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Los talleres de la Escuela de Arte se muestran en la Plaza de los Próceres

El próximo domingo a partir de las 18 horas se podrán apreciar algunos de los talleres que ofrece la Escuela Municipal de Arte para este año.

En el espacio denominado ‘Escuela Abierta’, la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina propone a los vecinos disfrutar, en este caso, de canto, piano, ukelele, guitarra, árabe y escultura para niños.

Cabe recordar que se encuentran abiertas las inscripciones para participar de los distintos talleres. Los interesados pueden dirigirse a la sede de la Escuela en Brasil 91 o al WhatsApp 298 465 0817.

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  • Los Menem culpan a Toto Caputo por el fracaso del presupuesto en el Congreso

     

    Martín y Lule Menem decidieron descargar el peso de su propia derrota parlamentaria con el presupuesto en Luis «Toto» Caputo, el ideólogo del capítulo XI del proyecto que terminó complicando no solo la ley de leyes sino también el tratamiento de la reforma laboral en el Senado. 

    Fuentes del oficialismo apuntaron por lo bajo que la redacción de esa parte del articulado «no fue adecuada», una de las endebles conclusiones a las que habría llegado un puñado de diputados oficialistas 48 horas después del porrazo en el recinto.

    Lo curioso es que el gobierno podría haberse llevado la ley si hubiese abierto la votación por artículos y hubiese aceptado el rechazo al artículo 75, que proponía la derogación del aumento para las universidades y la emergencia en discapacidad. Pero para blindar ese artículo, que contraría la ley de administración financiera, Menem pretendía que se vote junto a todos los artículos del fatídico capítulo, incluyendo los que barrían con los subsidios por zonas frías, la actualización de las asignaciones familiares y la AUH y la prórroga a la emergencia del Garrahan, entre otros temas.

    Un diputado libertario reconoció ante LPO que el ministro de Economía «es el responsable de la elaboración de ese capítulo pero la estrategia para lograr la sanción corría por cuenta de la mesa política», en referencia al ámbito que integran no solo los Menem sino también Javier y Karina Milei, Santiago Caputo, Patricia Bullrich y Manuel Adorni.

    El presidente de la Cámara Baja y su primo, el subsecretario de la Presidencia, habrían elegido como chivo expiatorio a Toto, que hasta el miércoles era el hombre fuerte del gobierno y tenía espalda para hacer sin consultar a Karina. «Le tiran el fardo a Caputo sin asumir que ellos vieron los artículos pero fueron al recinto con soberbia, creyendo que les aprobaban por los ATN y las negociaciones», dijo una fuente al tanto de las conversaciones.

    En el gobierno cuestionan a los Menem por la caída del ajuste a las universidades: «este Presupuesto no nos sirve»

    En efecto, fue el jefe del bloque de LLA, Gabriel Bornoroni, quien planteó en reunión de labor parlamentaria que el oficialismo pretendía que la votación en particular, después de la aprobación del presupuesto en general, fuese capítulo por capítulo. Myriam Bregman, Germán Martínez, Paula Penacca y Pablo Juliano resistieron la propuesta del cordobés, que según deslizó uno de sus colegas de bancada no dice nada que no haya acordado previamente con Menem.

    De hecho, el riojano intervino en ese ámbito y apeló al antecedente de la moción de Margarita Stolbizer para la votación de la Ley Bases, cuando también se procedió capítulo por capítulo en la votación. «Así le fue, porque después dijo que se arrepintió y ahora no es más diputada», le contestaron. Ante la falta de acuerdo, la discusión terminó explotando en el recinto.

    Gabriel Bornoroni, en Diputados.

    Por eso, tuvieron que desembarcar Lule Menem y Diego Santilli para tratar de convencer a los diputados que responden a los gobernadores de que apoyaran la ley, haciendo valer los giros de miles de millones de pesos a distintas provincias durante los últimos días. Sin embargo, Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil, que pusieron cinco de sus seis legisladores a votar con la oposición, recibieron los fondos y mandaron a sus diputados a votar contra la Casa Rosada, una demostración palmaria de que la estrategia de los Menem en la relación con los gobernadores fue torpe o limitada.

    Uno de los tucumanos del bloque Independencia había admitido a LPO que «no se sabe cómo sortear la trampa de la votación por capítulos pero la decisión del gobernador es defender las universidades y los discapacitados». Jalil, por su parte, habría avisado a los Menem que no podía ofrecer el voto de Fernanda Ávila, Sebastián Nóblega y Fernando Moguillot, los tres catamarqueños que se fueron de Fuerza Patria para armar su propio espacio bajo el nombre Elijo Catamarca.

    Los Menem son como el Pacman.

    De este modo, al gobierno se le secaban las peceras donde podía pescar voluntades a su favor y, mientras buscaba desesperadamente esos respaldos, ningún operador detectó el drenaje que se producía por el lado del radicalismo, donde tres de sus seis integrantes ayudaron a la oposición: el entrerriano Darío Schneider y el chaqueño Osvaldo Cipolini se abstuvieron, y el correntino Diógenes González votó en contra del capítulo.

    Por lo demás, LPO informó que Toto Caputo se habría quejado ante Mauricio Macri de que Santilli prometía más de lo que él podía cumplir con sus restricciones presupuestarias y, al mismo tiempo, más de un gobernador mostró cierto hartazgo ante la subordinación de Santilli a la definición final del ministro cada vez que un cacique provincial llegaba con su carpeta de reclamos al encuentro con el ministro del Interior. «Los gobernadores terminaron cobrándole a Santilli la cara de teflón de (Guillermo) Francos», comentó un aliado del gobierno.

    Al cierre de esta nota, era una incógnita si la bronca de los Menem con Caputo podía escalar pero un libertario de diálogo directo con Milei deslizó que «los Menem son como el Pacman», una alusión al videojuego de la simpática criatura amarilla que se comía todos los puntos sobre la pantalla. «Venía tan sobrado que no se dio cuenta de lo que podía llegar a pasar. Decían: ‘Naaah, pasa, pasa igual’. Ahora que explotó todo, le echa la culpa al otro», agregó.

     

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    Un manual para gobernar sin culpa con la “ética” libertaria que absuelve coimas, narcos y criptomonedas

     

    En Defendiendo lo indefendible, Walter Block propone un experimento intelectual tan provocador como peligrosamente infantil: tomar a los personajes más odiados del capitalismo —usureros, proxenetas, chantajistas, traficantes— y presentarlos no solo como agentes económicos legítimos, sino como benefactores sociales injustamente perseguidos. Textualmente dice Block: “La filosofía libertaria condena únicamente la violencia no provocada, es decir, el uso de la violencia contra una persona no violenta o su propiedad.” El truco es simple, elegante y brutal: reducir toda la moral social a una sola regla, la no agresión física directa.

    Por Walter Onorato para NLI

    Para Block, si no hay violencia explícita —golpes, balas, cuchillos— entonces no hay crimen. Todo lo demás es sentimentalismo, prejuicio o histeria colectiva. La explotación, la miseria, la dependencia económica, el abuso estructural o la desigualdad extrema quedan mágicamente fuera del análisis. No existen como problema moral. No entran en el “radar” libertario. Block lo dice de esta manera: “La premisa básica de esta filosofía es que la agresión frente a no agresores es ilegítima” (…) “La filosofía libertaria condena únicamente la violencia no provocada, es decir, el uso de la violencia contra una persona no violenta o su propiedad.” Después, todo lo demás, vale.

    Desde esta lógica, el mercado aparece como una fuerza casi sagrada: todo intercambio voluntario es beneficioso por definición. Si alguien acepta pagar intereses usurarios, vender su cuerpo, consumir drogas destructivas o trabajar por un salario miserable, el sistema queda absuelto. No importa el contexto, la necesidad ni la asimetría de poder: si hubo consentimiento formal, hubo justicia.

    Después de esta brevísima interpretación de la introducción del libro de Walter Block descubrimos el “truco” del mago circense. Esta ética (para algunos sería la falta de ética) que se encuentra encerrada en este libro marginal queda liberada y sale de la oscuridad para convertirse increíblemente en una práctica de gobierno. No es casual que el presidente argentino haya reunido a su círculo más cercano de funcionarios y les haya regalado Defendiendo lo indefendible. No fue un gesto cultural, un estimula a la producción de libros o una simple provocación cultural: fue una bajada de línea ideológica. Un manual moral para gobernar sin culpa.

    Vayamos a lo concreto, a los datos duros, al deleite de todo historiador. Mencionemos sólo cuatro ejemplos:

    Caso 1. Las denuncias por el cobro de coimas del 3 % en la provisión de medicamentos para personas con discapacidad, que involucran a la hermana del Presidente, no representarían ningún problema moral bajo la lógica de Block. Nadie fue encañonado. Hubo un trámite, un intermediario y una aceptación forzada por la necesidad. Para el libertarismo radical, no hay corrupción: hay un incentivo dentro de una transacción “voluntaria”. El discapacitado no es una víctima; es un consumidor sin alternativas.

    Caso 2. La frustrada candidatura de José Luis Espert, tras confirmarse su vinculación con el narcotráfico, tampoco colisiona con este marco teórico. Para el autor, el narcotráfico, mientras no medie violencia física directa en el intercambio, es apenas un mercado prohibido por el Estado. El problema no es el dinero sucio, sino que el Estado lo persiga. El narco no es un criminal: es un empresario ilegalizado.

    Caso 3. La situación de la senadora Lorena Villaverde, a quien la Justicia le embargó sueldo y aguinaldo por haber vendido terrenos que nunca entregó, tampoco constituye una estafa desde esta ética. Walter Block diría que hubo contratos, firmas y compradores “voluntarios”. Si alguien confió, perdió y quedó sin nada, el mercado ya emitió su veredicto. La política y la justicia sobran.

    Caso 4. El escándalo de la estafa con criptomonedas conocido como $LIBRA termina de cerrar el círculo. Según denuncias e investigaciones periodísticas, la participación del propio presidente fue un elemento imprescindible para que el esquema pudiera desplegarse: sin su aval político, simbólico y comunicacional, la operatoria no habría tenido ni alcance ni credibilidad. Sin embargo, bajo la lógica de Block, el problema vuelve a disolverse. Nadie fue obligado a invertir. Si alguien perdió sus ahorros, no fue estafado: fue un mal inversor. El daño desaparece. La responsabilidad política también.

    Y es recién acá donde el gesto del libro cobra su verdadero sentido.

    Primero: es una señal ideológica interna, no un chiste ni una provocación pública. Un presidente no regala libros al azar. Menos aún a su gabinete. Ese libro funciona como un manual doctrinario: no está pensado para convencer a la sociedad, sino para ordenar moralmente a quienes gobiernan. Es una bajada de línea: esto que hacemos no es un error, es teoría.

    Segundo: redefine qué entiende el gobierno por corrupción. Block no niega la existencia de prácticas desagradables; las despenaliza moralmente. Si el único límite es la violencia física directa, entonces la corrupción administrativa, las coimas, las estafas contractuales, el tráfico de influencias o el dinero narco dejan de ser un problema ético. Pueden ser feos, pero no ilegítimos. El regalo del libro es un mensaje claro: no se sientan culpables.

    Tercero: convierte los escándalos en coherencia. Cuando aparecen casos como coimas en medicamentos, candidatos ligados al narcotráfico o estafas inmobiliarias, el gobierno no los vive como contradicciones de su discurso, sino como daños colaterales aceptables. El libro explica por qué: si hubo consentimiento, firma o necesidad aceptada, entonces el mercado ya habló. La política no tiene nada que corregir.

    Cuarto: es una pedagogía del poder. El libro enseña a gobernar sin culpa. A mirar a la víctima como “cliente”. A pensar al Estado como agresor y al poderoso como héroe incomprendido. Regalar ese texto es formar subjetividades de gobierno capaces de administrar el ajuste, la exclusión y la impunidad con una sonrisa tecnocrática.

    En síntesis, ese regalo no es simbólico.

    Es una confesión ideológica.

    Es decirle al gabinete: si algo huele mal, tranquilos, no es corrupción; es mercado.

    Y por eso Defendiendo lo indefendible no es solo un libro provocador: es un manual de anestesia moral, es un manual de gobierno, ideal para un capitalismo que necesita convencernos de que la crueldad es libertad y que la miseria ajena es, en el fondo, una elección personal.

    Pd. Recuerden, que para ser libertario, hay que ser millonario o ignorante.

     

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  • La volatilidad de las tasas complica la apuesta al crédito para reactivar

     

    El año comanzó con una mala noticia financiera: el regreso del descontrol de las tasas, una dinámica errática que complica una de las pocas palancas que el gobierno libertario tiene para empujar la economía real. 

    En el primer día hábil del año hubo un alivio fugaz. La liquidez se colo por una hendija y la la tasa de caución a un día se desplomó en apenas dos ruedas desde niveles arriba del 65% a la zona del 35%. Duró poco. Mientras transcurría la primer semana de enero, se dispararon a picos cercanos al 150% anualizado. 

    La City se volcó a capturar saltos puntuales de rentabilidad. Una lógica de trading defensivo diametralmente opuesto al financiamiento productivo. 

    La suba de la inflación agrava el problema de la deuda en pesos y Caputo enfrenta otro vencimiento grande

    El problema es que esas apuestas financieras golpea a las empresas. Ledesma lo señaló sin vueltas. Cerró el último ejercicio con pérdidas cercanas a los $25.000 millones y apuntó de lleno al impacto de las tasas de interés. El costo financiero se volvió una carga imposible de absorber, incluso para una compañía con espalda y diversificación. 

    En la misma línea habló Milagros Brito, heredera del Grupo Macro. Su frase incomodó al relato libertario respecto al clima de negocios. «Con tasas así no hay inversión que cierre», dijo.  El diagnóstico no vino de una pyme asfixiada, sino de una de las familias más representativas del capitalismo local. 

    Con tasas así no hay inversión que cierre.

    Ahí aparece la contradicción de fondo. Un gobierno que, en teoría, promueve la inversión privada y la previsibilidad, convive con un manicomio de tasas que destruye balances. La valuación de las empresas se resiente. El endeudamiento se vuelve impagable. Y el crédito deja de ser una palanca para transformarse en un ancla. 

    Pero el problema no es solo el nivel de la tasa en pesos. Desde que asumió Milei muchas empresas tomaron deuda en dólares. Cuando el financiamiento se cortó y varias compañías entraron en default. Con el crédito restringido, los ratios clásicos pierden sentido. El deterioro de esa relación, destruye los balances de las compañías.  

    El presidente de Citrícola San Miguel, el empresario mileista Otero Monsegur.

    Los casos lo muestran con crudeza. La citrícola San Miguel tuvo que reestructurar su deuda y sigue al borde del default. Bioceres, otra agroindustrial que supo ser modelo de innovación, no pudo evitar la cesación de pagos.

    El empresario mileista Otero Monsegur, en crisis porque citrícola San Miguel quedó al borde del default 

    El estrés financiero pasó a ser un rasgo dominante del mapa empresario. La energética Albanesi es otro de los casos emblemático. El grupo creció apalancado, con fuerte presencia en generación térmica. El problema no fue la expansión, sino el contexto. Tasas altas, refinanciaciones cada vez más caras y un esquema financiero que empezó a crujir. La compañía debió encarar varias reestructuraciones para evitar el default.

    Muy parecido al caso de Aconcagua. La petrolera de capitales argentinos apostó a crecer rápido y financiarse en el mercado de capitales. Funcionó mientras hubo apetito por ONs y cobertura en dólares. Cuando esa ventana se cerró, la empresa quedó atrapada en el clásico problema de liquidez: activos de largo plazo financiados con deuda que se acorta.

    Todas estas empresas revelan que no se trata de una discusión de innovación o potencial productivo. Es un problema macro de debilidad financiera del modelo. 

     

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