La inflación volvió a subir: ¿Por qué pese al ajuste no bajan los precios?

La inflación volvió a subir: ¿Por qué pese al ajuste no bajan los precios?

 

El IPC de julio marcó 2,1%, cortó tres meses consecutivos de desaceleración y acumuló 19,3% en los primeros siete meses del año. En la comparación interanual, el aumento de precios llegó al 33,8%. 

El dato tiene además una composición que complica el relato oficial. La inflación núcleo, que busca medir la dinámica más persistente de los precios, fue de 1,8%. Pero los estacionales saltaron 4,5%.  

El límite del ajuste aparece con mayor claridad cuando se mira el precio de los servicios. Todos los rubros relevantes quedaron por encima del IPC general. Vivienda, agua, electricidad y gas aumentaron 2,2%, impulsados por los ajustes parciales de las tarifas de luz y gas. Comunicación subió 2,4%, por las actualizaciones de telefonía e internet. Salud avanzó 2,5%, principalmente por los aumentos de las cuotas de medicina prepaga. Y Transporte encabezó la lista con un incremento del 3,1%, como consecuencia de los ajustes de las tarifas del transporte público en distintas regiones del país. 

El fenómeno deja una tensión que el Gobierno conoce bien. Los bienes pueden responder más rápido al freno de la actividad y al ancla cambiaria, pero los servicios cargan tarifas, contratos y precios regulados que todavía buscan recuperar terreno. 

El economista Alfredo Romano, de Romano Group, calificó directamente el número como un «mal dato». Para Romano, el resultado confirma que «pasar de 33% anual a un dígito no es una recta descendente. Es una meseta con recaídas». 

Romano puso además la discusión en perspectiva histórica. Recordó las experiencias de Martínez de Hoz, Alfonsín, la Convertibilidad tardía y Mauricio Macri para sostener que la Argentina tiene antecedentes poco alentadores con los procesos largos de desinflación. A su juicio, esos programas fueron interrumpidos por agotamiento político y social o por la aparición de la restricción externa, es decir, la falta de dólares. 

Desde esa lectura, Romano volvió a defender la dolarización. Considera que puede ser una alternativa «subóptima» desde el punto de vista teórico, pero más realista frente a la historia argentina. 

«Sin inflación de un dígito sostenida no hay crédito de largo plazo. Sin crédito, no hay consumo estructural ni desarrollo. La pregunta no es si el gradualismo es teóricamente superior. Es si Argentina, con este historial, tiene la paciencia para sostenerlo una década sin interrumpirlo. La evidencia dice que no», completó este analista. 

El dato también reavivó el cruce entre Luis Caputo y los economistas que siguen con lupa el programa. Gabriel Caamaño viene advirtiendo sobre las tensiones que aparecen debajo de la superficie de la estabilización, mientras Economía sostiene que el proceso de desinflación continúa y que las oscilaciones mensuales no modifican la tendencia. 

Caputo salió a defender el número con otra vara. Destacó que la inflación núcleo fue de 1,8%, que los regulados avanzaron 2,1% y los estacionales 4,5%. Pero sobre todo puso el foco en el promedio móvil de tres meses: remarcó que cayó 0,2 puntos respecto de junio y quedó en el nivel más bajo desde septiembre del año pasado. 

También celebró la baja del 1,3% en prendas de vestir y calzado, que definió como «la mayor reducción nominal de toda la serie histórica del IPC Nacional» iniciada en enero de 2017. 

Gabriel Caamaño recogió el guante. Coincidió con Caputo en que «el mejor dato del IPC de julio fue la núcleo en 1,8% mensual» y advirtió que el mes «volvió a enseñar que los procesos desinflacionarios no son lineales». Por eso sostuvo que «no hay mucha ola alarmista que hacer». 

Pero enseguida le pegó al cambio de métrica elegido por Economía para mostrar la continuidad de la desinflación: «Ahora que la núcleo sin carne la tienen amordazada en algún sótano del conurbano, salió al ruedo el promedio móvil tres meses», ironizó. Y cerró: «Igual es mejor que amputar el índice y vivir todo en clave mensual».

El intercambio expuso dos maneras de mirar el mismo tablero: para el Palacio de Hacienda importa la trayectoria; para los analistas, cuánto cuesta sostenerla y cuánto margen queda antes de que las tensiones cambiarias, monetarias y de actividad vuelvan a filtrarse en los precios. Julio dejó justamente esa advertencia. 

 

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  • La superinteligencia y la nube de humo

     

    Si “muévete rápido y rompe cosas”
    era el eslogan no oficial
    de la era de las redes sociales, ¿cuál es el eslogan no oficial
    de la era de la inteligencia artificial generativa?
    Podemos estar casi seguros de que debe de ser el mismo,
    aunque esta vez las cosas que se rompan
    pueden ser muchísimo peores.
    Gary Marcus, Frenar a Silicon Valley, 2024

    “Pedimos que se prohíba el desarrollo de la superinteligencia, prohibición que no debe levantarse hasta que haya un amplio consenso científico en que se realizará de forma segura y controlada, y con fuerte respaldo público”. Así, muy breve, fue la segunda declaración de alerta frente al desarrollo de lo que podría ser la más avanzada inteligencia artificial imaginable, publicada por la organización Future of Life Institute el 22 de octubre de 2025, apenas dos años y medio después de aquella primera carta abierta que pedía suspender “por al menos seis meses” la investigación sobre modelos iguales o superiores a ChatGPT-4.

    Más allá de sus intenciones explícitas y su menos evidente cometido implícito, aquel pedido de tregua publicado el 22 de marzo de 2023 había contribuido a identificar el lanzamiento público de las IA lingüísticas y generativas como un acontecimiento tecnopolítico de gran escala, con el consiguiente “furor normativo” que todavía hoy envuelve a Estados y sociedades en el debate acerca de si es posible, y de qué modo, comprender e idealmente conducir el despliegue de estas metatecnologías.

    El pronunciamiento de 2025, por su parte, vino acompañado de un párrafo muy conciso donde se afirmaba que, si bien estas nuevas IA “podrían traernos una salud y prosperidad sin precedentes”, el intento por parte de un puñado de empresas por desarrollar en pocos años una superinteligencia capaz de superar a los humanos “en prácticamente todas las tareas cognitivas” genera inquietudes que van “desde la obsolescencia económica y el desempoderamiento de los seres humanos, con la consiguiente pérdida de libertades, derechos civiles y control de sus vidas, hasta riesgos para la seguridad de los Estados nación e incluso la posible extinción de la humanidad”. Firmaban el texto un conjunto de expertos encabezados por Geoffrey Hinton —premio Turing y Nobel de Física—, el también premio Turing Yoshua Bengio, Stuart Russell, Steve Wozniak, Steve Bannon, Yuval Harari y muchos más (no estaba Elon Musk esta vez, pero sí los duques de Sussex, el príncipe Harry y Meghan, quienes aparecían mencionados así, solo con sus nombres de pila).

    Por esas mismas semanas comenzaron a oírse con fuerza voces que auguraban el inminente primer pinchazo de la burbuja de la IA. Teniendo en cuenta que la burbuja puntocom de internet había demorado en estallar entre siete y ocho años, quizá fuera la ansiedad ambiente la que hacía que dos años parecieran, o en realidad fueran, demasiado tiempo.

    Desde 2023, estas noticias vienen poblando de manera creciente los medios y las plataformas de conversación pública, sin que sea muy claro cuánto hay de fantasía, cuánto de fascinación y temor, cuánto de investigación confiable. Para volver más inteligible este escenario, ampliaré aquí de qué se trata la cuestión de la superinteligencia, esbozada en el capítulo anterior, y comentaré las que identificó como las cinco principales discusiones que rodean hoy la emergencia de las IA “de frontera”.

    Una improbabilidad

    En el ámbito cultural, el término superinteligencia se utiliza particularmente en la ciencia ficción y en textos de no ficción tecnofuturistas. Y si bien no hay consenso acerca de que algo así como una superinteligencia pueda existir por fuera de estos márgenes, el vocablo se refiere a seres o máquinas con una inteligencia superior a la humana en muchas o todas las áreas donde entendemos razonablemente que se manifiesta la inteligencia (nunca se mencionan todas: la definición es enumerativa incompleta por el momento).

    “Según el conocimiento del que se dispone —señala la conspicua Wikipedia alemana—, no existe un ser que en verdad sea intelectualmente superior y que cumpla los criterios de superinteligencia”. En seguida presenta una definición que sigue la de Nick Boström, fundador y director del Instituto Futuro de la Humanidad en la Universidad de Oxford desde su creación en 2005 hasta que cerró sus puertas en 2024, y autor —entre otras obras— del libro Superinteligencia. Caminos, peligros, estrategias, de 2014 (cuyo traductor al castellano llama, en una dramatizada introducción, una “obra trascendental”).

    En 1998, cuando todavía usaba la diéresis sobre la “o” y estaba fundando con David Pearce la Asociación Transhumanista Mundial, Boström publicó un artículo titulado “¿Cuánto tiempo falta para la superinteligencia?” en el International Journal of Future Studies, en cuyo resumen señala: “Este texto describe las razones para creer que tendremos una inteligencia artificial superhumana en el primer tercio del próximo siglo”. La definía así:

    “Por ‘superinteligencia’ nos referimos a un intelecto mucho más inteligente que los mejores cerebros humanos en prácticamente todos los campos, incluyendo la inteligencia creativa, la capacidad de resolver problemas y las habilidades sociales. Esta definición deja abierta la forma en que se implementará: podría ser una computadora digital, un ensamble de redes de computadoras, tejido cortical cultivado o lo que sea. También deja abierto si la superinteligencia es consciente y tiene experiencias subjetivas. Entidades como las empresas o la comunidad científica no son superinteligencias, según esta definición […]. [Ellas] no son intelectos y hay muchos campos en los que su rendimiento es mucho menor que el de un cerebro humano; 80 vidas artificiales por ejemplo, no se puede mantener una conversación en tiempo real con la ‘comunidad científica’”.

    En el artículo “Historia del pensamiento transhumanista”, de 2011, Bostrom, ya sin diéresis, cuenta que la idea de una singularidad tecnológica o superinteligencia (no son lo mismo, pero a los efectos de esta inmersión podemos considerarlas ideas muy cercanas) fue insinuada por primera vez por John von Neumann. Se refiere a la hipótesis de una inteligencia o cognición maquínica que, al aprender por sí misma a gran velocidad, da lugar a una suerte de “explosión de inteligencia”. Esos precisos términos fueron los que utilizó en 1965 Irving Good, quien se había desempeñado como criptógrafo del equipo de Alan Turing en Bletchley Park durante la Segunda Guerra Mundial, y luego siguió trabajando con él en el diseño de computadoras en la Universidad de Manchester.

    Según la forma más conocida de la idea de Good, un agente maquínico inteligente podría eventualmente entrar en un bucle de retroalimentación positiva, que daría lugar a generaciones más inteligentes cada vez más rápido. El vertiginoso aumento de inteligencia culminaría en una poderosa superinteligencia que superaría en mucho la inteligencia humana. Esta tesis fue retomada en 1993 por el matemático, teórico de la computación y también escritor de ciencia ficción Vernor Vinge en un artículo conocido como “La singularidad tecnológica”, y luego la popularizó Raymond Kurzweil, el audaz futurista e investigador principal de IA en Google desde 2012.

    En La Singularidad está cerca, de 2005, Kurzweil predecía la fusión de la conciencia humana y la de las máquinas en una civilización posthumana superconectada en torno a 2045. Auguraba un futuro de longevidad (para ayudar a la causa desarrolló una línea de suplementos alimentarios) y sin problemas: ni hambre, ni crisis climática, ni energética. No había referencias a cómo sería posible algo así, pero hay que decir que no solo en este caso; hay varias otras improbabilidades sociales y políticas, aún más que tecnológicas, en ese libro. Siguiendo la superinteligencia y la nube de humo 81 el impulso de la más reciente ola de IA, en 2024 publicó La Singularidad está más cerca. Cuando nos fusionamos con la IA.

    Allí Kurzweil afirma que para la década de 2030, “uno de los avances más trascendentales será la conexión de las capas superiores del neocórtex con la nube, lo que ampliará la capacidad de razonamiento del ser humano”. Para ese momento, sigue escribiendo, “los fragmentos ‘no biológicos’ del cerebro humano nos proporcionarán una capacidad cognitiva miles de veces superior a la que hoy nos ofrecen sus componentes orgánicos”. Augura que, con velocidad exponencial, se ampliará “la capacidad del cerebro humano varios millones de veces antes de 2045”, y que la hoy inimaginable velocidad y magnitud de esta transformación es lo que permite utilizar la metáfora de la singularidad inspirada en las leyes de la física para describir nuestro futuro”.

    Tan lejos, tan cerca

    Las respuestas no se hicieron esperar. Dejando de lado a los aduladores, este libro de Kurzweil suscitó más lecturas de expertos en ciencia, tecnología y sociedad que los anteriores. El historiador y estudioso de la tecnología Edward Tenner señaló que “ofrece una buena excusa para reflexionar sobre los profundos cambios que, nos guste o no, nos trae la tecnología”. Con todo, agregó no sin ironía, “su contribución más valiosa podría ser como contrapeso a los sombríos estudios sobre la cultura y la política contemporáneas en una era de populismo antirracional. De hecho, la casi certeza de Kurzweil de que la tecnología está a punto de salvarnos de nosotros mismos podría ser la luz
    más brillante en un firmamento deprimente”.

    “La Singularidad es miope”, tituló Forbes, con un juego de palabras (near, “cerca”; nearsighted, “miope”), un texto del experto en tecnología David Teich, quien señala que el libro de Kurzweil “tiene casi todos los problemas” de la mayoría de los textos sobre IA, que “se niegan a analizar el impacto en el 82 vidas artificiales mundo real para la mayoría de nosotros”. Con distinto énfasis, tanto Teich como Tenner mencionan los efectos sobre el mundo del trabajo, la espiral de desigualdad, los posibles usos maliciosos, los costos ambientales y energéticos. Y en efecto, el costo energético es uno de los puntos ciegos del desarrollo de estos modelos de IA en Occidente. Es tal la demanda energética que Microsoft se propuso reabrir la central nuclear de Three Mile Island, que había sido cerrada después del accidente de 1979, el primero en la energía nuclear civil del que se tiene registro, y el que inspiró el libro Accidentes normales, publicado en 1984 por el sociólogo de las organizaciones Charles Perrow. En junio de 2025 se anunció que la planta se reabrirá en 2027, un año antes de lo previsto originalmente.

    Por cierto, la creciente necesidad de electricidad para alimentar centros de datos, fábricas y hogares está revitalizando la industria nuclear en los Estados Unidos de Donald Trump. El estado de Nueva York anunció ese mismo mes planes para construir un nuevo reactor en el estado, y en agosto de 2025 Holtec International informó que reiniciaría la planta de Palisades en Michigan, que había cerrado en 2022. Volviendo a Teich, termina su texto exhortando “encarecidamente” a evitar este libro y leer Frenar a Silicon Valley, de Gary Marcus.

    “La Singularidad es estúpida”, redobló en The Washington Post la ensayista y crítica cultural Becca Rothfeld. “No cabe duda de que la IA pronto superará a los humanos en muchos aspectos, y Kurzweil tiene razón al sospechar que la sociedad cambiará considerablemente —acepta Rothfeld—. Hace tiempo debería haberse hecho una evaluación seria de lo que las computadoras pueden y lo que no pueden aportar al proyecto humano, pero lamentablemente La Singularidad está más cerca no lo hace”.

    Incluso en un espacio libertario como el think tank Cato, el especialista en innovación y políticas públicas Thomas Hemphill aseguró que le preocupa que la perspectiva de laissez-faire de Kurzweil con respecto a la innovación tecnológica (con la que Hemphill en líneas generales acuerda, y que es bien distinta del “principio precautorio” más típicamente europeo) pueda ser ingenua. “Incluso un enfoque abierto para la innovación tecnológica —escribió Hemphill— reconoce la necesidad de directrices regulatorias y legales claras y responsables, aplicadas por un gobierno transparente y receptivo, para garantizar que la innovación no viole las libertades humanas”.

    El recién mencionado Gary Marcus también es escéptico acerca de la superinteligencia. “Es solo una exageración de quienes no comprenden lo lejos que estamos de la inteligencia genuina —afirmó en agosto de 2024—, y no tenemos que preocuparnos (al menos en un futuro próximo) por la extinción”. Eso no le impide comprender que las IA pueden generar “muchas amenazas graves”. Según Marcus, la actual generación de inteligencias artificiales “se ha convertido en una herramienta extremadamente poderosa para generar desinformación”; se la puede inducir “a que enseñe a la gente a fabricar armas biológicas”, puede socavar la ciberseguridad e introducir sesgos en decisiones laborales.

    Sin duda la atmósfera de preocupación va más allá del libro de Kurzweil. El físico Michael Nielsen, uno de los impulsores de la computación cuántica y el movimiento de ciencia abierta, escribió desde 2023 varios ensayos reflexivos sobre superinteligencia y riesgo existencial, en los que recorre los debates contemporáneos y expone algunos de sus propios interrogantes. En un texto de septiembre de ese mismo año sostiene que “la humanidad puede lograr la superinteligencia artificial”, y que es probable que eso suceda “pronto, dentro de tres décadas, quizás mucho antes, si no ocurre un desastre ni se hace un gran esfuerzo de desaceleración”. En tanto Dario Amodei, uno de los hermanos cofundadores de Anthropic, la big tech más involucrada en la seguridad de la IA, escribió en enero de 2026 un largo ensayo, “La adolescencia de la tecnología”, donde afirma:
    “Estamos entrando en un rito de pasaje turbulento e inevitable, que pondrá a prueba quiénes somos como especie. La humanidad está a punto de recibir un poder casi inimaginable, y no está nada claro si nuestros sistemas sociales, políticos y tecnológicos poseen la madurez para ejercerlo”.

    Llegados hasta aquí, retomamos la pregunta acerca de cómo se conecta esto que hasta hace poco considerábamos una fantasía futurista con la carta que mencionamos al comienzo. ¿Por qué un grupo relevante de expertos —desde premios Nobel hasta historiadores, desarrolladores y directores universitarios de departamentos de computación, esto es, personas cuya autoridad erudita está en juego— piden prohibir algo que otros expertos señalan como improbable? ¿Cómo comprender el sentido de esa carta, más allá de las especulaciones, razonables pero desde mi punto de vista algo toscas, de que se trata solo de una estrategia de marketing —para conseguir fondos de financiación, para entretener a las audiencias, para confundir a la competencia—?

    Teniendo en cuenta la mezcla de desconcierto, desmesura publicitaria y perplejidad (la “nube de humo” del título) que marca nuestro tiempo, propongo abordar estos interrogantes siguiendo las controversias sobre las IA de frontera que se dieron en ámbitos académicos, periodísticos y políticos a partir de 2023, cuando se pusieron en disponibilidad pública las IA generativas y, en particular, los grandes modelos de lenguaje. Pero antes, algunas informaciones.

    Una. En mayo de 2024, el informático teórico Ilya Sutskever, discípulo de Geoffrey Hinton —con quien participó en el desarrollo de la red neuronal AlexNet— y uno de los cofundadores de OpenAI, se fue de esa empresa peleado con Sam Altman, el director ejecutivo. Desde hacía poco menos de un año Sutskever era el líder del equipo de superalineación junto con el investigador de aprendizaje automático Jan Leike. La alineación o alineamiento de IA busca prevenir resultados engañosos, incorrectos o dañinos, así como usos maliciosos, mediante procedimientos de aprendizaje por refuerzo a partir de la retroalimentación humana. Entre las informaciones que trascendieron en su momento, se supo que Sutskever veía en la comercialización apresurada que Altman impulsaba para OpenAI un riesgo de seguridad. Pocos meses después fundó junto con dos socios una startup llamada Safe Superintelligence, con sede en Palo Alt (EE. UU.) y Tel Aviv (Israel), cuyo objetivo explícito es “desarrollar sistemas de IA superiores a los humanos, pero también seguros”. Leike, por su parte, se fue en el mismo momento y pasó a trabajar en Anthropic.

    Dos. El 26 de marzo de 2025, luego de un apagón eléctrico que dejó a España, Francia y Portugal sin suministro hasta por 20 horas, un documento de la Comisión Europea incluyó una recomendación a los ciudadanos europeos de tener listo un kit de supervivencia que permita afrontar hasta 72 horas sin asistencia externa, una medida que pretende reforzar la preparación de los hogares ante emergencias como apagones, desastres naturales o posibles conflictos armados. El kit incluye agua embotellada (cinco litros por persona), alimentos fáciles de preparar no perecederos, radio a pilas, linterna, batería de repuesto para el teléfono móvil, hornillo portátil y garrafa, combustible, fósforos, dinero en efectivo, medicamentos, pastillas de yodo, material de primeros auxilios, artículos de higiene y extintor. La recomendación incluye tener a mano documentos de identidad y cargador para dispositivos electrónicos.

    Tres. En noviembre de 2023, Gran Bretaña impulsó la primera Cumbre sobre Seguridad (safety) de la IA. En diciembre de ese año se creó el AI Safety Institute, la primera organización respaldada por un Estado dedicada a probar la seguridad de la IA avanzada, y en febrero de 2025 su nombre pasó a ser AI Security Institute. No fue solo un cambio de nombre sino de enfoque: desde la seguridad sistémica (safety), que protege la integridad para las personas, el ambiente y los derechos fundamentales, hacia la seguridad entendida como protección (security) ante el delito y orientada a objetivos de Defensa.

    Desde entonces se crearon otros once institutos de seguridad de la IA en el mundo dedicados a analizar los riesgos y potenciales daños de estas metatecnologías: en los Estados Unidos, Japón, la Unión Europea, Singapur, Israel, India, Francia, Corea del Sur, Canadá, Alemania y Brasil, y están anunciados en Kenya y Australia. Sus objetivos suelen coincidir: monitorear el panorama del desarrollo de IA; hacer evaluación de los riesgos que plantea para la seguridad nacional y la seguridad pública; promover soluciones como defensas en profundidad, alineación y control; trabajar con desarrolladores de IA para garantizar un desarrollo responsable; informar a los responsables de políticas sobre los riesgos actuales y emergentes de la IA; colaborar y compartir hallazgos con instituciones aliadas.

    Esos institutos están inscritos en iniciativas nacionales o regionales de IA, muchas veces acompañados de marcos regulatorios específicos: pueden ser leyes o políticas del Poder Ejecutivo. En nuestra región, Chile, Brasil y Uruguay tienen iniciativas nacionales de IA consistentes y son, de hecho, los tres países considerados pioneros en la edición 2025 del Índice Latinoamericano de IA (ILIA), que mide el estado de avance de la inteligencia artificial en 19 naciones de América Latina y el Caribe de acuerdo con la madurez alcanzada en tres grandes áreas: (a) factores habilitantes (infraestructura, datos, talento humano); (b) investigación, desarrollo y adopción; y (c) gobernanza. Les siguen a esos tres, en orden según el nivel alcanzado, Colombia, Costa Rica, Argentina, Perú, México, República Dominicana, Ecuador y Panamá. Chile, por ejemplo, cuenta desde 2021 con una Política Nacional de IA desde la cual se ha impulsado la creación del Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA): una corporación público-privada de investigación y desarrollo, que creó herramientas como el propio índice ILIA y el modelo de lenguaje Latam-GPT. Pese a que la gobernanza no se limita a la legislación (involucra, entre otros aspectos, la participación en el diseño de estándares internacionales como las normas ISO, o consultas públicas a la población sobre estrategias de adopción), en la región solo Brasil tiene un proyecto de ley con media sanción. Países como Chile, México y Argentina están en etapas previas de debate legislativo.

    Vuelvo ahora a la idea de que en el futuro recordaremos estos años como un tiempo transcurrido “entre accidentes”: de la pandemia provocada por el covid-19 al desencadenamiento de uno o varios de los riesgos sistémicos que conllevan los nuevos tipos emergentes de IA. El primero de estos accidentes, la pandemia del coronavirus, ubicó a buena parte de la población del mundo en la necesidad de ingresar a un shock de virtualización. E instaló en la conversación pública la necesidad de interceptarlo a través de un “nuevo acuerdo tecnológico”: un tech new deal para unas nuevas democracias digitales. Con respecto a los potenciales “accidentes normales” de la IA, en el tiempo transcurrido desde aquel alerta público que pedía poner pausa a su desarrollo, se ha disparado una enorme cantidad de interrogantes, debido a la fuerza disruptiva con la que esta metatecnología parece atravesar las diversas escalas de la vida social, y porque la aceleración que imprime a los procesos que automatiza se manifiesta, al menos en este momento —en el cruce no contingente sino histórico entre la tendencia técnica y la tendencia bio(tanato)política—, como un impulso de destitución de muchas de las mediaciones que constituían y favorecían hasta hace poco “lo social”.

    “Hemos atravesado un período en que se ha hecho creera demasiadas personas: ‘¡Tengo un problema, es responsabilidad del gobierno solucionarlo!’ […] Así, proyectan sus problemas en la sociedad, pero ¿qué es la sociedad? ¡No existe tal cosa! Existen individuos, hombres y mujeres, y existen familias. Ningún gobierno puede hacer nada excepto a través de las personas, y las personas deben velar primero por sus propios intereses”. La frase es de la entonces primera ministra británica Margaret Thatcher en una entrevista que dio en 1987 al semanario Woman’s Own. En ella señalaba la dirección de una ideología que niega la existencia, y por ende la potencia, de la siempre provisoria estabilización cultural e institucional de las asociaciones, las relaciones entre personas que se acompañan y siguen unas a otras a lo largo del tiempo (por años, décadas, incluso siglos enteros) sin necesidad de que las una el parentesco: gremios, partidos políticos, movimientos sociales, organizaciones religiosas, instituciones científicas, sindicatos, academias, grupos espirituales, movimientos rtísticos, organizaciones profesionales, agrupaciones estudiantiles, escuelas filosóficas, clubes sociales y deportivos, universidades, iglesias, escuelas de pensamiento. Es decir, niega la realidad humana. O con más precisión: busca debilitar la compleja y entramada sociabilidad tardomoderna para fragilizarla y volverla ordenable “desde arriba”. Lo hace mediante el desprestigio y el bombardeo a estas instancias de mediación, acción que hoy encuentra en las IA “de frontera” un medio ideal.

    Las tecnologías desencadenadas para automatizar y “saltearse” lo social presentan una sugestiva correlación con una filosofía de la historia que solo quiere ver individuos sin asociación, sin socius, sin la fortaleza del acompañamiento sostenido. No es extraño, entonces, que entrado 2026 la “crisis de la democracia” haya dejado de ser un horizonte de amenaza emergente para sedimentarse en un hecho constatable. En él convergen desde la radicalización de los sistemas de partidos hasta la subordinación de los poderes judiciales, pasando por el descrédito en las instituciones representativas, la polarización algorítmica y la progresiva pérdida de autoridad de los organismos multilaterales. La incertidumbre afecta a quienes formaron sus marcos de comprensión en otro escenario y condiciona a quienes todavía los están construyendo. Y aun así, esta apertura temporal puede ser un momento de gran potencial heurístico. Nuestros saberes y nuestras prácticas expertas sobre lo social tienen por delante un doble desafío: la inteligencia artificial y, sobre todo, la sociedad artificial que el siglo XXI ya está produciendo.

    La entrada La superinteligencia y la nube de humo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    El pueblo argentino que llegó a tener un cine donde hoy solo quedan ruinas

     

    En muchos lugares del interior argentino, el cierre del ferrocarril significó mucho más que perder un servicio de transporte. Algunas localidades quedaron sin tren, sin trabajo y, con el tiempo, prácticamente sin habitantes. Pero hubo pueblos que llegaron a tener una vida cultural sorprendente: clubes, cines, bibliotecas, bailes y comercios que hoy cuesta imaginar cuando se observan sus calles silenciosas.

    Por Redacción de NLI

    Hay una Argentina que no aparece en los grandes mapas turísticos. Está formada por pequeños pueblos que alguna vez tuvieron estación ferroviaria, almacén, escuela, club social, iglesia, taller mecánico y una plaza donde se conocían todos. Algunos llegaron a tener una actividad cultural que hoy asociamos exclusivamente con las grandes ciudades: proyectaban películas, organizaban bailes, recibían compañías teatrales y tenían sociedades de fomento que funcionaban como verdaderos centros comunitarios. Después, lentamente, muchas de esas localidades comenzaron a vaciarse. El tren dejó de pasar, las oportunidades laborales desaparecieron y las nuevas generaciones se marcharon. Lo que quedó fueron edificios abandonados y una memoria que todavía sobrevive entre quienes nacieron allí.

    Cuando el tren llevaba también cultura

    Durante buena parte del siglo XX, el ferrocarril fue mucho más que una infraestructura destinada a trasladar pasajeros y mercancías. Para cientos de pueblos argentinos representaba el vínculo cotidiano con el resto del país. Por sus vías llegaban diarios, cartas, medicamentos, herramientas, alimentos y visitantes. Pero también llegaban músicos, compañías teatrales, proyectores cinematográficos y películas.

    El desarrollo del cine ambulante tuvo una importancia especial en esos lugares. Antes de que existieran salas modernas y antes de que la televisión ingresara masivamente a los hogares, una función cinematográfica podía convertirse en el acontecimiento de la semana. En algunos pueblos la proyección se realizaba en salones de clubes, sociedades de fomento o edificios improvisados como salas de espectáculo.

    La experiencia tenía algo que hoy resulta difícil de reproducir. Ver una película no era una actividad doméstica: implicaba salir de casa, encontrarse con vecinos, comprar una entrada y compartir durante un par de horas una misma historia con toda la comunidad. El cine era entretenimiento, pero también era una forma de sociabilidad.

    En muchos pueblos, además, el club cumplía funciones que excedían ampliamente al deporte. Allí funcionaban bibliotecas, salones de baile, comisiones de ayuda, espacios para reuniones políticas y sociales, canchas y, en algunos casos, verdaderas salas culturales.

    El edificio podía ser modesto, pero su importancia para la comunidad era enorme.

    El pueblo que desaparece cuando desaparecen sus instituciones

    El problema comenzó cuando cambió la estructura económica que había permitido crecer a aquellas localidades. La mecanización de las tareas rurales redujo la necesidad de trabajadores, mientras las rutas comenzaron a desplazar progresivamente al ferrocarril como principal medio de comunicación.

    La situación se profundizó con las sucesivas políticas de cierre de ramales ferroviarios aplicadas durante distintas etapas de la historia argentina. Cuando una estación dejaba de funcionar, el impacto se multiplicaba. El almacén vendía menos, el hotel recibía menos pasajeros, el taller perdía clientes y la escuela comenzaba a tener menos alumnos.

    El proceso no ocurría de un día para otro. Era una especie de erosión demográfica. Primero se iba una familia; después otra. Los jóvenes viajaban a las ciudades para estudiar y muchos ya no regresaban. Los comercios reducían sus horarios y finalmente cerraban. El club comenzaba a tener menos socios. La biblioteca perdía lectores. El cine dejaba de proyectar películas.

    Y entonces ocurría algo fundamental: el pueblo no solamente perdía habitantes. Perdía lugares de encuentro.

    Esa diferencia es importante para comprender por qué muchas localidades terminaron convirtiéndose en pueblos fantasma. Una comunidad puede sobrevivir con pocos habitantes si conserva instituciones, servicios y vínculos. Pero cuando desaparecen simultáneamente la estación, el comercio, la escuela, el club y los espacios culturales, mantener una población estable se vuelve cada vez más difícil.

    Cine Club Colón de Roque Pérez

    Las ruinas de una Argentina que todavía vive en la memoria

    Hoy pueden encontrarse en distintas provincias edificios que alguna vez fueron centros de una intensa vida comunitaria. Antiguos cines con sus fachadas deterioradas, estaciones convertidas en museos, clubes sostenidos por unos pocos socios y viejas bibliotecas donde los libros permanecen como testigos de una época distinta.

    Para quienes recorren esos lugares, resulta difícil imaginar que allí alguna vez hubo cientos de personas esperando el tren, familias caminando hacia el cine o multitudes reunidas para un baile.

    Pero las ruinas no cuentan toda la historia.

    En muchos pueblos, antiguos habitantes regresan periódicamente para fiestas, aniversarios o reuniones familiares. Los clubes recuperan actividades. Algunas estaciones ferroviarias son restauradas. Viejas salas vuelven a utilizarse para eventos culturales. La memoria se convierte así en una forma de resistencia frente al abandono.

    Hay algo profundamente argentino en esa relación con los pueblos ferroviarios. La nostalgia no se explica solamente por el deseo de recuperar un pasado idealizado. También existe el reconocimiento de que aquellas pequeñas localidades representaban una forma de integración territorial en la que el desarrollo no estaba concentrado exclusivamente en las grandes ciudades.

    Un cine de pueblo podía parecer insignificante frente a las grandes salas de Buenos Aires o Rosario. Una biblioteca con unos pocos cientos de libros podía parecer modesta frente a una universidad. Un club con una cancha de tierra difícilmente podía competir con las grandes instituciones deportivas. Pero para quienes vivían allí, esos espacios eran el centro de la vida social.

    Por eso, cuando desaparecieron, desapareció algo mucho más grande que un edificio.

    La historia de esos pueblos permite pensar qué significa realmente desarrollar un territorio. No alcanza con construir una ruta o inaugurar una obra aislada. Una comunidad necesita transporte, escuelas, hospitales, trabajo, conectividad y también lugares donde encontrarse.

    Quizás por eso las viejas estaciones, los clubes y los cines abandonados producen una sensación tan particular. No son solamente edificios viejos. Son las huellas materiales de una sociedad que alguna vez tuvo otra distribución territorial y otra relación con el tiempo.

    Y detrás de cada fachada descascarada existe una historia que merece ser contada: la de las personas que llegaron, trabajaron, formaron familias, fueron al cine, bailaron, viajaron en tren y construyeron una vida en lugares que hoy muchas veces apenas aparecen en un mapa.

    Porque un pueblo no desaparece solamente cuando deja de tener habitantes. También desaparece cuando dejamos de recordar para qué existió.

     

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  • La planta de bombeo de Godoy cuenta con una nueva bomba

    La Dirección de Obras Sanitarias de la Municipalidad de Villa Regina realizó durante la jornada de este lunes el recambio de una bomba por otra totalmente nueva que incluye motor y tablero eléctrico en la planta de bombeo de agua potable ubicada en General Enrique Godoy. Se trata de un equipo electrosumergible de 100 HP.A…

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  • «La gente que votó a Milei no se siente traicionada»

     

    Marcelo Matzkin llegó a poder en Zárate en 2023, en una de las peores elecciones del PRO a nivel nacional y provincial. En diálogo con LPO, el intendente que responde a Cristian Ritondo, dice que buscará la reelección el año próximo y asegura que si lo consigue, será su último mandato.

    Matzkin elogia la política económica de Javier Milei pero no esquiva marcar contrapuntos con el armado libertario en los territorios locales. «No existe una evolución en Zárate de lo que sucedió entre el PRO y La Libertad Avanza a nivel nacional y provincial. Me parece que La Libertad Avanza necesita un ordenamiento en algunos municipios», dice.

    Zárate es una de las ciudades que integran la llamada «nueva industria provincial», un cordón fabril que se destaca por la industria automotriz y siderúrgica. En mayo, Mercedes Benz inauguró una planta automotriz que produce buses y camiones.

    Matzkin explica que la llegada de la empresa se logró con una exitosa política de exención de tasas. «La fábrica que Mercedes construyó en Zárate es la primera que se construye en el país desde hace décadas», dice.

    -En Zárate están ubicadas dos centrales nucleares. ¿Qué representa eso para la ciudad tanto en términos económicos como sociales?

    -Dos cosas: primero, que las centrales son un empleador de calidad muy importante para el vecino Zárate. Segundo, esas plantas le dan la identidad a una ciudad como Lima. Lima es nuclear y orgullosamente nuclear.

    Lo que pasaba en Zarate es que durante muchos años se mal aprovechó esa interrelación entre el operador nuclear que es Nucleoeléctrica Argentina y el municipio.

    -¿En qué sentido se mal aprovechó?

    -No había coordinación entre la empresa y el municipio. Nucleoeléctrica utilizaba su responsabilidad social empresaria para hacer lo que creía que tenía que hacer y el municipio miraba de costado.

    Creo que no es sólo ir a pedir plata. Los intendentes tenemos que trabajar con los recursos que tenemos. Nosotros, sin sumar recursos, vamos a tener en Lima un hospital intermedio que incluso Axel Kicillof prometió en la campaña de 2023 y nunca lo incluyó en el presupuesto provincial.

    Nosotros lo primero que hicimos con Nucleoeléctrica fue sentarnos a la mesa y establecer según ordenanza lo que tenía que pagar de tasas municipales. Y, por fuera de eso, les exigimos que todo lo que hagan por responsabilidad social empresaria lo debían coordinar con nosotros. Les pedimos maximizar el esfuerzo. Que no pongan plata donde el municipio consideraba que no era estratégico.

    ¿Qué nos permitió eso? Hoy Lima está construyendo su primer hospital. Porque no puede ser que una ciudad como Lima, con dos centrales nucleares y con una tercera en desarrollo, no tenga un hospital.

    Por eso yo creo que no es sólo ir a pedir plata. Los intendentes tenemos que trabajar estratégicamente con los recursos que tenemos. Nosotros, sin sumar recursos, vamos a tener en Lima un hospital intermedio que se prometió en tantas campañas anteriores y que incluso Axel Kicillof lo prometió en la campaña de 2023 y nunca lo incluyó en el presupuesto provincial.

    -¿Y qué posición tiene respecto a la privatización de casi la mitad de la empresa NASA?

    -Para mí el juego del privado dentro de la inversión nuclear está bien. Siempre la soberanía nuclear tiene que ser nacional. ¿Cómo lo hacés? Con la mayoría y con la decisión política de qué hacer.

    Ahora, yo escucho muchos que dicen «No a la privatización». Pero lo que no dicen es que las dos centrales nucleares que tiene Zárate las hicieron empresas privadas extranjeras. Las dos: una canadiense y otra alemana.

    ¿Pero cuáles son motivos para privatizar? ¿Qué es lo que funciona mal con una empresa 100% estatal?

    Te lo hago al revés: ¿Hay motivos para no aprovechar la inversión privada? ¿Por qué la inversión privada es mala? ¿Por qué tenemos que presuponer que la inversión privada siempre viene a destruir?

    ¿Pero por qué tenemos que suponer que la privatización de una parte de la empresa va a atraer inversión privada?

    Bueno, la privatización o la venta de una parte supone el ingreso de capital privado. Si hay algo que nos enseña esta realidad es que el Estado no puede hacer todo. Cuando el Estado hizo todo terminamos donde terminamos: con déficit fiscal, con una inflación incontenible, con un dólar que se disparaba todos los días.

    Entonces, la plata está en poder del privado. Y el privado, o por impuestos o por inversión, se la transfiere al Estado. El Estado no es un generador de riqueza de por sí.

    El juego del privado dentro de la inversión nuclear está bien. Siempre la soberanía nuclear tiene que ser nacional. ¿Cómo lo hacés? Con la mayoría y con la decisión política de qué hacer. Muchos que dicen «No a la privatización». Pero lo que no dicen es que las dos centrales nucleares que tiene Zárate las hicieron empresas privadas extranjeras: una canadiense y otra alemana.

    El Estado genera dividendos o genera plata si emite. Pero la emisión incontrolada no se puede. Y hoy creo que todos los sectores políticos entienden el valor del déficit fiscal cero.

    Entonces, cuando el Estado argentino tenga la posibilidad de emitir y con eso hacer obra estratégica, bueno bienvenido sea. Mientras tanto, si hay un capital privado que viene, pero vos conservás la decisión estratégica sobre la central nuclear, para mí está perfecto. Yo estoy de acuerdo.

    -¿Qué análisis hace respecto del gobierno de Milei? ¿Es optimista? ¿Ve algunas alertas? ¿Le preocupa el impacto de la crisis?

    -Yo creo que Milei tomó decisiones que toda la política sabía que había que tomar, pero que no se tomaban. También Milei tomó decisiones que la sociedad, en el momento de su candidatura presidencial, estuvo dispuesta a tomar.

    -¿Cómo es eso?

    -Cuando el PRO gobernó, la tolerancia social para determinadas medidas no estaba. Recordemos que cuando Mauricio Macri asumió discutíamos si el fútbol tenía que ser gratis para todos o no. Hoy ya no se discute eso.

    Entonces, creo que Milei vino con un temperamento de tomar las decisiones sin importarle la visión política del otro, y también con una sociedad dispuesta a soportar esas decisiones. La mayoría votó a Milei pidiéndole que tome estas decisiones.

    La discusión que la sociedad tiene hoy con Milei tal vez pasa más por su forma de hablar que por sus decisiones políticas. La gente que lo votó no se siente traicionado por las decisiones tomadas por el Presidente.

    La discusión que la sociedad tiene hoy con Milei tal vez pasa más por su forma de hablar que por sus decisiones políticas. La gente que lo votó no se siente traicionado por sus decisiones. El que lo votó reconoce que está haciendo lo que me dijo que iba a hacer.

    Y cuando hablás con los políticos por fuera de las cámaras, todos reconocen que si Argentina no tomaba esta decisión explotaba. Explotaba. No se podía sostener más.

    -Pero existe una contracara que tiene que ver con lo que está atravesando la gente. Incluso los mismos intendentes plantean que en sus municipios hay niveles muy grande de endeudamiento de los vecinos. ¿Usted no lo ve en Zárate?

    -Eso lo veo y lo vi antes también. Yo escuchaba al ministro de Economía que decía que hay gente que la está pasando mal y que eso ocurre ahora, peor también ocurría antes.

    No podemos decir que el índice que mide la pobreza ahora es malo y antes era bueno. Es el mismo índice. Entonces, los problemas estructurales que tiene Argentina no se van a solucionar en dos años.

    ¿Hay gente que la pasa mal? Sí. ¿Es obligación del Estado ver cómo le solucionamos el problema a esas personas que la pasan mal? Sí. Obviamente que sí. Yo no soy de los que creen que la situación actual sea más negativa que la que teníamos antes. ¿Antes qué discutíamos? Que no te alcanzaba la plata porque te aumentaban los costos: la inflación.

    Argentina tiene un problema estructural y tiene que salir adelante. Pero no podemos hacer políticas generando ese fantasma de que todo está mal. Hay sectores que no están mal y hay sectores que sí están mal. Es un cambio de paradigma político de la macroeconomía. Un cambio que es difícil, pero hay que sobrellevarlo.

    Argentina tiene un problema estructural y tiene que salir adelante. Pero no podemos hacer políticas generando ese fantasma de que todo está mal. Es un cambio de paradigma político. Un cambio que es difícil, pero hay que sobrellevarlo.

    -¿Y cómo va a hacer el PRO, en el marco de esta alianza con La Libertad Avanza, para sostener su identidad de cara a lo que viene?

    -El PRO no tiene que ser ni distinto, ni igual a La Libertad Avanza. El PRO tiene que ser el PRO. Si el PRO está de acuerdo con lo que hace Milei, lo tiene que decir. Y si cree que hay cosas que se deberían hacer de otra manera también lo tiene que decir. Eso es lo único que mantiene la identidad.

    Es claro que el PRO tiene una sintonía con el gobierno en temas como la macroeconomía, como no la tiene con el kirchnerismo. ¿Qué tenemos que hacer entonces? ¿Ser egoístas y generar tensión para sacar un rédito político? No. Tenemos que apoyar. Tenemos que entender que estamos en un momento histórico. Estamos más cerca de terminar el trabajo que empezó Milei que de arrancar otro modelo que ya fue perjudicial para la Argentina.

    Creo que estamos en el momento donde lo que se hizo empieza a dar una previsibilidad económica, que fue algo que nunca pasó. Y el PRO lo acompañó este proceso y cuando tuvo que decir que no estaba de acuerdo con algo lo dijo. Y no nos tiene que asustar la diferencia.

    -¿El candidato a gobernador tiene que ser Diego Santilli? Porque hay otros referentes del PRO que intentan construir una candidatura a partir de los intendentes.

    -Para mí, de los nombres que se mencionan, Santilli es el mejor candidato. Tenemos grandes figuras que pueden ocupar el lugar de gobernador en la provincia. Cristian Ritondo es uno, y Diego es otro. Pero hoy veo un trabajo que Cristian asume por fuera del ego político de decir «es Diego Santilli».

    Entonces, si tenemos una persona como Ritondo que entiende que el momento es de Santilli, me parece que todos tenemos que ir hacia ese lado. Diego es un muy buen candidato, es una persona que tiene experiencia. Se notó un cambio en Nación desde que está gestionando. Él tiene una visión más pausada de diálogo. Busca hablar con todos sin perder el objetivo.

    Creo que la provincia de Buenos Aires, con el nivel de despelote que tiene, la única forma de sacarla adelante es con una persona que hable con todos, pero teniendo un objetivo claro.

    Y creo que Santilli, con Ritondo, y con todo el equipo que tenemos alrededor es el único camino que tiene la provincia de Buenos Aires de dejar atrás años y años de no mirar la prioridad del vecino.

    Santilli es un muy buen candidato, es una persona que tiene experiencia. Se notó un cambio en Nación desde que está gestionando. Él tiene una visión más pausada de diálogo.

    -Las PASO están en discusión en el Congreso, pero también se especula con lo que puede ocurrir en la provincia de Buenos Aires. ¿Prefiere el sistema de primarias en la elección del año que viene?

    -Siéndote sincero, desde lo político-electoral, no tengo una visión que me lleve a decir todos los días lo mismo. Sin embargo, desde lo económico, desde el malestar de la gente de tener que ir a votar, me parece que tenemos que pasar a un sistema de PASO optativa.

    No puede ser que los partidos políticos estén obligados a ir a una PASO cuando tienen un solo candidato. Generás gasto, generás más apertura de mesas para votar, más fiscales. No tiene sentido. Me parece que el que tiene necesidad de dirimir una interna que vaya a una PASO, pero que se la autofinance.

    El sistema político no tiene por qué financiar a la interna de un partido. Ahora, ¿le podemos poner una fecha determinada? Sí. ¿Le podemos decir que tiene que votar en tal lugar? Sí, coordinadamente.

    Y lo otro que tenemos que hacer es pasar definitivamente a la Boleta Única en Papel en la provincia. Tenemos que dejar de este sistema de votación que es engorroso, que genera suspicacias, que genera un gasto tremendo, que está en la trampa del voto en cadena, que te cambio la boleta, que te la rompo, te pongo un color similar para arruinarte.

    No tiene sentido. Que vaya el vecino, agarre una boleta única y marque lo que quiera. Por ahí uno de un partido y por ahí otro de otro partido. El vecino sabe lo que tiene que votar, no se la compliquemos.

    -El año pasado fue la primera experiencia de esta alianza entre el PRO y la Libertad Avanza. Entiendo que el cierre de listas se ordenó bien los cargos más altos, pero hubo roce en las secciones y en los municipios. ¿Vos estás dispuesto a una interna en Zárate el año próximo?

    -Mirá, yo creo que un vaso de agua y una candidatura no se le niega a nadie. Cualquiera puede ser candidato. Yo no tengo por qué decir quién quiere ser candidato o no. Ahora, yo también puedo ser candidato para buscar una reelección.

    -¿Va a buscar la reelección?

    -Obviamente. El trabajo no lo terminamos. Después, verá la estructura partidaria qué resuelve. Ahora la relación entre La Libertad Avanza y el PRO en Zárate es desde hace un año dificultosa.

    No existe una evolución en Zárate de lo que sucedió entre el PRO y La Libertad Avanza a nivel nacional ni lo que sucede en la provincia de Buenos Aires. Me parece que La Libertad Avanza necesita un ordenamiento en algunos municipios, por ejemplo Zárate, donde hay que entender cuestiones lógicas.

    Un vaso de agua y una candidatura no se le niega a nadie. Cualquiera puede ser candidato. Ahora, yo también puedo ser candidato para buscar una reelección.

    -¿Qué serían esas cuestiones lógicas?

    -Así como nosotros entendemos la figura de Milei, ellos tienen que entender la figura de un intendente. No podemos ser aliados en un lugar y en otro no. No tiene sentido.

    -¿Dónde aparecen esas dificultades con La Libertad Avanza? ¿En el Concejo Deliberante?

    -En el Concejo Deliberante. Y eso que nosotros, cuando armamos la lista en la elección del año pasado, fuimos sumamente cautelosos con lograr una lista conformada por mitad del PRO y mitad de La Libertad Avanza. Nadie se impuso ante el otro.

    Sin embargo, lo que falta para mí en esta alianza es entender quién es el mejor candidato de la política local y discutirlo las puertas adentro. No se puede todos los días socavar lo que un municipio o lo que una intendencia construyó.

    Porque nosotros llegamos a esta gestión municipal ganándole a todos. Tenemos un mérito en ser el más votado. Por algo fuimos los más votados, por algo logramos gobernar un municipio, como también por algo lo logró Milei. Entonces, creo que la alianza no puede ser solamente donde le conviene a La Libertad Avanza.

    -¿El PRO mantiene su postura en contra de la reelección indefinida de los intendentes? ¿No existe una revisión de esa posición?

    -No me gusta la reelección indefinida. Creo en los equipos más que en las personas. Además, lo dije y lo vuelvo a decir: si tengo suerte de ser reelegido será mi último mandato.

    Me parece que una sociedad no puede vivir pendiente de una sola figura que le resuelva los problemas. Hay que generar equipos. No hay un mago en la política. Lo que hay es equipo, hay constancia, hay proyectos. Me parece que no sirve estar eternamente en el poder, para mí lo suficiente son seis años o dos mandatos. Siempre dije lo mismo.

    -En mayo, Mercedes Benz inauguró una planta automotriz en Zárate. ¿Cómo se dieron esa gestiones para que la empresa eligiera su distrito para instalarse?

    -Nosotros cuando llegamos al gobierno, en 2023, identificamos dónde nos podíamos hacer fuertes en cuanto a la atracción de industria. Tenemos tres sectores que son claves: el nuclear, el automotriz, y el alimentario, producto de las cerveceras.

    Nosotros llegamos en un momento donde no sólo el privado tenía que salir a competir, sino también los municipios tenían que ofrecer mejores condiciones que otros, porque ya no te alcanza solamente con la ubicación estratégica, cercana al puerto, o con el pasado automotriz que tenía Zárate.

    Entonces ahí salimos con una política muy agresiva de no cobrar el derecho de construcción, no cobrar derecho de habilitación y, a las automotrices otorgarles de 10 a 20 años de exención de las tasa vinculadas con la producción.

    Eso atrajo a Mercedes que ya había puesto el ojo en un predio en Zárate y logramos que se decidiera a hacer efectiva la construcción, no solo de su parte logística de repuestos, sino de la fábrica. La fábrica que Mercedes construyó en Zárate es la primera que se construye en el país desde hace décadas.

    -¿Pero eso nos son recursos que pierde el municipio?

    -Para la empresa tal vez no sea el punto más determinante, pero es lo que te determina el margen de ganancia. Y para un municipio es una apuesta a largo plazo.

    Soy de los que piensan que tenemos que dejar una buena recaudación para los que vienen después. En algún momento fue otro intendente quien logró que se instale Toyota, la automotriz que ya funciona en Zárate. Ese intendente no pudo disfrutar de la recaudación para hacer obras, pero esa recaudación la recibimos nosotros. Entonces, yo creo que cuando pase la promoción industrial y eso sea parte de la recaudación de Zárate, vamos a tener un Zárate totalmente distinto.

    Nuestra política de exención de tasas atrajo a Mercedes que ya había puesto el ojo en un predio en Zárate y logramos que se decidiera a hacer efectiva la construcción.

    -¿Cómo es la composición de ingresos de Zárate?

    -Hoy tenemos el 65% de los ingresos son recaudación propia. Los números que nosotros manejamos es que una vez que Mercedes y otras autopartistas que se instalaron estén aportando, el 80% de los ingresos de Zárate son recaudación propia.

    -Ahora, la producción de autos viene disminuyendo, los últimos informes hablan de una baja del 18%. ¿Eso tiene un impacto sobre Zarate?

    -Mercedes se dedica a camiones y buses y el año pasado tuvo récord en venta de camiones y buses. No tengo números de este año. Ahora bien, si deciden invertir en una nueva planta entiendo que es porque ven, más allá de lo coyuntural, una expectativa de venta y de producción grande.

    Te digo más: Toyota también analizando una posible ampliación. No quiero dar detalles porque es algo que lo tiene que decir la propia automotriz. Pero me parece que hay un mercado que prevé que, por fuera de lo coyuntural la expectativa es de crecer.

    -Entonces usted es de los que creen que la economía va a empezar a crecer de manera más extensiva y no sólo en minería, agro y petróleo…

    -Yo creo que todos somos parte de un reajuste de las variables macroeconómicas. Estamos en un proceso que nos implica reacomodarnos y soportar un parate, para el que tiene que comprar, para el que tiene que vender.

    Pero lo cierto es que cuando hablo con ellos las expectativas de lo que se viene tiene que ver con una macroeconomía acomodada. Y cuando esa macroeconomía empieza a volcarse hacia la microeconomía, la expectativa es de vender.

    Lo que falta es el acceso a un crédito más ágil para motorizar la venta de autos. Pero creo que eso es una consecuencia lógica de estabilizar lo más importante que es la macroeconomía.

    -El norte de la provincia cuenta con lo que se denominó como «nueva industria provincial», fábricas más modernas y dinámicas que las que se construyeron en el conurbano. ¿Cuánto influye la cercanía al río Paraná?

    -Tenemos varias cosas. Una de ellas es el puerto. Hoy las automotrices trabajan bajo un esquema llamado just in time por el cual no tienen que tener en sus depósitos cargados de autopartes, sino que trabajan con lo necesario para producir en 24 horas. Para eso es clave un puerto cerca y buenas rutas que permita estar conectados con autopartistas.

    Yo creo que se da un combo. También está la ruta que te vincula con el Mercosur, porque las exportaciones que no van por barco, van por el puente de Zarate Brazo Largo. Zárate propone lo contrario a lo que sería una planta en medio del Conurbano. Hoy el tiempo y la logística es un factor de reducción de costos muy importante.

    Después están los factores municipales. A Mercedes le pusimos un funcionario a disposición para acompañarlos en el proceso de habilitación. Porque habilitar una planta como la que ellos proyectaban en un menos de un año fue un esfuerzo municipal muy grande.

    -¿Entiendo que busca impulsar un desarrollo inmobiliario en la costanera?

    -Así como nos funciona la promoción de la producción automotriz, lo que queremos es fomentar la construcción. Zarate tiene una costanera que quedó muy linda pero tenemos un esquema tributario en el cual quien quiera invertir debe dejar al municipio entre el 30 y el 50% de su margen de ganancia. Y los desarrolladores no pueden invertir cuando el 30 y el 50% se lo lleva el municipio como plusvalía. No tiene sentido.

    El metro cuadro equivale casi a Puerto Madero. No es por la ubicación, no es por el valor del metro cuadrado de construcción, es porque el municipio se te queda entre el 30 y el 50% como plusvalía. ¿Qué pasó desde que se hizo la costanera hace algunos años? Que el proyecto no tuvo el acompañamiento inmobiliario.

    Entonces, ahí tenemos que tomar una decisión. Estamos esperando que el Concejo Deliberante se digne a tratarlo. Algunos no lo entienden. Yo planteo que recaudar sobre cero es cero. Recaudar una tasa del 50% sobre cero es cero. La mejor muestra sobre eso es que hace 10 años que no se construye nada.

    Yo creo que los municipios tienen que tener una policía de prevención municipal con facultad de usar un arma de fuego. ¿Qué es una policía de prevención municipal? No puede tener inteligencia, no puede recolectar pruebas para la Justicia, pero puede aprehender a una persona hasta que venga la policía a pedido de la fiscalía para llevárselo.

    -Kicillof viene trabajando con la provincia en algunos proyectos relacionados con la seguridad que suponen mayor cercanía con los intendentes, entre ellos el regreso de la Policía Municipal.

    -Nosotros estamos de acuerdo con la creación de la Policía Municipal. Es más, mandamos un proyecto de ordenanza del Concejo Deliberante, que todavía no se movió ni un casillero, que es dejar todo lo interno preparado para cuando llegue el momento.

    Yo creo que los municipios tienen que tener una policía de prevención municipal con facultad de usar un arma de fuego. ¿Qué es una policía de prevención municipal? No puede tener inteligencia, no puede recolectar pruebas para la Justicia, pero puede aprehender a una persona y tenerla en la vía pública hasta que venga la policía a pedido de la fiscalía y llevárselo.

    No tenemos que suplir a la policía de la provincia de Buenos Aires. Lo que tenemos que lograr es una herramienta más para la prevención.

    -¿Cómo es su diálogo con Kicillof? ¿Por ser un intendente del PRO se siente ignorado por el gobernador?

    -No, para nada. Yo tengo diálogo y es fluido en la medida de las necesidades. Por supuesto que no me va a preguntar algo político a mí, ni yo se lo voy a preguntar algo a él. Pero cada vez que tuvimos una necesidad de diálogo la tuvimos en forma sensata, aún con diferencias. Y tengo que decir que no veo una acción de la provincia en contra de Zárate.

    Pudimos firmar un leasing con el Banco Provincia y con el gobernador para comprar maquinaria y fuimos incluidos. Nos separan un montón de diferencias políticas, pero nunca rompimos el diálogo. Por lo menos de mi parte no se va a romper nunca porque le estaríamos generando más problemas a las vecinos.

     

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