ninos-y-ninas-reginenses-ya-disfrutan-de-la-colonia-de-vacaciones

Niños y niñas reginenses ya disfrutan de la colonia de vacaciones

Desde ayer lunes, niños y niñas de diferentes barrios de Villa Regina disfrutan de las propuestas que se enmarcan en la colonia de vacaciones que se desarrolla en el balneario municipal de la Isla 58.

La actividad es organizada por la Dirección de Deportes de la Municipalidad. Hasta el próximo viernes, participan de la colonia chicos y chicas de los barrios Don Bosco, Borgatti, El Trabajo, Civora, Matadero, Este, Provincial, Namuncura, Belgrano y 201 Viviendas.

Mientras tanto, entre el 18 al 22 de enero participarán quienes residan en Nuevo, Melipal, Cipolletti, El Sauce, La Graava, Pretto, Businelli, Los Fresnos, Santa Rita, Frutillar, Tinti Méndez y Moschini.

Las inscripciones se reciben en la Junta Vecinal de cada barrio de residencia y en el polideportivo Cumelen (Colón 107) en el horario de 8 a 13.

Difunde esta nota

Te puede interesar

  • “Escuela Abierta” en Plaza de los Próceres

    Con gran éxito la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina llevó adelante “Escuela Abierta” el espacio dedicado a difundir los talleres que la Escuela de Arte llevará adelante durante el corriente año. En esta oportunidad los vecinos pudieron disfrutar de canto, piano, ukelele, guitarra, árabe y escultura para niños. Los interesados pueden…

    Difunde esta nota
  • |

    Milei volvió a atacar a Lula

     

    Milei volvió a atacar a Lula y profundiza la crisis con Brasil. La política exterior argentina, cada vez más subordinada a la batalla ideológica de la ultraderecha.

    Por Roque Pérez para NLI

    El Presidente volvió a atacar a Lula y esta vez decidió amplificar las acusaciones de un congresista estadounidense aliado de Donald Trump. Mientras Brasil reclama terminar con las agresiones y ya rebajó el nivel de su representación diplomática en Buenos Aires, la política exterior argentina parece cada vez más subordinada a las disputas ideológicas de la ultraderecha internacional.

    Milei volvió a elegir la confrontación como instrumento de política exterior. Lejos de intentar bajar la tensión con Brasil, el Presidente decidió replicar en sus redes sociales las críticas del congresista estadounidense Carlos Giménez, un dirigente republicano de origen cubano y cercano a Donald Trump, quien atacó públicamente al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y lo calificó de “delincuente”. Milei hizo propio el mensaje y volvió a colocar al principal socio regional de la Argentina en el centro de su batalla política.

    El episodio podría parecer, a primera vista, una nueva disputa discursiva en redes sociales. Pero ocurre después de una sucesión de ataques que ya produjo consecuencias concretas para la relación bilateral. Brasil retiró a su embajador de Buenos Aires y redujo su representación diplomática al nivel de encargado de negocios, una decisión extraordinaria entre dos países que, más allá de las diferencias ideológicas entre sus gobiernos, mantienen una relación económica, comercial, social y estratégica que excede largamente a sus presidentes de turno.

    La pregunta que debería hacerse la Argentina, entonces, no es qué tan fuerte fue el insulto de Milei contra Lula, sino qué beneficio obtiene el país de esta política exterior basada en agravios personales y alineamientos ideológicos. Porque mientras el Presidente parece encontrar en cada conflicto internacional una nueva oportunidad para reforzar su identidad política ante sus seguidores, los costos de esas decisiones recaen sobre el conjunto del país.

    Una diplomacia diseñada para la batalla ideológica

    Desde que llegó al poder, Milei modificó de manera sustancial la tradición diplomática argentina. La política exterior dejó de estar planteada fundamentalmente alrededor de los intereses permanentes del Estado para quedar cada vez más vinculada a una particular concepción ideológica del mundo.

    En ese esquema, Estados Unidos, Donald Trump, Israel y las derechas radicalizadas de distintos países aparecen como aliados naturales, mientras que los gobiernos que Milei identifica con la izquierda o el progresismo son tratados como adversarios políticos. Brasil, por su peso regional y por la presencia de Lula en la conducción del país, ocupa un lugar central en esa disputa.

    El problema es que una cosa es que el Presidente tenga diferencias políticas con Lula y otra muy distinta es transformar esas diferencias en una política de Estado. La Argentina no tiene por qué compartir las posiciones del gobierno brasileño para entender que Brasil es su principal socio regional, una de las mayores economías del mundo y un actor indispensable para cualquier estrategia de integración sudamericana.

    Sin embargo, Milei parece haber decidido que la relación con Brasil debe estar condicionada por la pelea entre la derecha y la izquierda. Incluso su respaldo político a dirigentes brasileños enfrentados con Lula forma parte de ese esquema. La diplomacia tradicional entiende que un Presidente representa a todos los argentinos incluso cuando habla con gobiernos que no le gustan. La lógica de Milei parece funcionar al revés: cada escenario internacional es convertido en una extensión de su propia interna política.

    Y allí aparece una de las principales contradicciones de su discurso. El Gobierno suele presentar su política exterior como una defensa de la libertad, del comercio y de los intereses argentinos. Pero una política exterior verdaderamente pragmática debería preguntarse primero qué necesita la Argentina y no quién comparte la misma ideología que el Presidente.

    El dato que Milei omite cuando habla de Lula

    En sus ataques, Milei suele presentar a Lula como un dirigente que fue condenado y posteriormente liberado. La formulación, sin embargo, omite un dato jurídico fundamental: las condenas contra Lula fueron anuladas por el Supremo Tribunal Federal de Brasil.

    En marzo de 2021, el ministro Edson Fachin determinó que la Justicia Federal de Curitiba no tenía competencia para juzgar los casos contra Lula porque los hechos investigados no tenían relación directa con los desvíos de Petrobras. El Plenario del Supremo Tribunal Federal confirmó posteriormente esa decisión por 8 votos contra 3.

    Pero hubo además otro elemento decisivo. El Supremo Tribunal Federal reconoció la parcialidad del entonces juez Sérgio Moro en el proceso del triplex de Guarujá y anuló las decisiones adoptadas por él en esa causa.

    Esto no significa que una discusión política deba convertirse en una defensa automática de Lula ni que las acusaciones de corrupción puedan ser borradas de la historia. Significa algo mucho más sencillo: un Presidente argentino no debería presentar como verdad absoluta una caracterización jurídica que omite las decisiones posteriores de la máxima instancia judicial brasileña.

    Y mucho menos utilizar esa caracterización para justificar una escalada diplomática con el gobierno de un país vecino.

    El asunto adquiere todavía mayor gravedad porque el ataque ya no se limita a las declaraciones personales de Milei. Ahora el Presidente reproduce las acusaciones de un congresista estadounidense y las incorpora a su propia comunicación política. Es decir, la diplomacia argentina aparece cada vez más atravesada por una lógica de alineamiento internacional donde los adversarios políticos de Trump se convierten automáticamente en adversarios de Milei.

    La pregunta inevitable es dónde queda la defensa del interés argentino.

    Brasil no es un enemigo de Milei: es un vecino de la Argentina

    La crisis actual debería ser observada desde una perspectiva mucho más amplia. Argentina y Brasil no son simplemente dos gobiernos que mantienen relaciones diplomáticas. Existe entre ambos países una estructura económica y social construida durante décadas, con millones de personas vinculadas por comercio, inversiones, turismo, industria, energía y cadenas productivas.

    El Mercosur, además, constituye uno de los principales instrumentos de inserción internacional de la Argentina. Romper puentes con Brasil por una disputa personal entre dos presidentes no es una muestra de firmeza: puede convertirse en una forma extremadamente costosa de aislamiento.

    Brasil ya dio una señal concreta. El retiro de su embajador y la reducción de la representación diplomática fueron justificadas por el Gobierno de Lula como una respuesta a los “reiterados insultos y agresiones” de Milei. La Cancillería brasileña reclamó que Argentina detenga las agresiones para poder recomponer el vínculo.

    La respuesta argentina debería ser sencilla: defender sus posiciones, negociar lo que corresponda y preservar los canales diplomáticos. Pero el Gobierno parece atrapado en una dinámica diferente, en la cual retroceder frente a un adversario ideológico es interpretado como una derrota política.

    Ese mecanismo puede funcionar en una campaña electoral o en las redes sociales. En relaciones internacionales, puede ser desastroso.

    Porque los Estados no tienen amigos permanentes ni enemigos permanentes: tienen intereses. Y una política exterior madura busca preservar esos intereses incluso cuando los gobiernos que están del otro lado de la mesa piensan completamente distinto.

    Milei parece haber elegido otro camino.

    El costo de convertir a la Argentina en una pieza de la interna de Trump

    Hay una dimensión todavía más profunda en esta crisis. El nuevo ataque a Lula, producido mediante la reproducción de las palabras de un congresista estadounidense cercano a Trump, muestra hasta qué punto la política exterior argentina puede estar funcionando como una extensión de la batalla política de la derecha norteamericana.

    La Argentina no debería necesitar que un congresista de Estados Unidos le indique quién es amigo y quién enemigo en América Latina. Mucho menos que la agenda internacional del país quede determinada por las disputas electorales o geopolíticas de Washington.

    El alineamiento automático tiene un problema elemental: Estados Unidos cambia de intereses según sus propias necesidades y sus propios gobiernos. La Argentina, en cambio, tiene que convivir con sus vecinos todos los días. Brasil seguirá estando al lado de nuestro país cuando cambie el gobierno de Milei, cuando termine el gobierno de Lula y cuando Donald Trump deje la Casa Blanca.

    Por eso una diplomacia inteligente debería construir puentes, diversificar vínculos y defender la soberanía nacional. No transformar a la Argentina en un actor secundario dentro de una pelea ideológica ajena.

    La política exterior de Milei corre, en cambio, el riesgo de convertir al país en algo mucho más pequeño: un país que grita fuerte pero negocia desde una posición cada vez más débil.

    Y la crisis con Brasil es la demostración más concreta.

    Mientras el Presidente obtiene repercusión en las redes sociales por cada nuevo insulto, la Argentina pierde capacidad de diálogo con uno de sus socios fundamentales. Mientras Milei fortalece su imagen ante el núcleo duro que celebra sus enfrentamientos, el país paga el costo de una diplomacia que confunde firmeza con agresión, soberanía con alineamiento y liderazgo con provocación.

    La política exterior no debería existir para alimentar el algoritmo presidencial. Debería existir para defender los intereses de la Argentina.

    Y si para sostener una pelea ideológica con Lula el Gobierno está dispuesto a deteriorar la relación con Brasil, entonces el problema ya no es solamente el estilo de Milei.

    El problema es que la Argentina puede estar empezando a pagar el precio de una política exterior diseñada para satisfacer al Presidente antes que para servir al país.

     

    Difunde esta nota
  • Cómo se llevó a cabo la campaña de forestación

    La Dirección de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Municipalidad de Villa Regina completó la entrega de estacas de sauce y podos de rosa a particulares, juntas vecinales e instituciones en el marco de la campaña de forestación llevada adelante durante septiembre. En este sentido se precisó que un total de 810 estacas de sauce…

    Difunde esta nota
  • Santilli le pidió la renuncia a Villarruel y abre un conflicto institucional

     

    Diego Santilli le pidió a Victoria Villarruel que renuncie a la vicepresidencia por haber puesto en duda el estado de salud de Javier Milei y convirtió la pelea política en un conflicto institucional.

    «Si no está de acuerdo que dé un paso al costado entonces», afirmó el jefe de Gabinete, el funcionario más importante en la estructura del Poder Ejecutivo. Su palabra tiene un peso muy importante en el funcionamiento institucional del gobierno, por lo que el pedido de renuncia a Villarruel adquiere una relevancia mucho más seria que el que habían formulado legisladores libertarios.

    «Me parece una barbaridad, un disparate, una falta de sentido común», afirmó Santilli en radio Mitre sobre el tuit de Villarruel. «Me parece una falta de respeto y unos agravios impropios de una persona que acompañó al Presidente en la fórmula», agregó.

    Justamente la seriedad del pedido de renuncia a Villarruel es que la vicepresidenta fue electa por el voto popular, no es una funcionaria elegida a dedo por el presidente. Así de grave es el conflicto institucional que implica que el funcionario más importante del gobierno le pida la renuncia.

    Villarruel dijo que Milei tiene «persecuciones imaginarias» y que le preocupa su estado

    «Estoy en total desacuerdo. No puedo entender por qué hace lo que hace. En vez de apoyar a un gobierno, en vez de ayudar a sacar el país adelante, siempre poniendo palos en la rueda, un disparate», continuó Santilli.

    «Si una persona no está de acuerdo que dé un paso al costado entonces. ¿Cuál es la razón de estar en un lugar en el cual vos creés que no tenés que estar?», preguntó el jefe de gabinete. «Que dé un paso al costado si cree que es así, que arme su proyecto y que compita», la desafió.

    Si no está de acuerdo que dé un paso al costado entonces. ¿Cuál es la razón de estar en un lugar en el cual vos creés que no tenés que estar?. Que dé un paso al costado si cree que es así, que arme su proyecto y que compita

    Villarruel dijo estar preocupada por el estado de salud de Milei y sostuvo que el presidente tiene «persecuciones imaginarias» que lo llevan a tuitear estupideces y delirios, en referencia a posteos de Lilia Lemoine que replicó.

    «Me preocupa profundamente que el presidente de la Nación replique insensateces e inventos. Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior», dijo Villarruel.

     

    Difunde esta nota
  • Orazi destacó los anuncios de la Gobernadora en la apertura de sesiones de la Legislatura

    El Intendente Marcelo Orazi participó vía zoom del acto de apertura de las sesiones ordinarias de la Legislatura de Río Negro, donde la Gobernadora Arabela Carreras ofreció su discurso detallando el plan de acciones a implementar durante este 2021 en las distintas áreas. Al respecto, el jefe comunal reginense destacó los anuncios de la mandataria,…

    Difunde esta nota

Deja una respuesta