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Municipio y APANDI coordinan acciones a desarrollar en forma conjunta

Con el objetivo de definir y coordinar acciones a desarrollar en forma conjunta, el Secretario de Coordinación Ariel Oliveros y la Secretaria de Desarrollo Social Luisa Ibarra visitaron esta mañana la sede de APANDI y se reunieron con su titular José Luis Fuertes. Acompañaron además el Director de Ambiente y Desarrollo Sustentable Hugo Curzel y la Directora de Turismo Katerina Iogna.

En la oportunidad, los funcionarios municipales recorrieron las instalaciones de la institución junto a Fuertes, quien les ofreció un detalle de las actividades que realizan diariamente y cómo ha se adaptado su funcionamiento a los protocolos en el marco de la pandemia por COVID-19.

Durante el encuentro Oliveros le transmitió a Fuertes la decisión y el compromiso del Intendente Marcelo Orazi de llevar adelante un trabajo coordinado junto a las instituciones, y, en este contexto, destacó la importancia que tiene APANDI en la vida comunitaria de la ciudad a través del trabajo que lleva adelante.

La tarea en conjunto se comenzará a concretar en la colaboración que prestará el Municipio para que la Asociación pueda iniciar su proyecto para contar con una huerta, para lo cual las áreas de Desarrollo Social y Ambiente prestarán el asesoramiento y aportes necesarios.

Por otro lado, el área que conduce Luisa Ibarra pondrá a disposición de APANDI de una asistente social que visitará la entidad cada 15 días y así evaluará demandas y necesidades.

Por su parte, la institución tendrá a su cargo la construcción de maceteros a través del taller de carpintería que serán utilizados en el marco de las actividades de ‘Vendimia Celebra 2021’.

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  • Ucrania: una paz que avanza a la fuerza

     

    En menos de 72 horas, la relación transatlántica cambió de naturaleza y todo parece indicar que los ucranianos han perdido la guerra. El 12 de febrero de 2025, el flamante secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dio inicio a las negociaciones de paz en Ucrania. Ya desde un comienzo cedió ante las dos principales exigencias de Moscú: la no adhesión de Kiev a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la ratificación de las “nuevas realidades territoriales”, es decir, la anexión de cuatro regiones ucranianas a Rusia, así como también de Crimea. Al día siguiente, tras una larga conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente Donald Trump anunció su intención de reunirse con su par ruso en Arabia Saudita –sin los ucranianos ni los europeos– y expresó su deseo de que pronto se organicen elecciones en Ucrania. Finalmente, el 14 de febrero, en un discurso pronunciado en una conferencia en Munich, el vicepresidente estadounidense, más que abordar la cuestión ucraniana, reprochó a los dirigentes europeos el hecho de que deshonraran las aspiraciones de sus propios pueblos restringiendo la libertad de expresión en las redes sociales o anulando las elecciones en Rumania por supuestas injerencias rusas (1).

    Semanas antes, Trump había lanzado una ofensiva comercial al aumentar los aranceles a las importaciones de Canadá, México y la Unión Europea, y también había expresado sus intenciones anexionistas sobre Groenlandia (2). Sin embargo, de ahora en adelante, ya no se trata tan sólo de manipular a sus “aliados” para que compren más armas o para equilibrar la balanza comercial. Al declarar que Estados Unidos no les concedería garantías de seguridad ni a Ucrania ni a las tropas europeas que pudieran desplegarse para hacer cumplir un eventual alto el fuego, Trump inevitablemente sembró dudas sobre la solidaridad estadounidense en caso de un ataque al territorio de un miembro de la OTAN. Sin su contrapartida de seguridad, el vínculo transatlántico se parecería más bien a una completa relación de dependencia.

    No obstante, desde 2022, Estados Unidos ha “invertido” un promedio de 35.300 millones de dólares por año en Ucrania (3). Mucho más que los 3.000 a 5.000 millones de dólares que Washington destinó cada año a Israel antes del ataque del 7 de octubre de 2023 y el equivalente a casi la mitad de los gastos militares anuales para Afganistán entre 2001 y 2019 –un esfuerzo para financiar una ocupación militar y operaciones directas–. El nivel de apoyo a Ucrania se sitúa, por lo tanto, en algún punto intermedio entre la ayuda brindada a un aliado histórico en Medio Oriente y el compromiso de una intervención directa en el campo de batalla en su propio nombre. Pero a Trump poco le importa todo eso: la guerra en Ucrania no es la de Estados Unidos, sino la de su antiguo rival Joseph Biden…

    Errores de cálculo

    Evidentemente, la magnitud de la ayuda occidental llevó a Kiev a cometer un error y la alentó a rechazar la negociación. En la primavera boreal de 2022, incluso antes de que Occidente le proporcionara su apoyo militar, la resistencia ucraniana podía enorgullecerse de haber frustrado la operación de cambio de régimen fomentada por el Kremlin y de haber minimizado las pérdidas territoriales. Después de cuatro semanas de combates, los beligerantes estaban cerca de llegar a un acuerdo. En Estambul, Kiev aceptó un estatus de neutralidad –es decir, renunció a adherirse a la Alianza Atlántica– y confirmó su intención de no dotarse de armas nucleares. A cambio, buscaba conseguir la retirada voluntaria de Moscú de los territorios que había ocupado desde el 24 de febrero. Sin embargo, Kiev necesitaba garantía de seguridad por parte de los líderes occidentales, quienes se la negaron. Boris Johnson se convirtió en el portavoz de la posición occidental durante una visita a la calle Bankova, sede de la Presidencia ucraniana. El Primer Ministro británico afirmó que nunca firmaría un acuerdo con Putin. Por eso, lo que ofrecían no eran garantías, sino armas (4).

    Europa deberá pagar la reconstrucción de Ucrania y, al mismo tiempo, afrontar los costos de su seguridad.

    Por un tiempo fue posible creer que dicha apuesta resultaría exitosa. Tras una primera contraofensiva, en noviembre de 2022, Kiev recuperó la ciudad de Jersón, ubicada en la orilla derecha del río Dnieper. Se desató la euforia. La palabra “negociaciones” se volvió tabú. No alinearse con los objetivos ucranianos –es decir, recuperar por la fuerza las fronteras de 1991– equivalía a firmar un pacto con el diablo. Los grandes medios de comunicación occidentales respaldaron el decreto ucraniano de octubre de 2022 que prohibía las negociaciones con Putin, a quien buscaban llevar ante la justicia internacional por crímenes de guerra (5).

    Sin embargo, la segunda contraofensiva ucraniana de junio de 2023 resultó en una derrota. En los medios de prensa, los estadounidenses expresaron su descontento: Kiev habría escatimado demasiado sus hombres para privilegiar ataques tácticos dispersos a lo largo del frente en lugar de enviar soldados en masa a los campos de minas rusos con la esperanza de traspasar las defensas del adversario y cortar el puente terrestre entre Rusia y Crimea (6). Bajo la presión de Washington, Kiev redujo la edad de reclutamiento de 27 a 25 años en abril de 2024, pero en diciembre se negó a bajarla a los 18 años. Así, la apuesta hecha en base a las exhortaciones occidentales fracasó trágicamente. Tanto el costo humano –cientos de miles de muertos y heridos– como los sacrificios exigidos a la sociedad fueron en vano (7).

    Como lógica consecuencia, durante el mismo período, Rusia experimentó una suerte inversa. El inicio de su “operación militar especial” resultó un fiasco. Los servicios de inteligencia rusos sobrestimaron los apoyos con los que contarían tanto por parte de la población como dentro de las élites ucranianas. El Ejército se estancó en los barrios periféricos de la capital ucraniana y fracasó en su intento de tomar el control del país. El Kremlin decidió entonces concentrar su dispositivo militar en el Donbass y Crimea. Concebida inicialmente como una expedición relámpago, la guerra fue cambiando de escala y de naturaleza. La movilización forzada decretada en septiembre de 2022 provocó una ola de protestas y exilios.

    Atrapada en su propia guerra, Rusia agravó su situación en materia de seguridad. Su “operación militar especial” tenía como objetivo, por un lado, prevenir que Ucrania se rearmara –antes de que Kiev recuperara por la fuerza las regiones separatistas prorrusas– y, por otro lado, poner un freno a la expansión de la OTAN hacia el Este. No obstante, unos meses después del inicio del conflicto, Rusia enardeció el patriotismo de un adversario que recibía un flujo continuo de armas y que contaba con el respaldo de una Alianza Atlántica reforzada con dos nuevos miembros: Suecia y Finlandia, que limitan con la zona ártica, estratégica para Moscú. Los dirigentes europeos reforzaron los batallones enviados al flanco oriental de la alianza, incluida Francia, que hasta entonces se oponía a una presencia permanente. La fuerza de reacción rápida de la OTAN cuadruplicó su número de efectivos; también continuó la construcción de la nueva base antimisiles estadounidense en Polonia, en donde los norteamericanos elevaron su presencia militar a 10.000 soldados. Lejos de calmarse, en Rusia las preocupaciones respecto de la seguridad se intensificaron por no haber previsto la fuerza y la unidad de la reacción occidental. Empero, al apostar por la consolidación de sus defensas detrás del Dnieper, Rusia logró estabilizar el frente. Los avances territoriales, como la toma de Bajmut en mayo de 2023, se consiguieron a costa del sacrificio de numerosas tropas, en un país ya golpeado por su crisis demográfica.

    El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada.

    Si bien Rusia mostró debilidades militares, la resiliencia de su economía resultó sorprendente. El Banco Central había acumulado suficientes reservas para asumir una confrontación financiera con Occidente. Logró sostener eficazmente el rublo y salvar su sistema bancario a pesar del congelamiento de sus activos en Europa y Estados Unidos. En cuanto a las sanciones energéticas, terminaron volviéndose en contra de los propios impulsores europeos: el aumento de los precios del gas compensó la pérdida de los volúmenes enviados al Viejo Continente, dando tiempo a Rusia para reorientar sus exportaciones de hidrocarburos hacia Asia (8). El fracaso de la estrategia de aislamiento se volvió evidente porque, si bien Moscú se vio obligada a recurrir a “Estados parias”, como Corea del Norte o Irán, para obtener armas o soldados, la realidad es que no le faltaron socios económicos interesados en sus descuentos energéticos. Los países que forman el núcleo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) vieron con preocupación la ofensiva punitiva financiera de Washington contra uno de sus miembros y profundizaron de forma preventiva su cooperación para reducir el uso del dólar en sus intercambios. En 2024, BRICS acogió a cinco miembros nuevos, entre los que destacan los Emiratos Árabes Unidos, un actor clave en las nuevas rutas del petróleo ruso (véase el artículo de págs. 12-14).

    ¿Acercamiento al hermano menor?

    Al elegir negociar cara a cara con Moscú, Trump le ofrece una vía de escape al Kremlin. El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada. Las concesiones, por ahora sólo verbales, resultan vertiginosas: reanudación de las negociaciones sobre el desarme, promesa de reincorporación al G7 y, a largo plazo, levantamiento de las sanciones. Aunque el Presidente estadounidense trate de morigerar estas promesas en las próximas semanas, la solidaridad transatlántica parece estar ya profundamente deteriorada.

    Estas declaraciones podrían cerrar la era geopolítica que comenzó en 1949. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó la Alianza Atlántica para imponer su influencia a la mitad de Europa, mientras que la otra mitad se alineaba primero con el bloque soviético y luego se unía al Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, a fines de la década de 1980, el último líder soviético, Mijail Gorbachov, al frente de un país agotado por la carrera armamentista, se comprometió con una serie de concesiones unilaterales y desordenadas: aceptó la reunificación de Alemania y su adhesión a la OTAN sin obtener garantías escritas sobre la no expansión de la alianza occidental en Europa del Este. De este modo, el antiguo instrumento de seguridad sobrevivió a la Guerra Fría, y la Unión Europea, al expandirse, permaneció firmemente vinculada a Washington. Aunque en 1989 y 1990 se llegó a considerar por un momento la posibilidad de implementar un nuevo sistema de seguridad, no surgió ninguno alternativo tras la disolución de la URSS en 1991. Si bien el conflicto ruso-ucraniano tiene en parte su origen en esta oportunidad perdida, su resolución negociada está provocando una reconciliación ruso-estadounidense a espaldas de Europa.

    En Munich, el vicepresidente James David Vance incluso señaló una nueva dirección estratégica de Estados Unidos: “A Putin no le interesa ser el hermano menor en una coalición con China” (9). ¿Se trata del regreso a la estrategia de triangulación que había puesto en marcha el presidente estadounidense Richard Nixon en 1971 al acercarse al “hermano menor” (en ese entonces, China) para aislar mejor al enemigo principal (la URSS)? Si este es el “plan”, Trump tendrá dificultades para romper el eje Rusia-China. Pekín, si bien se molestó por el hecho consumado de la invasión rusa y le ha reprochado a Moscú su abuso de la amenaza nuclear, no le ha retirado su apoyo. China suministra de manera discreta tecnologías necesarias para el complejo militar-industrial ruso, al mismo tiempo que profundiza su cooperación militar con Moscú. Aunque desequilibrada, esta relación se basa en una fuerte frustración compartida respecto de un orden internacional dominado por Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría.

    ¿Y Europa?… Europa se encuentra en la peor situación posible: ya debilitada por la crisis energética que ella misma provocó al renunciar –a petición de Washington– al gas ruso barato y pronto golpeada también por la guerra comercial decretada por la Casa Blanca, ahora se ve obligada a gestionar en soledad las consecuencias del revés occidental en Ucrania. Mientras la confrontación con Rusia alcanza un nivel incandescente y sus arsenales se han vaciado en favor de Kiev, Europa se prepara para aumentar de forma urgente su gasto militar, lo que implica comprar armamento estadounidense. Washington le exigía un “reparto de la carga” de la financiación de la alianza. Ahora la carga es doble: pagar la reconstrucción de Ucrania (que, a esta altura, Rusia deja de buena gana en manos de la Unión Europea) y, al mismo tiempo, asumir su propia seguridad. El gasto parece simplemente inasumible para los presupuestos europeos y augura nuevas divisiones.

    1. Benoît Bréville, “Liquidación electoral”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2025.
    2. Philippe Descamps, “Affoler la meute”, Le Monde diplomatique, París, febrero de 2025.
    3. “Ukraine support tracker”, Kiel Institute for the World, 2024.
    4. Samuel Charap y Sergueï Radchenko, “¿Podría haber terminado la guerra en Ucrania?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2024. Volodimir Zelensky se esfuerza en negar el papel que habría desempeñado así Johnson; véase también Shaun Walker, “Zelensky rejects claim Boris Johnson talked him out of 2022 peace deal”, The Guardian, Londres, 12 de febrero de 2025.
    5. Véase, por ejemplo, “Soutenir l’Ukraine pour assurer la paix”, Le Monde diplomatique, 10 de enero de 2023.
    6. Alex Horton y John Hudson, “US intelligence says Ukraine will fail to meet offensive’s key goal”, The Washington Post, 17 de agosto de 2023.
    7. Hélène Richard, “Ucrania, una sociedad dividida por la guerra”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2023.
    8. Hélène Richard, “Sanciones de doble filo”, Le Monde diplomatique, noviembre de 2022.
    9. Bojan Pancevski y Alexander Ward, “Vance wields threat of sanctions, military action to push Putin into Ukraine deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 14 de febrero de 2025.

     

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  • Milei se derrumba en las encuestas por el caso Adorni y la crisis económica

     

    En el gobierno entraron en alerta por los resultados de las encuestas que contratan para seguir el pulso de la sociedad. Los trabajos que les acercaron la semana que pasó marcan una caída fuerte de la imagen de Javier Milei en lo que va del año, en medio de una creciente preocupación por el empleo y la caída del poder adquisitivo, pero que agrega como novedad que el capítulo «Corrupción», está al tope de las preocupaciones de la gente.

    LPO accedió a los trabajos de tres importantes consultoras que trabajan con el gobierno, que accedieron a mostrar el resultado de sus trabajos, pero a cambio de mantener el anonimato para que no se vea afectada su relación con la Casa Rosada.

    Una de ellas descubrió a raíz de los últimos escándalos de corrupción (Adorni, Libra) una impactante asimilación de Milei a la denominada casta. Según ese trabajo el 54% de la gente consultada afirmó que Milei «es más de lo mismo». La misma encuestadora advirtió que la imagen de Milei cayó 10 puntos en lo que va del año. «La gente volvió de las vacaciones y ahora ya no tiene plata», explicó a LPO el consultor.

    Otra de las encuestadoras consultadas tiene la imagen positiva de Milei por debajo de los 40 puntos y la negativa en 55 y subiendo. En ese trabajo la corrupción encabeza las preocupaciones de la gente con el 40% y entre los rubros económicos el que más sube es desempleo que ya llega al 32%.

    Milei intercambió llamadas y mensajes con Novelli antes y después del lanzamiento de Libra 

    La suba de la inflación, aún con el índice del Indec intervenido, está golpeando fuerte. Según este trabajo un 60% cree que el mes que viene seguirá aumentando y un impactante 59% cree que en dos años, cuando MIlei termine su mandato, la situación económica será peor que la actual.

    En línea con esas percepciones se observa un crecimiento fuerte de la percepción negativa de la política económica de Milei. Un 54% cree que no está haciendo los cambios necesarios para mejorar la situación. En noviembre pasado ese rechazo era del 43%. O sea, más de la mitad de los argentinos creen que va por mal camino.

    El 54% de la gente consultada afirmó que Milei «es más de lo mismo» y la corrupción volvió a encabezar la lista de los problemas de la Argentina. 

    Otra consultora cercana al gobierno detectó que más de la mitad de los argentinos no llega a fin de mes y, en lo que va del año, dos de cada tres compraron menos comida para sus hogares. La caída del consumo afecta a todas las clases: en un mes, cayó un 10% el número de gente que pide delivery por aplicaciones como Rappi. Y el cierre de industrias y comercios es ya una epidemia imposible de ocultar.

    Un empresario gastronómico dijo a LPO que en la última quincena hubo un quiebre: de la baja del consumo que se acumulaba en los últimos meses se pasó a una situación catastrófica. «Los que decían que había que esperar, ya están puteando a Milei y dicen que no lo van a votar», dijo el empresario.

    El mendocino Alfredo Cornejo, uno de los gobernadores más cercanos a la Rosada que fusionó al radicalismo con la LIbertad Avanza, le dijo a La Nación que «la economía y el humor popular van a crujir este año». Lo dijo desde Nueva York, adonde junto a diez gobernadores acompañó a Milei para el evento Argentina Week y fue recompensado con el destrato del Presidente que no les convidó ni un café.

    Los gobernadores molestos porque Milei no los recibió en Nueva York: «Se perdió una oportunidad política»

    Tras un comunicado de la UIA repudiando a Milei porque trató a los empresarios de «chorros» en un evento en el que fue a pedirles que inviertan, Toto Caputo tuvo que explicar que en realidad la Argentina Week fue un éxito porque él estaba ahí y lo vio.

    La declaración de Cornejo se da cuando la caída de la recaudación nacional está complicando seriamente a los gobernadores ya hablan de «una presión sin precedentes» sobre las cuentas provinciales por la brutal baja de la coparticipación, que anticipó LPO.

    En 2026, si bien va a haber crecimiento, va a ser desparejo. Si crecemos al 4, algunos de esos puntos lo explica Vaca Muerta, que no está en todas las provincias y otro de esos puntos lo explica en la pampa húmeda y varias provincias no están en la pampa húmeda. Entonces, ese crecimiento va a ser desparejo, con lo cual va a crujir la economía y el humor popular en el 2026.

    El radical Carlos Sadir enfrentó esta semana dos protestas muy tensas, primero de policías que casi se meten en la Casa de Gobierno y luego de docentes y otros empleados estatales que hicieron una masiva marcha de antorchas y terminaron chocando con los efectivos que habían reclamado dos días antes. En Buenos Aires, por primera vez Axel Kicillof enfrentó un paro docente y en Santa Fe y Córdoba también hay conflicto con los estatales.

    La vulgaridad de Milei, una estrategia racional

    Además de la crisis de empleo y los cierres de empresas y fábricas que erosionan la imagen del gobierno, Milei se enfrenta a un vacío en el discurso que lo llevó a la presidencia, que se anclaba en la baja de la inflación y la lucha casta, que quedó en evidencia en el show de bajo nivel que hizo en la apertura de sesiones en el Congreso, para tapar que no tiene respuestas claras para la crisis productiva.

    El control de la inflación que le permitió ganar en octubre pasado, ya se revirtió a una suba sostenida durante 9 meses, con el agravante de haber toqueteado el índice que medía el Indec para que no le de por encima del 3%, quien bien medido arrojaría esos valores. 

    Mientras que la pelea contra la casta se perdió por nocaut el día en que Manuel Adorni subió a su esposa al avión presidencial para ir a Nueva York y poco antes tomara un jet privado para pasar el feriado de carnaval en el exclusivo balneario de Punta del Este.

    Las primeras mediciones que manejan cerca de Milei es que el episodio fue negativo al extremo para el gobierno. La consultora Ad Hoc que mide la temperatura en las redes sociales, detectó que las menciones al jefe de Gabinete subieron un 330% en las redes y que el 76,5% fueron negativas. Es muy evidente además la pérdida de reacción libertaria en ese mundo, desde que Karina Milei comenzó a demoler a Santiago Caputo.

    En el propio gobierno reconocen en voz baja que fue un error sostener a Adorni y más aún con el operativo clamor que la hermana del Presidente le ordenó a todo el gabinete para denunciar una conspiración contra el ex vocero, que no fue otra que su propia torpeza. A Sandra Pettovello, la primera ministra en salir a apoyar a Adorni, le recordaron que en los inicios del gobierno echó a una funcionaria por comprar una cafetera. Otros tiempos.

     

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