Desde ayer lunes, niños y niñas de diferentes barrios de Villa Regina disfrutan de las propuestas que se enmarcan en la colonia de vacaciones que se desarrolla en el balneario municipal de la Isla 58.
La actividad es organizada por la Dirección de Deportes de la Municipalidad. Hasta el próximo viernes, participan de la colonia chicos y chicas de los barrios Don Bosco, Borgatti, El Trabajo, Civora, Matadero, Este, Provincial, Namuncura, Belgrano y 201 Viviendas.
Mientras tanto, entre el 18 al 22 de enero participarán quienes residan en Nuevo, Melipal, Cipolletti, El Sauce, La Graava, Pretto, Businelli, Los Fresnos, Santa Rita, Frutillar, Tinti Méndez y Moschini.
Las inscripciones se reciben en la Junta Vecinal de cada barrio de residencia y en el polideportivo Cumelen (Colón 107) en el horario de 8 a 13.
A partir de las 19,30 horas de hoy se desarrollará el acto en el que se entregarán los certificados a quienes en diciembre pasado realizaron el curso de embalado de fruta organizado por la Oficina de Empleo de la Municipalidad de Villa Regina. En total fueron 123 las personas que se capacitaron aunque, en el…
Desde la Dirección de Obras Públicas de la Municipalidad, en la semana del 7 al 11 de febrero, se llevaron a cabo los siguientes trabajos: Se repararon 200 luminarias en distintos puntos de la ciudad y se realizaron cambio de las mismas, de sodio a tecnología LED en Calle 25 de Mayo. Dentro de las…
La propia justicia estadounidense reconoció en las últimas horas que el llamado “Cártel de los Soles” nunca fue una organización real. La admisión dinamita uno de los pilares con los que Washington justificó la captura de Nicolás Maduro y deja en evidencia el seguidismo acrítico del Gobierno argentino, que llegó a declarar “terrorista” a un ente que hoy EE.UU. reconoce como inexistente.
Por Roque Pérez para NLI
Durante años, Estados Unidos construyó una narrativa judicial y mediática alrededor del supuesto Cártel de los Soles, presentado como una estructura narcoterrorista organizada, jerárquica y liderada por Nicolás Maduro. Esa figura fue utilizada para imponer sanciones, escalar la confrontación con Venezuela y, finalmente, respaldar la detención del mandatario venezolano.
Sin embargo, esa construcción empezó a derrumbarse desde adentro. En una acusación judicial revisada y difundida tras la captura de Maduro, el Departamento de Justicia de EE.UU. eliminó la afirmación de que el Cártel de los Soles sea una organización real, reconociendo de manera tácita lo que especialistas vienen señalando desde hace décadas.
Un invento periodístico reciclado como causa judicial
Según expertos en crimen organizado y narcotráfico en América Latina, el “Cártel de los Soles” nunca describió una organización concreta, sino que fue un término coloquial surgido en Venezuela en los años 90, utilizado por medios locales para aludir de manera genérica a funcionarios militares o civiles sospechados de corrupción vinculada al narcotráfico.
La nueva acusación estadounidense abandona la idea de un cartel estructurado y pasa a definirlo como un “sistema de clientelismo” y una “cultura de corrupción”, sostenida por el dinero de las drogas. Ya no hay jefes, ni organigrama, ni comando criminal: solo una descripción política y difusa, muy lejos de la figura de organización terrorista que se vendió durante años.
El contraste es brutal: donde antes el expediente mencionaba decenas de veces al Cártel de los Soles como entidad real, ahora apenas aparece como una referencia secundaria, sin entidad jurídica ni criminal autónoma.
El silencio incómodo tras la detención de Maduro
La rectificación llega después de la detención de Maduro, lo que expone la fragilidad del andamiaje legal con el que se justificó la operación. Aunque los fiscales estadounidenses mantienen acusaciones por narcotráfico y conspiración, el eje central que presentaba a Maduro como líder de una organización terrorista directamente se desmoronó.
En otras palabras: primero capturaron al presidente venezolano y después admitieron que la organización terrorista que decían combatir no existía.
Bullrich y el seguidismo automático
En este contexto, el papel del Gobierno argentino roza el bochorno. En 2025, la Argentina incluyó al “Cártel de los Soles” en su registro oficial de organizaciones terroristas, siguiendo casi de manera calcada la línea discursiva de la administración Trump.
La decisión fue impulsada por Patricia Bullrich, que se subió sin matices a la narrativa estadounidense y declaró terrorista a un “cartel” que hoy EE.UU. admite que nunca fue tal. No hubo investigación propia, ni evaluación independiente, ni fundamentos jurídicos sólidos: solo copia y obediencia.
Con la admisión del Departamento de Justicia estadounidense, la designación argentina queda completamente vaciada de sustento, dejando expuesta una política exterior subordinada, más preocupada por agradar a Washington que por sostener criterios legales serios.
Un precedente peligroso
El episodio abre interrogantes graves. ¿Cuántas decisiones en materia de seguridad, terrorismo y política internacional se toman en la Argentina replicando construcciones ajenas sin verificación propia? ¿Qué valor tienen las listas de “organizaciones terroristas” si se basan en conceptos que ni siquiera el país que los impulsó sostiene?
Mientras algunos funcionarios estadounidenses, como Marco Rubio, siguen repitiendo el libreto viejo, los propios documentos judiciales desmienten esa narrativa. La contradicción es evidente y deja al descubierto el uso político del derecho penal internacional.
Cuando la realidad alcanza al relato
La admisión de que el “Cártel de los Soles” no existe como organización real no limpia las acusaciones que EE.UU. mantiene contra dirigentes venezolanos, pero sí desnuda una construcción discursiva inflada, funcional a la geopolítica y carente de rigor.
Para la Argentina, el saldo es claro: otro papelón internacional, otra muestra de alineamiento automático y otra decisión que hoy queda en ridículo por haber seguido, sin chistar, una ficción que ya ni sus propios autores sostienen.
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El Gobierno acumula incumplimientos y enfrenta una negociación difícil con el FMI, justo cuando necesita como el agua que le libere el desembolso pendiente de USD 1.000 millones, porque el organismo accedió a patear la revisión prevista para el año pasado.
Por eso, Milei y Caputo tuvieron que aceptar el nuevo esquema económico de acumulación de reservas y ajuste de las bandas por inflación, que les impuso el organismo. El Banco Central logró comprar más de USD 230 millones desde que empezó el año. Pero para evitar que el dólar se dispare , el Tesoro tuvo que vender más dólares de los que el Central compró, además de colocar bonos dólar linked y operar fuerte en el mercado de futuros. Una contradicción evidente que seguramente será parte de las discusiones con el Fondo.
La revisión del Fondo estaba prevista para diciembre. Después pasó a enero. Luego a febrero. Ahora, ya se habla de marzo. Sin confirmación formal, la expectativa es que haya alguna pista en la conferencia quincenal del FMI del próximo jueves.
El calendario no espera. En febrero hay que pagar USD 860 millones. Un monto similar al de diciembre. Aquella vez no hubo revisión y, por lo tanto, tampoco desembolso. La diferencia es que esa vez apareció un salvataje inesperado: Scott Bessent prestó Derechos Especiales de Giro que se pagaron el viernes pasado. El problema es que nadie explica de dónde salieron los recursos para saldar esa deuda, quién prestó, a qué plazo ni a qué tasa. Esta gestión del Banco Central pasará a la historia por su insoslayable oscurantismo.
Pero el trasfondo es áspero. Argentina está lejos de cumplir las metas del acuerdo. El caso más evidente es el de las reservas. Las reservas internacionales netas, las RIN en la jerga del Fondo, muestran un rojo superior a USD 16.000 millones. Para cumplir la meta, el país debería estar apenas USD 1.000 millones en negativo. Hoy está a unos USD 15.000 millones de distancia.
Argentina está lejos de cumplir las metas del acuerdo. El caso más evidente es el de las reservas que muestran un rojo superior a USD 16.000 millones. Para cumplir la meta, el país debería estar apenas USD 1.000 millones en negativo. Hoy está a unos USD 15.000 millones de distancia.
Con ese número sobre la mesa, el mercado ya descuenta lo de siempre: un nuevo waiver. La dispensa recurrente que acompaña casi todos los acuerdos de Argentina con el FMI. Una suerte de comodín histórico que permite seguir, aun cuando las cuentas no cierran.
Sin embargo el punto más sensible, paradójicamente, es el fiscal. Es el único activo sólido que el Gobierno pudo exhibir hasta ahora. Lo consiguió con un ajuste exponencial durante su primer año de gestión. La meta con el FMI para 2024 era un superávit primario de 1,6% del PBI. El resultado fue mejor: 1,8% de superávit primario y 0,3% de superávit financiero.
En 2025, el escenario fue más exigente. Con la misma meta, la recaudación cayó casi un punto del PBI respecto de 2024. El segundo año de la gestión libertaria habría cerrado con un superávit primario en la zona del 1%.
Según estimaciones provisorias de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP), el resultado primario de la administración pública nacional fue de 1,07% del PBI, mientras que el resultado financiero sería deficitario en 0,08%. Los números no incluyen las utilidades del Banco Central y están alineados con las proyecciones de la Secretaría de Hacienda.
El dato oficial se conocerá el próximo viernes, pero diciembre ya anticipa tensiones. Ese mes el gasto creció 4% interanual en términos reales, según la consultora Analytica. Pesaron fuerte los subsidios económicos, que subieron 45%, empujados por los energéticos, que volaron 253,9% anual. También crecieron las transferencias a las provincias, 22,7%, y el gasto en jubilaciones y pensiones, 6,6%. Del otro lado, la obra pública cayó 45,8% y las transferencias de capital se desplomaron 50,7%.
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