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HUMO/La Metamorfosis de d10s

Pasados unos días de la finalización de la Copa América Brasil 2019, que tuvo al anfitrión como campeón más allá de las desavenencias con el VAR, algunos fallos a favor y un par de partidos sin goles; los brazucas fueron los más regulares y supieron sobreponerse en momentos adversos del juego, sumado a que en los detalles (donde los partidos de este nivel se definen) la verdeamarella hizo la diferencia, fue un justo campeón.

No obstante, lo que resonó en mi cabeza tras la copa no tuvo que ver con los resultados, sino con la reacción de un colectivo social (con representación en redes) que ésta vez se sintió satisfecho con Messi y su selección (porque es suya), aún obteniendo una peor posición que en las dos copas anteriores donde accedimos a finales, solamente por actitudes extradeportivas del mejor futbolista del planeta.
“Lo argentinizamos” se repitió y se compartió en las redes. “¿Tan fácil era?” habrá pensado Messi… Pero entonces, o peor entonces, ¿Qué es lo que esperamos los argentinos del Mesías? ¿Copas? ¿Identidad? ¿Representación? ¿HUMO?.

Hasta hace pocos días tenía la certeza que el argentino le exigía a Messi levantar una copa con la albiceleste, una exigencia que siempre mantiene vigente la sensación de cumplirse, pero que no se ha concretado aún.

Sin embargo en esta copa, volvimos a no ganar, lo más común del deporte mundial. Los deportistas de elite pierden más de lo que ganan. Esto si tomamos la derrota como una cuestión resultadista, y no vislumbramos la posibilidad de mejorar a partir de ella convirtiéndola en algo positivo (¡WaW!).
Pero acá está el quiebre, perdimos pero argentinizamos a Messi. Y esa metamorfosis de d10s dejó felices a muchos, chau bilardistas.
Que importa perder con Brasil en semis si Messi boquea en zona mixta.

Ahora, ¿Qué le festejamos a Messi? ¿Qué lo echaron, declaró fuerte y no fue a recibir la medalla?; “QUÉ FÁCIL ERA” debe pensar el Mesías con una caipirosca en la mano en una playa que ni él debe saber dónde queda.

«No seas tibio Lío, bardeá»
Argentinizamos a un rosarino que toma mate y come asados. Que ironía.
Vanagloriamos patrones que no son motivo de orgullo. Que bajón.

Ahora SÍ nos representa y ya no importa si gana o pierde. ¿Con tan poco humo alcanzaba?. A veces pienso qué mal está nuestra sociedad para que una persona necesite de Messi para ser feliz, claro que puede entregarnos pequeñas dosis de alegría, pero no puede depender de él tu felicidad, ni ser el blanco donde dispares tus angustias.
Y ahora peor aún.
Le vamos a demandar una mutación, que no sea él, que le salgan rulos y se ponga más gordito, que se tatúe al “Che” y fume habanos. WTF. ¿¿Más humo??

Finalizando para no robarles más tiempo y a modo de resumen. Le festejamos que sea más argento, sin darnos cuenta que nuestra idiosincrasia es la que nos sumerge un poco más todos los días.

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Entonces festejamos otra derrota sin darnos cuenta.
Hicimos involucionar a Messi. Lo argentinizamos.

Mirá qué fácil que era Pulga. Una puteada por una copa.
Qué fácil somos.

Puteá Leo, así no te putean a vos.
Que los goles los meta Dybala.
Y que Brasil siga siendo o mais grande do mundo!

Aunque sinceramente,
prefiero que te sigan puteando por no ganar a que me vendas 30 años de humo de habano cubano a lo Diegote. Porque de ese modo, vuelven a ganar los detractores de la vida; y los que amamos el deporte, perdemos otra vez.

Portada: German Busin y Emiliano Piccinini

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