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La planta de bombeo de Godoy cuenta con una nueva bomba

La Dirección de Obras Sanitarias de la Municipalidad de Villa Regina realizó durante la jornada de este lunes el recambio de una bomba por otra totalmente nueva que incluye motor y tablero eléctrico en la planta de bombeo de agua potable ubicada en General Enrique Godoy. Se trata de un equipo electrosumergible de 100 HP.
A su vez también se reparó un motor que servirá para armar otra bomba con el fin de contar con dos bombas necesarias para su óptimo funcionamiento.

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    La Navidad de la solidaridad frente a la Argentina de la crueldad

     

    Más de 5.000 personas en situación de exclusión compartieron la Noche Buena en la plaza del Congreso gracias a una enorme red solidaria impulsada por Argentina Humana y Patria Grande, en un contexto social cada vez más marcado por el ajuste y la indiferencia.

    Por Roque Pérez para NLI

    La postal volvió a repetirse, pero con más fuerza y más gente. Centenares de mesas colmadas de familias en situación de calle, brindando a la medianoche, compartiendo una comida caliente y recibiendo un regalo, ocuparon la plaza del Congreso en una Noche Buena que dejó al desnudo las dos Argentinas: la del abandono social creciente y la de la solidaridad organizada.

    La iniciativa fue nuevamente de Argentina Humana, la plataforma social de la agrupación Patria Grande, que conduce Juan Grabois, y que logró que más de 5.000 personas excluidas por el sistema pudieran celebrar la Navidad con dignidad. Hubo abundante comida artesanal, shows musicales, mesa dulce y regalos para todos, en lo que los organizadores definieron como “la fiesta popular más grande de todas”.

    Una organización popular que no se rinde

    En su novena edición, la cena navideña no se limitó al Congreso. A la convocatoria central se sumaron réplicas en distintos municipios de la provincia de Buenos Aires, algunas realizadas incluso antes del 24 de diciembre, como la multitudinaria cena que tuvo lugar en La Plata días atrás.

    Para que la celebración fuera posible, más de mil voluntarios del Frente Patria Grande, del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y de espacios autoconvocados pusieron el cuerpo durante horas. Desde temprano, un camión de cartoneros organizados en el MTE se estacionó frente al Palacio del Congreso y comenzó el despliegue: mesas de madera, gazebos, insumos y todo lo necesario para recibir a quienes llegarían con la noche.

    A través de un verdadero “pasamanos solidario”, las mesas fueron trasladadas a la plaza, donde ya se habían montado los espacios de recepción. Además de un menú navideño de tres pasos, la organización ofreció duchas móviles, servicios de cuidado personal, peluquería y un sector exclusivo para las infancias, con juegos y actividades.

    La Navidad que el ajuste no puede borrar

    El momento más esperado para los más chicos llegó con la aparición de un Papá Noel solidario, que recorrió las mesas para que cada niño y niña recibiera su regalo navideño, en una noche donde el afecto fue tan importante como el plato de comida.

    La convocatoria también contó con la presencia de figuras públicas como Andrea Rincón, Alejandro Bercovich y Eial Modavsky, que se acercaron a compartir la jornada. La música y el arte cumplieron un rol central, con shows de Alan Sutton, Barbi Recanati, Mariu Serrano y Mundo Arlequín, que funcionaron, según remarcaron los organizadores, como un puente de integración en una noche sin distancias sociales.

    El contexto económico se hizo sentir con crudeza. Desde la organización señalaron que en 2024 habían participado unas 4.000 personas, mientras que este 2025 la cifra trepó a 5.000 comensales, entre familias en situación de calle —muchas de ellas empujadas a esa realidad durante este mismo año— y sectores de clase media empobrecida por el ajuste.

    La cena fue preparada por 50 cocineras sociocomunitarias, las mismas mujeres que sostienen comedores barriales durante todo el año. “Cocinaron con la misma dedicación con la que alimentan a sus comunidades”, destacaron desde la organización, poniendo en valor un trabajo invisibilizado y esencial.

    Solidaridad como respuesta política

    Durante la jornada estuvo presente el diputado nacional de Unión por la Patria y referente de Patria Grande, Itai Hagman, quien resaltó la enorme cantidad de voluntarios que se acercaron este año para que ninguna persona pasara la Noche Buena sin un plato de comida ni un motivo para celebrar.

    “Más que nunca, en este contexto de mierda donde nos quieren inocular el individualismo, el egoísmo y el sálvese quien pueda, es necesario reforzar la solidaridad y seguir organizándonos con el pueblo argentino”, expresó Hagman, acompañado por las diputadas Natalia Zaracho y Fernanda Miño, el senador provincial Federico Fagioli, la legisladora porteña Mariana González y la ex diputada Ofelia Fernández.

    Por su parte, Juan Grabois valoró la magnitud de la organización y la concurrencia, y llamó a seguir alimentando la esperanza, combinando rebeldía y pueblo, en una Argentina donde la exclusión crece, pero donde también crece la respuesta colectiva frente a la crueldad convertida en política de Estado.

     

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  • Detectaron desvíos de más de 40 millones de dólares a sociedades fantasmas desde una cuenta vinculada a la AFA

     

     A fines de 2021, un año antes de que la Selección Argentina de Fútbol se coronase campeón mundial en Qatar, la AFA designó a la empresa TourProdEnter LLC como agente comercial de la Asociación del Fútbol Argentino.

    La empresa está registrada a nombre del productor de espectáculos Javier Faroni y su esposa Erica Gillette y su principal función es el cobro de los ingresos para AFA en el exterior. Todos los réditos económicos que genera la Selección Argentina a través de los sponsors, derechos de televisación y partidos amistosos eran administrados por Faroni y Gillette, un negocio monumental que según el diario La Nación en cuatro años llegó a cosechar más de 260 millones de dólares.

    La pareja y el titular de Sur Finanzas, Ariel Vallejo, quedaron bajo la lupa sospechados de participar de un engranaje financiero que reportan al presidente de la AFA, Claudio «Chiqui» Tapia y a su mano derecha Pablo Toviggino.

    En la investigación que firmaron los periodistas Nicolás Pizzi, Ignacio Grimaldi y Hugo Alconada Mon detectaron que Faroni a través de TourProdEnter LLC repartió fondos en cuatro bancos: más de USD146 millones en el Bank of America, otros USD72,4 millones en el Synovus, USD41 millones en el Citibank y el remanente en el JP Morgan, enumeran según surge del análisis de registros bancarios que cita La Nación que fueron remitidos por la justicia de Estados Unidos.

     Una investigación de La Nación detectaron que Faroni a través de TourProdEnter LLC repartió fondos en cuatro bancos: más de USD146 millones en el Bank of America, otros USD72,4 millones en el Synovus, USD41 millones en el Citibank y el remanente en el JP Morgan, enumeran según surge del análisis de registros bancarios que fueron remitidos por la justicia de Estados Unidos. 

    De esa ganancia millonaria, advirtieron que al menos 42 millones de dólares se desviaron a cuatro sociedades constituidas en el estado de Florida que no tienen empleados, ni actividad comercial declarada.

    Tapia y Toviggino

    Como titulares de esas empresas fantasmas figuran el nombre de argentinos que trabajan como empleados en relación de dependencia en Bariloche, son beneficiarios de viviendas sociales, afrontaron ejecuciones comerciales y fiscales y, en un caso, fue declarada en quiebra con presunción de fraude, según reconstruyó LA NACION.

    Además, hay otros USD109,9 millones de la AFA que se remitieron a un agente de valores con sede en Uruguay que recurrió a un vehículo regulado en las Islas Vírgenes Británicas (BVI) para custodiar los fondos, en tanto que decenas de millones de dólares se destinaron a gastos de lujo alrededor del mundo: aviones privados, equitación, yates, peluquería, autos, residencias veraniegas y entradas de teatro VIP, entre otros consumos y actividades suntuarias.

    La investigación del diario La Nación admitió que en la documentación confidencial que analizaron no aparecen los nombres de «Chiqui» Tapia ni de Pablo Toviggino pero si por ejemplo el nombre de la esposa de Toviggino como receptora de fondos y una sociedad anónima en la que su hermano, Darío Toviggino, aparece como accionista. Además, muchos gastos fueron coincidentes con actividades oficiales de las autoridades de la AFA.

     Las sociedades a las que se le transfirieron fondos desde TourProdEnter LLC que no reportan movimientos ni empleados a cargo son Soagu Services LLC, que recibió USD10,8 millones; Marmasch LLC, con giros por USD13,4 millones; Velp LLC, con USD3 millones; y Velpasalt LLC, con USD14,7 millones 

    Según reconstruyó La Nación, las sociedades a las que se le transfirieron fondos desde TourProdEnter LLC que no reportan movimientos ni empleados a cargo son Soagu Services LLC, que recibió USD10,8 millones; Marmasch LLC, con giros por USD13,4 millones; Velp LLC, con USD3 millones; y Velpasalt LLC, con USD14,7 millones.

    Los titulares que figuran en los registros de esas sociedades tienen domicilios en Bariloche y son empleados, beneficiarios de planes sociales y en uno de los casos con una causa por fraude.

    Es el caso de la sociedad Velp LLC cuyo responsable es Verónica Inés López, una argentina de 52 años pareja de Roberto Salice que aparece como responsable de Velpasalt LLC. Salice fue declarado en quiebra en 2019 y con una causa por presunción de fraude.

    Los periodistas de La Nación hablaron con Salice quien negó tener algún contacto con TourProdEnter LLC aunque conocía el nombre de la sociedad Velpasalt LLC radicada en Estados Unidos. Según Salice estuvo anotado como manager pero la firma ya no existía.

    Según la investigación, Velpasalt LLC sigue activa y la que se cerró fue Velp LLC en la que aparece el nombre de su esposa, Verónica Inés López, que se disolvió el 22 de septiembre de 2023, según los registros. Sin embargo, siete días después de disuelta, recibió una transferencia desde el banco Synovus por 341.000 dólares, concluyó La Nación.

     

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  • Desarrollo Social y Migraciones continúan con asesoramiento a extranjeros

    La Secretaría de Desarrollo Social de la Municipalidad de Villa Regina junto a Migraciones con sede en Neuquén llevó adelante la atención y asesoramiento de personas que necesitan regularizar trámites para, entre otras cosas, obtener su DNI. Este trabajo se viene desarrollando una vez al mes en las oficinas del área e incluye asesoramiento de…

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  • ¿Por qué funciona el discurso anticomunista?

     

    En la campaña electoral de 2023, los gritos vehementes de Javier Milei denunciando el “zurdaje comunista” generaron incredulidad y hasta risas. ¿A quién le hablaba?, ¿a quién convocaba con ese discurso antiguo? pensamos muchos. Un asombro similar produjeron las declaraciones de Donald Trump, que en 2019 denunció el “Green New Deal” (la propuesta de un nuevo acuerdo ecologista) como “un Caballo de Troya para el socialismo en Estados Unidos”. Más lejano aun pudo parecer el lema “Comunismo o libertad” usado en la campaña electoral de 2021 por Isabel Díaz Ayuso, la actual Presidenta de la Comunidad de Madrid. Y desde luego, está el caso de Jair Bolsonaro, uno de los pioneros en reavivar la tradición anticomunista. Hasta hace poco tiempo, en su dispersión y heterogeneidad estas menciones podían parecer trasnochadas o anacrónicas, dada la desaparición del horizonte del comunismo soviético. Sin embargo, esos candidatos han llegado al poder. Entonces: ¿trasnochados ellos o ingenuos nosotros?

    Estos líderes forman parte de una lista más larga de quienes, con mayor o menor vehemencia, reclaman contra la conspiración comunista, socialista o colectivista que aqueja al mundo. De la ecología a las políticas de género, de los impuestos al cuidado humanitario de inmigrantes, o la educación sexual, hoy muchas de las causas y valores de la renovación de la cultura democrática de las últimas décadas han sido tachados de comunistas, como un avance totalitario y opresor. En el caso de los sectores ultraliberales, la educación y la salud públicas –y todas las políticas redistributivas o progresivas– son consideradas nuevas formas de comunismo. Así, la gran familia de las nuevas derechas parece estar viviendo otra vez la Guerra Fría, más cerca del delirio paranoide que de algún enfrentamiento real con opciones anticapitalistas.

    ¿Anacrónico?

    El primer dato a considerar es que el anticomunismo de estos líderes no es una novedad; tiene una larga historia de persecución política y pensamiento conspirativo que atraviesa todo el siglo XX de Occidente y que se remonta incluso a décadas anteriores a la Guerra Fría, al menos hasta la Revolución Rusa de 1917. Lo mismo sucede con la historia de estas derechas: la novedad que representan tiene profundas raíces en la historia del conservadurismo y el nacionalismo de cada país y a escala global (1). Por tanto, el anticomunismo es tan antiguo como la historia de las derechas que hoy tratamos de entender. Pero esto no significa que el fenómeno actual sea la mera continuidad de ese pasado o que pueda pensarse como la simple reverberación del fascismo de entreguerras. Hay en las derechas radicales una novedad indiscutible en la manera en que disputan sus intereses bajo el juego político de la democracia liberal, al mismo tiempo que la socavan por dentro, tal como han señalado agudos observadores (2). ¿Cuál es la novedad de su anticomunismo? ¿Por qué y para qué movilizar imaginarios en apariencia old fashioned, especialmente para las jóvenes generaciones a las que se dirigen?

    Se suele decir que el anticomunismo es un discurso anacrónico, en un mundo donde, desde la caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución de la Unión Soviética (1991) el comunismo no existe más como opción política. Por esa razón, el componente antimarxista de las nuevas derechas suele ser relegado como un dato más de una retórica florida. Esta perspectiva tiende a descartar el problema, considerando como una mera estrategia discursiva al elemento ideológico que organizó buena parte del conflicto político del siglo XX. La dificultad reside en entender “comunismo” en términos geopolíticos literales, como si solo se refiriese al mundo soviético, a los partidos comunistas en Occidente o a la defensa de un modelo anticapitalista. Y tal vez ese no sea el ángulo más productivo para pensar el problema. La pregunta es, más bien, otra: ¿qué están diciendo cuando dicen “comunismo”, y qué potencial político tiene hoy volver a movilizar este término?

    Feminismo, género, diversidades sexuales, raciales o religiosas, educación sexual, cambio climático, migraciones, islamismo, redistribución del ingreso, protección de las minorías y de los sectores sociales más vulnerables… La lista de ideas, proyectos o sujetos tachados de “marxismo cultural” o “socialismo” –según las declinaciones de cada profeta– muestran, de una punta a la otra del mapa global, que “comunismo” designa hoy los valores del llamado mundo “progresista” de las últimas décadas (“woke”, en su versión despectiva). En otros términos, el anticomunismo es una declinación a la antigua del actual antiprogresismo, con la diferencia de que hoy la disputa se produce dentro del capitalismo y con variaciones muy relativas. Sin embargo, en esas variaciones relativas, que parecen marginales dentro del capitalismo, se juega la vida de millones de personas. Al apelar a la potencia simbólica del término “marxista” o “comunista”, los líderes de derecha buscan recuperar la fuerza mayor de ese combate en el Occidente liberal (de todas maneras, la evocación no es igual en todos, y de hecho algunos líderes, como Marine Le Pen o Giorgia Meloni, no recurren tanto a la batería discursiva anticomunista). En cualquier caso, todos defienden el mismo sentido antiprogresista que los vehementes antimarxistas Santiago Abascal o Javier Milei.

     

    Antiprogresismo

    El segundo dato clave –ya muy conocido– es que el antiprogresismo es hoy el centro de la batalla cultural de las nuevas derechas globales, que en cada país adquiere sus propios contornos –antiperonista y ultraliberal en Argentina, islamobófico y antimigratorio en Europa o Estados Unidos–. Esa guerra cultural de la “internacional reaccionaria” parte del supuesto de que la izquierda, a pesar de su fracaso en la construcción del socialismo, se impuso en el terreno cultural. La verdadera lucha debería apuntar, para las fuerzas conservadoras, a la hegemonía del progresismo que destruye la sociedad occidental con su pensamiento “políticamente correcto” (3). Por eso mismo, se presentan como la rebelión contra un sistema que suponen conquistado y dominado por el progresismo y la izquierda. Por muy anacrónico que parezca, el anticomunismo es coherente y está en el corazón del proyecto ideológico de las nuevas derechas.

    El anticomunismo propone respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social.

    Una mención aparte merece el combate contra el feminismo y la “ideología de género”, combate que va más allá de sus élites dirigentes. ¿Por qué el feminismo y la diversidad sexual están en el centro de la disputa y de la denuncia anticomunista sobre el “marxismo cultural”? En la actual configuración de las democracias liberales, pocas cosas –o casi ninguna– representan una amenaza real al orden social. Sin embargo, el feminismo, en su impugnación antipatriarcal (que incluye el cuestionamiento del orden heterosexual como norma), conserva un poder subversivo y antisistema que no tiene ningún otro factor del progresismo actual (independientemente de las corrientes dentro del feminismo). Así, estas derechas, que se proclaman antisistema, luchan en realidad por la preservación de un orden social blanco, masculino y colonial que sienten socavado. Tal como lo hacía el anticomunismo del pasado, que veía el orden occidental en peligro e imaginaba conspiraciones paranoicas de la Casa Blanca a la Casa Rosada, de los hippies a las guerrillas, de las minifaldas al peronismo. Es aquí, en la lucha por la preservación del sistema, donde la impugnación de “marxista” o “comunista” aplicada al feminismo encuentra todas sus resonancias pasadas.

    Si bien la batalla cultural antiprogresista unifica a las nuevas derechas radicales, sus diferencias no son menores, especialmente en cuestiones como la economía y el nacionalismo. Estas variaciones indican, también, que el florecimiento de fuerzas radicales de derecha debe ser explicado en función de procesos y tradiciones locales –y no meramente como una “ola global”–. Es aquí donde el anticomunismo de Milei adquiere su rasgo distintivo: no se trata de la impugnación de las agendas culturales del progresismo biempensante, sino de la destrucción de todo resabio de políticas orientadas a las grandes mayorías sociales entendidas como formas de estatismo y colectivismo. Se trata de la gestión desnuda en favor de los intereses del tecno-capitalismo concentrado internacional. Con ello, el neoliberalismo argentino –en la versión iracunda de Milei– retoma una larga tradición de nuestras derechas. Basta con evocar la última dictadura para constatar que las derechas fueron tan anticomunistas como neoliberales y autoritarias, y que su principal oponente fueron las políticas estatistas, keynesianas y redistributivas, en general asociadas al peronismo y al kirchnerismo. Desde luego, esto parece dejar a Milei lejos del proteccionismo de Trump, pero muy cerca de la defensa compartida del tecno-capitalismo. En todo caso, el anticomunismo neoliberal de Milei se alinea cómodamente con el de Bolsonaro o José Kast.

    Dentro de estas variaciones nacionales, algunos argumentos de orden geopolítico explican los tópicos anticomunistas de manera más concreta, sin los efectos anacrónicos que parecen tener en boca de líderes como Milei. El caso más claro es Trump y su batalla por la supervivencia del poder imperial estadounidense frente a China. Ello le permite, sin excesivos retorcimientos históricos, identificar su enemigo en el “comunismo oriental”. De la misma manera, su electorado de origen latino vota entusiasta la condena a la “troika de la tiranía”, tal como la llamó su Consejero de Seguridad Nacional en 2018, John Bolton, a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Por la misma razón estratégica pero en sentido inverso, en Hungría Viktor Orban dejó de lado su discurso anticomunista –que asociaba la Rusia de hoy con la Unión Soviética– para pasar a una cercanía más pragmática con Vladimir Putin.

    Significante vacío

    Volvamos a nuestras preguntas de partida: ¿por qué y para qué movilizar el imaginario anticomunista? Si, una vez más, dejamos de pensar el comunismo en términos literales, surge un último elemento clave: el potencial político-simbólico del discurso anticomunista en su larga historia. Con mayor o menor pregnancia según los países, “comunista” ha funcionado también como un potente significante vacío negativo, capaz de ser llenado con los más diversos contenidos y sujetos, como un otro absoluto, peligroso y amenazante. Tanto es así que Alice Weidel, la dirigente de la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), puede permitirse decir que Adolf Hitler era un “comunista”.

    La noción de significante vacío es particularmente útil para entender el peso del anticomunismo en Argentina, donde –salvo algunos momentos– no ha habido fuerzas de izquierda importantes, a diferencia de países como Brasil o Chile, donde el comunismo evoca miedos históricos bien reales. En Argentina “comunista” es, entonces, un sentido a ser llenado, que sirve para polarizar y designar un otro peligroso que pone en riesgo “nuestro” orden social y moral, nuestra comunidad. Es, por ello, un enemigo absoluto que debe ser eliminado (4). En la historia argentina, la denuncia del “peligro rojo” ha servido para generar miedos sociales y justificar la persecución de trabajadores, partidos de izquierda, peronistas y antiperonistas, mujeres, jóvenes, gays o artistas “transgresores”, cuyas prácticas, ideas o deseos parecían hacer tambalear el orden occidental y cristiano. Movilizado con fines instrumentales o con auténtica convicción ideológica, “comunista” o “marxista” ha funcionado en boca de las derechas como designación automática de un culpable de todos los males. Así, el anticomunismo finalmente propone certezas y respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social y amenaza sobre la comunidad de pertenencia. Esta potencia simbólica es la que sigue funcionando en el apelativo “comunista” aplicado en el presente. Por eso mismo, la pandemia de Covid –epítome máximo de la disolución final por venir– fue también un momento de renacimiento del anticomunismo.

    Es entonces este gran poder performativo de la acusación de “comunista”, tan sedimentado históricamente en el mundo occidental, lo que permite que las nuevas derechas –herederas al fin y al cabo de largas tradiciones conservadoras– sigan utilizando el término para arremeter en su batalla cultural. Sin duda, la movilización antiprogresista ha logrado dar una nueva vida al “miedo rojo” para las generaciones desencantadas de nuestro tiempo.

    1. Para el caso argentino, véase: Sergio Morresi y Martín Vicente, “Rayos en un cielo encapotado: la nueva derecha como una constante irregular en Argentina”, en Pablo Semán (coord.), Está entre nosotros, Buenos Aires, Siglo XXI, 2023.
    2. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias, Barcelona, Ariel, 2018; Steven Forti, Democracias en extinción, Barcelona, Akal, 2024.
    3. Pablo Stefanoni, “Las mil mesetas de la reacción: mutaciones de las extremas derechas y guerras culturales del siglo XXI”, en J. A. Sanahuja y Pablo Stefanoni (eds.), Extremas derechas y democracia: perspectivas iberoamericanas, Madrid, Fundación Carolina, 2023.
    4. Ernesto Bohoslavsky y Marina Franco, Fantasmas rojos. El anticomunismo en la Argentina del siglo XX, UNSAM, 2024.

     

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