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GastroArte y una nueva propuesta para el sábado

El próximo sábado GastroArte ofrece una nueva propuesta para disfrutar de la buena música y comida local. En este caso, la cita es en Mon Bohemi a partir de las 23 horas con Juani Liberati y Nico Plos y un menú que incluye medallón de roast beef con provoleta fundida, berenjena asada y chutney de frutos reginenses más mayonesa de ajo asado.

La Dirección de Cultura y la Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina invitan a continuar acompañando esta propuesta para revalorizar a nuestros artistas y gastronómicos.

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    Las escobas que salieron a la calle: cuando los inquilinos de Buenos Aires hicieron temblar a los dueños de los conventillos

     

    En 1907, miles de inquilinos de Buenos Aires protagonizaron la Huelga de las Escobas contra los alquileres abusivos y las pésimas condiciones de los conventillos.

    Por Alcides Blanco para NLI

    A comienzos del siglo XX, Buenos Aires era presentada como la gran ciudad de un país destinado a convertirse en potencia agroexportadora, con una economía que crecía al ritmo de las exportaciones y una población que aumentaba aceleradamente por la llegada de inmigrantes. Pero detrás de aquella imagen de progreso que las elites exhibían como prueba del éxito del modelo había otra ciudad, mucho menos elegante y bastante más difícil de mostrar en las postales: la de los conventillos, las habitaciones minúsculas, los patios compartidos por decenas de familias, las condiciones sanitarias deficientes y unos alquileres que consumían una parte cada vez mayor de los ingresos de trabajadores que no tenían ninguna posibilidad real de acceder a una vivienda propia. En ese escenario, durante 1907, una protesta que comenzó en unos pocos inquilinatos terminó convirtiéndose en uno de los grandes conflictos sociales de la Argentina de comienzos del siglo XX: la huelga de inquilinos, conocida popularmente como la Huelga de las Escobas, porque fueron principalmente las mujeres quienes utilizaron esos elementos domésticos para enfrentar simbólicamente a quienes llegaban a los conventillos con órdenes de desalojo.

    Cuando la vivienda dejó de ser solamente un problema privado

    El conventillo no era simplemente una vivienda incómoda, sino una consecuencia concreta de la transformación económica y demográfica de Buenos Aires. La expansión del modelo agroexportador había generado una enorme concentración de población en la ciudad, mientras la construcción de viviendas no acompañaba en la misma proporción ese crecimiento. El resultado fue un mercado inmobiliario en el que miles de familias dependían del alquiler de una habitación dentro de grandes casas subdivididas, muchas veces antiguas residencias transformadas en inquilinatos, donde las condiciones de vida podían ser extremadamente precarias. El propio Departamento Nacional del Trabajo, al estudiar el problema después del conflicto, registró tanto el incremento de los alquileres como las deficiencias higiénicas y señaló que en numerosos conventillos la búsqueda de rentabilidad había relegado cuestiones elementales como la luz y el aire.

    La cuestión, por lo tanto, no era únicamente cuánto costaba alquilar, sino qué podía exigir un propietario a cambio de ese dinero y qué margen de defensa tenía quien dependía del alquiler para conservar un techo. Los reclamos de los huelguistas fueron bastante precisos: pedían una rebaja del 30% de los alquileres, la eliminación de garantías adicionales, protección frente a los desalojos y mejoras en las condiciones higiénicas de las viviendas. No se trataba de una protesta abstracta contra la propiedad privada, sino de una disputa concreta sobre las condiciones de acceso a un bien indispensable, en una ciudad donde el crecimiento económico convivía con una profunda desigualdad en las condiciones materiales de vida.

    La protesta comenzó a organizarse en los conventillos de barrios populares como La Boca y Barracas, aunque el conflicto rápidamente superó esos límites. El Gobierno de la Ciudad señala que a fines de agosto de 1907 los habitantes del conventillo conocido como “Los Cuatro Diques”, ubicado en Ituzaingó 279 al 325, se declararon en huelga y presentaron sus reivindicaciones, mientras que el 13 de septiembre el Comité Central de la Liga de Lucha contra los Altos Alquileres e Impuestos realizó el llamado a una huelga general de inquilinos que se extendió por numerosos inquilinatos porteños y alcanzó también a otras ciudades.

    Las mujeres y una forma inesperada de hacer política

    Uno de los aspectos más interesantes de aquella huelga es que permite observar cómo la política podía surgir de espacios que las instituciones de la época consideraban ajenos a ella. Las mujeres de los conventillos tenían una participación decisiva en la administración cotidiana de hogares sometidos a condiciones de hacinamiento, falta de higiene y dificultades económicas, por lo que el aumento del alquiler no era para ellas una discusión distante sobre contratos: significaba decidir qué podía comerse, qué podía dejar de comprarse, cuánto podía durar una familia en una determinada habitación y hasta dónde podía resistirse antes de quedar en la calle.

    Por eso las mujeres ocuparon un lugar central en las protestas y en la resistencia a los desalojos. El Archivo General de la Nación conserva fotografías que muestran aquella dimensión colectiva del conflicto y que permiten observar algo que muchas veces desaparece cuando la historia social se reduce a nombres de dirigentes y organizaciones: familias enteras participando de una disputa por el derecho a permanecer en su vivienda. En algunas de esas imágenes aparecen mujeres organizadas en los conventillos y en las calles, convirtiendo objetos cotidianos en herramientas de resistencia. De allí nació la denominación de “Huelga de las Escobas”, una expresión que terminó convirtiéndose en la imagen más recordada de aquel movimiento.

    La presencia femenina también permite comprender por qué el conflicto tuvo una dimensión que excedía la relación contractual entre propietario e inquilino. La defensa del conventillo era, simultáneamente, la defensa de una comunidad, porque allí no vivía una persona aislada sino familias que compartían patios, pasillos, baños, cocinas y redes de solidaridad. Cuando llegaba una orden de desalojo, el problema afectaba a todo ese entramado. Las escobas, entonces, fueron mucho más que un símbolo pintoresco: representaron la entrada de las mujeres y de la vida cotidiana en el espacio público de la protesta, en una sociedad que todavía reservaba a los varones buena parte de las formas reconocidas de participación política.

    Una ciudad que descubría que el alquiler también era una cuestión social

    La huelga puso en evidencia una contradicción que atravesaría buena parte de la historia argentina: un país podía experimentar crecimiento económico y, al mismo tiempo, producir condiciones de vida profundamente desiguales para quienes sostenían ese crecimiento con su trabajo. El conflicto también mostró que los problemas habitacionales no podían ser reducidos a decisiones individuales, porque cuando una ciudad crecía más rápido que su capacidad de ofrecer viviendas adecuadas, el precio del techo terminaba convirtiéndose en un problema colectivo.

    La reacción de las autoridades fue, en muchos casos, represiva. Los desalojos fueron ejecutados con presencia policial y quedaron registrados en fotografías conservadas por el Archivo General de la Nación y por el Archivo Nacional de la Memoria, donde pueden verse efectivos policiales interviniendo en conventillos y familias expulsadas de sus viviendas. La documentación histórica permite reconstruir así una escena en la que la discusión sobre el precio del alquiler terminó enfrentando a familias trabajadoras con propietarios y fuerzas del Estado.

    Sin embargo, reducir aquella experiencia a una derrota sería desconocer su importancia histórica. La huelga contribuyó a instalar la cuestión de la vivienda dentro de la agenda de los conflictos sociales urbanos y mostró que los inquilinos podían organizarse colectivamente frente a condiciones que hasta entonces parecían formar parte del paisaje inevitable de la ciudad. El propio Departamento Nacional del Trabajo terminó estudiando las condiciones de los conventillos y dejó documentada la relación entre el aumento de los alquileres, el crecimiento demográfico y las deficiencias habitacionales.

    Más de un siglo después, aquellas fotografías de mujeres levantando escobas en los patios de los conventillos conservan una potencia que excede ampliamente la anécdota. No muestran solamente a un grupo de habitantes enfrentándose a un aumento de alquileres en 1907: muestran el momento en que la vivienda dejó de ser entendida únicamente como un asunto privado y comenzó a ser reconocida como un problema social, atravesado por el salario, la especulación, la urbanización, la desigualdad y la capacidad de organización popular. En aquella Buenos Aires que se enorgullecía de su modernización, fueron precisamente quienes vivían en las habitaciones más pequeñas los que obligaron a mirar la cara menos celebrada del progreso. Y quizá por eso la imagen de aquellas escobas sigue siendo tan poderosa: porque recuerda que, mucho antes de que existieran las categorías contemporáneas para discutir el derecho a la vivienda, hubo trabajadores y, sobre todo, mujeres trabajadoras que comprendieron que un techo podía convertirse en una cuestión política cuando el precio para conservarlo comenzaba a ser incompatible con la propia vida.

     

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  • El Gobierno extrema la tensión con las universidades y el Galleguito Álvarez sale al ataque de rectores

     

    Frente al paro de 48 horas en protesta por el incumplimiento con la Ley de Financiamiento Universitario, la respuesta del Gobierno fue extremar la tensión. Alejandro «Galleguito» Álvarez salió al ataque de los rectores, a los que acusó de ser «cómplices de vulnerar el derecho a la educación».

    Al hacer alusión al cronograma de medidas de fuerza, el subsecretario de Políticas Universitarias posteó: «Los que convirtieron la educación universitaria en botín partidario te dicen que defienden la autonomía».

    En esa línea, al responde a la publicación de un usuario libertario que pedía que los docentes «no cobren los días que no trabajan», el Galleguito respondió: «Sí cobran, las autoridades autónomas son cómplices de vulnerar el derecho a la educación».

    El Galleguito advirtió que la FIFA podría multar a la Selección y lo destrozaron: «Que la pague Adorni»

    Además de rechazar el paro que se extendió hasta este viernes en las universidades de todo el país, Álvarez hizo embestidas localizadas. La más fuerte se dirigió a Mar del Plata, donde le reclamó en una nota a la rectora Mónica Biasone que «ponga fin a la violencia» en esa universidad.

    El funcionario de Milei refirió a una pelea durante una asamblea en Humanidades, donde la presencia de militantes libertarios ajenos a esa facultad derivó en un tumulto con estudiantes de otras agrupaciones.

    En esa asamblea, una de las personas que hizo uso de la palabra cuestionó que «la pasividad del movimiento estudiantil» permita «que los fachos quieran intentar militar el ajuste en la facultad».

    Álvarez  le reclamó a la rectora «que asuma sus responsabilidades y ponga fin a la violencia» y que, «si no puede hacerlo, solicite la asistencia de las fuerzas de seguridad». Más a fondo, le advirtió: «Continuar con su actitud pasiva es complicidad con los violentos».

    En la nota que le envió a Biasone «por instrucción de la ministra Sandra Pettovello», Álvarez condenó las expresiones de «una supuesta docente militante de una agrupación política socialista» y sostuvo que los dichos incitaron «a la violencia».

    Frente a eso, le reclamó a la rectora «que asuma sus responsabilidades y ponga fin a la violencia» y que, «si no puede hacerlo, solicite la asistencia de las fuerzas de seguridad». Más a fondo, le advirtió: «Continuar con su actitud pasiva es complicidad con los violentos».

    Con otra marcha multitudinaria, las universidades reclamaron a Milei que cumpla la ley de financiamiento

    La alusión al socialismo que hace el funcionario de Milei no es casual. Biasone es dirigente de Partido Socialista, al igual que su predecesor en el cargo, Alfredo Lazzaretti. Biasone fue electa a fines de 2025 en el marco de un acuerdo de su espacio con el radicalismo de Maximiliano Abad.

    De hecho, la vice rectora de esa universidad es Marina Sánchez Herrero, esposa del senador nacional y referente de la UCR bonaerense.

    Incluso, meses atrás hubo tensiones entre radicales y libertarios, cuando el propio Abad impulsó que los hoteles de Chapadmalal que el Gobierno busca privatizar, pasen a manos de la universidad marplatense.

    Abad presiona para que los hoteles de Chapadmalal que quiere concesionar Milei pasen a la universidad

    Frente a la nota enviada por Álvarez reclamándole «medidas disciplinarias» a una «supuesta docente», Biasone replicó que la universidad «cuenta con sus mecanismos institucionales para abordar estas cuestiones».

    Aprovechando el cruce público, la rectora dijo: «Desde que asumí vengo solicitando una audiencia para poder abordar personalmente las cuestiones centrales que atraviesa nuestra Universidad, la misma hasta el momento, no me ha sido concedida».

    «Va a ser citada cuando tenga una solución a la violencia, la tiene?», replicó Álvarez, habilitando debajo de su tuit una serie de posteos ofensivos contra la rectora.

     «Ese título no es inocente: fue consigna de Benito Mussolini», señalaron desde la Asociación de Docentes de la UNS al referirse al libro «Dios, patria y familia» de Santurio y en rechazo a la actividad 

    Por otro lado, en Bahía Blanca también se registraron tensiones entre dirigentes libertarios y autoridades universitarias.

    En este caso fue por la presentación en el Campus Palihue de la Universidad Nacional del Sur (UNS) del libro «Dios, Patria, Familia» del diputado nacional de LLA Santiago Santurio que disparó el rechazo de numerosos agrupaciones de la comunidad universitaria que denunciaron «un intento de normalizar el fascismo dentro de una universidad pública».

    «Ese título no es inocente: fue consigna de Benito Mussolini, adoptada por Francisco Franco en España, por Antonio Salazar en Portugal y hoy es bandera de las derechas en todo el mundo», señalaron desde la Asociación de Docentes de la UNS al referirse al título del libro de Santurio y en rechazo a la actividad.

    El consenso frente al dogmatismo.La @UNS_oficial frente a la presentación del libro «DIOS, PATRIA y FAMILIA» del diputado libertario Santiago Santurio y otros/as. @Turios @ULLA_UNS @AleCiroAlvarez @LLibertadAvanza @LLAenPBA pic.twitter.com/MjDsz7SogD

    — ADUNS (@ADUNS_docentes) August 28, 2026

    La polémica escaló al punto que llevó al Consejo Superior a aclarar que la presentación del libro «no contó con aval institucional ni académico de ningún Departamento de la UNS», aunque señalaron que la presentación no debe ser «prohibida o censurada».

    En un comunicado, el Consejo Superior de la UNS cuestionó que el libro de Santurio «contiene expresiones falaces y agraviantes para con la Institución que representamos y sus dependencias y están firmadas por personas que llevan adelante acciones concretas en contra de ellas desde los lugares de poder que ocupan». 

     

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