Una de las tantas estrategias que tienen los partidos y sus candidatos/as es sacar a la luz la cantidad de causas en trámite, o finalizadas que tienen cada uno/a de sus rivales. En el medio, la prensa aprovecha y utiliza estos datos para transmitirlos de una manera muy distorsionada, generando así en la ciudadanía una situación de bronca, indignación y desinformación a la vez.
Es muy difícil
tratar de explicar en pocos minutos, en un programa o en una nota, causas tan
complejas en las que suelen revestir la calidad de “imputados/as” dichos
candidatos/as. Una causa implica muchas aristas: lenguaje muy técnico, se
muestran cuestiones procesales, de derecho, resoluciones, sentencias, etc.
Cuestiones que, si no se aclaran de la mejor manera, se produce una total
desinformación, generando así un criterio demasiado subjetivo que es absorbido
por los receptores de esa información.
También es
cierto que el conocimiento de ciertas cuestiones “de derecho”, son desconocidas
por gran parte de la ciudadanía (los motivos son varios, pero no es su culpa),
entre estas cuestiones encontramos derechos que están reconocidos por nuestra
Constitución Nacional, los Tratados Internacionales y las Constituciones
Provinciales. Uno de estos derechos es la presunción de inocencia, ésta “constituye la máxima garantía
constitucional del imputado, que permite a toda persona conservar el estado de
“no autor del delito” en tanto no se expida una resolución judicial firme; por
lo tanto toda persona es inocente, y así debe ser tratada, mientras no se
declare en juicio su culpabilidad”. A su vez “el imputado no tiene que construir su inocencia y no debe ser tratado
como culpable”.
Más claro
todavía lo dice la Declaración Universal
de Derechos Humanos en su artículo 11: “Toda persona acusada de delito tiene
derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad,
conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las
garantías necesarias para su defensa”.
Todo esto viene a colación por el hecho de que hay algunos/as que piensan que gran parte de la sociedad considera que el simple motivo de estar involucrado en una causa, y más si se trata de delitos como corrupción, implica la inmediata culpabilidad de la persona, y ante esto tenemos que preguntarnos:
¿El/la candidato/a, pierde legitimidad así?; ¿El pueblo se deja influir tan fácilmente por una noticia mal informada?
Estas dos
preguntas a manera de reflexión quiero que se tengan en cuenta como un llamado
de atención hacia los grandes medios y hacia los/las candidatos/as que
subestiman la capacidad, la inteligencia y el poder de decisión que tienen
nuestras sociedades. Pensar que las personas no simpatizan con un/a candidato/a
por el gran número de causas que pueda tener sería un error grave, a su vez,
como sociedad deberíamos plantearnos qué tipo de información es la que
realmente debemos tener en cuenta a la hora de decidir y no caer en esa
jugarreta en la que quieren que caigamos tanto los medios, como los
candidatos/as, que pareciera que la única plataforma ideológica es “tirar
basura” a su contrincante.
La gente necesita saber cuál será su presente y futuro económico, cómo se van a educar a los niños, niñas y adolescentes, cómo serán las jubilaciones de los adultos mayores, cómo erradicar la pobreza y generar igualdad económica, cómo será la salud del presente y la del futuro, cómo dar una calidad de vida digna y adecuada para todas las personas, etc.
Ya es momento de sacar de nuestra consciencia colectiva este jueguito periodístico y política barata que lo único que genera es correr el foco de lo que realmente importa.
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Rafael Gutiérrez, presidente de la Corte Suprema de Santa Fe, lo hizo de nuevo. Volvió a plantarse contra las pretensiones del gobierno de Maximiliano Pullaro de que se retire del máximo tribunal este año. El oficialismo santafesino hasta le designó reemplazante, a él y a otros dos ministros, cuando no están formalizadas las renuncias. «Me voy a ir cuando yo quiera», dijo.
En el gobierno santafesino por ahora no dicen mucho públicamente. Pero dicen. «Si no se va, lo echamos».
Gutiérrez luego suavizó esa declaración de manera íntima. En un acto protocolar donde estuvo el gobernador este martes se acercó a Pullaro. «No te dejes llevar por mis declaraciones. Voy a cumplir mi compromiso», le dijo, al igual que a uno de sus ministros. Eso porque había señalado que se retiraba en noviembre de este año pero que quería despedirse como presidente de la Corte Suprema e inaugurando el nuevo edificio judicial de Santa Fe que será a fin de mes.
No obstante a un viejo vizcacha con 51 años en funciones como funcionario judicial si algo no se le escapa son los momentos políticos. Y para tocarle la oreja al gobierno aprovecha una cadena de tensiones entre Ejecutivo y Poder Judicial que son muy palpables y que busca capitalizar. Los jueces declaran, sin exponerse, que pocas veces estuvieron ante un gobernador que avance sobre la esfera de un poder autónomo. Indican que los jueces penales sobre todo avalan por miedo más que por convicción muchas medidas de un Ministerio Público de la Acusación (MPA) muy ganado por la influencia del ministro de Seguridad provincial Pablo Cococcioni.
La sensibilidad en la Justicia con Pullaro es máxima. La Corte Suprema de Justicia acaba de llamar a un concurso para reemplazar al secretario de Gobierno del órgano que durante décadas cumplió funciones esenciales en la organización del Poder Judicial y también de sus compras. En la Justicia hay una convicción absoluta de que Pullaro aspira a colocar ahí un funcionario propio.
Ese cargo sirvió para una concentración de poder que ejerció Eduardo Bordas que se acaba de ir. Una pretensión manifesta del gobierno desde antes de asumir fue bloquear ese control omnímodo de un funcionario polémico. «No van a poder», dicen desde adentro de la Corte. Primero porque el concurso lo maneja la misma Corte. Segundo porque las atribuciones del secretario de Gobierno serán desmontadas en al menos cinco dependencias o funcionarios distintos. Y además porque una Corte renovada, incluso con impulsados por Pullaro, ejercerá una supervisión nueva sobre el manejo de caja, que este ejercicio 2026 tiene disponibles 387.946 millones de pesos.
Santiago Mascheroni, secretario de Justicia de Santa Fe
Ahora la fecha límite al concurso fue prorrogada. La lectura entre magistrados de Rosario fue automática. «Buscan que estén ya en funciones tres ministros designados que se presume serán mucho más leales a las intenciones de Pullaro. Para definir quién entrará como Secretario de Gobierno necesitarán solamente sumar un voto sobre siete ministros», le dijo una jueza a LPO.
«Algunos quieren que sea mi último año. Hace rato que ya tiene suplente por lo menos. Es increíble, un suplente sin vacante. Pero yo sigo trabajando tranquilo», le dijo Gutiérrez al programa Verte Bien TV. La crítica fue profunda pero es razonable. Es cierto que la nueva constitución santafesina fija como límite de permanencia en el máximo tribunal los 75 años y que el ministro ya pasó ese borde. Pero también lo es algo inédito y es que la coalición de Pullaro haya nombrado un sucesor cuando no está ni planteada su dimisión.
Y un hombre como él, al que le gusta el frote, podría ir a la pelea por quedarse con un amparo. Pero hay un escenario que cambió. El poder de Gutiérrez durante los 26 años que estuvo como ministro de la Corte no lo dio tanto esa posición sino un Senado poderoso donde por casi tres décadas sus aliados, que ahora votaron por sus sucesores, fueron mayoría. Ya no ocurre. Hoy Pullaro controla la Cámara Alta. Y en el gobierno no van con implícitos. El gobernador ya dijo que si Gutiérrez no se va en noviembre lo correrá por decreto. Lo mismo hará con el ministro Roberto Falistocco.
Otro punto de discordia que peló los cables del Poder Judicial fue el intento de Pullaro a través de su fiscal de Estado de remover por decreto a cuatro ministros de la Corte, Gutiérrez entre ellos, que debían fallar por demandas contra la ley previsional impulsada por el gobierno, y que fue resistida por los trabajadores estatales. El gobierno señaló que no podían votar ministros que ya estaban en situación de jubilarse.
La respuesta fue un 7 a 0 contra el gobierno con los votos incluso de los miembros entrantes de la Corte impulsados por Pullaro. Esto generó nuevas apelaciones desde el Ejecutivo santafesino pero sobre todo contrariedad y bronca. En el Poder Judicial hay un cerrado consenso de que lo que aspira el gobierno es otra muestra del afán de neutralizar todo lo que se oponga a sus pretensiones políticas por cualquier vía. Acá lo que dicen es que no valen las recusaciones por demandas colectivas. Y que además las impulsaron no al principio del trámite, como marca la regla procedimental, sino cuando las demandas ya llegaban a la Corte.
En el gobierno toman las palabras de Gutiérrez como balas de fogueo de un hombre astuto que perdió poder. Pero están atentos. Sabe que conserva legitimidad interna, aunque los empleados judiciales sean el plantel por lejos más chico de la administración. Y también que alborota el panal en momentos en que muchos jueces están molestos por lo que consideran una intrusión inaceptable del Ejecutivo en espacios de un poder distinto.
Cosas que se han expresado con críticas duras del jefe de fiscales de Rosario hacia camaristas provinciales por decisiones de delegar casusa de microtráfico de drogas a la Justicia Federal. Y que cada tanto expresan réplicas. El presidente de la Corte santafesina puede estar en su momento de eclipse, pero usa las herramientas que le quedan para erosionar al gobierno que lo va corriendo de la cancha.
Todos los martes, en homenaje a la vieja revista El Gráfico, Anfibia y Lástima a nadie, maestro analizan cada semana de la Copa del Mundo.
Intentemos responder una pregunta que seguramente se esté haciendo usted, atenta lectora, perspicaz lector. ¿Es el mundial de fútbol una pantalla para distraernos? La respuesta es clara: sí. Por supuesto que sí, vos sabés que sí. Inserte video de Cristina con Novaresio en loop. El mundial nos distrae, nos entretiene, nos hace olvidarnos por un rato del préstamo en Mercado Pago o el arreglo del auto que no sabemos cómo pagar. Nada muy distinto a ir al cine o mirar los patos en el Rosedal. La diferencia entre estas dos actividades y el mundial, todas unidas por el arte de observar, es que difícilmente usted se pare y festeje en el cine cuando el bueno derrota al malo o cuando un pato vuela. En cambio, es mucho más probable que usted grite como un desaforado, como quien encuentra un tesoro o un pendrive, cuando el arquero de Cabo Verde le saca un gol a España o cuando el ocho de Curazao le hace uno a Alemania. Nos distraemos con el mundial, pero también nos ilusionamos con una idea que, a priori, parece irreal: que, por una vez, aunque sea por un rato, los débiles le afanen algo a los poderosos.
El jueves 11 de junio, después de semanas, quizás meses, salió el sol en la ciudad de Buenos Aires. El motivo era evidente: esa tarde, después de tres años y medio, empezaba un nuevo mundial. En los días previos, las noticias parecían el programa Alerta aeropuertos: al árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan le prohibieron el ingreso a Estados Unidos, las selecciones de Uzbekistán y Senegal eran revisadas como potenciales terroristas, Canadá le negó el ingreso a Thomas Partey, volante de Ghana, debido a sus causas por violencia de género y parte del cuerpo técnico iraní no podría estar presente en los partidos de su selección. Deportaciones y persecución, otro día en el maravilloso mundo de Donald Trump. Irán, la gran protagonista de los comentarios geopolíticos, tiene su concentración en México y viaja a Estados Unidos en cada fecha. Esto, claro, frente a una guerra que hasta ayer bombardeaba escuelas y hospitales parece un dato menor. Es difícil encontrar un caso similar al de Irán y Estados Unidos, en el que dos países en guerra participen del mismo mundial con uno de ellos como sede principal.
En la cabeza calva de Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, este es un ejemplo de cómo el fútbol puede unir a pesar de las diferencias geopolíticas —un eufemismo para no hablar de bombas e imperialismo—. Él garantizó que la selección iraní pueda presentarse al mundial a pesar de Trump y la guerra. Infantino se ve a sí mismo como un pacificador. Al menos eso intenta, como cuando buscó que los presidentes de las federaciones palestina e israelí se dieran la mano. Sorpresa: no ocurrió.
Infantino puede mirarnos y decirnos que estemos chill, como dijo en la conferencia de prensa previa a la inauguración. Un periodista aprovechó para preguntarle qué tan chill se podía estar cuando el país anfitrión negaba el acceso y si había perdido el control del mundial. “Cuando digo que estén chill, no digo que no hagamos nada. Digo que confíen en nosotros. Detrás de escena, estamos trabajando”. Dos días antes de viajar a Estados Unidos, todavía en México, un olor alertó a la concentración iraní. Llamaron a la policía. En un auto con patente estadounidense encontraron un cadáver. Total normalidad. Irán viajó a Los Ángeles para jugar su partido contra Nueva Zelanda, en un estadio colmado por iraníes que viven en Estados Unidos. En la previa los futbolistas no quisieron opinar sobre la guerra entre su país y el anfitrión, ya habían llegado a México con un pin con el número 168, en homenaje a las víctimas de uno de los bombardeos. El partido transcurrió con normalidad. Salvo por dos hechos que habrán roto la calma chill de Infantino. Después de uno de los goles, en la tribuna de Irán aparecieron unas letras que decían: MINAB 168. Y Mohamad Mohebi festejó el segundo haciendo de sus manos dos armas con las que disparó imaginariamente al aire. Todo gol es político. Quizás el próximo paso de la FIFA sea prohibir los goles iraníes.
Iranian player Mohebi really did the gun-shooting celebration towards the USA crowd. Bro was pointing in every direction too
El mundial que arrancó el jueves pasado tiene la particularidad de haberse inaugurado tres veces. Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal e inauguraban un mundial. Primero en México, después en Canadá y finalmente en Estados Unidos. La noche anterior a la primera apertura, la mexicana, Manuel Adorni nos contó los beneficios de invertir en criptomonedas y guardarlo para la posteridad en un pendrive. Algo une a Infantino con el jefe de Gabinete, además de un pasado con alopecia, y es la gran diferencia entre la imagen que proyectan de sí mismos frente a lo que ven el resto de los mortales.
La primera sorpresa se dio antes de que la pelota se moviera y tuvo que ver con una canción. No, nada que ver con Shakira y su supuesta doble. Para esta copa, la FIFA innovó en el ingreso de los equipos. Ahora entran a la cancha los planteles completos y rodean el círculo central. En cada partido de fondo suena “Sirius”, una canción de 1982, escrita y ejecutada por Alan Parsons, la misma que daba la bienvenida a los Chicago Bulls de Jordan. Un souvenir, un mojón de estos tiempos donde todo se refrita: camisetas retro homenajeando viejos equipos, discos de duetos reviviendo canciones, formatos televisivos imitados en stream. Deje de gritarle a la nube, anciano, dirá el lector.
El partido inaugural repitió el del Mundial de 2010: México contra Sudáfrica. Los sudafricanos entraron al calentamiento entonando en coro una canción llamada “Shosholoza”, un viejo canto de los trabajadores que llegaban de Zimbabue a trabajar en las minas. La canción, que habla de la unión colectiva, no se vio reflejada dentro de la cancha: Sudáfrica perdió dos a cero contra México y fue uno de los equipos más flojos de la primera fecha. Lo peor de ese partido y de todos los partidos es esa aberración llamada “pausa de hidratación”. Culin breik. El fútbol desde sus inicios se jugó en dos tiempos de cuarenta y cinco minutos, pero la basquetbolización, la locura de Infantino por encantar a los yanquis y la inescrupulosa búsqueda de beneficios por parte de la televisión, nos traen la novedad de partir cada tiempo en dos. Con el espanto de meter un corte comercial de tres minutos que corta el ritmo del partido y la atención de los que lo miramos.
Los yanquis le devolvieron los mimos a la FIFA: llenaron el estadio y le pusieron onda. Tom Cruise, Paris Hilton, una tipa vestida de la estatua de la libertad y Leo Di Caprio. Lloraron faltas, abuchearon al árbitro y gritaron iu-es-ei. Puede que Infantino sea recordado como el presidente que conquistó a los yanquis. El resto del mundo se acordará de él como un traidor.
Esa misma primera noche Corea del Sur mostró que no todo es BTS, que la evolución de los últimos mundiales sigue su camino y le ganó a Chequia —el rebranding de República Checa, antes Checoslovaquia—. Corea del Sur es uno de los ejemplos de que al mundial de 48 selecciones hay que tenerle paciencia. Si hay que darle tiempo a algo, mejor que sea a un mundial y no a un ministro que se timbeó el país en temporadas anteriores. Otros casos testigo son Japón, Marruecos, Arabia Saudita, Egipto o Senegal, selecciones que empezaron a clasificar con regularidad con los mundiales de 32 —a partir de Francia 98— y fueron creciendo con el correr de las competencias. Lo mismo ocurrirá más temprano que tarde con otras naciones que ganen competencia con este nuevo formato. Seguramente haya que esperar un par de mundiales para ver como se materializa esta humilde profecía, aunque en esta edición ya vimos cómo varios seleccionados que supuestamente eran relleno le hicieron partido a las grandes potencias. Haití se paró de manos contra Escocia. Y Cabo Verde, saludo a su comunidad afincada en nuestro Dock Sud, le robó un empate a la candidata España. Algo une a Haití con Cabo Verde, además de su carácter insular, y es la conformación de sus planteles con futbolistas que no nacieron en esos países. El mundial de los hijos de las diásporas.
Se lleva en la sangre
A finales de la década del noventa, Francia y Países Bajos empezaron a incluir futbolistas nacidos en sus colonias o a los hijos de migrantes relegados a los márgenes de las grandes ciudades. El documental Les bleuscuenta cómo la selección francesa campeona del mundo en 1998, colaboró para que parte de la sociedad reconociera como compatriotas a los negros y a los árabes. Las grandes figuras de esa selección tenían su origen en lo que muchos consideraban extranjeros y otros, como Jean-Marie Le Pen, como invasores. El siglo XXI siguió en esa dirección, las potencias europeas buscaban sus talentos en los márgenes y los márgenes eran migrantes. El fútbol necesita del desorden y este no se encuentra en la pulcritud de las academias. Así aparecen Lamine Yamal, figura de España y de padres marroquíes; Kylian Mbappé, crack francés de sangre argelina; Folarin Balogun, goleador de Estados Unidos de origen nigeriano; Jamal Musiala, talentoso alemán también de familia nigeriana.
El caso más extraño se dio en el partido entre Suecia y Túnez cuando Yasin Asari marcó el primer gol para los suecos y pidió disculpas. La famosa ley del ex, pero versión selecciones. Asari tiene origen tunecino así que no gritó el gol. Algo similar a lo que ocurrió el mundial pasado cuando Achraf Hakimi, nacido en España, hizo el penal con el que Marruecos eliminó a su país de origen. Este último caso creció en los últimos dos mundiales. Ahora también son las selecciones “menores” las que buscan futbolistas nacidos fuera de su territorio. Los hijos de la diáspora. En el partido entre Marruecos y Brasil, por ejemplo, la selección marroquí llegó a alinear once jugadores nacidos en otros países. Roberto Lopes juega para Cabo Verde y su primer contacto con la selección, fue a través de Linkedin. Contó que cuando leyó el mensaje que le había enviado el entonces entrenador caboverdiano, creyó era un spam. Otro es Jean-Ricner Bellegarde, el diez de Haití, nacido en Colombes, Francia. Los ejemplos sobran, en total son 289 futbolistas los que nacieron fuera de los países que representan.
QUÉ GOLAZO DE YASIN AYARI PARA SUECIA ANTE TÚNEZ Y ¡PIDIÓ PERDÓN!
El debate sobre la representación se abre en dos direcciones: están los que deciden representar al país donde nacieron y los que prefieren defender la bandera de sus madres y padres. La discusión de fondo es si tira más la tierra o la sangre. En los casos de las grandes selecciones hay una paradoja: aquellos habitantes que suelen ser discriminados, condenados a vivir en guetos, son mirados con cariño cuando hacen goles y juegan bien al fútbol. Los resultados exponen la hipocresía, cuando ganan son compatriotas —como en el caso de los campeones del mundo en Francia en el 98 o en el 2018— pero cuando pierden es por culpa de esos mismos extranjeros. Algo así planteó el diputado provincial libertario Agustín Romo luego del empate entre España y Cabo Verde: “El problema de la selección de España es que la mitad no son españoles”. Había que preguntarle qué pensaba en la Eurocopa pasada cuando España ganaba con las gambetas de Lamine Yamal. Escenas de fútbol y xenofobia, como las que se vivieron en marzo de este año en el amistoso entre españoles y egipcios en el RCDE Stadium de Barcelona. Esa noche catalana cantaron “musulmán el que no bote”. Musulmán como Yamal, su principal figura. Lamine expuso a sus compatriotas: “Sé que iba por el equipo rival y no era algo personal contra mí, pero como persona musulmana no deja de ser una falta de respeto y algo intolerable”.
Kansas City, here we go
Jerome Leiber y Michael Stoller, dos compositores estadounidenses de rhythm and blues, tuvieron escondida una de sus grandes joyas durante casi diez años. A comienzos de la década del cincuenta, escribieron una canción que grabó Little Willie Littlefield con el título “KC lovin’”. Casi el nombre de un combo en KFC, la casa de comidas rápidas que comparte iniciales con Cristina. Varios años después, Wilbert Harrison grabó la versión que se haría mundialmente famosa con otro título: “Kansas City”. Kansas City allá vamos podría ser uno de los videos motivacionales que publica la AFA. Esta noche, después de empacharnos esperando las derrotas de las grandes selecciones, llega nuestro debut. Hace doce años que Argentina no gana en su primer partido. Hago esta aclaración para aquellos que piensan que Argelia es cosa fácil, como soplar y hacer botellas o twittear pavadas siendo presidente.
Como en 2022, el debut nos agarra moqueando. Dos días antes del partido contra Arabia Saudita en Qatar, se nos fue Hebe de Bonafini. Ahora nos toca llorar a Taty Almeida. En tiempos de sentirnos cada vez más solos, los partidos de la selección son una posibilidad para juntarnos y creer en algo. La ilusión no se negocia, las ganas de alegrarnos por algo tampoco. Por un mes y pico, en el mejor de los casos, las charlas no rondarán en torno a deudas, despidos o la utopía de llegar a fin de mes, esperamos por lo menos mecharlas con elogios a los movimientos de Enzo Fernández, comentarios a los bailes de Dibu Martínez o elucubraciones sobre la relación entre Messi y el paso del tiempo.
La Scaloneta llega un poco recauchutada. Si bien son pocos los nombres nuevos respecto del mundial anterior, las noticias en estos últimos días son partes médicos. Que el Dibu se pudo poner guantes, que Julián llega bien, que Tagliafico se pierde la primera fase, que Paredes tiene o no tiene un desgarro, que Cuti Romero está joya nunca taxi. Arrancar un mundial con jugadores sin ritmo es peligroso, pero quiénes somos nosotros, simples mortales, para discutir con el Comandante Scaloni.
El rival, como hace cuatro años, es un equipo árabe. Argelia cuenta como principales figuras a Riyad Mahrez y a Luca Zidane, el hijo de Zinedine. Argentina tiene la chance de ser la primera selección sudamericana en ganar en este mundial, luego de las derrotas de Paraguay y Ecuador, y los empates de Brasil y Uruguay. Argelia, después Austria y el cierre con Jordania. Con un ojo ansioso puesto en el grupo de Uruguay y España: el segundo de ese grupo será nuestro rival en dieciseisavos de final. Y sí, en estos momentos, en la previa a un debut, uno solo imagina lo mejor, eso empieza con pasar primeros.
En estos días volví a escuchar Es mentira, el primer y poco valorado disco de Miranda. Las canciones ya tienen esa mezcla entre Virus, Depeche Mode y Valeria Lynch que los caracteriza. Entre ellas encontré un mantra para estas horas previas. “Qué será”, se pregunta Ale Sergi en “Horóscopo”. “Será lo que Dios disponga”, se consuela. Pero luego se anima a soñar, en una frase para tatuarse cuando arranca un mundial: “Que el cielo nos corresponda”.
A partir del 6 de agosto, agentes municipales de todas las dependencias iniciarán el primer curso de Lengua de Señas Argentinas con el fin de eliminar barreras en la comunicación. El taller LSA será dictado por el instructor Marcelo Iván Salgado de la Fundación Sordos Comahue. Esta capacitación responde a la necesidad de implementar políticas…
La presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez, promulgó finalmente este domingo la ley sancionada que establece que las elecciones generales se realizarán el 6 de septiembre próximo, después de que el parlamento con mayoría opositora advirtiera que lo haría si la mandataria se negaba. Áñez sostuvo que “nunca” tuvo interés en prorrogar su gestión. “De…
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