Con el objetivo de ordenar y organizar el funcionamiento de los carros gastronómicos, el Ejecutivo Municipal evalúa el traslado de los mismos a otro espacio que contará con las medidas de seguridad necesarias para que puedan desarrollar su actividad.
El lunes, el Intendente Marcelo Orazi, acompañado de los Secretarios de Gobierno Guillermo Carricavur y de Obras y Servicios Francisco Lucero, recorrieron uno de los predios donde podrían instalarse los carros, ubicado sobre calle Italia, entre Monseñor Esandi y España. Estuvo también presente el responsable del Departamento de Estudio y Proyecto de Obras Luis Dal Piva.
“En el marco de un trabajo de planificación para reordenar el uso que se le da a diferentes espacios públicos, hemos decidido trasladar los carros gastronómicos de manera que tengan un funcionamiento más ordenado, que sea más cómodo tanto para quienes prestan el servicio como para los usuarios y que además cuente con las medidas de seguridad y sanitarias acordes al trabajo que realizan”, manifestó el Intendente Orazi.
Con este fin, el área de Obras y Servicios diagramará la distribución de los mismos, se unificarán los criterios en cuanto a dimensiones y estructura y se dotará al lugar de la iluminación adecuada. “Pensamos en que este espacio se convierta en un paseo que pueda ser disfrutado por los reginenses de una forma cómoda y segura”, agregó Orazi.
Cabe aclarar que la decisión del Ejecutivo de generar un espacio común para el funcionamiento de los carros gastronómicos había sido informada a sus propietarios al comienzo de la gestión aunque por el contexto de pandemia se determinó que continuaran trabajando en el sector ubicado sobre Avenida 9 de Julio.
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Estados Unidos e Israel lanzaron este sábado un ataque preventivo y de gran alcance sobre objetivos nucleares iraníes, pero la respuesta de la República Islámica, que incluyó el lanzamiento de misiles a territorio israelí y a bases estadounidenses en la región pone a Medio Oriente al borde de una guerra total.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró que la operación «Rugido de León» perseguía un objetivo de máxima: acabar con la «amenaza existencial» que suponen los ayatolás para su país, es decir, un cambio de régimen en Irán. Sin embargo, la represalia iraní no se hizo esperar y golpeó en simultáneo a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Kuwait y Jordania, donde EEUU tiene desplegadas bases militares.
Los líderes de los países árabes apelan a la prudencia para evitar una escalada aún mayor. Saben que la República Islámica, adversaria de muchos de ellos por cuestiones religiosas -el versus entre sunitas y chiitas dentro del islam- y geopolíticas -el pacto que mantienen con Washington-, puede redoblar los ataques a través de lo que queda de sus milicias aliadas en Yemen, Irak y Líbano para presionar a Netanyahu y Donald Trump.
Se trata de un escenario inquietante que podría llevarse puesta la delicada estabilidad de Medio Oriente. «Estamos frente al ascenso de un nuevo hegemón, o aspirante a hegemón, que es Israel. Eso hace que países que antes no eran aliados puedan llegar a coincidir en diferentes aspectos. Pero un nuevo ataque de EEUU podría implicar una profundización de la respuesta iraní, y eso tensaría más aún la relación con los países del Golfo, que es lo que quiere EEUU: que vean a Irán como un enemigo con el que es imposible cooperar», dijo a LPO Said Chaya, director del Núcleo de Estudios de Medio Oriente de la Universidad Austral.
El ataque a las monarquías del Golfo puede leerse también como una jugada de Teherán para volver a la mesa de negociaciones sobre su programa nuclear en Ginebra la próxima semana. «Por eso involucra a los países de la región, para que ellos generen una suerte de presión indirecta sobre Israel y EEUU. No veo un derrumbamiento del régimen en el corto plazo», sostuvo el experto.
Estamos frente al ascenso de un nuevo hegemón, o aspirante a hegemón, que es Israel. Eso hace que países que antes no eran aliados puedan llegar a coincidir en diferentes aspectos. Pero un nuevo ataque de EEUU podría implicar una profundización de la respuesta iraní, y eso tensaría más aún la relación con los países del Golfo, que es lo que quiere EEUU: que vean a Irán como un enemigo con el que es imposible cooperar
Los enfrentamientos directos habían quedado en pausa tras la llamada guerra de los 12 días, en junio pasado, cuando EEUU e Israel mataron a altos mandos militares y científicos nucleares iraníes y destruyeron parcialmente su programa de misiles e instalaciones atómicas. Las cosas se calmaron y hasta se reanudaron las rondas de conversaciones, la última el jueves de esta semana, de la que participó el yerno de Trump, Jared Kushner, con la mediación clave de Omán.
Pero el acercamiento duró poco y las protestas en Irán contra el líder supremo Alí Jamenei y el presidente Masoud Pezeshkian a raíz de la situación económica y la falta de libertades civiles y políticas terminarían por envalentonar a la administración republicana. El propio Trump había amenazado con descabezar a la cúpula chiita si continuaba la masacre de manifestantes, y esta tarde prometió inmunidad total a la Guardia Revolucionaria Islámica -el brazo armado del régimen- a cambio de su rendición.
Mohamed Bin Salman, monarca de Arabia Saudita.
Es que una eventual extensión de las hostilidades asusta a más de uno en la zona. Como explicó Ignacio Rullansky, profesor de Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, «los países árabes no quieren estar en la línea de fuego ni entrar directamente en guerra, y temen que se desestabilicen sus propias sociedades». «Los del Golfo son regímenes autoritarios, durante la primavera árabe tuvieron mucho temor a que la ola de revueltas les llegara», aseguró el especialista.
Irán no cuenta ya con las milicias en la región como para encarar una guerra total. Cuenta con ellos para hacer daño. Probablemente, lo único que le queda al régimen iraní sea pactar algún tipo de transición ordenada.
Pese a las protestas diplomáticas por los ataques iraníes, los países de la región buscan evitar que Teherán cierre el paso por el estrecho de Ormuz, crucial en el comercio global de petróleo y gas natural licuado (algo que afecta a los exportadores del Golfo), mientras Omán pide retomar las negociaciones para rebajar la tensión. Irán no muestra sus cartas aún y tampoco se confirma el destino de Jamenei.
«Irán no cuenta ya con las milicias en la región como para encarar una guerra total. Cuenta con ellos para hacer daño. Probablemente, lo único que le queda al régimen iraní sea pactar algún tipo de transición ordenada. Un poco parecido a lo que ocurre en Venezuela, donde parte del régimen se sostiene, pero de una forma más desradicalizada, alineándose a Trump y la promesa de acercamiento a Occidente y democratización», apuntó Rullansky.
Por otra parte, el Magister en Estudios de Medio Oriente, Sur de Asia y Africa de Columbia University, Kevin Ary Levin, planteó que «tenemos dos grandes caminos por delante. Uno es la idea de que estemos al principio de una guerra prolongada, en la cual Estados Unidos e Israel intenten vincularse con fuerzas internas dentro de Irán para propiciar un cambio de régimen como forma de destrabar esta crisis».
El segundo camino, continuó Levin, «que hoy creo que es el más probable es que se vuelva la mesa de negociaciones con menos distancia entre la postura de Irán por un lado y la postura de Estados Unidos por otra. Israel parece que hace tiempo entiende que solo el colapso del régimen de los ayatolás va a garantizar su seguridad, pero Estados Unidos no está en esa página, al menos no todavía y si Irán ofrece buenos incentivos van a volver a la mesa de negociación con la presión agregada de los ataques y la posible la muerte de la Jamenei».
«Esto puede dar una renovada fuerza para que Irán demuestre ahora una flexibilidad enorme entendiendo que hubo un ataque fuerte en su territorio que parece ser potencialmente el primero de varios», añadió.
Trump con Benjamín Netanhayu.
Ary Levin no cree que «Irán tenga espacio para salir de esto a través de milicias en la región. Sí tiene la posibilidad de defender la estructura interna del régimen porque Estados Unidos no está en condiciones de hacer más que un ataque aéreo. Esta guerra es impopular al interior de su propia población y Trump creo que lo sabe muy bien. Con lo cual lo máximo que pueden hacer es hacer ataques aéreos puntuales y ofrecer apoyo a los ataques israelíes».
Israel parece que hace tiempo entiende que solo el colapso del régimen de los ayatolás va a garantizar su seguridad, pero Estados Unidos no está en esa página, al menos no todavía y si Irán ofrece buenos incentivos van a volver a la mesa de negociación con la presión agregada de los ataques y la posible la muerte de la Jamenei
«Entonces creo que la salida a Irán fuera de resistir y avanzar hacia una guerra de características de una guerra de desgaste es volver a la mesa de negociaciones y ofrecer nuevas concesiones relacionadas con su programa de misiles y también su programa de enriquecimiento de uranio», remarcó.
Por último, Kevin Ary Levin dijo que «Netanyahu se está acercando a un momento electoral que va a ser a fines de octubre en Israel. Los números no le están dando bien. Hay un fenómeno demostrado de que en circunstancias de guerra la popularidad de Netanyahu aumenta. El votante israelí se vuelve más conservador y elige a los candidatos que tienen experiencia demostrada en guerra, esto también le ofrece a Netanyahu la posibilidad de posicionarse como el arquitecto de un nuevo orden en la región y creo que dentro de poco vamos a empezar a ver encuestas que demuestran un crecimiento del Likud»
Trump se lanzó a una campaña agresiva sin el apoyo del Senado y con su popularidad a la baja, mientras Netanyahu se adentra en un año electoral donde medirá entre los israelíes los resultados de la guerra en Gaza y su promesa de tumbar el régimen de los ayatolás e Irán, en plena convulsión interna, arriesga el destino de la República Islámica.
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Mientras crecen las tensiones internacionales y el gobierno estadounidense profundiza su agenda militar en distintos frentes del mundo, una imagen inesperada sacudió la escena política y deportiva: Lionel Messi visitó la Casa Blanca y participó de un acto junto a Donald Trump. La postal generó polémica y reavivó el debate sobre el vínculo entre el deporte, el poder y la política global.
Por Ignacio Elfrantini para NLI
Una visita que no pasó desapercibida
El capitán argentino Lionel Messi participó este jueves en Washington de una ceremonia oficial en la que el presidente estadounidense Donald Trump recibió al plantel de Inter Miami CF para homenajear al equipo campeón de la Major League Soccer 2025.
El encuentro forma parte de una tradición estadounidense: los campeones de las principales ligas deportivas suelen ser invitados a la Casa Blanca para recibir un reconocimiento institucional.
Sin embargo, el contexto político convirtió la escena en mucho más que un acto deportivo.
El contexto internacional que vuelve incómoda la foto
La visita ocurre en un momento en que el gobierno de Estados Unidos atraviesa un período de fuerte tensión internacional y escalada militar en diversos conflictos, lo que ha llevado a numerosos analistas a hablar de una nueva fase de confrontación global impulsada desde Washington.
En ese marco, la imagen del máximo ídolo del fútbol argentino compartiendo una ceremonia con Trump generó incomodidad y debate en redes sociales y medios políticos, especialmente en América Latina.
Para muchos, la postal exhibe cómo el deporte de élite termina orbitando inevitablemente alrededor del poder político y económico global, incluso cuando se trata de figuras que suelen mantenerse al margen de posicionamientos públicos.
Desde el punto de vista institucional, el evento fue organizado para celebrar el título que Inter Miami conquistó en diciembre de 2025, cuando venció 3-1 al Vancouver Whitecaps y levantó por primera vez la MLS Cup.
Messi fue además una de las grandes figuras de esa final y terminó siendo elegido jugador más valioso del partido, consolidando su impacto en el fútbol estadounidense desde su llegada al club de Florida.
La visita a Washington también coincidió con el viaje del equipo a la capital estadounidense para disputar un partido de la liga contra D.C. United en los próximos días.
Una primera vez en la Casa Blanca
La ceremonia marcó la primera visita oficial de Messi a la Casa Blanca, algo que ya había quedado pendiente anteriormente. En 2025, el rosarino había sido invitado a recibir la Medalla Presidencial de la Libertad durante la administración de Joe Biden, pero no pudo asistir por cuestiones de agenda.
Esta vez sí se concretó la visita, aunque el contexto político hizo que la escena adquiriera una dimensión mucho más polémica de la que suele tener este tipo de eventos deportivos.
Cuando el fútbol se cruza con la geopolítica
La visita vuelve a plantear una pregunta incómoda: ¿puede el deporte mantenerse neutral cuando entra en contacto con el poder político?
A lo largo de la historia, las grandes figuras deportivas han sido utilizadas como símbolos de prestigio internacional por gobiernos de todo signo. En Estados Unidos, la Casa Blanca convirtió esos encuentros con atletas y equipos campeones en una herramienta de soft power.
Pero en tiempos de polarización global y tensiones geopolíticas, incluso una ceremonia protocolar puede transformarse en un gesto político.
Y por eso la imagen de Messi junto a Trump —en medio de un escenario internacional cada vez más convulsionado— ya no es solo una anécdota deportiva. Para muchos, es también una postal del vínculo inevitable entre espectáculo, poder y geopolítica.
Victoria Villarruel organizó una cumbre de urgencia en el Senado para que el juez Andrés Basso, titular de la Asociación de Magistrados, pudiera convencer a los senadores aliados de rechazar el traspaso del fuero laboral a la Ciudad, pero fracasó.
La vicepresidenta cursó invitaciones a «todos los jefes de bloque», según fuentes parlamentarias, pero la Casa Rosada salió a cortar la jugada.
La intervención del gobierno rindió sus frutos porque, pasadas las 2 de la madrugada, los libertarios consiguieron aprobar en particular el título correspondiente al traspaso, con las modificaciones que buscan amortiguar eventuales declaraciones de inconstitucionalidad.
LPO conversó con dos senadores que fueron convocados a la cita, aunque uno de ellos no asistió. «No quieren que desaparezcan sus juzgados», sintetizó sin darle demasiadas vueltas al asunto.
Cuando se filtró el encuentro, en el Poder Ejecutivo lo consideraron «una traición manifiesta» por parte de la vicepresidenta. «Después pide que se respete su lugar institucional, pero arma un circo en contra nuestro entre gallos y medianoche, y se hace la patriota», se quejaban en Balcarce 50.
Desde el oficialismo comentaron que Patricia Bullrich se habría puesto del lado del gobierno. Sin embargo, LPO reveló que la exministra de Seguridad intentó por diversos medios trabar la aprobación del artículo 91, bajo la sospecha que el traspaso encierra un acuerdo político entre Karina Milei y Daniel Angelici que favorece al jefe de gabinete, Manuel Adorni, en la carrera por la jefatura de gobierno porteño.
Otra fuente al tanto de la jugada de la vicepresidenta cargó sin trepidaciones contra Bullrich. «Está embarrada hasta la cintura», resumió.
Martín Göerling
Después de la intervención de la Rosada para desactivar la maniobra de Villarruel, la titular del Senado se quedó sola con Bartolomé Abdala, acaso el único legislador que le responde, y el jefe del PRO, Martín Göerling.
La cita con Basso, de todas formas, no alcanzó. El oficialismo amplió la diferencia con la oposición al máximo cuando se votó el capítulo del traspaso del fuero laboral: juntó 44 votos a favor contra 28 de rechazo, pertenecientes a la bancada peronista en pleno.
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