La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina recuerda que este miércoles 8 tendrá lugar la Masterclass de Fernando Ciancio en el marco de las capacitaciones de la Orquesta Filarmónica de Río Negro. Ciancio es trompeta solista de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.
La capacitación es gratuita y está destinada a estudiantes de todos los niveles de trompeta, corno francés, trombón y tuba. Se desarrollará en el Galpón de las Artes de 10 a 13 horas.
Los mejores exponentes del ciclismo nacional tienen una cita obligada en el Gran Premio Vuelta al Valle. Este fin de semana comenzará la 78° edición de la histórica competencia ciclística más importante del Sur argentino, durante ocho días reunirá a 181 ciclistas, en representación de 24 equipos, quienes deberán superar un recorrido total de más…
La Municipalidad de Villa Regina y el Movimiento Evita informan que se otorgaron todos los turnos para atención de oftalmología y odontología que los camiones de salud comunitaria brindarán en la ciudad los días viernes 21 y sábado 22 de 9.30 a 16.00. Por lo tanto se les solicita a los vecinos no asistir a…
La llegada de José Antonio Kast al poder en Chile invita a pensar un alineamiento inmediato con Javier Milei y el grupo de presidentes que decidieron formarte parte del esquema de alianzas que responde a Donald Trump.
Sin embargo, el chileno tiene algunos elementos que marcan cierta distancia entre ambos. Kast es nacionalista y defiende con fuerza la soberanía de Chile sobre un sector de la Patagonia y han mostrado un fuerte pragmatismo en el encuentro que tuvo con Lula en Panamá, una reunión cargada de gestualidades que Milei nunca estuvo dispuesto a hacer.
En ese marco, LPO habló con Robert Funk, cientista político, académico de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile y reconocido analista internacional, quien sostuvo que «la verdad es que son muy distintos tanto del punto de vista político como de temperamento. Kast es un conservador mientras que Milei se define como un revolucionario o anarquista libertario».
«Si bien ambos comparten un compromiso con la economía de mercado, para Kast eso implica un retorno al orden, mientras que para Milei eso va asociado a refundar el modelo argentino. En sus modos de ser, por lo menos en cuanto a discursos públicos, Kast es tranquilo, casi tímido, mientras que Milei transmite energía y frenesí», agregó.
Para Funk, «el encuentro con Lula demuestra un poco esas diferencias de estilo. Sin embargo, ambos líderes se han mostrado ser bastante pragmáticos, y saben que tienen que a pesar de las diferencias ideológicas, van a tener que lidiar siempre con países vecinos, y van a tener que buscar una forma de equilibrar las relaciones con los grandes poderes como China y EEUU».
Si bien ambos comparten un compromiso con la economía de mercado, para Kast eso implica un retorno al orden, mientras que para Milei eso va asociado a refundar el modelo argentino. En sus modos de ser, por lo menos en cuanto a discursos públicos, Kast es tranquilo, casi tímido, mientras que Milei transmite energía y frenesí
Habrá que ver, continúa el académico chileno, «en el caso de Kast, hasta qué punto el alineamiento con la extrema derecha europea es real o simbólico. Claramente Kast, como Milei, se siente cómodo e identificado con los líderes de la nueva derecha nacionalista europea, pero los temas para Chile son muy distintos a los desafíos que les ha tocado a otros líderes o incluso a Milei. Por lo tanto, sorprendería si se pone a implementar las mismas políticas».
Respecto al nivel de alineamiento de Kast con Trump, Robert Funk plantea que «no será tan fanático en parte porque su personalidad es distinta. Es más tranquilo y no demuestra tanta emoción. Por el otro lado, la economía chilena depende de la exportación a China (y, a la vez, de la inversión norteamericana). Equilibrar la política exterior – el actual canciller habla de «diversificar» – no es una señal de amistad o falta de amistad, sino de realismo político».
«Sin duda habrán espacios en que Chile apoyará más a EEUU – pienso en votaciones en la ONU, en su relación con Israel, pero con respecto a comercio, será muy difícil poner todos los huevos en el canasto estadounidense. Estoy seguro, además, que EEUU entiende eso».
Trump será un aliado, si es incondicional dependerá de los empresarios y las relaciones es con China. Ahí se diferencia de Milei
Otro especialista consultado por LPO, Guillermo Bilancio, dijo que «el parecido entre ambos es que sus posturas se apoyan a partir del «fracaso de la izquierda», algo que si logra Milei pero no Kast por estar en escenarios diferentes».
«Kast trata de mostrarse moderado, especialmente frente a los más influyentes. Esa moderación se confunde con falta de convicción y un pobre lenguaje político, que lo está complicando antes de asumir. En eso Milei es más directo y convincente», apunta.
Por último, Bilancio considera que «la falta de conocimiento sobre política internacional, hace de Kast algo imprevisible, pero si parece alinearse con lo más extremo de la derecha dura. Kast es un conservador católico y eso lo refleja en sus relaciones europeas y latinoamericanas. Bukele, por ejemplo».
«Trump será un aliado, si es incondicional dependerá de los empresarios y las relaciones es con China. Ahí se diferencia de Milei», concluye.
Reabrió la estación Plaza Italia de la Línea D y las obras abarcaron los dos vestíbulos, trabajos para evitar filtraciones y un recambio total de los pisos.
Plaza Italia es una de las estaciones más utilizadas de la D, que fue refaccionada por completo como parte del plan para renovar 48 estaciones de la red de subtes.
Los trabajos estuvieron enfocados en los dos vestíbulos de Plaza Italia, los accesos y la zona de andenes.
Se realizaron mejoras en la iluminación y se cubrieron paredes, zona de escaleras, bóvedas y techo con aluzinc. Para evitar filtraciones, en el techo se hizo una doble cubierta.
También se instaló nueva señalética y luces de led, se cambiaron todos los pisos, se agregó nuevo mobiliario y se pintaron todas las paredes.
Parte de los trabajos fue la restauración de los ocho murales de los vestíbulos y la creación de cuatro ventanas históricas de diez metros cada una. Los azulejos del andén fueron retirados de la estación, restaurados y colocados nuevamente en los accesos.
«Estamos haciendo una inversión enorme para mejorar la infraestructura del subte: se están fabricando los nuevos trenes, seguimos renovando estaciones y avanzando con obras fundamentales para que los usuarios viajen cada día mejor. Junto con la futura Línea F y la incorporación del TramBus, estamos dando un salto de calidad en la movilidad en la Ciudad», dijo Jorge Macri.
Por el momento Piedras y Congreso (Línea A), y Uruguay y Malabia (Línea B) continúan cerradas. Los trabajos continuarán en Tribunales (Línea D), Medrano y Ángel Gallardo (Línea B), Lavalle e Independencia (Línea C), y General Urquiza y Entre Ríos (Línea E). También se encuentra en licitación la remodelación de Sáenz Peña, Alberti, Pasco (Línea A) y Dorrego (Línea B).
Nacido el 7 de marzo de 1906 en Santiago del Estero, Ramón Carrillo fue el cerebro sanitario del primer peronismo. Desde el Ministerio de Salud impulsó una revolución en hospitales, campañas sanitarias y medicina social que cambió la historia argentina. Pero su proyecto de salud pública chocó de frente con los intereses de las élites médicas, económicas y políticas. El resultado fue una campaña de odio que buscó borrar su legado.
El 7 de marzo de 1906 nació en Santiago del Estero un médico que cambiaría para siempre la historia sanitaria argentina. Ramón Carrillo no fue simplemente un funcionario más dentro del engranaje estatal: fue el arquitecto de una de las transformaciones más profundas del sistema de salud del país y, al mismo tiempo, uno de los blancos predilectos del odio político que desató el antiperonismo después de 1955.
Neurocirujano prestigioso, formado en la Universidad de Buenos Aires y con reconocimiento académico internacional, Carrillo parecía destinado a una carrera científica brillante y tranquila. Sin embargo, eligió un camino mucho más incómodo: llevar la medicina al terreno de la política y convertir la salud pública en un derecho social.
Ese giro se produjo cuando conoció a Juan Domingo Perón en el Hospital Militar Central en 1944. Perón quedó impactado por el pensamiento del médico santiagueño, que sostenía una idea radical para la época: las enfermedades no podían comprenderse sin analizar las condiciones sociales en las que vivía la población.
Cuando Perón asumió la presidencia en 1946 lo convocó para dirigir la Secretaría de Salud Pública. Tres años más tarde, al elevar ese organismo al rango ministerial, Carrillo se convirtió en el primer ministro de Salud de la Argentina.
Desde ese lugar desplegó un proyecto sanitario que rompía con décadas de abandono estatal. Hasta entonces, gran parte del sistema de salud argentino estaba basado en hospitales de beneficencia o instituciones privadas, donde el acceso dependía muchas veces de la caridad y no de un derecho garantizado.
Carrillo propuso lo contrario: construir un sistema sanitario nacional que llegara a todos los rincones del país.
Su programa partía de un principio que hoy parece obvio, pero que en aquel momento era profundamente disruptivo. “No puede haber política sanitaria sin política social”, sostenía. Para él, las enfermedades no eran meramente problemas biológicos sino el resultado de condiciones estructurales como la pobreza, la mala alimentación, la falta de vivienda digna o la ausencia de agua potable.
Bajo esa lógica impulsó una política sanitaria integral que combinaba infraestructura hospitalaria, prevención, campañas de vacunación y educación sanitaria.
El impacto fue inmediato.
Durante su gestión se construyeron decenas de hospitales en todo el país y se multiplicó la cantidad de camas hospitalarias disponibles. Entre 1946 y 1951 se levantaron más de veinte grandes hospitales con unas veintidós mil camas nuevas, algo inédito en la historia sanitaria argentina.
La expansión hospitalaria estaba acompañada por una red de institutos especializados y centros de atención que buscaban llevar la medicina a regiones que durante décadas habían estado completamente abandonadas por el Estado.
Pero Carrillo no se conformó con levantar edificios.
Su proyecto también incluyó campañas sanitarias masivas contra enfermedades que habían sido históricamente endémicas en la Argentina. El paludismo, por ejemplo, fue prácticamente erradicado en pocos años gracias a un agresivo plan de control epidemiológico.
También se redujo drásticamente la mortalidad por tuberculosis y se combatieron epidemias como el tifus y la brucelosis. Las campañas de vacunación y los programas de prevención comenzaron a instalar una idea novedosa: la salud no debía limitarse a curar enfermedades, sino a evitar que aparecieran.
Los resultados se reflejaron en los indicadores sanitarios. La mortalidad infantil descendió de manera significativa durante la década peronista y las tasas de mortalidad por enfermedades infecciosas cayeron de forma notable.
Carrillo también impulsó iniciativas innovadoras para la época, como el Tren Sanitario, que recorría el país llevando atención médica, análisis clínicos y radiografías a poblaciones rurales que nunca habían tenido acceso a un médico.
En paralelo promovió la producción estatal de medicamentos a través de una empresa pública destinada a garantizar remedios a bajo costo. La lógica era simple pero profundamente disruptiva: la salud no podía quedar subordinada a la lógica del mercado.
Muchas de estas políticas se articularon con la Fundación Eva Perón, que construyó policlínicos, hogares para ancianos y centros sanitarios en todo el país. Mientras el Ministerio de Salud diseñaba la política sanitaria, la fundación ampliaba la red de asistencia social.
El resultado fue una expansión sin precedentes del acceso a la atención médica para los sectores populares.
Pero ese mismo proyecto que transformaba la salud pública generaba resistencias cada vez más fuertes en determinados sectores del poder.
La derecha argentina nunca le perdonó a Carrillo tres cosas.
La primera fue su convicción de que el Estado debía intervenir activamente en el sistema sanitario. Su modelo chocaba con los intereses de sectores médicos ligados a la práctica privada y con empresas que veían en la salud un negocio.
La segunda fue su identificación política con el peronismo. Carrillo no era un técnico neutral: era un funcionario comprometido con un proyecto de justicia social que buscaba ampliar derechos para las mayorías.
La tercera razón del rechazo fue más profunda. Su concepción de la medicina desafiaba directamente la estructura social argentina. Al afirmar que la enfermedad estaba ligada a la pobreza, Carrillo señalaba una verdad incómoda: la salud no podía resolverse sin transformar las condiciones de vida.
Ese enfoque convertía la política sanitaria en una herramienta de transformación social.
Cuando el golpe militar de 1955 derrocó a Perón, el nuevo régimen inició una ofensiva sistemática contra todo lo que oliera a peronismo. Carrillo, como uno de los símbolos del proyecto social del gobierno depuesto, quedó inmediatamente en la mira.
Muchos de los proyectos sanitarios que había impulsado fueron abandonados o desmantelados. Obras hospitalarias quedaron inconclusas y programas de prevención se desarticularon.
La persecución política y el clima hostil lo empujaron al exilio. Carrillo se instaló en Brasil, donde murió en 1956, apenas un año después del golpe.
Murió lejos de su país, enfermo y prácticamente olvidado.
Durante décadas su nombre quedó relegado en la historia oficial, víctima de la misma lógica de borramiento que el antiperonismo aplicó a buena parte de las políticas sociales del primer peronismo.
Sin embargo, el tiempo terminó colocando su figura en el lugar que le corresponde.
Hoy Ramón Carrillo es reconocido como uno de los grandes fundadores del sanitarismo argentino. Su visión de la salud como derecho social anticipó conceptos que décadas más tarde se convertirían en principios fundamentales de la salud pública moderna.
La paradoja es evidente.
El médico que dedicó su vida a demostrar que la enfermedad no puede separarse de la injusticia social terminó convertido en un enemigo político por haber intentado curar algo más profundo que las dolencias del cuerpo: la desigualdad estructural de la sociedad argentina.
El Intendente Marcelo Orazi participó este lunes del acto por el ‘Día del Maestro/a’ que se realizó en Plaza de los Próceres. Tras el izamiento del pabellón nacional, se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino y de la Provincia de Río Negro. Luego, Orazi junto a la secretaria de UNTER seccional Villa Regina Claudia…
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