Javier Milei viralizó un mapa falso para celebrar el supuesto crecimiento por provincias de la Argentina y la Universidad Austral salió a desmentirlo.
El presidente retuiteó varias veces una imagen que también fue amplificada por Felipe Núñez y Martín Vauthier, funcionarios de Luis «Toto» Caputo, en la que se citaba un informe apócrifo de la IAE Bussiness School de la Austral.
El mapa fue compartido por otros habituales difusores de fake news como Fernando Iglesias, embajador en Bélgica e incluso por macristas como Martín Yeza.
Milei compartió el mapa 14 (catorce) veces para instalar que la provincia de Buenos Aires fue la única cuya economía se achicó, contra el ejemplo de pujanza de otras provincias como Neuquén y San Juan.
En el mapa trucho no sólo no aparecen las Malvinas sino que la provincia Tucumán, el Jardín de la República, fue extirpada del territorio nacional.
«El mapa de crecimiento económico provincial que circula en redes sociales y que cita como fuente ‘IAE – Informe Económico Mensual marzo 2026′ no fue elaborado por el IAE ni forma parte de ninguno de nuestros informes», desmintió la IAE en su cuenta de Twitter.
Martín Rapetti, director de Equilibra, exhibe un mapa totalmente opuesto al que compartió Milei: con todas las provincias en rojo, la única que crece es Neuquén por Vaca Muerta.
En el gobierno santafesino aseguran que el rechazo al fideicomiso vial «es una manifestación política de La Libertad Avanza» y recuerdan que dirigentes de la entidad fueron candidatos libertarios con malos resultados electorales.
El gobierno de Maximiliano Pullaro cruzó con dureza el comunicado de la Sociedad Rural de Rosario contra el fideicomiso que la provincia negocia con municipios portuarios y la Bolsa de Comercio para financiar el mantenimiento de las rutas a los puertos.
Como contó LPO, la idea que impulsa la Casa Gris es crear un fondo específico financiado con un cargo por tonelada transportada para sostener la infraestructura vial en la región portuaria, luego de inversiones por más de USD 400 millones en accesos, autopistas y rutas provinciales.
La respuesta oficial llegó luego de que la Sociedad Rural de Rosario denunciara que el fideicomiso representa «nuevas retenciones encubiertas» y rechaza el cobro de una tasa de 1,5 dólares por tonelada.
«Para el gobierno esta es una manifestación política de La Libertad Avanza», dijeron a LPO cerca de Pullaro. En la Casa Gris sostienen que la posición de la entidad «no representa a Carsfe -Confederación de Asociaciones Ruralistas de Santa Fe-» y recuerdan que varios dirigentes de la entidad rosarina fueron candidatos libertarios en la elección constituyente.
Para el gobierno de Pullaro esta es una manifestación política de La Libertad Avanza
En el comunicado, la entidad sostiene que el impuesto del 30% a los combustibles líquidos alcanza para financiar la infraestructura vial, sin embargo, esa caja la recauda el gobierno de Javier Milei que no reparte un peso a las provincias ni tampoco presta los servicios de mantenimiento de los caminos que están detonados y en muchos lugares casi intransitables.
En ese marco, el ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, aparece como uno de los funcionarios más confrontativos con la Casa Rosada por la paralización de fondos para infraestructura.
Lisandro Enrico, ministro de Obras Públicas de Santa Fe
Mientras sectores del PRO y de la UCR dentro de Unidos presionan para avanzar en un acuerdo político con La Libertad Avanza, Enrico viene reclamando públicamente que Nación transfiera los recursos que le corresponden a Santa Fe para rutas y obras públicas.
En la provincia remarcan que gran parte de la red vial que conecta a los puertos quedó bajo responsabilidad santafesina luego del retiro de Nación y advierten que el crecimiento del tránsito pesado aceleró el deterioro de corredores estratégicos para la exportación agroindustrial que necesitan de un esquema institucional para el mantenimiento.
Por eso, ahora Pullaro abre las negociaciones que comenzaron con intendentes portuarios y la Bolsa a los agroexportadores y entidades agrícolas para acordar la manera de sostener la inversión de los accesos a terminales cerealeras.
El relato de “la casta”, la motosierra y la promesa de una transformación económica rápida empiezan a mostrar señales de agotamiento social. Una nueva encuesta nacional de la consultora Sentimientos Públicos reveló que Milei perdió casi la mitad de sus votantes originales y que el rechazo a una eventual reelección ya alcanza a siete de cada diez argentinos.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
El estudio, realizado sobre 1.500 casos en todo el país, expone un dato políticamente sensible para el oficialismo: el 48% de quienes votaron a Milei en 2023 ya no volverían a acompañarlo. Pero el fenómeno no termina ahí. Según el relevamiento, también se alejó el 50% de quienes habían apoyado a Patricia Bullrich en primera vuelta y luego se alinearon detrás del experimento libertario en el ballotage.
La encuesta aparece en un momento complejo para el Gobierno. Aunque el oficialismo sigue intentando mostrar como logro central la desaceleración inflacionaria, el deterioro del poder adquisitivo, el endeudamiento cotidiano y la caída del consumo empiezan a erosionar el vínculo emocional que Milei había construido con parte de la sociedad. Incluso el propio Presidente admitió esta semana que “el único dato que nos va a dejar cómodos es 0%” de inflación, en una señal de que el Ejecutivo necesita sostener expectativas frente a una situación económica todavía crítica.
La promesa libertaria empieza a perder potencia
El informe de Sentimientos Públicos define el momento político actual como un “quiebre de la promesa libertaria”. La idea de que el ajuste iba a ser breve y conducir rápidamente a una mejora material parece haber perdido credibilidad en amplios sectores sociales. Según la encuesta, 6 de cada 10 personas aseguran no tener esperanzas en la gestión, mientras que apenas un núcleo cercano al 27% mantiene un respaldo firme al oficialismo.
La investigación también detectó cambios sociológicos importantes. El apoyo a Milei ya no aparece únicamente asociado a jóvenes varones urbanos, como ocurría en 2023. El oficialismo logró conservar cierta adhesión en franjas juveniles y sectores de ingresos altos, pero perdió fuerza entre millennials y en grandes centros urbanos, especialmente en la Ciudad y la provincia de Buenos Aires.
Ese desgaste convive con una realidad social cada vez más áspera. El mismo informe señala que más del 45% de los argentinos tuvo que recortar gastos básicos durante el último año, mientras que el 40% reconoce haberse endeudado para sostener consumos cotidianos. Además, un 15% afirmó haber comenzado tratamientos vinculados a salud mental.
Del “aguante” ideológico al cansancio económico
El dato más delicado para el oficialismo es quizás el que atraviesa el clima social. Durante buena parte de 2024 y 2025, el Gobierno consiguió sostener apoyo incluso en medio del ajuste gracias a una narrativa basada en la herencia recibida y en la expectativa de un futuro mejor. Pero las encuestas empiezan a mostrar que ese crédito político se consume.
En paralelo, crecen las escenas de exclusión social y deterioro económico que contradicen el discurso triunfalista del Gobierno. En las últimas horas se conoció el caso de un herrero de 63 años de Temperley que podría quedar en situación de calle junto a sus cinco perros tras perder trabajo y no poder pagar el alquiler de su taller-vivienda. Historias de ese tipo comienzan a multiplicarse en distintos puntos del país y funcionan como síntoma concreto del impacto social del modelo económico.
El director de la consultora, Hernán Vanoli, planteó que el debilitamiento del apoyo no implica necesariamente una derrota electoral automática para Milei, pero sí deja una marca política profunda. Según explicó, en una sociedad atravesada por expectativas de ascenso rápido y consumo aspiracional, la sensación de que “la promesa libertaria” se quebró puede convertirse en un problema estructural para el oficialismo.
Mientras tanto, el Gobierno insiste con la idea de que la inflación es el único termómetro válido. Pero la encuesta parece mostrar otra cosa: para una parte creciente de la sociedad, el problema ya no es solamente cuánto suben los precios, sino cuánto se deterioró la vida cotidiana en nombre del ajuste.
El mercado financiero argentino empezó a desarmar parte de la bicicleta en pesos que durante meses funcionó como ancla cambiaria. El carry trade, esa estrategia de entrar en pesos para aprovechar tasas altas y luego volver al dólar, ya no ofrece el mismo margen. Y la reacción se siente rápido: el dólar volvió a moverse y la demanda de cobertura en moneda dura repuntó con fuerza.
Durante buena parte del primer trimestre, el esquema funcionó como una aspiradora de pesos. El dólar oficial cayó más de 4% en el año y quienes hicieron plazo fijo o apostaron a Lecap lograron ganancias en dólares de dos dígitos. La City celebraba. El Gobierno también. El peso parecía una vidriera brillante iluminada desde afuera, aunque detrás del vidrio la estructura seguía dependiendo de flujos financieros de corto plazo.
Pero abril cambió el clima. Las tasas empezaron a comprimirse y el mercado comenzó a preguntarse si seguía valiendo la pena asumir riesgo cambiario para capturar rendimientos cada vez menores. Ahí apareció el primer movimiento defensivo: toma de ganancias en pesos y migración hacia activos dolarizados.
En paralelo, el propio Banco Central reconoció que volvió a crecer la dolarización. Según el último Informe de Política Monetaria, la demanda de dólares en el mercado de cambios llegó a USD 1.500 millones en abril, muy por encima de los USD 900 millones promedio que se observaban tras las elecciones de medio término. El dato encendió alarmas porque muestra un cambio de conducta financiera justo cuando el Gobierno necesita sostener calma cambiaria y acumulación de reservas.
La demanda de dólares en el mercado de cambios llegó a USD 1.500 millones en abril, muy por encima de los USD 900 millones promedio que se observaban tras las elecciones de medio término.
En la City admiten que el carry sigue existiendo, pero dejó de ser un paseo. La ecuación se volvió más sensible. Un salto relativamente moderado del dólar puede borrar en pocos días el rendimiento acumulado durante meses. Economistas consultados advierten que no hay tasas capaces de cubrir completamente el riesgo de una corrección cambiaria dentro de las bandas oficiales cada vez mas anchas.
El problema para el Gobierno es que esta dinámica tiene una lógica circular. El carry ayudaba a mantener tranquilo al dólar porque generaba oferta de divisas y demanda de pesos. Pero cuando el mercado sospecha que el rendimiento ya no compensa el riesgo, el mecanismo gira en sentido contrario. Los inversores se dolarizan y la presión sobre el tipo de cambio aumenta.
En los despachos oficiales todavía relativizan el fenómeno. Argumentan que no hay una salida masiva y que la demanda de pesos sigue siendo sólida. Cerca del equipo económico señalan que el esquema cambiario mantiene credibilidad y que el mercado todavía apuesta a tasas reales positivas. Sin embargo, en privado reconocen que la estabilidad depende de un delicado equilibrio financiero. «Mientras entren dólares financieros el sistema aguanta», resumió un operador del mercado.
El trasfondo es más profundo que un simple movimiento táctico de inversores. La economía argentina volvió a construir estabilidad cambiaria sobre incentivos financieros de corto plazo. La bicicleta funcionó mientras el dólar permaneció quieto y las tasas ofrecían un premio elevado. Pero cuando el margen se achica, reaparece una conducta histórica del sistema económico local: correr hacia el dólar.
En las últimas semanas crecieron las recomendaciones de dolarizar parcialmente carteras. Fondos comunes, bonos hard dollar y obligaciones negociables volvieron al radar de los inversores. El movimiento todavía es gradual, pero muestra un cambio de humor.
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