Información de interés para quienes se atendieron en los camiones sanitarios

Información de interés para quienes se atendieron en los camiones sanitarios

Información de interés para quienes se atendieron en los camiones sanitarios

La Municipalidad de Villa Regina informa que el jueves 10 de junio se hará entrega de los lentes a las personas que fueron atendidas en el consultorio oftalmológico de los camiones sanitarios que estuvieron en la ciudad días atrás.

Desde la organización, a cargo del Movimiento Evita, se indicó que la entrega se realizará en el polideportivo Cumelen en el horario de 9 a 13. Los vecinos deberán concurrir con su DNI y el talonario de la seña. Quienes no puedan asistir el día indicado, deberán comunicarse a los siguientes teléfonos: 2984-523876 o 2984-668473.

Se solicita a los vecinos que asistan con tapabocas y respeten el distanciamiento social.

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    La ciudad argentina que fue demolida y quedó bajo el agua

     

    La historia de Federación, la ciudad entrerriana que fue demolida y trasladada en 1979 para construir la represa de Salto Grande y terminó bajo las aguas del embalse.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Hay una ciudad argentina que existe y, al mismo tiempo, dejó de existir. Tiene habitantes, calles, escuelas, comercios, una plaza, edificios públicos y una identidad propia, pero el lugar donde durante más de un siglo se desarrolló su vida cotidiana permanece bajo las aguas de un enorme lago artificial. No se trata de una leyenda ni de un pueblo abandonado: Federación, en Entre Ríos, fue literalmente trasladada para permitir la construcción del complejo hidroeléctrico de Salto Grande y su antiguo emplazamiento terminó inundado. Lo extraordinario es que antes de que llegara el agua, la vieja ciudad fue desmontada y demolida, mientras sus habitantes eran obligados a comenzar nuevamente sus vidas en una ciudad construida desde cero a pocos kilómetros de distancia.

    La historia comenzó mucho antes de que las topadoras entraran en escena. En 1946, los gobiernos de Argentina y Uruguay firmaron el tratado binacional que estableció las bases para aprovechar los rápidos del río Uruguay en la zona de Salto Grande mediante una represa hidroeléctrica. La decisión tenía un objetivo estratégico: producir energía y aprovechar el potencial del río, pero también implicaba una consecuencia enorme para una comunidad entrerriana. La construcción del embalse significaba que la ciudad de Federación desaparecería bajo las aguas. Sin embargo, la obra no comenzó inmediatamente. Durante casi tres décadas, los habitantes vivieron con la certeza de que algún día deberían abandonar su ciudad, pero sin saber exactamente cuándo ni cómo sería el traslado.

    Una ciudad condenada a desaparecer

    La vieja Federación tenía una historia mucho más extensa de la que permite imaginar su actual aspecto turístico. Su origen se remontaba a los antiguos asentamientos de la zona y, después de una primera relocalización en el siglo XIX, el pueblo había crecido alrededor de la explotación forestal y de su posición estratégica sobre el río Uruguay. Durante décadas desarrolló una vida urbana propia, con escuelas, comercios, clubes, bancos, estación ferroviaria, iglesia, hospital, instituciones públicas y una intensa actividad vinculada a la madera. No era una aldea improvisada que pudiera abandonarse sin consecuencias: era una comunidad consolidada, con generaciones enteras que habían nacido, trabajado y muerto allí.

    La incertidumbre se hizo cada vez más concreta cuando comenzó finalmente la construcción del Complejo Hidroeléctrico de Salto Grande, en 1974. Para entonces, unas 5.000 personas vivían en Federación y el destino de la ciudad estaba decidido. La futura represa necesitaba un enorme embalse y el casco urbano quedaba dentro de la superficie que sería cubierta por el agua. La alternativa fue construir una nueva ciudad en un terreno situado varios kilómetros al norte. Pero trasladar una comunidad no significa simplemente entregar nuevas casas: implicaba romper una trama urbana, separar vecinos, abandonar lugares cargados de recuerdos y decidir qué podía conservarse y qué debía desaparecer.

    La construcción de la nueva Federación comenzó finalmente en 1977 y avanzó a una velocidad extraordinaria. En apenas un par de años surgió una ciudad completamente nueva, diseñada con criterios urbanísticos modernos para la época. Se construyeron más de mil viviendas y se trazaron nuevas calles, espacios públicos y servicios. Pero aquella modernidad tenía una contracara: muchas familias debieron abandonar barrios donde habían vivido durante décadas y adaptarse a una ciudad que todavía parecía un enorme obrador. Las investigaciones sobre la relocalización muestran que incluso la distribución de las viviendas produjo conflictos y transformó las relaciones sociales de la comunidad.

    Antes del agua llegaron las topadoras

    El episodio más impresionante ocurrió durante los últimos meses de la vieja ciudad. Federación no fue simplemente abandonada para que el agua hiciera el resto. Antes de la inundación se demolieron buena parte de sus edificios y se desmontó el antiguo casco urbano. La investigación académica sobre el proceso enumera entre las construcciones que quedaron bajo las aguas a la sede de la Gendarmería, la plaza 9 de Julio, la Jefatura de Policía, la Municipalidad, el correo, la central telefónica, las escuelas, los bancos, los comercios tradicionales, los clubes, el cine, la estación ferroviaria y numerosos edificios que habían formado parte de la vida cotidiana de varias generaciones.

    La imagen es difícil de imaginar hoy: una ciudad entera siendo desarmada antes de que llegara el lago. Casas, comercios y edificios públicos fueron desapareciendo mientras sus habitantes se preparaban para mudarse. La documentación oficial de la época y posteriores investigaciones describen un proceso de relocalización complejo y traumático, en el que las cuestiones legales sobre la propiedad, la adjudicación de las nuevas viviendas y la distribución de los habitantes generaron numerosos problemas. La nueva ciudad debía estar lista antes de que el embalse comenzara a cubrir definitivamente el antiguo territorio.

    El 25 de marzo de 1979 fue inaugurada oficialmente la Nueva Federación. El acto estuvo encabezado por el dictador Jorge Rafael Videla, en pleno terrorismo de Estado. Apenas unos días después, el 1° de abril, comenzó el llenado del embalse y el agua empezó a ocupar el territorio de la vieja ciudad. El lugar que había albergado a generaciones de federaenses quedó progresivamente cubierto por el lago de Salto Grande. La vieja Federación había dejado de existir como ciudad y la nueva comenzaba una historia completamente diferente.

    Una ciudad que todavía aparece debajo del lago

    La historia tiene una última vuelta extraordinaria: la vieja Federación no desapareció completamente de la memoria ni del paisaje. Cuando el nivel del embalse baja lo suficiente, pueden volver a observarse restos del antiguo asentamiento: calles, cimientos y ruinas que permanecen debajo del lago. En julio de 2026, una bajante preventiva del embalse volvió a dejar visibles sectores de la ciudad desaparecida, permitiendo que quienes conocen su historia contemplaran nuevamente fragmentos de aquel lugar que había sido demolido décadas atrás.

    La propia existencia actual de Federación contiene una paradoja histórica todavía más profunda. La ciudad que nació como consecuencia de una relocalización traumática terminó convirtiéndose décadas después en uno de los principales destinos turísticos de Entre Ríos. El descubrimiento de aguas termales en el subsuelo de la nueva ciudad, en la década de 1990, transformó completamente su economía y abrió una etapa de crecimiento basada en el turismo. El mismo territorio que había sido creado para reemplazar una ciudad desaparecida encontró una nueva identidad gracias a un recurso natural que nadie había previsto cuando se diseñó la nueva Federación.

    Por eso Federación es mucho más que una curiosidad histórica sobre una ciudad inundada. Su historia permite observar una de las grandes contradicciones del desarrollo argentino del siglo XX: una obra de infraestructura capaz de generar energía para millones de personas también podía significar que una comunidad entera perdiera su territorio, sus edificios y buena parte de los lugares que constituían su memoria colectiva. La vieja Federación no fue destruida por una catástrofe natural: fue deliberadamente demolida para hacer posible una obra considerada estratégica, y miles de personas tuvieron que reconstruir su vida en otro lugar. Hoy, cuando el agua baja y vuelven a aparecer sus calles y cimientos, aquella ciudad que oficialmente dejó de existir en 1979 demuestra que algunas ciudades pueden desaparecer del mapa sin desaparecer completamente de la historia.

     

  • El Gobierno cree que la crisis del Reino Unido favorece el reclamo por Malvinas

     

    La crisis en Reino Unido es una nueva oportunidad para potenciar el reclamo de las Islas Malvinas. El inédito anuncio de los gobierno de Gales, Escocia e Irlanda del Norte en el que anuncian el impulso a la independencia de Inglaterra y el expreso reclamo para retornar a la Unión Europea marcan una crisis sin precedente en Gran Bretaña. 

    En Cancillería la reacción fue de optimismo porque consideran que este proceso forma parte de la ventana que abrió Donald Trump con su idea de revisar la postura de Estados Unidos respecto de Malvinas como parte de su presión contra los británicos para que aumente su gasto en defensa. 

    Pero también hubo sorpresa, lo que expone que no hubo un trabajo diplomático de la embajada argentina en el Reino Unido respecto a la decisión de estos tres países respecto de Inglaterra. 

    Cabe destacar que la embajadora Mariana Plaza es una de las artífices del abandono de la narrativa de confrontación por Malvinas en defensa de una cooperación con los británicos. Desde la cadena nacional de Milei, esta postura perdió fuerza y Plaza quedó desdibujada.

    Escocia, Gales e Irlanda del Norte van por la independencia: «El Reino Unido está llegando a su fin»

    El declive de Gran Bretaña no es algo nuevo. En octubre de 2024, entregó las islas Mauricio tras una larga disputa en tribunales internacionales que entusiasmó al Gobierno  para el reclamo de las Malvinas.  

    En Cancillería la reacción fue de optimismo porque consideran que este proceso forma parte de la ventana que abrió Donald Trump con su idea de revisar la postura de Estados Unidos respecto de Malvinas como parte de su presión contra los británicos para que aumente su gasto en defensa.

    El acuerdo para transferir el archipiélago del Océano Índico a Mauricio incluye el atolón tropical de Diego García, una base de Estados Unidos que Reino Unido consideran crucial para la estabilidad de la región y que seguirá bajo dominio de Washington por 99 años.

    Andy Burhman, primer ministro de Reino Unido.

    Según distintas versiones, a esa base militar llevaban prisioneros a «agujeros negros» en diferentes partes del mundo como desaparecidos en la batalla contra Al Qaeda en la década del 2000. LPO publicó en enero de 2021 que el tribunal marítimo internacional especial de las Naciones Unidas en Hamburgo rechazó por completo el reclamo británico de soberanía. 

    Según informó The Guardian en ese momento, el fallo de la corte proporciona un gran dolor de cabeza ya que las islas representan el principal activo estratégico del Reino Unido en el Océano Índico, pero una negativa a cumplir con la sentencia dañará la reputación internacional de Gran Bretaña en cuanto al cumplimiento de la ley.

    El contexto es favorable para profundizar el reclamo y el gobierno quiere mantenerlo en agenda. Sin embargo, como adelantó LPO, el impacto del tema se desinfló en las redes sociales, donde las menciones cayeron un 78 por ciento.

    Así lo indica un informe de la consultora Ad Hoc, que se dedica a medir el pulso de las redes sociales y había destacado el salto que generó la iniciativa del gobierno en la conversación digital.

     

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