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Limpieza y acondicionamiento de calles en barrio Matadero

La Dirección de Servicios Públicos de la Municipalidad de Villa Regina llevó adelante este martes trabajos de limpieza y acondicionamiento de calles en barrio Matadero.

En este sector de la ciudad se procedió a levantar los residuos no domiciliarios y escombros que se encontraban en distintos puntos del barrio. Por ello, la Municipalidad solicita a los vecinos no arrojar basura en lugares no permitidos.

Además las motoniveladoras realizaron tareas de acondicionamiento de las calles.

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  • Bullrich se juntó a celebrar el regreso de Agostina Páez y el papá hizo el gesto del mono

     

    Patricia Bullrich dio otro paso en falso este jueves al recibir a la abogada Agostina Páez, detenida en Brasil por hacer gestos discriminatorios hacia los habitantes del vecino país. Por la tarde, se juntó con la chica y su padre, Mariano Páez, quien festejó el regreso de su hija por la noche y fue filmado repitiendo el baile del mono por el que la joven fue demorada.

    En plena Semana Santa, la ex ministra de Seguridad se reunió con los Páez, para brindarles su respaldo, pero el hombre, apenas unas horas después, repitió los gestos de su hija en una fiesta. Con los brazos abiertos en jarra y haciendo que se rascaba las axilas, empezó a vociferar como un animal: «Uoh, uoh, uoh».

    Bullrich se dejó filmar en una mesa de café, junto a la joven Páez, donde se indignó con la situación que vivió la abogada. «El juez dijo que estaba todo mal», sostuvo la senadora libertaria.

    Durante el encuentro, la jefa del bloque de LLA en la Cámara Alta llegó a expresar su desagrado con la detención de Páez. Juntando los dedos de sus mano izquierda en montoncito agregó en tono de queja: «¿Tres meses?».

    Por la noche, el padre de Agostina dio una fiesta en el Bar La Oculta, en Santiago del Estero, y fue filmado mientras bailaba haciendo el mismo gesto del mono por el que su hija fue detenida en Brasil, reafirmando el agravio discriminatorio.

    «Yo nunca me he ido al Estado. A Zamora le tengo asco», dice el empresario. Sin ninguna inhibición, se jactó ante sus amigos: «Soy empresario, millonario y usurero. Y narco, narco, narco… privado».

    Soy empresario, millonario y usurero. Y narco, narco, narco… privado.

    Mariano Páez fue dueño de una línea de colectivos en La Banda pero quienes lo conocen le atribuyen la prepotencia de un patrón de estancia a la antigua. En la madrugada de esta noche, y después de ofrecer el espectáculo de su bailecito, habría confesado que los 18 mil dólares para traer a su hija de regreso al país los habría pagado él, como una protesta porque ni el Estado nacional ni el provincial lo asistieron.

    En el video de la reunión entre los Páez y Bullrich, la senadora se dirige a la abogada casi con afecto: «Viviste una experiencia que te va a fortalecer en la vida». «Con todo, con fuerza», termina alentándola. 

     

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    Bajo tierra, intactos y olvidados: los barriles de hace 400 años que reaparecieron en Noruega y abrieron una ventana al pasado

     

    Una obra urbana rutinaria terminó en un hallazgo extraordinario: tres barriles de roble perfectamente conservados, enterrados hace cuatro siglos, que permiten reconstruir con precisión cómo se construía y se vivía en la Europa del siglo XVII.

    Por Alcides Blanco para NLI

    No es habitual encontrar restos de hace 400 años como unos barriles, que se supone deberían estar casi desintegrados, y además en suelo urbano.
    Gary Chalker

    Lo que empezó como una intervención técnica más en una ciudad de Noruega terminó convirtiéndose en un descubrimiento que fascina a historiadores y arqueólogos por igual. En pleno avance de obras urbanas —vinculadas a infraestructura moderna—, los trabajadores se toparon con algo que parecía menor, pero que rápidamente captó la atención de especialistas: tres barriles de roble enterrados, intactos pese al paso de más de 400 años.

    Lejos de tratarse de simples recipientes abandonados, los barriles revelaron un contenido revelador: materiales de construcción de la época, cuidadosamente preservados por las condiciones del suelo. La combinación de humedad, temperatura estable y aislamiento permitió que la madera no se degradara, generando una especie de cápsula del tiempo que hoy permite observar el pasado con una nitidez poco habitual.

    Un hallazgo que reconstruye la vida cotidiana

    El valor del descubrimiento no reside solo en la antigüedad de los objetos, sino en lo que cuentan. Los barriles, utilizados en el siglo XVII, formaban parte de prácticas habituales en la logística de obra: transporte, almacenamiento y conservación de insumos esenciales. Esto permite entender con mayor precisión cómo se organizaban los trabajos urbanos en aquella Europa preindustrial, en un momento donde las ciudades comenzaban a expandirse con mayor complejidad.

    Los especialistas destacan que este tipo de hallazgos aporta algo que los grandes monumentos no siempre logran: una mirada concreta sobre la vida cotidiana. No se trata de palacios ni de figuras de poder, sino de los materiales, las herramientas y las prácticas de trabajadores anónimos que construyeron las ciudades que hoy conocemos.

    Pero la historia no termina ahí. Debajo de los barriles aparecieron restos aún más antiguos, que se remontan al siglo IX, lo que sugiere que el sitio fue utilizado durante siglos con distintos fines. Este dato amplía el valor del descubrimiento y convierte al lugar en un punto clave para entender la continuidad histórica del asentamiento humano en la zona.

    Cuando el pasado emerge en medio del presente

    Este tipo de hallazgos pone en evidencia una tensión cada vez más frecuente: el avance de las obras modernas sobre territorios cargados de historia. Cada excavación urbana en Europa es, en potencia, una excavación arqueológica. Y en muchos casos, como este, lo que emerge obliga a repensar lo que se creía sabido sobre determinadas épocas.

    En un mundo atravesado por la velocidad y la lógica de lo inmediato, estos barriles enterrados durante siglos funcionan como un recordatorio material: el pasado no está muerto ni enterrado del todo, sino esperando el momento —a veces casual— para volver a la superficie.

    Lo ocurrido en Noruega no es solo una curiosidad arqueológica. Es una escena casi literaria: trabajadores excavando el futuro que, de pronto, tropiezan con el pasado. Y en ese cruce, la historia deja de ser un relato abstracto para transformarse en algo tangible, concreto y profundamente humano.

     

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