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La Cultura Reginense en números (2017/2018/2019)

¿Es poca o es mucha la actividad artística/cultural que se desarrolla en Regina?. ”En Regina, nunca pasa nada!!!”, ¿es cierta esta afirmación? ¿Cuál es el aporte del sector privado? ¿Qué actividades aportan las instituciones culturales? ¿Cuál es el rol de la juventud en el tejido cultural reginense? ¿Se podría crear el Consejo Local de Cultura?

Antes de intentar dar algunas respuestas a estas preguntas, respuestas que no pretender ser las únicas ni las definitorias, veamos qué dicen los datos de las actividades culturales reginenses en los últimos tres años: 2017, 2018 y 2019. Datos nunca antes publicados, que surgen de tabular las actividades que publicamos en nuestra Agenda Cultural (https://latapa.com.ar/agenda/) semana a semana. Los eventos tomados en consideración, son aquellos que surgen de los afiches o flyers que circulan en redes sociales, promocionando las actividades de artistas locales o zonales. Y también los que son enviados mediante nuestro formulario que se encuentra al pie de página de la Agenda.

La cultura no es ajena a las crisis sociales, generacionales y menos aún a las económicas. En el 2018 las actividades registradas crecieron un 54,1%, y decrecieron un 29,9% en 2019.

Lamentablemente, de años anteriores, no hay datos registrados ni por privados y tampoco por Cultura del Municipio, quien debería sentir la obligación de recolectarlos. Los datos o la estadística son necesarios para cuantificar la realidad y disponer de los elementos que nos permitan un análisis de la misma y así proyectar de una forma más coherente (con conocimiento de causa). Lógicamente, cada quien hará una interpretación personal o grupal, según criterios y situación propia. Pero sin datos, continuaríamos diciendo generalidades imprecisas como: todos, nadie, pocos, muchos, etc.!!

¿ES POCA O ES MUCHA LA ACTIVIDAD ARTÍSTICO/CULTURAL QUE SE DESARROLLA EN REGINA? ”EN REGINA, NUNCA PASA NADA!!!”, ¿ES CIERTA ESTA AFIRMACIÓN?

Como vemos NO SON POCAS la actividades artístico/culturales de Regina. En tres años suman 1331. Un promedio de 1,21 actividades por cada día del año, si bien la realidad es que se concentran en jueves, viernes, sábado y domingo. Recalculamos y nos da 8,53 actividades por fin de semana. Si reagrupando las actividades con un criterio clarificador vemos que:

Otro dato que arroja la Agenda Cultural de La Tapa, y no deja de ser sorprendente, es que durante estos tres últimos años hayan sido má de 50 espacios o lugares quienes dieron cavida a las 1131 actividades.

Como la actividad cultural se desarrolla en casi toda la ciudad, pero al ser los espectáculos o presentaciones generalmente individuales, es dificil tener una visión global y poder medir la cantidad de trabajos y recursos económicos que genera directamente o contrata todo el tejido cultural local. Carecemos de datos económicos puntuales, pero más de 1000 eventos en tres años no son para soslayar. Si bien la actividad cultural se caracteriza por una gran infomalidad económica.

Conociendo los datos, vislumbramos que en Regina no es cierto que nunca pasa nada…. PASAN MUCHAS COSAS!!! También es cierto que debe haber vecinos con gustos muy particulares. Pero la ciudad solo puede producir aquello para lo cual está preparada. A veces somos un pueblo grande, otras una ciudad chica.

¿CUÁL ES EL APORTE DEL SECTOR PRIVADO?

El incremento en 2018 se debió sobre todo a “espacios privados no tradicionales” que mantuvieron una demanda constante de espectáculos para ofrecer a su clientela. Y si bien, sus actividades principales son otras, traccionaron fuertemente ofreciendo lugares y contratando artistas locales. A estos espacios más que exigirles continuidad, cuestión que queda atada a la situación económica general y particular, hay que ayudarlos para que sostengan la oferta cultural.    

Buena parte del decrecimiento en el 2019 se debió a que los «espacios privados no tradicionales» dejaron de ofrecer espectáculos, en correlato con la crisis de consumo general. (Probablemente en los momentos de crisis es cuando más se nota la ausencia de un Ente o un Concejo Local de Cultura, que tenga la capacidad de analizar la marcha y proponer soluciones o paliativos a todo el tejido cultural).

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Tambiés es interesante contabilizar la cantidad de auspiciantes en los afiches de publicidad o promoción de los eventos. En el 2017, fuero 187 comercios, profesionales, empresas que 400 veces apoyaron los eventos. A un promedio de $500 por publicidad, la sociedad civil había aportado la suma de $200.000.-

¿QUÉ ACTIVIDADES APORTAN LAS INSTITUCIONES CULTURALES?

Cuando pensamos rápidamente en instituciones que desarrollan actividades culturales en Regina, es muy común pensar en la Cooperativa de Trabajo Artístico “La Hormiga Circular”, en el Cine Teatro Círculo Italiano y en Cultura del Municipio (Anfiteatro, Galpón de las Artes, Escuela de Arte, etc,.)

Las tres «instituciones» comparten la característica que tienen más de 30 años de vida. Las dos primeras podríamos calificar como semi – públicas. Si bien una Cooperativa y una Asociación Civil son de carácter privado, pero donde los dueños son asociados, ambas se vieron o se ven beneficiadas por importantes aportes del Estado para producir y generar sus propios recursos. La tercera es netamente de caracter Público.

Pero a estas tres instituciones o espacios culturales las diferencia ampliamente la forma en que desenvuelven la actividad específica. Ya los números, en tres años, nos permiten entrever como funcionan. La Hormiga Circular sumó 452 actividades, Cultura del Municipio 191, y el Cine Teatro Círculo Italiano 71. Como vemos en los gráficos, cuenta mucho más la aptitud, la capacidad o la idoneidad en el tema cultural, que la superficie disponible (Teatro Círculo Italiano: Superficie Cubierta 3.165,50 m2; Hormiga Circular: Superficie Cubierta: 374 m2) o la capacidad económica (Presupuesto de Cultura Municipal año 2016, $ 7.853.787,95).

Hacer un análisis individual de estos tres espacios, luego de más tres décadas, sería casi como abrir una investigación, que excede las pretensiones de este artículo, pero creemos que para comprender el futuro del “tejido cultural reginense” se debería realizar.

¿CUÁL ES EL ROL DE LA JUVENTUD EN EL TEJIDO CULTURAL REGINENSE? EL FUTURO CONSTANTEMENTE POSTERGADO.

Hay algo más, que también une a los tres emblemas culturales (La Hormiga, el Teatro Círculo Italiano y Cultura del Municipio) la falta de renovación, la ausencia del impulso de la juventud artística local.

La producción cultural reginense en un 95% es realizada por artistas “under” 35 años, y generalmente los llaman solo para ofrecerles espacios, pero nunca los tienen en cuenta para planificar y decidir el futuro.

Probablemente no haya otra actividad como la cultural donde lo más importante sea lo que está porvenir. El arte es vanguardia o no es arte. El arte es un cambio constante. Y no hay nadie mejor que exprese estas características que los jóvenes artistas.  Juventud cosmopolita digital, juventud “liquida”, juventud que aprendió de nosotros a descreer de las instituciones, incluidas las culturales. Cualquiera de estos jóvenes artistas locales, que hayan transcurrido solo dos años dentro del ámbito cultural reginense, ya sabe que: Hay poco apoyo, no son tantos los espacios donde sientan que aquello que hacen es valorado, y que constantemente tienen que enfrentar y chocar con los “decididores oficiales de la cultura del pueblo”.

Un fenómeno, que llamó la atención estos últimos 3 años, fue el resurgimiento de las bandas de rock. No solo por la cantidad, sino también, y más valorable aún, casi todas teniendo temas propios y grabando disco o EP. El gráfico siguiente muestra cuales de ellas fueron más activas.

No cuento con el dato preciso, pero no hace más de una década, que en las escuelas secundarias iniciaron a proponer talleres artísticos que hoy se han transformados en materias. Me sorprendió gratamente en el 2019 el Certamen Brisas Literarias de la ESRN Nº 11, ya devenido en una muestra de arte joven más allá de las letras. Es una pena que estas oportunidades queden encapsuladas dentro de las comunidades educativas. Sería ideal que se proyectaran a nivel local/zonal desde el Municipio, certámenes, muestras, bienales, etc., abiertas a la participación de todos los jóvenes. Hay mucha creatividad escondida, que es necesaria mostrar, difundir, apoyar!      

¿ES NECESARIO CREAR UN FORO/ENTE/CONSEJO LOCAL DE CULTURA?

Si bien no es una idea nueva, el único dato concreto en 30 años, sobre la posibilidad de formar un Consejo Local de Cultura, lo provee el periódico El Ciudadano del 26 de Julio de 1991, cuando el candidato Prof. Carlos Vazzana expresa que: “Nuestra propuesta concreta para integrar los distintos sectores consiste en convocarlos para definir los ejes del crecimiento de nuestra ciudad, formación del Consejo de Cultura,…etc”.

El Prof. Carlos Schulmaister, ex Director de Cultura (1987-1990) en su libro (al final de este artículo lo dejamos para su descarga en PDF)  “GESTIÓN CULTURAL MUNICIPAL. DE LA TRASTIENDA A LA VIDRIERA.” Dice: (…) Resumiendo, en la Carta Orgánica municipal no se menciona ni una vez la palabra cultura. (…) Creo que la clave del desinterés no es la falta de información sino la falta de comunicación al interior de la sociedad. Se evidencia en que la gente desconoce en grado superlativo que la cultura es un derecho humano, que la cultura la hacen y la consumen todos los miembros de la sociedad.”

No hay antecedentes del accionar de un Foro/Ente/Consejo Local de Cultura, pero si encontramos experiencias previas que son absolutamente valederas.  El siguiente video: “Laboratorio 1. Apertura Institucional y espacios de participación”, dura 02:11:56 hs, tiempo suficiente como para obtener un panorama de por qué algunos Consejos funcionaron y otros no. Interesante el planteo de “institución vs extitución”.     

Video generado dentro del programa “Los Laboratorios, encuentros y talleres para una cultura abierta” una nueva forma de participación en las instituciones y en las políticas culturales públicas, impulsada desde el Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid. Un espacio de diálogo para agentes culturales, responsables municipales y ciudadanía, donde trabajar en el diseño y el impulso de futuras actuaciones y programas, propuesto y organizado por el Área de Cultura y Deportes, del Ayuntamiento de Madrid en el año 2016.

Del video tomamos algunas ideas, que compartimos para reflexionar en el contexto local.

“Es un inicio pequeño, humilde y modesto, es un primer paso.  Es un reto de la sociedad en la que vivimos la apertura institucional: transparencia, acceso a la información, procesos de deliberación colectiva, y lo más importante el proceso de toma de decisiones compartidas en el ámbito de las políticas públicas.”

“Esta apertura es vital en ámbito de la cultura, debido a que la relación entre política y cultura siempre ha sido problemática y dificultosa, y gracias a la autonomía y a la independencia de la cultura se ha podido mantener la oferta cultural.

“El acercamiento a las políticas cultura generalmente es frustrante. Por década la situación de la Cultura Municipal ha sido opaca, no se sabe cuál es su presupuesto ni cuál es el Plan de Cultura que se ha desarrollado. La política cultura es de todos, pero carecemos de mecanismos de control, participación y deliberación de la política cultural local.

“Traer a un marco público de discusión y debate cuestiones y temas que se abordan generalmente a diario informalmente, individualmente y unilateral, entre distintos y diversos actores del sector. Por ello hay que crear un foro para poner en valor estas ideas o aportes, fundamentalmente para trabajar en perspectiva los próximos años. Con disensos y consensos, es bueno que existan, pero el fin es encontrar un terreno común donde abordar políticas culturales generosas en su generación y aplicación.”      

“Espacios de participación deliberativos, intento de poner en juego la inteligencia colectiva. Intento de reconocimiento de la pluralidad del tejido cultural, ya que las políticas públicas generalmente presupone una homogenización. Queremos que las decisiones sobre la oferta y la política cultural que se desarrolla en nuestro municipio las tomen las personas y entidades que protagonizan nuestros movimientos culturales.

“Son retos. El tiempo pasa volando, pero tarda mucho en que pase. Hay que apresurarse despacio. Hay que hacerlo rápido pero con prudencia para poder acertar en el diagnóstico y tener las herramientas necesarias para poder encontrar las soluciones más adecuadas.” 

“Balance crítico y autocrítico, pero constructivo del tejido cultural.”

“Cultura Política no Política Cultural, cultura situada desde las instituciones, independiente de los poderes políticos periódicos.”

“¿Estamos preparados socialmente para hacer las cosas de otra forma? ¿O necesitaremos llegar a un 15M (España), o las protestas de como en Ecuador y ahora en Chile. Que tipos de instituciones hay que crear para acoger la participación ciudadana que pongan el diálogo en el centro de todo. El reto de la participación es el último reto a la democracia.”

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    La iniciativa surge tras conocerse la puesta en revisión por parte de la gestión de Axel Kicillof del programa «Mesa Bonaerense» que entregaba cajas de alimentos a familias vulnerables.

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    Al advertir que «resulta indispensable que el Estado provincial reasigne sus recursos con criterios de estricta prioridad social», Ishii dijo que «en situaciones de emergencia, la asignación presupuestaria no puede permanecer ajena a la realidad».

    Frente a eso, reclamó «garantizar el acceso a la alimentación debe prevalecer por sobre la ejecución de obras o erogaciones que no resultan esenciales o urgentes para la vida cotidiana de la población».

     Ishii sostuvo que «la readecuación presupuestaria que se propicia implica reorientar partidas originalmente destinadas a intervenciones no prioritarias hacia políticas alimentarias directas». 

    «A diario las familias, no solo de mi distrito, sino de la provincia, me hacen saber que ya no pueden más. Y si a esto se le suma la eliminación de planes que llevaban comida a la mesa de nuestras familias bonaerenses, el problema es mayor», apuntó Ishii en alusión a la parálisis al menos por tres meses del Mesa Bonaerense.

    Frente a ese cuadro, Ishii sostuvo que «la readecuación presupuestaria que se propicia implica reorientar partidas originalmente destinadas a intervenciones no prioritarias hacia políticas alimentarias directas».

    Y agregó: «Esta decisión no solo responde a un criterio de racionalidad económica, sino a un mandato ético y constitucional: en un contexto donde amplios sectores de la población no logran cubrir sus necesidades básicas, ningún recurso público puede ser asignado sin considerar su impacto social inmediato». 

     

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  • Anestesiame

     

    Esta nota es una coproducción de Revista Anfibia y elDiarioAR 

    Quirófano. Escena 1

    Lo último que veo antes de que todo se apague es un par de ojos azules entre una cofia celeste y un barbijo del mismo color. Un conjunto de objetos de formas semicirculares perfectamente engamados. 

    Apenas me trasladaron al quirófano pregunté por el anestesiólogo (o dije anestesista, entonces no sabía la diferencia entre el médico y el auxiliar, una diferencia de formación y de clase), yo también con cofia, pero blanca, casi transparente, y ese horrible camisolín que expone humillantes extensiones de piel. Pregunté por él porque quería decirle que amo la anestesia general, aunque soporto muy mal los temblores del despertar. El anestesiólogo mira mi historia clínica resumida a su mínima expresión en la planilla enganchada en un cartón. Ahí están todas las cirugías por las que pasé. Supongo que por eso no pregunta cómo sé o cuántas veces me desperté temblando. Dice: no hay problema. Ya me puede desenchufar.

    Tengo el catéter intravenoso clavado en una vena, en la fosa cubital. Mi vida cuelga de esos ojos azules que me miran, seguramente controlen el efecto de la anestesia. El resultado es inmediato. Para una insomne como yo, el placer de no sentir el habitualmente dificultoso pasaje al sueño es oro. Anoto mentalmente: el placer de no sentir. Nada mejor para un cerebro que da vueltas en la rueda del hamster enjaulado y cuesta tanto apagar.

    Fundido a negro.

    Empiezo por mí porque soy parte de la sociedad de la evasión, el mandato de “desertar” de Bifo Berardi me pegó fuerte y el deseo involuntario de apagarme es una fuerza contra la que lucho desde siempre (mi síntoma es el sueño).

    Por eso, tal vez, jamás se me ocurrió preguntar cuáles eran las drogas que me suministraban en las cirugías, endoscopías, tratamientos de conducto o cualquier otro procedimiento invasivo que necesite anular la conciencia del dolor. Y también por eso, quizás, tampoco me había preguntado antes si los médicos experimentaban con esas mismas drogas en sus propios cuerpos.

    Nunca tuve miedo de morir en una cirugía, ni de tener una alergia ni ninguna otra complicación causada por la anestesia. Solo me preocupaban los temblores. 

    Nunca, hasta que todo cambió. Fue a fines de marzo, cuando nos enteramos de que el anestesiólogo Alejandro Zalazar (31), residente del Hospital Rivadavia que hacía rotaciones en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, había muerto por sobredosis de anestésicos, en su departamento en Palermo. El hecho había ocurrido el 20 de febrero. ¿Por qué se supo cuarenta días después? La noticia se conoció por un audio viral que vinculaba el caso con el robo de insumos en el Hospital Italiano y develaba una trama oscura, que incluía “viajes controlados” grupales de médicos con esas sustancias. Lo que conocimos como el lore de las Propofest

    Aquí un spoiler: si bien no hay una estadística de muertes de anestesiólogos en Argentina, esas muertes ocurren soto voce. Reflotar el caso de una técnica anestesista muerta en 2023 tal vez sea otra punta del mismo ovillo y habilita la pregunta: ¿qué ollas no se quieren destapar? En voz alta, en cambio, circula lo que algunos médicos llaman “el mito”: los anestesiólogos son “drogones”. Aquí se trata de desandar el prejuicio moralizante para intentar entender las causas de un fenómeno que sí está estudiado a nivel internacional.

    Esta crónica-ensayo se escribe a partir de entrevistas a pacientes de cirugías y médicos de distintas especialidades, incluidos anestesiólogos, de quienes se reserva la identidad por lo delicado del tema, pero que además de experiencia aportaron bibliografía esclarecedora para entender una pregunta básica: ¿Por qué se droga un anestesista? ¿Qué busca con estas experiencias extremas? ¿Qué peligros encarna para los pacientes?

    Antes, un repaso a vuelo de pájaro: la causa del hurto de insumos del Hospital Italiano involucra a un médico anestesiólogo con trayectoria, Hernán Boveri (45), experto en TIVA (Anestesia Total Intravenosa) y a la residente de tercer año (R3) Delfina Lanusse (31), Tini, ambos desafectados de la institución, además de a Chantal Leclercq, Tati, también R3 del Hospital Rivadavia y compañera de Zalazar. Su confesión en los últimos días la compromete: se tradujo en dos allanamientos en su vivienda en CABA y en la de sus padres en un barrio cerrado de zona norte y hace que el vínculo entre las dos causas paralelas deje de ser una mera hipótesis periodística.

    El audio refiere un vínculo sexoafectivo entre Boveri y Lanusse -el jefe y la subalterna-, quien declaró que él la involuntarizaba para violarla. Rápidamente, esto se leyó como estrategia de la defensa de la joven. La Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA), advirtió: «Boveri manifestó que la participación de la residente se habría dado en un marco de consentimiento pleno, pero ello debe ser juzgado teniendo en cuenta la asimetría jerárquica existente entre un médico anestesiólogo con mayor trayectoria profesional y una médica en formación, lo que implica un grado de subordinación».

    El caso revela un desplazamiento: la recirculación de drogas legales de acceso altamente restringido en un circuito ilegal para un uso recreativo (o para su comercialización), concretamente, de dos anestésicos muy poderosos y utilizados en los procedimientos quirúrgicos y endoscópicos como son el fentanilo, un analgésico opioide 100 veces más poderoso que la morfina, y el propofol, un sedante que induce el sueño (Michael Jackson murió en 2009 por sobredosis de propofol que le medicaban para dormir; el médico que lo asistía fue condenado y cumplió dos años de prisión). De allí se desprende el nombre de Propofest o Fiestas del Propofol, que parecen distar bastante de bolas de espejos y bailes desenfrenados y se acercan mucho más a una modalidad epocal: la necesidad de evadirse completamente de lo real. El descanso, la quietud. Y bajar de las alturas (también, del efecto de otras drogas, un clona potenciado).

    Los anestesiólogos son los médicos mejor pagos del sistema. Un residente cobra entre 1.5 y 1.8 millones de pesos. El bruto de un médico de planta promedia los 15 millones sin las retenciones. 

    Se trata de un consumo de élite: los anestesiólogos son los médicos mejor pagos del sistema. Mientras el sueldo de un residente oscila entre 1.5 y 1.8 millones de pesos, el bruto de un médico de planta promedia los 15 millones sin las retenciones, lo que los posiciona séptimos en el ranking de las 10 profesiones mejor pagas del país. Constituyen un bien escaso: de casi 200 mil médicos matriculados en Argentina, casi 6.000 se dedican a la anestesiología: la escasez de oferta implica una sobrecarga laboral que lleva a situaciones de estrés extremo. La selección que realiza la entidad que los agrupa, la Federación Argentina Asociaciones, Anestesia, Analgesia y Reanimación (FAAAAR), es muy estricta: se abren 168 puestos anuales para todo el país, y en los primeros años están obligados a prestar servicio adicional en instituciones públicas, algo que aumenta la carga horaria. De todas las ramas de la medicina, es una de las que recibe más demandas judiciales por malas praxis. Alguien que gana mucho y puede perderlo todo en un tris. Cómo no buscar, al menos, la evasión. Cómo no anestesiarme, si además tengo el acceso fácil. Es sólo cuestión de estirar la mano. La tentación de la élite es absoluta.

    En esta trama, el apellido Lanusse lleva estampada la marca de clase (Alejandro Agustín Lanusse, de paso, fue presidente de facto entre 1970 y 1972). La foto de las milipilis (las chetas del audio del lore), la rubia y la castaña egresadas de la Universidad Austral, sedadas, con las vías colgadas de una rama de árbol, sumaron morbo al morbo. Surrealismo a la realidad. Incomprensión a un hecho delictivo enmarañado.

    Mientras esta versión moderna hipertecnologizada y aristocrática de los antiguos fumaderos de opio ocurre en un piso de Palermo o en un country, en la calle (donde el adicto roba, no es novedad), y en un contexto donde alucinógenos y estimulantes son reemplazados por drogas de diseño, el fentanilo aparece como una amenaza seria: una droga hospitalaria que baja al asfalto por la puerta del narcotráfico. En otros países ya es un problema grave de salud pública, en Argentina resuena por la causa reciente de la droga adulterada que provocó muertes hospitalarias en distintas provincias y escaló políticamente. La reciente muerte de un enfermero en Palermo suma nuevas aristas a la tragedia. Y lleva a la pregunta sobre las responsabilidades institucionales y del Estado, sobre todo en lo que aparece como ¿falla? en los controles. 

    Quirófano. Escena 2

    Esto pasó antes. También hay dos ojos, los del anestesiólogo. El obstetra masajea mi útero después de la cesárea para que vuelva a su tamaño normal. Duele mucho. Me aferro a  esos ojos como garrapata, implorando: más anestesia. La epidural no alcanza. Me dice: hasta ahí no llego. 

    La omnipotencia médica se hace trizas. Y el dolor se olvida. ¿Hay una droga para cruzar el Leteo, el río del olvido? Seguramente, pienso, es el anestesiólogo quien necesita olvidar, dormir en paz (y para eso, nada como el propofol).

    El miércoles 1 de abril, millones de ojos miramos el despegue de la nave Artemis II a la Luna. Había leído con orgullo que científicos de tres universidades públicas locales, Buenos Aires, La Plata y San Martín, fabricaron un satélite made in Argentina, Atenea, con la función de estudiar y mejorar los registros en los vuelos espaciales. Además, es la primera vez que una mujer (Cristina Koch) participa de una tripulación al espacio. Mientras los astronautas emprendían su viaje 50 años después del primer alunizaje y en las pantallas veíamos alejarse el cohete a la Luna desde el Centro Espacial Kennedy, nos enterábamos de que un grupo selecto de médicos de élite se inyectaban con sustancias que garantizaban una huida a Plutón, el planeta enano, el noveno en la galaxia, donde no llegan naves tripuladas. No calculaban la posibilidad de que solo fuera un viaje de ida. O sí, y jugaban con ese fuego. ¿Cómo se reparten las fichas de la ciencia de excelencia? No está tan lejos el ritual de los aplausos en la pandemia, cuando otorgamos categoría de superhéroes y superheroínas a médicos y auxiliares de la salud que arriesgaban sus vidas y eran explotados al mango. Lejos del tiempo del orgullo por las primeras generaciones de médicos en un país que fue conformando su perfil a partir de capas de inmigrantes pobres que escapaban de las guerras, hoy los médicos son personal precarizado, sobreexplotado y con limitada contención desde la salud mental. ¿Y los anestesiólogos, los presuntos millonarios de la historia? ¿qué sabemos de ellos?

    Un lugar común: los médicos son humanos que también se drogan y eso es así desde que existe la medicina. En 1884 Freud publicó un artículo, Sobre la coca, en el que defendía el uso de esta droga con la que él mismo experimentó y que, hacia fines de siglo XIX, se empezaba a utilizar como anestésico (en primer lugar, en oftalmología). Freud alentó su uso para curar la adicción a la morfina en un médico amigo, Ernst Fleischl-Marxow, quien sufría de dolores agudos. El final es trágico: Fleischl-Marxow murió de sobredosis por consumo de cocaína. No hay una relación de causalidad, pero ya en el siglo XX, Freud reemplaza los tratamientos con sustancias por la cura por la palabra. Un cuento corto para aventurar el nacimiento del psicoanálisis. 

    La imposibilidad de hablar de las propias adicciones por miedo a perder el trabajo es algo que sin duda les juega en contra a los médicos. Hay equipos de salud mental y en algunas instituciones reciben charlas, pero, en voz de un médico intensivista, el verdadero lugar de contención son los compañeros de trabajo y, a veces, las parejas. No siempre alcanza.

    Intermedio. Jugar a ser Cristo

    En los últimos días, una nueva palabra se instaló en nuestro lexicón: ambucear, una maniobra de rescate que consiste en la ventilación para las apneas que pueden provocarse en la sedación y llevar a una depresión respiratoria si no se controla. También escuchamos hablar de bomba de infusión para suministrar la droga inyectable por suero. Y supimos que R3 era residente de tercer año. Una mínima jerga médica se coló en nuestro vocabulario. Antes no sabíamos. Ahora, ¿qué sabemos? 

    En la película Línea mortal (hay dos versiones, de 1990 y de 2017), cinco estudiantes de medicina de universidades caras juegan a anestesiarse en un sótano del hospital en el que trabajan como residentes en el área de terapia intensiva. Buscan transgredir la frontera que separa la vida y la muerte para experimentar qué hay más allá, controlados por sus compañeros, que los hacen regresar a través de drogas como la epinefrina y maniobras de resucitación. Qué tentación, jugar a ser Cristo. Qué borde tan finito cuando el costo real puede ser la muerte.

    Hoy, cuando la realidad se ha vuelto un territorio insoportable, anular todos los sentidos parece ser una vía de escape extrema pero posible para quienes tienen los recursos y el acceso. Da miedo pensarlo, impresiona saber que los profesionales encargados del cuidado de los cuerpos de los otros buscan autodestruir el propio. ¿O el conocimiento científico es lo que les da la seguridad de que van a controlarlo todo siempre, la hybris del amigo de Freud?

    En un estudio de casos, el experto Gustavo Calabrese define la farmacodependencia como una enfermedad devastadora, crónica y recidivante que el adicto suele no aceptar. Estima que entre el 10% y 15% de los anestesiólogos se encuentra en riesgo. Identifica factores como el acceso fácil, el estrés ambiental y la «exposición pasiva» (inhalación). Calabrese es coordinador de la Comisión de Riesgos Profesionales de la Confederación Latinoamericana de Sociedades de Anestesiología. Según esta entidad, la adicción principalmente a opiáceos como el fentanilo incluye altas tasas de mortalidad por sobredosis (24 muertes reportadas en un informe CLASA 2003-2005), suicidio, problemas familiares y errores médicos. 

    Los médicos consultados de distintas áreas críticas mencionan un acceso facilitado por los “robos hormiga” (a veces para asegurar un suministro en el ámbito público desde el privado, otras para consumo), enfatizan el burnout laboral provocado por el exceso de horas y las condiciones laborales precarias, la relación diaria con la muerte, y la extrema responsabilidad que eso conlleva. Los anestesiólogos suelen ser profesionales que no participan en equipos en la tarea diaria: llegan, aplican la anestesia, se van. Como lobos y lobas solitarias. Dicen que a veces hay resentimiento por las grandes diferencias salariales y la escasez de oferta que impone la FAAAAR. La entidad emitió un comunicado institucional donde aclara “que los hechos que han tomado estado público pertenecen al ámbito privado y bajo ningún concepto al ejercicio profesional ni a la práctica asistencial”. Ámbito privado puede ser el Hospital Italiano (que también hizo su descargo institucional) o puede ser referido a la vida privada de las personas involucradas en los casos. De todos modos, los hechos cuestionan esta afirmación.  

    Pero hay más. Y eso otro más hay que buscarlo por el lado del placer (y del goce, eso que ningún médico controla).

    Quirófano. Escenas 3, 4, y 5

    “¡Quiero más!”, grita, todavía semiconsciente, un paciente que recién se despierta de una colonoscopía. 

    Otra paciente, después de una cirugía estética, invadida por una sensación de placidez que provoca el propofol, todavía bajo efectos de la droga, le pregunta al anestesista: “Decime la verdad, ¿vos también lo probás en casa?”

    Ver la paz reflejada en las caras de los pacientes el despertar provoca curiosidad y ganas de probar, reconocen algunos anestesiólogos.

    Una paciente con leucemia, luego de una nueva punción de médula que la lleva a internarse a intervalos regulares durante un mes, confiesa que a veces exagera el dolor para recibir una dosis mayor de fentanilo. Una anestesista “cómplice”, le ofrece: “Acá tenemos de la buena, te la paso despacito así disfrutás”.

    Ese disfrute consiste en no sentir, flotar en silencio, levitar, suspender todo en el aire del quirófano. Un aire, por otra parte, no tan inocente. Distintas publicaciones internacionales como las de la Asociación de Anestesistas de Gran Bretaña e Irlanda y otras, que consideran la dependencia una enfermedad y no un crimen, señalan que la inhalación continua de fentanilo y propofol en los quirófanos la mencionada “exposición pasiva” estimula la adicción. 

    Un dato que traslada el eje de las “decisiones” personales o cuestiones privadas a un factor más del riesgo laboral y por lo tanto, un llamado de atención al ámbito institucional público y privado, y al estado. Algo a tener en cuenta para evitar estigmatizaciones: según el New England Journal of Medicine, la adicción no es falta de voluntad, es un cambio profundo en el cerebro, donde el sistema de recompensa queda alterado y el consumo se vuelve compulsivo.

    A mediados del siglo XIX, cincuenta años antes de que Freud experimentara con la cocaína, grupos de estudiantes de medicina y químicos se reunían en las  «Fiestas del éter», en las que experimentaban inhalando éter dietílico. En una fiesta en Jefferson, Georgia, Estados Unidos, un médico, Crawford Williamson Long, se golpeó y advirtió la falta de dolor, y así, con un accidente que emula la manzana en la cabeza de Newton, descubrió el poder anestésico del éter. 

    De casi 200 mil médicos matriculados en Argentina, casi 6.000 se dedican a la anestesiología. La escasez de oferta implica una sobrecarga laboral que lleva a situaciones de estrés extremo. De todas las ramas de la medicina, es la que recibe más demandas por malas praxis.

    En los “viajes controlados” de la Propofest, el destino buscado es el del goce perfecto (una perversión), que no existe en la realidad porque nunca se llega. Plutón, tan pequeño, tan lejano. Como en el crimen que nunca es perfecto, lo que impacta es la muerte, las agujas, los cuchillos, eso que corta los cuerpos, los abre, los desgarra, los invade, el daño donde se espera la cura. El médico es el que tiene que lidiar con eso: hacerlo, o mirarlo. El anestesiólogo se convierte en una especie de voyeur panóptico de los efectos de las invasiones médicas en los cuerpos de los pacientes. Él, finalmente, sólo clava un catéter en una vena, proporciona una máscara con oxígeno, monitorea, vigila los signos vitales. A partir de hoy, ha dejado de ser un fantasma, unos puros ojos cavados en una sábana, para convertirse en alguien que sufre, que goza, que se adicciona, vive y muere, puede o no puede, delinque, se equivoca, puede llegar a matar o al suicidio, quiere escapar. Alguien muy real, más allá del lente de mi mirada suplicante.  

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