¡GastroArte llega con su propuesta para el feriado!
Para el próximo lunes, las Direcciones de Cultura y Turismo proponen ‘GastroArte’ y así disfrutar de un feriado con la música y la gastronomía locales.
Esta vez será al mediodía en Chacra Arana con un menú que consiste en pizzas del valle con pera y queso azul, dos variedades de sidra tirada y cerveza de la casa.
La música estará presente con Ema Calfin.Para reservas, comunicarse al 2984 50-6069.
Y el domingo Chacra Arana y laDirección de Turismo tienen otra invitación para hacerte!
¡Bicicleteada familiar! Los esperamos este domingo 15 de agosto en Chacra Arana Inscripciones: Oficina de Informes Turísticos, hasta el viernes 13 a las 19 hs Punto de encuentro: Oficina de Informes TurísticosDomingo 15/8 10 hs.
Si no conocés CHACRA ARANA es el momento!!!
Chacra Arana es un espacio que ofrece alquiler de cabaña con capacidad para 6 personas, un amplio parque y costas del Río Negro a 400 metros. También cuenta con una recepción, un carro cervecero, instalaciones de piscicultura, lúpulo y mucho más
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La Secretaría de Energía modificó el régimen de exportaciones de hidrocarburos y eliminó la obligación de que las empresas ofrecieran primero su producción al mercado interno. El Gobierno asegura que busca atraer inversiones y generar dólares, pero la decisión abre una nueva disputa: qué prioridad tiene la energía argentina, si garantizar el abastecimiento nacional o convertirse en un negocio exportador.
Por Celina Fraticiangi para NLI
El Gobierno de Javier Milei volvió a mover una pieza clave del modelo energético argentino. A través de la Resolución 166/2026 de la Secretaría de Energía, dependiente del Ministerio de Economía y publicada hoy en el Boletín Oficial, se modificó el esquema que regulaba la exportación de hidrocarburos y se eliminó una herramienta que obligaba a las empresas a demostrar que el mercado interno había tenido prioridad antes de vender al exterior.
La decisión cambia la lógica que durante años acompañó la administración de un recurso estratégico como el petróleo. A partir de ahora, las compañías tendrán un camino más directo para exportar crudo y derivados, mientras el Estado conserva una capacidad de intervención más limitada frente a eventuales problemas de abastecimiento.
La nueva regla se inscribe dentro del programa de desregulación económica impulsado por Milei, que busca reducir la intervención estatal y otorgar mayor libertad comercial a las empresas. Para el Gobierno, la medida permitirá acelerar inversiones, potenciar Vaca Muerta y transformar a la Argentina en un jugador internacional de energía.
Pero la modificación abre una discusión de fondo: ¿la energía argentina debe estar orientada primero a garantizar las necesidades de los argentinos o a generar dólares mediante la exportación?
Del control estatal a la libertad exportadora
Hasta ahora, las empresas que pretendían exportar determinados hidrocarburos debían atravesar un procedimiento donde tenían que acreditar que el mercado interno había tenido la posibilidad de acceder a esa producción. Ese mecanismo funcionaba bajo una idea histórica: antes de vender un recurso estratégico al exterior, el Estado debía garantizar que no existieran problemas de abastecimiento dentro del país.
La Resolución 166/2026 cambia esa dinámica. En lugar de una autorización previa basada en una evaluación del mercado interno, establece un sistema donde las empresas notifican sus operaciones y el Estado puede objetarlas únicamente ante situaciones específicas.
En los hechos, la lógica pasa de un modelo de control preventivo a uno de intervención excepcional. El cambio parece técnico, pero tiene una fuerte carga política: modifica quién tiene la prioridad sobre un recurso clave de la economía nacional.
Vaca Muerta, dólares y la apuesta del Gobierno
La administración libertaria sostiene que la Argentina necesita convertirse en un gran exportador energético para fortalecer sus cuentas externas.
El argumento oficial es que si las petroleras tienen reglas más previsibles y menos restricciones podrán invertir más en producción, aumentar las exportaciones y generar los dólares que el país necesita. En esa visión, Vaca Muerta no debe ser solamente una fuente de abastecimiento interno, sino una plataforma exportadora capaz de competir en los mercados internacionales.
La resolución se apoya en la filosofía del DNU 70/2023 y la Ley Bases, que impulsaron un esquema de mayor apertura y menor regulación estatal sobre distintos sectores económicos. La apuesta es clara: que el incentivo privado sea el motor del crecimiento energético.
El interrogante que queda abierto: ¿qué pasa con los argentinos?
El punto más sensible de la medida aparece cuando se analiza el rol del Estado frente al mercado interno. Aunque la Secretaría de Energía mantiene herramientas para intervenir ante riesgos de desabastecimiento, la nueva normativa reduce los mecanismos que permitían anticiparse a esas situaciones. La discusión no pasa solamente por cuánto petróleo produce Argentina, sino por quién define el destino de esa producción.
En un contexto donde los precios de los combustibles, las tarifas y el costo energético tienen impacto directo sobre hogares e industrias, cualquier cambio en la administración de los recursos energéticos genera un debate que excede al sector petrolero.
La pregunta política queda planteada: si el petróleo argentino genera una enorme oportunidad exportadora, ¿cómo se garantiza que esa riqueza también impacte primero en quienes viven y producen en Argentina?
Un nuevo capítulo en la disputa por los recursos estratégicos
La Resolución 166/2026 representa un nuevo paso en el giro energético del Gobierno de Milei. No elimina completamente la intervención estatal, pero sí modifica la relación entre Estado y empresas.
El modelo anterior colocaba al abastecimiento interno como una condición previa para exportar. El nuevo esquema pone el foco en facilitar las ventas externas y deja al Estado con un rol de vigilancia posterior.
Mientras el Gobierno celebra una herramienta que considera necesaria para atraer inversiones y convertir a la Argentina en una potencia energética, sus críticos advierten que el país corre el riesgo de privilegiar el ingreso de divisas por encima de la protección del mercado interno.
La pelea por el petróleo argentino vuelve así a una vieja discusión: si los recursos estratégicos deben funcionar como una herramienta de desarrollo nacional o como una mercancía más dentro del mercado mundial.
Un mensaje publicado por el vocero presidencial Adrián Ravier volvió a colocar al Gobierno de Milei en el centro de la controversia. En medio del debate por la soberanía de las Islas Malvinas, el funcionario calificó a la Argentina como un «país bananero», una expresión que generó críticas por considerar que degrada al propio país al que representa.
Por Celina Fraticiangi para NLI
El tuit que encendió la polémica
La discusión se originó luego de que el presidente Javier Milei asegurara que las Islas Malvinas serán recuperadas «por la vía diplomática», una afirmación que despertó fuertes cuestionamientos luego de distintos gestos del Gobierno considerados de acercamiento al Reino Unido.
En ese contexto, el vocero presidencial Adrián Ravier publicó un mensaje en su cuenta de X en el que escribió:
«Siendo un país bananero, nunca vamos a recuperar las Malvinas.»
La publicación fue rápidamente viralizada y despertó una ola de críticas por el uso de la expresión «país bananero», utilizada históricamente de manera despectiva para describir a naciones políticamente débiles, dependientes y con instituciones frágiles.
Siendo un país bananero, nunca vamos a recuperar las Malvinas. Si logramos que la Argentina sea grande nuevamente, próspera y respetada, nuestras posibilidades de avanzar en el reclamo de soberanía serán mucho mayores.
La única vía es la diplomática, y el respaldo internacional…
Las repercusiones no tardaron en llegar. Desde distintos sectores políticos y sociales cuestionaron que sea un funcionario nacional quien describa a la Argentina con un calificativo peyorativo, especialmente cuando ocupa el cargo de vocero del Presidente.
Las críticas también recordaron que, durante los últimos meses, el propio Gobierno fue acusado de sostener una política exterior de acercamiento al Reino Unido y de haber relativizado distintos reclamos históricos vinculados con la causa Malvinas.
Para numerosos dirigentes y excombatientes, la defensa de la soberanía nacional requiere fortalecer la posición diplomática argentina, pero sin descalificar al propio país ni menospreciar a sus instituciones.
La contradicción con el discurso oficial
La frase de Ravier aparece apenas días después de que Milei reafirmara públicamente que «las Malvinas son argentinas» y prometiera avanzar por la vía diplomática para recuperar el ejercicio de la soberanía.
Sin embargo, distintos analistas señalaron que el mensaje del vocero introduce una contradicción llamativa: mientras el Presidente sostiene que busca fortalecer el reclamo argentino, uno de sus principales funcionarios define al país como un «país bananero», una expresión que difícilmente contribuya a construir la imagen internacional que el propio Gobierno dice perseguir.
Un nuevo foco de conflicto
La declaración vuelve a instalar el debate sobre el tono utilizado por los funcionarios libertarios y sobre el impacto que tienen sus expresiones cuando provienen de quienes representan institucionalmente al Estado argentino.
En un tema de enorme sensibilidad histórica como la cuestión Malvinas, las palabras adquieren un peso político particular. Por eso, la frase del vocero presidencial no pasó inadvertida y terminó alimentando una nueva controversia para una administración que, desde su llegada al poder, ya protagonizó múltiples episodios de tensión en torno a la política exterior y la defensa de la soberanía nacional.
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