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En plena dictadura militar, cuando cantar una consigna política podía terminar en cárcel, palazos o desapariciones, una tribuna del ascenso argentino decidió romper el miedo. El 24 de octubre de 1981, la hinchada de Nueva Chicago cantó la Marcha Peronista en un estadio de fútbol y desató una represión feroz. Cuatro décadas y media después, aquella escena sigue siendo uno de los episodios más potentes de resistencia popular nacidos desde una cancha.
Por Alcides Blanco para NLI
La Argentina de 1981 era un país atravesado por el terror estatal. Aunque la Junta Militar comenzaba a mostrar signos de desgaste, la maquinaria represiva seguía intacta. Había censura, persecución política y control sobre cualquier manifestación pública. En ese contexto, entonar la Marcha Peronista equivalía a desafiar directamente al poder militar.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió en Mataderos.
Aquella tarde, Nueva Chicago enfrentaba a Defensores de Belgrano en el viejo estadio República de Mataderos por el campeonato de Primera B. El equipo verdinegro marchaba rumbo al ascenso y el barrio respiraba clima de fiesta. Bombos, banderas y tribunas repletas convivían con una tensión permanente: la Policía controlaba cada movimiento porque el fútbol también era vigilado como espacio político.
Entonces ocurrió lo impensado.
Desde la popular comenzó a escucharse la melodía prohibida. Primero tímidamente. Después con fuerza. Miles de hinchas empezaron a cantar la Marcha Peronista en plena dictadura militar, en un país donde todavía funcionaban centros clandestinos de detención y donde el aparato represivo seguía activo sobre sindicatos, universidades y barrios populares.
La tribuna obrera que enfrentó el miedo
Nueva Chicago no era cualquier club. La identidad del barrio de Mataderos estaba profundamente ligada al movimiento obrero y al peronismo histórico. Desde mediados del siglo XX, el club había construido una mística popular asociada a los trabajadores de frigoríficos, mercados y fábricas de la zona oeste porteña.
Por eso, lo ocurrido en 1981 no fue solamente un canto futbolero. Fue una demostración política nacida desde abajo, desde una tribuna popular que decidió desafiar el silencio impuesto por los militares.
La reacción policial fue brutal e inmediata.
Efectivos armados ingresaron a la tribuna con palos y comenzaron una represión feroz. Hubo corridas, golpes y decenas de detenidos. Según reconstrucciones posteriores, 49 hinchas terminaron arrestados y varios fueron obligados a correr esposados por las calles de Mataderos porque los patrulleros no alcanzaban para trasladarlos.
La imagen de los “presos al trote” apareció en diarios de la época y se convirtió en una postal insólita del final de la dictadura: un régimen militar aterrorizado por una canción.
Peor todavía: nueve hinchas fueron enviados a la cárcel de Devoto acusados de infringir disposiciones sobre reuniones deportivas. Uno de ellos permaneció preso durante más de un mes. Todo por cantar en una cancha.
El “Arroz con leche” que humilló a la Policía
La historia no terminó allí. Una semana después, Chicago jugó contra Atlanta y la tensión seguía intacta. La Policía esperaba una nueva provocación y preparó un operativo especial para reprimir otra vez el canto prohibido.
Pero la hinchada tenía preparada una respuesta tan simple como genial.
Desde la tribuna comenzó nuevamente la introducción musical de la Marcha Peronista. Los policías avanzaron desesperados, convencidos de que volverían a escuchar el cántico peronista. Sin embargo, cuando llegó el momento de la letra, miles de gargantas explotaron con otra canción:
“Arroz con leche, me quiero casar…”
La maniobra descolocó completamente al operativo policial. Mientras los efectivos quedaban expuestos al ridículo, la tribuna estallaba de risa y celebración. La hinchada había encontrado una forma perfecta de burlarse de la dictadura usando una canción infantil.
La escena quedó inmortalizada como uno de los episodios más creativos de resistencia cultural durante los años oscuros del terrorismo de Estado.
Mucho más que fútbol
Con el paso del tiempo, aquella jornada adquirió una dimensión histórica mucho mayor. Lo sucedido en Mataderos demostró que el fútbol argentino nunca estuvo aislado de la realidad política y social del país. Mientras muchos dirigentes miraban para otro lado frente al horror dictatorial, sectores populares encontraron en las tribunas un espacio de identidad y resistencia.
La hinchada de Chicago hizo política cuando hacerlo podía costar la libertad. No hubo dirigentes pronunciando discursos ni estructuras partidarias organizando actos. Hubo trabajadores, vecinos e hinchas desafiando el miedo colectivo desde una popular.
A 45 años de aquella tarde, el episodio sigue funcionando como una marca profunda en la memoria futbolera y política argentina. Porque en uno de los momentos más oscuros de la historia nacional, una tribuna demostró que incluso bajo represión, censura y amenazas, todavía había quienes estaban dispuestos a cantar.
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Axel Kicillof encabeza la intención de voto para las elecciones de 2027 con el 44%, un número que lo deja a un paso de ganar en primera vuelta. Además, según un trabajo de Zubán Córdoba, el 72% de los encuestados pide un cambio de gobierno.
Ante una candidatura de Kicillof, el 44,1% dice que lo votaría, seguido por 34,6% de Sergio Massa contra 32,4% de Patricia Bullrich y 31,7% de Victoria Villarruel. Javier Milei aparece quinto con 31,4% y un 57,2% de «no lo votaría».
El 64,5% de los encuestados desaprueba la gestión libertaria contra el 34,3% de aprobación. Desde Zuban-Córdoba explicaron que, a pesar de una leve mejora respecto de los números de abril muestran una tendencia negativa que se «consolida». Solo 3 de cada 10 mujeres aprueban la gestión de Milei y 4 de cada 10 hombres tienen una opinión positiva.
Javier Milei tiene una imagen positiva de 34,8% y lo supera Myriam Bregman con 35,1%. Además, el presidente tiene la negativa más alta de los posibles candidatos presidenciales con 60,6 y sólo lo supera Mauricio Macri con 62,8%.
En ese rubro lidera Axel Kicillof con 45,2 de positiva y 46,3 de negativa. Lo sigue Villarruel con 40,6% y 42,3% y Bullrich con 37,3% de positiva y 55,5% de negativa.
De los dirigentes con peor imagen analizados en la encuesta, Adorni tiene 65,7% de negativa y solo quedó por debajo de Karina Milei. Sacando quienes no conocen al jefe de gabinete y los no sabe/ no contesta, la negativa del ex vocero se eleva hasta 72%.
A la pregunta «¿Hace falta un cambio de gobierno en la Argentina?», el 71,2% dijo que sí contra 21% que se mostró en desacuerdo. El 76,5% de las mujeres están de acuerdo con la afirmación contra el 65,1% de los hombres.
El 40% de los votantes de Milei dice estar defraudado con el presidente. Además, el 28% de los consultados se inclina por votar al peronismo y 22% a los libertarios. El PRO y el Frente de Izquierda están muy lejos con 5%.
La encuesta fue realizada entre el 26 de abril y el 1 de mayo e incluyó 2000 casos con 20% de mailing y 80% CAWI.
Paolo Rocca quiere convencer a Mauricio Macri de que apoye una hipotética candidatura presidencial de Patricia Bullrich en 2027, para enfrentar a Javier Milei con un proyecto de derecha racional.
El CEO del Grupo Techint se reunió con el expresidente hace poco más de un mes en su casa de Martínez y, entre otras cosas, le habría pedido que se sume a la idea de un plan B que promueve un sector del establishment, revelada por LPO.
Rocca fue el gran promotor económico de la candidatura de Bullrich en 2023 y ahora quiere volver a la carga para construir una alternativa a Milei que continúe con la base de su proyecto económico pero tenga una mirada más productiva y de protección a la industria nacional.
En el establishment hay un temor importante a que la falta de resultados del modelo de Milei en la economía real termine haciendo competitivo al peronismo y le dé chances de ganar las elecciones a Axel Kicillof. Es por eso que buscan un plan B y empujan a Patricia.
Bullrich ya tiene muy lanzado el proyecto presidencial en caso de que llegue su momento, ya sea porque la reelección de Milei entra en crisis y queda como la única opción libertaria o porque decide confrontar directamente con el gobierno. Un rumor fuerte es que Patricia ya está armando su equipo de campaña, en el que estaría trabajando el consultor Derek Hampton, ex socio de Santiago Caputo.
Casualidad o no, tras aquella reunión con Rocca, Macri empezó a moverse fuerte y lanzó su slogan del «próximo paso», con el que juega con la idea de volver a ser candidato.
Además de las cumbres del PRO que organizó, el expresidente se reunió con gobernadores de peso como el cordobés Martín Llaryora, tal como reveló LPO, y el mendocino Alfredo Cornejo, al que visitó la semana pasada y tienta para un rearmado de Juntos por el Cambio.
Al mismo tiempo, Macri está trabajando para sumar a su proyecto a las viudas de La Libertad Avanza, como Guillermo Francos, Ramiro Marra y Diana Mondino. La excanciller lo escuchó a Macri el jueves pasado en la Universidad Austral, cuando dijo que Milei se cree un profeta.
En su visita a Mendoza mantuve un encuentro de camaradería con el expresidente Mauricio Macri.Siempre es valioso poder dialogar y compartir miradas sobre la situación económica y social de la Argentina y de nuestra provincia. Son intercambios que aportan perspectiva y… pic.twitter.com/z8SEDbqTjW