar, cuestionó ideológicamente a Beijing y terminó necesitando renovar con el Banco Popular de China un instrumento denominado en renminbi. China no cambió su estrategia; quien tuvo que cambiar fue Milei», completó.
Por último, lo que sostiene con mucha potencia es que el antecedente que esta dejando el Gobierno en términos de soberanía en términos de desarrollo es peligroso y debilita la capacidad de intervención del Estado nacional en favor de los intereses económicos y comerciales de los argentinos.
«Lo de Lamelas es perfecto para los intereses de Estados Unidos. Nunca mintió, dijo en el Senado de Estados Unidos que iba a recorrer las provincias argentinas para frenar el avance chino en el país. Lo hizo y redobla la apuesta. El problema es la cobardía de los que tienen que ponerlo en su lugar», concluyó la fuente consultada.
Javier Milei se entusiasmó con el guiño que insinuó Donald Trump a la causa argentina por Malvinas y anunció una misteriosa cadena nacional para el jueves para hablar de las islas.
El presidente de Estados Unidos sugirió este lunes que podría «revisar» el apoyo a Gran Bretaña en la disputa con la Argentina por las Malvinas. Milei llevó el tema a la reunión de gabinete de este martes en la que aseguró que había avances «fuertes» sobre el pedido de soberanía.
Repitió en la reunión lo que dijo temprano este martes a El Observador, su radio favorita: «Ayer ha pasado algo muy fuerte respecto a la causa más importante y sagrada de los argentinos», dijo.
Por eso el gobierno anunció la cadena en la que aclaró que el único temario sería el de la causa Malvinas. El vocero Adrián Ravier dijo que el discurso del jueves lo trabajan Quirno y la SIDE. Es toda una novedad que el propio gobierno admita que la secretaría de Inteligencia participa abiertamente en la confección de los discursos presidenciales.
«Inglaterra es el pasado. Argentina es el futuro», tuiteó Santiago Caputo, que maneja la SIDE, para festejar el guiño de Trump.
Caputo es el principal impulsor de la «batalla cultural» de los libertarios, es decir, de mover la maquinaria para copar la agenda con temas que saquen a Milei y los problemas del gobierno de la mira de los medios.
Andy Burnham, el primer ministro británico.
El tema Malvinas había dejado mal parado al gobierno durante el Mundial, cuando los jugadores de la Scaloneta se burlaron de un «acuerdo» que anunció Alejandra Monteoliva para prohibir manifestaciones sobre las islas durante la semifinal contra Inglaterra y exhibieron una bandera con el lema «Las Malvinas son argentinas».
El canciller Pablo Quirno salió a bajarle el tono este mismo martes al entusiasmo exacerbado que buscaron instalar las milicias digitales del gobierno. «Nosotros sobre lo que no tenemos control no operamos; nosotros operamos sobre lo que nosotros controlamos», dijo en relación a un hipotético apoyo de Estados Unidos a la posición argentina.
«Lo que haga Trump por Inglaterra será Trump por Inglaterra», dijo el canciller. «Si nosotros somos beneficiarios directos o indirectos de las decisiones de ellos…acá no hay un triángulo mágico donde estamos hablando en estos términos», dijo.
Las declaraciones cautelosas de Quirno se complementaron con las del gobierno británico. Un portavoz del primer ministro Andy Burnham salió a minimizar las palabras de Trump y dijo que «los habitantes de las Islas Malvinas son británicos y tienen derecho a determinar su propio futuro». «Expresaron su deseo de seguir siendo un territorio británico de ultramar y nuestro compromiso con ellos es inquebrantable», dijo el portavoz.
[embedded content] Efemérides del 22 de junio 1986 – EL PARTIDO DEL 10. Con «La mano de Dios» y el «gol del siglo» de Diego Maradona, la selección argentina elimina a Inglaterra del mundial de fútbol de México ‘86 al ganar por 2-1 en partido disputado en el estadio Azteca de la capital mexicana por…
Estas son las frases salientes del intendente de Villa Regina Dr. Marcelo Orazi expresadas en la reciente conferencia de prensa brindada por el Comité de Crisis en el Municipio reginense. «Ratificamos algunas medidas de protección, como la obligatoriedad del barbijo en la vía pública y dentro de los comercios» «La intención del municipio es que…
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