El agronegocio convirtió a todo el sistema alimentario en un riesgo para la salud. Hasta un típico menú que el nutricionismo considera saludable.
Te presentamos con datos oficiales e investigaciones de la ciencia o informes autogestivos de matrices ambientales, que demuestran como un menú saludable es impactado negativamente por el agronegocio a través de residuos de agrotóxicos, transformando una determinación esencial para una buena salud como lo es la alimentación saludable, en un factor de riesgo.
Se focaliza en la noción de un típico menú saludable para graficar hasta que punto el Agronegocio afectó el derecho a la alimentación. Porque en realidad, el agronegocio transformó a todo el sistema agroalimentario en un riesgo para la salud.
MENU SALUDABLE
– Pescado con Papa y rodajas de Cebolla, Tomate, Ajo y Limón. – Ensalada de Espinaca, Morrones, Lechuga y Huevo. – Copa de Frutas (Anana, Frutilla, Naranja, Durazno y Manzana) con crema. – Pancitos de Salvado de Trigo. – Agua.
—————–
PLATO PRINCIPAL
Pescado/Sábalo 3 Agrotóxicos en los músculos Glifosato y ampa 3303 ug/k Glufosinato de Amonio 677 ug/k Piraclostrobina 50 ug/k Link
Papa 14 Agrotóxicos Acefato 8300 ug/k Heptacloro 440 ug/k Metamidofos 100 ug/k Link
Cebolla 10 Agrotóxicos Metoxifenocide 921 ug/k Acefato 330 ug/k Link
En su oficina ubicada frente a los Tribunales de Rosario, donde alterna reuniones con empresarios y el análisis de la coyuntura económica, Esteban Guida recibió a LPO para analizar la coyuntura económica con una mirada distinta a porteña, que prevalece en los medios.
Docente de la Universidad Nacional de Rosario, director de la consultora Grupo Guida y presidente de la Fundación Pueblos del Sur, el economista advierte sobre los riesgos a largo plazo de consolidar un modelo centrado en la exportación de materias primas en detrimento del mercado interno.
-¿Cómo definís el modelo económico que está llevando adelante Javier Milei?
-Nos están llevando a una «africanización de la economía». Eso significa bajar los niveles de consumo de las grandes mayorías y reservar la riqueza para el 5% de la población a través de un modelo primarizado, concentrado y exportador donde ningún otro negocio termina funcionando.
El programa económico de Milei y Caputo ya está plenamente implementado. El gobierno no tuvo obstáculos políticos, sociales ni externos para hacer lo que quería hacer. Hoy podemos decir que esto es exactamente lo que el Gobierno vino a hacer. Por supuesto, Milei es una «marioneta» de un contexto de poder que tiene muy claro cuál debe ser el rol de la Argentina en el escenario internacional.
Ese rol es el de ser proveedor de materias primas para el mundo, especialmente para los países industrializados. Ese interés hoy pasa por la energía, por la tierra y por los recursos ambientales que la Argentina posee.
Estamos frente a un gobierno extremadamente débil en términos políticos, pero con actores muy fuertes detrás.
Entonces, vemos a Milei desempeñando un papel que no responde solamente a sus propias convicciones, sino a intereses más poderosos que orientan ese rumbo. Estamos frente a un gobierno extremadamente débil en términos políticos, pero con actores muy fuertes detrás.
-El gobierno sostiene que el plan está funcionando y que es el camino al desarrollo…
-No hay ningún fundamento que explique por qué en veinte años vamos a ser Alemania o Irlanda, como decían. Al contrario, el mundo industrializado está haciendo exactamente lo opuesto a lo que nosotros estamos haciendo.
El consumo sigue cayendo, la industria continúa retrocediendo y las finanzas están pendientes de un hilo. La política cambiaria es totalmente inestable y por eso no aparecen inversiones productivas, a pesar del RIGI y de todos los beneficios que se ofrecieron.
Los grandes inversores saben que este esquema es insostenible. Lo que hoy ingresa al Banco Central responde, en gran medida, a movimientos financieros de corto plazo y no a inversiones destinadas a producir.
-¿La macro no está mostrando la fortaleza que proclama el oficialismo?
-La balanza comercial es positiva, pero principalmente por el boom de las exportaciones energéticas y por una caída fenomenal de la demanda interna. No porque exista un proceso de expansión económica.
Cuando uno observa solamente algunos indicadores pierde de vista el objetivo principal de la política económica. La gente quiere comer, vivir bien, tener trabajo y acceder a una vivienda. Los objetivos nacionales no pueden reducirse a mostrar inflación baja o superávit fiscal.
-¿Dónde está el principal problema del modelo?
-En que se parte de una mirada equivocada sobre el rol de la Argentina. Se piensa al país únicamente como un proveedor de materias primas y de divisas.
El problema es que hoy todo está pensado desde una lógica financiera y exportadora. Así es muy difícil construir un proceso de crecimiento sostenido. Significa dejar de pensar, por ejemplo, que cada hectárea de soja representa solamente dólares. Claro que las exportaciones son importantes y siguen siendo una de las principales fuentes de divisas.
Pero el campo no puede quedar reducido únicamente a eso. La prioridad debería ser abastecer al mercado interno de aquello que necesita y, a partir de esa base, construir una estrategia exportadora que agregue valor y genere desarrollo.
La política cambiaria es totalmente inestable y por eso no aparecen inversiones productivas, a pesar del RIGI y de todos los beneficios que se ofrecieron. Los grandes inversores saben que este esquema es insostenible.
Todos vemos al campo como proveedor de dólares como commodities. Miramos una hectárea de soja y vemos divisas. Claro que eso sigue siendo importante porque representa uno de los principales rubros de exportación. Pero no puede terminar ahí.
Primero hay que definir los objetivos nacionales y después discutir cómo nos insertamos en el mundo. Si el orden es al revés, terminamos organizando toda la economía para satisfacer necesidades ajenas y no las nuestras.
-Ahora, la exportación de energía y minerales pareciera estar desplazando a los granos. ¿Qué rol va a tener la agroindustria?
-Desde mi punto de vista, la principal potencialidad no pasa solamente por generar divisas. Pasa por abastecer al mercado interno de aquello que hoy necesita la Argentina.
Pero el campo está pasando por una situación complicada. Cuando uno conversa con productores agropecuarios, no solamente pequeños, sino también medianos, encuentra empresas con serios problemas de productividad y con enormes dificultades para sostener su modelo de negocios.
Lo vemos todos los días en la consultora es que empresas que durante años fueron referentes de la región, hoy atraviesan graves problemas financieros y tienen completamente deteriorada su ecuación económica.
-El Gobierno sostiene que eso ocurre porque muchas empresas no son competitivas
-Las causas son múltiples. No existe una sola explicación. Influye el modelo económico, influye el contexto internacional y también la situación particular de cada empresa.
Aparece un problema mucho más profundo: el de la dirigencia argentina. Tenemos un problema de dirigencia en todos los niveles. Dirigencia política, gremial, sindical y también empresaria.
El mundo cambió después de la pandemia y los países comenzaron a proteger sus economías, a redefinir sus matrices productivas y a defender sus sectores estratégicos. La Argentina debería estar haciendo lo mismo, cuidando sus recursos y estamos haciendo lo contrario.
-Buena parte de la dirigencia agropecuaria acompaña este modelo económico y se muestra muy complaciente con Milei…
-Cuando decimos «el campo dice» habría que preguntarse quién está hablando en su nombre porque la opinión de un dirigente que acompaña este modelo no necesariamente representa la realidad que están viviendo los productores. No es lo que estamos viendo nosotros a diario donde hay muchas empresas con problemas.
Después, aparece un problema mucho más profundo: el de la dirigencia argentina. Tenemos un problema de dirigencia en todos los niveles. Dirigencia política, gremial, sindical y también empresaria.
-Cuando planteas la necesidad de priorizar el mercado interno, aparece el problema que el argentino es pequeño…
-Es que hay que dejar de medir al mercado solamente por la cantidad de habitantes. También hay que medirlo por su calidad. Hay una frase que se repite mucho: que la Argentina produce alimentos para 400 millones de personas y eso es una simplificación peligrosa.
Yo prefiero producir alimentos de calidad para cien millones de personas, o para cincuenta millones, dentro de los cuales estamos nosotros y además profundizar un mercado como el europeo que demanda cada vez más alimentos orgánicos y productos de calidad. Europa ya empezó a cerrar sus fronteras a determinados productos transgénicos. Ahí también hay una enorme oportunidad para la Argentina.
Si seguimos pensando al campo únicamente como un productor de divisas, basado en monocultivos y en un esquema extractivo, estamos equivocando completamente el rumbo. Primero hay que definir los objetivos nacionales y después las negociaciones internacionales.
No tenemos dominio sobre nuestra infraestructura logística que está pensada en su totalidad para sacar producción agrícola hacia los puertos, pero no está diseñada para mover mercadería dentro del país, integrar regiones o generar nuevos polos de producción.
-El otro desafío es el logístico, la Argentina arrastra un déficit estructura hace mucho tiempo, que se profundizó con la parálisis de la obra pública del gobierno nacional…
-Es un tema fundamental porque somos un país ubicado en el extremo sur del mundo y, sin embargo, no tenemos dominio sobre nuestra infraestructura logística que está pensada en su totalidad para sacar producción agrícola hacia los puertos, pero no está diseñada para mover mercadería dentro del país, integrar regiones o generar nuevos polos de producción.
Ahí también ahí una enorme agenda de desarrollo que hoy no se está discutiendo.
-Hablaste de poderes internacionales detrás de las decisiones de Milei, ¿a qué te referís?
-Ya lo vimos muy claro el año pasado con una decisión de Donald Trump de respaldar financieramente al Gobierno argentino. Y también se observa en cómo Milei lleva las relaciones internacionales, como las agresiones a Lula. Pero no hablaría únicamente de Trump.
Existe una decisión estratégica de Estados Unidos de mantener a la Argentina dentro de su área de influencia, sobre todo en un contexto donde China avanza con fuerza sobre América Latina. Y además están los grandes intereses económicos transnacionales que muchas veces pesan incluso más que los propios Estados con empresarios como Peter Thiel.
-¿Y qué papel cumple el Fondo Monetario Internacional dentro de esa estrategia?
-El Fondo Monetario es otro actor político más. No vamos a pensar que es un agente financiero internacional. Viola permanentemente su propia carta orgánica cuando se trata de la Argentina porque su verdadero objetivo es mantener al país dentro de la órbita de influencia de Estados Unidos y evitar que profundice su relación con China. Si el FMI aplicara estrictamente sus propias reglas, muchas de las revisiones del programa económico de Milei jamás habrían sido aprobadas.
-¿La Argentina tiene que elegir entre Estados Unidos y China?
No, es con ambos. Sería una torpeza, además de una imposibilidad, cerrar la relación con uno para alinearse exclusivamente con el otro. La Argentina no tiene poder para patear el tablero. Tiene que mantener relaciones inteligentes con todos los países y defender, por encima de todo, sus propios intereses nacionales.
La discusión sobre el empleo argentino ya no puede reducirse a saber cuántas personas tienen trabajo. El desempleo convive con informalidad, subocupación, pluriempleo y nuevas formas de contratación, mientras la reforma laboral de 2026 modificó reglas centrales de la relación entre trabajadores y empleadores. Los números oficiales permiten dimensionar el fenómeno, pero la sociología ayuda a entender qué ocurre cuando la incertidumbre laboral deja de ser una excepción y empieza a convertirse en una experiencia cotidiana.
Por Tomás Palazzo para NLI
Hay una escena que se repite cada vez con mayor frecuencia en la Argentina: una persona que trabaja, pero busca otro trabajo. Un empleado que conserva su puesto, aunque empezó a hacer repartos por la noche. Una profesional que se convirtió en monotributista para realizar tareas que antes hacía bajo relación de dependencia. Un trabajador que acepta una ocupación informal porque necesita ingresos inmediatos y otro que acumula varias actividades porque ninguna de ellas, por separado, alcanza para pagar el alquiler, los alimentos y los servicios. Todos están ocupados. Pero no necesariamente todos tienen un empleo que permita construir una vida alrededor del trabajo.
Ese es uno de los principales problemas que aparecen cuando se mira el mercado laboral exclusivamente a través de la tasa de desempleo. El INDEC informó que en el primer trimestre de 2026 la desocupación alcanzó el 7,8%, mientras que la tasa de empleo fue del 44,8%, la de actividad del 48,6% y la subocupación llegó al 11,1%. Es decir, hay una porción significativa de personas que trabajan menos horas de las que desean y necesitan. La propia estadística oficial incorporó además, desde 2025, una medición específica de la informalidad laboral, reconociendo que el dato sobre cuántas personas tienen o no una ocupación no alcanza para describir la estructura del mercado.
La fotografía se vuelve todavía más compleja cuando se incorpora la calidad de esos puestos. Según una medición elaborada por el investigador del CONICET Jorge Paz, utilizando una definición amplia que incluye tanto asalariados no registrados como trabajadores independientes de baja calificación, la informalidad alcanzaba aproximadamente al 49% de los trabajadores. La estimación no es idéntica a la medición estadística oficial —y es importante no mezclar metodologías—, pero permite comprender la magnitud del fenómeno desde otra perspectiva.
La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿qué significa exactamente estar empleado en la Argentina de 2026?
La sociología de un trabajador que nunca termina de llegar
El sociólogo francés Robert Castel utilizó hace décadas una idea que resulta particularmente útil para pensar el presente: el trabajo no es solamente una fuente de ingresos, sino también uno de los principales mecanismos de integración social. El empleo estable permite construir vínculos, acceder a derechos, proyectar una familia, organizar el tiempo y establecer una relación relativamente previsible con el futuro. Cuando esa estabilidad se erosiona, no desaparece solamente una parte del salario: se debilita también una estructura social.
La investigación argentina sobre mercado laboral viene señalando precisamente esa dimensión. Estudios del CONICET sobre informalidad, precariedad y segmentación laboral advierten que la inseguridad ocupacional no se distribuye al azar y que la calidad del empleo tiene consecuencias directas sobre las posibilidades de caer o permanecer en la pobreza. Una investigación de Jésica Pla, Santiago Poy y Agustín Salvia encontró que la clase ocupacional y la calidad del empleo mantienen efectos persistentes sobre la probabilidad de experimentar pobreza, mientras que la inseguridad laboral atraviesa distintos grupos sociales.
Esto permite comprender por qué la precarización tiene una dimensión sociológica que no aparece inmediatamente en una planilla de estadísticas. Cuando una persona no sabe cuánto va a ganar el mes próximo, cuándo terminará su contrato, si podrá mantener sus horas de trabajo o si deberá aceptar una segunda ocupación, cambia su relación con el futuro. La incertidumbre se incorpora a la vida cotidiana.
Y cuando esa incertidumbre se vuelve colectiva, también modifica comportamientos sociales. Se posterga la compra de una vivienda, se demora la decisión de tener hijos, se reemplaza el consumo duradero por gastos inmediatos, se prolonga la convivencia con los padres, se abandona una actividad educativa para conseguir ingresos o se aceptan trabajos por debajo de la calificación profesional. No hace falta que todos esos fenómenos aparezcan juntos para que exista un cambio estructural: alcanza con que una parte creciente de la población deje de sentir que el trabajo constituye una plataforma segura para proyectarse.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) plantea precisamente que la informalidad no debe analizarse solamente como ausencia de registro, sino en relación con derechos, productividad, protección social y oportunidades de desarrollo. En su actualización conceptual publicada en 2025, la organización advierte que las formas contemporáneas de informalidad son diversas y requieren políticas de transición hacia la formalidad que garanticen trabajo decente.
La cuestión, entonces, no es únicamente cuántos argentinos están «en negro». Es qué tipo de ciudadanía social produce una economía donde una parte importante de sus trabajadores carece de las protecciones asociadas al empleo formal.
La reforma laboral y el nuevo mapa de derechos
Aquí aparece el costado jurídico, que tampoco puede separarse de la discusión económica. La Constitución Nacional, en su artículo 14 bis, establece que el trabajo «en sus diversas formas» debe gozar de protección legal y menciona expresamente condiciones dignas y equitativas, jornada limitada, descanso, vacaciones pagas, retribución justa y protección contra el despido arbitrario. No se trata de una declaración decorativa: constituye el marco constitucional dentro del cual deben interpretarse las leyes laborales.
Pero en 2026 ese marco comenzó a convivir con una modificación importante de la legislación ordinaria. La Ley 27.802 de Modernización Laboral, sancionada en febrero y publicada en marzo, introdujo cambios en la Ley de Contrato de Trabajo y en distintos regímenes laborales. Entre otras cuestiones, modificó el esquema de cálculo de la indemnización por despido, estableció nuevas reglas sobre determinados componentes remunerativos y habilitó que mediante convenios colectivos pueda sustituirse el régimen indemnizatorio por un fondo o sistema de cese laboral financiado por el empleador.
También creó los Fondos de Asistencia Laboral (FAL), destinados a colaborar con el cumplimiento de determinadas obligaciones e indemnizaciones laborales. Y la reforma estableció un régimen específico para los prestadores independientes de plataformas tecnológicas de movilidad y reparto, definiéndolos jurídicamente como independientes y fijando determinados derechos sin que estos constituyan, por sí mismos, indicios de una relación de dependencia.
Esto último resulta especialmente relevante desde una perspectiva sociológica. Una parte del nuevo mundo laboral se está construyendo alrededor de trabajadores que no encajan cómodamente en la vieja división entre empleado y trabajador autónomo. El repartidor que se conecta cuando quiere puede ser presentado como un emprendedor independiente; pero si su ingreso depende de una plataforma, de sus algoritmos, de las tarifas que esta determina y de una demanda que no controla, la discusión sobre dónde termina la autonomía y dónde comienza la subordinación seguirá abierta.
Especialistas en derecho laboral que analizaron la nueva legislación han señalado precisamente que la reforma modifica cuestiones sensibles como el período de prueba, las jornadas y el llamado banco de horas, el cálculo indemnizatorio, los fondos de cese, las plataformas y la presunción de laboralidad.
El Gobierno puede sostener que estas modificaciones buscan reducir la litigiosidad, facilitar contrataciones y generar mayor previsibilidad para las empresas. Esa es una hipótesis económica legítima que deberá contrastarse con los resultados. Pero también existe una pregunta jurídica y social diferente: ¿cuánto puede flexibilizarse una relación laboral antes de que la flexibilidad deje de funcionar como instrumento para generar empleo y empiece a trasladar sistemáticamente el riesgo económico hacia quien trabaja?
No existe una respuesta automática. Y justamente por eso no alcanza con decir que una reforma es «pro trabajador» o «anti trabajador». Hay que mirar qué derechos cambia, qué obligaciones modifica, qué incentivos genera y, sobre todo, qué ocurre después con el empleo real.
El dato que falta: no solamente cuánto empleo hay, sino qué empleo estamos construyendo
Existe además una paradoja que atraviesa la historia argentina reciente. La informalidad no nació con Milei y sería incorrecto presentarla como una creación de su Gobierno. La Argentina arrastra desde hace décadas un mercado laboral profundamente segmentado. Investigaciones de la OIT ya habían documentado la coexistencia de empleo asalariado informal, trabajo independiente de subsistencia y modalidades atípicas incluso durante períodos en los que la ocupación y los salarios mejoraban.
Pero reconocer ese problema estructural no significa que todos los gobiernos produzcan los mismos resultados. Las políticas económicas pueden favorecer determinados sectores, destruir otros, modificar los incentivos para contratar formalmente y cambiar la relación entre salarios, productividad y empleo. De acuerdo con datos recopilados recientemente, desde diciembre de 2023 hasta abril de 2026 se habían perdido cerca de 400.000 puestos asalariados formales, según registros del Ministerio de Capital Humano citados por El País: alrededor de 250.000 correspondían al sector privado, 130.000 al público y 17.400 al régimen de casas particulares.
Ese número tampoco puede interpretarse aisladamente como prueba de que cada puesto perdido se convirtió automáticamente en empleo informal. Una parte de las personas puede haber salido de la fuerza laboral, otra puede haber quedado desempleada y otra puede haberse desplazado hacia actividades independientes. Precisamente por eso las estadísticas laborales deben leerse como un conjunto y no como titulares separados.
La cuestión central aparece cuando se cruzan todos esos indicadores: desocupación, subocupación, informalidad, empleo registrado, salarios y horas trabajadas. Allí comienza a verse una economía en la que tener trabajo no garantiza necesariamente estabilidad y en la que conseguir ingresos puede requerir acumular ocupaciones.
La propia OIT insiste en que la transición hacia la formalidad requiere políticas integrales y no solamente cambios normativos. En Argentina, su trabajo reciente sobre sectores como construcción, textil y trabajo doméstico pone el foco justamente en las barreras concretas que impiden formalizar empleo y en la necesidad de combinar regulación, incentivos, productividad y protección social.
Por eso la pregunta más importante para la Argentina de los próximos años no debería ser solamente cuántos puestos de trabajo crea la economía, sino qué clase de puestos está generando.
Porque una sociedad puede mostrar una tasa de desempleo relativamente contenida y, al mismo tiempo, tener cientos de miles de personas que trabajan sin estabilidad, sin protección suficiente, con ingresos insuficientes o con la necesidad de sumar una segunda ocupación para completar el mes.
El trabajo sigue estando. Lo que está cambiando es aquello que el trabajo permite construir.
Y esa diferencia es mucho más profunda que una cifra de desempleo. Es una transformación en la relación entre economía y sociedad, entre trabajador y empresa, entre presente y futuro. También es una discusión sobre el sentido mismo del derecho laboral: si su función consiste simplemente en ordenar contratos entre partes formalmente iguales o si, como reconoce la Constitución, debe intervenir para equilibrar una relación en la que el poder económico de las partes nunca fue exactamente simétrico.
La respuesta no se encuentra solamente en una ley ni en una estadística. Se va a ver en la vida concreta de quienes trabajan.
Los pozos de fracking se instalan en medio de las chacras y pegado a zonas urbanas. Los vecinos que conviven con esta actividad se quejan de: el ruido las 24 hs, vibraciones que rompen sus casas, problemas de salud, agua contaminada, gases en el ambiente, infertilidad del suelo. También cuentan de enfermedades que empezaron después de la llegada de las torres, como enfermedades en la piel, en el sistema digestivo y respiratorio.
Gracias a la gentileza de Leonardo Puppato visité la Bodega Familia Schoeder, este enólogo Mendocino, que llegó a la zona en 2002 para encarar el desafío de la nueva bodega, intenta lograr los mejores vinos de la Patagonia, pero sin dejar de escuchar al consumidor y basándose sobre todo en la calidad y la innovación. Recorro la bodega con…
Un buen número de participantes tuvieron las propuestas de beach básquet y caminata saludable desarrolladas en la Isla 58 en conjunto entre la Dirección de Deportes de la Municipalidad de Villa Regina y la Dirección de Gestión Deportiva de Río Negro. Las actividades tuvieron lugar en el balneario municipal en la tarde del sábado y…