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HIPERREALISMO GUASÓNICO

El arte es lo que resiste: resiste a la muerte, a la servidumbre, a la infamia, a la vergüenza

Gilles Deleuze

¿Cómo comentar una película sin hacer referencia a la trama? Es una tarea propuesta en este relato.

¿Cómo concretarlo? Dando una especie de rodeo por lo que no se va a ver, por aquello que permanece entre líneas, en los márgenes difusos de una realidad demasiado brutal.

¿Realidad? No, hiperrealidad. Y es así que encontramos al artista Ron Mueck para esquematizar un paralelismo entre el cine y la escultura; y casi sin intención alguna, se configura la mueca de una sonrisa triste de un alegre oxímoron disfrazado de desilusión.



Si el héroe representó a la aristocracia de fuentes pudientes de pretendida inmortalidad (desde Ulises hasta Bátman no paramos); entonces, la desigualdad hizo levantar las ruinas del deseo insatisfecho, mientras la justicia demasiado ciega nunca pudo enmendar las relaciones con uno mismo o los demás.



Por ello, se construye un contra-relato de algo que se perdió o no se quiso contar pero en donde el deseo realiza su mejor actuación.

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Entonces, podríamos preguntarnos nuevamente: ¿hiperrealismo de qué? Del deseo, del trauma, del acting y de todo aquello transformado en una comedia alucinante de un sueño dramático, en donde los tiempos y espacios se superponen en una coherencia incoherente.

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