Hoy jueves, Maddison será el escenario de GastroArte, la propuesta de las Direcciones de Cultura y de Turismo que tiene como objetivo revalorizar e impulsar a los artistas y emprendimientos gastronómicos locales.
En esta ocasión, la cita será a las 21,30 horas con la presencia de DJ Matías Le Music y Camila Tapia en ‘Entre Charlas’.
El menú será bondiola braseada con puré de zapallo y manzanas y pera flambeada con helado y frutos rojos.
Antes de volver a Casa Rosada para participar de la reunión que Karina Milei convocó con legisladores bonaerenses de La Libertad Avanza, Diego Valenzuela buscó dar una señal de alineamiento para descongelar su relación con el presidente y su entorno.
Publicó en X un informe de la Universidad de San Martín (Unsam) relativo al panorama del empleo industrial en el conurbano a partir del cual celebró que Tres de Febrero generó 365 puestos industriales en un año y medio, entre enero de 2024 y junio de 2025.
«Con la misma macroeconomía, algunos municipios crean y otros pierden empleo», dijo. Lo curioso es que el cuadro que armó con Inteligencia Artificial para festejar los datos de su municipio, terminó exponiendo con nitidez el derrumbe industrial generalizado, con el 70% de los municipios del GBA en rojo, con pérdida de empleo.
Empleo industrial en el Conurbano. Con la misma macroeconomía, algunos municipios crean y otros pierden empleo. pic.twitter.com/GingdDyLkz
De 20 municipios, solo seis aparecieron con indicadores positivos y tres de ellos con un crecimiento ínfimo. Como contrapartida, 14 distritos sufrieron una fuerte caída del empleo industrial, cinco de ellos con más de mil puestos perdidos.
Ante eso, numerosos usuarios lo cruzaron contrastando los 1.400 puestos creados con los 10.700 perdidos. También, le marcaron que la data utilizada abarca hasta junio de 2025, cuando -según datos del Indec- en el primer semestre de 2026 la tasa de desocupación en el conurbano trepó al 9,7%.
Por caso, el estudio citado por Valenzuela no abarca los despitos registraros por el cierre de Whirlpool en Pilar o de Fate en San Fernando.
Tampoco contempla la reducción de personal de autopartistas a partir del derrumbe productivo en plantas automotrices como la de Stellantis, precisamente en Tres de Febrero, que cerró un turno de producción y avanza en un agresivo plan de retiros voluntarios.
El propio informe que usó Valenzuela para congraciarse con Milei indicó que fue el programa de ajuste libertario el que «generó un descenso del consumo interno» por el que «las industrias orientadas al mercado doméstico, que representan la mayor parte de la trama productiva del Conurbano, fueron las más impactadas».
Frente a los 365 empleos nuevos que festejó Valenzuela, el cuadro que diagramó con IA expuso que en el GBA se perdieron 10.700 puestos industriales
Como contó LPO, quedó huérfano en el mundo libertario y juega sus fichas a Patricia Bullrich mantener en pie su candidatura a gobernador, en un contexto donde los desayunos con Javier Milei en Olivos ya son cosa del pasado.
Con el frente interno abierto en su municipio, el biógrafo de Belgrano y Sarmiento buscó dar una señal de alineamiento con Milei horas antes de volver a verse cara a cara con Karina, quien precisamente frenó su designación en Migraciones y que provocó que Valenzuela señalara a su entorno: «Karina lo tiene secuestrado a Milei».
Pero los datos del derrumbe del empleo expuestos por el hombre de Tres de Febrero no ayudaron a un descongelamiento de las relaciones, al punto que fuentes del Gobierno lo acusan de «darle letra» a los industriales de la UIA, días después del cruce que tuvieron con Luis «Toto» Caputo que tildó de «tarados» a quienes plantean un escenario de crisis de la industria nacional.
Consideramos que Regina tiene potencial y atractivo para desarrollar una política turística de alto impacto que ayude al crecimiento local incidiendo directamente en otras áreas. Es por eso que en esta entrevista a los candidatos a intendente 2019 la primer temática es TURISMO: ¿Qué propuestas existen para empezar a explotar el turismo en Villa Regina?…
Villa Regina no es particularmente una ciudad con una fuerte impronta muralera, si bien está presente la cultura en la calidad y cantidad de artistas con los que contamos, el arte callejero no se percibe en su fachada. El mural del 8M, realizado en la convocatoria al Paro Internacional de Mujeres 2018 ubicado en Av…
Este jueves se cerró el plazo para presentar alianzas en la interna del radicalismo cordobés. Al igual que el año pasado, de un lado quedó el esquema que contiene a Rodrigo de Loredo; del otro, los aliados del exintendente Ramón Mestre. Esto en el trazo grueso.
En lo fino, hay ruidos en ambos campamentos. Pero en el del deloredismo hay uno particular que involucra a la tropa que responde al exgobernador correntino Gustavo Valdés. En ese armado, el dirigente con peso de la UCR cordobesa es Javier Bee Sellares, mano derecha de los Valdés, que hace un tiempo está radicado en el Litoral pero que tiene intenciones de bajar a Córdoba a pelear la intendencia en el 2027.
Motivo por el cual, Bee Sellares quería un empujón de De Loredo para él y su armado como conductores del radicalismo en la capital cordobesa.
Cabe recordar que entre los aliados directos de esa tropa de Valdés en Córdoba está, por ejemplo, Juan Negri, el hijo del exdiputado nacional que también quiere ser candidato a intendente, al igual que Bee Sellares. Y junto a ellos se encuentra el concejal Javier Fabre, un radical con origen en el angelocismo y hoy mucho más cercano a las ideas de Javier Milei.
Esa triada se opone a que De Loredo banque al legislador provincial Miguel Nicolás para la silla de la UCR en la capital cordobesa. Nicolás, también tiene un núcleo partidario -al igual que Bee Sellares, Fabre y los Negri- y es otro de los que firmó la alianza con De Loredo para la interna contra Mestre en septiembre.
Ramón Mestre
Precisamente, en el campamento mestrista donde, entre los aliados están el exfuncionario de Raúl Alfonsín, Carlos Becerra; el riocuartense Juan Jure (de relación con la vicegobernadora de Llaryora, Myrian Prunotto); y Fernando Montoya junto a Franco Jular, creen que esa resistencia de De Loredo para negociar la capital cordobesa abre la hipótesis de la doble candidatura.
Algo que LPO adelantó hace un tiempo al igual que en el caso del libertario Gabriel Bornoroni. El diputado de Milei puede ser candidato a gobernador y al Senado en caso de derrota provincial; De Loredo busca pelear la provincia en el primer semestre del 2027 y la intendencia cerca de septiembre. Probable fecha que fijaría el peronista Daniel Passerini.
Nicolás asoma como una garantía para que De Loredo juegue la segunda chance sin la necesidad de disputarle ese poder. La tropa de Valdés no parece tan confiable en este sentido.
Ya se cerraron las alianzas de núcleos; la semana próxima se definen las candidaturas para la interna radical. Los que quieren la conciliación buscan calma ahora y dirimir los candidatos a Provincia e intendencia con ese mismo mecanismo en el 2027. Escenario que el peronismo bloqueará con plazos muchos más cortos el año próximo.
A lo largo y a lo ancho está disponible en librerías y también se puede descargar de manera gratuita acá. Compilado por Ernesto Meccia, escriben Gustavo Ariel Cabana, José Ignacio Larreche, Agustín Liarte Tiloca, Hernán Manzelli, Maximiliano Marentes, Ernesto Meccia, Paolo Paris, Jorge Luis Peralta, Hugo H. Rabbia, Ana Laura Reches Peressotti, Manuel Riveiro, Alejandro D. Rojas, Matías Sbodio, Fabián Vera del Barco, Leandro Wolkovicz, Nicolás Zucco.
Apuntes sociológicos para pensar la vida los gays en el interior
Regresando a Buenos Aires desde Concordia (provincia de Entre Ríos), empecé a ensayar títulos y subtítulos. El subtítulo lo tuve claro desde el principio. En cambio, los títulos que iba imaginando los enviaba por whatsapp a colegas y amigos para saber cómo resonaban. Me gustan los títulos marketineros y los subtítulos analíticos. En ese intercambio, mientras el ómnibus avanzaba por la ruta 14, recibí un mensaje de la escritora Liliana Viola con una propuesta superadora: “A lo largo y a lo ancho”.
Sin embargo, me sentía un panoptista medio grotesco, aunque con buenas intenciones. En realidad, me había hecho daño la pregunta de un amigo que, tal vez, malinterpreté:
—O sea: ¿vos querés hacer una radiografía de los gays en Argentina?
—No, yo busco algo más tranquilo. Me gustaría mostrar, hacer ver. Que la gente se imagine que es un dron y que, viendo su ciudad desde arriba, como si fuera un plano, me cuente cómo es la vida gay ahí, cómo es su vida, por donde se mueve.
Otras veces me veía como un voluntarista ingenuo que trataría de acomodar en un volumen ladrillo tras ladrillo para armar el rompecabezas de una población a la que pertenezco y que sé, por cientos de experiencias propias y ajenas, que no se puede acomodar a nada. Habito un mundo plural, amable, lúdico, desordenado, imprevisible que difícilmente pueda asemejarse a un algo con forma, tamaño y peso específico. De ninguna manera quiero decir que el orden social no condicione la vida de los gays pero sí que los dedos de una mano me sobran si me pongo a pensar en otros segmentos sociales que estén tanto adentro como afuera del orden.
Justamente es esa ubicuidad, sumada a la ubicuidad que impone el deseo perentorio de encontrar sexo con otros hombres, lo que no permitiría que la forma adquiera contornos
estándares. Algunos colegas lograron aterrorizarme por el subtítulo: “Estudios sobre sociabilidad gay en Argentina”.
—Vos estás cerrando sentidos. ¿Cómo vas a hacer con la gente que se autopercibe “marica”, “queer”, “trolo”, “puto”?
—Mirá, yo puedo poner “gay” en general para hacer la convocatoria para las entrevistas y esperar a que la gente luego se desmarque de esa categoría si lo siente necesario. No creo que me dé resultados poniendo todo lo que me decís. Pienso que hasta puede llegar a ser contraproducente para que se acerque gente fuera de nuestros círculos de universidad y militancia.
Fuera de esa cuestión pragmática, recuerdo que había visto un video en Youtube donde Oriana Junco manifestaba con un tono patriótico y corporativo que los “putos” somos todos de una sola “raza”, exhortando a bajar un cambio con las categorizaciones exhaustivas.
Pensando el libro, también afronté un debate que, primero, fue interno. Yo quería referirme a las personas que dan vida a los capítulos como los gays del “interior” o de las “provincias”,
sabiendo que en el contexto del habla argentino eso trae reminiscencias centralistas. Ensayé otras formas de nombrarlos y ninguna me convencía; me parecía que iba a terminar usando tecnicismos que les borrarían la cara.
Un día, en casa, le pedí a un muchacho misionero que no se vaya. Quería compartirle un documental corto, que se llama “Marchar. La manifestación del interior”, de Verónica Eseberri (2014), que muestra la Marcha del Orgullo en la ciudad de Olavarría, provincia de Buenos Aires. Se ven muy pocas personas marchando en condiciones climáticas adversas y la directora va insertando testimonios. A Gastón le encantó y me dijo que el título estaba bueno porque “si vos sos del interior de una provincia, para marchar, primero tenés que hacer un viaje por tu interior”. Había nacido en Candelaria, una pequeña ciudad cercana a Posadas y se estaba refiriendo a la marcha que se hace allí. Él no se había animado a ir.
El “interior” como espacio físico, pero también como “espacio biográfico” (Arfuch, 2002) se entrelazaban de un modo tal que no era posible separarlos. Entendí que tenía enfrente una persona que estaba tratando de poner en valor una travesía identitaria que era más osada y difícil para quienes viven en lugares pequeños. Sentados juntos frente al televisor, sentí como si me pidiese que no olvidara esa circunstancia. ¿Cómo podría, entonces, evocarla si quitaba la palabra “interior”? Hacerlo me parecía un sinsentido: pensaba que sentiría algo parecido si acaso escribiera una semblanza biográfica de Marx y cada vez que alejara mi vista de la pantalla buscando inspiración, lo recordara sin barba. Más adelante, el recuerdo de Gastón hizo que decida: usaría las expresiones gays del “interior” o de “las provincias”, aunque tampoco abusaría de ellas.
(…)
En agosto 2014 me contactó Florencia Magnaterra 2 , una integrante de “Colectiva por la Diversidad de Olavarría”. Quería que viajara a cerrar la XXIII Muestra del Libro con una charla sobre la salida del armario de familiares de personas LGTBIQ+.
Me contó un poco de su historia intensa. Oriunda de Olavarría, había vivido unos cuantos años en Buenos Aires, donde estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires e hizo un proceso de exploración personal e involucramiento en el mundo lesbiano. De regreso a Olavarría sintió un impulso irrefrenable para activar la visibilización de lesbianas, gays y trans. Primero fundó “Olavarrara” y luego la “Colectiva”, organización que gestó la primera Marcha del Orgullo en la ciudad y la región del centro de la Provincia de Buenos Aires, en 2009.
En Olavarría había 111.700 habitantes en 2010. No era cualquier ciudad para mí, tenía rasgos inquietantes. Había crecido a la sombra de la cementera Loma Negra de la familia Fortabat y también la registraba por la amplia actividad que habían cumplido las fuerzas represivas durante la última dictadura militar. Como si fuera poco, Florencia me invitaba a conversar de la salida del armario de los familiares que vivían en ese medio urbano, no de los propios disidentes. Me parecía una convocatoria audaz: ¿cuántas madres? ¿cuántos padres irían a escucharme?
Mientras escuchaba a Florencia era imposible no reconocerme, aunque nuestras historias fueran en algunos puntos contrastantes: como ella yo me había mudado a la ciudad de Buenos Aires (aunque nunca regresé a mi comarca); General Las Heras es mucho más chica que Olavarría (cerca de 15.000 habitantes en 2010) pero la cantidad de detenidos-desaparecidos en relación con su población también es alta. Por último, cuando conocí a Lía (la mamá de Florencia que marchó junto a ella) no pude sino recordar el pesar con que mis padres sobrellevaban el hecho de tener un hijo gay notoriamente amanerado en ese pueblo con miradas de cejas altas y lenguas largas. Tengo memoria: cuando en la calle nos encontrábamos con alguien y se daba la conversación, papá miraba a la otra persona atento menos a lo que decía y más a la forma en que me miraba a mí.
Partí para Olavarría al mediodía en un colectivo de larga distancia de cuarta categoría. Sentí una pena enorme por no poder haberlo hecho en tren. Creo que había pasado por la estación de Olavarría cuando tuve que trasladarme a Punta Alta, en 1986, para hacer el nefasto Servicio Militar Obligatorio. Llovía torrencialmente a medida que nos acercábamos al destino. Adentro del colectivo la humedad era insoportable, había olor a pis. La última parada fue en la terminalde Azul. Llegamos. Divisé a Florencia en la plataforma, me llevó al hotel.
Más que un hotel parecía una casa grande con un primer piso, en cuya planta baja habría funcionado algún comercio. Entré a una habitación modesta y despojada, preparada como para un monje, limpia, y con aspecto a viejo, con un mínimo mobiliario y un pequeño velador. Por suerte daba a la calle. Lo recuerdo perfectamente: ni bien subí la cortina de madera encontré una imagen que me sorprendió, aunque al principio no sabía por qué: el pequeño hotel estaba en una avenida que era muy ancha, enfrente se veían edificaciones antiguas de la misma altura; las veredas, bañadas por la tempestad que no terminaba, estaban como impecables y podían verse, entre largos intervalos de distancia, árboles pequeños que primero me parecieron escuálidos. Me quedé viendo el panorama como embobado. Pensaba en quienes podrían jugar a las escondidas en esa avenida ancha y despojada, expuesta, desnuda, podría decir, con esos arbolitos esqueléticos que no alcanzaban a tapar ni a un perrito.
Tenía hambre. Pregunté en la planta baja por un restaurante y, amablemente, si me prestaban un paraguas. Me dijeron que no.
A la mañana siguiente la lluvia había cesado, hacía mucho frío. En la ducha había un sobrecito de champú de marca desconocida con letras estilo cursiva y bajé a la recepción a pedir uno extra. La señora que había traído el café con leche me dijo que no, que tenía que esperar a la mucama, que no había llegado. Pregunté si había un maxikiosco cerca. Me dijeron que sí. Salí (mañana helada) y cuando llegué a la esquina tuve una sensación parecida a la de la noche: di a una calle ancha de aspecto pelado que enseguida atribuí a la ausencia de árboles; miraba hacia el horizonte y encontraba la misma apariencia despojada. Parecía como si en esa ciudad todo estuviera para ser visto; no lograba imaginar recovecos, alguna sinuosidad.
Florencia pasó a buscarme en auto.
—Acá te sentís sobre expuesta. (…). Sí, es así: hay pocos árboles. (…) Con el tiempo lo manejás pero es agobiante. A veces, los fines de semana me iba a Azul o a Tandil para descansar. (…). Acá es como que te dan ganas de descansar del registro permanente de todo.
Empezó a hablar de la Marcha. Le pedí si podíamos hacer el recorrido de la manifestación con el coche. Accedió con entusiasmo. Sentí que tocaba el cielo con las manos porque, sin
planificación mediante, tendríamos una gran conversación mientras dábamos un gran paseo; estaba por hacer, como decía el antropólogo James Spradley (1979), una entrevista “grand tour”. Fue uno de los momentos más lindos de aquel viaje.
Concentraban en Brown y Colón, luego caminaban por Brown hasta Dorrego, y después tomaban por Rivadavia (la arteria principal de la ciudad) y llegaban al centro, donde se detenían en la plaza central con la bandera en alto frente al Municipio. Hay un documental del que hablé más arriba: “Marchar, la manifestación del interior” de Verónica Eseberri (2014), que muestra a no más de 25 personas marchando. Sobre el final se desata un chaparróny el grupo se refugia en el Cine Teatro Municipal donde leen documentos de programática política.
—Qué mala suerte, cómo les arruinó la lluvia la Marcha.
—No, al contrario: fue increíble. (…). Vos sabés que mientras organizábamos la primera Marcha se corrió el rumor de que en Tandil estaban organizando una contramarcha.
Dimos la charla sobre la salida del armario de los familiares de los disidentes sexuales en la Muestra del Libro. El salón estaba lleno, aunque, a diferencia de lo que me había sucedido en tantas charlas que venía dando, prácticamente nadie se acercó cuando terminamos.
Regresé de Olavarría prometiéndome volver. El micro salió cerca de la medianoche. Compré bebida. Sabía que debería encarar el apuro por el razonamiento sociológico que, a no dudar, me asaltaría durante el trayecto. Era evidente que me perturbaba la configuración del espacio que había visto. Ensayé unas cuantas conjeturas mecánicas, que hubieran decepcionado a Michel Foucault, del tipo: esa ciudad se parecía a un panóptico perfecto, su trazado era una cuadrícula, la falta de árboles colaboraba para que la vigilancia fuera más eficaz, así lo habrían dispuesto los Fortabat, cuánto obstáculos, entonces, para la vida de los gays, pobrecitos, qué extraño que Florencia haya decidido regresar y muchos espasmos más, que se alineaban en mi pensamiento espontáneo, entre lastimoso y victimista. Para colmo, la terminal de ómnibus estaba al lado de la vieja estación de ferrocarril y escuché el silbatazo de un tren, que no imaginé llegando sino partiendo. Era evidente que la imagen de la huida del panóptico comunitario era para mí el desenlace sociológico por antonomasia, como en unos cuantos relatos literarios argentinos que había leído cuando era joven.
Tiempo después empecé a arrepentirme y a sentir que era un poco injusto: ¿cómo podían justificarse mis representaciones victimistas si me habían invitado, justamente, a hablar de orgullo LGTBIQ+ en un evento oficial y si, además, por esas calles que me parecían tenebrosas pasaba la Marcha del Orgullo? Por ahí, los relatos literarios que había devorado ya no eran adecuados para pensar los desenlaces actuales de los disidentes que viven en ciudades como Olavarría; ahora tendrían más recursos para no anhelar el desplazamiento residencial: ¿no había interactuado, acaso, con gente que no había emigrado y que estaba poniendo el cuerpo para que eso no suceda?
Martin Frullani (44), es arquitecto y escultor reginense. Es el creador de las obras de «La Manzana” en General Roca y hace unos días inauguró la obra «El Ciclista” en Allen. Dos trabajos artísticos de relevancia en la provincia. Las dos miden más de 5 metros de altura y en conjunto suman más de 5…
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