Una nueva edición de la Feria Raíces en Los Gansos Restó se suma a las actividades de ‘Vendimia Celebra 2021’ durante el próximo fin de semana a partir de las 18 horas.
El domingo 14 la Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina estará presente con un espacio para degustación y la posibilidad de comprar vinos a precios promocionales.
Los Gansos Restó también formará parte del programa Gastro Arte ofreciendo un menú vendimial.
Cabe destacar que dicho emprendimiento forma parte de la mesa de trabajo de Turismo Rural.
«Una vecina rural define la situación: “acá hablamos de plata nomás, de plata y contaminación, porque no hay otra cosa”. Los vecinos al no ser escuchados por las petroleras, se quejan en los medios o toman medidas de protesta como cortar el acceso al pozo. Recién ahí es cuando las petroleras ofrecen “soluciones”, como regalarles electrodomésticos, ofrecerles materiales para la casa, mudarlos a un hotel mientras perforan o pagarles por su silencio.»
Los primeros datos sobre inflación del 2026 no traen buenas noticias, lejos de la desaceleración prometida por el gobierno en la primer semana de enero se registró una alarmante suba en alimentos que llega al 4%, confirmando que continúa la aceleración que marcó diciembre.
Equilibra midió una inflación mensual del 2,6% en diciembre. El aumento estuvo impulsado por los precios regulados, que subieron 3,6%, y por la inflación núcleo, que avanzó 2,7%. En paralelo, otras consultoras privadas ubicaron el registro en una zona similar, consolidando un consenso de mercado más alto que el esperado semanas atrás.
Ese cambio también se reflejó en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central. Para diciembre, las proyecciones fueron corregidas al alza en 0,2 puntos porcentuales, pasando de 2,1% a 2,3%. Ese reacomodamiento anticipa una inflación más persistente.
El punto más sensible volvió a estar en los alimentos. En diciembre, alimentos y bebidas no estacionales subieron 3,3%, con un fuerte protagonismo de las carnes, que treparon 5,9%. Es el rubro que impacta de manera directa en el consumo cotidiano y el que más rápido expone cualquier rebrote inflacionario.
El arranque de enero reforzó esa señal. En las primeras semanas del año, varios productos básicos registraron aumentos superiores al 4%. Panificados, carne, lácteos y verduras encabezaron las subas. No es solo estacionalidad. Es una inercia que no cede.
Los analistas observan un pass-through parcial pero persistente, que se combina con una inflación núcleo todavía elevada. «No es un shock discreto, es un goteo», describieron a LPO desde una consultora. «La política fiscal contractiva logra moderar la demanda, pero no alcanza para neutralizar los efectos de la corrección cambiaria sobre la dinámica de precios», concluyeron.
El año comanzó con una mala noticia financiera: el regreso del descontrol de las tasas, una dinámica errática que complica una de las pocas palancas que el gobierno libertario tiene para empujar la economía real.
En el primer día hábil del año hubo un alivio fugaz. La liquidez se colo por una hendija y la la tasa de caución a un día se desplomó en apenas dos ruedas desde niveles arriba del 65% a la zona del 35%. Duró poco. Mientras transcurría la primer semana de enero, se dispararon a picos cercanos al 150% anualizado.
La City se volcó a capturar saltos puntuales de rentabilidad. Una lógica de trading defensivo diametralmente opuesto al financiamiento productivo.
El problema es que esas apuestas financieras golpea a las empresas. Ledesma lo señaló sin vueltas. Cerró el último ejercicio con pérdidas cercanas a los $25.000 millones y apuntó de lleno al impacto de las tasas de interés. El costo financiero se volvió una carga imposible de absorber, incluso para una compañía con espalda y diversificación.
En la misma línea habló Milagros Brito, heredera del Grupo Macro. Su frase incomodó al relato libertario respecto al clima de negocios. «Con tasas así no hay inversión que cierre», dijo. El diagnóstico no vino de una pyme asfixiada, sino de una de las familias más representativas del capitalismo local.
Con tasas así no hay inversión que cierre.
Ahí aparece la contradicción de fondo. Un gobierno que, en teoría, promueve la inversión privada y la previsibilidad, convive con un manicomio de tasas que destruye balances. La valuación de las empresas se resiente. El endeudamiento se vuelve impagable. Y el crédito deja de ser una palanca para transformarse en un ancla.
Pero el problema no es solo el nivel de la tasa en pesos. Desde que asumió Milei muchas empresas tomaron deuda en dólares. Cuando el financiamiento se cortó y varias compañías entraron en default. Con el crédito restringido, los ratios clásicos pierden sentido. El deterioro de esa relación, destruye los balances de las compañías.
El presidente de Citrícola San Miguel, el empresario mileista Otero Monsegur.
Los casos lo muestran con crudeza. La citrícola San Miguel tuvo que reestructurar su deuda y sigue al borde del default. Bioceres, otra agroindustrial que supo ser modelo de innovación, no pudo evitar la cesación de pagos.
El estrés financiero pasó a ser un rasgo dominante del mapa empresario. La energética Albanesi es otro de los casos emblemático. El grupo creció apalancado, con fuerte presencia en generación térmica. El problema no fue la expansión, sino el contexto. Tasas altas, refinanciaciones cada vez más caras y un esquema financiero que empezó a crujir. La compañía debió encarar varias reestructuraciones para evitar el default.
Muy parecido al caso de Aconcagua. La petrolera de capitales argentinos apostó a crecer rápido y financiarse en el mercado de capitales. Funcionó mientras hubo apetito por ONs y cobertura en dólares. Cuando esa ventana se cerró, la empresa quedó atrapada en el clásico problema de liquidez: activos de largo plazo financiados con deuda que se acorta.
Todas estas empresas revelan que no se trata de una discusión de innovación o potencial productivo. Es un problema macro de debilidad financiera del modelo.
El nacimiento de Jesús de Nazaret es uno de los hechos fundacionales de la cultura occidental, pero también uno de los más problemáticos desde el punto de vista histórico. Aunque el calendario actual se organiza en torno a ese acontecimiento, ni los evangelios ni las fuentes contemporáneas permiten fijar una fecha exacta. A lo largo de los siglos, distintos calendarios, cálculos teológicos y estudios históricos fueron construyendo una cronología que hoy es puesta en revisión.
Por Alcides Blanco para NLI
Los calendarios de occidente antes de Cristo
Durante la Antigüedad no existía un sistema universal para contar los años. En el mundo romano, los acontecimientos se fechaban según los nombres de los cónsules en funciones, por el año de reinado de un emperador o desde la supuesta fundación de Roma (Ab Urbe Condita) [1]. Esta diversidad hacía muy difícil establecer una cronología uniforme y comparar hechos ocurridos en distintos territorios del Imperio.
Los primeros cristianos tampoco utilizaron una “era cristiana”. Durante siglos continuaron fechando documentos según los calendarios romanos vigentes, sin otorgar una centralidad cronológica al nacimiento de Jesús. La preocupación por fijar un año preciso aparecería recién cuando el cristianismo comenzó a institucionalizarse y a organizar su liturgia.
El cálculo cristiano del tiempo y el error original
Recién en el siglo VI, el monje Dionisio el Exiguo propuso un nuevo sistema de cómputo de los años basado en el nacimiento de Jesús [2]. Su objetivo era reemplazar la era de Diocleciano —asociada a persecuciones contra los cristianos— por una cronología cristiana. Así nació la era Anno Domini, que con el tiempo se impondría en Europa.
Dionisio intentó reconstruir el año del nacimiento de Jesús a partir de datos bíblicos, en particular el Evangelio de Lucas, que señala que Jesús tenía “alrededor de treinta años” al comenzar su predicación, durante el reinado de Tiberio [3]. A partir de ese cálculo, fijó el nacimiento en el año que luego sería conocido como 1 después de Cristo.
El problema es que ese cálculo se realizó sin un conocimiento preciso de la cronología política romana ni de los reinados locales en Judea. Además, el sistema carece de año cero: el año 1 d.C. sigue directamente al 1 a.C., lo que introduce errores adicionales al reconstruir fechas hacia atrás.
Lo que dicen la historia y los estudios modernos
Los evangelios de Mateo y Lucas coinciden en ubicar el nacimiento de Jesús durante el reinado de Herodes el Grande. La historiografía romana y judía permite establecer con bastante certeza que Herodes murió en el año 4 antes de Cristo [4]. Si este dato es correcto, Jesús debió haber nacido necesariamente antes de esa fecha.
A partir de este cruce de fuentes, la mayoría de los historiadores contemporáneos sitúa el nacimiento de Jesús entre los años 7 y 4 antes de Cristo [5]. Algunos estudios proponen incluso fechas levemente posteriores, basándose en interpretaciones alternativas de censos romanos y fenómenos astronómicos mencionados en la tradición cristiana.
En cualquier caso, existe un consenso amplio en que Jesús no nació en el año 1 de nuestra era y que el calendario occidental se apoya en un error de cálculo arrastrado durante más de quince siglos.
Una convención más que una certeza
El 25 de diciembre, fecha en la que se celebra la Navidad, tampoco tiene sustento histórico. Fue establecida varios siglos después, probablemente para superponerse con festividades solares paganas del Imperio Romano tardío y facilitar la expansión del cristianismo [6].
Así, tanto el año como el día del nacimiento de Jesús responden más a decisiones teológicas, políticas y culturales que a certezas históricas. El calendario que estructura nuestra vida cotidiana es, en ese sentido, una construcción simbólica poderosa, pero no una cronología exacta de los hechos.
Lejos de restarle importancia, esta constatación revela hasta qué punto la historia, la fe y el poder se entrelazaron para organizar el tiempo mismo en Occidente.
Notas al pie
En la Roma antigua era habitual fechar los años por el nombre de los cónsules o desde la fundación mítica de la ciudad, sin un sistema numérico continuo.
Dionisio el Exiguo elaboró la era Anno Domini en el año 525, al confeccionar tablas para el cálculo de la Pascua.
El Evangelio de Lucas sitúa el inicio de la vida pública de Jesús en el año quince del reinado de Tiberio.
La muerte de Herodes el Grande es fechada por la mayoría de los historiadores en el año 4 a.C., a partir de fuentes romanas y judías.
Estudios históricos y astronómicos modernos coinciden en ubicar el nacimiento de Jesús entre los años 7 y 4 a.C., aunque no existe unanimidad absoluta.
La fijación del 25 de diciembre como fecha litúrgica se documenta por primera vez en el siglo IV.
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